Domingo de Oro

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Francisco Domingo de Oro Zavalla (San Juan (Argentina), 28 de diciembre de 1800Baradero, provincia de Buenos Aires, 26 de diciembre de 1879), político argentino, de larga trayectoria oscilante entre los partidos unitario y federal.

Fue hijo de José Antonio de Oro y Albarracín (un hermano de Justo Santa María de Oro) y Magdalena Zavalla.

En enero de 1820 participó en la revolución de Mariano Mendizábal. Intentó mediar entre el jefe revolucionario y José de San Martín pero fue ignorado por ambos. Se entrevistó con San Martín poco antes de que éste partiera hacia el Perú. De regreso fue arrestado y enviado preso a Jáchal, pero a los pocas semanas fue destinado a entrevistarse con el general chileno José Miguel Carrera; lo convenció de regresar a Mendoza donde sería derrotado en la batalla de la Punta del Médano y fusilado.

Se trasladó a Entre Ríos y se puso a órdenes del gobernador Mansilla siendo su ministro de gobierno; en su nombre firmó el Tratado del Cuadrilátero. Fue también ministro de su sucesor, Juan León Solas.

En 1825 el ministro porteño Bernardino Rivadavia lo nombró secretario de la misión que el general Carlos María de Alvear y el doctor José Miguel Díaz Vélez emprendieron al Alto Perú en representación del Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

La misión Alvear-Díaz Vélez debía tratar dos cuestiones de suma importancia con el libertador general Simón Bolívar. La primera era la reincorporación de las provincias altoperuanas al territorio de las Provincias Unidas, al haber concluido el proceso de emancipación de la corona española. La segunda era insistir en que Bolívar ayudara bélicamente en la inminente Guerra contra el Imperio del Brasil por la disputa de la actual República Oriental del Uruguay y parte del actual estado brasileño de Río Grande del Sur. Ello porque la Provincia Oriental del Río de la Plata quería unificarse a las demás de este nombre en el territorio de Sud América.

Pero las provincias del Alto Perú decidieron independizarse con el nombre de República de Bolívar y la misión solamente logró que Bolívar ordenara al mariscal Antonio José de Sucre la devolución del territorio de Tarija a la provincia de Salta, integrante de las Provincias Unidas, el 17 de noviembre de 1825]. Esta situación duró poco tiempo ya que el 26 de agosto de 1826 Tarija se incorporó a Bolivia.

Frente a ello el Congreso Constituyente de Argentina, mediante una ley del del 30 de noviembre de 1826, promulgada el 1 de diciembre, declaró a Tarija y su territorio adyacente como una provincia argentina separada de Salta.

De Oro pasó como secretario a la embajada argentina en Lima, donde el embajador lo envió -sin permiso del gobierno porteño- al Congreso Interamericano reunido por Simón Bolívar en Panamá. Fue el único argentino en ese Congreso.

Regresó a Buenos Aires, donde el entonces presidente Rivadavia lo nombró su ministro de hacienda. Ese mismo año renunció Rivadavia, y fue un destacado opositor a su sucesor, el gobernador Manuel Dorrego, a través del periódico El Porteño.

Dorrego lo envió a Santa Fe para coordinar las acciones de invasión a las Misiones Orientales, para volcar a favor de la Argentina la Guerra del Brasil. El gobernador santafesino Estanislao López lo nombró su secretario y diputado en la Comisión Representativa de las Provincias Unidas, reunida en esa ciudad.

Cuando Juan Lavalle fusiló a Dorrego, López le encargó mediar ante él para evitar llegar al enfrentamiento directo. Tras su fracaso, se inició una nueva guerra civil. Fue secretario en campaña de López, hasta la batalla de Puente de Márquez. Luego fue enviado junto al padre José Ignacio de Amenábar a tratar con el general José María Paz, con el cual firmó un tratado preliminar de paz.

Regresó a Buenos Aires y fue secretario del ministro de guerra, Juan Ramón Balcarce, al cual acompañó en su campaña contra la Liga del Interior.

Fue el enviado del gobernador Balcarce en la Campaña al Desierto que emprendió Juan Manuel de Rosas contra los indios en 1833 pero regresó durante la crisis que causó la renuncia del gobernador. Su sucesor Juan José Viamonte lo envió a firmar tratados interprovinciales. Fracasó y debió huir a Chile, amenazado por los federales de su provincia natal.

Regresó a San Juan a principios de 1835, poco después del asesinato de Juan Facundo Quiroga y convenció al gobernador Martín Yanzón de llevar a cabo un gobierno de conciliación entre los dos partidos, opositor a Rosas. A fines de ese año se vio envuelto en una conspiración en la vecina Mendoza pero salvó su vida entregando a los militares involucrados para su ejecución. A continuación convenció a Yanzón de atacar la provincia de La Rioja, donde éste fue derrotado y ambos debieron huir a Chile.

En Santiago de Chile se dedicó al periodismo y participó en la organización de la Comisión Argentina de Emigrados, presidida por el general Las Heras, en la que también figuraban Domingo Faustino Sarmiento y Bartolomé Mitre.

Pasó a Bolivia donde dirigió el periódico fundado por el después general Wenceslao Paunero en La Paz y el diario oficial. Dirigió las actividades de los emigrados contra el régimen de Rosas, contra el cual lanzó varias expediciones, entre ellas dos dirigidas por el después famoso caudillo federal "Chacho" Peñaloza.

Regresó a Buenos Aires poco después de la batalla de Caseros y apoyó la separación del Estado de Buenos Aires del resto del país. Tras una estadía en Chile, pasó a Entre Ríos, bajo la protección del presidente Justo José de Urquiza. Apoyó en la prensa el asesinato del gobernador sanjuanino Nazario Benavídez, amigo de Urquiza, por lo que se enemistó con él. El nuevo presidente, Santiago Derqui, lo envió a Mendoza a realizar prospecciones mineras; terminó en San Juan, apoyando la revolución que llevó a la muerte al gobernador José Antonio Virasoro.

Estando en Mendoza, casi perdió la vida durante el terremoto de 1861, que lo sepultó bajo los escombros por horas y lo dejó baldado de por vida.

Después de la batalla de Pavón se pronunció abiertamente por el partido liberal, y el gobernador Sarmiento lo llevó a la presidencia de la legislatura sanjuanina. Pero no se llevó bien con Sarmiento, de modo que recorrió el país en busca de negocios mineros; proyectó el primer Código de Minería argentino, y colaboró también en la elaboración del Código Civil y el Código de Comercio.

Durante los últimos años intentó negocios en todo el país, incluyendo Carmen de Patagones y el Chaco.

Murió en Baradero en 1879.