Fanatismo religioso

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El fanatismo religioso actualmente es un problema a nivel global.

El fanatismo religioso es uno de los tipos de fanatismo que más controversia ha generado en el transcurso de la historia; en cuanto bajo su influencia esta se han llevado a cabo conflictos bélicos, genocidios, asesinatos y actos terroristas.

El fanático religioso se identifica con un individuo de conducta ciega con una religión en particular, lo que le lleva a provocar actos contra personas que no creen en ésta mediante una lógica inflexible.

En los siglos XVI y XVII el fanatismo religioso alcanza un alto grado ya que estos simpatizantes condenaban las ciencias "al condenar estas a la religión mediante la razón" los reyes "acusados de superficiales materialistas que llevaban una vida de placeres" y a los estudiosos de los astros "a quienes se acusaba de servidores de Satanás". El fanatismo tiene un principio en parte compartido con la fe, según el cual quien piensa diferente se convierte en adversario o enemigo.

En las religiones más influyentes y expandidas mundialmente se han podido ver actos de fanatismo desde la decadencia del imperio romano por el cual los cristianos quemaron libros y estatuas por inmorales y fulminaron avances en literatura y arte. Por ejemplo, las cruzadas fueron actos fanáticos e imperialistas que profundizaron en la disputa centenaria entre musulmanes y cristianos, combatiendo ambos en nombre de Dios durante la Edad Media. Otros actos contemporáneos a éstas eran la Santa Inquisición, herramienta de supresión de la herejía.

El atentado a las torres del World Trade Center de Nueva York en 2001 suele ser calificado como acto de "fanatismo religioso", pero se trata de una acción terrorista ejecutada por fanáticos religiosos islámicos, liderados por Osama Bin Laden, un saudí multimillonario, otrora socio de Estados Unidos, que no refleja la fe musulmana.

En la actualidad, para intelectuales como Norman Finkelstein, descendiente de familias exterminadas en campos de concentración nazi, el fanatismo religioso se expresa en el derecho divino que el movimiento sionista asegura poseer. Y con el cual justifica la ocupación de territorios palestinos[1]​ por parte personas de cualquier parte del mundo, pero practicantes del judaísmo, financiadas para hacerlo. Por su parte, también de origen judío, el profesor emérito de lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, Noam Chomsky, habla de "sionistas cristianos", para referirse a quienes apoyan las violaciones a los Derechos humanos en Palestina, por considerarla una "guerra santa". De hecho el término "sionismo cristiano" es más antiguo que el sionismo de la Inglaterra de 1880. Se remonta a los inicios del s. XIX en Estados Unidos, donde se le daba un carácter sagrado al exterminio de los pueblos originarios de Norteamérica. Este movimiento, a su vez, se basaba en el ideario de sectas europeas herederas de la cultura medieval que, tal como los movimientos sionistas de hoy, encuentran en la Biblia la justificación de los crímenes que implica la misión que se les ha encomendado.

Generalmente se clasifica al fanático como una persona ignorante e ingenua, con un razonamiento apenas suficiente para justificar y defender sus creencias mediante la agresión o juzgando a los demás como herejes.

Psicológicamente el fanático presenta cuadros de monomanías y comportamientos obsesivos sin lugar a discusión amparándose en la veracidad inquebrantable de una sola verdad, los comportamientos repetitivos se convierten en su forma de vida; alabanzas, horarios de asistencias a congregación para repetir los mismos comportamientos dejando de lado la singularidad humana (“cada persona es como es”), este comportamiento obsesivo llega a cambiar sus vidas y a reemplazar apegos antiguos con nuevos (apegos religiosos) haciendo más complicado el tratamiento clínico – terapéutico por su renuencia a aceptar nuevos caminos que le conduzcan a otra realidad lejos de todo apego a congregaciones y seres "sobrenaturales".

El fanático no acepta consejos ni modificaciones lo cual hace extremadamente difícil su evolución y cambio de mentalidad. Esta mentalidad puede además haber sido reflejo de un núcleo social en el que se ha exaltado el deseo de suprimir a los que se oponen a sus creencias y modo de ver la vida.

Estos mayormente van mucho más allá de lo debido, es el modo desproporcionado de entender y defender una causa el cual los lleva a un sentido de llevar a cabo una misión, los cuales son capaces de recurrir a todos los medios con tal de triunfar. Estos contienen una conciencia desmedida de su propia grandeza: el fanático se identifica con la causa que defiende, estos se alimentan del celo inquisitorial y actúa como fiscal o juez de la verdad.

El fanatismo religioso concretamente es la incapacidad para admitir el mundo en su diversidad y para aprender de los otros, generando una sociedad anclada en un tiempo y una forma fija de ver las cosas.

Se opone al movimiento que conduce a la realidad y por tanto no se puede ver cambios en ella, lo que no da posibilidad para el desarrollo de la vida y el descubrimiento de nuevas ideas.

Véase también[editar]

  1. Norman Finkelstein (2000). The Holocaust Industry. Verso Books.