El padrecito

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El padrecito es una película cómica mexicana estrenada en 1964, protagonizada por Cantinflas, producida por Posa Films S. A. y distribuida internacionalmente por Columbia Pictures. Fue dirigida por Miguel M. Delgado y filmada en San Miguel de Allende, Bandera de Guanajuato Guanajuato.

Elenco[editar]

Actor Personaje
Cantinflas Padre Sebastián
Ángel Garasa Padre Damián
Angelines Fernández Sara (hermana del padre Damián)
Rosa María Vázquez Susana (sobrina del padre Damián)
José Elías Moreno Don Silvestre Manzanos
Rogelio Guerra Marcos (hijo de don Silvestre)
Florencio Castelló Don Nicanor (cantinero)
Jorge Russek Matías (pistolero de don Silvestre)
Denise Lebre Niña en la plaza de toros (sin créditos)
Jesús Barrero Niño en el coro

Sinopsis[editar]

Llega el Padre Sebastián, enviado a ayudar al anciano Padre Damián en sus funciones sacerdotales. El padre es recibido de manera hostil por el pueblo, sobre todo por doña Sara, la hermana del Padre Damián, quien trata hacerle la vida imposible, convencida de que fue enviado a reemplazarle en la parroquia.

El Padre Sebastian no tarda en hacerse notar por ser una persona muy respondona y muy abierta al negarse al bautizar a un bebé por el nombre que querían ponerle, negarse al darle las amonestaciones a una pareja, bailar en el campanario y sobre todo por jugar a la baraja, a los dados y al balero por diferentes razones, creando situaciones muy jocosas.

Don Silvestre es el principal antagonista por lo cual tiene mucha influencia sobre el pueblo y se considera "ateo". Choca continuamente con el Padre Sebastián a tal grado de empeñarse a echarlo del pueblo debido a que lo considera una mala influencia sobre el pueblo, a quienes tiene una total influencia sobre los trabajadores y quienes deben exigir sus derechos, cosas que le ocasionan problemas a Don Silvestre. Las cosas continúan mal cuando le hacen pasar varias situaciones para correr al Padre Sebastián, pero sin éxito tales como jugarle una broma sobre una extremaunción a una mujer enferma y sabotearle una corrida de toros que seria útil para el construir el dispensario, el cual era el mayor sueño del Padre Damián.

Por otra parte Susana, una joven humilde, de buenos sentimientos y sobrina del Padre Damián esta perdidamente enamorada de Marcos hijo de Don Silvestre, pero a contrario de Susana el solo esta con ella por ser la única mujer a la que no ha conquistado siguiendo su actitud de mujeriego. Susana es designada por el Padre Sebastián como maestra de una pequeña escuela convirtiéndose en una aliada de este.

Posteriormente las ideas del Padre Sebastián comienzan a tener cierta influencia sobre el pueblo por el hecho de que a los hombres hay que motivarlos a ir a misa con gusto y no con pena, ni mucho menos por penitencia, cosas por las que el Padre Damián comienza a notar las virtudes del Padre Sebastián, sobre todo cuando el mismo se ofrece a realizar el papel de torero cuando Don Silvestre soborna a "El Moreliano"(un torero que había contratado el Padre Sebastián) para ausentarse en las fiestas de la parroquia y así evitar perder el dinero que serviría para el dispensario.

Ahí es cuando el Padre Damián, doña Sara y todos los demás empiezan finalmente a ver las buenas intenciones del Padre Sebastián, quien en lugar de ser su enemigo les tendió la mano, sin embargo anteriormente habían enviado una carta al Arzobispado de México pidiendo su salida del pueblo. Sin poder evitar el envío de la carta deciden asaltar el correo para recuperar la carta.

Pasado todo lo anterior, Marcos finalmente comprende que ama a Susana y le pide perdón formalizando su relación con ella y termina rebelándose contra Don Silvestre, lo que provoca que le escriba una carta al Padre Damián negándose a cederle el terreno para la construcción del dispensario, cosa que lo deja deprimido.

Entonces decide el Padre Sebastián retar a Don Silvestre a jugar a la baraja con la condición que si el Padre Sebastián perdiera, deberá abandonar el pueblo y terminar la relación de Susana y Marcos. Pero si perdiera Don Silvestre, éste deberá donar el terreno para el dispensario y aprobar la boda de su hijo. Ese juego lo termina ganando el Padre Sebastián, haciendo que Don Silvestre cumpla la apuesta, más el favor de hacer creer al Padre Damián que fue por voluntad propia, a petición del Padre Sebastián, alegando que eso haría feliz a Marcos por ser su hijo. Don Silvestre comprende finalmente que el Padre Sebastián nunca fue su enemigo.

Tiempo después llega al pueblo el Padre Juan José Romero, Visitador de la Mitra de México, a notificarle al Padre Sebastián, que éste se haría cargo de la parroquia, aunque implicara una gran tristeza para el Padre Damián. Sin embargo, el Padre Sebastián se las arregla para convencer al Visitador de que no es tiempo de cambiar de sacerdote proponiéndole varias ideas revolucionarias, que van en contra de las ideas de la Iglesia en aquella época, lo cuál le acarrea retirarse del pueblo, para regresar al Diaconato a formarse unos años más y aclarar sus ideas.

Finalmente, el Padre Sebastián se retira del pueblo, siendo despedido por todos, quienes al principio lo odiaban, incluyendo Don Silvestre, dejando cariño en todo el pueblo estando seguros de que algún día lo volverán a ver.

A manera de epílogo, el Padre Juan José le revela al Padre Sebastián la verdad: que el Visitador no se creyó las ideas del Padre Sebastián, que el hecho de que el Padre Damián se quedara en el pueblo fue decisión del Padre Juan José y que el Padre Sebastián no regresaría al Diaconato, sino que iría a otra parroquia a ayudar a otro sacerdote que está muy anciano, porque él sabe "inyectarles juventud".

Crítica[editar]

Los críticos vieron en la película en general, como es típico de las últimas películas de Cantinflas, una función moralizante delgada en la originalidad. Sin embargo, algunos encuentran los temas religiosos que indican el espíritu de América Latina: «el catolicismo». El Papa Juan XXIII, llamado el Concilio Vaticano II tan sólo dos años antes, y Moreno parece ser que abarca las reformas que se propugnan como el remedio para la pobreza de México. Algunos acusaron a Moreno de burlarse de la fe y el sacerdocio, pero le aseguró a su audiencia que su «mensaje solo sería positivo, constructivo, feliz, humano, cristiano.» El contingente latinoamericano de los seminaristas de Roma al parecer, compartía su evaluación, y le escribió una carta de agradecimiento.

Fuente[editar]

Advertencia: la clave de ordenamiento predeterminada «Padrecito, El» anula la clave de ordenamiento anterior «Padrecito, el».