Ente Autárquico Mundial '78

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El Ente Autárquico Mundial 78 fue una entidad creada en 1976 por la Junta militar en la dictadura militar que gobernó en la Argentina entre 1976 a 1983 con el fin de organizar la Copa Mundial de Fútbol de 1978. La organización del del campeonato un costo diez veces mayor previsto al inicio. El primer presidente del comité fue fusilado, según se sospecha, por su sucesor.[1]

Tras el golpe de Estado que derrocó a la presidenta, el gobierno militar creó el Ente Autárquico, comandado primero por el general Omar Actis. Tras su asesinato en turbias circunstancias el 19 de agosto de 1976, en un hecho en cuya autoría se sospechaba que podría estar implicada la Armada Argentina, Lacoste lo reemplazó en la ejecutiva, si no en el liderazgo formal, puesto a cargo del general Antonio Merlo. Los preparativos se habían iniciado apenas después del golpe del 76, cuando la Junta de Comandantes aceptó la idea del jefe de la Armada, Emilio Eduardo Massera, de poner en marcha el "Operativo Copa del Mundo de 1978".[2]

La gestión de Carlos Alberto Lacoste estuvo rodeada de secreto, en parte gracias al decreto 1261/77, que permitía que el EAM '78 pudiera atenerse a la reserva en su gestión. De los 517 millones de dólares estadounidenses de la época que el Mundial costó —más del cuádruple del costo declarado por España para la organización de la edición de 1982— se ignora la administración, pues nunca se dispuso de un balance contable del mismo. La organización del campeonato un costo diez veces mayor previsto al inicio. Las internas de los militares incidieron en esto. El primer presidente del comité fue fusilado, años después el propio Lacoste fue acusado como instigador del crimen.[3] El EAM 78 contrató los servicios de la empresa de seguridad Juncadella y los de la empresa norteamericana Burson-Marsteller y Asociados, especializada en el mejoramiento de la imagen de gobiernos.[4] El 21 de junio de 1978 estalló una bomba en la casa del secretario de Hacienda de Juan Alemann, que días atrás había cargado duramente contra Carlos Lacoste y los despilfarros en la organización mundialista. El Mundial le salió a la Argentina unos 517 millones de dólares, 400 más que los pagados por España en la siguiente edición de 1982 y fue considerado como un "monumento a la corrupción".[5]

Investigaciones judiciales posteriores[editar]

Investigación sobre posible enriquecimiento ilícito[editar]

El empresario y ex secretario de Hacienda, Juan Alemann, denunció en 1982 que el Vicealmirante Carlos Alberto Lacoste había "dilapidado dinero" y que no había presentado la liquidación final del Ente Autárquico Mundial '78. Aunque estos entredichos entre el militar (se cree que Lacoste habría sido el autor intelectual de un atentado con artefacto explosivo en el domicilio de Juan Ernesto Alemann mientras se disputaba el Mundial de fútbol de 1978) y el empresario eran frecuentes por la supuesta falta de transparencia en el manejo de fondos.[6]

La Cámara Federal de Buenos Aires consideró que Carlos Alberto Lacoste nunca suministró explicaciones suficientes y satisfactorias sobre cómo su patrimonio económico haya podido incrementar en un total de 443% entre los años 1977 y 1979, tal como denunció la fiscalía nacional en 1984. Fue además procesado por administración fraudulenta como funcionario público.[7] [8]

Propaganda antiargentina[editar]

Lacoste lideró la acción de propaganda estatal que desplegó el gobierno militar durante el Mundial Argentina 1978, que ganó el país en medio de una salvaje política de represión.[9] La campaña antiargentina fue una estrategia publicitaria que la dictadura cívico-militar que llevó a cabo antes y durante la celebración del Mundial de fútbol de 1978 como respuesta a las denuncias por las sistemáticas y masivas violaciones a los Derechos Humanos, diciendo que no había violaciones a los derechos humanos, que en el país existía total libertad, y que los desaparecidos sería invento de exiliados antiargentinos. Para montar la misma se utilizaron a los medios de comunicación masivos (la revista Para ti, por ejemplo, repartió entre sus lectores postales destinadas a ser enviadas al extranjero, bajo el lema «Argentina toda la verdad»), una significativa inversión de dinero público que se utilizó para sufragar material publicitario. En particular la campaña propagandista del gobierno de facto contó con la complicidad y el apoyo de los diarios Clarín La Nación, La Prensa y las revistas de la Editorial Atlántida, los tres primero grupos empresarios ampliamente beneficiados por expropiación ilegal de Papel Prensa y la obtención de fondos millonarios.[10]

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]