Exilio de Perón

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El ex presidente Juan Domingo Perón estuvo exiliado de la Argentina desde pocos días después de su derrocamiento en septiembre de 1955[n. 1]​ hasta el 17 de noviembre de 1972, cuando regresó brevemente luego de ser autorizado por la dictadura gobernante. El 5 de febrero de 1973 la dictadura volvió a prohibir el ingreso de Perón a la Argentina. La prohibición caducó definitivamente el 25 de mayo de 1973 al asumir el gobierno democrático presidido por Héctor J. Cámpora, durante el cual Perón regresó definitivamente el 20 de junio de 1973, estableciendo su residencia en el país. Durante todo ese período Perón estuvo proscripto para presentarse como candidato a cargos electivos. Levantada la proscripción en 1973, se presentó como candidato a presidente de la Nación en las elecciones del 23 de septiembre de 1973, en las que triunfó con un apoyo del 62% de los votos, falleciendo en ejercicio de la presidencia el 1 de julio de 1974.

Durante su exilio estuvo asilado en Paraguay, Panamá, Nicaragua, Venezuela, República Dominicana y España; en este último país pasó doce de los casi dieciocho años que estuvo exiliado, mayormente en una quinta ubicada en cercanías de Puerta de Hierro en Madrid, lugar que se constituiría en un punto clave de la política argentina en ese tiempo. Durante la casi totalidad de su exilio, la actuación política de Perón en la Argentina estuvo completamente prohibida, y el peronismo como movimiento político tuvo también vedada la participación en elecciones de todo tipo, excepto por cortas excepciones en los años 1962 y 1965, que a su vez causaron la caída de los gobiernos que las permitieron. Adicionalmente, Perón había sido enjuiciado en ausencia y condenado por supuestos delitos que habrían sido cometidos durante su presidencia por un tribunal especial, formado por las autoridades de la dictadura que lo había depuesto. Perón intentó volver al país en 1964, pero el presidente Arturo Illía lo impidió solicitando a la dictadura militar gobernante en Brasil que lo detuviera y lo enviara de regreso a España. La lucha por la vuelta de Perón al país se convirtió en una causa popular de la Resistencia peronista (1955-1973).

Antecedentes[editar]

El presidente Perón

Juan Domingo Perón, nacido en 1895, fue un militar profesional argentino, que hasta los 47 años de edad hizo una carrera sin prácticamente ninguna actividad política, excepto por su participación como subordinado en el golpe de Estado de 1930. Recibió formación profesional en el extranjero, principalmente en Chile y la Italia fascista y alcanzó el rango de coronel. Relativamente culto, de carácter extrovertido, de maneras amables y con una casi permanente sonrisa en el rostro, no se le conocía ideología alguna[1]​ hasta principios del año 1943, cuando se unió al GOU, una logia militar secreta formada por nacionalistas, liberales y filofascistas. El GOU tuvo un papel importante en el golpe de Estado de junio de ese año,[2]​ que derrocó al último de una serie de gobiernos conservadores tan desprestigiados por su corrupción, su sumisión al extranjero y la pobreza de las clases obreras que su época es conocida como la Década Infame.[3]

Perón ocupó sucesivamente varios cargos públicos en la dictadura iniciada en 1943: director de la Dirección Nacional del Trabajo, Secretario de Trabajo de la Nación, Ministro de Guerra y Vicepresidente de la Nación, estos tres últimos cargos en forma simultánea.[4]​ Durante este período, Perón desarrolló sus ideas políticas, mostrándose especialmente permeable a proyectos, ideas y formas discursivas de orígenes tan diversos como el sindicalismo, el socialismo, el nacionalismo defensivo y el liberalismo democrático;[5]​ también es seguro que llegó a admirar algunas características del fascismo italiano.[6]​ Más allá de la discusión sobre qué grado de importancia tuvo éste en su ideología —hasta la actualidad, sus detractores llegan a caracterizar su sistema político como fascista,[7]​ mientras que sus defensores lo niegan enfáticamente— la mayoría de las opiniones están de acuerdo en calificarlo de populista, tanto para descalificarlo como para elogiarlo.[8]

Sus medidas en favor de los obreros y los sindicatos generaron una corriente de simpatizantes a su favor[9]​ que, tras una gran manifestación el 17 de octubre de 1945, se transformó en corriente política: el peronismo. Con el apoyo de tres partidos creados para ello, y que luego se unirían en el Partido Peronista, Perón fue elegido presidente y asumió el mando del país el 4 de junio de 1946.[10]​ Entre uno y otro acontecimiento, Perón se casó con María Eva Duarte, conocida como Eva Perón o Evita[11]​ y fue ascendido al rango de general.[12]

Su gobierno se caracterizó por grandes avances en los derechos laborales y civiles, un crecimiento económico moderado pero sustentable, un gran esfuerzo en el desarrollo de la tecnología y la infraestructura, un marcado tinte nacionalista en lo económico y político, y el esfuerzo —principalmente canalizado a través de la Fundación Eva Perón, dirigida por la primera dama— en paliar los sufrimientos de los más necesitados.[13]​ La reforma constitucional de 1949 pretendió consolidar los avances en cuanto a las "tres banderas" históricas del peronismo: la justicia social, la libertad económica y la soberanía política.[14]​ En contraste, su gobierno también se caracterizó por la casi completa anulación de la libertad de prensa y la persecución política. La oposición acusó al gobierno peronista de ser un régimen fascista[15]​ y se opuso frontalmente a casi todas las iniciativas del gobierno.[16]

Las características negativas del peronismo se acentuaron durante su segundo gobierno, iniciado en 1952, especialmente tras el fallecimiento de Evita,[17]​ y a fines de 1954 se sumó un imprevisto enfrentamiento con la Iglesia católica que catalizó a la oposición en contra del peronismo.[18]​ El resultado fue un intento de asesinar a Perón que derivó en el bombardeo de la Plaza de Mayo, con más de trescientos muertos[19]​ y, en septiembre de 1955, en un golpe de Estado exitoso, que alcanzó a controlar gran parte de la Argentina.[20]​ Aunque Perón contaba aún con el apoyo nominal de la mayoría del Ejército, prefirió evitar un baño de sangre y emitió un renunciamiento ante los mandos militares; una junta militar asumió el control de la capital, mientras el resto del país se sometía a la autoridad del jefe del golpe de estado, general Eduardo Lonardi.[21]

Partida al exilio[editar]

Perón a bordo de la cañonera Paraguay.

En la mañana del 20 se septiembre, la junta militar que había pretendido asumir el gobierno tras la caída de Perón —y que no fue reconocida ni por éste ni por los jefes golpistas— envió un comunicado al presidente Perón a través de su ayudante, el mayor Máximo Alfredo Renner: se le informaba que había aceptado su renuncia al cargo de presidente de la Nación y que debería dejar el país. Ante el riesgo cierto de ser atacado por los comandos civiles, Perón reaccionó rápidamente y se dirigió a la residencia del embajador del Paraguay en Buenos Aires, Juan Chávez. La elección de esa embajada se debió a que, el año anterior, el gobierno paraguayo del general Alfredo Stroessner le había conferido la ciudadanía paraguaya y le había reconocido el rango de general paraguayo, en agradecimiento a la devolución de los trofeos paraguayos capturados en la Guerra de la Triple Alianza aún en poder de la Argentina. Apenas llegado a la embajada, con un escaso equipaje y acompañado por Chávez y los mayores Renner e Ignacio Cialceta,[n. 2]​ se subió a un automóvil que lo llevó al puerto. Aún era de mañana cuando, al embarcarse en la cañonera Paraguay, perteneciente a la Armada Paraguaya, abandonó formalmente su país.[22]

Fue recibido a bordo con los honores correspondientes a un general del Ejército Paraguayo y se alojó en el camarote del capitán del buque. Éste estaba amarrado en el puerto de Buenos Aires debido a que se le estaban realizando reparaciones. Su principal actividad durante estos días fue escribir notas, que más tarde aprovechará para varios de sus libros.[22]

El embajador regresó a Buenos Aires e inició una serie de contactos con los líderes golpistas, exigiendo las garantías necesarias para proteger la cañonera y al propio Perón, en vista de las furiosas bandas de antiperonistas lanzadas a destruir cualquier símbolo del gobierno caído.[n. 3]​ Al menos consiguió que la Prefectura Naval montase guardia frente a la cañonera.[22]

El 23 de septiembre juró como presidente de facto el general Eduardo Lonardi, que ordenó disolver el Congreso, todas las autoridades provinciales y la Corte Suprema de Justicia. Poco después, una unidad de infantería de marina se apostó frente a la cañonera, lo que obligó a los marineros de ésta a reforzar las guardias, y al capitán a alejar el buque del muelle.[22]

Tras las garantías dadas por el dictador Lonardi al presidente Perón, éste se trasladó a otra cañonera paraguaya, la Humaitá. Pero el nuevo gobierno rechazó toda posibilidad de que Perón se trasladara al Paraguay por vía fluvial, para no despertar simpatías o causar ataques al buque.[22]

El 3 de octubre, un hidroavión Consolidated PBY Catalina arribó al puerto de Buenos Aires procedente de Asunción y acuatizó junto a la Humaitá, donde fue abordado por Perón, que estaba acompañado por el canciller de la dictadura, Mario Amadeo, quien regresó al puerto antes del despegue. El hidroavión llegó a Asunción unas cinco horas más tarde, acompañado por un avión en que salió a recibirlo el general Stroessner. Perón tardaría más de diecisiete años en volver a la Argentina.[22]

En Paraguay[editar]

Al llegar a Asunción, se alojó en la casa del empresario argentino Ricardo Gayol, radicado hacía muchos años en el Paraguay. Al día siguiente ofreció la primera entrevista periodística en el exilio, a un enviado de United Press International, en las que afirmaba haber sido derrocado por una «reacción oligarco-clerical» y su confianza en la fuerza del peronismo. El mismo día en que se publicaron esas declaraciones en la prensa, el depuesto vicepresidente Alberto Teisaire lanzaba una serie de acusaciones contra Perón, haciéndolo responsable de su propio derrocamiento, y al mismo tiempo lo acusaba de «cobarde y vergonzosa deserción frente al adversario».[23]​ El 12 de octubre se formó un Tribunal de Honor del Ejército Argentino para juzgar la conducta de Perón, presidido por el general Carlos von der Becke, e integrado además por los generales Juan Carlos Bassi, Víctor Jaime Majó, Juan Carlos Sanguinetti y Basilio Pertiné; varios de ellos habían servido con lealtad al presidente derrocado.[24]

El 8 de octubre, día de su cumpleaños, recibió a dos periodistas para hacer declaraciones sobre la situación argentina. Al despedirse del segundo un periodista de la NBC, lo invitó a visitarlo cuando regresara a Buenos Aires. El periodista le preguntó cómo haría para concretar ese regreso, a lo que Perón respondió: «¿Yo? Nada en absoluto... Todo lo harán mis enemigos.»[25]

El 17 de octubre, por presión de la dictadura argentina, Perón fue arrestado y trasladado a Villarrica, a una casa de campo cerca del pueblo. Mientras tanto, en Buenos Aires el Tribunal de Honor dictaminó que Perón había cometido una amplia gama de delitos que incluía el de incitación a la violencia, quema de la bandera nacional, ataques a la religión católica y estupro ―acusándolo de mantener una relación con Nelly Rivas, a la sazón menor de edad― y recomendó que se lo degradara y se le prohibiera el uso del uniforme. Posteriormente el general Lonardi firmó un decreto aprobando y poniendo en ejecución esas recomendaciones.[26]

Poco después, Perón decidió aceptar una invitación del dictador de Nicaragua, Anastasio Somoza, para visitar ese país; se rumoreaba que sicarios enviados desde la Argentina intentarían asesinarlo y Stroessner, por su parte, estaba cada vez más incómodo con la presencia de Perón.[27]​ De modo que el 2 de noviembre, Perón partió en un avión de la presidencia paraguaya hacia Nicaragua.[26]

Panamá y Nicaragua[editar]

Tras un largo vuelo con varias escalas —sólo en Caracas durmió en un hotel y fue recibido por el dictador Marcos Pérez Jiménez— Perón arribó a la ciudad de Panamá; allí se entrevistó con el presidente Ricardo Arias, y repentinamente anunció que se quedaría un tiempo en Panamá. Se alojó en el Hotel Washington, de la ciudad de Colón ―en el extremo caribeño del Canal― donde aparentemente concluyó el libro que había empezado a escribir en Asunción: La fuerza es el derecho de las bestias.[28]​ No obstante, el libro no sería publicado hasta el año siguiente en Santiago de Chile, y hasta el año 1958 en Montevideo.[29]

A fines de ese año arribó a Panamá un grupo musical del que formaba parte una bailarina argentina, apodada Isabelita. Cuando llevaron su espectáculo a Colón, el 23 de diciembre, esta bailarina deslumbró a Perón, que decidió hacerla su secretaria privada, y poco después su amante; el verdadero nombre de la joven de 24 años era María Estela Martínez, y había nacido en la ciudad de La Rioja.[30]

Tras algunas presiones de parte del gobierno estadounidense, Perón cambió varias veces de residencia.[31]​ Mientras tanto, en la Argentina, derrocado Lonardi por sectores profundamente antiperonistas, asumió la titularidad del Ejecutivo el general Pedro Eugenio Aramburu, que intervino la totalidad de los sindicatos y la CGT,[n. 4]​ y emitió un Decreto Ley 4161 de 1956 por el cual se declaraba disuelto y fuera de la ley al Partido Peronista, y se castigaban con penas de cárcel acciones tales como cantar la marcha peronista, utilizar cualquier emblema del Partido, exhibir imágenes de Perón o de Eva Perón, e incluso mencionar en público o en privado sus nombres. Y poco tiempo después, una proclama declaró nula la reforma constitucional de 1949, decidiendo con ello la restauración de la Constitución Nacional con su texto anterior; que la dictadura ignoraba en gran parte de sus disposiciones, por otro lado.[32]​ El cuerpo embalsamado de Eva Perón fue secuestrado, ultrajado y luego llevado secretamente al Italia, donde fue sepultado con nombre falso.[33]

Reducidos a un grupo completamente ilegalizado, los seguidores de Perón organizaron una serie de actos aislados, que en conjunto se conocen como la resistencia peronista: boicots y sabotajes a las empresas en que trabajaban, bombas de escaso poder,[n. 5]​ hojas de propaganda y pintadas. Perón nomnró al ex diputado John William Cooke titular del Comando Nacional del Partido Peronista, que de todos modos no fue capaz de coordinar las acciones de los diversos grupos de acción directa, los cuales actuaron por su cuenta.[34]​ Perón envió a la Argentina unas "Directivas Generales para todos los Peronistas", en que se mostraba propenso al ejercicio de la violencia como método, e instaba a «no dar tregua a la tiranía. El trabajo a desgano, el bajo rendimiento, el sabotaje, la huelga, el paro, el desorden, la lucha activa por todos los medios y en todo lugar debe ser la regla. Sin esta preparación la revolución social no será posible a corto plazo, porque la tiranía sólo caerá por este medio.»[35]

Los sectores nacionalistas, que habían formado parte central del gobierno de Lonardi, conspiraron para derrocar a Aramburu, apoyados en suboficiales y algunos oficiales netamente peronistas, aunque los jefes de estos grupos rebeldes siempre fueron nacionalistas, no peronistas. El grupo que llegó más lejos en su intento de derrocar a la dictadura fue el que dirigió el general Juan José Valle, que fue apoyado por algunos militares peronistas, como el coronel Adolfo Philippeaux en Santa Rosa, el único que logró dominar la ciudad en que se había sublevado. La sublevación se saldó con el fusilamiento de dieciocho militares y el asesinato de catorce civiles.[36]​ Perón no respaldó en absoluto la revuelta, ni mostró especial compasión cuando supo de las ejecuciones.[37]

En el mes de julio, la ciudad de Panamá fue sede de una reunión de jefes de Estado americanos, entre ellos el presidente estadounidense Dwight Eisenhower y el dictador argentino Aramburu. A pedido del gobierno panameño, Perón se trasladó a Nicaragua, donde fue recibido por Somoza. Tras permanecer nueve días en ese país regresó a Panamá. Allí se hizo muy evidente que las comunicaciones con sus seguidores en la Argentina eran cada vez más difíciles —Cooke estaba preso— de modo que se marchó de allí en busca de un país donde hubiera menos vigilancia. Optó por Venezuela.[37]

Venezuela[editar]

El 10 de agosto de 1956 llegó a Caracas junto a su comitiva, formada por un pequeño grupo de ayudantes, algunos aduladores e Isabelita. Pérez Jiménez no sentía ninguna simpatía por Perón, y de hecho nunca se entrevistó con él. Pero, dado que no podía permitir la realización de un atentado en su país y existían indicios de que desde Buenos Aires se había mandado agentes para matar a Perón, protegió al refugiado con la Dirección de Seguridad Nacional.[38]​ Los rumores no eran infundados: el 25 de mayo de 1957, un agente secreto de la dictadura argentina apellidado Sorolla colocó una bomba en el auto en que Perón debía ir a un asado a festejar la fecha patria argentina. Pero la bomba destruyó un auto vacío, mientras el chofer de Perón estaba comprando carne para el asado. Perón culpó del atentado al embajador argentino, el entonces coronel Carlos Toranzo Montero, quien no sabía nada del asunto.[39]

En el mes de marzo se habían fugado algunos presos políticos del penal de Río Gallegos, entre ellos el empresario Jorge Antonio y los ex diputados Héctor J. Cámpora y John William Cooke, huyendo hacia Chile.[40]​ Perón, que anteriormente había nombrado a Cooke su emisario oficial en la Argentina, nombró entonces a Cooke su heredero en el mando del peronismo para el caso de que fuese asesinado.[41]

De la correspondencia entre Perón y Cooke se desprende que éste planeaba algún tipo de insurrección militar o popular que permitiera el regreso de Perón. Uno de los planes que alcanzó mayor difusión fue uno que consistía en generar una insurrección local en la provincia de Jujuy con apoyo del gobierno de Bolivia, que estaba en manos del Movimiento Nacionalista Revolucionario, para desde allí provocar un alzamiento generalizado en su favor. El plan dependía excesivamente de la ayuda boliviana y del secreto en que se organizase; pero no era fácil organizar algo así desde Chile y Buenos Aires, por lo que el arresto de algunos seguidores bastó para desbaratarlo. Los policías que interrogaron a los prisioneros lo llamaron "Operación Elefante".[42]

En julio de 1957, la dictadura llamó a elecciones para una Convención para reformar la Constitución Nacional, cuya reforma de 1949 había anulado; con la Unión Cívica Radical dividida entre la UCR del Pueblo, dirigida por Ricardo Balbín y la UCR Intransigente, dirigida por Arturo Frondizi, el Partido Socialista también dividido y los partidos conservadores completamente desorganizados, el ganador visible resultó el peronismo: Perón ordenó a sus seguidores votar en blanco, y los votos en blanco superaron —aunque por una ligera diferencia— a la lista más votada, que fue la de la UCRP. La Convención sólo sirvió para declarar nula la reforma del 49 y para incluir el artículo 14 bis, un texto meramente enunciativo que remedaba muy claramente las reformas sociales y laborales del peronismo.[43]​ El peronismo demostró no solamente que no había sido vencido, sino que —aún estando proscripto— era una de las fuerzas más importantes del país, o tal vez incluso la más importante.[44]

Frondizi comprendió que para derrotar a la UCRP sólo podía recurrir a los votos peronistas; no podía aspirar a convencer a los militantes peronistas,[n. 6]​ de modo que intentó convencer a Perón. Envió a su encuentro a su amigo y asesor económico, Rogelio Frigerio, quien se entrevistó con Perón en Caracas poco antes de las elecciones, en enero de 1958. De las conversaciones surgió la firma del llamado Pacto Perón-Frondizi, con catorce puntos[n. 7]​ por los cuales Perón se comprometía a pedir a sus seguidores que votaran a los candidatos de la UCRI y se retiraran los candidatos de los partidos neoperonistas que habían logrado evadir la proscripción sobre el Partido Peronista. A cambio, Frondizi se comprometía a «restablecer las conquistas logradas por el pueblo en los órdenes social, enconómico y político»,[n. 8]​ levantando la proscripción que pesaba sobre sus seguidores y sobre el Partido Peronista, aunque todavía no la que pesaba sobre Perón. Éste pidió que se le garantizara el uso del uniforme del Ejército y su grado militar, pero Frondizi hizo que Frigerio le respondiera que era imposible. Posteriormente Frondizi negó haber firmado pacto alguno, aunque Perón publicaría una copia en que figuraban las firmas de Perón, Cooke, Frigerio y también de Frondizi.[45]

En los mismos días en que Frigerio estaba discutiendo los detalles del pacto con Perón estalló una violenta revolución contra Pérez Jiménez, que fue seguida por una huelga y una serie de levantamientos populares que arrasó con la resistencia que quedaba; por orden de los máximos jefes militares del país, Pérez Jiménez partió al exilio el 23 de enero, mientras Caracas era un hervidero de vandalismos y destrucción. Un diario sensacionalista acusó a Perón de haber dirigido la represión de los desórdenes, de modo que pronto varias turbas se dirigieron a la casa del exiliado ex presidente argentino; éste alcanzó a esconderse en la casa de otro argentino, el después conductor televisivo Roberto Galán, antes de refugiarse en la embajada de la República Dominicana. El día 24, tras conseguir el permiso del nuevo gobierno, Perón partió al exilio en Santo Domingo, acompañado solamente por el embajador de ese país en Caracas, el después presidente Rafael Bonelly. El resto de la comitiva, incluidos Cooke e Isabelita, permanecieron en la embajada varios días más antes de trasladarse a su vez a Santo Domingo.[46]

República Dominicana[editar]

La República Dominicana estaba regida por el dictador Rafael Leónidas Trujillo, que se entrevistó varias veces con Perón y lo incluyó a su lado en un desfile militar.[47]​ Llama la atención que Perón, un presidente elegido democráticamente,[n. 9]​ se haya refugiado sucesivamente en seis países en su exilio, cinco de los cuales estaban regidos por dictaduras. De hecho, fueron algunas de las más sanguinarias de la historia del mundo hispanohablante: de Stroessner se ha comprobado que hizo asesinar a unos 400 paraguayos, además de perseguir y torturar a casi 40 000 personas;[48]​ Somoza sometió a Nicaragua a una dictadura brutal y corrupta;[49]​ también Pérez Jiménez había sumido a Venezuela en una ordalía de represión,[50]​ y Franco no solamente causó una guerra civil que dejó un millón de muertos, sino que durante su larga dictadura se ignoraron sistemáticamente los derechos humanos y civiles, y se persiguió con la cárcel y con la pena de muerte a miles de opositores.[51]​ Pero el dictador que superó todos los límites entre los que dieron asilo a Perón fue Rafael Trujillo: éste encabezaba una de las tiranías[52]​ más sangrientas de América Latina.[53]​ Toda forma de oposición fue reprimida,[54]​ las libertades civiles fueron inexistentes y se cometieron constantes violaciones a los derechos humanos.[55]​ Forzó a su país a un ilimitado culto a la personalidad[56]​ y lo sumergió en un estado de pánico y «respeto»,[57]​ donde una muerte podía ser encubierta como un «accidente» y cualquier persona sindicada como desafecta podía ser encarcelada y torturada en una de las cárceles clandestinas destinadas a esa práctica.[58]

Una posible explicación de esta preferencia por obtener asilo de parte de dictaduras es la marcada tendencia que tenía para identificarse con otros militares;[51]​ por otro lado, la leyenda negra[59]​ de la supuesta dictadura que habría encabezado Perón —según la información suministrada por fuentes estadounidenses y de la dictadura argentina— desincentivaba a los gobiernos democráticos a mostrarse dispuestos a brindar asilo a Perón.[60]

Poco después de llegar a Santo Domingo, Perón envió a la Argentina la orden de votar por el candidato de la UCRI.[45]​ El resultado fue abrumador: Frondizi obtuvo más del 52% de los votos, superando ampliamente el 34% obtenido por Balbín y el 9% de votos en blanco. Además la UCRI obtuvo la victoria en todas las provincias, la totalidad de los senadores y una amplia mayoría en la Cámara de Diputados.[47]

Frondizi había obtenido la presidencia, pero cumplió lo pactado sólo en parte:[61]​ si bien la mayor parte de los sindicatos volvió a estar controlados por el peronismo, su política de privatizaciones y la represión de las protestas obreras,[62]​ junto a la continuidad de la proscripción del peronismo llevaron pronto a Perón a denunciar el incumplimiento. Tras una reunión de varios días con dirigentes políticos y sindicales llegados de la Argentina en agosto de 1958,[63]​ se publicó en Buenos Aires una copia mimeografiada del pacto con las firmas de Perón, Cooke, Frigerio y Frondizi, aunque este último negó la autenticidad de su firma y negaría la existencia del pacto el resto de su vida. Si bien Frigerio mantuvo silencio al respecto, los originales del pacto nunca fueron hallados.[64]

La resistencia peronista se reinició, pasando a una fase mucho más violenta: no sólo se volaron instalaciones industriales, sino que comenzaron a haber víctimas civiles.[65]​ Una serie de huelgas, principalmente de los sindicatos ferroviarios y de la carne, fueron derrotadas con inusitada violencia, aplicándoseles el llamado Plan Conintes, por el que los trabajadores quedaban sometidos a la autoridad del Ejército y a la ley marcial.[66]

Perón prácticamente no estuvo en contacto con esos movimientos, relativamente aislado en el Caribe. Pese a que en la República Dominicana gozaba de una libertad de movimientos que antes no había tenido, Trujillo comenzó a dudar de los beneficios de alojar a Perón: a fines de 1959, Perón y sus visitantes eran vigilados estrictamente por el gobierno, de modo que el general decidió marcharse a otro lugar. Ningún país latinoamericano estaba dispuesto a aceptar la presión estadounidense que recibiría en caso de darle asilo, de modo que Perón se trasladó a España en enero de 1960.[67]

Primeros años en España[editar]

Cuando, en 1956, Perón solicitó asilo al gobierno español, tenía razones para creer que sería bien recibido: diez años atrás, la ayuda alimentaria argentina ordenada personalmente por Perón había salvado al país europeo de un desastre humanitario, y a la dictadura de Francisco Franco de ser desplazada del poder. Pero desde 1954, con el conflicto entre Perón y la Iglesia, el gobierno español se había alejado en gran medida de Perón, de modo que rechazó el pedido de asilo. Posteriormente los falangistas lograron convencer a Franco de permitir la llegada de Perón; la Falange estaba ideológicamente más cerca del peronismo que los sectores conservadores, ya que rescataban la movilización popular, el nacionalismo y la protección de las clases trabajadoras, mientras el grupo conservador se limitaba a defender la estratificación social. Pese a que nunca expresó públicamente opiniones desfavorables sobre Perón, Franco tampoco le tenía ninguna simpatía: sólo se entrevistó con él una vez, cuando éste estaba por partir definitivamente hacia la Argentina, en 1973.[68]

El primer domicilio de Perón en España, desde enero de 1960, fue en Torremolinos, en la Costa del Sol, porque el dictador lo quería lo más lejos posible de la capital. Sin embargo, cuando algunos meses más tarde Perón se trasladó a Madrid, Franco no opuso reparos. Perón se instaló en una quinta en el alejado barrio madrileño de El Plantío, pero a fines de 1960 se mudó más cerca del centro, a un edificio de departamentos de alquiler en El Viso (Chamartín), entre cuyos inquilinos se contaba Ava Gardner. El 15 de noviembre de 1961, tras obtener una licencia especial de un obispo, Juan Perón se casó en Madrid con María Estela Martínez, su tercera y última esposa.[69]

Además de las numerosas entrevistas que concedió a todo tipo de periodistas e historiadores, y de las numerosas visitas de peronistas, Perón tuvo pocos encuentros con personalidades de España. Se sabe que estaba en contacto con José Antonio Girón, que fue ministro de Trabajo de Franco y algunos otros destacados falangistas, como Pilar Primo de Rivera, hermana del fundador de la Falange.[51]

En la Argentina, Frondizi no lograba fortalecerse en el gobierno y, bajo la triple presión de los Estados Unidos, del Fondo Monetario Internacional y de las Fuerzas Armadas,[n. 10]​ se vio obligado a aplicar recetas económicas conservadoras, disminuir la inversión pública y bajar los sueldos. De modo que quiso mostrar fortaleza absorbiendo y minimizando al peronismo: no legalizó al Partido Peronista, pero permitió a los partidos neoperonistas que se habían formado durante la resistencia —el más importante era Unión Popular, fundado por el ex canciller peronista Juan Atilio Bramuglia— participar en las elecciones legislativas y provinciales de 1962. Pensaba que, sin Perón como candidato y con el peronismo dividido, podría derrotarlo con facilidad.[70]​ Para las elecciones de la provincia de Buenos Aires, la más grande del país, el peronismo lanzó un desafío extremo: presentó la candidatura a gobernador del sindicalista Andrés Framini, acompañado por el general Perón como candidato a vicegobernador. La fórmula fue vetada por el gobierno, pero el hecho atrajo tanta atención sobre la Unión Popular[70]​ que en las elecciones del 18 de marzo de 1962 los peronistas derrotaron a las listas de la UCRI en nueve de los diecisiete distritos y ganaron las gobernaciones en seis provincias, entre ellas la de Buenos Aires.[71]

Frondizi fue derrocado,[72]​ las provincias en que había triunfado el peronismo fueron intervenidas[73]​ y su sucesor, José María Guido, que gobernaba bajo la tutela militar, anuló las elecciones y disolvió el Congreso. Bajo su gobierno hubo muy poca actividad sindical o de la resistencia, y la represión contra los sindicalistas alcanzó nuevos niveles de violencia: un joven delegado sindical peronista, Felipe Vallese, fue el primer peronista detenido desaparecido.[74]​ Durante un año y medio, dos sectores del Ejército —los Azules y Colorados— se enfrentaron en una serie de combates menores por la posición que debía adoptarse frente al peronismo: los azules estaban dispuestos a tolerar al peronismo en una posición subordinada, mientras los colorados pretendían su anulación completa. Triunfaron los azules,[75]​ pero en las elecciones de 1963 el peronismo volvió a estar absolutamente proscripto.

Varios peronismos[editar]

Para las elecciones de 1963, Perón ordenó primero votar por el candidato de la UCRI, Oscar Alende, que lideraba una alianza con neoperonistas, pero a último momento ordenó votar en blanco.[n. 11]​ Varios dirigentes que se habían jugado a la alianza con la UCRI se negaron a obedecer la orden, alegando que contradecía otras instrucciones muy recientes, mientras que los sindicalistas instaron a sus seguidores a votar en blanco. Como resultado, la UCRP superó ampliamente a los votos en blanco, pero aún así apenas si superó el 25% de los votos totales; el nuevo presidente, Arturo Umberto Illia, se mostró decidido a terminar con la proscripción del peronismo: éste fue autorizado a participar de las elecciones de 1965 y se levantaron todas las proscripciones, excepto la que pesaba sobre Perón. De todos modos, Illia debió enfrentar numerosas huelgas de parte de los sindicatos peronistas,[76]​ junto a la oposición de las organizaciones patronales, que también trabajaron activamente en su contra.[77]

Desde 1960, cuando se estableció en Cuba, las relaciones de Cooke con Perón adquirieron una dinámica más compleja: el intelectual se acercó rápidamente a posturas izquierdistas y apoyó las tesis foquistas del Che Guevara, proponiendo una acción revolucionaria para desplazar del poder a los antiperonistas. Perón apoyó esas ideas, sin dejar de apoyar simultáneamente la acción sindical ni a los partidos neoperonistas.[78]​ A partir de este período, Perón comenzaría a tejer alianzas paralelas con sectores de izquierda, sindicales, populistas y derechistas, apoyando a todos al mismo tiempo y sosteniendo alternativamente a uno u otro, para mantener un equilibrio entre ellos y conservar la centralidad política.[79]

Su acercamiento a la izquierda quedó confirmado tras su encuentro secreto con el Che Guevara en Madrid, que habría ocurrido en algún momento entre marzo y abril de 1964, durante el cual Perón se habría comprometido a apoyar las iniciativas guerrilleras contra las dictaduras latinoamericanas, a cambio de un monto indeterminado de dinero que debía administrar en favor de estos movimientos, que formaban parte del llamado «fondo de Liberación» que había creado Guevara, para solventar revoluciones en distintos países latinoamericanos.[80]​ El encuentro no fue publicado en su tiempo, y sólo pudo conocerse mucho más tarde.[81]

A principios de 1964, Perón comenzó a organizar su regreso a la Argentina; tras haber sido sometido a cirugía para extraerle un tumor que resultó benigno, consiguió pasaportes falsos para él y para Delia Parodi como si fueran un matrimonio, y luego hizo varias declaraciones en el sentido de que pensaba regresar durante el año. No obstante, había hecho construir una amplia residencia en el barrio de Puerta de Hierro y se había mudado a ella, lo que parecía desmentir su intención de regresar a su país. Pero el líder de la poderosa Unión Obrera Metalúrgica (UOM), Augusto Timoteo Vandor, ya estaba haciendo los preparativos de la "Operación Retorno".[82]​ En el mes de octubre, Charles de Gaulle, presidente de Francia, llegó de visita a Buenos Aires; fue recibido por una multitud que portaba carteles que decían «Bienvenido, general»; claramente, los carteles no estaban dirigidos al general De Gaulle, sino al general Perón.[77]

En la noche del 1 de diciembre de 1964, Perón evadió a la policía española en el baúl de un automóvil y se embarcó en junto a Jorge Antonio, Parodi y Alberto Iturbe en un avión Douglas DC-8 que realizaba el vuelo regular 911 de Iberia con destino a Buenos Aires, en presencia de un alto oficial del Ejército Español. Illia fue informado de inmediato, pero dejó la decisión de lo que debía hacerse en manos de sus ministros; los comandantes de las tres Fuerzas Armadas exigieron que el vuelo fuera detenido. A pedido de la cancillería argentina, cuando el avión hizo su escala en el Aeropuerto Internacional de Galeão, en Río de Janeiro, un oficial militar brasileño subió al avión y arrestó a Perón y a sus acompañantes, mientras el avión seguía su viaje a Buenos Aires y Santiago de Chile. Esa misma noche, Perón fue obligado a subir al mismo avión y enviado de regreso a Madrid.[83]

Perón y Vandor[editar]

En las elecciones legislativas de 1965 nuevamente se permitió actuar al peronismo a través de varias listas locales, como la Unión Popular; Perón participó ostensiblemente en la formación de las listas de candidatos. La lista de la UCRP obtuvo menos del 30% de los votos, mientras que las distintas las listas neoperonistas rondaron un 38% en total.[84]

A principios de 1966, Vandor decidió llevar adelante su proyecto de «peronismo sin Perón»: esperaba que, una vez desplazado Perón, el control del peronismo pasara a los sindicalistas, que lograrían llevar adelante el proyecto social y económico del peronismo sin generar los reparos que causaba la figura del ex presidente. De modo que, cuando Perón señaló al jurista Ernesto Corvalán Nanclares como su candidato para las elección de gobernador que se celebraría en la provincia de Mendoza, Vandor puso todo el peso del sindicalismo para respaldar a su rival interno, Alberto Serú García.[85]

Perón decidió poner todo su poder en defensa de su autoridad, y envió a Buenos Aires a su esposa: María Estela Martínez era una figura casi decorativa,[n. 12]​ y su breve estadía en octubre de 1965 no tuvo más resultado que convocar desórdenes en torno a los hoteles en que se iba instalando hasta que desapareció de Buenos Aires en la mañana del día 17: los enfrentamientos entre los sectores políticos, la incipiente Juventud Peronista y los sectores sindicales "ortodoxos", en lugar de disminuir, aumentaron.[86]

Vandor mostró su poder expulsando de su cargo de secretario general de la CGT a José Alonso y lo reemplazó sucesivamente por dos de sus seguidores personales.[87]​ Isabel Perón recorrió La Rioja y Mendoza, y su presencia favoreció al candidato de Perón, Corvalán Nanclares, que obtuvo muchos más votos que el candidato de Vandor.[n. 13]​ El poderoso neoperonismo de Mendoza quedó inmediatamente disuelto, y la autoridad de Perón restablecida.[85]​ Un mes más tarde, el más cercano de los colaboradores de Vandor, Rosendo García, fue muerto a tiros a corta distancia de su jefe: era el primer dirigente peronista asesinado por otros peronistas.[88]

En el mes de junio, Illia fue derrocado y sustituido por el general Juan Carlos Onganía; entre las razones esgrimidas en favor de su derrocamiento estaban las acusaciones de «debilidad y lentitud», la negativa a acompañar a Estados Unidos en su intervención en la República Dominicana[n. 14]​ y, muy especialmente, el trato demasiado benigno dado a los peronistas y a Perón.[89]

La clausura de la política[editar]

Isabel Perón parecía una figura menor a la sombra de Perón, pero tenía algunas peculiaridades propias: la más llamativa era su interés en el espiritismo y el ocultismo, que le habían sido inculcadas por una familia con la que había convivido en Buenos Aires tras la muerte de su padre.[90]​ Estando en Buenos Aires, el ex policía José López Rega, que había sido brevemente custodio del presidente Perón y que estaba también interesado en las "ciencias ocultas", aprovechó esta coincidencia para convertirse en el hombre de confianza de Isabel Perón. Cuando ésta regresó a España, llevó consigo a López Rega, que se convirtió primero en mucamo de Perón, luego en su asistente personal y finalmente en el hombre de su máxima confianza.[91]

En septiembre de 1966 se produjo el segundo encuentro entre Perón y el Che Guevara, del cual fue testigo Enrique Pavón Pereyra; el guerrillero venía a pedirle apoyo para el foco guerrillero que estaba a punto de crear en Bolivia y que le costaría la vida. Perón intentó convencerlo de que su plan era un suicidio, y finalmente le dijo que no tenía cómo ayudarlo. En octubre de 1967, Guevara fue derrotado, capturado y asesinado en Bolivia.[80]

Casi al mismo tiempo, un grupo de jóvenes peronistas secuestró un avión de Aerolíneas Argentinas y lo hizo aterrizar en las islas Malvinas, donde izaron la bandera argentina antes de ser arrestados.[92]​ Era la presentación en acción de la nueva Juventud Peronista, sucesora de la organización de ese nombre que había actuado en la época de la resistencia contra la Libertadora. Era un movimiento nuevo, formado por la confluencia de jóvenes trabajadores y de estudiantes que se identificaban con Perón, poniendo fin a la oposición al peronismo de la juventud estudiantil de la década anterior; Perón pasaba a ser un símbolo del nacionalismo y, por sus declaraciones de tinte antiimperialista y revolucionario, un camino hacia la «patria socialista».[93]​ La expulsión de gran cantidad de estudiantes y profesores de la Universidad de Buenos Aires, acusados de «infiltración izquierdista» alimentó esta tendencia de identificación de intelectuales con el peronismo revolucionario.[94]

Vandor, que seguía controlando la CGT, pensó que apoyando el acceso de Onganía al poder podría favorecer a los trabajadores, de hecho, asistió como invitado especial a la ceremonia de asunción de Onganía. Pero el plan económico del dictador consistía en una liberalización casi completa de la economía, combinada con una negativa absoluta a aumentar los salarios. Las primeras protestas sindicales fueron aplastadas con rigor. En marzo de 1968, Perón ordenó al dirigente de la Federación Gráfica, Raimundo Ongaro, enfrentar a Vandor para exigirle que tomara una actitud más combativa contra la dictadura; el resultado fue la división de la CGT en dos: la que seguía respondiendo a Vandor y la CGT de los Argentinos, dirigida por Ongaro y Alonso, que comenzó una escalada de huelgas gradualmente más fuertes.[95]

Clausurada la vía política de acción política, Perón se dedicaba principalmente a la escritura de sus pensamientos políticos: en 1967 publicó Latinoamérica; ahora o nunca y al año siguiente La Hora de los Pueblos.[96]​ Sin actividad política, la acción peronista se concentraba solamente en la CGT, donde todo se lograba por medio de pacientes negociaciones, hablando personalmente con cada uno de los dirigentes. Desarrollar ese tipo de actividad desde España era imposible, por lo que Perón debió confiar más que antes en sus delegados personales: en estos años, el más importante fue el ex militar Bernardo Alberte, que negoció interminablemente entre Vandor y Alonso.[97]

La izquierda peronista estaba dando rápidamente pasos hacia la radicalización, y un grupo pretendió pasar a la lucha armada: las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP),[n. 15]​ dirigidas por Joe Baxter y Envar El Kadri iniciaron un foco de guerrilla rural en la localidad de Taco Ralo (Tucumán), pero en septiembre de 1968 fueron detenidos y sometidos a juicio criminal. El grupo, sin embargo, continuó funcionando e incorporando intelectuales y combatientes.[98]

Perón y "la tendencia"[editar]

Onganía había clausurado toda acción política y, con ayuda de Vandor, también las acciones sindicales. Al anular la dirigencia de la CGT, sin embargo, no anulaba el descontento popular, y el ejemplo de los sucesos de mayo de 1968 en Francia mostró las vías de acción directa tanto a obreros como a estudiantes: desde comienzos de 1969, la población comenzó a participar en la disputa política por medio de las llamadas puebladas: movilizaciones masivas y violentas en lugares puntuales. La más violenta y notoria fue el Cordobazo, en la que estudiantes y obreros controlaron la ciudad de Córdoba durante dos días, en apoyo del paro nacional del 30 de mayo, organizado por la CGT de los Argentinos; en los hechos participaron tanto dirigentes de la CGT de Vandor, la CGT de los Argentinos y dirigentes locales de izquierda, como Agustín Tosco. Si bien el gobierno logró recuperar la ciudad, los obreros y estudiantes de todo el país vieron el hecho como un éxito.[99]

La huelga general del 30 de mayo tuvo un éxito parcial, dado que Vandor decidió que su CGT no participaría de la misma, por lo que las acusaciones de traición se multiplicaron; exactamente un mes más tarde, Vandor fue asesinado a tiros en la sede de la UOM, que fue casi destruida por una bomba.[n. 16][100]

Durante el año 1970, las FAP pasaron nuevamente a la acción, provocando varios ataques con bombas y algunos muertos.[98]​ Ese mismo año hizo su presentación otra organización, originalmente nacionalista, que se iría corriendo ideológicamente a la izquierda: el 1 de mayo, los Montoneros secuestraron al general Pedro Eugenio Aramburu, responsable de toda clase de persecuciones contra el peronismo durante su dictadura, y días después lo asesinaron.[101]​ La noticia provocó la inmediata caída de Onganía por orden del comandante en jefe del ejército, general Alejandro Lanusse.[102]​ Parte de la opinión pública vio este cambio de gobierno más bien como resultado de las puebladas, especialmente del Cordobazo, que seguían teniendo lugar en distintos puntos de la Argentina.[103]

Además de las FAP y Montoneros, actuaban otros grupos,[n. 17]​ que posteriormente se unirían a Montoneros. Por fuera del peronismo, y enfrentado al mismo, había comenzado a actuar el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), de orientación netamente marxista, que alcanzó un gran desarrollo y que se destacó por su audacia y la crueldad de sus atentados.[104]

Perón respaldó las formaciones guerrilleras, a las que llamaba "formaciones especiales",[105]​ y mantuvo una nutrida correspondencia con los líderes de Montoneros. Aunque nunca aprobó expresamente el asesinato de Aramburu, reiteradamente mostró su apoyo a la acción armada contra la dictadura.[106]

A mediados de 1970 la CGT se volvió a unir en una única organización y, por orden de Perón, José Ignacio Rucci fue nombrado secretario general.[107]

Pero, por el momento, la CGT había pasado a segundo plano: la iniciativa política había pasado a las bases sindicales, tanto de ideología peronista como de tendencia izquierdista, y a los estudiantes, cuyos miembros más activos eran de tendencia revolucionaria.[108]​ Perón, alejado del centro de los hechos, se abocó a atraer a lo que ya se llamaba la tendencia; en una entrevista de diciembre de ese año, declaró: «Es muy conocida mi posición con respecto a la influencia foránea sobre el problema argentino: el país se libera del imperialismo que lo neocoloniza o jamás podrá solucionar su problema económico [...] El mundo actual marcha hacia una ideología socialista, tan distante del capitalismo ya perimido como del marxismo internacional dogmático [...] El justicialismo es un socialismo nacional cristiano.»[109]

En el mes de noviembre, tras varias reuniones preparativas, representantes de los partidos políticos se pronunciaron por primera vez desde 1966, en una declaración conjunta llamada La Hora del Pueblo; la misma llevaba la firma de Ricardo Balbín por la UCR y del nuevo delegado personal de Perón, Jorge Paladino, además de las de representantes de partidos menores. En el documento se anunciaba el final de los enfrentamientos entre partidos y la búsqueda de coincidencias, y se pedía iniciar el camino de regreso a la democracia. Los firmante resolvieron seguir reuniéndose periódicamente.[110]

El camino de la democracia[editar]

En marzo de 1971, Lanusse asumió personalmente la titularidad del Poder Ejecutivo; a pedido de los firmantes de La Hora del Pueblo, nombró su ministro del Interior al radical Arturo Mor Roig, encargado de organizar la normalización de los partidos políticos y el llamado a elecciones. Tanto Lanusse como Mor Roig eran cerradamente antiperonistas, y buscaron alguna forma de gobierno de unidad que dejara afuera de la centralidad política al peronismo y a Perón; su proyecto fue titulado el Gran Acuerdo Nacional (GAN), y posiblemente Lanusse pretendía ser el candidato a presidente.[111]

Perón contaba ya con la lealtad de todo el sindicalismo y con la poderosa Juventud Peronista, además de los sectores políticos que siempre le habían respondido; para intentar unificar su movimiento, publicó una ambiciosa Actualización política y doctrinaria para la toma del poder, que publicó en forma de libro, pero también difundió en forma de película documental, dirigida por Fernando Solanas y Octavio Getino, aunque ésta nunca fue estrenada oficialmente.[112]

En septiembre de 1971, el general Lanusse ordenó la devolución del grado militar a Perón, el uso de uniforme y el pago de las pensiones militares adeudadas.[113]​ También ordenó la devolución del cuerpo de Eva Perón en Puerta de Hierro. El cadáver embalsamado fue desenterrado de la tumba clandestina en Milán y trasladado a Madrid; según el doctor Ara, que lo había embalsamado casi veinte años antes, le faltaba un dedo que le había sido cortado intencionalmente y presentaba un leve aplastamiento de la nariz, pero estaba en buenas generales. Según otros testigos, estaba cubierto de tajos, y con partes casi desmembradas.[114]

La devolución tuvo dos derivaciones inusuales. Por un lado, el giro macabro: según testigos, López Rega habría colocado el cadáver sobre una mesa en la residencia de Puerta de Hierro, y allí realizaba junto con Isabel sesiones de magia negra, con la intención de transferir la energía que en vida había tenido la segunda esposa de Perón a la tercera. Por otro lado, días antes de la devolución, Perón había recibido la visita de un ex espía fascista reconvertido en dirigente masón, Licio Gelli, dirigente de la logia masónica Propaganda Due (P2), que afirmó ser el responsable de la devolución del cuerpo de Eva. Gelli se encontró algunas veces más con Perón en Puerta de Hierro y, según su propio relato, en junio de 1973 —muy poco antes del regreso definitivo de Perón a la Argentina— inició a Perón como miembro de Propaganda Due en una ceremonia en Puerta de Hierro.[115]

Ante el agravamiento de las acciones guerrilleras, que ya habían causado decenas de víctimas, la dictadura y los periodistas exigían que Perón condenara expresamente esos hechos; Perón se limitó a responder que «no he hecho ninguna declaración porque pienso que la violencia del pueblo responde a la violencia del Gobierno.»[116]

La campaña electoral comenzó con una pulseada[n. 18]​ entre Lanusse y Perón: el dictador decretó la exigencia de que los candidatos presidenciales estuvieran residiendo en la Argentina desde el 25 de agosto de 1972 permanecieran dentro del país hasta la fecha de la asunción,[117]​ pero Perón arguyó que no tenía medios para volver. Lanusse respondió entonces con un desafío: «Perón no viene porque no le da el cuero para venir.»[118]

Perón dejó que se venciera la fecha límite que había impuesto Lanusse y anunció que volvería antes de fin de año.[119]​ Pero antes tuvo lugar la masacre de Trelew, en la que dieciséis combatientes de Montoneros, las FAP y el ERP prisioneros que habían fracasado en una huida de la prisión fueron asesinados por fuerzas de la Armada Argentina. El hecho provocó repudios de todo el arco político[120]​ y facilitó la unificación de todos los grupos guerrilleros peronistas en Montoneros.[121]​ Gran parte de la Juventud Peronista, dirigida por Rodolfo Galimberti, comenzó a encolumnarse en las manifestaciones y mitines bajo las banderas de Montoneros, aunque sólo una parte se incorporó a la lucha armada.[122]

Los peronistas aprovecharon la libertad de prensa otorgada por Lanusse para comenzar la edición de numerosas revistas de todo tipo; en su mayor parte eran de tendencia revolucionaria,[123]​ incluso la que Jorge Antonio compró para uso personal de Perón, Primera Plana, que luego cambió de nombre a Nueva Plana.[124]

Existían también algunos grupos peronistas "ortodoxos", considerados a la derecha de la tendencia peronista, y en parte enfrentados a ella: el Comando de Organización dirigido por Alberto Brito Lima;[125]​el Comando Tecnológico Peronista fundado por Julián Licastro y José Luis Fernández Valoni;[126]​ también tuvieron figuración Guardia de Hierro,[n. 19][127]​ y el Frente Estudiantil Nacional (FEN); este último grupo pertenecía a otro mayor, llamado Concentración Nacional Universitaria, que viraría hacia la extrema derecha, aunque en esta época aún incluía grupos de izquierda.[128]

Justo antes de la masacre de Trelew, Perón había enviado a Buenos Aires como mensajero a su mucamo, López Rega, que llevó adelante algunas reuniones políticas.[129]​ Repentinamente éste mostró interés en la seguridad del líder y comenzó a organizar un grupo de guardaespaldas que protegiera tanto a Perón como a los sectores ortodoxos frente a la posible amenaza de los marxistas, tarea en la que fue asesorado por la embajada estadounidense en Madrid. Utilizando los mismos intermediarios que Perón, se puso en contacto con antiguos policías, militantes de la ortodoxia peronista dispuestos a usar la violencia y posiblemente algunos grupos parapoliciales que habían comenzado muy gradualmente a actuar. Estaba naciendo la Triple A.[130]

Perón nombró su delegado personal a Héctor J. Cámpora en reemplazo de Paladino,[131]​ y después envió a Buenos Aires a Isabel y López Rega. Semanas más tarde, tras una entrevista personal en Madrid con Frondizi, Perón anunció la formación de un frente que inicialmente se llamó Frente Cívico de Liberación Nacional (Frecilina), conformado por el Partido Justicialista —era la primera vez que el antiguo Partido Peronista se presentaba con ese nombre— con el Partido Conservador Popular, el Movimiento de Integración y Desarrollo de Frondizi y el Partido Popular Cristiano.[132]​ El anuncio era un implícito rechazo del GAN, que quedó en mero proyecto.[133]

El primer regreso[editar]

A mediados de noviembre, los enviados de Perón alquilaron un avión Boeing 707 de Alitalia.[n. 20]​ Un grupo de 153 peronistas se trasladaron a Roma en el mismo avión en que viajaría Perón de regreso a la Argentina. Había artistas, curas, dirigentes políticos, sindicalistas, jóvenes de la izquierda peronista y peronistas ortodoxos. Perón se trasladó también a Roma y de allí partió hacia su país. El 17 de noviembre, en medio de una lluvia torrencial, Perón desembarcó en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza. La dictadura impidió grandes concentraciones,[134][122]​ El Ejército movilizó miles de soldados para custodiar Ezeiza y sus alrededores y las decenas de miles de manifestantes que intentaron llegar al aeropuerto protagonizaron enfrentamientos con los militares, que usaron gases lacrimógenos y tiros al aire, pero no hubo un solo muerto.[135]​ En la pista de aterrizaje fue recibido por Rucci y por Juan Manuel Abal Medina, recientemente designado secretario general del Movimiento Peronista por el propio Perón,[122]​ y entre las 300 personas que lo esperaban, la numerosa comitiva y los muchos periodistas, fue suficiente para enmarcar una fecha histórica.[134]

Su primera noche la pasó en el hotel del aeropuerto; al día siguiente fue autorizado a trasladarse a su nueva casa de la calle Gaspar Campos, en el partido de Vicente López, muy cerca de la Capital, y más cerca aún de la residencia presidencial de Olivos.[134]​ Miles de peronistas comenzaron a llegar hasta la casa, y Perón se asomaba periódicamente para decir breves palabras, saludar y agradecer las ovaciones recibidas.[136]​ Allí Perón recibió numerosas visitas y se entrevistó con José Ber Gelbard, un extraño empresario nacido en Polonia que presidía una pequeña organización de empresas industriales, con quien fijó las líneas generales del plan económico que debía llevar el próximo gobierno peronista.[137]

El histórico abrazo entre Perón y Balbín en la puerta de la casa de Gaspar Campos.

El 20 de noviembre se reunió con los líderes de todos los partidos que habían participado en el GAN y los que formaban el Frecilina; se habló de los problemas nacionales, pero no se llegó a ningún acuerdo.[138]​ También tuvo lugar el famoso encuentro con Balbín, su antiguo enemigo, con quien se fotografiaron abrazados y sonrientes. Durante esa reunión, Perón y Balbín acordaron intentar un frente peronista-radical que levantara la candidatura de Perón-Balbín, pero la negativa de Lanusse lo impidió.[139]​ Por otro lado, la UCR ya había decidido realizar elecciones internas, de las que surgiría la candidatura de Balbín.[140]

También el 7 de diciembre, a propuesta de Perón, se firmó un documento llamado Coincidencias Programáticas del Plenario de Organizaciones Sociales y Partidos Políticos, que llevaba la firma de Perón y de los dirigentes de la gran mayoría de los partidos políticos —excepto por las dos candidaturas[n. 21]​ surgidas de la dictadura— la CGT y el empresariado nacional, a través de la Confederación General Económica (CGE) y la Federación Agraria Argentina (FAA). Este acuerdo fue la base del Pacto Social de 1973, que sería el eje de gobierno democrático hasta la muerte de Perón en 1974.[141]

No hubo tiempo para mucho más: Perón decidió marcharse hacia el Paraguay el 14 de diciembre.[142]

A fines de noviembre, Perón había anunciado que las ramas del Movimiento Nacional Justicialista ahora serían cuatro: política, sindical, femenina y juvenil. Por consiguiente, los cargos en las listas para las elecciones legislativas deberían respetar en lo posible un cupo del 25% para cada rama. Pocos días más tarde, los partidos que habían formado la Asamblea de la Unidad Nacional cambiaron su nombre, para presentar sus candidaturas con el nombre de Frente Justicialista de Liberación (Frejuli). Se inició en ese momento la discusión por las candidaturas a presidente, decisión que quedó exclusivamente en manos de Perón: éste descartó la de Jorge Taiana por sus vínculos con la embajada estadounidense, la de Antonio Cafiero por sus conversaciones privadas con Lanusse y la de Antonio Juan Benítez, antes de decidirse por Héctor J. Cámpora, ex presidente de la Cámara de Diputados, de antecedentes ortodoxos pero con muy buen diálogo con la tendencia y atractivo para la Juventud.[143]​ Horas antes de abandonar nuevamente la Argentina, aunque esta vez por su propia voluntad, Perón le informó a Abal Medina que su candidato a presidente era Cámpora. Al día siguiente el Congreso Nacional del Partido Justicialista oficializó la candidatura presidencial de Cámpora, pese a la oposición de la rama sindical liderada por el vandorista Rogelio Coria, que se negó a apoyar la candidatura de Cámpora si no había una declaración escrita de Perón en ese sentido. Pocos días después Coria fue destituido de todos su cargos.[144]​ El Congreso dispuso también confirmar como candidato a vicepresidente al histórico dirigente conservador Vicente Solano Lima, quien se destacara como uno de los líderes antiperonistas durante el primer peronismo. Los concurrentes corearon el cántico que se repitiría durante toda la campaña electoral: «Cámpora al gobierno, Perón al poder.»[142]

Perón viajó a Asunción, donde conferenció brevemente con Stroessner, y a Lima (Perú), donde se reunió con el dictador populista Juan Velasco Alvarado. En una conferencia de prensa en Lima se manifestó contrario a la violencia revolucionaria, y añadió: «Soy un general pacifista, algo así como un león herbívoro.» Después regresó a Madrid. En los primeros días de enero de 1972 hizo un viaje de cuatro días a Rumania, donde fue recibido por el dictador comunista Nicolae Ceaușescu antes de regresar a Madrid. Tras algunas declaraciones injuriosas contra los militares que respaldaban a Lanusse, éste le prohibió la entrada a la Argentina hasta después de las elecciones: aunque brevemente, Perón volvió a estar exiliado.[145]

Regreso definitivo[editar]

Los candidatos locales del peronismo fueron elegidos, con pocas excepciones, en congresos partidarios locales; la más notable excepción fue la provincia de Buenos Aires, donde Perón rechazó la candidatura de Manuel de Anchorena y avaló la de Oscar Bidegain.[146]​ El 11 de marzo de 1973, Cámpora obtuvo el 49,6% de los votos, lo cual hubiera obligado a una segunda vuelta con Balbín; pero éste, que había obtenido solamente el 21,3%, renunció a la segunda vuelta.[147]​ Perón permaneció en Madrid, desde donde envió a su esposa y a López Rega a una gira por China y Corea del Norte, mientras él se reunía con el presidente mexicano Luis Echeverría Álvarez y representantes de Vietnam del Norte.[148]​ Cámpora viajó a Madrid a conferenciar con Perón, y tuvieron una reunión con Franco antes de que el presidente electo regresara a Buenos Aires.[149]

A fines de abril, el presidente electo recibió una delegación de la Juventud Peronista que le presentaron una serie de medidas que para aplicar desde el principio de su mandato; una de ellas, en particular, era terriblemente imprudente, ya que pedía la formación de una "milicia de la juventud", que alarmó enormemente al Ejército. Cámpora se comunicó de inmediato con Perón, que convocó a Galimberti y a Abal Medina de urgencia a Madrid. Allí formó un tribunal que amonestó severamente a ambos por provocar al Ejército antes de la asunción y expulsó a Galimberti del Consejo Nacional Justicialista; Galimberti pasó a ser un oficial menor de Montoneros, mientras que Abal Medina regresó a Buenos Aires conservando su cargo, pero con su autoridad disminuida.[148]

Cámpora asumió la presidencia el 25 de mayo, sin la presencia de Perón, y su gabinete estaba compuesto por personajes nombrados por Perón, como el comunista Gelbard o Antonio Benítez, por jóvenes relacionados con Cámpora como Esteban Righi y Juan Carlos Puig, y por López Rega, que nadie sabe cómo fue nombrado: lo más probable es que se haya incluido él mismo en una lista elaborada por Perón, sin conocimiento previo de éste. Incluso logró el nombramiento de su yerno Raúl Lastiri como presidente de la Cámara de Diputados. El primer acto de gobierno de Cámpora fue poner en libertad a los guerrilleros presos, incluso antes de que se sancionase la ley de amnistía correspondiente. El ERP se negó a deponer las armas y continuó produciendo atentados; Montoneros declaró una tregua, pero no entregó las armas y continuó teniendo una febril actividad política. Con la intención de mantenerlos ocupados y de permitir a los sindicalistas desarrollar una acción gremial sin interferencias, Perón ordenó entregar las universidades al control de la izquierda peronista.[148]

El plan económico del ministro Gelbard, y que éste había acordado con Perón, se basaba en un inmediato aumento de sueldos en busca de desarrollar el mercado interno y un Pacto Social que fue firmado a principios de junio, por el cual los sindicatos se comprometieron a no pedir mejoras salariales durante dos años, mientras las empresas se comprometieron a no aumentar los precios por el mismo lapso. Adicionalmente, se promovían las exportaciones a los países comunistas, en particular a China, la Unión Soviética y Cuba. En un principio,[n. 22]​ el plan tuvo como efecto un espectacular aumento de las exportaciones, la producción y la inversión pública y privada.[150]

Durante el mes de mayo se presentaron serias complicaciones de salud para Perón: fue nuevamente intervenido para retirarle varios papilomas y se descubrió que hacia fines de 1972 habría sufrido un preinfarto que no había sido diagnosticado ni tratado; no parecía que hubiera riesgo inmediato para su salud, pero la situación era preocupante para un hombre de 77 años. De modo que pronto se anunció que regresaría a la Argentina el 20 de junio.[151]

El 15 de junio, Cámpora viajó a Madrid; fue recibido por Franco, pero Perón permaneció en Puerta de Hierro, donde conferenció con el presidente. La noche del día 19 se embarcó en el aeropuerto de Barajas, hasta donde fue a despedirlo el generalísimo Franco.[152]

Palco desde donde se disparó a los manifestantes durante la masacre de Ezeiza

La Juventud Peronista y los sindicalistas, cada uno por su lado, organizaron una manifestación gigantesca para recibir a Perón; el lugar donde se instalaría el palco sería en el cruce de la autopista Ricchieri con la ruta 205, a 3 kilómetros del aeropuerto de Ezeiza. Era un espacio parquizado, muy amplio, ideal para una gran congregación que reuniría más de un millón de personas; pero pronto comenzaron los forcejeos entre sindicalistas y montoneros para ocupar los lugares más cercanos al palco. La organización, a cargo de Rucci, Abal Medina, Norma Kennedy, el coronel Juan Manuel Osinde y el sindicalista Lorenzo Miguel, fracasó por completo. Grupos armados, como unos 2000 hombres del Comando de Organización, ocuparon las inmediaciones del palco y luego el palco mismo, además de otras posiciones estratégicas. Posiblemente algunos montoneros hayan estado armados, pero la mayoría de los sindicalistas y manifestantes esperaban una manifestación en paz. Cuando los montoneros intentaron acercarse a la fuerza al palco, fueron repelidos a tiros; una cacería feroz provocó una enorme desbandada. El saldo final serían trece muertos y más de trescientos heridos: la masacre de Ezeiza.[153]

Solano Lima, el vicepresidente en ejercicio de la presidencia, ordenó que el avión se dirigiera al aeropuerto de Morón, comunicó su decisión a Cámpora y partió en helicóptero a recibirlo; Perón nunca pudo pasar por Ezeiza, y a media tarde ya estaba en su casa de la calle Gaspar Campos.[154]

Perón no volvería a dejar el territorio argentino; una serie de hechos en los cuales estuvieron involucrados los grupos armados causaron la renuncia de Cámpora, que fue reemplazado por Lastiri. Una nueva elección presidencial en la que obtuvo más del 60% de los votos permitió a Perón acceder a la presidencia el 12 de octubre acompañado como vicepresidente por su esposa. En mayo siguiente, Perón rompió definitivamente con Montoneros y con la izquierda peronista, y el 1 de julio de 1974 falleció en la residencia presidencial de Olivos de un paro cardíaco. Su esposa lo sucedió en el mando pero, en medio de una virtual guerra civil en que participaban de un lado el ERP y Montoneros, y del otro las Fuerzas Armadas y la Triple A de López Rega, terminó por ser derrocada en marzo de 1976 por la dictadura más sanguinaria que haya conocido la Argentina.[155]

Notas[editar]

  1. Perón estuvo refugiado primero en la embajada de la República del Paraguay y posteriormente en dos cañoneras de ese país ancladas frente a Buenos Aires desde el 21 de septiembre al 5 de octubre, antes de partir en un hidroavión hacia Asunción.
  2. Ignacio Cialceta era sobrino político del general Perón, y fue su edecán durante los últimos años de su gobierno. Ver «Después de 34 años sentimos alivio». Diario Página/12. 28 de julio de 2010. 
  3. La Fundación Eva Perón fue saqueada, y gran cantidad de material destruido; entre los objetos que fueron quemados por llevar símbolos peronistas se contó innumerable cantidad de vajilla, camas y ropa de cama de los hospitales y residencias infantiles, y hasta los pulmotores fueron destruidos porque llevaban el símbolo de la Fundación. Ver Scoufalos, Catalina (2007). 1955, memoria y resistencia. Biblos. pp. 55-57. 
  4. La intervención masiva de los sindicatos fue iniciada por Lonardi; Aramburu profundizó esa política, prohibiendo la actividad sindical a cualquier persona que hubiera sido dirigente o delegado sindical en cualquier momento de la presidencia de Perón, y entregando el control de los sindicatos a cualquiera que acreditara un historial antiperonista.
  5. Durante largo tiempo, estos atentados no causaron ninguna víctima humana, con excepción del dirigente radical rosarino Mariotti, asesinado en 1957, presuntamente por su participación en los comandos civiles durante el golpe de septiembre del 55.
  6. Frondizi había sido miembro del bloque opositor en el Congreso y había dado un discurso tras el bombardeo de Plaza de Mayo que, por las condiciones impuestas, había implicado para Perón el rechazo a su oferta de paz y apertura política.
  7. El pacto, tal como sería posteriormente publicado por los peronistas, puede leerse en el Apéndice del libro de Hugo Gambini (2016). Frondizi, el estadista acorralado. Ediciones B. 
  8. Estas últimas tres palabras denotan la insistencia de Perón en las llamadas tres banderas del peronismo, plasmadas incluso en el preámbulo de la Constitución en 1949.
  9. Resaltar el carácter democrático del acceso de Perón al poder no implica la negación de los numerosos abusos cometidos contra la oposición. Ver el artículo citado de Rein (2003).
  10. Había intentado mostrar independencia política entrevistándose en secreto con el Che Guevara en Buenos Aires; cuando el hecho se difundió provocó un revuelo político extraordinario, que estuvo a punto de causar su derrocamiento por parte de los militares.
  11. Perón exigió que Alende fuera acompañado por el dirigente del pequeño Partido Conservador Popular, Vicente Solano Lima. La proscripción de Solano Lima fue la que determinó que Perón cambiara de opinión y ordenara votar en blanco.
  12. Su primera misión política había sido en mayo de 1965, como enviada personal de su esposo ante Stroessner, que seguía gobernando en Paraguay —y continuaría en ese puesto otras dos décadas. Su presencia atrajo una gran cantidad de militantes y dirigentes peronistas, que viajaron a Asunción únicamente para saludar a la esposa del general Perón.
  13. No obstante, ambos fueron derrotados por el candidato demócrata.
  14. Trujillo había sido asesinado en 1961 y al año siguiente se celebraron las primeras elecciones libres en treinta años. Triunfó Juan Bosch, pero el gobierno estadounidense, acostumbrado a beneficiarse de la dictadura de Trujillo, favorecieron un golpe de estado y la consiguiente dictadura; un intento de los partidarios de Bosch de regresar al poder hizo estallar la Guerra Civil Dominicana de 1965, que terminó con la ocupación del país por fuerzas de Estados Unidos y sus aliados.
  15. En sentido estricto, las FAP no fueron la primer guerrilla peronista: a fines de diciembre de 1959, el grupo Uturuncos asaltó la comisaría de Frías (Santiago del Estero) antes de internarse en las selváticas montañas de Tucumán, donde sus miembros fueron arrestados por simples fuerzas policiales; el grupo se disolvió sin consecuencias. Ver Salas, Ernesto (2003). Uturuncos: el origen de la guerrilla peronista. Biblos. 
  16. En agosto de 1970 también fue asesinado José Alonso, también sindicado como traidor. Ver Senén González, Santiago (1997). «Trayectoria y muerte de José Alonso». Revista Todo es Historia (Nº 364): 82-92. 
  17. Los más importantes fueron el Frente Argentino de Liberación (FAL) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Ver Chama, Mauricio y González Canosa, Mora (2006). «"Los de Garín". Aspectos nacionales y locales de la presentación pública de las Fuerzas Armadas Revolucionarias». Centro de Estudios de Historia Política (CEHP); Jornadas "Historia Política del Gran Buenos Aires en el Siglo XX".  y Cibelli, Juan Carlos (2005). «Orígenes de las FAL». En Lucha armada en la Argentina (Nº 1): 32. 
  18. Otros autores la han llamado una "partida de ajedrez". Ver Galasso (2005): 1074.
  19. Sin que las fuentes sean concluyentes, se afirma que en su juventud el Papa Francisco habría pertenecido a Guardia de Hierro. Ver «Francisco y su verdadero vínculo con Guardia de Hierro». Diario El Cronista. 17 de febrero de 2017. 
  20. Se trataba de la misma aeronave que la empresa solía poner a disposición del papa Pablo VI en sus giras internacionales. Ver «Cronología del retorno de Perón en 1972». Nac&Pop; Red Nacional y Popular de Noticias. 17 de noviembre de 2008. 
  21. La candidatura oficial fue la del brigadier Ezequiel Martínez, aunque también existía la candidatura del ex ministro de Bienestar Social, capitán de navío Francisco Manrique, que resultaría tercero en la elección.
  22. La expansión económica quizá podría haberse mantenido largo tiempo, pero a fines de ese mismo año estalló la Crisis del petróleo de 1973 que generó enormes aumentos de los costos, y que ya a mediados del año siguiente harían estallar el económico.

Referencias[editar]

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