Epístola a los gálatas
| Epístola a los gálatas | |||||
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| de Pablo de Tarso | |||||
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| Género | Epístola | ||||
| Edición original en griego | |||||
| Título original | Επιστολή προς Γαλάτας | ||||
| País | Imperio romano | ||||
| Fecha de publicación | 50 o 56 | ||||
| Edición traducida al español | |||||
| Texto en español | Epístola a los gálatas en Wikisource | ||||
| Nuevo Testamento | |||||
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La Epístola a los gálatas es un libro de la Biblia en el Nuevo Testamento. Es una carta escrita por Pablo de Tarso a los cristianos que habitaban la provincia romana de Galacia, en Asia Menor (que correspondía a la actual zona sur del Asia menor, donde estaban la región de Licaonia y las ciudades de Iconio, Listra, Derbe y Antioquia de Pisidia).
Datación
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Se escribió entre los años 50 a 56 d. C. aproximadamente. Se sabe que la escribió luego de dos visitas a esa provincia[1] y que, conforme el Libro de los Hechos, Pablo y Bernabé visitaron la zona entre los años 47 y 48 d. C. por primera vez, y luego volvió Pablo con Silas cuando volvían de la reunión o concilio de Jerusalén en el año 49 d. C. Puede que Pablo la escribiera desde Corinto en su estadía allí de casi dos años, entre el 50 y el 52 d. C. Otros la ubican en una fecha más tardía, alrededor del 56 d. C.
Tema
[editar]Es la vindicación del Evangelio de Jesucristo, en contraposición con los preceptos judíos que se habían mezclado dentro de la iglesia cristiana de ese lugar. La epístola revaloriza y asienta orientación y rumbo, pues los gálatas comenzaron a ir para atrás, y volvían a la Ley mosaica, creyendo así afirmar su salvación.[2] La carta es una clara enseñanza contra los judaizantes.
La carta es fiel en demostrar muchos rasgos de los habitantes de esas ciudades. Los judaizantes eran una fuerte secta en el cristianismo primitivo, y al parecer había calado profundamente, ya que estos negaban el apostolado de Pablo. Y usaban la zona del Asia Menor como un lugar predilecto para divulgar sus enseñanzas.
Autenticidad
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La autenticidad está dada por los registros más antiguos encontrados. Esta carta fue utilizada por Policarpo de Esmirna en el siglo II d. C.; figura en el fragmento Muratori, y en los escritos de Ireneo de Lyon. Además, se encontró con ocho cartas más en el llamado manuscrito de Chester Beatty del año 200 d. C. También otros patriarcas de la iglesia primitiva la mencionan, tales como Clemente de Alejandría, Tertuliano y Orígenes. Se la menciona por nombre en el canon reducido de Marción. Todo el canon anterior al concilio de Cartago, en el año 397 d. C., la incluían en los escritos como auténtica. Además existe una clara correlación y estilo con los otros escritos de Pablo.
Contenido
[editar]Capítulo 1:1-5
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- En Gálatas 1:1[3] comienza Pablo la epístola identificándose a sí mismo como autor de la misma y con la habitual referencia al origen divino de su apostolado.
- Gálatas 1:2[4] señala a las Iglesias de Galacia como destinatarias de la epístola. Quienes son estas iglesias ha dado lugar a controversias. En general, se asume que se trata de las iglesias de la provincia romana de Galacia que Pablo había visitado en dos ocasiones y con las que mantenía emotivas relaciones.
- En Gálatas 1:3,[5] como es habitual en todas las epístolas que se le reconocen, Pablo desea a sus interlocutores que la gracia y la paz sean con vosotros de parte de Dios Padre y de nuestro señor Jesucristo.
- Gálatas 1:4[6] prolonga la salutación más allá de lo que Pablo acostumbra. En efecto, Romanos,[7] 1 Corintios,[8] 2 Corintios,[9] Filipenses,[10] 1 Tesalonicenses[11] y Filemón[12] dan por concluida la salutación en el punto anterior. La prolongación a los Gálatas se interpreta como un realce introductorio de lo que van a ser las tesis expuestas en la epístola.
Comentarios a los versículos 1-5
[editar]Pablo reafirma con energía su autoridad apostólica, otorgada directamente por Jesucristo, y resume el núcleo teológico de su carta: la eficacia universal de la redención lograda por Cristo mediante su entrega por nosotros. Mientras los capítulos 1 y 2 justifican su autoridad por elección divina, el resto desarrolla la doctrina de la redención. Desde el inicio, anticipa y corrige los errores de algunos cristianos de origen judío que cuestionaban su autoridad y consideraban indispensable la circuncisión y la observancia de la Ley mosaica.[13]
Capítulo 1:6-10
[editar]Amonestaciones a los gálatas
6-Me sorprende que hayáis abandonado tan pronto al que os llamó por la gracia de Cristo para seguir otro evangelio;
7-aunque no es que haya otro, sino que hay algunos que os inquietan y quieren cambiar el Evangelio de Cristo.
8-Pero aunque nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciásemos un evangelio diferente del que os hemos predicado, ¡sea anatema!
9-Como os lo acabamos de decir, ahora os lo repito: si alguno os anuncia un evangelio diferente del que habéis recibido, ¡sea anatema!
10-¿Busco ahora la aprobación de los hombres o la de Dios? ¿O es que pretendo agradar a los hombres? Si todavía pretendiera agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo.
Comentario a los versículos 6-10
[editar]El Evangelio que Pablo predicó a los gálatas cumple las promesas de los profetas del Antiguo Testamento y anuncia que Dios, al llegar la plenitud de los tiempos, envió a su Hijo, nacido de mujer, como único Salvador de la humanidad. Este mensaje constituye la esencia del Evangelio y no puede ser alterado. Aunque aún no explica en qué consistía la deformación que algunos introducían, lanza dos veces un “anatema” contra quienes osaran modificarlo, señalando la gravedad del asunto. Al mismo tiempo, afirma que no existe un “nuevo cristianismo” por descubrir: Cristo representa la culminación y plenitud de la Revelación.[14]
La economía cristiana como alianza nueva y definitiva, nunca cesará, y no hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo.[15]
El versículo 10 responde a la acusación de que Pablo, al no exigir la circuncisión para facilitar la conversión al cristianismo, buscaba agradar a los hombres. Su defensa personal se convierte así en un llamado a superar los respetos humanos y a actuar con fidelidad a Dios por encima de cualquier opinión o presión social.
El predicador del Evangelio será aquel que, aun a costa de renuncias y sacrificios, busca siempre la verdad que debe transmitir a los demás. No vende ni disimula jamás la verdad por el deseo de agradar a los hombres, de causar asombro, ni por originalidad o deseo de aparentar. No rechaza nunca la verdad.[16]
Capítulo 1:11-24
[editar]- Gálatas 1:11-18[17] introduce un apunte biográfico en donde Pablo recalca su independencia apostólica. Afirma primero que su evangelio no lo recibió de los hombres, sino de Jesucristo. Poco después afirma que después de su experiencia en Damasco, marchó a Arabia, y sólo después de tres años subió a Jerusalén para conocer a Cefas (Pedro). Este pasaje no está en contradicción con el paralelo de Hechos 9:19-30,[18] sino que muestra que entre Hechos 9:19 ("algunos días") y Hechos 9:23 ("muchos días"), hubo una estancia en Arabia, y el total acumulado es aproximadamente los tres años que narra Pablo en la Epístola, y que el libro de Hechos no pretende mostrar explícitamente.
- Gálatas 1:19[19] hace mención en esta carta a «Santiago, el hermano del Señor», jefe de la comunidad de Jerusalén y una de las tres «columnas» de la primitiva iglesia (Gálatas 2:9[20]). Teniendo en cuenta que la expresión «Señor» solo la utiliza para referirse a Jesús de Nazaret, se refiere a Santiago, hermano de Jesús. Según algunos autores, no parece posible que este Santiago pueda ser un personaje inventado en sus cartas, ya que se trata de alguien conocido e influyente en la iglesia primitiva, de modo que sería una ficción difícil de mantener. Además, el mismo «Santiago, hermano de Jesús», es nombrado por el historiador judío Flavio Josefo. Así, la carta de Pablo apuntaría a Jesús como referente de «Santiago, el hermano del Señor». Pablo nombra en esta epístola también a las otras dos «columnas» de la iglesia, Simón Pedro y Juan, también testigos directos de Jesús.
Comentario a los versículos 11-24
[editar]La vocación de Pablo avala la autenticidad de su enseñanza: su Evangelio, coherente con el de los demás Apóstoles, no procede de un hombre, sino de la revelación de Jesucristo. Su llamado, al igual que el de otros enviados por Dios, muestra la iniciativa divina y la ausencia de méritos personales. La experiencia en el camino de Damasco transformó radicalmente su vida; sin este cambio —que alegró a las comunidades de Judea y fue conocido por los gálatas—, sus afirmaciones sobre misión y vocación carecerían de valor. Tras un período de retiro en Arabia, probablemente en el reino nabateo al sur de Damasco, Pablo regresó a la ciudad y luego viajó a Jerusalén para encontrarse con Pedro. Este encuentro evidencia el reconocimiento de Pablo de la misión preeminente de Simón Pedro, a quien trata con respeto y estima. A lo largo de los siglos, los cristianos han mostrado un afecto similar hacia Pedro y sus sucesores, acudiendo en peregrinación a Roma.
Después de su breve estancia en Jerusalén, Pablo permaneció en Siria y Cilicia, aunque no se conoce con exactitud la duración de su estancia. Probablemente Santiago, el hermano del Señor, dirigió durante un tiempo la comunidad de Jerusalén y se le atribuye la carta que lleva su nombre. La expresión hermano del Señor subraya su relación especial con Jesús.[21]
Capítulo 2
[editar]- Gálatas 2:11-14[22] muestra las tensiones con las comunidades aparecen en este pasaje donde Pablo narra un incidente con Pedro ocurrido tiempo atrás en Antioquía. Conocido es que Santiago era partidario de la observancia de la Torá y Pedro no. Sucedió entonces que llegados unos discípulos de Santiago a Antioquía, Pedro se comportó con disimulo dejando el comportamiento liberal que llevaba y aparentó una falsa observancia. Este comportamiento es el que Pablo le amonestó. La situación conflictiva que describe contra Pedro contribuye a la credibilidad de Pablo como fuente historiográfica.
Comentario a los versículos 1-10
[editar]Algunos creyentes de origen judío sostenían que los paganos que abrazaban la fe cristiana debían cumplir las normas de la Ley de Moisés, incluyendo el rito de la circuncisión. Esta exigencia generó un intenso debate en Jerusalén. Pablo, impulsado por una revelación, viajó desde Antioquía acompañado por Bernabé y Tito para defender con firmeza que la salvación proviene únicamente de la obra redentora de Cristo. Aceptar las condiciones impuestas por los judaizantes significaba anular el valor de la vida, muerte y resurrección de Jesús. Los líderes principales de la Iglesia, considerados como sus columnas, reconocieron la validez del mensaje de Pablo y comprendieron que su misión entre los no judíos era una expresión más de la misericordia divina. Pedro fue designado principalmente para anunciar el Evangelio a los judíos, mientras que Pablo recibió la responsabilidad de evangelizar a los gentiles. Esta distinción no establecía límites excluyentes, sino que definía las tareas prioritarias de cada uno en ese momento. Además, Pablo cumplió con la instrucción de los Apóstoles de organizar colectas para ayudar a los pobres de Jerusalén, como signo de unidad con la comunidad cristiana originaria.[23]
Comentario a los versículos 11-21
[editar]El Apóstol mostró flexibilidad en asuntos secundarios cuando era conveniente, pero mantuvo una postura firme al defender la libertad de los cristianos respecto a las normas de la Ley mosaica. En Antioquía, donde convivían creyentes de origen judío y gentil, surgió un conflicto cuando Pedro dejó de compartir las comidas con los conversos procedentes del paganismo, siguiendo las costumbres judías. Esta actitud, motivada por el temor a los enviados de Jerusalén, daba la impresión de que las prescripciones legales seguían siendo obligatorias. Dado el papel de Pedro como líder visible de la Iglesia, su comportamiento podía generar divisiones profundas en la comunidad, especialmente porque esas comidas guardaban una estrecha relación con la celebración eucarística. Los llamados de parte de Santiago eran cristianos judíos provenientes de Jerusalén, donde Santiago había asumido la dirección tras la huida de Pedro. Es natural que estos creyentes continuaran con sus prácticas tradicionales, ya que habían crecido en la fe israelita. Sin embargo, Pablo percibió el peligro que representaba volver a depender de los ritos legales y respondió proclamando la novedad del Evangelio: la justificación no proviene de las obras de la Ley, sino de la fe en Cristo.
Reinstaurar la obligación de las normas mosaicas implicaría concederles un valor salvador y, además, significaría que abandonar tales prácticas por seguir a Cristo habría sido un error, llegando incluso a presentar a Cristo como causa de pecado, lo cual es inadmisible. Frente a esta distorsión, Pablo afirma que la unión con Cristo mediante la fe transforma la vida del creyente: es Él quien habita en el corazón del cristiano, y por esa comunión interior se vive para Dios de manera plena y nueva.[24]
Agustín de Hipona hace el siguiente comentario al respecto:
Cristo en el creyente se va formando por la fe en lo profundo de su ser, llamado a la libertad de la gracia, manso y humilde de corazón, que no se jacta del mérito de sus obras, porque de suyo no tienen valor (…). Y Cristo se forma en el que asimila la forma de Cristo, y asimila la forma de Cristo el que se une a Él con amor espiritual.[25]
Por tanto:
...el cristiano «debe vivir según la vida de Cristo, haciendo suyos los sentimientos de Cristo, de manera que pueda exclamar con San Pablo, non vivo ego, vivit vero in me Christus, no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mi (…). Que pueda decirse que cada cristiano es no ya alter Christus, sino ipse Christus, ¡el mismo Cristo!.[26]
Una gran verdad se revela en el hecho de que Cristo, movido por su amor, se entregó voluntariamente a la muerte por cada persona. Esta entrega personal y total constituye el fundamento de la vida nueva del creyente. Meditar en ese amor se convierte en fuente de fortaleza y consuelo, pues recuerda que la existencia cristiana no se apoya en méritos propios, sino en el sacrificio redentor de Cristo, que actúa en lo más profundo del ser humano.
Sólo de Él, cada uno de nosotros puede decir con plena verdad, junto con San Pablo: Me amó y se entregó por mí (Ga 2,20). De ahí debe partir vuestra alegría más profunda, de ahí ha de venir también vuestra fuerza y vuestro sostén. Si vosotros, por desgracia, debéis encontrar amarguras, padecer sufrimientos, experimentar incomprensiones y hasta caer en pecado, que rápidamente vuestro pensamiento se dirija hacia Aquel que os ama siempre y que con su amor ilimitado, como de Dios, hace superar toda prueba, llena todos nuestros vacíos, perdona todos nuestros pecados y empuja con entusiasmo hacia un camino nuevamente seguro y alegre.[27]
Capítulo 3
[editar]- Gálatas 3:1-5[28] afirma que la recepción del Espíritu Santo es un hecho conocido en el cristianismo y el judaísmo. Una de las consecuencias de la expansión del cristianismo más allá de la esfera de influencia del judaísmo fue la recepción del Espíritu por parte de no judíos, de no observantes de la ley, tal como se relata en la conversión del centurión Cornelio (Hch 10). Pablo en este capítulo trata el problema de si el Espíritu Santo se recibe por la ley judía o por la nueva ley del amor, por la fe en Jesucristo.
- Gálatas 3:6-14[29] utiliza el argumento de la promesa de Abraham para subordinar a ella el cumplimiento de la Torá.
- Gálatas 3:19-29[30] indica que la ley ceremonial fue solo un medio para llevar a los judíos a Cristo. Ya no es necesario sacrificar un cordero por los pecados, ese cordero fue Jesús.
Comentario a los versículos 1-14
[editar]Pablo, movido por un profundo afecto hacia los gálatas, siente dolor al ver que han olvidado que la salvación proviene únicamente de Jesucristo y no de la observancia de la Ley. Ellos mismos son testigos de que recibieron el don del Espíritu Santo antes de conocer las prescripciones mosaicas, cuando su fe en Cristo era la única respuesta al Evangelio. Bastaría con que recordaran los dones y signos espirituales que se manifestaron entre ellos para comprender que la justificación no dependió de la Ley, sino de la fe. La misma Sagrada Escritura confirma esta verdad al presentar el ejemplo de Abrahán. Dios lo bendijo, estableció con él una Alianza y lo declaró justo no por sus obras legales —pues la Ley aún no existía—, sino por su fe. De manera análoga, todos los que creen, al igual que Abrahán, son considerados sus verdaderos descendientes y participan de la bendición prometida.
Pablo añade que la Ley no otorga salvación, sino que pone de manifiesto la transgresión, pues cada precepto conlleva la pena correspondiente a su incumplimiento. En este sentido, se convierte en causa de “maldición”, es decir, de condena espiritual. Cristo asumió voluntariamente esa maldición al cargar con el castigo que correspondía a los pecados humanos, liberando así a la humanidad de la condena legal. Volver a someterse a la Ley después de este acto redentor equivaldría a negar el valor del sacrificio de Cristo y considerar innecesaria su obra salvadora.[31]
Comentario a los versículos 15-29
[editar]Pablo retoma la promesa hecha por Dios a Abrahán y a su descendencia para afirmar que la justificación se basa en la fe. Esta promesa tenía como destinatario final a Cristo, y, al ser comparable a un testamento, no podía ser modificada ni anulada. La Ley de Moisés, dada siglos después, no revocaba la alianza original, porque Dios es fiel y cumple lo que promete. La función de la Ley no era sustituir la promesa, sino señalar el pecado y castigar la transgresión hasta la venida de Cristo. Actuaba como un “pedagogo”, es decir, como un guía encargado de conducir a la humanidad hacia la fe plena. Con la redención realizada por Jesús, el creyente alcanza la madurez espiritual: ya no depende del pedagogo, sino que, mediante la fe y el Bautismo, se convierte en hijo de Dios y se reviste de Cristo.[32]
[Por la fe en Cristo y mediante el Bautismo se hace hijo de Dios y se reviste de Cristo] (v. 27), no de cualquier hermosura o de cualquier valor —glosa San Juan de Ávila—, sino del mismo Jesucristo, que es la suma de toda hermosura, de todo el valor y de toda la riqueza.[33]
No hay, pues, más que una raza: la raza de los hijos de Dios. No hay más que un color: el color de los hijos de Dios. Y no hay más que una lengua: ésa que habla al corazón y a la cabeza, sin ruido de palabras, pero dándonos a conocer a Dios y haciendo que nos amemos los unos a los otros.[34]
Capítulo 4
[editar]- Gálatas 4:13-15[35] contiene un apunte biográfico acerca de una enfermedad que padeció Pablo mientras evangelizaba en Galacia y sobre cuya naturaleza se ha especulado mucho. Se ha dicho que podría ser algún tipo de ceguera, por aquello de que si hubieseis podido, me habríais dado vuestros ojos. En relación con este pasaje se señala otro en 2 Corintios 12:7-10[36] donde Pablo afirma primero tener un aguijón en la carne y poco después: me complazco en las enfermedades... pues soy fuerte cuando parezco débil.
- Gálatas 4:27[37] posee una cita evangélica que también es utilizada en la Segunda epístola de Clemente. La cita original es de Isaías 54:1.[38] De aquí surge la cuestión de si el autor anónimo de dicha epístola depende de Pablo o de la tradición veterotestamentaria.
Comentario a los versículos 1-11
[editar]Pablo continúa la comparación de la Ley con un pedagogo y de quienes estaban bajo ella con menores de edad. Explica que, con la venida de Cristo, la humanidad alcanza la madurez espiritual. Dios ofrece a todos la posibilidad de ser verdaderamente sus hijos y envía a sus corazones el Espíritu de su Hijo, que los hace partícipes de una nueva relación filial con Él.[39]
Cualquier hombre que cree (…) ya no pertenece a la ascendencia de su padre carnal, sino a la simiente del Salvador, que se hizo precisamente Hijo del hombre, para que nosotros pudiésemos llegar a ser hijos de Dios.[40]
Cuando San Pablo habla del nacimiento del Hijo de Dios lo sitúa en “la plenitud de los tiempos”. En realidad el tiempo se ha cumplido por el hecho mismo de que Dios, con la Encarnación, se ha introducido en la historia del hombre. La eternidad ha entrado en el tiempo: ¿qué “cumplimiento” es mayor que este? ¿qué otro “cumplimiento” sería posible?.[41]
La expresión «nacido de mujer» resalta que Jesús asumió plenamente la condición humana y, al mismo tiempo, pone de manifiesto la participación de la Virgen María en el plan salvador. Como Nueva Eva, su maternidad tiene un papel decisivo en la realización de la redención, al ser el medio por el cual el Hijo de Dios entra en la historia para liberar a la humanidad.
”Dios envió a su Hijo” (Ga 4,4), pero para “formarle un cuerpo” (cfr Hb 10,5) quiso la libre cooperación de una criatura. Para eso desde toda la eternidad, Dios escogió para ser la Madre de su Hijo, a una hija de Israel, una joven judía de Nazaret en Galilea, a “una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María” (Lc 1,26-27).[42]
El término arameo «Abbá» era una expresión íntima usada por los niños para dirigirse a sus padres, pero los judíos evitaban aplicarlo a Dios por respeto a su grandeza. Jesús, de forma única, lo empleó para dirigirse al Padre, revelando así su relación filial y su confianza plena en Él. Pablo retoma esta enseñanza para afirmar que es el Espíritu de Cristo quien permite a los creyentes reconocer a Dios como Padre. Por la acción del Espíritu Santo, el cristiano participa de la filiación divina: es hijo en el Hijo.
Si tenemos relación asidua con el Espíritu Santo, nos haremos también nosotros espirituales, nos sentiremos hermanos de Cristo e hijos de Dios, a quien no dudaremos en invocar como a Padre que es nuestro.[43]
Comentario a los versículos 12-20
[editar]Pablo adopta un tono más cercano al recordar los inicios de la fe de los gálatas. Evoca la alegría con que lo recibieron cuando les anunció el Evangelio por primera vez, a pesar de que se encontraba enfermo. Lo acogieron con gran respeto, como si recibieran al mismo Cristo. Su intención al mencionar estos recuerdos es conmoverlos y guiarlos nuevamente hacia la fidelidad al Evangelio y a Cristo.[44]
Quien en otro pasaje había dicho como un padre (cfr 1 Co 4,18)…, ya no habla como un padre, sino como una madre en Cristo, para que reconozcan la angustia de uno y otro y la ternura del padre hacia ellos.[45]
Juan Crisóstomo lo comenta de la siguiente manera:
Se parece a una madre que tiembla por sus hijos. Hasta que Cristo esté formado en vosotros. Date cuenta de su ternura paternal. Date cuenta de su tristeza digna de un Apóstol. Observa qué lamento prorrumpe, mucho más hiriente que el de una mujer dando a luz.[46]
Comentario a los versículos 21-31
[editar]Pablo utiliza la historia de Abrahán para explicar la libertad cristiana. Abrahán tuvo a Ismael con Agar, su esclava, pero Dios le prometió un hijo con Sara, su esposa libre, y cumplió su palabra con el nacimiento de Isaac. En esta historia, Agar representa al pueblo sometido a la Ley, mientras que Sara simboliza a la Iglesia nacida de la promesa. Los creyentes son como Isaac: hijos de la promesa, no de la esclavitud legal. Pablo compara el monte Sinaí con la Jerusalén terrenal, asociándolos a la esclavitud, mientras que la Jerusalén celestial representa la libertad. También recuerda cómo Ismael maltrataba a Isaac, imagen de la persecución de los creyentes por parte de quienes confían en la Ley. Todo esto confirma el cumplimiento de las promesas divinas.[47]
Capítulo 5
[editar]Pablo habla de la verdadera libertad, no de esa que cubre los deseos de la carne sino el de ser esclavos de Cristo y habla que el esclavo de los deseos carnales no heredará el reino de Dios tal como lo hace el que da frutos en Cristo. Estos no serán condenados por la ley si se dejan llevar por el Espíritu.
Comentario a los versículos 1-12
[editar]La libertad cristiana nace de la redención realizada por Cristo. Gracias a ella, el creyente busca la santidad impulsado por el Espíritu, sin que importe su origen ni las prácticas externas como la circuncisión. Lo esencial es la fe que actúa por medio de la caridad: una fe viva que une a Cristo y lleva al amor a los demás. Pablo se refiere a la fe sobrenatural que transforma interiormente y mueve a obrar el bien. La tradición cristiana distingue entre esta fe viva y la fe muerta, que no produce obras y no une plenamente a Cristo. Como enseña la Escritura, la fe sin obras está muerta (St 2,17).[48]
La fe, si no se le añade la esperanza y la caridad, ni nos une perfectamente con Cristo, ni nos hace miembros vivos de su Cuerpo. Por esta razón se dice con toda verdad que 'la fe sin las obras está muerta' y ociosa y que en Cristo Jesús no tienen valor ni la circuncisión ni la incircuncisión, sino la fe que actúa por la caridad.[49]
La caridad, a su vez, refleja la fe:
Cuando se pregunta si algún hombre es bueno —dice San Agustín—, no se averigua qué cree o espera, sino qué es lo que ama. Porque quien ama rectamente sin duda alguna también cree y espera rectamente; pero el que no ama, en vano cree, aunque sea verdad lo que cree (…). Por tanto, ésta es la fe de Cristo, que encarece el Apóstol, la que 'actúa por la caridad'.[50]
En estos versículos, Pablo recuerda a los gálatas el tiempo de su conversión y los alerta nuevamente contra quienes intentan confundirlos. Aun así, mantiene la esperanza de que volverán a la verdad del Evangelio que él les anunció. Sus opositores lo acusaban de seguir promoviendo la circuncisión, probablemente tomando como pretexto el caso de Timoteo, a quien circuncidó por razones pastorales. Pablo rechaza esta acusación: si realmente predicara la circuncisión, no sería perseguido ni la cruz seguiría siendo motivo de escándalo. Con ironía, sugiere que, si tanto valor dan a la circuncisión, que vayan más allá y se castren, aludiendo posiblemente a los rituales de la diosa Cibeles, muy extendidos en Asia Menor, donde la castración implicaba incluso la exclusión de la comunidad. Con esto, Pablo destaca lo absurdo de confiar en ritos externos para obtener la salvación.[51]
Comentario a los versículos 13-26
[editar]Para Pablo, la libertad cristiana no es libertinaje. La ley de Cristo da plenitud al Decálogo y muestra que su centro es el amor: amar a Dios implica necesariamente amar al prójimo.[52]
Puede también preguntarse por qué el Apóstol habla aquí sólo del amor al prójimo, con el cual dijo que se cumple la Ley (…), cuando en realidad la caridad sólo es perfecta si se viven los dos preceptos del amor a Dios y al prójimo (…). Pero ¿quien puede amar al prójimo, es decir, a todo hombre, como a sí mismo, si no ama a Dios, ya que sólo con su precepto y su don puede cumplir el amor al prójimo? De ahí que, como ambos preceptos no se pueden guardar uno sin otro, basta nombrar uno de ellos.[53]
La verdadera libertad consiste en avanzar hacia Dios, el fin último del ser humano. Se es libre cuando se vive guiado por el Espíritu, que fortalece para vencer las inclinaciones de la carne y produce frutos que superan lo que la Ley exige. Si no se sigue al Espíritu, se cae bajo el dominio de los deseos desordenados.[52]
Se dice que alguien vive según la carne cuando vive para sí mismo. En este caso, por “carne” se entiende todo el hombre. Ya que todo lo que proviene del desordenado amor a uno mismo se llama obra de la carne.[54]
Los frutos enumerados por el Apóstol son aquellos que el Espíritu Santo causa y comunica a los hombres justos, aun durante esta vida, y están llenos de toda dulzura y gozo, pues son propios del Espíritu Santo, que “en la Trinidad es el amor del Padre y del Hijo y que llena de infinita dulzura a todas las criaturas”[55]
Capítulo 6
[editar]Sorprende que en una carta donde la ley no ha sido considerada precisamente como algo positivo, ahora se hable de ley de Cristo. ¿Qué ley es esta que Pablo atribuye a Cristo y a la que alude en otros pasajes de sus cartas?[56][57] Puede decirse, por supuesto, que la ley de Cristo es simple y pura y que es simplemente el Amor. Pero, dando un paso más, puede también decirse que la ley de Cristo es el propio Cristo en cuanto que se ha hecho para nosotros modelo y norma suprema de conducta.
Comentario a los versículos 1-10
[editar]Pablo reafirma que la ley de Cristo es el amor, en plena sintonía con la enseñanza de Jesús:
Jesús hace de la caridad el mandamiento nuevo. Amando a los suyos “hasta el fin”, manifiesta el amor del Padre que ha recibido. Amándose unos a otros, los discípulos imitan el amor de Jesús que reciben también en ellos.[58]
Pablo enseña que la corrección fraterna es una expresión de amor. Debe realizarse con suavidad y humildad, buscando el bien del hermano y recordando la propia fragilidad.[59]
Nunca ha de tomarse el cuidado de reprender el pecado ajeno, sino cuando, después de examinar nuestra conciencia con preguntas internas, nos respondemos delante de Dios, sin titubeos, que lo hacemos por amor.[60]
Pablo exhorta a llevar las cargas de los demás como signo de caridad, sin descuidar las responsabilidades personales.
La caridad, que es como un generoso desorbitarse de la justicia, exige primero el cumplimiento del deber: se empieza por lo justo; se continúa por lo más equitativo…; pero para amar se requiere mucha finura, mucha delicadeza, mucho respeto, mucha afabilidad: en una palabra, seguir aquel consejo del Apóstol: llevad los unos las cargas de los otros, y así cumpliréis la ley de Cristo (Ga 6,2). Entonces sí: ya vivimos plenamente la caridad, ya realizamos el mandato de Jesús.[61]
Pablo recuerda que el tiempo de merecer acaba con la muerte y subraya la importancia de vivir justamente, porque «lo que uno siembra, eso cosecha». La metáfora de la siembra, aplicada a la vida espiritual, es recurrente en la Biblia y llena de significado.[62]
Había dicho que hacer bien era sembrar; y en el sembrar, de presente no hay sino pérdida: deshacerse el hombre de la hacienda que posee por la que espera. Alude a la misma metáfora, y dice que no desfallezcamos, que no desmayemos haciendo bien, que esperemos en Dios.[33]
Comentario a los versículos 11-18
[editar]La carta concluye con palabras escritas de puño y letra por Pablo, como era costumbre añadir tras el dictado al secretario. Antes de despedirse, resume su enseñanza y desenmascara a quienes perturbaban a los gálatas. Pablo reconoce que el mensaje de Cristo crucificado era escándalo para los judíos y locura para los paganos, pero precisamente en la cruz está la esencia de la predicación apostólica, fuente de vida y salvación eterna. Mientras los judaizantes se enorgullecían de la circuncisión, Pablo señala que la verdadera señal de gloria es la cruz de Jesucristo, signo de la Nueva Alianza y de la redención. Lejos de ser locura, la cruz es fuerza y sabiduría de Dios.
Siguiendo este pensamiento, la tradición cristiana ha escrito numerosas expresiones de piedad en honor a la cruz, como muestra una homilía pascual del siglo II de autor desconocido.
Cuando me sobrecoge el temor de Dios, la Cruz es mi protección; cuando tropiezo, mi auxilio y mi apoyo; cuando combato, el premio; y cuando venzo, la corona. La Cruz es para mí una senda estrecha, un camino angosto: la escala de Jacob, por donde suben y bajan los ángeles, y en cuya cima se encuentra el Señor. [63]
Y Anselmo de Canterbury, sobre este mismo tema dice:
¡Oh Cruz, que has sido escogida y preparada para bienes tan inefables!, eres alabada y ensalzada no tanto por la inteligencia y la lengua de los hombres, ni aun de los ángeles, como por las obras que gracias a ti se realizaron. ¡Oh Cruz, en quien y por quien me han venido la salvación y la vida, en quien y por quien me llega todo bien!, Dios no quiera que yo me gloríe si no es en ti.[64]
Y Edith Stein escribe:
El alma fue creada para la unión con Dios mediante la Cruz, redimida en la Cruz, consumada y santificada en la Cruz, para quedar marcada con el sello de la Cruz por toda la eternidad.[65]
La expresión «nueva criatura», aclara Tomás de Aquino, que indica que la gracia divina supera cualquier esfuerzo humano: así como todo existe por haber sido creado, el hombre vive en el ámbito sobrenatural al ser «creado de nuevo» en Cristo.
Hemos sido creados y hemos recibido el ser natural por medio de Adán; pero aquella criatura ya había envejecido, se había corrompido, y por esto el Señor, al hacernos y al constituirnos en el estado de gracia, obró una especie de criatura nueva. (…). Así pues, por medio de la nueva criatura, es decir, por la fe en Cristo y por el amor de Dios, que ha sido derramado en nuestros corazones, somos renovados y nos unimos a Cristo.[66]
Referencias
[editar]- ↑ Gálatas 4:13
- ↑ Gálatas 1:6-9
- ↑ Gálatas 1:1
- ↑ Gálatas 1:2
- ↑ Gálatas 1:3
- ↑ Gálatas 1:4
- ↑ Romanos 1:7
- ↑ 1 Corintios 1:3
- ↑ 2 Corintios 1:2
- ↑ Filipenses 1:2
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- ↑ Filemón 1:3
- ↑ Universidad de Navarra. Cátedra de Teología. Comentarios a la Sagrada Biblia. p. 10128. EUNSA Editorial
- ↑ Universidad de Navarra. Cátedra de Teología. Comentarios a la Sagrada Biblia. p. 10129. EUNSA Editorial
- ↑ Concilio Vaticano II, Dei Verbum, n. 4
- ↑ Pablo VI, Evangelii nuntiandi, n. 78
- ↑ Gálatas 1:11-18
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- ↑ Agustín de Hipona; Expositio in Galatas 57
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- ↑ Universidad de Navarra. Cátedra de Teología. Comentarios a la Sagrada Biblia. p. 10156. EUNSA Ediciones Fuentes
- ↑ Autor desconocido; siglo II
- ↑ Anselmo de Canterbury; Meditationes et orationes 4
- ↑ Edith Stein Ciencia de la Cruz 337
- ↑ Tomas de Aquino; Super Galatas, ad loc.
Bibliografía
[editar]- Den Heyer, C.J.: Pablo, un hombre de dos mundos. Ediciones El Almendro. ISBN 84-8005-061-6.
- Bart D. Ehrman: Simón Pedro, Pablo de Tarso y María Magdalena. Editorial Crítica. Barcelona 2007. ISBN 978-84-8432-889-6
Véase también
[editar]- Pablo de Tarso
- Hechos de los Apóstoles
- Epístolas paulinas:
- Epístola a los romanos
- Primera epístola a los corintios
- Segunda epístola a los corintios
- Epístola a los efesios
- Epístola a los filipenses
- Epístola a los colosenses
- Primera epístola a los tesalonicenses
- Segunda epístola a los tesalonicenses
- Primera epístola a Timoteo
- Segunda epístola a Timoteo
- Epístola a Tito
- Epístola a Filemón
- Epístola a los hebreos
- Frutos del Espíritu Santo
Enlaces externos
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- Texto griego en Wikisource.
- Texto griego en el sitio de la Bibliotheca Augustana (Augsburgo).
- Versión Reina-Valera (1602): texto español en Wikisource.
- Versión Reina-Valera (1909): texto español en Wikisource.
- Versión Biblia de Jerusalén (1998): Epístola a los gálatas (en español, en línea, con concordancia).