Educación separada por sexos

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La educación separada por sexos es un modelo educativo que separa a los alumnos por sexos, a diferencia de la educación mixta, el modelo mayoritario en los países occidentales.[cita requerida]

Los partidarios la denominan educación diferenciada,[1] [fuente cuestionable] y argumentan que con la separación se facilitan las mejores oportunidades para cada sexo, tratando específicamente a cada uno.[2] Con frecuencia eso supone la diferenciación por sexos de todas o algunas de las clases, aun manteniéndose un mismo currículo para niños y niñas. En cambio los detractores la denominan educación segregada, ya que la consideran discriminatoria y sexista.[3] [fuente cuestionable]

Justificación[editar]

Los partidarios de la educación separada parten de las diferencias cognitivas entre sexos. Diversos estudios y especialistas muestran que existen diferencias biológicas, tanto hormonales como neurológicas entre los cerebros de hombres y mujeres. Así, en promedio, el cerebro femenino pesa cien gramos menos que el del hombre, pero, por ejemplo, tiene un mayor cuerpo calloso (el paquete de fibras nerviosas que comunica ambos hemisferios). En las niñas, el hemisferio izquierdo (el más capacitado para procesar el lenguaje, los números y la conciencia del yo) empieza a funcionar en torno a los dos años, en tanto que el de los niños lo hace a alrededor de los cinco.[cita requerida] Fruto de estas diferencias, en promedio:

El hombre supera a la mujer en destreza y habilidad motoras, en orientación, en razonamiento matemático, entre otras aptitudes. La mujer es mejor que el hombre en movimientos fijos y precisos de manos y dedos, en cálculo y computación matemáticas, en la percepción sensorial (salvo en visión, equiparable en ambos), en fluidez verbal y en comunicación emocional, o expresión corporal.

Ignacio Morgado, catedrático de Psicobiología de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Estas diferencias podrían explicar las diferencias entre sexos ofrecidas por las conclusiones del Informe PISA. En ellas, los chicos de la OCDE están 11 puntos por encima de sus compañeras (9 puntos para los españoles), en tanto que las chicas sobrepasan en 35 puntos a los chicos en comprensión lectora.

En Estados Unidos, unos se oponen a la enseñanza diferenciada buscando la igualdad «formal» o tratamiento igual y arguyen que los programas sólo para niños o niñas violan el principio de que a las personas en una situación similar se las debería tratar de manera similar. Sus oponentes afirman que lo importante no es la igualdad «formal» sino la «sustancial». Buscan igualar los resultados docentes que han resultado ser de menor relevancia para las chicas y los estudiantes pertenecientes a las minorías raciales.[4]

Partidarios[editar]

Algunos defensores de la educación diferenciada apelan a las diferencias cognitivas y madurativas entre hombres y mujeres. Estas diferencias serían las responsables de los distintos grados de fracaso escolar entre sexos y materias. La educación diferenciada permitiría atender de forma mejor a cada sexo en las áreas para las que están menos dotados. De esta forma se conseguiría la mejora de la igualdad de oportunidades.

Por otra parte, la educación diferenciada favorecería la mejora del aprendizaje. Según sus defensores, la separación por sexos produce una mayor homogeneidad en la clase y un ambiente más relajado. En secundaria, sus efectos serían incluso mejores, ya que la coeducación produciría una bajada en la concentración.

Sostienen, además, que son los padres quienes tienen el deber (y el derecho) de escoger el tipo de escuela que desean para sus hijos. La posibilidad de optar por la educación separada sería enriquecedora y, al proporcionar varios modelos educativos, más democrática.[5]

Otros defensores de la educación diferenciada aprecian que la socialización de los sexos en el entorno escolar es compleja: la agrupación de muchos niños y niñas o jóvenes, de forma obligatoria, en espacios reducidos y con la supervisión de pocos adultos, dificultaría una correcta socialización. Esa dificultad se muestra, por ejemplo, en la autosegregación por sexos que se da en la escuela cuando los alumnos tienen libertad de agrupación; autosegregación mucho mayor que la que se da en otros ámbitos. Existen estudios que han mostrado como esa autosegregación es moderada al empezar el curso (a la vuelta de vacaciones) y aumenta paulatinamente hasta fin de curso.

A mediados de la década de 2000, el primer ministro de Escocia, Jack McConnell, se habría mostrado a favor de la experimentación con clases de un solo sexo.[6]

Detractores[editar]

Los detractores de la educación diferenciada basan su apoyo a la coeducación en que fomenta "la igualdad efectiva entre hombres y mujeres". De esta forma, sostienen que las diferencias cognitivas entre hombres y mujeres no son superiores a las que existen en relación con cualquier otro grupo en una sociedad cada vez más diversa, por lo que la educación separada por sexos sería igual de retrógrada que tener escuelas para inmigrantes, para hijos de familias monoparentales o para discapacitados.

En el mismo sentido, se hace hincapié en otras conclusiones del Informe PISA, como es el hecho de que influya más el nivel educativo que el sexo en las diferencias de rendimiento reflejadas por dicho informe.

Por otra parte, se sostiene que la educación en la heterogeneidad (cualquiera que sea la razón para la diversidad) es beneficiosa, al tratarse de la heterogeneidad que encontrarán en su vida diaria. También se argumenta que la educación separada puede dificultar la naturalidad en las relaciones entre sexos. Finalmente, se afirma que no es la opción preferida por los propios alumnos.

Se ha afirmado que el término «educación diferenciada» sería utilizado mayoritariamente por sus partidarios:

El término “escuela diferenciada” es el que proponen algunas de las personas que trabajan en este sentido para eliminar el término “escuela segregada”, utilizado a menudo para designar la escuela que incluye a un solo sexo. La diferencia está hoy de moda, está incluso considerada como un aspecto positivo, en la medida en que parece apelar al “respeto a la diferencia”.

(Subirats, 2010)[1]

Referencias[editar]

  1. a b Subirats, Marina (2010). «¿Coeducación o escuela segregada? Un viejo y persistente debate». Revista de la Asociación de Sociología de la Educación 3 (1): 146. ISSN 1988-7302. 
  2. «El modelo educativo de la separación por sexos gana peso». 20 minutos. 17 de agosto de 2012. 
  3. «Educación diferenciada y educación segregadora». Unirrevista. Universidad Internacional de La Rioja. 23 de agosto de 2012. 
  4. Salomone, Rosemary (2007). «Igualdad y diferencia. La cuestión de la equidad de género en la educación». Revista Española de Pedagogía 65 (238): 433-446. JSTOR 23766056. 
  5. «Conclusiones del I Congreso Internacional de Educación Diferenciada». easse.org. European Association Single-Sex Education. 
  6. «Schools gender gap still to be bridged as girls outshine boys». The Scotsman. 28 de septiembrede 2005. 

Bibliografía[editar]

  • Vidal, Enric (2006). Diferentes, iguales ¿juntos?: educación diferenciada. Editorial Ariel. ISBN 978-84-344-2661-0. 
  • José María Barrio Maestre (Editor) (2005). Educación diferenciada, una opción razonable. Eunsa. ISBN 978-84-313-2295-3. 
  • Calvo Charro, María (2007). Iguales pero diferentes: cerebro, hormonas y aprendizaje. Editorial Almuzara. ISBN 978-84-96710-91-7. 
  • Congreso Internacional sobre Educación Diferenciada (2007). El tratamiento del género en la escuela: I Congreso Internacional sobre Educación Diferenciada, celebrado en Barcelona del 20 al 22 de abril de 2007. European Association Single-Sex Education. ISBN 978-84-611-7933-6. 
  • María Calvo (2009). Guía para una educación diferenciada. Toro Mítico. ISBN 9788496947696. 
  • Sax, L. (2006). Why gender matters: what parents and teachers need to know about the emerging science of sex differences. New York: Broadway books.