Esparta

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Coordenadas: 37°4′55″N 22°25′25″E / 37.08194, 22.42361

Σπάρτα (Λακεδαιμωνία)
Esparta (Lacedemonia),

Bandera

Siglo X a. C.-146 a. C.

Spqrstone.jpg
Bandera

Escudo de Esparta

Escudo

Ubicación de Esparta
Territorio espartano
Capital Esparta
Idioma principal Dórico
Otros idiomas Griego helenístico
Religión Religión griega
Gobierno Diarquía, oligarquía.
Reyes Reyes de Esparta
 • Legislativo Gran Retra
Gerusía
 • Administración Éforo
 • Ciudadanos Apella
 • Ejército espartiata
Período histórico Antigua Grecia
 •  Siglo X a. C.
 •  146 a. C.

Esparta (Dórico Σπάρτα; Ático Σπάρτη Spártē), o Lacedemonia (en griego Λακεδαιμονία), era una polis (ciudad estado) de la Antigua Grecia situada en la península del Peloponeso a orillas del río Eurotas.[1]​ Fue la capital de Laconia y una de las polis griegas más importantes junto con Atenas y Tebas. Esparta surgió como una entidad política en siglo X a. C., cuando los invasores dorios subyugaron a la población local. Hacia el 650 a. C. la ciudad ya era una potencia militar en el conjunto de la Antigua Grecia.

Gracias a su poderío militar, Esparta fue una de las ciudades que lideraron a los aliados griegos durante las Guerras Médicas en la primera mitad del siglo V a. C.[2]​ Entre el 431 y el 404 a. C. Esparta fue la rival de Atenas en la Guerra del Peloponeso,[3]​ de la que salió victoriosa pagando un alto coste. La derrota de los espartanos ante la ciudad de Tebas en la batalla de Leuctra librada en el 371 a. C. marcó el final de su hegemonía, aunque mantuvo su independencia política hasta la conquista romana de Grecia en el 146 a. C. Entonces comenzó para la ciudad un largo período de declive que tocó fondo en la Edad Media, cuando los espartanos se trasladaron a Mistrá. La moderna Esparta es la capital de la unidad periférica griega de Laconia y el centro de una zona que vive de la agricultura.

Esparta fue una ciudad única en la Antigua Grecia por su sistema social y su constitución, que estaban completamente centrados en la formación y la excelencia militar. Sus habitantes estaban clasificados en varios estatus: homoioi —gozaban de todos los derechos—, motaz —nacidos fuera de la ciudad pero criados como espartanos—, periecos —libertos— e ilotas —siervos—. Los hómoioi recibían una rigurosa educación espartanaagogé— centrada en la guerra, gracias a la cual las falanges espartanas eran consideradas las mejores en batalla. Las mujeres espartanas gozaron de más derechos e igualdad con los hombres que en ningún otro lugar del mundo de la antigüedad clásica.

Aunque Esparta nunca llegó a tener tantos habitantes como Atenas[4]​ y en la actualidad sólo quedan ruinas de la antigua polis, su idiosincrasia fascinaba incluso a sus coetáneos y la admiración por la cultura lacónica ha pervivido hasta la actualidad.

Historia[editar]

Origen[editar]

Mapa de Esparta

La polis se fundó tras la conquista de Laconia por los dorios. Al principio estuvo minada por disensiones internas. Las reformas en el siglo VII a. C. fueron un verdadero punto de inflexión en la historia de la ciudad, a partir de entonces todo se encaminaría a reforzar su poderío militar y Esparta se convertiría en la ciudad hoplita por excelencia.

Esparta sometió a la totalidad de Laconia: comenzó por conquistar toda la vega del Eurotas para rechazar a los de Argos y asegurarse la hegemonía de toda la región. La segunda etapa consistió en la anexión de Mesenia. Esparta era ya la ciudad más poderosa del área, con Arcadia y Argos como únicos rivales. A mediados del siglo VI a. C. Esparta sometió también las ciudades de Arcadia y derrotó a Argos dejándola totalmente debilitada. Todas ellas se verían forzadas a firmar pactos por los que reconocían la hegemonía de Esparta. Fue en el marco de estas luchas con los argivos que Esparta adoptó el estilo hoplita de combate, aproximadamente entre los años 680 y 660 a. C.[5]

Durante el siglo VI a. C. los espartanos mantuvieron una activa política exterior que incluía la alianza con Creso de Lidia frente a la amenaza persa. También combatieron a los tiranos de Grecia y depusieron a muchos de ellos fracasando frente a otros (Polícrates de Samos resistió a la invasión espartana). Sin embargo también apoyaron a tiranos que les pudieran ser favorables y en Atenas intentaron restaurar a los pisistrátidas pero la oposición de la influyente Corinto lo impidió.

Ejército espartano[editar]

El ejército espartano era una de las más importantes fuerzas militares en la historia de la antigua Grecia. El ejército constituía el pilar principal del estado espartano, en el cual la primera y principal obligación de sus ciudadanos era convertirse en buenos soldados,[6]​ precisamente los soldados espartanos eran los más disciplinados, entrenados y temidos de la antigua Grecia. En los momentos de mayor apogeo de Esparta, entre los siglos VI y IV a. C., era común en Grecia afirmar que "un soldado espartano valía lo que varios hombres de cualquier otro estado".[7]

Modelo de hoplita espartano. En ciertas ocasiones los escudos incluían insignias familiares. Carcterísticas: casco de bronce con cresta, hoplón (escudo de hasta 1 metro), lanza de 2,50 metros. Los guerreros espartanos eran conocidos por llevar pelo largo, como hace mención Herodoto, como símbolo de hombre libre.

El ejército espartano estaba basado en la infantería, y luchaba mediante el empleo de la formación de falange. Utilizaban la falange al estilo clásico, en una línea única con una profundidad uniforme de entre 8 y 12 hombres. Cuando luchaban junto con sus aliados, los espartanos normalmente ocupaban el flanco honorario, que era el derecho.

Los espartanos utilizaban el mismo equipamiento típico de los hoplitas de la Antigua Grecia. Las marcas distintivas de los espartanos eran su túnica, y su manto[8]​ de color carmesí,[9]​ así como el pelo largo,[10]​ que los espartanos mantuvieron durante mucho tiempo. Para los espartanos, el pelo largo era símbolo del hombre libre. Por otro lado, para los griegos del siglo V a. C., su peculiar asociación con los espartanos había llegado a hacer que tuviese el significado de simpatía política a favor de estos.[11]​ En el siglo V a. C. y en Atenas dejarse crecer el cabello (komân) era una señal de «filolaconismo» (simpatía por el estilo de vida y las costumbres laconias).[12]

Estaba dividido en cuatro clases.

  • Infantería pesada. Estaba formada por los ciudadanos plenos, conocidos como espartiatas u homoioi («iguales»), portaban el clásico casco con cresta, coraza de linotórax, escudo hoplón (más de 1 metro de diámetro), lanza "dorys" (de aproximadamente 2 metros de largo), y el xyfos, arma de doble filo de unos 40cm. El espartiata se calcula que portaba un equipaje superior a los 20 kilos.
  • Infantería ligera. Eran los periecos, no-ciudadanos (de condición libre, generalmente mercaderes, artesanos y marineros). Esta clase, dentro del ejército, llevaba a cabo trabajos militares auxiliares,[13]​ carecían de protecciones en sus cuerpos, utilizando armas arrojadizas, especialmente jabalinas. Su estrategia consistía en atacar por sorpresa y retirarse del campo de batalla.
  • Tropas de escaramuzas. La clase más numerosa, eran los ilotas.[14]​ Incluía a los honderos, y utilizaban municiones (balas) de plomo, que recibían el nombre de glandes.
  • Caballería liviana. Los espartanos no llegaron a utilizar caballería propia hasta las épocas más tardías de la Guerra del Peloponeso.[15]​ El papel de los caballeros sería casi exclusivamente auxiliar, dedicándose a la exploración y a la protección de las tropas de infantería, al hostigamiento a distancia o a la persecución del enemigo durante su huida.

Por otra parte, la población de espartiatas se dividía entre distintos grupos en función de su edad. Los más jóvenes (menores de 20 años) se consideraban más débiles debido a su falta de experiencia, y a los más mayores (más de 60 años o, en épocas de crisis, de 65) sólo se les llamaba a filas en caso de emergencia.

Casco espartano

El ejército completo de Esparta era dirigido oficialmente en la batalla por los dos reyes. En un inicio, los dos reyes acudían al mismo tiempo a la batalla y dirigían las operaciones bélicas desde la vanguardia,[16]​ pero a partir del siglo VI a. C. se decidió enviar sólo a uno, permaneciendo el otro en la ciudad.

Los reyes iban acompañados por un selecto grupo de 300 hombres que componían la guardia real, y que recibían el nombre de hippeis («caballeros»). A pesar de su título, se trataba de hoplitas de infantería, al igual que todos los demás homoioi. Los hippeis eran los 300 soldados que acompañaron al rey Leónidas I en su famosa batalla contra los persas en las Termópilas.

El ejército espartano ofrecía un sacrificio a los dioses para saber su disposición al respecto, cuando partían de Esparta y atravesaban los límites de su territorio,[17]​ y lo mismo hacían todas las mañanas previas a la batalla. El rey o los oficiales eran los encargados de hacerlo y, si los presagios no eran favorables, un líder podía rechazar seguir marchando o enfrentarse al enemigo.[18]

Sociedad espartana[editar]

Los ciudadanos o espartanos comunes[editar]

Busto de un hoplita, quizás Leónidas (Museo arqueológico de Esparta).

Los únicos que poseían derechos políticos eran los denominados espartiatas que, a diferencia de los espartanos, tenían ascendencia con el pueblo indoeuropeo de los dorios, llamados “astoi” o “ciudadanos” (término más aristocrático que el de “polités”, habitual en otras ciudades griegas); también se les conocía como “Homoioi” (“Pares” o “Iguales”). Conformaban una minoría privilegiada pues al momento de nacer recibían una parcela de tierra junto con unos ilotas, que conservaban toda su vida. No todos los homoioi espartiatas, sin embargo, eran considerados iguales y compartían los mismos derechos. Los historiadores llaman “tresantes” (“los temblorosos”) a aquellos culpados de atimia, por motivos diversos como la incapacidad de pagar multas, prostitución o, en general, la pérdida de honor en diferentes circunstancias. Según Herodoto, Jenofonte, Plutarco y Tucídides, a los “tresantes” se les sometía a toda clase de desprecios y vejaciones: obligación de pagar el impuesto de soltería, expulsión de los equipos de pelota, de los coros, de las comidas en común, etc. Su estado de marginación era casi tan absoluto como el de los ilotas, con la excepción de que ellos sí podían acceder a los lugares públicos (siempre en los últimos puestos) y que les estaba permitido redimir su deshonra mediante actos de valor en la guerra.

Un auténtico espartiata debía ser hijo de padres espartiatas, haber recibido la educación espartana, hacer sus comidas junto a los demás ciudadanos en los comedores públicos y poseer una propiedad suficiente como para permitirle sufragar los gastos de su ciudadanía. Conformaban una minoría privilegiada que poseía las tierras, ocupaba los cargos públicos en forma exclusiva y concentraba el poder militar. Los trabajos manuales y de la tierra eran considerados tareas denigrantes para ellos, los trabajos de agricultura eran propios de los espartanos (hombres que vivían en Esparta pero que no eran ciudadanos).

El nombre de “Homoioi” (“Iguales”) es testimonio, según Tucídides, del hecho de que en Esparta “se ha instaurado la máxima igualdad entre el estilo de vida de los acomodados y el de la masa” (I, 6, 4): todos llevan una vida en común y austera.

Los no ciudadanos: periecos e ilotas[editar]

Los periecos (habitantes de la periferia), eran descendientes de los miembros de las comunidades campesinas sometidas sin utilizar la fuerza. Son mantenidos al margen del cuerpo cívico por la reforma de Licurgo, que les niega cualquier derecho político. Aunque libres, jamás participan en las decisiones. Poseen el monopolio del comercio y comparten el de la industria y la artesanía con los ilotas. Entre los periecos hay también campesinos, reducidos a cultivar los terrenos menos productivos. Gozaban de ciertos derechos, como poseer bienes o casarse, pero no podían participar en el gobierno de la ciudad.

Los ilotas son los campesinos de Esparta. Eran descendientes de las comunidades campesinas sometidas a la fuerza por los dirigentes. Su estatus se crea con la reforma de Licurgo. No son estrictamente esclavos, sino siervos: pertenecen al Estado, están adscritos a la propiedad que cultivan, no son objeto de comercio, pueden casarse y tener hijos y se quedan con los frutos de su trabajo una vez deducida la renta que corresponde al titular de la hacienda, normalmente un cuarto de la producción total.

De modo excepcional, los ilotas podían ser reclutados para el ejército y liberados luego. Mucho más numerosos que los ciudadanos, la reforma de Licurgo les dejó por completo al margen de la vida social. Los “Iguales”, que temían su rebelión, les declaraban solemnemente la guerra cada año, les humillaban y atemorizaban (ver "Krypteia").

La educación espartana[editar]

Jóvenes espartanos ejercitándose, cuadro de Edgar Degas.

La educación espartana, agogé, sistema educativo introducido a partir de Licurgo, se caracteriza por ser obligatoria, colectiva, pública y destinada en principio a los hijos de los ciudadanos, aunque parece que en ocasiones se debió admitir a ilotas o periecos, y los hijos del célebre mercenario ateniense Jenofonte se educaron en Esparta. La educación espartana estaba enfocada principalmente a la guerra y el honor, hasta tal punto que las madres espartanas decían a sus hijos al partir hacia la guerra: "Vuelve con el escudo o sobre él", en referencia a que mantuviesen el honor y no se rindiesen nunca aunque con ello perdieran la vida.

Esparta practicaba una rígida eugenesia. Apenas nacido, el niño espartano era examinado por una comisión de ancianos en el Pórtico, para determinar si era sano y bien formado. En caso contrario se le consideraba una boca inútil y una carga para la ciudad. En consecuencia, se le conducía al Apótetas, lugar de abandono, al pie del monte Taigeto, donde se le arrojaba a un barranco. Si, en cambio, era aprobado, le asignaban uno de los 9.000 lotes de tierra disponibles para los ciudadanos y lo confiaban a su familia para que lo criara, siempre con miras a endurecerlo y prepararlo para su futura vida de soldado.

Jenofonte, mercenario ateniense e ilustre huésped de Esparta. De importante participación en la expedición de aliados griegos contra Persia, conocida como la Expedición de los 10.000. Su información y escritos fueron de gran utilidad para Esparta y posterirmente a Alejandro Magno

Así es que la educación tenía reglas rigurosas de disciplina, obediencia y sometimiento a la autoridad. Los padres no educaban a sus hijos ya que, a partir de los siete años, los niños pasaban a depender del Estado y recibían una instrucción muy severa. Los niños aprendían técnicas de caza y lucha y se les daba gran importancia a los ejercicios físicos. El objetivo de la educación era formar ciudadanos obedientes y valientes guerreros.

A los siete años o los cinco, según Plutarco, se arrancaba a los niños de su entorno familiar y pasaban a vivir en grupo, bajo el control de un magistrado especial, en condiciones paramilitares. A partir de entonces, y hasta los diecisiete o dieciocho años, la educación se caracterizaba por su extrema dureza, encaminada a crear soldados obedientes, eficaces y apegados al bien de la ciudad, más que a su propio bienestar o a su gloria personal. Los muchachos debían ir descalzos, sólo se les proporcionaba una túnica al año y ningún manto y, sometidos a una subalimentación crónica, se les forzaba a buscarse su propio sustento mediante el robo. Las disciplinas académicas se centraban en los ejercicios físicos y el atletismo, la música, la danza y los rudimentos de la lectura y escritura. Los que no conseguían terminar la agogé no eran considerados espartanos con derechos.

Por lo que a la educación de las niñas se refiere, se encaminaba a crear madres fuertes y sanas, aptas para engendrar hijos vigorosos. Por ello, insistía igualmente en la educación física, así como en la represión sistemática de los sentimientos personales en aras del bien de la ciudad. Terminaba a la edad de catorce o quince años, edad en la que contraían matrimonio con un soldado y pasaban de la vida pública a la privada.

La mujer espartana: libre y prestigiosa[editar]

Las mujeres de Esparta disfrutaban de un estatus, poder y respeto desconocidos en el resto del mundo clásico. Aunque las espartanas estaban oficialmente excluidas de la vida militar y política, gozaban de alta consideración como madres de los guerreros espartanos. Cuando los hombres se dedicaban a actividades bélicas, las mujeres se responsabilizaban de dirigir las propiedades. Tras las largas guerras del siglo IV a.C., entre el 35 y el 40% de las tierras y propiedades de Esparta quedó en manos de mujeres,[19][20]​ era la forma más prestigiosa de propiedad privada.[21]​ En el periodo helenístico, algunos de los espartanos más ricos eran mujeres.[22]​ Controlaban sus propiedades, así como las de los parientes que habían partido con el ejército.[19]​ Las espartanas no solían casarse antes de los 20 años, y al contrario que las atenienses, las espartanas utilizaban ropa corta y ligera, y se movían con toda libertad, como también es sabido que la mujer espartana podía tener amantes.[23]​ Tanto las niñas como los niños recibían educación y participaban en las Gimnopedias («Fiesta de los niños desnudos»).[19][24]

Platón, que admiraba la estructura legal y social de Esparta, afirmaba que la concesión de derechos políticos y civiles a las mujeres alteraría sustancialmente la naturaleza del hogar y del estado.[25]

Sistema político[editar]

Organización política y clasificación social en Esparta

El sistema político espartano, así como el educativo, se atribuyen al mítico Licurgo en el siglo VII a. C. (aunque Plutarco lo sitúa entre el IX y el VIII a. C.). Era este, tío y regente del rey Leónidas I de Esparta. Habiendo consultado en Delfos a la Pitia, fue llamado por ella "dios más que hombre" y recibió un oráculo aprobatorio para la futura constitución de la ciudad, la "Gran Retra", al parecer muy inspirada en la legislación cretense. La Gran Retra fue probablemente no escrita y debió elaborarse durante las guerras mesenias, que provocaron la crisis de la aristocracia y de la ciudad entera. A fin de garantizar su subsistencia se instituyó la “eunomia” o igualdad de todos ante la ley, con el propósito de eliminar privilegios y descontentos. Pero, a diferencia de Atenas, la eunomia espartana era sinónimo de una enorme disciplina. Todos los miembros de la ciudad hubieron de hacer sacrificios: la corona, la aristocracia y el pueblo. El sistema de Licurgo busca una simbiosis en la que coexisten los diversos sistemas políticos conocidos en el ámbito griego: la diarquía (donde hay dos reyes), la oligarquía (se establece una “gerusía” o consejo de ancianos), la tiranía (con el consejo de gobierno de los “éforos”) y la democracia (hay una asamblea popular).

La economía[editar]

Tatradracma en plata de Artemisa, data del período 235 al 222 a. C. De un lado y del otro las iniciales, "A" de la diosa, y "Λ" (L), de Lacedemonia.

Resulta evidente que la crisis del siglo VII a. C. no podía ser resuelta más que mediante la creación de un ejército de hoplitas que sucediera a los guerreros a caballo o en carros. Y es la aparición de la clase de ciudadanos que lo forman, mediante la absorción de la aristocracia terrateniente por la masa popular, lo que da lugar a la “eunomia” (“buena ley”). Dicha absorción se llevará hasta el extremo, para crear la igualdad total. Los aristócratas renuncian totalmente a sus privilegios: en el siglo VI a. C., la ciudadanía de Esparta cuenta con entre 7.000 y 8.000 Homoioi (“Iguales”). La aristocracia terrateniente renuncia a sus propiedades para ponerlas en común. Cada cual recibe un lote (“klerós”, “lote-heredad”) equivalente e inalienable: no se puede vender ni hipotecar. Su cultivo se encomienda a los siervos del Estado (los ilotas), que entregan las rentas en especie al propietario para que sostenga a su familia, pero sin que se pueda enriquecer. Los ciudadanos tienen prohibido el comercio; de este modo, todo el mundo está plenamente disponible para la guerra, única actividad verdaderamente cívica y en la que se centra el proceso educativo, igual para todos. La igualdad, por último, se extiende al ámbito político, puesto que todos participan en la asamblea.

La asamblea (Apella)[editar]

Es ésta la reunión de todos los iguales, convocados en fechas fijas. Corresponde a la apella (asamblea) aprobar o no las propuestas de los éforos (aunque sin debatirlas, pues parece que ningún ciudadano toma la palabra), ya sea por aclamación o, más raramente, por desplazamiento de los votantes. También la gerusía le somete sus proyectos, aunque el voto de la asamblea no es vinculante y los ancianos pueden considerar que el pueblo se ha equivocado. Por último, correspondía a la asamblea elegir a los éforos y a los gerontes por un sistema que Aristóteles consideraba pueril: unos cuantos magistrados, desde un lugar cerrado, medían la intensidad de las aclamaciones que recibía cada candidato.

En realidad, el funcionamiento de la asamblea en Esparta nos es poco conocido: se ignora, por ejemplo, si estaba permitido que cualquier ciudadano tomara la palabra para proponer una ley o enmienda, o si en definitiva la única misión de la asamblea era elegir a éforos y gerontes. En opinión de Aristóteles, la asamblea tenía un poder tan limitado que ni siquiera la menciona como elemento democrático dentro del régimen político espartano.

Los reyes[editar]

Al menos desde la reforma de Licurgo, en el siglo VIII a. C., Esparta cuenta con dos reyes, uno perteneciente a la dinastía de los Agíadas y el otro a la de los Euripóntidas, enraizadas ambas –según la leyenda- en dos gemelos descendientes de Heracles. Los miembros de ambas familias no podían contraer matrimonio entre sí y sus tumbas se hallaban en lugares distintos. Ambos reyes tenían igual rango.

El poder real se transmitía al más próximo descendiente del más próximo ostentador del poder más cercano a la realeza,[26]​ es decir, que el hijo pasa por delante del hermano, y que aun existiendo el derecho de primogenitura, el hijo nacido cuando el padre es ya rey tiene prioridad sobre aquellos nacidos antes de su advenimiento al trono. En cualquier caso, parece que los espartanos interpretaban con flexibilidad estas normas sucesorias.

Los poderes de los reyes eran esencialmente militares y religiosos. Al principio, los monarcas podían hacer la guerra al país que desearan, y sus decisiones eran colegiadas. A partir del 506 a. C., fecha del famoso “divorcio de Eleusis”, los reyes harán sus campañas por separado. En el siglo V a. C. parece que es ya la asamblea la que vota la guerra y los éforos quienes deciden sobre la movilización. El rey, quienquiera que fuese, es siempre el “hegemón” o comandante en jefe durante las campañas militares; tiene autoridad sobre los demás generales, puede acordar treguas y combate en primera línea en el ala derecha, protegido por su guardia de honor de cien hombres, los “Hippeis”.

La gerusía[editar]

La gerusía o consejo de ancianos estaba constituida por los dos reyes y por otros veintiocho hombres mayores de sesenta años, elegidos por aclamación de la asamblea tras presentar su candidatura. Elegidos por su sensatez y capacidad militar, la mayoría de los gerontes pertenecían a las grandes familias de Esparta, pese a que, en teoría, cualquier ciudadano, aun sin fortuna o rango elevado, podía presentarse al cargo.

El papel político de la gerusía era de gran importancia y no rendía cuentas a nadie. Parece que a ella le correspondía el monopolio de la propuesta y elaboración de nuevas leyes, estaba encargada de gestionar todos los asuntos de política interna y tenía competencia para juzgar a los reyes. También poseía, en la práctica, el derecho de veto sobre las decisiones de la asamblea, aunque hasta el siglo III a. C. no se conoce ningún caso en el que lo hiciera efectivo. Los ancianos constituían también una especie de tribunal supremo que juzgaba los delitos y podía imponer la pena de muerte o la pérdida de los derechos cívicos.

Los éforos[editar]

Eforos de Esparta

Los éforos (“supervisores”), preexistentes a la reforma de Licurgo, formaban un colegio de cinco magistrados elegidos por la asamblea para un mandato anual. Su rango era similar al de los reyes, de los que constituían un auténtico contrapoder. No eran reelegibles y, al término de su mandato, debían someterse a una rendición de cuentas si así lo exigían sus sucesores. En este caso podían ser condenados incluso a la pena de muerte.

El colegio de los éforos fue lo más parecido a un poder ejecutivo moderno que llegó a conocer la antigua Grecia. Como su nombre indica, estaban encargados de supervisar a los reyes y al resto de los habitantes de la ciudad, y su autoridad llegaba incluso al mismo aspecto físico de las personas. Ellos eran quienes vigilaban el respeto a las tradiciones, imponían sanciones y penas de prisión (incluso a los mismos reyes) y podían ordenar ejecuciones (a veces extrajudiciales, como las de los ilotas durante la krypteia). También se hacían cargo de los asuntos exteriores, ejecutando las decisiones de la asamblea (presidida por ellos), ordenando movilizaciones y tomando cualquier decisión urgente que fuera necesaria. Uno de los éforos era el “epónimo”, es decir, daba su nombre al año, aunque se desconoce la forma en que se le escogía. Los nombres de los otros aparecían detrás en los documentos oficiales, por orden alfabético.

El poder de los éforos fue tan amplio que Aristóteles lo equipara al de los tiranos. En realidad, su función teórica era la de representar al pueblo y, de hecho, Cicerón les compara en La República a los tribunos de la plebe. Todos los meses los reyes juraban respetar las leyes, mientras que los éforos juraban defender el poder real pero a su vez lideraban a las polis.

Religión y fiestas cívicas[editar]

Ares, uno de sus principales dioses

Como en toda Grecia, la religión en Esparta era el politeísmo: la creencia en múltiples de dioses (hoy llamado dodecateísmo), y ocupaba un lugar más importante que en otros lugares de la hélade. Así lo atestigua el gran número de templos y santuarios: 43 templos de divinidades, 22 templos de héroes, no menos de quince estatuas de dioses y cuatro altares, a lo que hay que añadir numerosos monumentos funerarios urbanos. Se afirma que en el centro de la ciudad había un gran monumento consagrado a Ares, una de sus principales deidades.

La festividad religiosa de las Carneas (griego antiguo τὰ Καρνεῖα) fue una de las fiestas religiosas más importantes de la antigua Esparta y de muchas otras ciudades dorias, celebradas en honor de Apolo Carneo, al que se rendía culto en varias partes del Peloponeso. Había nueve festividades principales en el calendario espartano, de entre los cuales las más importantes eran: las Carneas, las Gimnopedias 

Llama la atención la importancia que adquieren entre los espartanos las divinidades femeninas, particularmente Atenea bajo gran número de epíclesis o advocaciones, y Artemisa Ortia.[27]​ Entre los dioses masculinos, son Ares y Apolo a los que se les rinde un culto particular y están presentes en todas las grandes fiestas y monumentos de la ciudad. Es notable también el culto tributado a los héroes de la Guerra de Troya, Aquiles, por encima de todos, pero también Agamenón, Casandra (bajo el nombre de Alejandra), Clitemnestra, Menelao e incluso Helena. Los Dióscuros Cástor y Pólux, hijos gemelos de Zeus, de los que la tradición afirma que nacieron en Esparta, tienen también un vínculo particular con los reyes. Heracles, por su parte, es una especie de héroe nacional espartano, venerado de modo especial por los jóvenes.

Gimnopedias[editar]

Corybantian dance from Smith's Dictionary of Antiquities (SALTATIO article).png

Las Gimnopedias eran festividades religiosas y ejercicios de resistencia para los jóvenes espartanos. Las Gimnopedias (griego Γυμνοπαιδία, Gumnopaidía, literalmente «la fiesta de los niños desnudos») eran festividades religiosas celebradas en Esparta, en julio-agosto, en honor de Leto y de sus hijos, Apolo Pitio y Artemisa.

Consistían esencialmente en bailes y ejercicios ejecutados por los jóvenes espartanos, alrededor de estatuas que representan a los dioses en cuestión, situadas en un lugar del ágora llamado el χορός, khorós. Coros de adolescentes, de efebos y de jóvenes adultos que se enfrentaban en bailes que imitaban los ejercicios de la palestra, enteramente desnudos, delante de los otros lacedemonios, los extranjeros y los hilotas. Los solteros mayores de 30 años eran en cambio excluidos de la asistencia.

El espartano Megilo, en Las Leyes (Platón, I, 633), las llama un «temible endurecimiento (...), de temibles ejercicios de resistencia que hay que soportar con la violencia de la canícula»

Carneas[editar]

Dios Apolo, a quien los espartanos consagraban las fiestas Carneas y las Gimnopedias (ésta última celebrada con Artemisa)

Carneo deriva de kárnos próbaton (ganado), en referencia quizá al que se sacrificaba en las fiestas Carneas.

Los espartanos tenían la estricta obligación de celebrar las fiestas Carneas, que tenían lugar entre el día 7 y el 15 del mes Carneo (parte de agosto y parte de septiembre).[28]​ Su duración era de nueve días. A ellas se entregaban los espartanos con gran entusiasmo, por encima de cualquier otra actividad, y todos los ciudadanos varones debían ser purificados,

Además, durante las fiestas tenían lugar competiciones musicales (la tradición remontaba a la XXVI Olimpíada, año 676-673 a. C.), representaciones teatrales, danzas de jóvenes, el sacrificio de un carnero y una comida comunitaria.

Una barca portando la estatua de Apolo Carneo, adornado con guirnaldas era llevada por toda la ciudad, en recuerdo del barco en el que los Heráclidas pasaron de Naupacto al Peloponeso, por el golfo de Corinto. La mitología cuenta que Apolo los castigó enviándoles la peste, que sólo cesó después de la institución de las Carneas. Según Pausanias las Carneas buscaban aplacar la ira del dios y restaurar la comunión entre éste y el pueblo espartano.[29]

El sacerdote que llevaba a cabo los sacrificios era conocido como el Agetes (griego antiguo Ἀγητής, Agêtês,), de ahí que la fiesta también recibiera, en ocasiones, el nombre de Agetorias o Agetoreion.

El último día de las Carneas coincidía con la luna llena, y antes de que terminasen estas fiestas el ejército no podía abandonar el territorio espartano. Los gobernantes tenían prohibido llevar a cabo ninguna campaña militar, declarar la guerra, y cualquier acción diplomática; era de, hecho, una tregua sagrada.

Las fuentes disponibles sobre las Carneas son principalmente los gramáticos Hesiquio de Alejandría y Ateneo.

Ergatia[editar]

Se llamaba Ergatia a una fiesta religiosa celebrada en Lacedemonia, en honor de Heracles y de los trabajos de este héroe.[30]

Expansión, imperialismo y caída[editar]

Guerras Médicas: la invasión persa[editar]

En el siglo VI a. C., Esparta se había interesado por el Asia Menor, entre otras cosas suscribiendo una alianza con Creso, rey de Lidia. Al comienzo del reinado de Cleómenes I, sin embargo, se mostraría más aislacionista, rechazando apoyar, en el 499 a. C., la revuelta de las ciudades de Jonia contra los medos (persas), para centrarse en consolidar su propio imperio del Peloponeso. En 491 a. C., cuando Cleómenes logró desembarazarse de Demarato, las cosas cambiarían. Los espartanos arrojaron a un pozo a los emisarios de Darío I, llegados para reclamar la tierra y el agua, acto simbólico de aceptación de la hegemonía universal de los aqueménidas, y despacharon refuerzos a los atenienses (refuerzos que llegaron a Maratón demasiado tarde para participar en la gran victoria griega).

Batalla de las Termópilas, 480 a. C[editar]

Leónidas en las Termópilas, de Jacques-Louis David, 1814, Museo del Louvre.

En el año 481 a. C., cuando Jerjes reclamó de nuevo la tierra y el agua a todas las ciudades griegas, exceptuando a Atenas y Esparta, fue naturalmente a esta última a la que se le confió encabezar la Liga Panhelénica, incluyendo la flota, pese a la superioridad marítima de Atenas. Tras haber renunciado a defender Tesalia, los espartanos, comandados por su rey Leónidas, defendieron valerosamente el desfiladero de las Termópilas, retrasando en forma notable el avance de los persas, y permitiendo a la flota replegarse hacia Salamina. En contrapartida, la total victoria de Salamina fue obra de los atenienses, quienes tuvieron que recurrir al chantaje para forzar la batalla en el estrecho, siendo así que el navarca —almirante— espartano de la flota, Euribíades, deseaba replegarse al istmo de Corinto.

Batalla de Platea, 479 a. C.[editar]

Atenas (ya evacuada) y Esparta, junto con las polis griegas aliadas, frenaron la invasión de Persia en el istmo de Corinto, de unos 8 km de ancho. Grecia casi desaparece. Por primera vez atenienses y espartanos se aliaban.

En el 479 a. C., la victoria de Platea se logró bajo el mando del general Pausanias, regente debido a la minoría de edad de su primo el rey Plistarco hijo de Leónidas I. En el 479 a. C., la victoria de Mícala se logró bajo el mando del rey Leotíquidas II. El general Pausanias recibió la misión de destruir el puente de barcas construido por los persas sobre el Bósforo, con el fin de dificultar su retirada, pero una tempestad se encargó por él del trabajo. Con el restablecimiento de la paz, Esparta propuso abandonar a su suerte las ciudades jonias, demasiado lejanas, pero tropezó con la oposición de Atenas, lo mismo que en su sugerencia de expulsar de la anfictionía de Delfos a las ciudades culpables de medismo o alianza con los persas: es decir, las de Tesalia.

Guerra del Peloponeso, 457 a. C.[editar]

Apenas terminadas las guerras médicas, Esparta se inquietó por el creciente poderío de una Atenas enardecida por sus victorias contra los persas. Presionada por Egina y Corinto, Esparta prohibió a Atenas reconstruir sus murallas, destruidas por los persas. Esto no impidió que Atenas abandonara la Liga Panhelénica para fundar la Liga de Delos. Esparta no llegó a desencadenar una guerra y las relaciones se mantuvieron estables hasta el 462 a. C., año en el que desdeñó y envió de vuelta un contingente ateniense dirigido por Cimón, que había acudido a socorrerla en plena revuelta de los ilotas. Esto supuso la ruptura, sellada con la condena al ostracismo del espartófilo Cimón por sus compatriotas de Atenas.

Guerra del Peloponeso

Las hostilidades propiamente dichas comenzaron en el 457 a. C., a requerimientos de Corinto. Tras una serie de victorias y derrotas para ambos bandos, se alcanzó una paz inestable que duraría cinco años. En el 446 a. C., las revueltas de Megara y Eubea reavivaron el conflicto. Esparta, a la cabeza de las ciudades coaligadas, arrasó el Ática. El propio rey espartano Plistoanacte fue acusado de corrupción, por no haber proseguido la ofensiva, y condenado al exilio. En el 433 a. C., por último, el asunto de Córcira dio lugar al inicio de la Guerra del Peloponeso.

La guerra se prolongaba demasiado. Pericles decidió abandonar el Ática al pillaje sistemático de los espartanos, acogiendo a la población dentro de los Muros Largos, que unían Atenas con su puerto, El Pireo. En el 425 a. C. se produjo la humillante derrota de Esfacteria, donde 120 Iguales (ver más abajo), pertenecientes en su mayor parte a las grandes familias de Esparta, fueron capturados en un islote. La ciudad tendría que rendir la flota para recuperar a sus hoplitas. El golpe fue traumático: era la primera vez que se veía a los Iguales rendirse en vez de combatir hasta la muerte. En el 421 se firmó con el estratego ateniense Nicias una paz largo tiempo anhelada.

Pese a todo, las tensiones permanecieron. Esparta y Atenas chocaron nuevamente en el 418 a. C. por una disputa territorial en Mantinea. Atenas decidió que Esparta había roto los tratados, y la guerra recomenzó en el 415 a. C. Los atenienses organizaron una expedición contra Sicilia que terminó en desastre, ya que la mayoría de los barcos terminaron destruidos. La revuelta de las ciudades jonias de la Liga de Delos permitió a Esparta imponerse en el campo de batalla. En el 404 a. C., una Atenas sitiada terminó por capitular.

Esparta obligó a Atenas a acortar los Largos Muros en diez estadios (algo menos de dos kilómetros) por cada extremo, y a unirse a la Liga del Peloponeso. Los espartanos, sin embargo, titubeaban respecto al sistema de gobierno que impondrían a la ciudad. Todo el mundo estaba de acuerdo en la necesidad de poner fin a la democracia, pero se dudaba entre una oligarquía radical bajo tutela espartana y otra más moderada, sin guarnición espartana para sostenerla. El general Lisandro, gran artífice de la victoria sobre Atenas, impuso el gobierno de los Treinta Tiranos, de corta duración, aunque agobiante para los atenienses por los altísimos impuestos que eran obligados a pagar. Al tiempo, Pausanias permitió el derrocamiento y huida de los Treinta y de sus partidarios, y apoyó en cambio a los oligarcas moderados que se habían quedado en Atenas. A su regreso a Esparta, Pausanias sería juzgado, y ocho años después de su absolución, se vería condenado cuando Atenas volviera a tomar las armas contra Esparta.

El imperialismo espartano del siglo IV a. C.[editar]

Esparta se había lanzado a la Guerra del Peloponeso bajo la bandera de la libertad y de la autonomía de las ciudades, amenazadas por el imperialismo ateniense. Pero, tras haber vencido, haría otro tanto: impuso tributos, gobernantes títeres e incluso guarniciones. A partir del 413 a. C., Tucídides la describía como la potencia que “ejerce sola desde ahora la hegemonía sobre toda Grecia” (VIII, 2, 4).

Esparta cambió en consecuencia de política ante Persia, haciéndose la portavoz del panhelenismo. En primer lugar, se produjo la expedición de los Diez Mil narrada por Jenofonte en la Anábasis, derrotada en el 401 a. C. En el 396 a. C., el diarca Agesilao II fue enviado a derrocar a Tisafernes, sátrapa de Caria, y proteger a las ciudades griegas.

Guerra de Corinto, 395 a. C.[editar]

Plano de las partes en conflicto. En azul, Esparta y sus aliados. En rojo, Atenas y ciudades oponentes

Los sueños imperiales de Agesilao terminaron rápidamente, porque se le convocó de vuelta a causa de los acontecimientos en Grecia: Atenas, Tebas, Argos y otras ciudades se habían rebelado contra Esparta. Era el inicio de la Guerra de Corinto. La coalición fue derrotada por Esparta en Coronea y Nemea (394 a. C.), pero Esparta perdió la hegemonía marítima que tenía por entonces. Entre tanto, los persas se lanzaron a una contraofensiva, y Atenas reconstruyó sus Largos Muros. Bajo la amenaza, Esparta terminó por firmar la paz de Antálcidas, tanto con los griegos como con los persas (386 a. C.).

Esta paz, protegida por el Gran Rey persa, permitía en realidad a Esparta continuar su política imperialista con la excusa de proteger la autonomía de las ciudades más pequeñas. Esparta obligó a Argos a conceder a Corinto su independencia, e incluso a Olinto a respetar la autonomía de sus ciudades de la Calcídica. En el 378 a. C., sin embargo, el conflicto volvió a aparecer tras una razia espartana contra El Pireo. Concluyó con la paz entre Atenas y Esparta (371 a. C.), preocupadas ambas por los avances de Tebas.

Batalla de Leuctra, 371 a. C.[editar]

Esparta lanzó de inmediato un ataque contra la ciudad beocia que terminó en el desastre de Leuctra. El general tebano Epaminondas destrozó el ejército espartano comandado por Cleómbroto I y organizó una poderosa ofensiva contra Esparta. Ésta se vería obligada a reclutar a numerosos ilotas a fin de proteger la ciudad. Fue el final de la hegemonía espartana.

Declive del poder espartano[editar]

En el siglo V a. C., los espartanos propiamente dichos, los “Iguales”, representan una pequeña parte de la población global de la ciudad. En el 480 a. C., el rey Demarato estima el número de hoplitas movilizables en algo menos de 8.000 (Heródoto, VII, 234). Este número caerá a lo largo del siglo V a. C., principalmente a causa del terremoto del 464 a. C. que, según Plutarco (Cimón, 16, 4-5), destruyó el gimnasio, matando a toda la efebía de Esparta, así como a la revuelta de los ilotas, que supuso diez años de guerrilla. Así, cuando la batalla de Leuctra (371 a. C.), no había más que 1.200 hoplitas movilizables, de los cuales 400 murieron durante el combate.

El número de los periecos era superior al de los Iguales. Se puede estimar que había unas cien aglomeraciones de periecos, pues dice Estrabón que Esparta era conocida como “la ciudad de las cien villas”. Los ilotas (o siervos) pueden calcularse entre 150.000 y 200.000. De acuerdo con Tucídides, se trataba del grupo servil más numeroso de Grecia.

La hegemonía espartana fue clara entre el 403 a. C. y el 371 a. C. Tras la batalla de Leuctra no solamente perdió Esparta dicha hegemonía, sino también la mayor parte de Mesenia y la Liga del Peloponeso, que quedó disuelta.

Caída de Esparta, 222 a. C.[editar]

Derrotas en las batallas del siglo III a. C.

La irrupción de Macedonia en la arena política griega tampoco mejoraría las cosas. En el 330 a. C. el rey Agis III atacó a Antípatro, lugarteniente de Alejandro Magno, a la cabeza de una coalición peloponesa, pero fue vencido y muerto en la batalla de Megalópolis. Durante la Guerra Lamiaca (a la muerte de Alejandro, en el 323 a. C.), Esparta se hallaba demasiado débil para participar.

La debilidad de Esparta permitiría medrar a la Liga Aquea, mientras que las revoluciones de Agis IV y Cleómenes III minaban las instituciones de la ciudad. Este último se enfrentó con algún éxito a los aqueos, pero la intervención macedonia de Antígono III supondría la terrible derrota de Selasia, que condujo a la toma de Esparta en el año 222 a. C., que por primera vez en su historia, la ciudad se vio vencida puertas adentro. Esparta, que venía de recuperarse de una debilidad militar alarmante, perdió a casi todos sus hombres aptos para el ejército.

Traición de Roma, 197 a. C.[editar]

Para recuperar su poder, Esparta se vio forzada a realizar alianzas estratégicas. En el 207 a. C. llegó al trono Nabis, que poco después se convertiría en tirano de Esparta y reiniciaría la guerra contra los aqueos. En el 205 a. C. Esparta se alió con Roma, modificando de raíz el equilibrio de fuerzas en la región. Los aqueos se apresuraron a firmar también tratados con Roma, enemistada por entonces con Macedonia. En el 197 a. C. Roma, en alianza con las demás ciudades griegas, se volvió contra Esparta, que se vio obligada a firmar la paz en el 195 a. C. Perdió con ello una parte importante de su territorio, el derecho a reclutar periecos, su puerto (en Gitión) y casi toda su flota.

En el 192 a. C. la Liga Aquea obligó a Esparta a ingresar en sus filas. Los espartanos se vieron forzados a derruir sus muros (los primeros de su historia, que Nabis había mandado edificar), libertar a los ilotas, abolir la “agogé” o educación específicamente espartana, etc. Se creó una situación de gran inestabilidad social que no se calmaría hasta el 180 a. C., cuando quedaron sin efecto las prohibiciones y regresaron los exiliados.

Las tensiones con la Liga Aquea, sin embargo, no habían terminado. En el 148 a. C. los aqueos atacaron y derrotaron a Esparta. Roma intervino, exigiendo que Esparta y Corinto quedaran separadas de la Acaya. Los aqueos, furiosos, retomaron las armas, pero fueron aplastados por Roma en el 146 a. C. Esparta se hallaba en teoría en el bando vencedor, pero en la práctica perdió sus ciudades periecas, que formaron por su cuenta la koinonía (alianza) de los Lacedemonios. Esparta no era ya más que una ciudad de segundo orden, autónoma pero aislada, muy lejos de su esplendor de antaño.

Ruinas del teatro de Esparta.

Durante la dominación romana, ya sin posibilidades militares, políticas,y económicas, Esparta se concentró en la educación espartana. Ésta se endureció, atrayendo a los “turistas”, ávidos de ritos violentos y extraños: Esparta había pasado a ser un circo romano. De este modo, los combates rituales que tradicionalmente se habían disputado en el santuario de Artemisa Ortia, bajo la dominación romana pasaron a convertirse en la “dimastígosis”: los niños eran flagelados, en ocasiones hasta la muerte. Cicerón lo relata en las Tusculanas (II, 34): la multitud que acude al espectáculo es tan numerosa que se hace necesario construir un anfiteatro delante del templo para acogerla. Este espectáculo atraerá turistas hasta el siglo IV de nuestra era, como lo testimonia Libanio (Discursos, I, 23).

Esparta fue saqueada por los hérulos en el 267 d. C., y definitivamente arrasada por Alarico I, rey de los visigodos, en el 395 d. C. Los bizantinos edificarían luego la ciudad de Mistra cerca de las ruinas de la antigua Esparta.

Hallazgos arqueológicos[editar]

Frases célebres[editar]

  • «Vencer o morir».
  • «Mi escudo, mi espada y mi lanza son mis únicos tesoros»
  • «Vuelve con el escudo o sobre él» (Ἢ τὰν ἢ ἐπὶ τᾶς Ē tan ē epí tās; literalmente «con esto o sobre esto» dicho al presentar el escudo al guerrero)
  • «Los espartanos no preguntan cuántos son los enemigos, sino dónde están».[cita requerida]

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. Cartledge, 2002, p. 91.
  2. Cartledge, 2002, p. 174.
  3. Cartledge, 2002, p. 192.
  4. Morris, Ian (Diciembre de 2005). The growth of Greek cities in the first millennium BC. v.1. Princeton/Stanford Working Papers in Classics. 
  5. Lane Fox, Robin (2005): El mundo clásico. La epopeya de Grecia y Roma. – Crítica, Barcelona, 2007, p. 113. ISBN 978-84-8432-898-8
  6. Connolly (2006), p. 38
  7. Connolly (2006), p. 38
  8. Sekunda (1998), p. 20
  9. Jenofonte, Constitución de los lacedemonios xi.3 y xiii.8; Aristófanes, Lisístrata v. 1140; Plutarco, Moralia, 238 F; Plutarco, Licurgo 22.
  10. Heródoto i.82.8 y vii.208.3
  11. Sekunda (1998), p. 24
  12. Aristófanes, Las aves vv. 1281-1289.
  13. Connolly (2006), p. 11
  14. Connolly (2006), p. 38
  15. Connolly (2006), p. 40
  16. , op. cit. vi.56.
  17. Garlan, Yvon (2003). «La guerra en la antigüedad». Madrid:Aldebarán. p. 33. ISBN 84-95414-31-7. 
  18. Connolly (2006), p. 47
  19. a b c Sarah B. Pomeroy, Goddess, Whores, Wives, and Slaves: Women in Classical Antiquity. Nueva York: Schocken Books, 1975. pp. 60-62.
  20. Tierney, Helen (1999). Women’s studies encyclopaedia, Volumen 2. Greenwood Publishing Group. pp. 609-610. ISBN 978-0-313-31072-0. 
  21. Gerhard, Ute (2001). Debating women’s equality: toward a feminist theory of law from a European perspective. Rutgers University Press. p. 33. ISBN 978-0-8135-2905-9. 
  22. Sarah B. Pomeroy, Spartan Women. Oxford University Press, 2002. p. 137. [1]
  23. Sarah B. Pomeroy, Spartan Women. Oxford University Press, 2002. p. 134. [2]
  24. Pomeroy, 2002, p. 34
  25. Robinson, Eric W. (2004). Ancient Greek democracy: readings and sources. Wiley-Blackwell. p. 300. ISBN 978-0-631-23394-7. 
  26. Cf. Pierre Carlier, La royauté en Grèce avant Alexandre, AECR, 1984.
  27. Pausanias III,16,7-11.
  28. Plutarco, Vida de Nicias, 28, 2.
  29. Pausanias, Descripción de Grecia, vi, 13, 4.
  30. Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana (Espasa-Calpe). Tomo 20.

Fuentes textuales[editar]

Bibliografía[editar]

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Para un repertorio bibliográfico más amplio puede consultarse esta Bibliografía general sobre Esparta en varios idiomas.

Enlaces externos[editar]