El estudio de China

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda

El estudio de China es un libro sobre nutrición escrito por T. Colin Campbell, profesor emérito de Bioquímica Nutritiva de la Universidad Cornell, junto con su hijo Thomas M. Campbell II. Se publicó en los Estados Unidos en enero de 2005 y se editó en lengua española en el año 2012. Hoy se ha convertido en uno de los libros sobre nutrición más vendidos, alcanzando más de un millón de copias a fecha de octubre de 2013.

El Estudio de China examina la relación entre el consumo de productos de origen animal (incluidos los lácteos) y una serie de enfermedades crónicas como cardiopatías isquémicas, diabetes, cáncer de mama, de próstata y colorrectal. Los autores concluyen que las personas con una dieta a base de alimentos integrales vegetales —que prescindan de los productos de origen animal, es decir, de todo tipo de carnes, pescado, huevos, leche y derivados lácteos, y que limiten la ingesta de alimentos procesados y carbohidratosrefinados— evitarán, reducirán o invertirán el desarrollo de numerosas enfermedades.

También recomiendan la exposición al sol o suplementos dietéticos para mantener unos niveles adecuados de vitamina D, así como suplementos de vitamina B12 en el caso de prescindir completamente de productos de origen animal. Critican las dietas bajas en carbohidratos, como la dieta Atkins, que incluyen restricciones en el porcentaje de calorías derivadas de los hidratos de carbono lo que produce una reducción de los beneficios de los carbohidratos complejos. Asimismo critican las aproximaciones reduccionistas en los estudios de nutrición, según las cuales determinados nutrientes son los desencadenantes de una enfermedad en lugar de estudiar los patrones de nutrición y las interacciones entre nutrientes.

El libro se basa en líneas generales en los hallazgos del Proyecto China-Cornell-Oxford, un estudio efectuado durante 20 años y realizado conjuntamente por la Academia China de Medicina Preventiva, la Universidad Cornell y la Universidad de Oxford. T. Colin Campbell fue uno de los directores del estudio. Se analizaron los índices de mortalidad derivados del cáncer y de otras enfermedades crónicas, desde 1973 hasta 1975, en 65 condados rurales de China. Posteriormente, se trazó la correlación de estos datos con los obtenidos en una serie de encuestas sobre dietas y con los análisis de sangre efectuados a 100 personas en cada condado. Las investigaciones se desarrollaron en condados con una población genéticamente muy similar y en donde los individuos habían vivido y se habían alimentado del mismo modo desde hace generaciones. El estudio concluyó que en los condados con un elevado consumo de alimentos de origen animal, en 1983–1984, existían mayores probabilidades de fallecer por enfermedades "occidentales" que en los años 1973–1975. Lo contrario sucedía en los condados en donde la ingesta de productos de origen vegetal era mayor.

Argumentos y pruebas[editar]

Supuestas desinformaciones sobre nutrición[editar]

Los autores señalan que la mayor parte de la confusión, aunque no toda, se crea a partir de medios legítimos pero que se extienden a través de personas bienintencionadas y confiadas, tanto investigadores como políticos y periodistas, y que hay industrias muy poderosas que podrían perder mucho si los norteamericanos adoptasen una dieta completamente vegetal. Indican igualmente que estas industrias hacen todo lo que está en su poder para proteger sus beneficios y los de sus accionistas.

Argumentan que varios estudios anteriores sobre nutrición (en especial el Estudio de Salud de las Enfermeras, iniciado en 1976) son defectuosos porque se centran en analizar los efectos de cantidades variables de nutrientes individuales sobre personas que siguen una dieta uniforme basada en productos de origen animal. Según su opinión, difícilmente puede hallarse una investigación que más daños haya causado en el ámbito de la nutrición que el citado estudio y que debería servir como ejemplo de lo que no debe hacerse.

Ocho principios sobre alimentación y salud[editar]

Los autores describen sus ocho principios sobre la alimentación y la salud:

  1. La nutrición representa las actividades combinadas de innumerables sustancias alimenticias. El todo es más que la suma de las partes.
  2. Los suplementos vitamínicos no son una panacea para la buena salud.
  3. Prácticamente no existen nutrientes en los alimentos de origen animal que no puedan proporcionarnos las plantas de una forma más sana.
  4. Los genes, por sí solos, no determinan una enfermedad. Funcionan únicamente cuando son activados, o expresados, y la nutrición desempeña un papel esencial para determinar cuáles son los genes expresados, sean favorables o desfavorables.
  5. La nutrición puede controlar sustancialmente los efectos adversos de los compuestos químicos tóxicos.
  6. La misma nutrición que previene la enfermedad en sus estadios más tempranos (antes del diagnóstico) puede también detenerla o revertirla en sus estadios más avanzados (después del diagnóstico).
  7. La nutrición que es benéfica para una enfermedad crónica promoverá la buena salud en general.
  8. La buena nutrición promueve la salud en todas las áreas de nuestra existencia. Todas las partes están interconectadas.

Antecedentes del Proyecto China-Cornell-Oxford[editar]

El Proyecto China-Cornell-Oxford —"Estudio China-Oxford-Cornell sobre dieta, estilo de vida y mortalidad según tipos de enfermedades en 65 condados rurales de China"— es un extenso estudio sobre la dieta y el estilo de vida en relación con la mortalidad por distintas enfermedades en China. El estudio compara las consecuencias sobre la salud de dietas ricas en productos de origen animal y de dietas basadas en vegetales entre personas genéticamente similares.

La idea de realizar este estudio nació en 1980/81 de las conversaciones entre T. Colin Campbell de la Universidad Cornell y Chen Junshi, subdirector del Instituto de Nutrición e Higiene Alimentaria de la Academia China de Medicina Preventiva. A ellos se unieron más tarde Richard Peto de la Universidad de Oxford y Li Junyao del Instituto de Cáncer de China.

Para realizar el estudio se escogieron, en 1983, dos pueblos al azar de cada uno de los 65 condados rurales de China seleccionados, así como 50 familias en cada pueblo. Se analizaron los hábitos alimenticios de un miembro adulto de cada familia –50% hombres y 50% mujeres– y se compararon los resultados con los índices de fallecimientos derivados de unas 48 formas de cánceres y otras enfermedades de 1973 a 1975.

Enfermedades "occidentales" relacionadas con la concentración de colesterol en sangre[editar]

El estudio incluye una comparación de la incidencia de las enfermedades occidentales (enfermedades coronarias, diabetes, leucemia, y cánceres de colon, pulmón, mama, cerebro, estómago e hígado) en cada condado, utilizando los índices de fallecimientos de 1973/75. El estudio recoge datos sobre las variables estilo de vida y dieta (ignorando otros factores) de los habitantes de estos mismo condados aproximadamente 10 años más tarde. Se comprobó que cuando el nivel de colesterol en sangre aumentaba, también lo hacía la incidencia de las enfermedades occidentales.

El estudio demuestra la relación entre un reducido nivel de colesterol en sangre con una menor incidencia de enfermedades coronarias y cáncer. Cuando el nivel de colesterol en sangre bajaba de 170 mg/dl a 90 mg/dl, también disminuían los cánceres de hígado, recto, colon, pulmón, mama, leucemia infantil y en el adulto, cerebro, estómago y esófago. Los índices de incidencia de algunos cánceres variaban en un factor de 100 entre los condados con los valores de colesterol más altos y los condados con los índices más bajos.

Los autores concluyen que cuando los niveles de colesterol en sangre aumentaban también se incrementaba la incidencia de las enfermedades occidentales. Lo que hizo que los resultados fuesen tan sorprendentes era que los niveles eran mucho más bajos de lo esperado. El nivel medio de colesterol en sangre era de tan sólo 127 mg/dl, casi 100 puntos menos que la media norteamericana (215 mg/dl). Algunos condados registraron niveles medios de 94 mg/dl y en dos grupos de aproximadamente 25 mujeres el nivel de colesterol en sangre medio solamente alcanzaba los 80 mg/dl.

Niveles de colesterol en sangre relacionados con la dieta, particularmente con la proteína de origen animal[editar]

Los autores indican que varios estudios realizados sobre animales y en humanos han demostrado que el consumo de proteínas de origen animal aumenta el nivel de colesterol en sangre. La grasa saturada y el colesterol ingerido con la alimentación también incrementan el colesterol en sangre, aunque en menor medida. En contraste, los alimentos vegetales no contienen colesterol y contribuyen, de varias maneras, a la disminución de la cantidad de colesterol generado por el cuerpo. Señalan que estas asociaciones entre enfermedad y colesterol en sangre son particularmente importantes porque tanto el colesterol en sangre como la ingesta de alimentos de origen animal en China se encuentran muy por debajo de los estándares norteamericanos. En la China rural, la ingesta de proteína animal alcanzaba de media sólo 7,1 gramos/día mientras que la media en los EE.UU asciende a 70 gramos/día.

Los autores concluyen de los hallazgos del Estudio de China que cuanto menor es el porcentaje de alimentos de origen animal en la dieta mayores son los beneficios para la salud. Es razonable suponer que el porcentaje óptimo de alimentos de origen animal en la dieta es cero, al menos para una persona con una predisposición para el desarrollo de una enfermedad degenerativa.

Mecanismos de acción[editar]

Los alimentos vegetales protegen de la enfermedad, argumentan los autores, porque muchos contienen una gran concentración de antioxidantes muy variados que protegen al cuerpo de los daños causados por los radicales libres. Las enfermedades occidentales están relacionadas con el progreso humano, que a su vez está asociado con un mayor riesgo de que se inicie, se desarrolle y evolucione la enfermedad.  Este progreso también está relacionado con una dieta rica en proteínas de origen animal. Asimismo indican que el consumo de proteína animal aumenta la acidez de la sangre y de los tejidos, y que para neutralizar el ácido el cuerpo utiliza el calcio (que es una base muy eficaz) que se encuentra almacenado en los huesos. Señalan que unas concentraciones elevadas de calcio en la sangre inhibe el proceso mediante el cual el cuerpo activa la vitamina D en los riñones como calcitriol, una forma que colabora en la regulación del sistema inmunitario.

Enfermedades vinculadas con la dieta[editar]

Enfermedades autoimmunes[editar]

Los estudios confirman que el riesgo de desarrollar una diabetes de tipo 1 está relacionado con el consumo de leche de vaca por parte de los niños. Al evitar el consumo de leche de vaca durante los tres primeros meses de vida se reduce significativamente el riesgo de contraer diabetes de tipo 1.

Algunas enfermedades autoinmunes como la diabetes de tipo 1, la esclerosis múltiple y la artritis reumatoide tienen una serie de características comunes y pueden compartir las mismas causas. Los autores señalan que las enfermedades autoinmunes son más frecuentes entre las personas que viven en latitudes geográficas más altas, así como entre personas con una dieta rica en proteínas de origen animal, particularmente leche de vaca. Argumentan que los déficits de vitamina D probablemente estén relacionados con ambas razones.

La vitamina D es importante para la correcta regulación del sistema inmunitario. Las personas que viven en latitudes geográficas más altas, con menos tiempo de exposición a la luz solar ultravioleta, pueden sufrir déficits de vitamina D. El consumo de proteínas de origen animal, especialmente de la caseína presente en la leche de vaca, producen unas concentraciones más altas de calcio en la sangre, lo que inhibe el proceso de activación de la vitamina D en calcitriol en los riñones.

Enfermedades cerebrales[editar]

Los autores señalan que la demencia y el empeoramiento cognitivo, incluyendo la enfermedad de Alzheimer, están vinculados con la hipertensión, con un elevado nivel de colesterol en sangre y con los daños causados por los radicales libres, así como que estos factores de riesgo pueden controlarse mediante una dieta adecuada. Estas afirmaciones están refrendadas por estudios independientes [cita requerida].

Cáncer[editar]

El cáncer de mama está relacionado, según los autores, con elevadas concentraciones de hormonas femeninas, y estas, a su vez, están asociadas con una menarquía temprana y una menopausia tardía, así como con un elevado nivel de colesterol en sangre. Todos estos factores se vinculan con una dieta rica en proteínas de origen animal, particularmente la caseína procedente de la leche de vaca. Una mujer china promedio está expuesta a los estrógenosdurante un 35%–40% del tiempo que lo está una mujer británica o norteamericana media. El índice de cáncer de mama entre mujeres chinas es de aproximadamente una quinta parte del índice entre mujeres occidentales. Añaden asimismo que un menor riesgo de padecer cáncer colorrectal está asociado con el consumo de vegetales con un alto contenido en fibra alimentaria, como p. ej. las alubias, las verduras de hoja y los cereales integrales. Estos datos están comprobados por estudios independientes [cita requerida].

Diabetes[editar]

Los autores hacen referencia a un estudio realizado por el Dr. James D. Anderson con 50 pacientes que debían inyectarse insulinapara controlar la concentración de su glucosa en sangre. 25 de ellos padecían diabetes de tipo 1 y los otros 25 diabetes de tipo 2. Todos ellos modificaron su dieta, que era la recomendada por la Asociación Americana de Diabetes, adoptando una alimentación basada en verduras ricas en fibra y bajas en grasas . Los pacientes con diabetes de tipo 1 lograron reducir sus dosis de insulina en un 40% de media en el plazo de tres semanas. 24 de los pacientes con diabetes de tipo 2 pudieron prescindir de la insulina.

Enfermedades oculares[editar]

Según los autores, los estudios demuestran que una dieta que incluya carotenoides, que se encuentran en verduras con mucho color, proporcionan una protección frente a la degeneración macular, una enfermedad ocular que puede conducir a la ceguera. Asimismo señalan que una dieta que incluya luteína, un antioxidante que puede encontrarse en las espinacas, disminuye el riesgo de padecer cataratas. Ambas afirmaciones están refrendadas por estudios independientes [cita requerida].

Enfermedad del corazón y obesidad[editar]

Los estudios demuestran que consumir proteínas vegetales es más eficaz para reducir los niveles de colesterol que reducir la ingesta de grasas o de colesterol. En la época en la que se realizó el estudio, el índice de fallecimientos debidos a enfermedades coronarias era 17 veces más alto entre los hombres norteamericanos que entre los hombres de la China rural. Las calorías medias ingeridas por kilogramo de peso corporal era un 30% más elevado entre los chinos menos activos que entre los norteamericanos promedio, siendo el peso de los primeros un 20% más bajo. Los autores añaden que las dietas ricas en proteínas y grasas hacen que las calorías no se transformen en energía sino que se almacenen en forma de grasa corporal (salvo que una restricción calórica severa esté provocando una pérdida de peso). La dieta puede causar cambios pequeños en el metabolismo de las calorías que conducen a cambios significativos en el peso corporal, y añaden que una dieta baja en proteínas de origen animal y en grasas no sólo contribuye a prevenir la obesidad, sino que también permite a las personas alcanzar un pleno potencial de crecimiento. Igualmente existen estudios independientes que avalan las relaciones entre dieta y enfermedades cardiovasculares.

Cálculos renales[editar]

El consumo de proteínas de origen animal es un factor de riesgo en la formación de cálculos renales. Unos elevados niveles de calcio y oxalato en la sangre pueden generar cálculos renales. Las investigaciones más recientes demuestran que los cálculos renales pueden ser iniciados por los radicales libres. Las afirmaciones de los autores también están refrendadas por otro estudio independiente.

Osteoporosis[editar]

Los autores indican que la osteoporosis está relacionada con el consumo de proteínas de origen animal porque esta proteína aumenta la acidez en la sangre y en los tejidos. No sucede lo mismo con las proteínas de origen vegetal. Para neutralizar este ácido, el cuerpo utiliza el calcio de los huesos, lo que los debilita y aumenta el riesgo de fracturas. Los autores añaden que en el Estudio de China, en donde la proporción del consumo de proteína de origen animal en relación con el consumo de proteína vegetal era de un 10%, los índices de fracturas era sólo de una quinta parte que los de los Estados Unidos. Existen igualmente estudios independientes que avalan estas afirmaciones [cita requerida].

Aceptación[editar]

Campbell publicó un artículo en la Revista de Nutrición Clínica en el año 2000 en el que criticaba una publicación de Frank B. Hu y de Walter Willett basada en los datos obtenidos en el Estudio de Salud de las Enfermeras. Campbell discrepaba con la conclusión de que un consumo elevado de proteína de origen animal estuviese asociado con un menor riesgo de cardiopatía isquémica y criticó asimismo la homogeneidad de la población del estudio y su dieta con elevadas cantidades de proteínas animales. Igualmente se mostró contrario a la aplicación de un análisis de tipo farmacéutico de nutrientes individuales. Hu y Willett publicaron una respuesta a Campbell en la que defendían que los elevados contenidos en proteínas vegetales o animales no estaban relacionados con unos índices más altos de cardiopatías isquémicas, sino con índices ligeramente más bajos. También defendieron que el estudio de nutrientes desde un punto de vista individual era posible y útil. Incluso citaron la publicación del Estudio de China de Campbell en 1990, diciendo que no lograba demostrar una asociación clara entre el consumo de productos de origen animal y el riesgo de enfermedades coronarias o cánceres importantes. Por otro lado, indicaron que habían recomendado precaución a la hora de informar al público sobre los beneficios de ingerir más proteínas, porque una ingesta elevada de proteínas en la dieta suele estar acompañada de una ingesta de grasas saturadas y de colesterol.

El presidente norteamericano Bill Clinton se convirtió en un seguidor de los hallazgos del Estudio de China. En 2010, después de vivir durante años con una enfermedad del corazón, modificó su dieta, y pasó a comer legumbres, verduras, frutas y un batido de proteínas cada mañana. En poco tiempo adelgazó 24 libras. Sanjay Gupta, corresponsal médico jefe de la CNN, señaló en su documental El último ataque al corazón de 2011 que El Estudio de China había cambiado la forma de alimentarse de muchas personas en todo el mundo, incluyendo la suya propia.

En el año 2013, un estudio epidemiológico muy importante realizado en los EE.UU. confirmó los hallazgos de la hipótesis de Campbell y demostró que la ingesta de proteínas de origen animal parece estar asociada con un mayor índice de mortalidad . Aun así, en contraste con la conclusión de Campbell, este estudio demostró que añadir pescado a una dieta basada en vegetales es aún más efectivo.

Véase también[editar]

Bibliografía[editar]

  • T. Colin Campbell y Thomas Campbell II. Efectos asombrosos en la dieta, la pérdida de peso y la salud a largo plazo, BenBella Books, Dallas, Texas, 2012, ISBN 978-1-935618-78-2.
  • T. Colin Campbell and Thomas Campbell II. The China Study: The Most Comprehensive Study of Nutrition Ever Conducted and the Startling Implications for Diet, Weight Loss and Long-term Health, Benbella Books, 2006, ISBN 978-1932100389.

Enlaces externos[editar]