El patrullero 777

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El patrullero 777 es una película de comedia mexicana de 1978 dirigida por Miguel M. Delgado y protagonizada por Cantinflas, Ana Bertha Lepe y Valeria Pani. Esta película concluye la trilogía suelta en torno al personaje del Patrullero 777, quien apareció por primera vez en El gendarme desconocido (1941) y reapareció en El bombero atómico (1952), aunque la única conexión entre las tres películas es que el personaje de Cantinflas es llamado Patrullero 777.

Argumento[editar]

El sargento Diógenes Bravo (Cantinflas) es el Patrullero 777, miembro de la policía de la Ciudad de México que recorre las calles de la ciudad con la intención de prestar un servicio a la sociedad. Es un personaje destacable dentro del cuerpo de policía que aplica la ley con un alto sentido de la honestidad, pero debido a su forma muy particular de solucionar problemas, es reprendido regularmente por su superior, el mayor Malagón (Wolf Ruvinskis). En el cumplimiento de su deber, se encuentra con un grupo de prostitutas, entre las que se destacan Claudia Loza «La clarines» (Ana Bertha Lepe) y Guadalupe «La Pingüis» (Valeria Pani). El patrullero y su pareja policial (Julio Alejandro Lobato) se ven inmiscuidos con una banda de narcotraficantes liderada por «El Johnny» (Ramón Menéndez), la cual explota a las prostitutas.

Hay muchas otras historias que en el transcurso de la película, como carreras de alta velocidad efectuadas por jóvenes ricos capitalinos en plena vía pública y que terminan en desgracia, y el robo en una fiesta de la alta sociedad. Hay otros pasajes tan cómicos como incidentales como aquel en el que, patrullando en la noche, el patrullero se detiene a dar una serenata, o cuando atiende un caso de violencia doméstica en el que es la esposa (Ofelia Guilmáin) la que golpea a su marido, y en el cual el patrullero tiene que salir corriendo antes de que la señora termine golpeándolo a él también, pasando por atender un parto por primera vez y a falta de que llegue la ambulancia logra salir indemne de la situacion, y hasta un intento de suicidio en el cual tiene que subirse a la cornisa de un edificio para rescatar al suicida (Fernando Luján).

En el clímax de la película, el patrullero y su compañero detienen cerca de la calzada de Tlalpan a una peligrosa banda que transportaba armamento de alto poder y el cual es decomisado por los elementos, el cual incluye granadas. Posteriormente, «La Pingüis» brinda información al patrullero sobre una operación ilegal, a la cual llegan siendo recibidos por un tiroteo en el que resulta herido. Para evitar el escape de los delincuentes, el patrullero asesta un golpe final usando una de las granadas decomisadas para hacer estallar y ultimar un camión lleno de droga y a su conductor. El patrullero es felicitado por sus superiores y la película termina en una ceremonia formal en la que es ascendido a Teniente, con el contingente activando las sirenas de sus vehículos en señal de respeto.

Reparto[editar]

Recepción[editar]

En Cantinflas and the Chaos of Mexican Modernity, el profesor Jeffrey M. Pilcher cuestionó la idea de la película retratara positivamente a la policía (o por lo menos al policía interpretado por Cantinflas), señalando que en ese momento, la corrupción dentro de la policía de la Ciudad de México alcanzó nuevas alturas bajo la jefatura de Arturo "El Negro" Durazo, quien fue acusado en los Estados Unidos por tráfico de drogas, y acusó a Cantinflas de «vender patéticamente su viejo y querido personaje de gendarme a la élite del poder».[1]​ Pilcher declaró que «la ironía no se perdió en las reseñas», citando que las reseñas de la época describieron la película como «una contribución a hacer que los abominables y temidos 'azules' [como se apoda a la fuerza policial de la capital] parezcan comprensivos».[1]​ Con respecto a la actuación de Cantinflas, Pilcher declaró: «Habiéndose puesto grueso en el medio a la edad de sesenta y seis años, le quedaba mal el uniforme de la policía; los pantalones caídos se habían vuelto completamente impensables. Pero los años avanzados no le impidieron llevar a cabo sus deberes de dar golpes de karate a narcotraficantes, rescatar a mujeres caidas y dar discursos a hippies».[1]​ Tanto Carlos Monsiváis en Los ídolos a nado como Joanne Hershfield y David R. Maciel en Mexico's Cinema: A Century of Film and Filmmakers consideraron que en la película «queda constancia del imposible retorno a la vehemencia de El gendarme desconocido».[2][3]

Referencias[editar]

  1. a b c Pilcher, p. 202
  2. Monsiváis, p. 101
  3. Hershfield & Maciel, p. 64

Bibliografía[editar]

  • Pilcher, Jeffrey M. Cantinflas and the Chaos of Mexican Modernity. Rowman & Littlefield, 2001.
  • Monsiváis, Carlos. Los ídolos a nado: Una antología global. Penguin Random House Grupo Editorial España, 2011.
  • Hershfield, Joanne; Maciel, David R. Mexico's Cinema: A Century of Film and Filmmakers. Rowman & Littlefield, 1999.

Enlaces externos[editar]