Feliza Bursztyn

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Feliza Bursztyn (Bogotá, 8 de septiembre de 1933 - París, Francia, 8 de enero de 1982) fue una artista y escultora colombiana. Utilizó la chatarra de hierro y los desperdicios de acero inoxidable para realizar composiciones en diferentes escalas. Además fue parte de la primera generación de artistas colombianos en pensar la relación entre el objeto escultórico y el espacio de exhibición, práctica conocida como instalación.

Escultura "Homenaje a Gandhi" ubicada en la calle 100 con carrera séptima en Bogotá.

Vida y obra[editar]

Estudió pintura en la Art Students League de Nueva York y escultura en la academia La Grande Chaumière en París. En los años 1960 desarrolló una gran cantidad de obras con ese material, pasando de trabajos sencillos como conglomerados de ruedas, aros, tuercas y láminas, poco soldados en torno a un eje vertical, a productos mucho más complejos.

En 1965 con la obra hecha de chatarra Mirando al norte obtuvo el primer premio de Escultura en el XVII Salón Nacional. En 1968 realizó una exposición con esculturas cinéticas. En 1971 realizó Homenaje a Gandhi, que se encuentra en la carrera Séptima con calle Cien, en Bogotá. En este periodo desarrolló asimismo el proyecto Las camas.

En la segunda parte de los años 1970 realizó otros dos trabajos públicos, la escultura Andrómeda y el mural La última cena, compuesto por 276 paneles instalados a diferentes niveles, cada uno con un sinnúmero de cubiertos aplanados y pegados con soldadura de punto, que se encuentra en el Centro Hotelero del SENA en Bogotá. A principios de los años 1980 realizó varias esculturas, que se presentaron póstumamente.


Exilio y muerte[editar]

Fanny Mikey y Feliza Bursztyn despidiéndose en el Aeropuerto Internacional El Dorado.

A principios de los años 1980 la situación de órden público en Colombia se veía afectada, el gobierno nacional expidió el decreto 1923 del 6 de septiembre de 1978, que será conocido como Estatuto de Seguridad. El Estatuto es la aplicación en Colombia de la llamada Doctrina de la Seguridad Nacional, según la cual las Fuerzas Armadas debían combatir al enemigo interno que amenazaba los intereses nacionales.[1]​ El 24 de julio de 1981 una patrulla del ejército entró a la residencia que Feliza compartía con su esposo, el ingeniero químico Pablo Leyva. En las siguientes cuatro horas los emisarios castrenses requisaron la vivienda, hurgaron en el taller de la escultora bogotana, entre los trabajos en chatarra que la habían hecho célebre y controvertida en el país, desarmaron el lecho conyugal, lo rearmaron, encontraron una caja llena de fotografías, las revisaron y finalmente se apropiaron de tres de ellas que, junto a las otras, pertenecían a fotógrafos colombianos que las habían enviado a una muestra colectiva en Cuba en 1980 y que Feliza las había llevado a Colombia por encargo de los organizadores después de un reciente viaje a La Habana (había asistido a una exposición de sus últimas esculturas en Casa de las Américas), para devolvérselas a sus dueños. Los militares se llevaron también una pistola que un amigo le había regalado hacía muchos años, que ella nunca usó y ya ni siquiera funcionaba. Dos días después, el 27 de julio, recibió la citación de un juez militar. Éste la acusó formalmente de tenencia ilegal de arma: le informó que de acuerdo con la normatividad vigente ello significaba cinco años de cárcel. Y le ordenó presentarse nuevamente en su despacho después de dos días. A Feliza no le quedó otra alternativa que el asilo: lo solicitó en la Embajada de México, donde se refugió hasta el 5 de agosto. En el transcurso de esos días el gobierno colombiano, por intermedio de la cancillería, hizo saber públicamente que sobre la artista no había ninguna acusación (pese a que los hechos indicaran lo contrario) y que, por lo tanto, podía salir del país sin salvoconducto y regresar libremente. Pocos días después, sin embargo, el diario El Espectador dio a conocer una declaración de un oficial de alto rango, que nunca reveló su identidad, según la cual Bursztyn era un enlace entre la guerrilla del M-19 y miembros del gobierno cubano. Las evidencias que decía tener nunca fueron presentadas.[2][3]

El 6 de agosto de 1981 la escultora inició oficialmente su exilio en la capital mexicana, lejos de su familia: su esposo se quedó en Bogotá, su madre, sus tres hijas (de su primer matrimonio) y su hermana vivían en Estados Unidos; de hecho, solicitó visa a ese país para reunirse con ellas, pero le fue negada.[2]​ Al llegar a México vivió en la casa de Gabriel García Márquez hasta que fue becada por el Ministerio de Cultura de Francia. Estando en México su salud se deterioró.Viajó a Paris a mediados de octubre, pasó el año nuevo en la casa del pintor Saturnino Ramírez, en compañía de Luis Caballero y otros amigos. En los días siguientes, Feliza y Pablo, se dedicaron a caminar y a escuchar música sacra, hasta que el viernes 8 de enero, García Márquez los invitó a comer, ya que él regresaba de un viaje a España. Feliza fue al apartamento de Gabriel García Márquez y de allí salío para el restaurante en compañía de Pablo Leyva, Mercedes Barcha, Enrique Santos Calderón y María Teresa de Santos. Sentada en la mesa, en compañía de sus amigos, falleció de un infarto fulminante. El gobierno nacional nunca se retractó de la acusación que realizó de Feliza. Días después, sus restos regresaron a Bogotá donde fue sepultada.[4]

Referencias[editar]

  1. «Turbay dicta polémico Estatuto de seguridad - Archivo Digital de Noticias de Colombia y el Mundo desde 1.990 - eltiempo.com». Consultado el 22 de agosto de 2016. 
  2. a b «Arte bajo el terror (V) / Feliza Bursztyn: Chatarra, exilio y muerte | Tras la Cola de la Rata». Consultado el 22 de agosto de 2016. 
  3. País, Ediciones El (20 de enero de 1982). «Tribuna | Los 166 días de Feliza». Consultado el 22 de agosto de 2016. 
  4. Samper Pizano, Daniel (17 de enero de 1982). «Los Últimos Días de Feliza». El Tiempo de Colombia. p. eltiempo.com.co. Consultado el 22 de agosto de 2016. 

Enlaces externos[editar]