El barril de amontillado (Poe)

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El barril de amontillado
de Edgar Allan Poe Ver y modificar los datos en Wikidata
CaskofAmontillado-Clarke.jpg
Ilustración de El barril de amontillado por Harry Clarke, 1919.
Género Cuento de terror Ver y modificar los datos en Wikidata
Idioma Inglés Ver y modificar los datos en Wikidata
Título original The Cask of Amontillado
Texto original The Works of the Late Edgar Allan Poe/Volume 1/The Cask of Amontillado en Wikisource
Editorial
País Estados Unidos Ver y modificar los datos en Wikidata
Fecha de publicación 1846 Ver y modificar los datos en Wikidata
Texto en español El barril de amontillado en Wikisource
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El barril de amontillado (título original en inglés: "The Cask of Amontillado"), también conocido como "El tonel de amontillado", es un cuento del escritor estadounidense Edgar Allan Poe publicado por primera vez en 1846.

Argumento[editar]

En plenos carnavales de alguna ciudad italiana del siglo XIX, Montresor busca a Fortunato con ánimo de vengarse de una pasada humillación. Al hallarlo ebrio, le resulta fácil convencerlo de que lo acompañe a su palazzo con el pretexto de darle a probar un nuevo vino. Lo conduce a las catacumbas de la casa, y allí consuma su venganza.

Análisis[editar]

"El barril de amontillado" es uno de los relatos de la etapa final en la vida de Poe (1846), escrito sólo poco tiempo antes del inicio de su declive definitivo, marcado por la muerte de su mujer, Virginia Clemm, en enero de 1847. Una primera lectura de "El barril de amontillado" ya nos revela dos aspectos fundamentales. El primero, su perfección narrativa: el autor en ese momento era dueño de todas las herramientas y resortes de su oficio; el segundo, que había culminado en él un largo proceso de desencanto vital y degradación moral, si bien esto último, evidentemente, no iba en menoscabo de la excelencia artística, sino más bien al contrario.

Es la historia de una horrible venganza, si es que alguna no lo es. ¿Qué pudo mover al autor a su composición? Nos encontramos, desde luego, a años luz del muchacho genial que había escrito vaporosos poemas románticos en los que retrataba un mundo ideal de palacios encantados y bellísimas heroínas ultraterrenas. La maligna inteligencia, el humor negro, la punzante ironía, y hasta el sadismo gratuito en la conducta del vengador Montresor, revelarían en su autor, probable aunque no necesariamente (pero hemos de tener en cuenta, decimos, el momento y las circunstancias en que el relato fue escrito), grandes dosis de dolor y frustración mal asimilados, una aguda conciencia de fracaso, así como, acaso, la voluntad de dejar al porvenir algún terrorífico mensaje subliminal, y todo bajo un tratamiento acusadamente alegórico.

Barriles de amontillado en una bodega.

Por el tema de la venganza, por el personaje del bufón y alguna otra coincidencia, existe otro relato del final de su carrera que es hermano de éste. Se trata de "Hop-Frog", uno de los últimos que escribió, y en el que un Poe ya definitivamente cansado y desairado por la vida y sus penurias, y no poco por sus críticos —aquellos que le criticaban y a los que él mismo había vilipendiado de lo lindo—, se aparta voluntariamente de sus grandes hazañas artísticas e intelectuales —de la invención del relato policial y el de ciencia-ficción, de "El coloquio de Monos y Una" y "El poder de las palabras", con su apabullante metafísica sensible, del admirable muestrario del horror por el horror que representan "El gato negro", "La verdad sobre el caso del señor Valdemar", "El pozo y el péndulo" o "El corazón delator"—, para entregarse nuevamente, como en "El barril de amontillado", a un lamentable, aunque en modo alguno torpe, simulacro de revancha contra el mundo, la única finalmente en su mano.

Se conocen muchas y variadas interpretaciones, incluso psicoanalíticas (son sumamente habilidosas las debidas a la tratadista freudiana Marie Bonaparte), tendentes a interpretar la venganza del malvado Montresor. De lo menos que ha sido calificado el personaje en sí mismo, así como el autor por inventarlo, es de loco, sociópata o degenerado. Pero todas esas interpretaciones dejan fuera lo más importante, por tratarse de una obra literaria: las indudables virtudes artísticas, tanto de estilo como de estructura narrativa (una expresión que seguramente a Poe le hubiese agradado), que atesora el relato.

"El barril de amontillado" es un cuento maestro del género de suspense. No se puede ser más moderno en 1846. Tampoco puede generarse tanto dramatismo con tan pocos recursos, con elementos tan ligeros, con una concisión tan acusada. En cuanto a la musicalidad, una faceta de los relatos de Poe que no se ha estudiado suficientemente, debe destacarse la gran habilidad con que delineaba el escritor las curvas de interés dramático, la atenuación, el tempo llano, el crescendo, hasta la culminación y el clímax; en el caso que nos ocupa, más bien una vía muerta.

“El barril de amontillado” trata de la venganza de Montresor a Fortunato. Montresor, cansado de injurias de Fortunato, explota cuando éste, deducimos, insulta al apellido de su familia. Decide tomar revancha en plena locura de carnaval y elabora un plan para, finalmente, cometer su tan ansiado propósito y limpiar su honra. Mientras tanto, Montresor utiliza como máscara la sonrisa fingida (elemento carnavalesco) para no levantar sospechas en Fortunato, de lo que pretendía hacer. Montresor sabía que el punto débil de Fortunato era su sinceridad en cuanto se trataba de vino. Al momento del encuentro, en la descripción de la vestimenta se aprecian las disparidades carnavalescas, ya que la ropa que estaban utilizando no era la habitual de todos los días. Fortunato estaba vestido de payaso y en su traje se podían apreciar cintas de colores. Además, en el relato se detalla que él estaba coronado con un sombrerillo cónico adornado con cascabeles (Coronación burlesca). Una característica del carnaval es el “mundo al revés” y en el texto puede manifestarse cuando, en el momento en el que efectivamente Fortunato y Montresor se encuentran, este último le dice: “Pero ¡qué buen aspecto tiene usted hoy!”. Por otro lado, también debemos mencionar que en esta parte del relato se manifiesta el cronotopo del encuentro y el camino. Luego Montresor comienza a tentar a Fortunato diciéndole que había recibido un barril de amontillado. Cuando Montresor se deja llevar a su palazzo por Fortunato, se coloca un antifaz de seda negra, aquí tenemos el enmascaramiento nuevamente, pero esta vez, explícito. Pudimos notar un contraste entre la vestimenta colorida de Fortunato y el antifaz negro de Montresor, reflejando, quizás las verdaderas intenciones oscuras y sombrías de este. Al llegar al palazzo, los criados no se encontraban allí (igualdad de jerarquía). Montresor y Fortunato se dirigen hacia la bodega, que anteriormente era un cementerio subterráneo (profanación). Para llegar a esta última, debían descender por un abovedado pasaje (catábasis). Es entonces, cuando se hace presente el cronotopo del “umbral” en el que se desarrolla el resto del cuento y, por ende, es el cronotopo predominante. Durante el trayecto, en la búsqueda del amontillado, Fortunato comienza a toser y Montresor, mediante elogios, le ofrece la oportunidad de volver en varias ocasiones. No obstante, Fortunato se niega a todas ellas y quiere seguir el camino a pesar de su malestar, “No me matará. No me moriré de tos”, dice el personaje a modo de premonición. Montresor se encarga de que Fortunato esté lo menos ebrio posible. A modo de burla implícita, Montresor brinda por la larga vida de Fortunato. Posteriormente, Montresor habla del escudo de armas de su apellido, el que lleva la inscripción “nemo me impune lacessit” (nadie me hiere impunemente), haciendo otra de las tantas advertencias. Este recurso llamado “puesta en abismo” se refiere a un elemento que nos anticipa el contenido de todo el relato, en este caso es la divisa del apellido Montresor mencionada anteriormente. En las catacumbas, hasta llegar a la última cripta, se puede apreciar una constante catábasis: “Pasamos por debajo de una serie de bajísimas bóvedas, bajamos, avanzamos luego, descendimos después y llegamos a una profunda cripta”. En una oportunidad, Montresor le muestra a Fortunato una paleta de albañil, signo de su “pertenencia” a la masonería y, por otro lado, Fortunato levanta su antorcha “casi consumida”. Ambas situaciones pueden entenderse como una advertencia y un anticipo del fatal desenlace que le espera. El destronamiento se da, en el gemido apagado que Fortunato produce luego de ser encadenado, demostrando un cambio de estadío emocional que lo evidencia. Este último emitía carcajadas e insistía en que todo se trataba de una broma (risa carnavalesca). En un momento Fortunato dejó de reírse, ya no contestaba ante los llamados de Montresor y este introdujo una antorcha que dejó caer en el interior de donde había dejado encerrado a Fortunato. Suponemos que se trata del fuego carnavalesco, que aniquila y renueva el mundo, ya que al terminar Montresor con su trabajo de albañilería, todo sigue como estaba antes: “Durante medio siglo, nadie los ha tocado.”

Anecdotario[editar]

El cuento de "El barril de amontillado", entre otros, sirvió de inspiración al músico Eric Woolfson para la composición de su disco junto con Alan Parsons : Tales of Mystery and Imagination.

Además el escritor de ciencia-ficción Ray Bradbury hace referencia a este cuento en varios de sus escritos, destacando "Pilares de fuego" y "Usher II".

También el grupo de Metal industrial Rammstein hizo la canción Stein um stein basándose en este relato.

En el DLC Dead Money del juego Fallout: New Vegas en una terminal se hace referencia a este cuento por la forma en que pretende consumar su venganza Sinclair contra Dean Domino.

Bibliografía[editar]

  • Llopis, Rafael (2013). Historia natural de los cuentos de miedo (con José L. Fernández Arellano). Madrid: Fuentetaja. ISBN 978-84-95079-38-1. 

Enlaces externos[editar]