Estela de Raimondi

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La Estela de Raimondi es un monolito o escultura pétrea de forma paralelepípeda, con uno de sus lados decorado en plano relieve, representando a un ser mítico, el cual se asemeja al dios Wiracocha de la cultura Tiahuanaco ya que también sujeta dos varas o bastones. Pertenece a la cultura chavín del Perú antiguo.

Descubierta en Chavín de Huántar, fue bautizada como Estela de Raimondi en homenaje al naturalista y geógrafo italiano Antonio Raimondi, que impulsó su traslado a Lima para su estudio y conservación.

Este monolito refleja el estilo artístico de la cultura chavín que se desarrolló especialmente en la provincia de Huari, y que fue uno de los principales centros religiosos y culturales del hemisferio occidental.

Fue el primer objeto de estilo chavín que se dio a conocer. Se trata de una losa de granito de 1,98 m de alto por 74 cm de ancho y 17 cm de grosor, que tiene tallada en una de sus caras a la representación de la divinidad principal de los chavines en la época del Templo Nuevo.

El personaje representado corresponde a una divinidad antropomorfa felinizada de pie, vista de frente, con los brazos abiertos, sosteniendo en cada mano una especie de báculos. Las manos y pies terminan en garras.

Hoy en día se encuentra conservado en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú.

Descubrimiento[editar]

Reproducción gráfica de la Estela de Raimondi.

Este monolito fue descubierto en 1840 por Timoteo Espinoza, vecino del pueblo de Chavín, cuando removía un campo cercano al Templo o Castillo. Espinoza se lo llevó a su casa y la colocó en su patio con el lado de los relieves sobre el suelo, utilizándola como mesa. No obstante lo anecdótico de este hecho, es de destacar que gracias a la ocurrencia del campesino pudo mantenerse en buen estado los dibujos grabados en la escultura; asimismo, ésta se salvó de caer en otras manos que muy posiblemente lo hubieran usado como material de construcción, como ha ocurrido con otras estelas o monolitos chavines. Tiempo después lo encontró el historiador José Toribio Polo cuando hizo una visita a la ruinas de Chavín, en su calidad de secretario de la prefectura de Huaraz y profesor del Colegio Nacional "La Libertad" (1871). Sin embargo, años antes, hacia 1860, el viajero italiano Antonio Raimondi había ya recorrido la región y visitado el sitio de Chavín. En 1873 este sabio publicó el libro El departamento de Ancash y sus riquezas minerales, donde mencionó al monolito, diciendo textualmente lo siguiente:

Del mismo Castillo se ha desenterrado una piedra de granito de forma rectangular, de 1,88 m de largo, 0,70 de ancho y 0,15 de grosor, con dibujos todavía más complicados que los de la columna [...] Dicha piedra es de gran estimación, por lo complicado y la hermosura de su diseño, por la finura y sorprendente simetría que se nota en un dibujo tan difícil, que el mejor artista no habría podido hacerlo más perfecto. Ella es de por sí un precioso monumento que debería conservarse con el mayor cuidado en el Museo Nacional, porque da una exacta idea del gran desarrollo que había alcanzado el simbolismo, el dibujo y el arte de trabajar la piedra entre los antiguos indios.

Tomando nota de la recomendación de Raimondi, el gobierno del Perú dispuso el traslado de la piedra a Lima, donde fue conocida como la Estela de Raimondi (1873). Inicialmente fue exhibida en la entrada del Palacio de la Exposición, inaugurado poco antes por el presidente José Balta. Fue registrada en el inventario del Museo de Historia con el número 3600.

En 1881 se salvó fortuitamente del pillaje de las tropas chilenas que ocuparon Lima. Ocurrió que durante el desorden que se presentó mientras los invasores se dedicaban a saquear los bienes culturales de los museos de la capital peruana, el monolito cayó al suelo mostrando solo su parte posterior, que es lisa, sin ningún relieve. Los saqueadores pensaron que se trataba de una simple losa de piedra sin mayor valor y por eso no se lo llevaron.

Luego, por 10 años, estuvo en el Museo Antropológico de la avenida Alfonso Ugarte. Posteriormente fue trasladada al Museo de Antropología, Arqueología e Historia de Pueblo Libre, donde se halla actualmente. El terremoto de 1940 la trajo abajo quebrándola en uno de sus extremos.

Cronología[editar]

Según John Rowe, la Estela pertenece a una etapa tardía del desarrollo chavín, contemporánea a algunas de las fases de la cerámica Paracas (hacia 200 a.C.). Se cree que se exhibía en la parte principal del “Templo Nuevo” de Chavín de Huántar, expuesta públicamente para ser reverenciada por los peregrinos que venían de todas partes del mundo andino. En cambio, el Lanzón monolítico, otro importante monolito, se hallaba oculto en una galería subterránea del “Templo Viejo” adonde solo podrían entrar los nobles y los sacerdotes.

Descripción[editar]

La figura central de la Estela es un ser mitológico,con sus brazos abiertos, sostiene dos grandes bastones o báculos, decorados con intrincados dibujos de felinos y serpientes de notable calidad artística. El dios está parado y mira de frente, con expresión severa. Tiene una boca con colmillos de felino, y sus manos y piernas terminan en garras del mismo espécimen, de largas uñas. Lleva en su cintura lo que parece un cinturón del que emergen dos pares de culebras. En su cabeza tiene lo que a simple vista parece una gigantesca mitra o tocado del que brotan serpientes a manera de cabellera, la cual cubre casi dos tercios de la escultura; sin embargo, hay diversas interpretaciones en cuanto a lo que verdaderamente representa.

Interpretaciones[editar]

Moneda peruana alusiva a la Estela de Raimondi (2010).

Julio C. Tello realizó una minuciosa descripción de la Estela. Según su criterio, la imagen representaba a un dios jaguar coronado con una enorme mitra o tocado ritual, y sería un antecedente del dios Viracocha, por los dos báculos que lleva en las manos. Para éste arqueólogo la representación de un dios jaguar, animal propio de la selva, venía a probar su tesis del origen amazónico de Chavín. Actualmente, esta tesis está muy cuestionada.

Otro célebre arqueólogo, el alemán Max Uhle, consideró que las expresiones iconográficas del monolito derivaban del estilo nazca e interpretó a la figura como un felino-hombre, de cuya cabeza se desprende una escolopendra o tal vez un milpiés con sus patas estilizadas en forma de bastones o culebras.

Federico Kauffmann Doig sostiene que se trata de un dios humanizado con atributos combinados de felino y de ave de rapiña. Según su punto de vista, lo que para Uhle era una escolopendra y lo que para Tello una mitra, se trata en realidad de alas y plumas estilizadas que deben verse como prolongación de la espalda de la divinidad, a manera de capa. En otras palabras, el cuerpo superior que se ve encima de la cabeza del dios sería en realidad su espalda desplegada, provista de alas estilizadas. Kauffmann ha denominado a esta divinidad como piscoruna-pumapasim (en quechua: hombre-ave con boca atigrada). Este “felino volador” estaría relacionado con el culto al agua y la invocación a la fertilidad, de tanta importancia en las civilizaciones agrícolas del Perú antiguo

Bibliografía[editar]

  • Del Busto Duthurburu, José Antonio: Perú preincaico, p. 74. Colección de obras escogidas de José Antonio del Busto. Lima, Empresa Editora El Comercio S.A., 2011. ISBN 978-612-306-033-6
  • Kauffmann Doig, Federico: Historia y arte del Perú antiguo. Tomo 2, p. 193. Lima, Ediciones PEISA, 2002. ISBN 9972-40-214-2
  • Silva Sifuentes, Jorge E. T.: «Origen de las civilizaciones andinas». Incluida en la Historia del Perú. Lima, Lexus Editores, 2000. ISBN 9972-625-35-4
  • Villanueva Sotomayor, Julio R.: El Perú en los tiempos antiguos. Historia Preínca e Inca, p. 63. Publicado por el diario “Ojo”, edición fascicular, 2001. Edición e impresión: Quebecor World Perú S.A. Depósito Legal: 150103 2001 - 2408

Véase también[editar]