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Edicto de Tesalónica

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Imperio Romano, hacia el siglo II d. C.

El Edicto de Tesalónica, también conocido como A todos los pueblos (en Latín: Cunctos Populos), fue decretado por el emperador romano Teodosio el 27 de febrero del año 380 d. C.[1]​ Mediante este edicto el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio romano, quedando prohibidas todas las demás prácticas religiosas y sus tradiciones, bajo aviso de castigo por herejía, que se penaba con la muerte.[2]

El Edicto de Tesalónica[editar]

Con este edicto, tras siglos de libertad de culto y tolerancia religiosa, el Imperio romano en su totalidad pasaba a tener una «nueva religión» oficial. El Panteón Romano se había complementado a lo largo de muchos siglos con los dioses, deidades y lares domésticos, con el culto a los propios antepasados e incluso con divinidades que habían sido asimiladas tras la invasión romana en muchos lugares del Imperio.[3]​ Todo esto debía ser ahora abandonado y reemplazado por una religión monoteísta y a las normas morales que la acompañaban, en poblaciones que desde hacía milenios tenían otros cultos religiosos y tradiciones.[4]​ Las consecuencias fueron instantáneas: en el mismo año, 380 d. C, en Dídima, Asia Menor, fue saqueado e incendiado el oráculo del dios Apolo y torturados hasta la muerte los sacerdotes y fieles helénicos,[5]​ como también fueron masacrados los judíos y fieles de las tradiciones greco-egipcias en Alejandría y resto de Egipto.[6]​ Ese mismo año (380 d. C.), la tumba de Alejandro Magno, quien fuera adorado por muchos como un semidiós, fue cerrado al público, desapareciendo todo rastro sobre su destino. Todos los templos no cristianos fueron saqueados y destruidos, y en su lugar se construyeron iglesias (con los mismos materiales), las deidades fueron mutiladas y enterradas (o llevadas a Roma). A este edicto le siguieron otros nuevos edictos (con mas prohibiciones), lo que desencadenó en una de las mayores matanzas de la humanidad, que se extendió «legalmente» hasta el siglo XIX, siendo además prohibidas las artes y las ciencias (solo el clero cristiano podía acceder a estas)[7][8][9][10][11][12]

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Edicto de los emperadores Graciano, Valentiniano (II) y Teodosio Augusto, al pueblo de la ciudad de Constantinopla.
«Queremos que todos los pueblos que son gobernados por la administración de nuestra clemencia profesen la religión que el divino apóstol Pedro dio a los romanos, que hasta hoy se ha predicado como la predicó él mismo, y que es evidente que profesan el pontífice Dámaso y el obispo de Alejandría, Pedro, hombre de santidad apostólica. Esto es, según la doctrina apostólica y la doctrina evangélica creemos en la divinidad única del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo bajo el concepto de igual majestad y de la piadosa Trinidad. Ordenamos que tengan el nombre de cristianos católicos quienes sigan esta norma, mientras que los demás los juzgamos dementes y locos sobre los que pesará la infamia de la herejía. Sus lugares de reunión no recibirán el nombre de iglesias y serán objeto, primero de la venganza divina, y después serán castigados por nuestra propia iniciativa que adoptaremos siguiendo la voluntad celestial.»
Dado el tercer día de las Kalendas de marzo en Tesalónica, en el quinto consulado de Graciano Augusto y primero de Teodosio Augusto.

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«IMPPP. GR(ATI)IANUS, VAL(ENTINI)ANUS ET THE(O)D(OSIUS) AAA. EDICTUM AD POPULUM VRB(IS) CONSTANTINOP(OLITANAE). Cunctos populos, quos clementiae nostrae regit temperamentum, in tali volumus religione versari, quam divinum Petrum apostolum tradidisse Romanis religio usque ad nuc ab ipso insinuata declarat quamque pontificem Damasum sequi claret et Petrum Aleksandriae episcopum virum apostolicae sanctitatis, hoc est, ut secundum apostolicam disciplinam evangelicamque doctrinam patris et filii et spiritus sancti unam deitatem sub parili maiestate et sub pia trinitate credamus. Hanc legem sequentes Christianorum catholicorum nomen iubemus amplecti, reliquos vero dementes vesanosque iudicantes haeretici dogmatis infamiam sustinere ‘nec conciliabula eorum ecclesiarum nomen accipere’, divina primum vindicta, post etiam motus nostri, quem ex caelesti arbitro sumpserimus, ultione plectendos. DAT. III Kal. Mar. THESSAL(ONICAE) GR(ATI)ANO A. V ET THEOD(OSIO) A. I CONSS.»

Antecedentes[editar]

Edicto de Milán, 313 d. C[editar]

El edicto de Milán o Edictum Mediolanesse, promulgado en el año 313, es una carta epistolar, de caracter jurídico, estructurado en tres partes, que establecía la libertad de religión en el Imperio Romano, dando fin a las persecuciones, dirigidas a ciertos grupos religiosos, sobretodo contra los cristianos (acusados de sacrificios humanos). A principios del siglo IV, Constantino I había terminado con la clandestinidad de los cristianos, otorgándoles ciertos privilegios y permitiendo la construcción de templos.

Concilio de Nicea, 325 d. C[editar]

A cambio de esto, Constantino tomó parte en las disputas que ya existían en el seno de la iglesia, convocando en 325 el Concilio de Nicea. En este concilio se desterraron las tesis arrianas que negaban el carácter divino de Jesús como parte consustancial de Dios. Del Concilio de Nicea se originaría el llamado Credo Niceno, último punto de encuentro entre las iglesias de oriente y occidente.

El mismo emperador Constantino fue el primer gobernante del Imperio romano de credo católico, aunque fue bautizado poco antes de morir. Con él se iniciaba una nueva época para la iglesia, y en el transcurso del siglo IV su influencia en las esferas del poder aumentaría. Existió un breve paréntesis de tres años bajo el gobierno de Juliano, que tuvo tolerancia con las religiones étnicas («paganas») durante el cual el cristianismo volvió a estar acosado por el poder (otra vez por presuntas prácticas de sacrificios humanos), hasta que en 380 y a través del Edicto de Tesalónica se convertiría en la religión oficial y única religión lícita tanto en Oriente como en Occidente.

Legislación anti-pagana a partir del siglo IV[editar]

La maestra de matemáticas y astronomía griega, Hipatía de Alejandría (de credo helénico), fue una de las mártires mas «célebres» del Edicto de Tesalónica, en manos del cristianismo.

Se señala el Codex Theodosianus (C.T.), que es el Código Teodosiano, con su respectivo número de referencia.[13]

  • Los adivinos no podrán acceder a ningún hogar, ni tan sólo si sus dueños son amigos suyos (C.T. 9.16.2).
  • Si un edificio público es tocado por un rayo, tal como dicta la costumbre se harán sacrificios para averiguar el motivo del rayo (C.T. 16.10.1).
  • Los judíos que circunciden a esclavos no judíos, serán ejecutados. (C.T. 16.9.2).
  • Se prohíben completamente los sacrificios y supersticiones paganas (C.T. 16.10.2).
  • Todas las prácticas religiosas paganas quedan prohibidas, y los edificios situados fuera de los muros de la ciudad se conservarán para espectáculos como el circo (C.T. 16.10.3).
  • Los templos paganos quedan cerrados, se prohíbe el acceso a ellos bajo pena de muerte. Se confiscarán las propiedades de los que violen esta ley y se entregarán al tesoro público. Los gobernadores que no apliquen esta ley serán castigados (C.T. 16.10.4).
  • Los culpables de idolatría o de practicar sacrificios paganos serán castigados con la pena capital (C.T. 16.10.6).
  • Se declaran malditos aquellos que practiquen la magia (C.T. 9.16.5).
  • Cualquiera que consulte a un adivino para adivinar el futuro sufrirá la pena capital (C.T. 9.16.4).
  • La práctica de la magia será castigada con la tortura sea cual sea la clase social del reo (C.T. 9.16.6).
  • Enseñar o aprender astrología se castigará con la muerte (C.T. 9.16.8).
  • Los actos contra la Ley Divina se considerarán sacrilegio (implicaciones criminales) (C.T. 16.2.25).
  • Se confiscarán las propiedades de quien practique sacrificios paganos o practique sus ritos (C.T. 16.10.7).
  • Si un maestro judío convierte a un cristiano al judaísmo, será castigado (C.T. 3.1.5).
  • Se prohíben los matrimonios mixtos entre judíos y cristianos. Un matrimonio así se considerará adulterio (C.T. 3.7.2).
  • Quedan prohibidos las discusiones y debates acerca de religión (C.T. 16.4.2).
  • Si alguien sospecha que otra persona practica la magia, debe denunciarlo y llevarlo ante los tribunales (C.T. 9.16.11).
  • Se prohíben los sacrificios paganos, la adoración de imágenes y otras formas de culto (C.T. 16.10.10).
  • Se prohíbe la veneración de imágenes mediante el incienso (C.T. 16.10.12).

La problemática del cesaropapismo[editar]

Sin embargo a la Iglesia tampoco le benefició del todo esta oficialización del culto. Como máxima autoridad del Imperio, Teodosio incluyó al sacerdocio en el funcionariado del mismo, lo que en la práctica los situaba bajo su autoridad. La problemática del «cesaropapismo» (la injerencia del César sobre la soberanía de la Iglesia), iniciada con Constantino, empezaba a tomar un cariz realmente preocupante para los obispos.

Al año siguiente de la promulgación del Edicto de Tesalónica, el mismo emperador Teodosio convocaba el Primer Concilio Ecuménico de Constantinopla. Su objetivo era conciliar a la ortodoxia cristiana con los simpatizantes del arrianismo y tratar la problemática de la herejía macedónica. También confirmar el credo Niceno como la doctrina oficial de la iglesia. En realidad, las tesis arrianas fueron de nuevo rechazadas, y posteriormente se emitió un nuevo edicto imperial que daba carácter legal a las conclusiones del concilio.

Muestra de las fuertes tensiones generadas en este periodo entre Iglesia y Estado es la excomunión que el mismo emperador sufriría en 390, decretada por San Ambrosio tras la revuelta y posterior matanza en Tesalónica, donde habrían muerto cerca de seis mil personas. El emperador fue escarnecido en público por el obispo de Milán, negándole este la entrada en la iglesia. Tras una larga penitencia, y como compensación, el emperador decretó en 392 la prohibición de los sacrificios paganos.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Bibliografía[editar]

  • Constantinopla (Historia Universal Asimov, 7), Isaac Asimov, Alianza Editorial, ISBN 84-206-3533-2
  • Enciclopedia Labor. Tomo V: El hombre a través del tiempo (I). Roma, pág. 221 - Ed. Labor, 1958

Enlaces externos[editar]