Discusión:Giacomo Matteotti

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Subido por Bruno Guidugli


V. Roma

1. Diputado y secretario comunista.

La calle Andrea Vesalio es una transversal de la calle Nomentana, a pocos pasos de la Porta Pia. Tomado a cargo por una familia de origen alemán, Gramsci habita en una pequeña habitación apartada. Había salido de Viena el 12 de mayo de 1924, había participado antes en la conferencia nacional del PCI, realizada clandestinamente en la provincia de Como. Los dueños de casa ignoran “ que soy diputado comunista : hago de profesor, serio serio, me tienen gran consideración y me dejan tranquilo de un modo exasperante ”. Está en Roma, desde junio y escribe a Giulia : “ Ha sido un poco melancólico para mí volver a Italia e inmediatamente ver la situación tan mejorada; sentir sólo de los relatos la impresión del terror pasado en los momentos más agudos del fascismo ” (L, pp. 369-370). Con todo, justamente en ese mes de junio se había consumado uno de los episodios más conocidos y despiadados de la violencia del régimen.

Las elecciones de abril se habían desarrollado en un clima de vejación e intriga. Sin embargo, a pesar de que Mussolini había conquistado la mayoría de los dos tercios de los escaños previstos por la ley, la oposición resistía bien, conservando un discreto consenso popular. En las primeras sesiones da la nueva legislatura, el secretario del Partido Socialista Unificado, Giacomo Matteotti, se había distinguido en el Parlamento por su tenaz combatividad antifascista. El 10 de junio Matteotti era raptado y asesinado, mientras emerge rápidamente, evidentísima, la responsabilidad del gobierno y de Mussolini en el acto criminal. El asesinato del representante socialista provoca una aguda crisis política, descrita en una carta gramsciana con vigor de gran periodista.

He vivido días inolvidables y continúo viviéndolos. Por los periódicos es imposible formarse una impresión exacta de lo que está sucediendo en Italia. Caminábamos sobre un volcán en ebullición; de golpe, cuando nadie se lo esperaba, especialmente los fascistas, archiseguros de su poder infinito, el volcán ha hecho erupción, liberando un inmenso caudal de lava ardiente que ha invadido todo el país, arrastrando al fascismo y a todo. Los acontecimientos se desarrollaban con una rapidez fulminante, inaudita; día tras día, hora tras hora, la situación cambiaba, el régimen era embestido por todos lados, el fascismo era aislado en el país y sentía su aislamiento en el pánico de sus jefes, en la fuga de sus acólitos “ (L, p. 356).

Con ocasión del asesinato de Matteotti, Gramsci observa “ un gran paso adelante ” en el movimiento comunista. Sus “ consignas son recibidas con entusiasmo y repetidas en las mociones votadas en las fábricas ”, el periódico triplica su tiraje. El PCI parece, en suma, “ haberse transformado en un verdadero partido de masas ”. No se trata, sin embargo, de un punto de llegada; por el contrario, es necesario ganar tiempo para reforzar la estructura organizativa y refundar la línea política. La base comunista está todavía, prevalecientemente, alineada con Bordiga. Y Gramsci, elegido secretario general del partido en la reunión del Comité Central del 13-14 de agosto, se compromete a eliminar los residuos de sectarismo y revolucionarismo abstracto de los orígenes. En su informe sobre, I compiti del Partito comunista di fronte alla crisi della societá capitalística italiana, publicada después por L’Unitá y por el Ordine Nuovo, testimonia la elaboración política de un gran valor de innovación.

¿Cuál debe ser la actitud política y la táctica de nuestro partido en la situación actual? La situación es “ democrática ” porque las masas trabajadoras están desorganizadas, dispersas, pulverizadas indistintamente en el pueblo. Cualquiera que sea, por lo tanto, la evolución inmediata de la crisis, nosotros podemos prever solamente un mejoramiento en la situación política de la clase obrera y no su lucha victoriosa por el poder. El deber esencial de nuestro partido consiste en la conquista de la mayoría de la clase trabajadora, la fase que atravesamos no es aquella de la lucha directa por el poder, sino una fase preparatoria, de transición a la lucha por el poder, una fase, en resumen, de agitación, de propaganda, de organización (...). Si existen en nuestro partido grupos y tendencias que quieran por fanatismo forzar la situación, es necesario luchar contra ellos en nombre del conjunto del partido, de los intereses vitales y permanentes de la revolución proletaria italiana (...). Así debemos luchar contra toda tendencia de derecha que busque un compromiso con la oposición, que intente entrabar el desarrollo revolucionario de nuestra táctica y el trabajo de preparación para la fase sucesiva ” (CPC, pp. 37-38).

La estrategia del PCI que se afirmará en el congreso de Lyon está trazada. Y Gramsci la difunde y la refuerza, interviniendo puntualmente en el debate político con decenas de artículos para la prensa comunista y recorriendo la península para asistir a las numerosas reuniones de organización de las nuevas “ células ” del partido. En febrero de 1925 colabora en la creación de una escuela de cuadros por correspondencia y se encarga de redactar los textos.[202]

Entre marzo y abril retorna a Moscú para participar en los trabajos de la V sesión del ejecutivo ampliado de la Comintern. El 16 de mayo pronuncia en la Cámara un discurso crítico hacia el diseño de la ley Mussolini-Rocco contra la masonería pero, en realidad contra los partidos antifascistas (CPC, pp. 75-85).

Entre agosto y septiembre prepara, con la colaboración de Togliatti, las tesis que serán presentadas en el tercer congreso del PCI. El conjunto histórico de la “ estructura social italiana ” y de la “ política de la burguesía italiana ”, que inagura las así llamadas Tesis de Lyon, es muy articulado. Como también el análisis del fascismo, “ instrumento de una oligarquía industrial y agraria para centralizar en las manos del capitalismo el control de toda la riqueza del país ” (CPC, p. 496). Permanece una rígida delimitación a la derecha, que golpea, en primer lugar, al PSI. Por el contrario, el tema central planteado al debate congresal es el de la especificidad de la alianza. “ Las fuerzas motrices de la revolución italiana (...) son, de acuerdo a su importancia, las siguientes: 1. La clase obrera y el proletariado agrícola; 2. los campesinos del Mezzogiorno y de las islas y los campesinos de las otras partes de Italia ” (CPC, p. 498). Interviniendo en Lyon, el 20 de enero de 1926, a la víspera de la apertura del congreso comunista, Gramsci afirma:

En ningún país el proletariado está en condiciones de conquistar el poder y de retenerlo con su sola fuerza; debe, entonces, procurarse aliados, es decir, debe conducir una política tal que le permita transformarse en jefe de las otras clases que tienen intereses anticapitalistas y guiarlas en la lucha por abatir la sociedad burguesa. La cuestión es particularmente importante para Italia, donde el proletariado es una minoría de la población trabajadora y está geográficamente dispuesto de tal forma que no puede aspirar a conducir una lucha victoriosa por el poder sino después de haber encontrado una resolución exacta al problema de sus relaciones con la clase de los campesinos. Al planteamiento y a la resolución de este problema debe dedicarse de particular manera nuestro partido en el futuro próximo “ (CPC, p. 483).

El congreso sanciona la total imposición del grupo encabezado por Gramsci, que obtiene el 90,8 por ciento de los votos. La izquierda bordigeana es derrotada y su líder abandona la escena.

Aquí termina la política. En Roma, después de complicadas pesquisas, Gramsci ha logrado por fin encontrar a su cuñada. El 2 de febrero 1925 escribe a Giulia: “ He conocido tu hermana Tatiana. Ayer hemos estado juntos desde las cuatro de la tarde hasta casi la medianoche ”. Los dos habitan a corta distancia. “ He estado muy contento de conocerla. Porque se parece muy especialmente a tí ” (L, p. 412). Comienza un hábito afectuoso que se prolongará hasta la muerte de Gramsci. Este retoma, por otro lado, los contactos con un antiguo conocido de los años turineses, Piero Sraffa, ya general research student en el London School of Economics y que desde Londres colabora con el Ordine Nuovo cotidiano. En la época Sraffa es docente libre de economía política y de ciencias de las finanzas en la Universidad de Perugia.[203] Conjuntamente con Tatiana, asistirá asiduamente al amigo en la cárcel.

En la primavera de 1925, en Rusia para el ejecutivo de la Internacional, Gramsci había vuelto a ver, después de un año y medio a Giulia y conocido al pequeño Delio. En el otoño la mujer con el hijo y con Eugenia, se reunirán con él en Roma. Se quedarán hasta el verano del año siguente. En julio las dos hermanas Schucht y el niño pasan unas vacaciones en las Dolomiti, en Trafoi. Pero al principio de agosto, encinta de Giuliano que nacerá tres semanas después, Giulia vuelve anticipadamente a Moscú. Gramsci logra todavía pasar algunos días en Trafoi con Delio y la cuñada.


2. La cuestión meridional.

En octubre 1926, buscando un encuadramiento histórico y teórico de las cuestiones políticas expuestas en las Tesis de Lyon, Gramsci trabaja con intensidad. Desarrolla lentamente, discutiendo varios puntos conjuntamente con otros compañeros del partido un largo ensayo intitulado en el manuscrito Note sul problema meridionale e sull’atteggiamento nei suoi confronti dei comunisti, dei socialisti e dei democratici. Se trata de un escrito más conocido bajo el nombre con el cual será publicado en la revista de la emigración comunista en Paris, Lo Stato Operaio, en 1930: Alcuni temi della questione meridionale. Es probable que la elaboración del texto no se considere definitiva, no obstante su importancia es indiscutible. Antes que todo, porque la obra gramsciana estaba representada hasta ahora por cartas privadas y artículos de periódico “ escritos al día ”, destinados, en la intención del autor, a “ morir después del día ” (LC, p. 457). Por la primera vez, pues, Gramsci se cimenta en un género de indagación historiográfica que, si bien estaba conectado a los problemas políticos del momento y no del todo desprovisto de temas polémicos inmediatos, se revelará de largo alcance. En suma, una suerte de preludio al método de trabajo seguido en los Quaderni, con, además, la anticipación de los temas que vuelven en las notas de la cárcel, como hegemonía, bloque histórico, función ideológica y política de los intelectuales.

Gramsci comienza replicando a los redactores de la revista Quarto Stato, que habían criticado la posición del Partido Comunista Italiano en relación con los problemas del Mezzogiorno, reduciendo ésta a la sola “ fórmula mágica ” de la división mecánica del latifundio entre el proletariado rural. En realidad, desde la época del Ordine Nuovo, el nudo fundamental de la cuestión era para los comunistas, la alianza política de los obreros septentrionales con los campesinos del sur. Para Gramsci, la fórmula de la tierra para los campesinos estaba, a pesar de ello, inserta “ en una acción revolucionaria general de las clases aliadas, bajo la dirección general del proletariado industrial ”. De modo que “ el obrero revolucionario de Turín y de Milán se transformaba en el protagonista de la cuestión meridional ”.

Los comunistas turineses no se habían planteado concretamente la cuestión de la hegemonía del proletariado, es decir, de la base social de la dictadura proletaria y del Estado obrero. El proletariado puede transformarse en clase dirigente y dominante en la medida en la cual logre crear un sistema de alianzas de clases que le permita movilizar contra el capitalismo y el Estado burgués la mayoría de la población trabajadora, lo que significa, en Italia, en la correlación real de fuerzas existentes en Italia, en la medida en la cual se logre obtener el consenso entre la gran masa de campesinos ” (CPC, pp. 139-140).

En Italia la cuestión campesina está, sin embargo, “ históricamente determinada ”, no es una cuestión agraria “ en general ”. A causa del desarrollo específico de la historia nacional, ella ha asumido dos formas particulares: la cuestión meridional y la cuestión vaticana (relativa a la presencia activa de la Iglesia en la historia de Italia). El proletariado italiano debe lograr hacerlas suyas, incorporándolas en su “ programa revolucionario de transición ”. El análisis del “ bloque agrario ” meridional es el siguiente: éste está constituido por tres estratos sociales, la gran masa campesina, los intelectuales de la pequeña y mediana burguesía, los propietarios de tierras y los grandes intelectuales. La disgregación de la masa campesina impide cualquiera expresión “ centralizada ” de las aspiraciones y de las necesidades populares. La totalidad de la agitación y de las manifestaciones sociales está dominada en el campo político por los grandes propietarios, en lo ideológico por los grandes intelectuales. Y Gramsci observa:

Como es natural, es en el terreno ideológico que la centralización se verifica con mayor eficacia y precisión. Giustino Fortunato y Benedetto Croce representan, por lo tanto, la llave maestra del sistema meridional y, en un cierto sentido, son las dos figuras más grandes de la reacción italiana ” (CPC, p. 150).

El intelectual meridional es, en realidad, “ democrático en la cara campesina, reaccionario en la cara inversa, vuelta hacia el gran propietario y el gobierno ” (CPC, p. 151). Constituye el vínculo que une el campesino al latifundista. Esta relación genera un “ monstruoso bloque agrario ”, el cual no se agota en las relaciones sociales locales, sino que funciona, por el contrario, “ como intermediario y como vigía del capitalismo septentrional y de los grandes bancos ” (CPC, p. 153).

En el Mezzogiorno falta una organización de la cultura media, sin embargo, existen “ grandes acumulaciones culturales y de inteligencia en individuos particulares o en grupos restringidos de grandes intelectuales ” (CPC, p. 153). La influencia de intelectuales meridionales se ha verificado de una manera constante, también a escala nacional. Personalidades como Fortunato y, sobre todo, Croce, vinculados a la cultura europea, poseían las dotes necesarias para guiar las exigencias intelectuales de la juventud culta del sur. La filosofía crociana ha realizado una reforma “ histórica ”, modificando horizontes y métodos del pensamiento tradicional y construyendo una nueva concepción del mundo.

En este sentido, Benedetto Croce ha cumplido una altísima función “ nacional ”, ha separado a los intelectuales radicales del Mezzogiorno de la masa campesina, haciéndolos participar en la cultura nacional y europea y, a través de esta cultura, los ha hecho absorber por la burguesía nacional y, por lo tanto, por el bloque agrario ” (CPC, p. 156).

Pero ahora el clima histórico ha cambiado y, con ello, tiene que cambiar el ropaje mental de los intelectuales. Lo ha logrado, por ejemplo, Piero Gobetti, que “ no era un comunista y probablemente no lo habría sido jamás, pero había comprendido la posición social e histórica del proletariado y ya no lograba más pensar abstrayéndose de este elemento ”. Gramsci está conciente que los intelectuales, representantes de la tradición cultural de un pueblo, no pueden romper de golpe con el pasado y adherir de un modo acrítico a la nueva ideología. Y, sin embargo, es de la mayor importancia que entre los intelectuales se determine una “ fractura de carácter orgánico ”, que se forme “ una tendencia de izquierda, en el significado moderno de la palabra, es decir, orientada hacia el proletariado revolucionario ” (CPC, p. 158). El bloque intelectual es la armadura “ flexible pero fuertemente resistente del bloque agrario ”. Sólo a través de su desintegración es posible obtener la formación de un nuevo “ bloque histórico ”.


3. Una carta a Moscú y el desacuerdo con Togliatti.

Llegaban también a Italia ecos y noticias de un enfrentamiento político que opone la mayoría del comité central soviético, dirigida por Stalin y Bujarin, a las fracciones que reconocen sus jefes en Trotsky, Kamanev y Zinoviev. El desacuerdo es fuertísimo, ya que están en juego tanto el predominio dentro del partido como las próximas orientaciones políticas generales. El 14 de octubre de 1926, por cuenta del secretariado político del PCI, Gramsci expide a Moscú una larga carta de tono alarmado y crítico. Explica que “ los comunistas italianos y todos los trabajadores conscientes de nuestro país han siempre seguido con la máxima atención vuestras discusiones ”. Sin embargo, hoy “ nos sentimos inevitablemente preocupados; nos parece que la actitud actual del bloque de oposición y la aspereza de la discusión en el Partido Comunista de la URSS exigen la intervención de los partidos hermanos ” (L, p. 455). Gramsci denuncia la gravedad de las repercusiones de una eventual escisión en el núcleo dirigente del partido soviético. La advertencia de Lenin a propósito de estudiar los juicios de los adversarios de clase, permite ya constatar como la burguesía internacional está convencida de la “ disgregación ” y de la “ lenta agonía ” de las fuerzas revolucionarias. La intensidad de la crisis y la amenaza de escisión bloquean el proceso de desarrollo de los partidos que adherimos a la Comintern, cristalizan “ las desviaciones de derecha y de izquierda ”, postergando “ una vez más el éxito de la unidad orgánica del partido mundial de los trabajadores ”.

Compañeros, vosotros habéis sido, durante estos nueve años de historia mundial, el elemento organizador y propulsor de las fuerzas revolucionarias de todos los países; la función que vosotros habéis desarrollado no tiene precedentes que puedan igualarla ni en amplitud ni en profundidad en toda la historia del género humano. Sin embargo, hoy estáis destruyendo vuestra obra, vosotros degradáis y corréis el riesgo de anular la función dirigente que el Partido Comunista de la URSS había conquistado por el impulso de Lenin; nos parece que la violenta pasión de las cuestiones rusas os hace perder de vista los aspectos internacionales de las propias cuestiones rusas, os hace olvidar que vuestros deberes de militantes rusos pueden y deben satisfacerse sólo en el marco de los intereses del proletariado internacional ” (L, pp. 458-459).

En Moscú, el representante de los comunistas italianos es Togliatti. Este muestra el documento llegado de Roma a Bujarin pero no lo hace llegar al Comité Central del PCUS. De hecho, no está de acuerdo con las posiciones expresadas por Gramsci y el 18 de octubre le dirige una seca réplica. Aún reconociendo que éste había señalado a Zinoviev, Kamanev y Trotsky como los “ mayores responsables ” de las controversias, le parece que el secretariado político del PCI entiende “ llamar al orden ” a todos, incluso a la mayoría de Stalin y Bujarin. “ ¿Se puede afirmar que el comité central tenga un poco de culpa? Yo no lo creo ”, escribe Togliatti. (L, p. 464).

Gramsci le responde “ a título personal ” el 26 de octubre. Insiste que su letra del 14 era, en realidad “ toda una requisición contra las oposiciones ” pero que, sin embargo, no debía provocar perplejidad si la lucha en favor de la unidad debiera ser útil “ también a la oposición ”.

La línea leninista consiste en luchar por la unidad del partido y no sólo por la unidad exterior, sino por aquella un poco más íntima que consiste en que no hallan en el partido dos líneas políticas completamente divergentes en todos los puntos. No sólo en nuestros países, por lo que respecta a la dirección ideológica y política de la Internacional, sino también en Rusia, en lo que respecta a la hegemonía del proletariado, es decir, al contenido social del Estado, la unidad del partido es condición esencial ” (L, p. 472).

La preocupación principal de Gramsci en toda esta situación era de que la mayoría del Comité Central del PCUS entendiera “ arrasar en la lucha ” y adoptase luego, en relación con la minoría batida “ medidas excesivas ”. Exactamente lo que habría de suceder con Stalin en el poder. De todas maneras, las relaciones con Togliatti se interrumpen: ambos no se escribirán más. Con toda probabilidad, fuertes diferencias políticas, al origen del sucesivo aislamiento de Gramsci en el PCI progresivamente adecuado a la línea stalinista. Por lo demás, a impedir en lo inmediato cualquier esclarecimiento ulterior o, incluso, una eventual resolución del conflicto se agregaría una circunstancia externa. El 8 de noviembre de 1926, poco después de haber vuelto a casa desde Montecitorio, Gramsci es arrestado por una escuadra de policías y transportado, esposado, a Regina Coeli. En base a las “ medidas excepcionales ” adoptadas por el gobierno fascista, la inmunidad parlamentaria será reducida, en adelante, a un puro simulacro.


4. La condena.

Arrestado a las 8 de la tarde, a las 10,30 conducido a la cárcel, he partido de Roma, tempranísimo, la mañana, del 25 de noviembre. La permanencia en Regina Coeli ha sido el período más malo de la detención; 16 días de aislamiento absoluto en celda, disciplina rigurosísima ” (LC, p. 14). ”

En la misma carta, a Tatiana, el 19 de diciembre de 1926, Gramsci describe la primera etapa de los diecinueve meses de desplazamiento a lo largo y ancho de Italia, en espera del proceso. “ El 19 de noviembre, sin otra explicación, me fue comunicada la orden que me infligía 5 años de confinamiento en una colonia “ (LC, p. 16). Acaba de saber que será destinado a Somalia. Después a Ustica, una isla italiana. Parte de Roma el 25 de noviembre. Dos días en el reclusorio de Carmine, en Napoli. Una semana en el Ucciardone de Palermo. Llega a la isla siciliana el 7 de diciembre. Aloja en una casa particular, junto a otros cinco confinados políticos, entre los cuales Bordiga. Un paréntesis de relativa tranquilidad. Escribe a Sraffa: “ Ustica será para mi una estadía bastante plácida del punto de vista de la existencia animal, porque el clima es óptimo y puedo hacer paseos muy saludables ”. Le pide que le envíe “ algún libro ”.

Queridísimo amigo, tú conoces mi situación familiar y sabes cuánto es difícil para mí recibir libros, como no sea de algún amigo personal: créeme que no me habría atrevido a molestarte si no tuviera la necesidad de resolver algunos problemas de embrutecimiento intelectual que me preocupan especialmente ” (LC, p. 13).

Sraffa le abre una cuenta corriente ilimitada en la librería Sperling y Kupfer de Milano para libros y revistas. A pesar de las condiciones difíciles, esto quiere decir para Gramsci la posibilidad de seguir leyendo y estudiando. El 14 de enero de 1927, el tribunal militar de Milano emite en su contra una orden de arresto. Deja Ustica “ el 20 por la mañana, imprevistamente ”. El viaje dura diecinueve días: Palermo, Napoli, Caianello, Isernia, Sulmona, Castellamare Adriático, Ancona, Bologna, la noche del 7 de febrero, Milano. Le parece haber vivido “ una largísima cinematografía ”. Llegamos a los “ en tránsito ”.

(...) cansados, sucios, con las muñecas adoloridas por las largas horas de fierro, con la barba larga, con los cabellos en desorden, con los ojos hundidos y brillantes por la exaltación de la voluntad y el insomnio ; nos tiramos en el suelo sobre payasas que quién sabe cuán viejas son, vestidos, para no estar en contacto con la suciedad, envolviéndonos la cara y las manos en nuestras toallas, cubriéndonos con frazadas insuficientes como para no helarse. Volvemos a partir, todavía más sucios y cansados hasta el nuevo tránsito, con las muñecas más lívidas aún por el frío de los fierros y el peso de las cadenas “. (LC, p. 42).

Es recluido en la cárcel judicial de San Vittore, en régimen de aislamiento. La instrucción del proceso es lentísima. En Milano es un juez militar sardo, Enrico Macis, quien logra instaurar una ambigua relación confidencial con Gramsci.[204] Cuando en febrero de 1928 llega de Moscú una carta firmada por Ruggero Grieco, será Macis quien la intercepte y le insinúe al detenido la sospecha que podría tratarse de un documento “ excesivamente comprometedor ”. Después, en los años treinta, Gramsci terminará por desarrollar una verdadera “ obsesión ” respecto a aquella “ extraña ” carta. Un “ acto perverso ” (“Honorable Gramsci —le habría dicho el juez instructor—, usted tiene amigos que ciertamente desearían que permanezca un largo rato en galera ”), o solamente una “ ligereza irresponsable ” (LC, pp. 646-647). El episodio ha suscitado un vivo debate, incluso en tiempos recientes, sin embargo, sobre el plano historiográfico, no ha surgido ningún indicio de conjura en contra de Gramsci, de parte de sus mismos compañeros de partido.

El debate dura una semana, en el Palacio de Justicia de Roma, del 24 de mayo al 4 de junio de 1928. En la barra, casi todo el grupo dirigente del PCI, entre otros, Terracini, Scoccimarro, Giovanni Roveda, Ezio Riboldi. El interrogatorio de Gramsci se desarrolla en la audiencia del 30 de mayo. El presidente: “ Está imputado de actividad conspirativa, de instigación a la guerra civil, de apología del delito y de incitar el odio de clases ”. Gramsci :

Soy comunista y mi actividad política es notoria por haberla explicado públicamente como diputado y como periodista de L’Unitá. No he desarrollado actividad clandestina porque aún si lo hubiera querido me hubiera resultado imposible. Desde hace ya años he tenido siempre cerca seis agentes con el encargo declarado de acompañarme al exterior o de pararse frente a mi casa. Así que nunca he sido dejado solo ; y con el pretexto de la protección fue ejercida contra mí una vigilancia que se convierte hoy en mi mejor defensa (...). Si, por otra parte, ser comunista implica responsabilidad, la acepto ”.[205]

Para él, la condena es de veinte años, cuatro meses y cinco días de reclusión a cumplirse en Portolongone. Una visita médica confirma que el detenido está afectado de uricemia crónica y leve agotamiento nervioso. Será pues, asignado a la casa penal especial de Turi, en Bari.