Fonoautógrafo

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Fonoautógrafo de 1857, primer invento capaz de registrar sonido.

El fonoautógrafo fue el primer dispositivo capaz de grabar sonido, literalmente hablando. El sonido se grababa en forma de una línea con pequeñas variaciones, en un apoyo que constaba de un cilindro "fumado" con una lámpara, aunque después era imposible reproducirlo. A pesar de esto, este artefacto sirvió para demostrar que la grabación de sonido era posible. También se empleaba para experimentar en el campo de la audición.

Previamente, ya se habían obtenido tracciones de los movimientos vibratorios que producen sonido, a través de tenedores de afinación y otros objetos al entrar en contacto; pero nunca de ondas sonoras reales que se propagaban a través del aire u otros medios.

Con este invento, se consiguió transcribir las ondas sonoras, como también las ondulaciones u otras desviaciones, en forma de una línea trazada sobre un papel o un vidrio ennegrecido de humo. Pensado únicamente como un instrumento de laboratorio para el estudio acústico, también se podía utilizar para estudiar y medir visualmente la amplitud y los formas de los ondas de la voz y otros sonidos, o para determinar la frecuencia de un tono musical determinado en comparación con una frecuencia de referencia registrada simultáneamente. No se entendió hasta después del desarrollo del fonógrafo que la onda grabada por el fonoautógrafo era precisamente una grabación de sonido que sólo necesitaba un medio de reproducción adecuado para reproducirse.

Al parecer, nadie se dio cuenta antes de la década de 1870 que las grabaciones, denominadas fonoautogramas, contenían suficiente información acerca el sonido cómo para poder, en teoría, ser usada para recrearlo. Como el seguimiento de fonoautogramas se limitaba a la reproducción de una línea bidimensional insustancial, la reproducción física directa era imposible.

Historia[editar]

Este artefacto fue el primer dispositivo capaz de grabar sonidos, inventado por el francés Édouard-Léon Scott de Martinville y patentado el 25 de marzo de 1857.[1]​ Podía transcribir sonido a un medio visible, pero no tenía un modo de ser reproducido después. El aparato consistía de un cuerno o un barril que recogía las ondas hacia una membrana a la que estaba atado una cuerda. Cuando llegaba el sonido, ésta vibraba y se movía y el sonido podía grabarse en un medio visible. Inicialmente, el fonoautógrafo grababa en un cristal ahumado. Una versión posterior usaba un papel también ahumado enrollado en un tambor o cilindro. Otra versión dibujaba una línea representando el sonido en un rollo de papel.

Au Clair de la Lune
Este fonoautograma de 1860 (por Leon Scott) es la primera grabación reproducible y reconocible de la voz humana conocida.

Esta primera grabadora intentaba imitar la tecnología fotográfica en el arte de fijar sonidos. Al principio, el fonógrafo de Leon Scott de Martinville, más tarde conocido como fonoautógrafo, fue todo un éxito. Llamó mucho la atención de la prensa de su época, pero rápidament fue dejado de lado porque, al fin y al cabo, su creación todavía no podía reproducir el sonido auditivamente.[2]

Realmente, al inventor francés no le interesó encontrar la forma para reproducir los sonidos tal y como los conocemos actualmente. Su pasión se centraba en fijar y estudiar la "grafía" que dejaban estos sonidos sobre el papel. Por lo tanto, sus estudios significaron el legado de varias muestras de grabaciones realizadas dos décadas antes que las de Edison.[2]

En 2008, estudios de la historia del sonido estadounidenses reprodujeron por primera vez el sonido grabado por un fonoautógrafo.[3][4][5]

El equipo logró tener acceso a los papeles con grabaciones del fonoautógrafo de Leon Scott que estaban guardados en la oficina de patentes de la Académie des Sciences francesa. Escanearon el papel en relieve con un sofisticado programa de ordenador desarrollado años antes por la Biblioteca del Congreso estadounidense. Las ondas del papel fueron traducidas por un ordenador a sonidos audibles y reconocibles. Uno de ellos, creado el 9 de abril de 1860 resultó ser una grabación de 10 segundos (de baja fidelidad pero reconocible) de alguien cantando la canción popular francesa "Au Clair de la Lune". Este "fonoautograma" es la primera grabación de sonido conocida así como la primera grabación que es, empíricamente, reproducible. Muy anterior a la grabación de un reloj parlante de Frank Lambert y la de un concierto de Georg Friedrich Händel realizada por la Compañía de Fonógrafos de Edison, que datan de dos y tres décadas después, respectivamente.[6][7][8]

Playback[editar]

A mediados de abril de 1877, Charles Cros se había dado cuenta que la grabación de cualquier ruido a través del fonoautógrafo se podía convertir de nuevo en sonido. Para conseguirlo, se tenía que grabar su trama en una superficie metálica con el objetivo de crear una ranura modificable, y después, utilizando un lápiz y un diafragma similares a los del fonógrafo, invertir el proceso de la grabación y así recrear el sonido. Antes de poder poner en práctica sus ideas, el anuncio del fonógrafo de Thomas Edison, que consiguió registrar las primeras ondas sonoras, marcándolas en una hoja de papel de impresión que se podía reproducir inmediatamente, relegó temporalmente el método menos directo de Cros.

Diez años más tarde, para realizar los primeros experimentos de Emile Berliner, el creador del gramófono, se empleó una máquina de grabación que era en esencia un tipo de disco parecido al del fonoautógrafo. Se trazó una clara línea en forma de espiral modulada por el sonido a través de un recubrimiento fino y negro que se encontraba sobre un disco de vidrio. El método propuesto por primera vez por Cros se utilizó en aquel momento para producir un disco de metal con una ranura modificable. Probablemente, estos experimentos de 1887 de Berliner fueron las primeras reproducciones de sonido conocidas desde las grabaciones del fonoautógrafo.[9]

Aun así, por lo que se sabe, no se intentó usar este método para reproducir ninguno de los fonoautogramas restantes de Martinville, posiblemente porque las pocas imágenes disponibles en libros y publicaciones periódicas eran, o bien de intensas explosiones cortas de sonido, o bien de áreas fragmentarias de grabaciones más largas, o simplemente demasiado crudas e indistintas para fomentar el experimento.[10]

Casi 150 años después de haber sido grabados, tal y como se ha explicado más arriba, los historiadores de audio norteamericanos localizaron ejemplares prometedores de los fonoautogramas de Scott de Martinville, almacenados entre sus papeles de la oficina de patentes de Francia en la Académie des Sciences. Se han obtenido imágenes de alta calidad de estas últimas.[7][8]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. «1860 'Phonautograph' Is Earliest Known Recording». NPR.org (en inglés). Consultado el 14 de noviembre de 2017. 
  2. a b «La primera grabadora de sonidos de la historia». Tecnología Obsoleta. 18 de octubre de 2015. Consultado el 14 de noviembre de 2017. 
  3. Jody Rosen (27 de marzo de 2008). «Investigadores reproducen melodía grabada antes de Edison». New York Times. 
  4. El primer sonido jamás grabado, en público.es. Publicado el 28/03/2008
  5. Un francés consiguió grabar sonido 17 años antes que Edison, en El País, 28/3/2008.
  6. Fonoautógrafo de 1860 La muerte geométrica de Sócrates
  7. a b «FirstSounds.ORG». www.firstsounds.org. Consultado el 14 de noviembre de 2017. 
  8. a b Rosen, Jody (27 de marzo de 2008). «Phonautogram - Thomas Edison - Lawrence Berkeley National Laboratory - Édouard-Léon Scott de Martinville». The New York Times (en inglés estadounidense). ISSN 0362-4331. Consultado el 14 de noviembre de 2017. 
  9. Berliner, E: "The Gramophone: Etching the Human Voice", Journal of the Franklin Institute, June, 1888 125(6):425-447. Berliner, who scrupulously acknowledges the work of Scott and Cros in this paper, uses the word "phonautogram" (see pages 437 and 438) to describe his own recordings prior to their processing into playable form by photoengraving or direct etching.
  10.  Morton, D., Sound Recording: The Life Story of a Technology, JHU Press, 2006 indicates (see page 3) that this could be the case even when photochemical processes were no longer the only option and optimized results were possible: in 2000, a planned experiment to recover sounds from phonautograms by means of scanning and digital processing was abandoned because there was "little to try to recover" in the specimens at hand.