Dolores Veintimilla

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Dolores Veintimilla
Veintemilla.jpg
Dolores Veintimilla
Dibujo retrato de Dolores Veintimilla.jpg
Nacimiento Flag of Ecuador.svg Ecuador 1829
Quito
Defunción 23 de mayo del 1857
Flag of Ecuador.svg Ecuador-Cuenca
Nacionalidad Flag of Ecuador.svg Ecuador
Ocupación escritora y poetisa
Género Ensayo y Poesía
Movimientos Romanticismo
Cónyuge Sixto A. Galindo

Dolores Veintimilla de Galindo (Quito, 12 de julio de 1829 - Cuenca, 23 de mayo del 1857) fue una poetisa ecuatoriana.

En su corta vida fue creadora de inspirados poemas y trabajos literarios, el poema que más se conoce es Quejas. El fracaso en su matrimonio con el médico colombiano Sixto Galindo. Así como su pensamiento adelantado a la época, marcarían la personalidad y los trabajos posteriores de Dolores, llevándola finalmente al suicidio.

Biografía[editar]

Dolores Nació en 1829, hija legítima de José Veintimilla y de Jerónima Carrión y Antepara, lojanos acomodados residentes en la Capital. En el año de 1837 inició sus estudios en el Colegio "Santa María del Socorro" que funcionaba en el edificio del beaterio bajo la dirección del Sr. Isaac W. Wheelwright, pedagogo traído de Chile por el Presidente Rocafuerte, que estuvo poco tiempo en el país. De allí pasó a la escuela que las madres dominicanas mantenían en el Convento de Santa Catalina de Siena, donde aprendió a leer y a escribir, muchos villancicos, la doctrina y el catecismo y algunas granjerías en las que eran expertas las monjas, tales como bordar, tejer, coser, cocinar. Con su parienta Rosa Carrión estudiará música y aprenderá a tocar piano y vihuela. Con Antonio Salas, dibujo y pintura y entonces sus padres creyeron que le habían proporcionado todo el saber que requería una señorita de sociedad.

Crecía protegida y mimada. En "recuerdos", memoria en prosa que redactó en 1.847, dice de esta época: "Adorada de mi familia, especialmente de mi madre, había llegado a ser el jefe de mi casa; en todo se consultaba mi voluntad; todo cedía al más pequeño de mis deseos, era completamente dichosa bajo la sombra del hogar doméstico y en cuanto a mi vida social, nada me quedaba que pedir a mi fortuna.... Una figura regular, un pundonor sin límite y un buen juicio acreditado, me hicieron obtener las consideraciones de todas las personas de las distintas clases sociales de mi patria…. A la edad de 14 años un sentimiento de gratitud vino por primera vez a fijar mi atención en uno de mis amigos…. La confianza que mi madre tenía en mi me daba completa libertad, era, pues, señora de mis acciones y de mis horas y podía ver a mi amigo, que lo era también de mi madre, a mi satisfacción y estar y pasar sola con él, sin caer siquiera en cuenta que mi fortuna era una especialidad....Respetada siempre por él, uno de mis placeres más íntimos era estar tranquila a su lado. A este hombre virtuoso es a quien debo la mayor parte de mis buenos sentimientos. Las horas que pasábamos juntos las empleábamos en formar mi corazón para la virtud. Joven de 19 años, su amor le había vuelto reflexivo y prudente".

Al cumplir sus 18 años -de temprana edad como ella diría después- el 16 de Febrero de 1.847, contrajo matrimonio en Quito con el Dr. Sixto Antonio Galindo y Oroña, médico, natural de Nueva Granada, residente en el Ecuador a causa de las persecuciones políticas comunes de su patria. La dote de matrimonio se estipuló en 5.000 pesos que le fueron entregados por la novia. Él se encargó de hacerle continuar su educación literaria permitiendo la lectura de toda clase de libros hasta los que la mojigata colonia había prohibido por diversas causas, con esto Dolores logró una sólida ilustración, completa, variada y difícil de hallar en las mujeres u hombres de su tiempo, que unida a sus dotes naturales la convirtieron en una mujer excepcional. El 26 de Noviembre del mismo año de su matrimonio fue madre de un niño bautizado con el nombre de Santiago, siendo madrina Rosa Ascázubi, primera mujer de García Moreno, su amiga y confidente. Poco después el Dr. Galindo decidió viajar a Guayaquil llamado por su concuñado el Coronel Sebastián Medina, casado con Josefina Veintimilla, única hermana de Dolores; así pues, el matrimonio y su tierno niño se establecieron en el puerto principal donde Dolores hizo numerosas y excelentes amistades pues la sociedad le recibió con las puertas abiertas.

De ésta época son dos composiciones "A Carmen, remitiéndole un jazmín del cabo" y "A la misma amiga" ambas dirigidas a Carmen Pérez Antepara, poetisa y también espíritu selecto; y buena parte de su poesía que traduce "la insatisfacción de un corazón que no era amado a la medida de lo que amaba" y por ello escribió "Quejas", "Sufrimientos", "Aspiración", "Anhelo" y "Desencanto" dentro del género romántico tan en boga por entonces.

En mayo de 1.854 se trasladó a Cuenca con su esposo e hijo, alquilando un departamento en casa de Josefa Ordóñez, luego viajará su esposo a Centroamérica llamado por unos paisanos, con la ilusión de mejorar en el desempeño de su profesión de médico, dejándola sola y entre gente extraña; pero no la olvidará, de tal suerte que mensualmente le remesaba dinero a través de la casa Comercial "Estrada" de Guayaquil. ¿Por qué Galindo la dejó en Cuenca y no en el Puerto donde ella tenía a su hermana casada o en Quito con su madre? En ambos sitios hubiera estado Dolores bien acompañada y atendida. ¿Acaso el Dr. Galindo no se llevaba con su familia política?. Otro aspecto importante en la conducta de este colombiano es que nunca estaba mucho tiempo en un sitio determinado. ¿Sería un inestable emocional, un dromomaníaco o simplemente un aventurero? Esta preguntas y otras más aún no las contestan los documentos. Lo cierto es que Dolores inició en Cuenca una vida activa e intelectual rodeándose de jóvenes honestos y de personas de edad, todos ellos literatos y poetas, a quienes recibía en su departamento y con quienes charlaba y leía en inocentes tenidas. Entre los jóvenes que la visitaban anotamos a Antonio Merchán y García, Tomás Rendón Solano, Manuel A. Toral, Luis Muñoz, León Morales y Vítores y entre los de edad el Dr. Vicente Salazar y Lozano, que meses después morirá haciéndose acreedor a una "Nota Necrológica" de Dolores, amiga de sus hijas. Igualmente el Dr. Benigno Malo, el Dr. Mariano Cueva, Miguel Angel Corral y Francisco Eugenio Tamariz, es decir, lo más apreciado de la sociedad y de la intelectualidad morlaca.

En el "Album Literario" de Dolores, Benigno Malo escribió "Yo me limito a estimar en Ud. a la amiga, a la ecuatoriana que recuerda ciertos rasgos nobles de Penélope. Yo prefiero la virtud a la belleza y al genio ¿Y quien no preferiría el cielo a la tierra?" Frase que constituye el mejor certificado de su conducta viniendo de tan ilustre Repúblico. I así transcurrieron algunos meses, pero un día su casera se disgustó con ella -quiza por el atraso en los pagos del arrendamiento- y mandó a ponerle los muebles afuera. Dolores se cambió a un segundo piso en la casa de Josefa Peñafiel situada en la misma calle "Bolívar", ocurriendo entonces el fusilamiento de un indígena llamado Tiburcio Lucero, acusado del delito de parricidio. Era el 20 de Abril de 1.857 y Lucero fue sacado con escolta, cubierto de una túnica blanca manchada de rojo, crucifijo en mano y rodeado de varios sacerdotes que recitaban preces. El patibulo se había levantado en la plaza de San Francisco, abarrotada de curiosos. Dolores había concurrido con varias amigas y ocupaba lugar preferente, desde allí vio a Lucero cuando éste trató de arrojarse sobre su esposa y cinco hijos, uno de ellos de pecho, que presenciaban la escena; pero la guardia impidió tal efusión de afectos y poco después Lucero caía fusilado, dispersándose la concurrencia.

Ya en su casa y afectadísima por lo que había presenciado tomó la pluma y escribió "'Necrología" que apareció el día 27, en una hoja suelta, protestando contra la pena de muerte y pidiendo al "Gran Todo" que una generación más civilizada y humanitaria venga a borrar del Código de la Patria, dicha pena. El 5 de Mayo circuló otra hoja conteniendo una réplica bajo el título de "Una graciosa Necrología", suscrita por "Unos colegiales" siendo su autor el Canónigo Dr. Ignacio Marchán, religioso torpe y vehemente, discípulo de Fray Vicente Solano, a quien de paso, menciona. La hoja acusábala de ser panteísta porque al referirse a Dios escribió "El Gran - Todo". Así las cosas alguien aconsejó a Dolores que conteste a Marchán con otra hoja que salió el 5 de Mayo, con el pomposo título de "Otro campanillazo", dándole lecciones de gramática, de cordura y buenas maneras y recordando el incidente de la campanilla suscitado años atrás en la Iglesia Catedral, cuando el Dr. Andrés Villamagán a punta de campanillazos bajó a Marchán del púlpito donde predicaba; se dijo entonces que más por ignorancia que por otra razón Marchan había lanzado ideas falsas en religión o lo que es lo mismo, herejías. Y como Cuenca era una ciudad pequeña y falta de diversiones, esta inusitada y absurda polémica dividió al público en dos bandos, unos a favor y otros en contra de Dolores y no faltaron los espíritus innobles que mal aconsejaron a Marchán para que la siguiera vituperando con otro escrito que salió el 9 de Mayo, en hoja titulada "La defensa de Madama Zoila" donde sin rubor ni respeto a su sexo llegó a decirle "Ud. carece hasta de la lógica natural ¿Que tiene que ver el culo con las temporas?.... y para mayor abundancia el 12 sacó otra hoja suscrita por "Roepan", con el título de "'Un curioso ratoncito" en la que dice: "Llorona". "Zoila", etc.

I aunque no está probado y solo flota como conseja o leyenda se cuenta que una tarde que Dolores subía a la Iglesia del Belén, se topó con Fray Vicente Solano que venía por la acera opuesta y al verlo, dijo: ¿Allí va el perro de toda boda! pero fue contestada con un ¿Allí va la boda de todo perro! Estas "agudezas" motivaron comentarios y el vacío social no se dejó esperar. Dolores quedó aislada, lo que unido a diversas tribulaciones de orden económico y sentimental y a varios desaires recibidos, la llevaron a un estado de depresión. Para colmos, por esos días llegó a Cuenca la noticia del suicidio de la poetisa chilena Carolina Lizardi y esto terminó por desquiciarla, se sentía humillada, deshonrada, llena de vergüenza, traicionada por la mentalidad de la época y con tales tristezas el 23 salió al comercio, adquirió unas medias blancas, crespones de seda negra, varias velas y alguna cantidad de cianuro de potasio. Esa noche se vistió de blanco, sobre una mesita dejó dos cartas, una bellísima a su madre y otra inconclusa, escrita cuatro días antes a su marido y sobre un anaquel la poesía "La noche de mi dolor" y atracando por dentro las cerraduras de su dormitorio y prendidas todas las luces, bebió parte del contenido del vaso de veneno, luego se acostó y esperó la muerte.

A la madrugada su hijo la encontró en el suelo, aún con vida pero inconsciente y se puso a llorar (1) Tiempo después se apareció una sirvienta y empezó a gritar: ¿A mi niña la han envenenado! el perro lamía su cara. Vinieron varios vecinos y uno de ellos se llevó al niño, los demás miraban con curiosidad. Corríase el rumor que estaba embarazada..! El Dr. Mariano Cueva auxiliado por el Cor. José E. Valverde y por Antonio Marchán García despejaron el dormitorio de curiosos y el Dr. Agustín Cueva, hermano del primero, practicó la autopsia de 3 cavidades (craneana, pectoral y abdominal) dictaminando que no estaba embarazada. El poeta chileno Guillermo Blest Gana, de paso por Cuenca, costeó el sepelio en la quebrada de Supay- Guayco donde se enterraba a los réprobos.

Después de muerta recibió el último manifiesto de ofensa de Solano, que en "La Escoba", el 21 de Octubre escribió "Esta mujer con tufos de ilustrada había hecho apología de la abolición de la pena de muerte…se suicidó con veneno, porque no pudo contener su cuestión con quienes había atacado. Un año después llegó el Dr. Galindo y siguió juicio para que la Iglesia permita el entierro en sagrado, probándose que Dolores había sido católica practicante, que su confesor era el virtuoso Canónigo Dr. Vicente Cuesta y que su suicidio se había debido a una ligera enajenación mental. Obtenida la sentencia se trasladaron sus restos a la bóveda que aún ocupa, en una elegante urna que costeó el viudo.

(1) Santiago Galindo Veintimilla creció en Quito con su tía, fue secretario de la Sociedad Liberal en 1.866, contrajo matrimonio con su prima hermana Urbana Medina Veintimilla, tuvo descendencia y murió joven en 1.885, de 38 años de edad.- Nota del Autor. Poco quedaba de su poesía porque Dolores había quemado la mayor parte, se salvaron unos sonetos casi de milagro y fueron recogidos por su amigo Antonio Marchán. En 1.886 se editaron cuatro de ellos en "La Lira Ecuatoriana" y su autor Vicente Emilio Molestina los colocó detrás de los de Olmedo, porque generacionalmente Dolores inauguró el romanticismo en el Ecuador, cerrando el neoclasismo. En 1.874 Federico Proaño publicó dos más en Guayaquil. "La Nueva Lira Ecuatoriana" de Juan Abel Echeverría nos dio otros cuatro poemas. En 1.880 Amadeo Izquieta publicó en "La Palabra" la composición en prosa titulada "Mi fantasía". En 1.908 Celiano Monge dio la más completa versión de su producción y el escrito "Recuerdos".

Varios autores nos han dejado datos biográficos suyos: Juan León Mera, Guillermo Blest Gana; Remigio Crespo Toral la describió como "La Safo ecuatoriana", pintándola hipersensible y exaltada. Nicolás Augusto González la defendió desde Centroamérica, luego Ricardo Márquez Tapia en 1.968 dio el primer libro Biográfico y entre 1.976 y 77 G. Humberto Mata la redescubre en "Dolores Veintimilla asesinada", hasta hoy lo mejor que de ella se ha escrito. Eudófilo Alvarez tiene un drama psicológico para teatro titulado "Dolores Veintimilla de Galindo" aún inédito. Marcelino Menéndez y Pelayo la elogió desde España en el siglo pasado y la crítica nacional la ha situado entre las más elevadas voces de nuestra poesía, la mayor del romanticismo y por ser la primera mujer que luchó contra la pena de muerte en el Ecuador y en defensa de la clase indígena; pues, fue una mujer, de intuición genial, en sus ideas sociales y literarias.

Obra literaria[editar]

Dolores Veintimilla dejó pocas obras, las cuales fueron publicadas en conjunto por Celiano Monge en Quito después de la muerte de la poetisa.

Entre la prosa sobresalen “Fantasía” y “Recuerdos”. Son obras en las que dialoga con el pasado y en las que culpa al tiempo por haber dado una temprana muerte a sus ilusiones.

En el verso es donde mejor logra plasmar su dolor.

Con “Aspiración”, “Desencanto”, “Anhelo”, “Sufrimiento”, “La noche y mi dolor”, “Quejas”, “A mis enemigos”, “A un Reloj” y “A mi madre”.

Cómo característica de estilo prefirió el verso rimado y musical, y que casi no se valió de metáforas u otras imágenes literarias para plasmar su dolor en sus escritos.

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