El beso (Bécquer)

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda

El Beso es una de las Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer. La leyenda toledana de "El Beso" se publicó en La América, de Madrid, el 27 de julio de 1863.

En la época que se remonta a la relación de esta historia...la ciudad de Toledo no era más que un poblachón destartalado...

Relación con otras obras[editar]

Esta trágica leyenda está relacionada con la rima LXXVI del mismo autor.[1]

En esta leyenda hablan de la llegada de un grupo de soldados franceses a la conquistada Toledo, y que no habían podido encontrar un alojamiento, y fueron a dormir a una vieja y abandonada iglesia.

Al día siguiente, el capitán del grupo, estuvo hablando con otros colegas que se encontraban en Toledo y les comentó que esa noche había estado con una mujer bellísima, y que esa mujer era una estatua de mármol de una tumba. Entonces sus amigos se rieron de él, por lo que el les invitó esa noche a tomar unas botellas de champan y a que vieran la estatua.

Cuando por la noche llegaron a la vieja iglesia, estuvieron bebiendo y emborrachándose, y el capitán comentó que habían descifrado un poco de las escrituras de la lápida, y que esa estatua era la de la mujer Doña Elvira, y que la estatua de hombre que había al lado era la de su marido. El se acercó a la estatua del hombre y le escupió bebida en la cara, diciéndole que era para que bebiese, y dijo estar enamorado de la mujer, y se quiso acercar para besarla. Cuando ya lo iba a hacer, cayó al suelo, sangrando por los ojos, la boca, la nariz, y la cara completamente destrozada. Algunos de los que había allí dicen que vieron a la estatua del hombre dándole un guantazo con su guante de mármol para que no besase los labios de Doña Elvira.

Punto de vista[editar]

Bécquer se presenta como narrador omnisciente en primera persona: ...el suceso que voy a referir.... Aunque en alguna ocasión aparece tras un plural de modestia: Pero nuestro héroe..., Según dejamos dicho...

Los sucesos de la primera noche son narrados en primera persona por el propio oficial protagonista de la historia, y el auditorio son los oficiales que le escuchan expectantes.

Personajes[editar]

En Bécquer los personajes no suelen presentar una psicología trabajada, más bien sirven al propósito del tema tratado: los celos, la traición, la venganza, la pasión sin freno, la belleza, la idea obsesiva, la búsqueda de perfección y la transgresión de las leyes divinas o humanas.

Tiempo[editar]

  • Tiempo externo.

Principios del siglo XIX. La guerra de sucesión

  • Tiempo interno.

Espacio[editar]

La acción se sitúa en Toledo. Se nombran varios edificios o espacios públicos fácilmente reconocibles en la actualidad como son: El Alcázar de Carlos V (conocido en la actualidad como Alcázar de Toledo), el monasterio de San Juan de los Reyes, la Puerta del Sol o la plaza del Zocodover. Algunos de estos lugares aparecen en otras leyendas de Bécquer como La ajorca de oro o El Cristo de la calavera. Sin embargo ninguno de estos espacios es protagonista en la historia. El convento donde sucede la acción principal es imaginario, si bien Bécquer lo describe con elementos de estilo gótico-mudéjar. Bécquer es maestro en la creación de ambientes inquietantes. De entrada, los hechos ocurren durante la noche; esto permite al autor crear una atmósfera fantasmagórica de luces y sombras. El lugar se describe como si hubiese sido arrasado y se hace especial hincapié en la presencia de losas mortuorias con escudos nobiliarios, estatuas de mármol, cortinajes rasgados, hornacinas vacías... Algunos detalles como el revoloteo de las aves que entran por las vidrieras rotas ayudan a sugerir la altura y el espacio gélido y oscuro.

Notas[editar]

  1. Rima LXXVI: En la imponente nave/ del templo bizantino,/ vi la gótica tumba a la indecisa/ luz que temblava en los pintados vidrios./ Las manos sobre el pecho,/ y en las manos un libro,/ una mujer hermosa reposaba/ sobre la urna, del cincel prodigio./ Del cuerpo abandonado,/ al dulce peso hundido,/ cual si de blanda pluma y raso fuera,/ se plegaba su lecho de granito./ De la sonrisa última/ el resplendor divino/ guardaba el rostro, como el cielo guarda/ del sol que muere el rayo fugitivo./ Del cabezal de piedra/ sentados en el filo,/ dos ángeles, el dedo sobre el labio,/ imponían silencio en el recinto./ No parecía muerta:/ de los arcos macizos/ parecía dormir en la penumbra,/ y que en sueños veía el paraíso./ Me acerqué de la nave/ al ángulo sombrío/ con el callado paso que llegamos/ junto a la cuna donde duerme un niño./ La contemplé un momento,/ y en aquel resplendor tibio,/ aquel lecho de piedra que ofrecía/ próximo al muro otro lugar vacío,/ en el alma avivaron/ la sed de lo infinito,/ el ansia de esa vida de la muerte/ para la que un instante son los siglos…/ Cansado en el combate/ en el que luchando vivo,/ alguna vez me acuerdo con envidia/ de aquel rincón oscuro y escondido./ De aquella muda y pálida/ mujer me acuerdo y digo:/ -¡ Oh, qué amor tan callado, el de la muerte!/¡ Qué sueño el del sepulcro, tan tranquilo!

Enlaces externos[editar]

[1] Texto íntegro de la leyenda