Disautonomía

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Disautonomía
Clasificación y recursos externos
Especialidad Neurología
CIE-10 G90.9
CIE-9 337.9
MeSH D001342
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La disautonomía es una enfermedad crónica y también es catalogada como una discapacidad invisible que pese a ser multisintomatica, a la vista de los demás la persona que la presenta puede parecer sana.

La falla se ubica en el Sistema Nervioso Autónomo por lo que todas las funciones del organismo que trabajan de manera automática (las que no tenemos control sobre ellas) se ven severamente afectadas como por ejemplo; la presión, el pulso, la regulación de la temperatura corporal, la digestión, etc.

Una persona con disautonomía tiende a presentar constantemente mareos y desmayos. Suelen sentirse fatigados y débiles, sus párpados se observan inflamados o caídos. Es decir, aparentan tener mucho sueño y lucen cansados y pálidos a un grado grisáceo.

Por lo regular sus pies y manos siempre están fríos y su frente se observa con sudoración.

No es contagiosa. Dentro de este nombre genérico se incluyen el síndrome de taquicardia ortostática postural (POTS en sus siglas inglesas), el síncope de origen neurocardiogénico, la intolerancia ortostática (OI), la hipotensión mediada neuralmente, el prolapso de la válvula mitral, el fallo autonómico puro (FAP), la inestabilidad autónoma y cierto número de enfermedades menos conocidas. En otros desórdenes, tales como la atrofia multisistémica (síndrome de Shy-Drager)[1] y síndrome de fatiga crónica,[2] la disautonomía es tan sólo uno de los fallos del sistema.

Durante el siglo XIX y comienzos del siglo XX, se diagnosticó "neurastenia" o "sistema nervioso débil" a pacientes que en casi su totalidad eran mujeres. Dichos pacientes presentaban fatiga, debilidad, mareos y desmayos. La prescripción de los médicos en estos casos era simplemente guardar cama. Aunque algunos pacientes murieron, la mayoría se recuperaron. Se considera ahora que estas personas sufrían los efectos de un desorden del sistema nervioso.

Esta patología no debe ser confundida con la "disautonomía familiar" o síndrome de Riley-Day que es hereditaria y afecta a personas con ascendentes judíos asquenazí.[3]

La disautonomía pone de cabeza la vida de las personas quienes la padecen; en su mayoría son mujeres adolescentes aunque hay casos de niñas y mujeres adultas. De 10 mujeres que la padecen un hombre presenta alguno de los tipos de disautonomía.

Jóvenes y niños con disautonomía se ven obligados a permanecer en casa dado que su condición no les permite realizar ciertas actividades. Todo ello les lleva a un aislamiento. Sus amistades tienden a alejarse pues es complicado mantener una relación distante.

Se combinan dolores crónicos de cabeza, estómago, articulaciones, fatiga, mareo, cambios abruptos de presión y pulso, intolerancia a la luz, problemas para respirar y para caminar, entre muchos otros.

Diversos testimonios de personas con disautonomía aseguran sentirse atrapados en un laberinto sin salida porque los síntomas pueden llegar a ser impredecibles, incómodos y sumamente dolorosos.

Los disautónomos se cansan rápido y se desencadenan dos síntomas principales; la taquicardia y la falta de aliento. Por ello, suelen presentar intolerancia al ejercicio.

Etiología (causas de la enfermedad)[editar]

Aunque las causas aún no han sido bien aclaradas, se piensa que puede estar causada o agravada por virus, factores genéticos, exposición a productos tóxicos, enfermedades autoinmunes y heridas o traumatismos[4] que hayan dañado el sistema nervioso autónomo.

El embarazo puede agravar o paliar los síntomas, dependiendo del tipo concreto de disautonomía y de la persona. En general, si el volumen sanguíneo aumenta, la intensidad de los síntomas suele decrecer, sin embargo otros factores, como por ejemplo los cambios hormonales, pueden agravarlos.

De forma minoritaria, en algunas personas la disautonomía ha sido causada por diversas alergias alimentarias con efecto retardado. Una vez han sido eliminados de la dieta los alimentos a los que se tenía alergia, los pacientes han dejado de experimentar los síntomas propios de la disautonomía.

Manifestaciones clínicas (signos y síntomas)[editar]

La mayor parte de las formas en las que se presenta la disautonomía no son mortales, a pesar de condicionar en mayor o menor medida la vida de los pacientes. La manifestación de la disautonomía incluye desórdenes de funciones vegetativas incluyendo la presión sanguínea, el ritmo cardiaco, el funcionamiento de las pupilas, la sudoración, la fisiología reproductiva y urinaria, y la digestión.

Algunos síntomas concretos que puede presentar el paciente son:[3] taquicardia, bradicardia, palpitaciones, dolor en el pecho, presión sanguínea peligrosamente baja, cambios amplios y/o bruscos en la presión sanguínea, mareos, desmayos o estados pre-síncope, problemas gastrointestinales, náuseas, insomnio, falta de aliento, micciones frecuentes, visión borrosa o en túnel, ardor en los ojos, falta de concentración, problemas de memoria, convulsiones y migrañas.

Las personas que sufren taquicardias sin razón aparente, algo que se conoce como taquicardia sinusal inapropiada (TSI), en los casos más graves presentan migrañas severas de forma regular y sus riñones pueden dejar de ser capaces de retener agua (diabetes insipidus).

Diagnóstico[editar]

El diagnóstico de este síndrome depende de la categoría particular que afecte al paciente. Uno de los métodos utilizados en su diagnóstico es la prueba de la mesa inclinada o test de Tilt.

Recientemente se ha creado un aparato, el "ANSiscope",[5] que permite medir de forma no invasiva, cómo se relacionan los sistemas simpático y parasimpático, permitiendo hacer una evaluación cuantitativa de la disfunción en el sistema nervioso autónomo del paciente.

Tratamiento[editar]

Aunque no hay cura para la disautonomía, existen medicamentos para paliar sus efectos, además de pautas de comportamiento que pueden ayudar a sobrellevar esta enfermedad.

El tratamiento farmacológico de la disautonomía es complejo puesto que mientras se hacen desaparecer ciertos síntomas otros pueden empeorarse. Entre los medicamentos que se utilizan para tratarla destacan la fludrocortisona, la midodrina, la efedrina y los ISRS A menudo el tratamiento se encuentra tras prueba y error en cada caso concreto.

Las medidas que pueden aliviar los efectos de la disautonomía son también parte de las recomendadas para conservar buena salud física y mental; varían según el tipo de afección concreto.

Ante la presencia de mareos suele ser recomendable tumbarse para facilitar la llegada de oxígeno al cerebro. De forma general, se recomienda incorporar a la rutina diaria hábitos que intenten mejorar el retorno sanguíneo, como pueden ser:

  • Realizar unas 5 o 6 comidas diarias, evitando así una acumulación excesiva de sangre en el estómago.
  • Realizar ejercicio aeróbico varias veces por semana para mantener el tono muscular.
  • Beber unos 3 litros de líquidos a diario para estar bien hidratado. En los casos que sea posible conviene aumentar al mismo tiempo la ingesta de sal, para poder retener el líquido ingerido.
  • Evitar permanecer de pie de forma prolongada y si no se puede evitar, hacer pequeños movimientos como ponerse de puntillas o cruzar las piernas.[6] Lo mismo es aplicable a viajes de larga duración sentados: conviene cierto movimiento de vez en cuando. En el mismo sentido, minimizar el tiempo que se esté caminando despacio en, por ejemplo, supermercados o museos.
  • Usar medias de compresión.

Pronóstico[editar]

El futuro de las personas con los síntomas relacionados con la disautonomía depende de la categoría diagnosticada específica. Pacientes con uno de los tipos de disautonomía generalizada crónica pueden experimentar una degeneración del sistema nervioso, algo que conlleva consecuencias fatales a la larga.[7] Dichos pacientes podrían morir de forma súbita o como consecuencia de un fallo respiratorio.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Köllensperger M, Stampfer-Kountchev M, Seppi K, et al (2007). «Progression of dysautonomia in multiple system atrophy: a prospective study of self-perceived impairment». Eur. J. Neurol. 14 (1): 66-72. doi:10.1111/j.1468-1331.2006.01554.x. PMID 17222116. 
  2. Newton JL, Okonkwo O, Sutcliffe K, Seth A, Shin J, Jones DE (2007). «Symptoms of autonomic dysfunction in chronic fatigue syndrome». QJM 100 (8): 519-26. doi:10.1093/qjmed/hcm057. PMID 17617647. 
  3. a b «:: Disautonomía familiar». 
  4. Baguley IJ, Heriseanu RE, Cameron ID, Nott MT, Slewa-Younan S (2007). «A Critical Review of the Pathophysiology of Dysautonomia Following Traumatic Brain Injury». Neurocritical Care 8: 293. doi:10.1007/s12028-007-9021-3. PMID 17968518. 
  5. «Dyansys, Ansiscope, Ansigram, Balance, Ansindex, Ansirisk, sympathetic, parasympathetic, autonomic, neuropathy, diabetic, ECG, nervous system, dysfunction, stress, anesthesia,...». Archivado desde el original el 26 de noviembre de 2015. 
  6. «Maniobras Para Combatir La Disautonomia». 
  7. «Dysautonomia Information Page: National Institute of Neurological Disorders and Stroke (NINDS)». 

Enlaces externos[editar]