Edicto de gracia

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

El edicto de gracia era el primer paso de las "visitas" de la Inquisición Española a una ciudad o un área rural en el que se invitaba a la denuncia de uno mismo como hereje en un plazo de entre treinta o cuarenta días, durante el cual no sería castigado con penas severas. Este procedimiento fue sustituido a partir de principios del siglo XVI por el edicto de fe en el que el "período de gracia" fue suprimido.[1]​ Posteriormente sólo en algunas ocasiones determinadas volvió a ser utilizado.[2]

Historia[editar]

Cuando los inquisidores llegaban a una ciudad o a un pueblo lo primero que hacían era presentarse a las autoridades eclesiásticas y seculares locales. A continuación en una misa de domingo o de día festivo, al finalizar el sermón del párroco o el rezo del credo, el inquisidor sosteniendo un crucifijo se dirigía a los feligreses para que tras persignarse juraran levantando la mano derecha que ayudarían al Santo Oficio a perseguir la herejía. Inmediatamente después se leía el edicto de fe, que era una larguísima relación de todas las creencias y conductas heréticas. Este fue el procedimiento habitual a partir de principios del siglo XVI.[3]

Pero en las dos primeras décadas de existencia de la Inquisición española (1480-1500) en lugar del que después se llamaría "edicto de fe", se usó el "edicto de gracia". La diferencia fundamental entre el edicto de gracia y el posterior edicto de fe era que en el primero, tras enumerar una lista de herejías, se hacía un llamamiento a los que creyeran haber incurrido en herejía para que se denunciaran a sí mismos dentro de un "período de gracia", que solía ser de treinta a cuarenta días. Los que así lo hacían eran "reconciliados" con la Iglesia sin sufrir fuertes castigos.[3]

Los edictos de gracia seguían el modelo de la inquisición papal medieval y constituyeron un medio eficaz para conseguir que los judeoconversos que seguían practicando ritos judíos, o simplemente costumbres judías, se delataran a sí mismos, debido a la benignidad de las condiciones que se ofrecían -en ocasiones la falta se saldaba con una simple penitencia y el pago de una multa, y no conllevaba la confiscación de sus bienes-. Así varios miles de conversos, convencidos de que en algún momento de su vida no habían observado alguno de los preceptos de su nueva fe católica, se presentaron voluntariamente ante la Inquisición. En Sevilla, cientos de conversos se apiñaban en la cárceles a la espera de ser interrogados. En Mallorca, unos 300 participaron en una ceremonia de arrepentimiento celebrada en 1488. En Toledo unas 4.300 personas, en su mayoría conversos, fueron "reconciliados" con la fe católica sólo en dos años (1.486-1487). Pero como ha señalado Henry Kamen, todo esto no significa que los conversos que se presentaban voluntariamente ante los inquisidores "fueran verdaderamente judaizantes o se inclinaran al judaísmo. Solo el miedo les aguijoneaba".[4]

A pesar de que las confesiones voluntarias en su mayoría estaban motivadas por el miedo —en 1491 un vecino de Cuenca exclamó: «Más quisiera ver entrar todos los moros de Granada en esta ciudad, que el Santo Oficio de la Inquisición, porque quitan la vida y la honra»—, los inquisidores se convencieron de que eran la prueba de que la herejía estaba extendida entre los conversos, cuando hasta aquellos momentos habían carecido de pruebas, y sólo se habían basado en rumores.[5]​ En consecuencia se redobló la persecución de los conversos que no se habían acogido a los "períodos de gracia", iniciándose, según Henry Kamen, un "reino de terror" —por ejemplo, en Toledo 250 personas fueron quemadas vivas entre 1485 y 1501— que hizo que los conversos dejaran de admitir sus presuntos errores e incluso algunos volvieran a la fe judía de sus antepasados.[6]

Así pues, "después de 1500 los edictos de gracia habían cumplido su propósito y fueron sustituidos normalmente por edictos de fe, que no tenían un período de gracia y que en su lugar invitaban a la denuncia de aquellos que eran culpables de los delitos que aparecían en una larga lista de ofensas".[7]

Los edictos de gracia sólo se volvieron a utilizar a mediados del siglo XVI cuando la Inquisición se ocupó de los moriscos, que supuestamente seguían practicando a escondidas la fe musulmana. Así, por ejemplo, un edicto de gracia hecho público en Valencia en 1568 hizo que 2.689 moriscos se denunciaran a sí mismos.[2]

Referencias[editar]

  1. Pérez, Joseph (2012) [2009]. pp. 123-125.  Falta el |título= (ayuda)
  2. a b Kamen, Henry (2011). p. 172.  Falta el |título= (ayuda)
  3. a b Kamen, Henry (2011). p. 171.  Falta el |título= (ayuda)
  4. Kamen, Henry (2011). pp. 60-62. «Frente al despliegue de los inquisidores, que entonces identificaban como herejías lo que buena parte de ellos habían aceptado como prácticas normales en el marco de sus creencias, muchos conversos tuvieron la impresión de que era más seguro poner en limpio su pasado. Otros muchos no se fiaron de la Inquisición y prefirieron huir. Vagaban de una provincia a otra, siempre un paso adelante de los reverendos padres. La mayoría, sin embargo, prefirió al parecer arriesgarse: confesaron y se pusieron en manos de la Inquisición».  Falta el |título= (ayuda)
  5. Kamen, Henry (2011). pp. 60-61.  Falta el |título= (ayuda)
  6. Kamen, Henry (2011). p. 163.  Falta el |título= (ayuda)
  7. Kamen, Henry (2011). pp. 171-172.  Falta el |título= (ayuda)

Bibliografía[editar]

Véase también[editar]