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Dioses olímpicos

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Loggia di Psiche, 1518-19, fresco de Rafael. En imagen, sección del techo donde se representa el concilio de los dioses, principalmente los doce olímpicos, recibiendo a Psique. De izq. a dcha. (y solo las figuras de pie): Psique (con la copa de inmortalidad), Mercurio (caduceo), Jano (doble rostro), Vulcano (tenazas), Hércules (clava), Baco (vides), Apolo (lira), Marte (lanza), Venus (desnuda de pechos), Plutón (bidente), Neptuno (tridente), Júpiter (águila), Diana (tiara lunar), Juno (pavo real) y Minerva (caso y lanza). La figura alada, a la derecha de Venus e izquierda de Júpiter, es Cupido.

Los dioses olímpicos (en griego clásico: Οἱ Θεοί τοῦ Ὀλύμπου; en latín: Dei Olympici) son las deidades principales del panteón griego que habitaban el monte Olimpo, el más alto de Grecia. Entre ellos se identifican tradicionalmente los ‘doce dioses olímpicos’ (δώδεκα Θεοί τοῦ Ὀλύμπου; Duodecim Dei Olympici), que fueron los más venerados y a quienes se consagraron templos, festividades cívicas, manifestaciones artísticas y deportivas, considerándolos los más importantes dentro del amplio conjunto de deidades de la mitología griega (y más tarde la mitología clásica).[1]

Zeus era el rey de los dioses.[2] Los dioses, que poseían icor por su venas,[3] banqueteaban en el Olimpo comiendo ambrosía[4] y bebiendo néctar[5] y amenizaban sus festines al son de las Musas.[6] El concepto de «doce dioses» es un término genérico y oscuro del que no se conoce su origen exacto y que a veces no tiene nada que ver con una cantidad exacta.[7]

Como ocurre con otros aspectos y elementos de la mitología, el número e identidad de los dioses que habitaban el monte Olimpo (el llamado «concilio de los dioses», ἀγορὴ θεῶν) es impreciso de acuerdo con la tradición. Su número más comúnmente aceptado es doce:[8] Zeus (cielo), Hera (matrimonio), Poseidón (mar), Deméter (agricultura), Afrodita (amor), Ares (guerra), Atenea (sabiduría), Apolo (músicos), Artemisa (cazadores), Hefesto (herreros), Hermes (heraldos) y además, o bien Hestia (hogar), o bien Dioniso (vino).[9][10][11][12][13][14][15]

Definición de ‘olímpico’

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‘Olímpico’ y ‘dioses olímpicos’ son términos polisémicos en la tradición clásica y en la historiografía moderna, con varios usos relacionados pero no idénticos:[16]

  1. En sentido estricto, olímpico designa a los dioses que habitan el monte Olimpo y forman la corte divina bajo la soberanía de Zeus —rey de los dioses—, en oposición a otras generaciones o ámbitos divinos (titanes, dioses primordiales, divinidades ctónicas, dioses del mar, daimones, ninfas y otros seres divinos en medio).[17]
  2. En sentido canónico, los doce dioses olímpicos constituyen un grupo fijo de doce divinidades principales de la mitología griega, ampliamente reconocido en el arte, el culto y la literatura antigua, aunque con variaciones en la lista concreta según autores y épocas.[18]
  3. En sentido amplio o laxo, dioses olímpicos se usa como sinónimo de dioses del panteón griego en general, e incluso, por extensión moderna, de los dioses clásicos grecorromanos, sin referencia estricta al Olimpo ni al número doce. Este uso se suele usar para diferenciar otros panteones mitológicos, como los dioses egipcios, celtas, nórdicos, fenicios o babilonios —pueblos y dioses de tierras no griegas ni romanas—.[19]
  4. En sentido cultual y geográfico, olímpico se refiere a Olimpia y al culto de Zeus Olímpico, especialmente en autores como Diodoro Sículo, así como a las instituciones religiosas asociadas, entre ellas los Juegos Olímpicos.[20]

El monte Olimpo y sus dioses

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Árbol genealógico de los dioses olímpicos. En los casos de Afrodita, Ares, Dioniso, Atenea, Hefesto y Urano para este gráfico se ha tomado como modelo la versión de la Teogonía de Hesíodo. En azul, los que siempre se consideran olímpicos, en amarillo los variables, y en negro, los demás dioses. La línea continua indica relación padre-hijo y la discontinua la pareja.[21]

La imagen clásica de los dioses de la mitología griega procede fundamentalmente de la poesía arcaica de Homero (Ilíada y Odisea) y Hesíodo (Teogonía), transmitida en forma de verso épico (hexámetro dactílico).

El Olimpo homérico

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Homero ya ensalzaba al monte Olimpo y dice que en su cima, por encima de las nubes, viven los dioses adorados por el pueblo griego. En este lugar no se siente ni la lluvia ni se oye el viento, nunca la nieve se posa en él aun siendo una cima muy elevada, pero es absolutamente divino y libre de las calamidades que azotan las montañas de los humanos.[22] Allí gozan sin pausa los dioses, y se sientan alrededor de Zeus cuanto este los requiere.[23]

En la Ilíada se nos dice que Zeus ordenó a Temis que convocase al ágora a los dioses. Ella, que presidía las asambleas, mandó al resto de dioses que moraban en el Olimpo y en la tierra, que acudieran al palacio de Zeus. No faltó ninguno de los dioses fluviales, excepto Océano, ni ninguna ninfa que habita en bosques (alseides), fuentes (pegeas) y prados (limónides). Tan pronto como llegaban al palacio de Zeus, los dioses se sentaban en los pórticos bruñidos que Hefesto había construido por orden de Zeus.[24]

Dodekatheon

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En la cultura de la antigua Grecia los «dioses del Olimpo» y los «cultos a los doce dioses» eran a menudo conceptos relativamente distintos.[25]

El concepto de ‘doce dioses’ (Δωδεκάθεον, Dōdekátheon) es más antiguo que cualquiera de las primeras fuentes griegas. En griego antiguo, θεός (theós) era el término general para designar a cualquier divinidad, incluido Zeus; mientras que Διός (Díos) es el genitivo del nombre propio Zeus (esto es, «de Zeus»). Hubo, en diferentes épocas, varios dioses diferentes reconocidos como olímpicos, aunque nunca más de doce a la vez. De este concepto es como se hace referencia a ellos como los doce olímpicos, también conocidos como Dōdekátheon (en griego: Δωδεκάθεον< δώδεκα, dōdeka, «doce» + θεοί, theoi, «dioses»).[26][27][28]

Zeus Olímpico

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Ya desde la poesía arcaica la denominación de «dios olímpico» o epíteto «olímpico» significa simplemente «habitante del Olimpo» y por extensión se utiliza especialmente para referirse a Zeus (esto es, Zeus Olímpico).[29] Cuando los tres Cronidas se repartieron el mundo Zeus obtuvo el dominio del cielo en medio del éter y las nubes, Poseidón el del mar espumoso y Hades el del tenebroso inframundo. No obstante la tierra y el alto Olimpo son de dominio común.[30]

Diodoro Sículo nos expresa el origen de la denominación del término ‘olímpico’, a saber:

«Cuando los gigantes, en Palene, se decidieron a entrar en guerra contra los inmortales, Heracles combatió junto a los dioses y, al dar muerte a muchos de los hijos de Gea, se granjeó la más grande aceptación. Zeus, en efecto, dio el nombre de Olímpicos sólo a los dioses que habían combatido a su lado, a fin de que, al ser adornado con el honor de tal nombre, el valiente, por este título, se diferenciara del cobarde. Y, entre los que habían nacido de una mujer mortal, Dioniso y Heracles le parecieron dignos de este tratamiento, no solo porque eran hijos de Zeus, sino también porque ambos habían decidido realizar grandes beneficios para la vida de los hombre».[31]

Concilio de los dioses en las artes

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La iconografía clásica nos revela varias escenas donde los dioses principales se reúnen, el denominado ‘concilio de los dioses’. Los banquetes en los que se celebran grandes acontecimientos en el Olimpo pueden ser bodas (la de Tetis y Peleo o la de Psique y Cupido) o la apoteosis de Heracles. En el friso del Tesoro de los Sifnios se representa la guerra de Troya y a la izquierda un concilio de dioses, con las divinidades a favor de los troyanos y a su lado opuesto las que favorecen a los griegos. Solo los dioses de la primera generación (los Cronidas) llevan barba, y llevan el cabello corto. En el Friso de las Panateneas los dioses acuden al nacimiento de Atenea. En una crátera del Museo Británico los dioses se reúnen durante la creación de Pandora. En un sarcófago romano se representa la creación del hombre por el titán Prometeo y a su lado los dioses acuden expectantes.[32]

Sincretismos

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A juicio de Heródoto, la mayoría de las deidades griegas tienen origen egipcio, con algunas excepciones.[33] El autor encuentra un paralelismo claro entre Zeus con Amón, Dioniso con Osiris y Atenea con Neit.[34] Plutarco nos habla de la interpretatio graeca con los dioses egipcios: Helios con Atón-Ra, Rea con Nut, Geb con Cronos, Hermes con Thot, Apolo con Horus, Tifón con Seth y Afrodita o Nike con Neftis o Hathor.[35]

Genealogías

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Es imposible establecer con precisión un árbol genealógico de los dioses olímpicos. Ello se debe principalmente a que la genealogía es una técnica o ciencia auxiliar de la historia y que por tanto obedece a estructuras del orden de lo humano, de modo que obviamente fracasa en el plano de lo mitológico. Sin embargo, diversos autores suelen hacer esbozos, más o menos complejos, con fines de organización didáctica del material presentado.[36]

Deidad en Homero en Hesíodo
Afrodita hija de Zeus y Dione nacida de la espuma del mar (de los genitales de Urano)
Ate hija mayor de Zeus hija de Eris
Atenea hija de Zeus sin madre hija de Zeus y Metis
Eris referida como hermana de Ares nació de Nix sin varón
Hefesto hijo de Zeus y Hera hijo de Hera sin varón
Hiperión epíteto de Helios uno de los titanes, hijo de Urano y Gea
Océano dios primordial, padre de los dioses uno de los titanes, hijo de Urano y Gea
Oneiros en singular, sin filiación en plural, hijos de Nix

Epítetos griegos y romanos

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En diversos casos, griegos y romanos utilizaron epítetos equivalentes para referirse a divinidades identificadas entre sí:

Teónimo griego latín ejemplos literarios particularidades
Baco Βάκχος Bacchus Eurípides: Las bacantes (griego);[37] Ovidio: Las metamorfosis (latín)[38] Griegos y latinos llamaban Baco al mismo dios. Como derivado, las bacantes eran griegas y las bacanales romanas.
Cipris Κύπρις Cypris Homero: Ilíada (griego);[39] Ovidio: Heroidas (latín).[40] Cipris era un epíteto de Afrodita para griegos y Venus para romanos.
Febo Φοῖβος Phoebus Homero: Ilíada (griego);[41] Virgilio: Eneida (latín)[42] Tanto Febo como Apolo eran utilizados por griegos y romanos, indistintamente. Febo también era un epíteto para Helios.[43]
Palas Παλλάς Pallas Homero: Ilíada (griego);[44] Virgilio: Eneida (latín)[45] Palas era un epíteto de Atenea para griegos y Minerva para romanos.
Plutón Πλούτων Pluto Platón: Critias (griego);[46] Virgilio: Eneida (latín)[47] Griegos y romanos llamaban Plutón al mismo dios, pero Plutón fue más utilizado en latín.

Listas de los ‘doce dioses’

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Estas son las deidades incluidas en la lista de los ‘doce dioses’, tomando las referencias cultuales: AfroditaAlfeoApoloAresArtemisaAsclepioAtenea • Betilo[48] (fenicio) • Cárites • Carpóforo[49] (egipcio) • CronosCuretesDeméterDionisoHadesHécateHefestoHeraHeraclesHermesHestiaLetoPoseidónReaZeus

La expresión griega Δώδεκα Θεοί (Dōdeka Theoi), los ‘doce dioses’, aparece en contextos religiosos, no en la poesía. En Pausanias se mencionan altares y recintos dedicados a los doce dioses en Atenas y Olimpia. Lo importante es que no siempre se da una lista cerrada y en distintos lugares podía variar uno de los miembros. Eso indica que “los Doce” era una categoría cultual flexible, no un canon doctrinal rígido.[50]

El neoplatónico Hermias de Alejandría explica simbólicamente que «doce es la suma de todos los dioses del universo». El filósofo añade en su lista de doce olímpicos a Zeus, Hestia, Apolo, Hera, Poseidón, Hermes, Ares, Afrodita, Atenea, Deméter, Artemisa y Hefesto. También añade que Hécate está incluida entre ellos y dice que a Dioniso se lo considera el decimotercero entre los doce dioses.[51]

La primera referencia antigua de sus ceremonias religiosas se encuentra en el Himno homérico a Hermes: «Pero luego Hermes de alegre talante trinchó doce pedazos adjudicados por suerte e hizo de cada uno un honor perfecto».[52] El culto griego de los doce olímpicos se remonta al siglo VI a. C. en Atenas y probablemente no tiene precedentes en la época micénica. El altar de los doce olímpicos en Atenas se fecha generalmente en el arcontado de Pisístrato el joven, en 522/521 a. C.[53]

Fragmento de un relieve helenístico (siglo I a. C. - siglo I) representando los doce olímpicos con sus atributos en procesión; de izquierda a derecha, Hestia (cetro), Hermes (casco alado y bastón), Afrodita (velo), Ares (casco y lanza), Deméter (cetro y gavilla de trigo), Hefesto (bastón), Hera (cetro), Poseidón (tridente), Atenea (búho y casco), Zeus (rayo y bastón), Artemisa (arco y carcaj) y Apolo (cítara) (procedente del Walters Art Museum).

Heródoto incluye a Heracles como uno de los doce.[54] Luciano también incluye a Heracles y Asclepio como miembros de los doce, sin detallar qué dos tuvieron que ceder su sitio.[55] En Cos, Heracles y Dioniso se añaden a los doce y Ares y Hefesto son olvidados.[56] Sin embargo, Píndaro, Apolodoro y Herodoro de Heraclea discrepan con esto. Para ellos, Heracles no es uno de los doce dioses, sino el que estableció su culto.[57]

Hades es eliminado en las agrupaciones más tarde debido a sus asociaciones ctónicas. Perséfone pasaba la tercera parte del año en el inframundo y se le permitía volver al Olimpo durante los restantes ocho meses para que pudiera estar con su madre, Deméter. Y, aunque Hades siempre fue uno de los principales dioses griegos, su morada en el mundo subterráneo de los muertos hacía su relación con los olímpicos más distante. Por esta razón, generalmente no está incluido en esta lista. No tenía un asiento en el panteón ya que pasaba casi todo su tiempo en el inframundo, en el que era el rey.[58][59] Los dioses olímpicos pueden contraponerse a los dioses ctónicos por el modo de sacrificio, ya que estos últimos recibían sacrificios en un báratro (βόθρος, «foso») o mégaron (μέγαρον, «cámara hundida») en lugar de en un altar.[60]

En las Leyes de Platón, se propone que la ciudad ideal tenga doce tribus con los nombres de los doce dioses, pero no se enumeran, salvo que Plutón (esto es, Hades) es aparentemente una de ellas.[61] En el Fedro, Platón hace a Zeus el jefe de los doce dioses, mientras que sólo Hestia permanece en las mansiones de los dioses.[62] De los otros doce dioses el texto solo menciona a Ares, Hera y Apolo.[63] Platón también alinea a los doce con el zodiaco.[64] Manilio asocia a un dios con cada constelación zodiacal, a saber: Aries con Minerva, Tauro con Venus, Géminis con Apolo, Cáncer con Mercurio, Leo con Júpiter y Cibeles, Virgo con Ceres, Libra con Vulcano, Escorpio con Marte, Sagitario con Diana, Capricornio con Vesta, Acuario con Juno y Piscis con Neptuno.[65]

Herodoro de Heraclea incluyó en su Dodekatheon las deidades siguientes:[66][67]

Cuando llegó a Elis, él (Heracles) fundó en Olimpia el santuario de Zeus Olímpico y bautizó el lugar con el nombre del dios. Allí le sacrificó a él y a los otros dioses, erigiendo altares, seis en número, compartidos por los doce dioses: primero el altar de Zeus Olímpico, a quien hizo compartir con Poseidón; segundo el de Hera y Atenea; tercero el de Hermes y Apolo; cuarto el de las Cárites y Dioniso; quinto el de Artemisa y Alfeo; sexto el de Crono y Rea.[68]

Salustio, probablemente siguiendo a Jámblico en sus palabras, divide a los dioses en varias categorías: dioses demiúrgicos (Zeus, Poseidón y Hefesto); dioses de las almas (Deméter, Hera y Artemisa); dioses de la armonía (Apolo, Afrodita y Hermes); y dioses guardianes (Hestia, Atenea y Ares).[69] Un escolio ordena los nombres de los doce dioses en cuatro tríadas: «Los doce dioses son estos: (hijos de Cronos:) Zeus, Poseidón y Hades; (hijos de Zeus:) Hermes, Hefesto y Apolo; (hijas de Cronos:) Deméter, Hera y Hestia; (hijas de Zeus:) Artemisa, Afrodita y Atenea».[70]

En la Hermeneumata[71] Leidensia se incluye a Leto entre los doce dioses, reemplazando a Hefesto. Finalmente también se conserva, en la Hermeneumata Montepessulana, una lista de doce dioses: Zeus, Hera, Atenea, Afrodita, Apolo, Artemisa, Deméter, Poseidón, Hermes, Betilo, Ares, Cronos, Hefesto, Heracles, Carpóforo y los Curetes.[72] La lista nombra dieciséis deidades, entre ellas deidades oscuras como el fenicio Betilo,[48] el egipcio Carpóforo[49] y un grupo de démones, los Curetes.

Aunque no existe ninguna fuente en la mitología clásica que lo respalde, Robert Graves dice que Dioniso sustituyó a Hestia en el consejo de los doce dioses. No obstante en las fuentes que nos ofrece para relatar este episodio no aparece tal información.[15]

Dioses principales de la mitología clásica

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Concilio de los dioses

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A las divinidades principales de la mitología clásica se las conoce, en el ámbito cultual y divulgativo, como los «doce dioses (olímpicos)» y, en la tradición poética, como el «concilio de los dioses».[73] Se trata de las doce figuras más célebres de la antigua Grecia, las más representativas en la mitología y en las artes plásticas, y las que alcanzaron mayor proyección panhelénica en el culto. Moraban en el monte Olimpo, sede de las mansiones divinas, y todas estaban sometidas a la soberanía de Zeus —del que algunos eran hermanos y otros hijos—. A ellas se consagran algunos de los himnos homéricos más extensos y solemnes, y su imagen llegó a convertirse, por antonomasia, en emblema de la cultura helénica y, posteriormente, de la tradición grecorromana.

Nombre griego
Nombre romano
ImagenNaturaleza, hechos, funciones y atributos
Zeus
Júpiter
Rey de los dioses y gobernante del monte Olimpo;[2] es el dios del cielo y su arma es el rayo.[30] Es llamado Cronida o Cronión, porque es hijo del titán Crono, a quien destronó tras la Titanomaquia.[74] Todos los demás dioses deben acatar sus decisiones, pues su poder es absoluto y ningún dios puede vencerlo.[75] Su reinado estuvo en peligro varias veces, como durante la Tifonomaquia[76] o la Gigantomaquia,[77] pero en todas ellas salió victorioso. Como padre de dioses y hombres garante las leyes entre los hombres,[78] protege los juramentos de los dioses[79] y pesa el destino de los mortales.[80] Sus emblemas son el rayo, el águila, el toro y el roble.[81] Es hermano y esposo de Hera,[82] aunque tuvo muchas amantes y protagonizó varios raptos —entre ellos se destacan los de Europa, Dánae, Alcmena, Leda, Ío, Sémele o Calisto,[83] e incluso el efebo Ganimedes.[84] Entre su comitiva principal se encuentran Hermes, Nike, Cratos, Temis, las Moiras o las Horas, entre otros.[85] Se le suele representar como un hombre maduro, con barba, sentado en un trono o lanzando rayo.[86] Fue padre de varios héroes pero los más célebres fueron Heracles,[87] Perseo,[88] Helena[89] y los Dioscuros.[90] También castigó a varios reyes impíos, como a Tántalo,[91] Salmoneo[92] o Ixión.[93]
Hera
Juno
Reina de los dioses y diosa del matrimonio;[94] es llamada la Argiva («de Argos») porque allí tenía su culto principal.[95] Tiene muchos epítetos, como Lucina,[96] y ellos también nos hablan del tránsito de la novia a la casa del esposo, la unción, fecundidad, menstruación, parto y procreación de los pueblos.[97] Es una Cronida («hija de Cronos»), hermana gemela[98] y esposa de Zeus.[99] Gea le regaló un árbol con manzanas doradas durante la boda.[100] Es por lo tanto es la principal entre las diosas[101] y madre de Ares[102] y Hefesto.[103] Sus emblemas son el pavo real, la granada, el cuco y la vaca.[104] Como representa el tropo de la madrastra malvada,[105] con frecuencia trata de vengarse de las infidelidades de Zeus y recurre a intrigas despiadadas.[106] Podía conspirar en contra de Zeus[107] y este la encadenó como castigo.[108] Se le suele representar como una mujer madura y majestuosa, con tiara regia y entronizada.[109] Es servida sus hijas Hebe e Ilitía, tiene a su servicio a Argos Panoptes e Iris[110] y está asociada con las Cárites[111] y Eolo.[112] Hera protegió la empresa de Jasón y los argonautas[113] pero fue enemiga acérrima de Heracles[114] y Eneas.[115] Alimentó al león de Nemea y la Hidra de Lerna como amenazas para Heracles.[116] En época tardía a Juno se la asociaba con el aire y la atmósfera.[117]
Poseidón
Neptuno
Señor y dios de los mares, causa los terremotos y se le consagra el caballo.[118] Tenía templos en zonas costeras y en el istmo de Corinto y era honrado en los Juegos Ístmicos.[119] Sus emblemas son el tridente, el toro, el caballo y el delfín.[120] Hijo de Crono y hermano de Zeus, también gozó de numerosas amantes —como Mestra, Libia, Ifimedia, Tiro, Halia o Medusa.[121] Según Platón, gobierna la isla mítica de Atlántida y engendró su linaje real.[122] Se le suele representar como un hombre barbudo y musculoso, con un tridente y en un carro que viaja sobre el mar.[123] Vive en el fondo de mar Egeo, junto a su consorte Anfitrite y su hijo Tritón.[124] Para conseguir el afecto de la nereida tuvo que enviar al delfín para que la persuadiera, y luego lo colocó entre las estrellas.[125] Tuvo una hija, Rode, esposa de Helios,[126] o bien se trata de Cimopolea, esposa de Briareo.[127] También es servido por tritones,[128] nereidas[129] e hipocampos,[130] además de otros dioses menores como Proteo[131] o Leucótea.[132] Fue el padre de los héroes Teseo[133] y Belerofonte[134] pero un enemigo acérrimo de Odiseo.[135] También tuvo hijos monstruosos, como Pegaso,[136] Polifemo[137] o Caribdis.[138] Su cólera puede devastar ciudades por medio de un monstruo marino,[139] pero los marineros le rezan como el ‘salvador de las naves’.[118][140] Como Neptuno también era un dios del agua dulce,[141] y en consecuencia de los ríos y las fuentes.[142]
Deméter
Ceres
Diosa de la agricultura,[143][144] Deméter lleva la fertilidad a la tierra.[145] Es la ‘portadora de las estaciones[146] y enseñó cómo recoger y sembrar el grano.[147] Como diosa madre su hija fue Core en unión con Zeus[148] y ambas están estrechamente relacionadas en el culto.[149] Se enfureció y entristeció tanto por el rapto de su hija a manos de Hades que prohibió a la tierra dar fruto como venganza hasta recuperarla.[150] Los himnos homéricos cuentan que la diosa buscó a su hija hasta llegar a la corte de Céleo en Eleusis. Allí, disfrazada de vieja nodriza, crio a Demofonte y, tras revelarse, instruyó a Triptólemo, a quien entregó un carro alado para llevar a los hombres el arte de la agricultura.[151] En su cortejo también se encuentran Pluto, Hécate y Yaco.[152] Era hija de Crono y Rea,[153] también se la llama Deo[154] y sus sacerdotes la invocan en los misterios de Eleusis.[155] Se la representa como una mujer madura, portando una gavilla de mano o la cornucopia.[156] Sus símbolos también incluyen la amapola, el trigo, la menta y el cerdo.[157] Su nombre latino, Ceres, nos dio la palabra «cereal».[158] Amó a Yasión en Creta[159] pero castigó a Ascálafo[160] y a Etón lo condenó a padecer hambre perpetua.[161]
Hefesto
Vulcano
Dios de la forja y el fuego, es el patrón de los oficios y los artesanos.[162] Creador de maravillosas obras, patrocina a orfebres, joyeros, herreros, albañiles y carpinteros.[163] Se le representa como un hombre barbudo, fuerte y patizambo en su fragua.[164] En su taller era servido por varios autómatas, entre ellos unas cariátides doradas y unos trípodes móviles.[165] Sus emblemas incluyen el yunque, el burro y la codorniz.[166] Hera engendró a Hefesto sin varón, o bien su padre fue Zeus.[167] Fue expulsado del Olimpo por obra de Hera o Zeus.[168] Cayó en Lemnos y se rompió las piernas, pero Tetis y Eurínome lo curaron;[169] desde entonces eligió a Lemnos como su sede más sagrada.[170] Se vengó más tarde de Hera construyéndole un trono que la dejó atrapada.[171] En Samotracia le seguían los Cabiros[172] y en Sicilia amó a Etna.[173] Su fragua se encontraba en Lípara y le asistían los Cíclopes.[174] Su esposa es llamada Caris, Aglaya o Afrodita;[175] aunque los poetas se mofan de él tildándolo de ‘cornudo’.[176] Entre sus hijos se cuentan a Erictonio,[177] Céculo[178] y Caco.[179] Su nombre latino, Vulcano, nos dio la palabra «volcán».[180] Para los griegos Hefesto era el fuego útil que ayudó a los hombres a prosperar[162] pero para los romanos Vulcano era el fuego fulgurante de los cielos.[181]
Atenea
Minerva
Diosa virgen de la sabiduría y la guerra;[182] también de la artesanía[183] y patrona de Atenas, a la que dio nombre.[184] Sus emblemas incluyen el mochuelo,[185] la égida[186] y el olivo.[187] Nació sin madre de la cabeza de Zeus, totalmente adulta y preparada para la guerra;[188] o bien es hija de Zeus y Metis.[189] Como diosa de la guerra se la suele representar ataviada como un hoplita, con aspis y una lanza, llevando a Nike en su mano.[190] Se le asocia con el Gorgoneion[191] y las Panateneas.[192] Su epíteto más común es Palas,[182] de donde proviene el paladio y su relación con Palas, su compañera favorita.[193] También favoreció especialmente a los primeros reyes del Ática, como Erictonio[194] y Cécrope.[195] Atenea de ‘ojos glaucos’,[196] siendo la hija favorita de Zeus,[197] era enviada por este para que ayudase a cada héroe, en la poesía épica.[198] Ya en tiempos tardíos, como Minerva, castigó especialmente a Aracne[199] y Medusa.[200] También patrocinaba la educación y la política.[201] Sea como fuere Atenea legó, en el pensamiento cultural griego, los conceptos de justicia, protectora de la polis y el patronazgo sobre las instituciones culturales. Estos reflejos perduran hasta nuestros días[202] —dio su nombre a los ateneos.[203]
Afrodita
Venus
Para los poetas era una diosa del amor y la belleza[204] pero en la religión griega es, fundamentalmente, la personificación del instinto sexual y la procreación.[205] Se diferenciaba entre Afrodita Urania (‘celestial’) y Afrodita Pandesmos (‘popular’) pero era venerada en las Afrodisias.[206] Sus emblemas incluyen la paloma, el mirto, la manzana, la venera y la rosa.[207] Es denominada Cipris por la isla de Chipre y Citerea por Citera.[208] Su ceñidor mágico (κεστός ἱμάς, cestus Veneris) la hacía irresistible a ojos de los demás.[209] Montaba en un carro tirado por cisnes.[210] Su nombre proviene del griego ἀφρός ('espuma'), pues nació en el mar a través la sangre de Urano después de ser castrado;[211] o bien sus padres fueron Zeus y Dione.[212] Está casada con Hefesto pero consumaba una infidelidad con Ares; de aquí nació al menos Harmonía.[176] Afrodita nos dio la palabra ‘afrodisíaco’, y Venus las voces ‘venerar’ y ‘venéreo’.[213] En las artes es una mujer hermosa y siempre desnuda, a menudo en compañía de su hijo Eros.[214] También le siguen las fuerzas eróticas: Peito, Hímero, Himeneo, las Cárites y los Erotes.[215] Fue la madre de Eneas[216] y se encaprichó de Adonis rivalizando con Perséfone.[217] En el juicio de Paris fue considerada la diosa más hermosa de todas; y ella, agradecida, le prometió a Paris el corazón de Helena.[218] Como Venus, era la protectora de los jardines.[219]
Ares
Marte
Dios de la guerra,[220] es natural de Tracia[221] y el adalid de la virilidad.[222] Detestado por los otros dioses, encarna el furor del soldado.[223] En Ares se contienen todos los males y horrores que causa la guerra. De este modo le siguen a la batalla sus hijos Fobos y Deimos, su hermana Eris y la diosa Enío,[224] su auriga en la guerra.[225] Es hijo de Zeus y Hera, y amante apasionado de Afrodita.[226][176] Se le representa con una lanza y escudo —símbolo de lo masculino—,[227] pero sus otros emblemas son la serpiente, la antorcha, el jabalí y el buitre.[228] Los himnos homéricos le conceden atributos fuera de la poesía épica: ‘protector de la juventud’, ‘espíritu del ardor combativo’ y ‘dispensador de valentía’.[229] Entre su prole se cuenta a Enialio[230] e Hipólita, reina de las amazonas;[114] estas lo adoraban con fervor.[231] Otros hijos célebres, de naturaleza belicosa, fueron Enómao,[232] Cicno,[233] Meleagro,[234] Diomedes[235] y Tereo.[236] Su residencia es un palacio de hierro, rodeado de tempestades.[225] Dio su nombre a la colina del Areópago, después de vengarse de la violación de su hija Alcipe.[237] Marte nos dio las voces «marcial», «martes» y «marzo».[238] Rómulo y Remo, fundadores de Roma, también llevan su sangre.[239] Para los romanos Marte representaba el poderío militar como una manera de asegurar la paz, y era un padre (páter) del pueblo romano.[240] Marte también protegía el crecimiento de los cultivos de fuerzas hostiles.[241]
Apolo
Apolo
Patrón de los aedospoetas y cantores itinerantes que recitan epopeyas—,[242] Apolo es el dios de la música, la curación y la adivinación.[243] Era hijo Zeus y Leto, hermano de Artemisa y había nacido en Delos.[244] Su epíteto principal, Febo («luminoso»),[245] nos habla de su faceta como dios solar[246][247] y su culto fabuloso en el país de los Hiperbóreos.[248] Llamado ‘Certero Flechador’, es un arquero divino que protege y destruye desde lejos.[249] Como Pitio («de Pito»), inspira las profecías de las sibilas y el oráculo de Delfos, y para ello tuvo que matar a la serpiente Pitón.[250] Apolo toma para sí como símbolos la cítara y el arco.[251] También son sus emblemas un cuerpo eternamente joven, la lira, el arco y las flechas, el trípode de Delfos, el cuervo, el laurel y el liderazgo sobre el coro de las nueve Musas, inspiradoras de los artistas.[252][253] Amó especialmente a Dafne, Coronis, Cirene, Marpesa, Casandra[254] y a su erómeno Jacinto.[255] Además sirvió como mortal a Admeto[256] y castigó a Marsias por desafiarle a un duelo musical.[257] Entre sus hijos, héroes músicos o adivinos, destacan Asclepio, Aristeo, Idmón, Orfeo o Lino.[258] Para los romanos Apolo es el sol[259][247] y patrón de los mánticos.[260] A partir del Renacimiento es considerado patrocinador de las bellas artes.[261] Es, en esencia, la medida de lo apolíneo y los valores del pensamiento griego.[262]
Artemisa
Diana
Diosa virgen de la caza, su dominio son los bosques y los animales salvajes.[263] Es la Potnia Theron (‘señora de los animales’) micénica.[264] También es la protectora de las doncellas, pudiendo aliviar los dolores del parto o causar una muerte súbita.[265] En época tardía, especialmente como Diana, fue adquiriendo atributos de una diosa lunar.[266] Se la representa como una muchacha armada con arco y flechas y acompañada de bestias.[267] Sus símbolos incluyen la luna, el ciervo, la osa y el ciprés.[268] Era hija de Zeus y Leto,[269] hermana de Apolo y nació en Ortigia.[244] Suele ser asistida por un coro de ninfas,[270] su monte favorito es el Taigeto y su carro estaba tirado por ciervas con cuernos de oro.[271] Castigó a Eneo enviándole al jabalí de Calidón,[272] a Acteón por verla desnuda[273] y mató a Ticio por intentar violentar a su madre.[274] Como protectora celosa de la virginidad, mató a los Alóadas[275] y a Orión;[276] Alfeo también la había pretendido pero consiguió burlarlo.[277] Exigía la misma castidad con sus asistentas, por eso castigó a Calisto cuando la vio embarazada.[278] Enseñó personalmente a Cirene, Procris y Atalanta.[271] Las doncellas de hiperbórea le mostraban un favor especial,[279] pero inmortalizó a sus sacerdotisas Ifigenia[280] y Filónoe.[281] El templo de Artemisa, en Éfeso, era una de las siete maravillas del mundo antiguo.[282] Britomartis,[283] Dictina[284] y Afaya fueron figuras asociadas a su culto.[285]
Hermes
Mercurio
Heraldo de los dioses, es un pícaro divino[286] y dios de los viajes y el comercio.[287] También es el patrón de comerciantes, banqueros, ladrones, adivinos y mensajeros.[288] Se dice que enseñó las letras, estableció los meses, descubrió las constelaciones e inventó la lira.[289] Nos dio la hermenéutica (ἑρμηνευτική) y fijó las hermas (ἑρμαί), que delimitan los caminos.[290] Se le suele representar como un joven en pleno movimiento, ataviado con un pétaso y sandalias aladas, así como el caduceo.[291] Esta vara le servía como atributo de heraldo, podía adormecer a cualquiera y, además, con ella ejercía su función de psicopompo, guiando a las almas.[292] Otros emblemas incluyen la grulla, el azafrán y la tortuga.[293] Le llaman Argifontes porque «mató a Argos» con una treta.[294] Es hijo de Zeus y Maya, hija de Atlas, y nació en el monte Cilene de Arcadia.[295] Prole célebre suya fueron Pan[296] y Autólico, el abuelo de Odiseo;[297] a este lo ayudó con el moly.[298] Tres abstracciones, Palestrapalestra»),[299] Angelia («mensaje»)[300] y Fraus («treta»),[301] estaban asociadas a Hermes en cuanto a sus competencias. Como Mercurio dio las voces «mercancía», «comercio» y «mercurial».[302]
Dioniso
Baco
Dios del vino y el éxtasis, que se practicaban en las Dionisias y sus misterios.[303] También es llamado Baco,[304] sus festividades son las bacanales[303] y su filosofía lo dionisíaco.[305] Patrocina la viticultura, la fertilidad y el teatro.[306] Su culto consistía en rituales extáticos (ἐνθουσιασμός), con danzas, música de crótalos y vino, además de la omofagia.[307] Sus emblemas incluyen la vid, la hiedra, la copa, el tigre, la pantera, el leopardo, el delfín y la cabra.[308] Hijo de Zeus y Sémele, hija de Cadmo;[309] se desposó en Naxos con Ariadna, hija de Minos.[310] Había descubierto la vid y se vanagloriaba de haber elaborado y extendido el consumo del vino.[311] En su periplo mítico de afirmación divina, Dioniso castigó especialmente a aquellos que rechazaron reconocer su divinidad, en especial Penteo[312] y Licurgo.[311] Se le suele representar como un efebo o adulto barbudo, con racimos de uvas y su emblema, el tirso.[313] Su carro era tirado por linces y tigres[314] y su comitiva, el tíaso, se compone del ebrio Sileno, Como («Exceso»),[315] Gelos («Risa»),[316] Mete («Ebriedad»),[317] y los disolutos sátiros, ménades y bacantes.[318][315] Su campaña contra la India se narra en las Dionisíacas.[319] Entre su prole destacan Estáfilo,[320] Telete[321] y Príapo.[322] Como Liber era patrón de los plebeyos de Roma, adorado durante las Liberalia y dios de la libertad.[323] Con el paso del tiempo y el sincretismo se le asociaron con varias figuras, como Sabacio, Zagreo o Yaco.[324]

Otros dioses clásicos

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Otros dioses célebres, como Hades, Perséfone y Hécate, estaban vinculados al mundo ctónico, lejos del Olimpo.[58] Otros dioses más, como Eros y Pan , son dioses exclusivamente exaltados en la poesía.[325] Algunos héroes alcanzaron cultos divinos, como en el caso de Heracles, Asclepio o Aristeo.[326] Además, los poetas latinos nos han legado a Morfeo, Eolo y Psique, que se adaptaron a la manera helénica en los mitos romanos.[327]

Nombre griego
Nombre romano
ImagenNaturaleza, hechos, funciones y atributos
Hestia
Vesta
Diosa tutelar del hogar,[328] Hestia fue posteriormente venerada como guardiana del fuego sagrado, tanto doméstico como cívico. La entrada al templo de Vesta sólo estaba permitida a sus sacerdotisas, las vestales vírgenes.[329] Primogénita de Crono,[330] Hestia recibe por ello el primer honor en los banquetes y libaciones, a ella dedicadas al comienzo y al final del rito.[328] Pese a su abolengo, apenas interviene en los relatos míticos, pues su culto es privado e íntimo.[331] Juró por la cabeza de Zeus mantenerse siempre virgen.[332] Hestia permanece en las mansiones divinas y es la única deidad olímpica que no participa en conflictos,[333] ni siquiera en la Titanomaquia.[334] Aunque carece de emblemas personales, se la asocia al brasero (ἐσχάρα), al hogar cívico del pritaneo (πρυτανεῖον) y al cerdo, animal sacrificial.[335] Su presencia se manifiesta en el hogar doméstico, y la tradición le atribuye incluso la enseñanza del arte de construir casas.[334] Una leyenda tardía relata el intento fallido de violación por parte de Príapo.[336]
Hades
Plutón
Dios del inframundo[337] y ‘señor de los muertos’,[338] también llamado Aidoneo (‘el invisible’).[339] Era dueño de las riquezas de la tierra[340] y por eso le llaman Plutón (‘el rico’).[341] Supervisa los funerales apropiados[342] y los mortales lo maldicen golpeando sus manos contra el suelo.[343] Su reino es oscuro y un camino sin regreso destinado a las sombras, como descubrió Orfeo en busca de Eurídice.[344] Otros héroes, como Odiseo, Teseo, Heracles, Eneas y Psique, también tuvieron su descensus ad inferos (catábasis).[345] Como hermano de Zeus, a él le tocó ser el soberano del reino subterráneo[30] y nunca sale a la superficie.[346] Raptó a Perséfone[347] y después de desposó con ella, pero su matrimonio no tuvo hijos.[348] Su carro, de tres ruedas,[349] está tirado de varias yeguas inmortales[350] o tres caballos llamados Meteo (‘codicia’), Abastro (‘tristeza’) y Novio (‘ardor’).[349] Sus símbolos son el cetro, la cornucopia y el casco de invisibilidad[351] y más tarde, el bidente u horca de dos puntas.[352] Entre su comitiva se encuentran las Erinias, las Moiras, el can Cerbero, el barquero Caronte y los tres jueces de los muertos —Minos, Radamantis y Éaco.[353] A Plutón también lo llaman Orco porque nadie puede partir a sus dominios sin ser castigado.[354] La ciudad donde gobierna Plutón se llama Dite,[349] y más tarde se lo vinculó con los nueve círculos del infierno.[355][356]
Pan
Fauno
A Pan, dios con piel de sátiro,[357] le están encomendados cumbres, montes y senderos;[358] es patrón de los pastores y cazadores.[357] En los himnos homéricos se le cree hijo de Hermes y de una ninfa hija de Dríope.[358] Era venerado especialmente en Arcadia.[357] Allí perseguía a las ninfas, amaba el baile y también conocía el arte de profecía.[359] No fue hasta la Edad Media que su iconografía caprina se vio asociada al diablo.[360] Los atributos ordinarios de Pan son una siringa o flauta de pan, un cayado de pastor y una corona de pino.[361] Los poetas se divertían narrando que amaba la siesta y, si era despertado, emitía un alarido tan terrible que dio la voz «pánico».[362] Era un ser lascivo y enseñó el onanismo a los pastores;[363] tuvo muchas andanzas eróticas pero la mayoría fueron desafortunadas —entre ellas se encuentran Eco, Pitis, Siringa y Selene.[364] Sus hijos son los panes,[365] también referidos más tarde como faunos, seres de los bosques.[366] En la poesía y el culto romano se lo llamaba Fauno, como patrón de lo agrestre (rebaños y pastores),[367] y también Silvano, como numen de lo silvestre (campos y selvas).[368]
Eros
Cupido
Celebrado especialmente en la poesía, Eros es el dios del amor y el deseo. Provoca el enamoramiento y la atracción por el amado, y nos ha legado la voz «erótico».[369][370] En el arte es especialmente identificado con su apariencia de angelote al servicio de su madre, Afrodita;[371] pertenece a los Erotes.[372] En los textos cosmogónicos Eros es el ‘Amor primordial’, el motor que permite el impulso de la procreación.[373] Fue el primero que unió los lazos de las bodas y el primero que estableció los ritos de la procreación en el lecho conyugal.[374] En la poesía epigramática y bucólica es un efebo travieso, armado con un arco y flechas. Sus flechas doradas causan el enamoramiento súbito y las de plomo una aversión instantánea.[375] Es un ser cuyo poder afecta a dioses y hombres por igual y nadie puede escapar a sus caprichos.[373] Aparte de su arco y flechas la liebre y la antorcha también son sus emblemas.[371] Los filósofos creían que Eros también promocionaba el amor entre varones.[376] Los textos tardíos nos hablan del periplo de Psique para conquistar el corazón de Cupido: de ambos nació Voluptas («Placer»).[377]
Perséfone
Proserpina
La esposa de Hades es la reina del inframundo. Es una diosa terrible que ejerce su poder vengando las maldiciones vertidas sobre los difuntos.[378] Como hija de Zeus y Deméter,[379] recibe también el nombre de Core (‘la muchacha’).[380] Según cuenta el mito, el tiempo que Perséfone pasa entre el inframundo y la superficie la convirtió en un símbolo antiguo del ciclo de la vegetación, que brota en primavera y desaparece en invierno.[381] Es por eso Plutarco la identifica con la primavera y Cicerón la llama ‘semilla de los frutos del campo’.[382] La mitología presenta a Perséfone como víctima del rapto de Hades[383] y de la consiguiente búsqueda de Deméter, y señala que, al consumir semillas de granada, debe pasar una parte del año en el inframundo.[384] Tras el retorno de Perséfone, Deméter reveló los misterios eleusinos, un culto de raíz agrícola que prometía a los iniciados la esperanza de una existencia bienaventurada en el más allá.[385] Como Proserpina ya era una diosa de la tierra ctónica —las profundidades de la tierra.[386] No tuvo hijos en la tradición común;[348] sin embargo, los órficos afirmaban que fue violada por Zeus, y que de esta unión nacieron Melínoe[387] o Zagreo, según las variantes del mito.[388] Como Libera era una diosa de la fertilidad femenina y germinadora de las semillas.[389]
Asclepio
Esculapio
El dios ‘sanador de enfermedades’ y patrón de los médicos,[390] era hijo de Apolo y de Corónide o Arsínoe;[391] y fue entrenado por el sabio centauro Quirón.[392] Su templo más célebre es el Asclepeion de Epidauro y su símbolo más usado es la serpiente y la vara de Esculapio.[393] El juramento hipocrático ponía por testigo a Asclepio y a sus hijas Panacea (‘remedio universal’) e Higía (‘la salud’);[394] la esposa de Asclepio era Epíone (‘alivio’).[395] Fue el primero en inventar el arte clínica,[396] estaba versado en el uso de las hierbas medicinales[397] y tenía tal destreza en sus capacidades que llegó incluso a resucitar a los muertos.[398] Zeus fulminó a Asclepio con un rayo, temeroso de que los hombres dominaran la terapéutica y se auxiliaran entre sí,[399] o bien por petición de Hades, que quería evitar que Asclepio siguiera ‘robando’ súbditos para el inframundo.[400] Sea como fuere, Apolo, indignado, vengó la muerte de su hijo matando a los Cíclopes que fabricaban los rayos para Zeus.[399] Pero los hombres lo consideraron desde el principio como un dios y dicen que nunca murió. Dejó como recuerdo la constelación de Ofiuco (‘el serpentario’)[401] y dos hijos, Macaón y Podalirio, héroes médicos en la guerra de Troya.[402] Pudiera ser o no el mismo que Peón[403] y Vediove.[404]
Heracles
Hércules
Hijo de Zeus y Alcmena, hija de Electrión,[405] Heracles era un semidiós[406] que alcanzó la apoteosis,[407] auspiciada por su propio padre.[408] Los hombres le ofrecían libaciones como héroe y plegarias en los templos como dios.[409] Desde las fuentes arcaicas se describe a Heracles como simultáneamente una sombra (εἴδωλον) heroica en el inframundo y un dios en el Olimpo.[410] En el arte suele ser representado con su clava de acebuche y su piel de león.[411] Tras su muerte en la pira del monte Eta, Hera lo desposó con Hebe y Zeus lo presentó como un nuevo miembro de los olímpicos.[412] De Heracles y Hebe nacieron Alexíares y Aniceto.[413] Desde entonces guarda las puertas del Olimpo hasta el anochecer.[414] Fue el más grande de los héroes griegos,[415] parangón de la fuerza física[416] y un campeón que superó los doce trabajos.[417] Heracles era honrado durante los certámenes atléticos, especialmente en los Juegos Olímpicos.[418] Tuvo numerosos hijos, los heraclidas, quienes finalmente conquistaron el Peloponeso.[419] Muchas dinastías reales decían descender de él: los cronistas escribieron que Alejandro Magno[420] y Leónidas era sus descendientes.[421] Ya como Hércules, dejó su testimonio en diversas tierras de lejos de Grecia —las columnas de Hércules.[422] Nos ha legado la expresión «fuerza hercúlea» o la constelación de Hércules, para que sus hazañas nunca fueran olvidadas.[423]

Dioses menores del Olimpo

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Varios dioses y diosas menores habitan en el Olimpo. Los mitos órficos cuentan que en primer lugar Ofión y Eurínome tuvieron el dominio del nevado Olimpo, y cómo por la fuerza cedieron su lugar a Cronos y a Rea; estos dos gobernaban entonces sobre los benditos titanes, mientras Zeus, todavía niño y con los pensamientos de un niño, moraba en la cueva de Dicte.[424]

Musas y Cárites

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Las Musas, «dueñas de olímpicas moradas»,[425] son quienes regocijan el corazón de Zeus dentro del Olimpo.[426] Son las son diosas de las artes, proclamadoras de héroes y fuente de inspiración para los poetas. Hijas de Zeus y la titánide Mnemósine: Calíope (musa de la poesía épica), que es la más importante porque asiste a los reyes. Y después Clío (musa de la historia), Euterpe (musa de la música), Erato (musa de la poesía erótica), Melpómene (musa de la tragedia), Polimnia (musa de la pantomima), Terpsícore (musa de la danza), Talía (musa de la comedia) y Urania (musa de la astronomía).[427]

Las Cárites o Gracias son unas diosas dispensadoras y símbolo de alegría y dulzura en los mortales: sus dones aparecen cuando alguien es sabio, hermoso o famoso. A las Cárites les fue concedido el ornamento de la hermosa apariencia.[428] A menudo aparecen amenizando festines y danzas.[429] Homero habla de dos: Caris de espléndido velo, esposa de Hefesto;[430] y la más joven, Pasítea, que era pretendida por Hipnos.[431] Hesíodo las denomina como Aglaya («belleza»), Eufrósine («júbilo») y la deliciosa Talia («abundancia»). Eran hijas de Zeus y Eurínome, hija de Océano.[432]

Horas y Moiras

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Temis presidía las asambleas.[24] La titánide le dio a Zeus a las Horas,[433] diosas de las estaciones. Las puertas del cielo están custodiadas por ellas, a quienes está encomendado el cielo y el elevado Olimpo, pudiendo disipar o crear espesas nubes.[434] Para Hesíodo son las protectoras del orden social y las denomina como Eunomía («buen orden»), Dike («justicia») y la floreciente Irene («paz»), las cuales protegen las cosechas de los hombres mortales.[433]

Y hermanas de las Horas son las Moiras o Parcas,[433] si es que en realidad no eran hijas de Nix.[435] Sea como fuere eran tres diosas del destino, unas hilanderas que tejían el hilo de la vida de cada mortal. Eran las asistentes de Zeus Moirágetes (Μοιραγέτης, «líder de las Moiras»).[436] Cloto (‘hilandera’) hilaba la hebra de vida con una rueca y un huso; Láquesis (‘la que echa a suertes’) medía con su vara la longitud del hilo de la vida; Átropo o Átropos (‘inexorable’) era quien cortaba el hilo de la vida sin previo aviso.[437]

Dioses bélicos y eróticos

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Fobos («Temor») y Deimos («Terror») son dos hijos de Ares, que acompañan a su padre durante las batallas y que ponen en confusión las compactas falanges de varones en la guerra sangrienta.[438] Enío (Belona) era una diosa menor de la guerra, compañera de Ares y apodada como la «destructora de ciudades».[439] En la Ilíada se dice que Eris, la «Discordia», también acompaña a su hermano Ares.[440] Otros démones homéricos de la guerra son Ioke («Ataque»),[441] Alke («Coraje»)[442] y Kydoimos («Tumulto»).[443]

Dione es la madre de Afrodita y Homero la describe residiendo en el Olimpo.[444] En cerámicas antiguas nos encontramos a Afrodita acompañada por un séquito de efebos alados, los Erotes, multiplicación de Eros. Tres de ellos pertenecen especialmente al séquito de Afrodita: Hímero («Deseo»), Poto («Anhelo») y Eros («Amor»).[372] Dos diosas menores, Peito («Persuasión») y Harmonía («Concordia»), también eran asistentas personales de la diosa del amor y diosas apropiadas para las uniones amorosas o maritales.[445] Himeneo patrocinaba el matrimonio y era el promotor del himeneo o cántico nupcial.[446]

Otros dioses asistentes del Olimpo

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Zeus contaba con hasta tres mensajeros: Iris[447] y la Fama en la Ilíada[448] y además Hermes en la Odisea.[449] Los cuatro hijos de Estigia custodian el trono de Zeus: Bía (la «Violencia»), Cratos (la «Fuerza»), Nike (la «Victoria») y Zelo (el «Fervor»).[450] Hijas de Zeus y Hera fueron Ilitía, diosa de los alumbramientos,[451] y su hermana Hebe, diosa de la juventud;[452] o bien, tardíamente, Juventas («Juventud») y Libertas («Libertad»).[453] Leto (Latona), madre de Apolo y Artemisa, era considerada como la más amable dentro del Olimpo.[454] Se dice que Eolo, dios de los vientos, banqueteaba con los dioses, con la connivencia de Juno.[455] Peón era el médico de los dioses[403] pero Ganimedes, amante de Zeus, era copero de los dioses.[456]

Las Súplicas (Litaí) son hijas del excelso Zeus; cojas, arrugadas y bizcas de ambos ojos, se cuidan de ir por detrás de Ate («Ofuscación»).[457] Ate es la hija mayor de Zeus y conspiró con Hera para que Euristeo naciera antes en detrimento de Heracles. Zeus la expulsó del Olimpo, y ella vagó por la tierra causando caos y ruina entre los hombres.[458] Momo también tenía una lengua mordaz pero Zeus, indignado con él, lo echó del Olimpo.[459] Tique («Fortuna») repartía sus dones aleatoriamente[460] y Némesis era el instrumento de venganza para llevar a cabo el ‘castigo divino’ a los mortales.[461] También las lumbreras de los cielos, Helios (Sol), Selene (Luna) y Eos (Aurora), formaban parte de la ecología del mundo y a veces Zeus los podía requerir.[462]

Familia de los dioses jóvenes

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Heracles o Hércules ascendió al Olimpo como uno de los dioses por derecho propio. Alexiares y Aniceto, son dos hijos habidos por Heracles y su esposa Hebe.[463] Aunque no poseen mitos propios ambos tienen nombres parlantes: Alexiares es el «protector de la guerra» y Aniceto el «inconquistable».[464] Tione (Estímula) y Ariadna (Libera) pertenecen a la familia divina de Dioniso. Este bajó al inframundo y consiguió hacer que Sémele regresara de entre los muertos y viviera en los cielos; entonces, como diosa, se le llamó Tione.[465] Tras su boda Dioniso colocó la corona de Ariadna entre los astros —la Corona Boreal—.[466]

Las cinco Asclepíades (‘hijas de Asclepio’) son descritas con relación al culto de Asclepio: Higíasalud»), Egle (poder curativo del sol), Yaso («recuperación»), Aceso (la «sanadora») y Panaceapanacea universal»).[467] La madre de todos ellos era Epíone (‘alivio’)[468] o bien Lampetia, hija de Helios.[469] Los Dioscuros, ‘gemelos divinos’, hijos de Zeus y Leda, son venerados como patrones de los jinetes y los gimnasios, de los juegos y protectores de los marineros.[470] La pareja pasó días alternos en el cielo y en el inframundo y fueron catasterizados como Géminis.[471] Y esposas de los Dioscuros fueron Febe e Hilaíra, las Leucípides.[472]

Tradición romana y tardía

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Dioses olímpicos.

Si bien en Roma existía una religión politeísta originaria y campesina, a partir del siglo V a. C. comenzó la «importación» de las deidades griegas, fundamentalmente a través de los etruscos.

Catálogo de dioses romanos

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En el siglo III a. C. el poeta Quinto Ennio estableció en sus escritos una equivalencia de doce dioses (Dii Consentes):

«Hay otra clase de dioses, que la naturaleza negó a nuestros ojos, y que sin embargo contemplamos con la inteligencia al buscarlos con afán, contemplándolos con la agudeza de la mente. En su número se encuentran aquellos doce apretados por Ennio en dos versos: Juno, Vesta, Minerva, Ceres, Diana, Venus, Marte, Mercurio, Júpiter, Neptuno, Vulcano y Apolo».[473]

Agustín de Hipona nos habla de los dioses elegidos (dii selecti) entre los romanos:

«Cuáles son los dioses elegidos y si se les excluye de los oficios de los dioses plebeyos Varrón enumera y encarece en uno de sus libros estos dioses elegidos: Jano, Júpiter, Saturno, el Genio, Mercurio, Apolo, Marte, Vulcano, Neptuno, el Sol, Orco, el padre Libero, la Tierra, Ceres, Juno, la Luna, Diana, Minerva, Venus y Vesta. Poco más o menos, entre todos son veinte, doce machos y ocho hembras. Se pregunta si estos dioses llámanse elegidos por sus mayores administraciones en el mundo o porque son más conocidos por los pueblos y se les rinde mayor culto».[474]

Evemerismo

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Aunque solo queden fragmentos recopilados de la obra de Ennio,[475] su importancia continúa siendo crucial para los estudiosos de la generación mitológica, debido a la traducción al latín que Quinto Ennio hiciera de la obra de Evémero de Mesene. Esta traducción tiene relevancia no sólo por el establecimiento de los doce dioses equivalentes, sino principalmente porque permitió una amplia divulgación entre los romanos de una postura teológica diferente, según la cual los dioses del Olimpo no habrían sido ni personajes míticos, ni fuerzas sobrenaturales que influían en la vida de los hombres, sino militares, grandes descubridores y hombres de estado de épocas pasadas a quienes, tras su muerte, se les recordaría de esta manera particular y fuera de lo común.[476]

Esta suerte de «humanización de los dioses» o historicista de la mitología se conoció como «evemerismo». Se sostiene que la versión e intención original de Evémero no es la de una crítica racionalista del mito, sino más bien una crítica motivada políticamente. Su postura fue más tarde fuertemente criticada por Calímaco y no llegó a tener gran influencia en Grecia. Sin embargo, con su traducción, Ennio logró una amplia difusión de estas ideas como una nueva posición teológica entre los romanos. Más tarde, la teoría tiene acogida entre los cristianos fundadores de la iglesia, debido a su potencia explicativa de los mitos desde un núcleo racional, mostrándolos como fábulas, alegorías y representaciones que tenían un trasfondo histórico, un asunto relevante para la imposición temprana de las religiones monoteístas.[476]

Helenismo contemporáneo

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En la actualidad existe la religión helénica, oficialmente reconocida en Grecia desde el año 2017,[477] que tras décadas de puja ante el cristianismo ortodoxo, logró, mediante vías legales, obtener el reconocimiento legal. Con sede principal en Grecia, el helenismo se extiende también a Europa y América. El término 'helenismo' se aplica tanto a los helenistas de la actualidad como a la religión y cultura de la antigua Grecia.[478] El Consejo Superior Nacional de los Helenos (YSEE, Ύπατο Συμβούλιο των Ελλήνων Εθνικών), es la primera organización que lidera el renacimiento del politeísmo griego, se refiere a esta religión como helenismo auténtico.[479] Politeísmo helénico, religión helénica, dodecateísmo y olimpianismo también son términos empleados por las diferentes asociaciones griegas.[480][481]

El término helénico (en latín Hellenĭcus, en griego antiguo ῾Ελληνικός) tiene su origen en Hellás (Ἑλλάς), el nombre que dieron los griegos a su tierra. La palabra griega Δωδεκαθεϊσμός ('dodekatheïsmós') es un compuesto de los términos Δωδεκα ('doce') y θεϊσμός ('teismos', dioses).[479] Los líderes del helenismo griego estimaron en 2005 que había cerca de 2000 miembros honoríficos de la tradición helénica en Grecia, y más de 100 000 seguidores de diversos países involucrados en el movimiento.[482]

El concilio de los dioses (1624-5), fresco de Giovanni Lanfranco en la Galería Borghese de Roma.

Véase también

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Referencias

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  1. Smith y Trzaskoma (eds.): The Oxford Handbook of Greek and Roman Mythography (Oxford University Press). Esta obra recoge ensayos que discuten cómo las figuras divinas, incluidos los dioses del monte Olimpo, fueron sistematizadas en la tradición literaria y cultual. Diccionario de Mitología Clásica (Espasa / Es-academic)
  2. 1 2 Ilíada I, 495–496
  3. Ilíada V, 339–342
  4. Odisea V, 93 y 199; Ilíada XIV, 170
  5. Odisea IX, 359
  6. Teogonía, 1–35; Ilíada, I, 1–8
  7. A esto refiere Hermias (sobre el Fedro de Platón, p. 1389) cuando dice que «doce es la suma de todos los dioses del universo». La filosofía neoplatónica interpretaba «doce» como un número simbólico, no real.
  8. El altar de los Doce Dioses —Zeus, Hera, Poseidón, Deméter, Apolo, Artemisa, Hefesto, Atenea, Ares, Afrodita, Hermes y Hestia— fue erigido en el ágora de Atenas por un nieto de Pisístrato (cf. Tucídides: Historia de la guerra del Peloponeso VI 54, 6) y servía como punto de referencia para establecer las distancias a partir de Atenas (cf. Aristófanes: Las aves 1005).
  9. Por alguna razón hay una alternancia entre Hestia y Dioniso. Esto se evidencia en comparación de listas transmitidas en escolios y autores tardíos, evidencias epigráficas (inscripciones votivas), tradición mitográfica posterior y reconstrucciones moderna (Burkert, Nilsson, Parker). Muchos estudiosos consideran que en Atenas clásica la lista incluía probablemente a Hestia, por su centralidad en el prytaneion y en la vida cívica. Sin embargo, en períodos posteriores, especialmente cuando el culto dionisíaco gana enorme importancia, Dionisio aparece integrado en la docena en algunas tradiciones.
  10. Hesíodo describe a los principales dioses olímpicos, hijos de Cronos y Rea. La Teogonía (vv. 453-506) narra las generaciones de dioses; Gea fue madre de Crono y este de los tres Cronidas: (Zeus, Poseidón y Hades) y las tres Cronides (Hera, Deméter y Hestia). Los hijos de Zeus, en orden de nacimiento, son: Atenea (v. 890), Apolo y Artemisa (v. 919) y Ares (v. 922). Afrodita y Hefesto no son hijos de Zeus según Hesíodo. De los hijos de Zeus de ‘menor categoría’ incluye a Hermes, Dioniso y Heracles. Hesíodo no dice explícitamente “doce dioses”, pero de su enumeración se deriva la lista canónica de doce.
  11. Homero presenta a los dioses que intervienen en la guerra de Troya; aunque no habla de “doce” formalmente, su panteón activo sirve como modelo. Ilíada (I, 524-528): Zeus convoca a algunos dioses para decidir sobre la guerra. Ilíada (XX, 72-75): Zeus y los demás dioses se reúnen en consejo. Para Homero Atenea nació de la cabeza de Zeus sin madre y Afrodita es hija de Zeus y Dione. Aún así nunca menciona a Hestia ni a Dioniso. En el canto XXI se alinean los dioses en favor de los aqueos y los troyanos: Hefesto (griego) contra Janto (troyano), Atenea (griego) contra Ares (troyano), Poseidón (griego) contra Apolo (troyano), Hera (griego) contra Artemisa (troyano), y Hermes (griego) contra Leto (troyano).
  12. Pausanias describe templos y cultos donde se adoraban los “doce dioses” (dōdeka theoi). En Descripción de Grecia (V 14, 4—10) se muestran altares, primero el de Hestia y luego en el de Zeus Olímpico. Después los demás: Artemisa, Atenea, Alfeo, Hefesto, Heracles, Nike, Hera, Apolo, Hermes, Homonoia, la Madre de los dioses, Kairós, Gea, Temis, Dioniso, Cárites, Musas y ninfas.
  13. Plutarco menciona la tradición de los doce dioses y sus variantes locales. En el diálogo conocido como Ἐρωτικός (Amatorius), incluido en los Moralia, Plutarco menciona el culto tradicional a los ‘doce dioses’ (Δώδεκα Θεοί) en el contexto de las prácticas religiosas griegas. El pasaje relevante (Moralia 761E–F) alude a la costumbre de jurar o invocar a los Doce como conjunto. Esto confirma que en el siglo III d. C. la noción de “los Doce” era una fórmula religiosa reconocida.
  14. William F. Hansen: Classical Mythology: A Guide to the Mythical World of the Greeks and Romans, p. 250. Nótese que, en la fuentes que han sido conservadas, la mayoría de ellas incluyen a Hestia entre los doce dioses. Dioniso empieza a aparecer de manera más tardía. Los romanos casi siempre tenían a Vesta como diosa olímpica, no Baco o Liber.
  15. 1 2 Que Hestia cedió su puesto como diosa olímpica a Dioniso es una creencia contemporánea. Este reemplazo aparece, por ejemplo, en Robert Graves: Los mitos griegos, (27, k). Graves da dos fuentes para este relato (Apolodoro: Biblioteca mitológica III 5,3 y Pausanias: Descripción de Grecia II 31, 2) pero en ninguna de ellas se lee el reemplazo de Hestia por Dioniso. De la misma manera Kerényi (The gods of the Greeks, p.92) nos dice que «no hay ninguna historia de que Hestia haya sido jamás removida de su morada fija».
  16. Homero y Hesíodo dan el sentido teológico-narrativo; Heródoto, Tucídides y Pausanias nos hablan del grupo de los doce; Livio y Varrón de la sistematización romana; Diodoro Sículo y Píndaro de la dimensión cultual olímpica
  17. Ilíada I, 221–222; IV, 1; VIII, 3–27; Odisea I, 26–79; Teogonía 881–885; Walter Burkert: Greek Religion. Harvard University Press, 1985, pp. 120–125; Robert Parker: On Greek Religion. Cornell University Press, 2011.
  18. Heródoto II, 4 y II, 50; Tucídides VI, 54, 6; Pausanias I, 3, 3; Diodoro Sículo V, 72; Livio XXII, 10, 9 (lectisternium de los doce dioses); Varrón, De lingua Latina VII, 45; Agustín de Hipona, De civitate Dei IV, 23; Long, Charlotte R.: The Twelve Gods of Greece and Rome. Brill, 1987; Bremmer, Jan N. Greek Religion. Oxford University Press, 1994.
  19. Burkert, Greek Religion, passim.; Graf, Fritz. Greek Mythology: An Introduction. Johns Hopkins University Press, 1993; Dowden, Ken. The Uses of Greek Mythology. Routledge, 1992.
  20. Diodoro Sículo IV, 14; V, 72; Pausanias V, 11–15 (santuario de Zeus en Olimpia); Estrabón VIII, 3, 30; Píndaro, Olímpicas (especialmente Olímpica I)
  21. Martin, René (2004). Diccionario de Mitología Clásica. Espasa Calpe. ISBN 8467015365.
  22. Teócrito: Descripciones de cuadros, 26
  23. Homero: Ilíada XXIV 96-101
  24. 1 2 Ilíada, XX 4—13
  25. Long, Charlotte R. (1987), The twelve gods of Greece and Rome.Volumen 107 de Études préliminaires aux religions orientales dans l'Empire romain, Maarten Jozef Vermaseren, Brill Archive, pp. 139-140, ISBN 9789004077164.
  26. Berger-Doer, Gratia (1986). «Dodekatheoi». Lexicon Iconographicum Mythologiae Classicae 3. pp. 646-658.
  27. Según Stoll, Heinrich Wilhelm (traducido por R. B. Paul) (1852). Handbook of the religion and mythology of the Greeks. Francis y John Rivington. p. 8. «La limitación de su número [de los olímpicos] a doce parece haber sido una idea comparativamente moderna».
  28. Uso relativamente raro, en griego bizantino, por ejemplo por Nikephoros Kallistos Xanthopoulos, Atanasio de Alejandría o Ducas.
  29. Ilíada 1.221–222: referencia a los dioses que habitan el Olimpo (θεοὶ οἳ Ὄλυμπον ἔχουσιν). Ilíada 1.493–494: Zeus sentado en el Olimpo, y mención a los demás dioses olímpicos. Odisea 1.26–27: θεοὶ οἳ Ὄλυμπον ἔχουσιν (“los dioses que poseen el Olimpo”)
  30. 1 2 3 Homero: Ilíada XV, 187–193
  31. Diodoro Sículo: Biblioteca histórica IV 15, 1
  32. LIMC (Lexicon Iconographicum Mythologiae Classicae), vols. I–VIII, Zürich–München, 1981–1999 (entradas: Zeus, Olympioi Theoi, Götterversammlung); Boardman, John. Greek Sculpture: The Archaic Period. Thames & Hudson, 1978; Carpenter, Thomas H. Art and Myth in Ancient Greece. Thames & Hudson, 1991.
  33. Heródoto: Historias II 50, 1—2: «Por otra parte, los nombres de casi todos los dioses han venido a Grecia procedentes también de Egipto. Que efectivamente proceden de los bárbaros, constato que así es, merced a mis averiguaciones; y, en ese sentido, creo que han llegado, sobre todo, de Egipto, pues, en realidad, a excepción de Poseidón, los Dioscuros, Hera, Hestia, Temis, las Cárites y las Nereidas, los nombres de los demás dioses existen, desde siempre, en el país de los egipcios (y repito lo que dicen los propios egipcios). Y en cuanto a los nombres de los dioses que los egipcios aseguran no conocer, su denominación, se debe, en mi opinión, a los pelasgos, salvo la de Poseidón».
  34. Heródoto: Historias II 42, 1—6
  35. Plutarco: Sobre Isis y Osiris, 12
  36. Armstrong, Karen (2007), La gran transformación: el mundo en la época de Buda, Sócrates, Confucio y Jeremías: el origen de las tradiciones religiosas, Buenos Aires: Paidós, p. 166, ISBN 9788449320392.
  37. Eurípides: Las bacantes, 1–2: Βάκχος, ὁ θεός, ἔρχεται μετὰ θιάσου μαινόμενος («Baco, el dios, llega con su séquito furioso»)
  38. Ovidio: Las metamorfosis I, 690: Bacchus venit, uvas ferens et thyrso comitatus («Baco llega, trayendo uvas y acompañado de su tirso»)
  39. Homero: Ilíada V, 330; Homero llama Cipris a Afrodita; Κύπρις δ’ ἐνέπνευσε φιλότητα θεάων («Cipris infundió amor entre las diosas»)
  40. Ovidio: Heroidas II, 36; Cypris docuit mentem amanti fovere («Cipris enseñó a cuidar el corazón del amante»)
  41. Homero: Ilíada I, 37: Φοῖβος Ἀπόλλων ἦλθε ἐπὶ τὸ πεδίον («Febo Apolo llegó al campo»)
  42. Virgilio: Eneida I, 329: Phoebus ipse volantibus radiis aethera illustrat («Febo mismo ilumina el cielo con sus rayos voladores»)
  43. Los romanos también asociaron Febo con Helios y el sol. North John A., Beard Mary, Price Simon R.F. "The Religions of Imperial Rome". Classical Mythology in English Literature: A Critical Anthology. (Cambridge University Press, 1998), p.259. ISBN 0-521-31682-0. Hacklin, Joseph. "The Mythology of Persia". Asiatic Mythology (Asian Educational Services, 1994), p.38. ISBN 81-206-0920-4.
  44. Homero: Ilíada I, 200: παῖς Παλὰς Ἀθήνη θεά («la diosa Palas Atenea, la hija sabia»)
  45. Virgilio: Eneida II, 402–403: Tum Pallas, alma virgo, te praesidebat armaque ferebat («Entonces Palas, la virgen noble, te protegía y llevaba tus armas»)
  46. Platón: Critias 112a: Πλούτων, ὁ τῶν ἀποθανόντων βασιλεὺς, ἐν τῷ Ἅιδου βασιλεῖ («Plutón, el rey de los muertos, gobierna en el Hades»)
  47. Virgilio: Eneida VI, 271–272: Hic vero Pluton, rex Tartarei domus, horrendae sedes et regna sub alta videntur («Aquí mismo Plutón, rey de la casa tartárea, aparece ante las horrendas moradas y los reinos profundos»)
  48. 1 2 Betilo (Baetylus) es un nombre semítico relacionado con los betilos (piedra sagrada); remite a cultos fenicios o sirios.
  49. 1 2 Carpóforo (“portador de frutos”) es un epíteto de las divinidades agrarias; su atribución egipcia puede reflejar sincretismo helenístico.
  50. Pausanias: Descripción de Grecia I.14.7 y V.10.1-3
  51. Hermias, sobre el Fedro de Platón, p. 138
  52. Himno homérico IV (a Hermes), v.128
  53. Tucídides: Historia de la guerra del Peloponeso VI 54, 6–7
  54. Heródoto, Historias, 2.43–44
  55. Luciano: Zeus Tragoedus 8–9
  56. Sylloge Inscriptionum Graecarum (SIG³) 1024
  57. Píndaro, Olímpicas I, 46–48; IV, 1–10; Apolodoro, Biblioteca mitológica II, 5, 11–12; Herodoro de Heraclea, FGrH 31 F 21 (fragmento)
  58. 1 2 Burkert, Walter, Greek Religion, pp. 125–127: analiza cómo las listas del Dodekatheon se adaptan a razones cultuales y sociales, excluyendo dioses ctónicos como Hades para enfatizar el culto público de los olímpicos. Nilsson, Geschichte der griechischen Religion, vol. I: confirma la exclusión de Hades de las asambleas olímpicas y altares, a favor de deidades celestes o heroizadas.
  59. Páez Casadiegos, Yidy, Epifanía y etiología: Ensayos sobre mito y religiosidad griega antigua, Universidad del Norte, pp. 63-69, ISBN 9789587411263.
  60. Matthew Dillon: Girls and Women in Classical Greek Religion. London, p. 114. Routledge (2002). ISBN 0415202728.
  61. Platón, Leyes, 828 d: «Pero, además, no han de mezclar a los dioses infernales (ctónicos) y su culto con los que se deben llamar celestes (olímpicos) y los seres que los siguen, sino mantenerlo aparte y a los primeros deben realizarles las ceremonias según la ley durante el mes de Plutón, el duodécimo».
  62. Platón, Fedro, 247a: «Le sigue un tropel de dioses y démones ordenados en once filas. Pues Hestia se queda en la morada de los dioses, sola, mientras todos los otros, que han sido colocados en número de doce, como dioses jefes, van al frente de los órdenes a cada uno asignados».
  63. Platón: Fedro 252c y 253b
  64. Platón, Fedro, 246 e-f
  65. Manilio: Astronomica II, 439 y ss.
  66. «Dodekatheon». Papyros-Larousse-Britanicca (en griego). 2007.
  67. Wilamowitz-Moellendorff, Ulrich von (1931-1932). Der Glaube der Hellenen (Volumen 1) (en alemán). Berlin: Weidmansche Buchhandlung. p. 329.
  68. Herodoro de Heraclea, FGrHist 31 F 26 (F34a-b) (Jacoby)
  69. Salustio: Περὶ θεῶν καὶ κόσμου (De diis et mundo), cap. VI–VII. Los dioses demiúrgicos son artífices del cosmos; los de las almas garantizan el renacimiento; los de la armonía ordenan con las palabras; y los guardianes protegen el orden cósmico.
  70. Escolio sobre Apolonio de Rodas: Argonáuticas, p. 173
  71. Las Hermeneumata son manuales bilingües (griego–latín) usados en la Antigüedad tardía (siglos IIIV d. C.) para la enseñanza del latín en el mundo griego (y viceversa).
  72. Goetz, Georg (ed.), Corpus Glossariorum Latinorum, vol. III, Leipzig, 1892 (contiene las Hermeneumata). Dickinson, W. C. (ed.), Hermeneumata Pseudodositheana, 1883. Dickey, Eleanor, The Colloquia of the Hermeneumata Pseudodositheana, Cambridge University Press, 2012 (estudio moderno).
  73. Sobre el ‘concilio de los dioses’, en la poesía épica griega es ἀγορὴ θεῶν. Se trata de una asamblea formal de dioses, en la poesía homérica. Por ejemplo: Ilíada 4.1: οἳ δὲ θεοὶ πὰρ Ζηνὶ καθήμενοι ἠγορόωντο («Y los dioses, sentados junto a Zeus, celebraban asamblea…»). En latín poético clásico tenemos Concilium deorum; ‘Concilio de los dioses’; es decir, una asamblea formal, poética o alegórica. Por ejemplo: Ovidio, Las metamorfosis 1.74–75: Tum dea paternae concilium deorum adiit («Entonces la diosa acudió al concilio de los dioses paternos»).
  74. En la Ilíada, Zeus aparece repetidamente como Κρονίδης (Cronida) y Κρονίων (Cronión); por ejemplo, en Il. I, 528–530: «ὣς ἔφατ’, οὐδ’ ἀπίθησε πατὴρ ἀνδρῶν τε θεῶν τε· ἀλλ’ ἄρα οἱ νεῦσε Κρονίων…» (“Así habló, y no desobedeció el padre de dioses y hombres, y asintió el Cronión…”), y también en I, 503 y VIII, 18, donde figura Ζεὺς Κρονίδης; en la Teogonía de Hesíodo, el epíteto aparece, por ejemplo, en vv. 479–480 («Κρονίδην δὲ Δία…») y el relato de la Titanomaquia y la derrota de Crono se desarrolla en vv. 617–720; asimismo, la Biblioteca mitológica (I, 1, 5–7) resume cómo Zeus libera a sus hermanos, vence a Crono y se convierte en soberano del cosmos.
  75. Homero: Ilíada I, 495–502; VIII, 1–50
  76. Biblioteca mitológica I,6,3.
  77. Biblioteca mitológica I 6, 1
  78. En la Ilíada Zeus es llamado repetidamente “padre de dioses y hombres” y se le atribuye la autoridad sobre el orden y la justicia. Por ejemplo, en Il. I, 524–528
  79. Zeus aparece ligado a la custodia de la verdad y los juramentos divinos. Así en Teogonía, 507–510
  80. La autoridad de Zeus sobre el destino humano se refleja en la Ilíada, por ejemplo en I, 75–80, y en Teogonía, vv. 140–145
  81. Los emblemas de Zeus reflejan su poder y autoridad sobre el cielo y los hombres: el rayo simboliza su capacidad de castigar y controlar los elementos (cf. Hesíodo, Teogonía 404–409); el águila representa su dominio y vigilancia desde los cielos (Homero, Ilíada 1.524–530); el toro es emblema de fuerza y virilidad, presente en sacrificios y mitos como el rapto de Europa (Pseudo-Apolodoro, Biblioteca II.4.1); y el roble simboliza la sabiduría y la estabilidad de su poder, venerado en su santuario de Dodona (Heródoto, Historias 2.52–53). Todos estos emblemas aparecen en la literatura y la iconografía griega como atributos identificativos del dios supremo.
  82. En la Ilíada XIV, 190–200, se describe a Zeus y Hera juntos en el Olimpo, actuando como pareja y gobernantes de los dioses. En Teogonía 924–930, se señala explícitamente que Hera es hermana de Zeus y que ambos se casan tras la Titanomaquia.
  83. Ovidio (Las metamorfosis VI, 103—128) nos habla del catálogo de ‘raptos de Júpiter’ (Furta Iovis): como toro se unió a Europa, como águila a Asteria, como cisne a Leda, como sátiro a Antíope, como Anfitrión a Alcmena, como lluvia de oro a Dánae, como fuego a Egina, como pastor a Mnemósine y como serpiente a Perséfone.
  84. Ganimedes fue raptado o bien por un águila al servicio de Zeus (Apolodoro: Biblioteca mitológica, III, 12, 1) o bien por Zeus mismo que tomó la forma de águila (Virgilio: Eneida, V, 252.).
  85. Toda esta comitiva de dioses menores aparece especialmente en la Ilíada.
  86. En el arte clásico se le reconoce por el rayo y la postura regio‑imperial; una escultura emblemática es Bronce de Artemisión (anónimo griego, c. 450 a. C., Museo Arqueológico Nacional de Atenas), una de las grandes figuras del clasicismo, y en pintura mitológica aparece recurrentemente en escenas como El juicio de Paris de William Etty (1826, Lady Lever Art Gallery), donde es una de las tres deidades disputando el fruto de la discordia; también aparece en conjuntos renacentistas como Zeus y Hera de James Barry (1790–99, Graves Art Gallery, Sheffield), representando la pareja divina.
  87. Diodoro Sículo: Biblioteca histórica IV 9, 2-3
  88. Pausanias: Descripción de Grecia II, 15, 4
  89. Eurípides: Helena 16–21
  90. Escolio a Píndaro, odas nemeas X 150a; en donde tanto Cástor como Pólux son ambos hijos de Zeus.
  91. Ateneo: Banquete de los eruditos, 281b
  92. Apolodoro: Biblioteca mitológica I 9, 7
  93. Píndaro: odas píticas II, 20; Virgilio: Geórgicas III, 39 y IV, 486; Ovidio: Las metamorfosis IV, 461–465 y X, 42
  94. Himno homérico XII (a Hera)
  95. Estrabón, p. 413; Pausanias, vii. 4. § 7; Apolonio de Rodas, i. 187. Varias regiones de Grecia afirmaban ser el lugar de nacimiento de Hera, destacando especialmente Argos y Samos, que además fueron los principales centros de su culto en la Antigüedad.
  96. Ovidio: Fastos II 449, 451; III 255; VI 39; Ovidio: Las metamorfosis, IX, 273 - 323
  97. Boccaccio: Genealogia deorum gentilium IX, 1
  98. Lactancio, en Divinae Institutiones I, 14; añade el dato de que Hera y Zeus son hermanos gemelos
  99. Homero: Ilíada XVI, 432; Ovidio: Fastos VI, 29
  100. Apolodoro: Biblioteca mitológica II 5, 11; Servio; Sobre la Eneida de Virgilio IV, 484
  101. Ilíada XV, 85, I, 532, IV, 60; los poemas homéricos dicen que, tras su matrimonio con Zeus, los dioses del Olimpo la trataban con la misma reverencia que a su marido. Ilíada XV, 85, I, 532, IV, 60. En IV, 60: «También yo soy una diosa; mi linaje proviene de la misma fuente que el tuyo, y me engendró el taimado Crono, quien me hizo la más venerable por dos razones: por ser la mayor en edad y porque soy tu cónyuge, siendo tú, de todos los inmortales, el soberano».
  102. Homero: Ilíada, V 890–896; Hesíodo: Teogonía 921
  103. Homero: Ilíada I, 571-577; Odisea, VIII 306; Apolodoro: Biblioteca mitológica I 3, 5
  104. Los emblemas de Hera reflejan su papel como protectora del matrimonio, la fertilidad y la realeza: el pavo real simboliza su majestad y vigilancia (cf. Hesíodo, Teogonía 924–925); la granada representa la fecundidad y la vida (cf. Pausanias, Descripción de Grecia 2.17.1); el cuco está asociado a su nacimiento y al mito de Crono (cf. Apolodoro, Biblioteca III.6.2); y la vaca simboliza su aspecto nutridor y maternal, reflejado en cultos arcaicos y santuarios dedicados a ella (Pausanias, Descripción de Grecia 2.31.3–4).
  105. Homero: Ilíada V, 890: (Zeus le reprocha a Ares:) «Tienes el furor incontenible e irreprimible de tu madre, de Hera, a la que yo sólo a duras penas doblego con palabras». VIII, 483: (Zeus zahiere a Hera:) «No me importa que te irrites. Aunque viajes hasta los confines de la tierra, rodeados por el profundo Tártaro, y aunque allí llegues errante, no me importará verte enojada, porque nada hay más desvergonzada que tú».
  106. Hera persigue implacablemente a Heracles, enviándole las serpientes en la cuna y provocándole la locura (Apolodoro, Biblioteca II, 4, 8–12); transforma a Ío en vaca y la hace vigilar por Argos (Apolodoro, Biblioteca II, 1, 3; Ovidio, Metamorfosis I, 568–750); castiga a Sémele induciéndola a pedir a Zeus que se manifieste en su forma divina, lo que causa su muerte (Apolodoro, Biblioteca III, 4, 3); y atormenta a Leto, prohibiendo que dé a luz en tierra firme (Himno homérico a Apolo, vv. 47–52). Estos episodios consolidan su imagen literaria como esposa celosa y vengativa dentro del mito griego.
  107. Ilíada I,399, Hera se juntó con Poseidón y Atenea para el motín.
  108. Ilíada XV, 18; Apolodoro: Biblioteca mitológica I 3, 5. Zeus la había colgado del Olimpo por enviar una tormenta contra Heracles cuando este, después de conquistar Troya, se hizo a la mar.
  109. Iconográficamente se la representa como reina con cetro y corona; en pintura está Zeus y Hera de James Barry (1790–99, Graves Art Gallery, Sheffield), donde aparece junto al soberano del Olimpo, y en escultura antiguamente se conocían grandes cultos a su imagen en templos como el de Hera en Olimpia, con estatuaria cultual descrita por Pausanias; en arte moderno puede verse en escenas del mito recogidas en obras de la tradición clasicista europea que integran a la reina de los dioses con atributos de matrimonio y majestuosidad.
  110. Segundo Mitógrafo Vaticano, 7 (Sobre su pavo real) y 8 (Sobre Iris, su arcoíris)
  111. Coluto: El rapto de Helena, 89; Homero, Ilíada XIV, 263-280 (Hera le promete Pasítea a Hipnos).
  112. Virgilio: Eneida I, 80
  113. Higino: Fábulas, 13
  114. 1 2 Higino: Fábulas, 30
  115. La enemistad entre Juno y Eneas ya se narra desde el primer verso de la Eneida.
  116. Hesíodo: Teogonía 315 y 329
  117. Agustín de Hipona: La ciudad de Dios, IV, 11; Segundo Mitógrafo Vaticano, 9. En la religión romana primitiva, Júpiter no era solo “dios del rayo”, sino personificación del cielo luminoso diurno (Diespiter, ‘padre cielo’). Juno, como su contraparte femenina, fue interpretada por algunos autores como la potencia femenina del cielo, la capa atmosférica (el aire) que envuelve y fecunda. La manifestación activa del poder celeste sobre la tierra. En lecturas simbólicas: Cielo (principio activo, generador) = Júpiter; Aire (medio que transmite, fecunda, conecta) = Juno. Si Júpiter es el éter o el cielo supremo, Juno puede entenderse como el aire intermedio, el espacio donde se forman las nubes, las tormentas y la lluvia (fenómenos también asociados a la pareja divina). Esto no es la teología oficial romana estricta, sino una interpretación filosófica y alegórica posterior.
  118. 1 2 Himno homérico XXII (a Poseidón): «Por Poseidón, el gran dios, comienzo a cantar, el que agita la tierra y la límpida mar el marino, que posee el Helicón y la vasta Egas. Doble fue, Sacudidor de la tierra, el honor que los dioses te atribuyeron: de los corceles ser el domador y, a la vez, salvador de naves. ¡Salve, Poseidón, conductor del carro subterráneo, el de oscura cabellera! Y, feliz, con corazón benévolo, ampara a los navegantes».
  119. El culto de Poseidón está ampliamente atestiguado en santuarios costeros del mundo griego y, de forma destacada, en el istmo de Corinto, donde se hallaba el gran santuario panhelénico del santuario de Poseidón en Istmia; allí se celebraban los Juegos Ístmicos en su honor cada dos años, como confirman las fuentes literarias y arqueológicas (por ejemplo, Pausanias, Descripción de Grecia 2.1.7–2.2.2, describe el santuario y su contexto), así como estudios modernos sobre el yacimiento excavado en Istmia (véase Oscar Broneer, Isthmia I: Temple of Poseidon, 1971), que documentan el templo arcaico y clásico dedicado al dios y su función central en las celebraciones atléticas panhelénicas.
  120. El tridente es su arma y símbolo más característico. Con él desencadenaba tormentas, calmaba las aguas y provocaba terremotos golpeando la tierra. En el mito del Minotauro, Poseidón envía un toro blanco al rey Minos, lo que desencadena la historia del monstruo cretense (cf. toro de Creta). Poseidón creó el primer caballo (cf. Escifio). Por eso también era considerado dios de los caballos y patrón de los jinetes. El delfín un animal marino asociado a la protección y guía de los navegantes.
  121. Ovidio (Las metamorfosis VI, 103—128) nos habla del catálogo de ‘raptos de Neptuno’ (Furta Neptuni): como toro se unió a Tiro, como río Enipeo a Ifimedia, como carnero a Teófane, como caballo a Ceres, como ave a Medusa y como delfín a Melanto.
  122. Platón: Critias 113d–e
  123. Señor de los mares, aparece en pintura en obras mitológicas donde domina las olas o con su tridente en escenas renacentistas y barrocas, y en escultura hay ejemplos clásicos de representaciones de dioses marinos en estatuaria decorativa; además, en contexto público es frecuente la gran estatua urbana de Poseidón que decora el puerto de Copenhague (arte moderno), aunque para arte antiguo la presencia de su figura se aprecia en mosaicos y frisos de época helenística que lo muestran con delfines y caballos.
  124. Hesíodo: Teogonía 930-934
  125. Eratóstenes: Catasterismos, XXXI (Delfín)
  126. Pseudo-Apolodoro: Biblioteca mitológica I 4, 5
  127. Hesíodo: Teogonía 817
  128. Virgilio: Eneida V, 820–825, donde se describe la escena en que Neptuno, tras apaciguar las olas, se muestra con el coro de Glauco, Palemón, los rápidos tritones y todo el ejército de Forco (y otras deidades marinas).
  129. En Ovidio: Las metamorfosis II 9-14, se nos habla de una comitiva de dioses del mar. «El canoso Tritón, el cambiante Proteo, Egeón, que abraza con sus brazos el lomo de las ballenas, Doris y sus hijas, las Nereidas, algunas nadando, otras sentadas sobre las rocas secándose sus cabellos, y otras montadas sobre un pez».
  130. En el Museo Nacional del Bardo de Túnez hay un famoso mosaico romano que representa a Neptuno en su carro tirado por hipocampos y acompañado por tritones y otros seres marinos. También hay figuras de ictiocentauros como parte de la procesión marina.
  131. Odisea, IV, 431–562; Virgilio: Geórgicas IV, 392. Proteo aparece en las más antiguas leyendas como súbdito de Poseidón, y se lo describe como capaz de ver a través de toda la profundidad del mar y como el pastor de las manadas de focas de Poseidón. Tenía el don de la profecía y del cambio de forma y le reveló el paradero a casa a Menelao.
  132. Odisea: V, 333–366. Odiseo está a la deriva después de que Poseidón desata una tormenta. Leucótea le da un velo mágico para salvarlo del naufragio. Tras seguir sus instrucciones, Odiseo logra llegar vivo a tierra firme. Es la ayuda divina benevolente que equilibra la hostilidad de Poseidón.
  133. Higino, Fabulae 14
  134. Higino: Fabulae 157; Hesíodo: Catálogo de mujeres fr.43a
  135. La enemistad entre Poseidón y Odiseo se narra explícitamente en la Odisea de Homero: en Libro I, 68–79 se explica que Poseidón mantiene su cólera porque Odiseo cegó a su hijo, el cíclope Polifemo; el episodio del cegamiento aparece en Libro IX, 528–542, donde Polifemo invoca a su padre para vengarse; y en Libro V, 282–332, el dios desata una tormenta para impedir el regreso del héroe a Ítaca.
  136. Teogonía, 277-79; Apolodoro, 2.3.2
  137. Odisea 1 71; Higino, Fabulae 157
  138. Servio, sobre la Eneida de Virgilio 3.420
  139. Poseidón envió el monstruo cetáceo a Etiopía para castigar a Casiopea y se tuvo que encadenar a Andrómeda como sacrifico ( Apolodoro, Biblioteca mitológica II 4, 3; Ovidio: Las metamorfosis 55, 663 ss.). O bien envió el ceto a Troya para castigar el perjurio de Laomedonte, y el sacrificio fue Hesíone (Licofrón: Alejandra 470).
  140. El famoso templo del cabo Sunio estaba dedicado a Poseidón, según testimonios epigráficos (IG I 310, 324; II/III 1270, 1300), el templo dominaba el promontorio. Estos altares costeros pudieran provenir de marineros ofreciendo sacrificios antes de zarpar. En la Odisea (XIII, 100–120) se habla de la influencia de Poseidón sobre los vientos y tormentas, reforzando que los navegantes debían tenerlo en cuenta y a menudo implorarlo para viajes seguros.
  141. Segundo Mitógrafo Vaticano, 3 (Sobre Saturno)
  142. Cicerón: De natura deorum III, 20
  143. Himno homérico II (a Deméter)
  144. Cicerón: De natura deorum II, 23
  145. Cornuto: Compendio de teología griega, 52
  146. En el Himno homérico a Deméter, es invocada como diosa que rige el ciclo agrícola y el retorno periódico de la fertilidad, fundamento del motivo de la “portadora de las estaciones”. El himno describe cómo, tras el rapto de Perséfone, la diosa provoca la esterilidad de la tierra y luego restablece el crecimiento cuando su hija regresa, instituyendo así la alternancia estacional (vv. 305–313, 470–482). En este contexto, Deméter aparece como garante del ritmo anual de siembra y cosecha, función que la tradición interpreta como su dominio sobre las estaciones y la renovación de la vida.
  147. Diodoro Sículo: Biblioteca histórica V 68, 1
  148. Hesíodo: Teogonía vv. 453-455
  149. En el culto de Eleusis, Deméter y Core/ Perséfone eran veneradas conjuntamente como «las Dos Diosas» (τὼ θεώ). Esta denominación aparece explícitamente en inscripciones eleusinas (IG II² 1672 y otras dedicatorias áticas donde se menciona τὼ θεώ) y es confirmada por Pausanias, Descripción de Grecia (I, 38, 7), quien al describir el santuario habla de los ritos consagrados a ambas divinidades sin separarlas.
  150. Himno homérico II (a Deméter), 305–313
  151. Himno homérico II (a Deméter) 105-300
  152. En los relatos míticos de los misterios eleusinos, el cortejo de Deméter (incluye figuras vinculadas a la fertilidad, la muerte y la transmisión del saber agrícola: Pluto, asociado a la riqueza agrícola; Hécate, que acompaña a la diosa en la búsqueda de su hija; Triptólemo, a quien Deméter instruye en la agricultura y convierte en propagador de los misterios; y Yaco, asociado a aspectos rituales menores del culto. Esta composición del cortejo se refleja en el Himno homérico a Deméter (vv. 330–470) y en Pausanias, Descripción de Grecia (I, 38, 2–3).
  153. Teogonía (vv. 453–460
  154. Himno homérico 2, a Deméter, v.40; Sófocles: Antígona, 1121; Eurípides: Las suplicantes, 290; Aristófanes: Pluto, 515
  155. En los misterios de Eleusis, los sacerdotes invocaban ritualmente a Deméter como diosa de la agricultura, la fertilidad y el ciclo de la vida y la muerte. El culto eleusino conmemoraba el mito del rapto de Perséfone y la búsqueda de la diosa, fundamento simbólico de la regeneración agrícola y de la esperanza en una vida bienaventurada tras la muerte. Las referencias principales se encuentran en el Himno homérico a Deméter, que narra la institución de los misterios por la propia diosa, y en Pausanias, Descripción de Grecia (I, 38, 2–3), donde se mencionan los ritos y la importancia del santuario eleusino dentro del mundo griego.
  156. La diosa de la cosecha aparece iconográficamente con espigas o antorchas; en escultura clásica destaca la presencia cultual de estatuas de Deméter en templos griegos, y en pintura renacentista y posrenacentista figuras como El regreso de Perséfone de Frederic Leighton (1891) representan la emotiva reunión madre‑hija en un paisaje dramático de mitos agrícolas; también son conocidas representaciones de Deméter en relieves y sarcófagos antiguos que ilustran sus ciclos con Perséfone y el inframundo.
  157. Los emblemas de Deméter reflejan su vínculo con la fertilidad de la tierra y la alimentación: el trigo simboliza los cereales y la agricultura (cf. Hesíodo, Teogonía 922–924); la amapola está asociada a la siembra y a los ciclos de vida y muerte (cf. Ovidio, Las metamorfosis V.383–400); la menta representa sus cultos y rituales de purificación y fertilidad (cf. Pausanias, Descripción de Grecia 8.31.2); y el cerdo es un animal sacrificial en su honor, vinculado a la abundancia agrícola y los misterios de Eleusis (cf. Hesíodo, Trabajos y días 450–460; Apolodoro, Biblioteca I.5.2).
  158. Esta etimología se documenta en Varrón, De lingua latina (Libro V, 98) y en Plinio el Viejo, Historia natural (XVIII, 20), que relacionan a Ceres con los cultivos de ‘cereales’, el sustento humano y la fertilidad de la tierra.
  159. Odisea V, 25. Biblioteca mitológica III 12, 1. Teogonía 969; Catálogo de mujeres, f. 102.
  160. Biblioteca mitológica I 5, 3
  161. Servio sobre la Eneida de Virgilio III 167; Higinio: Fábula 250; Calímaco: Himno a Deméter 34 y ss.; Antonino Liberal: Metamorfosis 11; Pausanias: x.30.1.
  162. 1 2 Himno homérico XX (a Hefesto)
  163. Hesíodo: Teogonía, 925 y ss.: «Hera dio a luz a Hefesto, sin trato amoroso —estaba furiosa y enfada con Zeus por haber engendrado a Atenea sin madre—; Hefesto destacó entre todos los descendientes de Urano por la destreza de sus manos». Hefesto le construyó su armadura a Aquiles (Higino: Fábulas, 106) y las flechas a Apolo y Diana (Higino: Fábulas, 140). En Teogonía, 572-590 Zeus le manda a Hefesto crear a Pandora.
  164. El dios de la forja y el fuego, en arte renacentista y barroco aparece en pinturas como La fragua de Vulcano de Diego Velázquez (c. 1630), donde se le muestra en su taller con otros dioses, y en esculturas antiguas se identifican obras que representan herreros divinos en contextos mitológicos, subrayando su rol técnico y creativo en el Olimpo.
  165. Ilíada XVIII, 478-486
  166. En el arte a Hefesto/Vulcano se lo representa con unas tenazas de herrero o un martillo, indicando que era el herrero de los dioses. Dice Robert Graves que su símbolo era una codorniz, pájaro que en primavera baila a la pata coja (pues Hefesto era cojo). Eratóstenes (Catasterismos, XI) dice que durante la Gigantomaquia, Dioniso, Hefesto y los sátiros marcharon a lomos de burros que rebuznando los pusieron en fuga a los gigantes.
  167. Ilíada I, 571-8; 577-8; Teogonía 927-8
  168. Según Homero, Ilíada I,590-594, Hera expulsa a Hefesto porque se avergonzaba de que fuera cojo. Apolodoro (Biblioteca mitológica I 3, 5) dice que Zeus arrojó a Hefesto por acudir en auxilio de Hera, que estaba atada.
  169. Ilíada I,590-594; Apolodoro: Biblioteca mitológica I 3, 5
  170. Quinto de Esmirna: Posthoméricas IX, 365; Ovidio: Las metamorfosis XIII, 314. Los autores, especialmente romanos, dicen que Lemnos está consagrada a Hefesto porque allí cayó desde el Olimpo.
  171. Higino: Fábulas, 166: «Vulcano había fabricado unos tronos de oro y acero para Júpiter y los demás dioses; cuando Juno se sentó, quedó de repente suspendida en el aire. Se mandó recado a Vulcano para que liberase a su madre, a la que había amarrado, pero —airado por haber sido precipitado desde el cielo—, dijo que él no tenía ninguna madre».
  172. Plutarco: Banquete, II, 1; Pólux, VI, 23; en ambos casos citando como autoridad a Los cabiros de Esquilo.
  173. Servio: Sobre la Eneida de Virgilio, IX, 584.
  174. Calímaco: Himno III (a Artemisa), vv. 40-88
  175. Dependiendo de la versión a Hefesto se le atribuye una esposa diferente: Afrodita en la Odisea, Caris en la Ilíada y Aglaya en la Teogonía. A pesar de estar casado con Afrodita, Hefesto no tuvo descendencia con ella.
  176. 1 2 3 Primer Mitógrafo Vaticano, 43. Afrodita, esposa de Hefesto, mantuvo un romance con Ares. El episodio más famoso se narra en Homero, Odisea VIII,266-366, donde Hefesto, al descubrir la infidelidad, prepara una trampa: fabrica una red invisible para atrapar a la pareja en el acto y exhibirlos ante los otros dioses, provocando burla y escarnio en el Olimpo. Higino (Fábulas, 148) dice que del oprobio de Venus y Marte nació Harmonía.
  177. Apolodoro: Biblioteca III, 14, 6; Pausanias: Descripción de Grecia I, 2, 6
  178. Virgilio: Eneida VII, 894–897
  179. Plutarco: De Amore (Moralia), 18
  180. Estrabón, Geografía VI 2, 10, hablando de de Sicilia, relaciona los volcanes activos con la acción de Hefesto. Diccionarios etimológicos modernos confirman que «volcán» deriva de Vulcano (por ejemplo, Émile Littré, Dictionnaire de la langue française, s.v. “volcan”).
  181. Segundo Mitógrafo Vaticano, 51: «Ahora bien, Vulcano es fuego, y se le llama Vulcano como si dijéramos volicanus porque vuela (volet) por el cielo».
  182. 1 2 Himnos homéricos, Himno XI, A Atenea
  183. Himno homérico a Afrodita, 9-15
  184. Atenea es la patrona de la ciudad de Atenas, a la que otorgó su nombre según la tradición mítica. Durante la disputa con Poseidón por el patrocinio de la ciudad, Atenea ofreció el olivo, útil para la alimentación, la construcción y la producción de aceite, mientras que Poseidón solo ofrecía agua salada; la ciudad eligió a la diosa como su protectora, consagrándole templos y festivales, entre ellos las Panateneas. Este mito se recoge en Pausanias, Descripción de Grecia (I, 16, 3) y en fuentes literarias como Ovidio, Las metamorfosis (XIII, 750–760), y se refleja en la iconografía ateniense, donde Atenea es representada como la guardiana de la ciudad, con su égida y el olivo como símbolos de protección y prosperidad.
  185. Atenea suele ser representada acompañada de un mochuelo (Athene noctua), símbolo de sabiduría, vigilancia y clarividencia, que refuerza su carácter de diosa prudente y protectora de la ciudad. La asociación aparece en cerámica ática arcaica y clásica y en la escultura, incluyendo representaciones de Atenea Pártenos y monedas atenienses. J. Boardman: Greek Art, 1996, pp. 45‑46; J. Neils: Goddess and Polis, 1992, pp. 15‑17
  186. La égida, atributo característico de Zeus, en el caso de Atenea subraya su favor especial y privilegio divino, así como su rol de protectora de la ciudad y de los héroes. Como referencias iconográficas la podemos encontrar en la Atenea Pártenos de Fidias, en la Atenea Promacos de la Acrópolis o en la cerámica ática (siglos VIIV a. C.).
  187. El olivo es el símbolo de Atenea porque, según la tradición mítica, la diosa lo regaló a los atenienses durante su disputa con Poseidón por el patrocinio de la ciudad de Atenas, ofreciendo un árbol útil para la alimentación, el aceite y la construcción, mientras que Poseidón solo ofrecía agua salada; este mito se relata en Las metamorfosis (XIII, vv. 750–760) y en fuentes griegas como Pausanias, Descripción de Grecia, I, 16, 3, donde se explica que el olivo consagrado por Atenea se convirtió en un símbolo de paz, prosperidad y sabiduría, vinculado directamente con su carácter de protectora de la ciudad y de la civilización.
  188. Ilíada V, 880
  189. Hesíodo: Teogonía 886 y ss., 924.
  190. La estrategia y la sabiduría en arte clásico a menudo se encarnan en la monumental Atenea Pártenos, la obra colosal de Fidias (original perdido, conocida por copias romanas y descripciones, ej. Atenea Giustiniani en Museos Vaticanos), y en pintura renacentista escenas de su nacimiento o intervención en batallas aparecen en obras de Mantegna o Rubens; por ejemplo, varios frontones y metopas de templos como el Partenón narran sus actos heroicos y son representaciones arquitectónicas icónicas.
  191. Atenea se asocia frecuentemente con el Gorgoneion, el rostro de la Gorgona que la diosa porta en su égida como símbolo protector y amuleto contra el mal. Este atributo aparece ya en la Ilíada (VIII, 590–600), donde la égida de Atenea inspira terror en los enemigos, y se confirma en la iconografía arcaica y clásica, como se observa en el friso del Partenón y en representaciones de vasos áticos del siglo V a.C.
  192. Asimismo, Atenea es la deidad central de las Panateneas, el festival cívico más importante de Atenas, celebrado cada cuatro años en su honor, que incluía procesiones, competiciones atléticas y musicales, y la entrega del peplo sagrado a la estatua de la diosa. Esta tradición está documentada por Pausanias, Descripción de Grecia (I, 18, 6) y por referencias en Heródoto, Historias (V, 66), donde se describe la importancia de la festividad para la identidad y cohesión política de Atenas.
  193. Biblioteca mitológica, III, 12, 3
  194. Atenea favoreció especialmente a Erictonio, rey mítico de Atenas nacido de manera prodigiosa, a quien la diosa protegió y educó. Según la tradición, Atenea lo crio en secreto en un cofre, instruyéndolo en la artesanía y la sabiduría, y más tarde lo convirtió en fundador de la dinastía ateniense, consolidando así su papel de protectora de la ciudad y promotora de la civilización. Este mito se encuentra en Pausanias, Descripción de Grecia (I, 16, 2–3) y en relatos resumidos de la Biblioteca mitológica del Pseudo-Apolodoro (I, 14, 3), que destacan el vínculo especial entre la diosa y el primer rey mítico de Atenas.
  195. Pausanias: Descripción de Grecia, I, 2, 6
  196. En la tradición literaria griega, Atenea es frecuentemente llamada “de ojos glaucos” (γλαυκῶπις, glaukôpis), un epíteto que destaca sus ojos gris-azules o verdosos. Este adjetivo aparece de manera recurrente en la épica: por ejemplo, en Ilíada (I, 196; XX, 70–75) y en Odisea (XIII, 344).
  197. En Ilíada V, 880, Ares le reprocha a Zeus su favoritismo con Atenea: «la tienes consentida porque tú solo alumbraste a esa hija». Filóstrato (Descripciones de cuadros II, 27) nos cuenta el orgullo que siente Zeus por su hija: «Zeus respira con placer, observa a su hija y está orgulloso de haberla traído al mundo». Este favoritismo pudiera explicar que en Ilíada I, 400, cuando Hera, Poseidón y Atenea se amotinaron contra Zeus y quisieron atarlo, Zeus nunca castigó a Atenea.
  198. En la poesía épica, Atenea actúa como intermediaria y protectora de los héroes, enviada por Zeus para guiarlos, aconsejarlos y favorecerlos en el combate. En la Ilíada (libros I, XX y XXII), Atenea protege a héroes como Aquiles y Diomedes, impidiendo que caigan en peligro y otorgándoles valor y estrategia en momentos críticos, lo que refleja su papel de divinidad que interviene activamente en la acción humana bajo la autoridad de Zeus. También ayudó a muchos otros héroes, como Odiseo, Jasón, Heracles, Tideo o Perseo.
  199. Ovidio: Las metamorfosis VI, 126 - 145
  200. Ovidio: Las metamorfosis 793-802
  201. Agustín de Hipona: La ciudad de Dios VII, 3
  202. J. Neils: Goddess and Polis: The Panathenaic Festival in Ancient Athens, 1992, pp. 1‑20; J. Boardman: Greek Art, 1996, pp. 35‑50; W. Burkert: Greek Religion, 1985, pp. 211‑214. En esas fuentes se dice que la iconografía de Atenea no solo la identificaba visualmente como diosa de la guerra, sino que también simbolizaba sabiduría, prudencia y justicia, valores centrales en la sociedad griega clásica. La influencia de Atenea se extiende a la arquitectura, la literatura, la filosofía y las artes, reflejándose en conceptos sobre la organización de la polis, la educación, la ética cívica y la producción artística.
  203. Ateneo de Náucratis, Deipnosophistae, I, §1–2; el autor explica que su obra y el término “ateneo” aluden a lugares de reunión y erudición inspirados en la diosa Atenea, patrona de la sabiduría, las artes y la cultura, simbolizando espacios dedicados al aprendizaje y la discusión literaria.
  204. Hesíodo: Teogonía, 203: «Y estas atribuciones posee [Afrodita] desde el comienzo y ha recibido como lote entre los hombres y dioses inmortales: las intimidades con doncellas, las sonrisas, los engaños, el dulce placer, el amor y la dulzura».
  205. Himno homérico V, a Afrodita: «Afrodita, que despierta en los dioses el dulce deseo y domeña las estirpes de las gentes mortales, a las aves que revolotean en el cielo y a las criaturas todas, tanto a las muchas que la tierra firme nutre, como a cuantas nutre el mar. A todos afectan las acciones de Citerea, la bien coronada».
  206. Afrodita era venerada en el santuario y las celebraciones conocidas como Afrodisias, donde la diosa tenía un culto central; estas festividades incluían procesiones, sacrificios y competiciones artísticas en su honor, reflejando tanto su papel como deidad del amor y la fertilidad como su importancia cívica y social (cf. Pausanias, Descripción de Grecia 2.24.1; Estrabón, Geografía XIV.2.6; estudios arqueológicos modernos: Christopher Ratté, Afrodisias: City of Aphrodite, 2014).
  207. Primer Mitógrafo Vaticano, 43. Los emblemas de Afrodita están ampliamente documentados en la literatura y el arte de la antigüedad: la paloma y el mirto son sus símbolos más antiguos, asociados con el amor y la belleza (cf. Hesíodo, Teogonía 188–191); la manzana aparece en relatos mitológicos relacionados con la disputa de las diosas y el juicio de Paris (Apolodoro, Bibliotheca, III.12–14); la venera (concha marina) se popularizó como atributo iconográfico en la escultura y pintura clásica y renacentista, representando su nacimiento del mar (Homero, Himnos Homéricos, Himno a Afrodita 1–10; Botticelli, El nacimiento de Venus, 1485–1486); y la rosa, adoptada en la literatura y el arte helenístico y romano, simboliza la pasión y el amor erótico (Ovidio, Las metamorfosis 10.306–315).
  208. Himno homérico V, a Afrodita, vv. 1-6
  209. Plutarco: Moralia II, 23; Ilíada XIV, 197 s.: «allí estaba el amor, allí el deseo, allí la amorosa plática y la seducción que roba el juicio incluso a los muy cuerdos»»
  210. Ovidio, Las metamorfosis X, 705—740
  211. Según Hesíodo (Teogonía, 188), Afrodita nació de Urano, abuelo de Zeus, después de que Crono lanzara sus genitales castrados al mar. Los miembros divinos, a la deriva en el mar, formaron una espuma y de ahí nació la diosa. Esto apoya la etimología de su nombre, "nacida de la espuma". Como tal, Afrodita pertenecería a la misma generación que Crono, padre de Zeus, y técnicamente sería la tía de Zeus. Ver el nacimiento de Afrodita.
  212. Homero: Ilíada V, 370
  213. Los nombres de las diosas del amor reflejan su influencia lingüística en distintas culturas: Afrodita dio origen al término «afrodisíaco», usado para describir sustancias que estimulan el deseo sexual, derivado directamente de su nombre en la tradición griega clásica (véase Robert Graves, La mitología griega, 1955, p. 144); de manera análoga, la romana Venus originó los términos «venerar» —con el sentido de rendir culto o respeto— y «venéreo», relacionado con el amor o la sexualidad, tal como se documenta en la etimología latina y en estudios de lexicografía clásica (véase Lewis & Short, A Latin Dictionary, 1879, s.v. Venus).
  214. La diosa del amor está representada por esculturas célebres como la Venus de Milo (Museo del Louvre), una de las grandes obras del helenismo, y la Afrodita de Cnido de Praxíteles, famosa por su tratamiento del desnudo femenino clásico; en pintura renacentista El nacimiento de Venus de Sandro Botticelli (Uffizi) es un icono universal de la belleza y la mitología grecorromana.
  215. La comitiva de Afrodita está descrita en varias fuentes literarias y míticas: la acompañan los dioses y personificaciones del amor como la Persuasión (Peito) y el Deseo (Hímero), así como Himeneo (Canto nupcial); también los Erotes (Amores), quienes representan distintos aspectos del amor y la atracción (véase Hesíodo, Teogonía 945–971; Homero, Himno homérico a Afrodita 1–60; Pausanias, Descripción de Grecia 1.14.6–7).
  216. Hesíodo, Teogonía 1008-1010
  217. Apolodoro, Biblioteca mitológica III 14, 4
  218. En el relato del Juicio de Paris, Afrodita es proclamada la más hermosa de todas las diosas por el príncipe troyano Paris, después de que Hera y Atenea compitieran por su favor; como recompensa, Afrodita le promete a Paris el amor de la mujer más bella del mundo, Helena, desencadenando así la guerra de Troya. Apolodoro: Biblioteca mitológica III, 12–14: describe cómo Paris elige a Afrodita como la diosa más hermosa y recibe la promesa de Helena. Pausanias, Descripción de Grecia 3.19.1 menciona la tradición de la elección de la diosa más hermosa por Paris y el papel de Afrodita.
  219. Varrón: De re rustica 1.1.4–6.
  220. Segundo Mitógrafo Vaticano, 39 (Sobre Marte): «Marte es el dios de la guerra, y se le llama Marte porque la guerra se libra entre hombres (mares). Marte recibe su nombre de mas, «hombre», por así decirlo. Del mismo modo, se le llama «creador de muertes», ya que la muerte (mors) recibe su nombre de Marte».
  221. En la tradición romana y griega, Ares era considerado natural de Tracia, región situada al norte de Grecia, famosa por sus guerreros feroces; esta asociación se refleja en la literatura clásica, donde los tracios son descritos como seguidores apasionados de Ares y expertos en la guerra (fuentes: Homero, Ilíada 5.889–896; Hesíodo, El escudo de Heracles 291–295; Pausanias, Descripción de Grecia 1.3.4).
  222. Isidoro de Sevilla: Etimologías (p. 128) relaciona el nombre de Marte con el latín mas, maris, «varón» (p. 178); dijo que el mes de marzo (Martius) se llamaba así por Marte «porque en esa época todos los seres vivos se incitan a la virilidad (mas, maris) y a los placeres de las relaciones sexuales».
  223. Ilíada, 890
  224. Homero: Ilíada IV, 333 y 436
  225. 1 2 Boccaccio: Genealogia deorum gentilium IX, 3
  226. Teogonía, 922 y 935
  227. La figura del dios de la guerra se encuentra en esculturas de la antigüedad clásica como el Ares Ludovisi (Museos Capitolinos), una copia romana de un original griego del siglo IV a. C., y en pintura aparece en escenas de combate mitológico, por ejemplo en ciclos sobre la guerra de Troya y el juicio de Paris donde su presencia guerrera se contrapone a la de Atenea o Afrodita; estas obras exploran el conflicto y la furia bélica.
  228. Los emblemas de Ares reflejan su naturaleza guerrera y destructiva: además de su armamento habitual (lanza y escudo), se le asocian la serpiente, símbolo de astucia y peligro; la antorcha, vinculada a la destrucción y la guerra; el jabalí, representando la fuerza bruta y la ferocidad en combate; y el buitre, asociado a la muerte en el campo de batalla y su carácter sanguinario (fuentes clásicas: Hesíodo, Teogonía 795–797; Homero, Ilíada 5.198–200, 13.290–300; Pausanias, Descripción de Grecia 1.3.4, donde se mencionan rituales y símbolos de Ares en diferentes cultos locales).
  229. Himno homérico VIII, a Ares
  230. Tzetzes: Quilíadas § 12.791
  231. La reina de las amazonas, que gobernaba en Temiscira, ostentaba el cinturón (ζωστήρ) de Ares, símbolo de su soberanía (Apolodoro: Biblioteca mitológica II 5, 9). Las amazonas, que poblaban la llanura de Deante, les ocupaba la deplorable violencia y las obras de Ares; pues en efecto eran de la estirpe de Ares y de la ninfa Harmonía, tras compartir su lecho en los valles del bosque de Acmón (Apolonio de Rodas: Argonáuticas II, 989 ss.).
  232. Higino: Fábulas 159
  233. Biblioteca mitológica II 7, 7
  234. Biblioteca mitológica I 8, 2
  235. Biblioteca mitológica II 5, 8
  236. Biblioteca mitológica III 14, 8
  237. El dios Ares dio su nombre al Areópago, la “Colina de Ares” en Atenas, que según la tradición era el lugar donde se reunía el consejo judicial más antiguo de la ciudad y donde se juzgaban delitos graves, especialmente homicidios; esta asociación entre el dios y el sitio se menciona en Pausanias, Descripción de Grecia 1.28.6–7 y en estudios de topografía ateniense clásicos.
  238. El dios romano Marte, equivalente a Ares, ha dejado su huella en el idioma: de su nombre derivan los adjetivos y sustantivos «marcial», relacionado con la guerra y las artes militares, y los nombres del día martes y del mes de marzo, que originalmente marcaban el inicio de la temporada bélica en el calendario romano (véase Lewis & Short, A Latin Dictionary, s.v. Mars; Varrón, De Lingua Latina 6.5; Ovidio, Fasti I.1–48, donde se relaciona a Marte con el mes de marzo y los rituales de la guerra).
  239. Los hermanos Rómulo y Remo, considerados los fundadores legendarios de Roma, reciben la sangre de Marte a través de su madre Rea Silvia, quien fue impregnada por el dios, estableciendo así un linaje divino que vincula la ciudad de Roma con la fuerza guerrera y la protección de Marte (fuentes clásicas: Tito Livio, Ab Urbe Condita I.3–7; Plutarco, Vida de Romulo, 1–4).
  240. Para los romanos, Marte simbolizaba el poderío militar entendido como medio para garantizar la paz (pax), y se le veneraba como páter del pueblo romano, protector de la ciudad y garante del orden cívico y religioso; esta visión se refleja en la literatura y la religión romana, por ejemplo en Tito Livio, Ab Urbe Condita I.3–7, que vincula a Marte con el linaje de Rómulo y Remo, y en Ovidio, Fasti I.115–150, donde se celebra su papel como dios de la guerra regulada y como padre fundador simbólico de Roma.
  241. Según Georges Dumézil y su teoría de la función triple protoindoeuropea, Marte no era únicamente un dios de la guerra, sino también una deidad vinculada a la fertilidad y al mundo rústico: sus energías se dirigían a asegurar el crecimiento de los cultivos y protegerlos de fuerzas hostiles, integrando así el poder militar con el cuidado de la tierra y la prosperidad agrícola, función que se evidencia en los rituales campesinos romanos, como los ludi o Cerealias, y en textos como Dumézil, La religion romaine archaïque, 1966, vol. 1, pp. 234–240.
  242. En Hesíodo: Teogonía, 95 se dice que de Apolo descienden los aedos y citaristas. Homero lo invoca con frecuencia al inicio de la Ilíada y la Odisea (I, 1) como fuente de inspiración poética, y los himnos homéricos lo presentan como protector de la música, la poesía y la armonía (himno homérico a Apolo 3 y 7), subrayando su rol como guía de los cantores y compositores de la tradición oral. Además, autores como Píndaro (odas olímpicas 1.1-8) lo ensalzan como garante de la inspiración poética y la excelencia artística, consolidando su figura como patrón de los aedos y de la poesía épica en general.
  243. Se le reconoce protector de la música y la poesía en la Ilíada, la Odisea y los himnos homéricos; dios sanador en la Teogonía 354-361 y en relatos sobre su hijo Asclepio (Pausanias, Descripción de Grecia 2.27.7), y patrón de la adivinación a través del oráculo de Delfos según Píndaro, Oda Olímpica 1.1-8 y Heródoto, Historias 8.43.
  244. 1 2 Himno homérico III a Apolo, 14-20.
  245. En la mitología griega Febo es el epíteto más común para Apolo. Así en, por ejemplo, Himno homérico XXI (a Apolo); Teogonía, 15; Ilíada I, 44
  246. El sobrenombre de Febo, que se aplica con frecuencia a Apolo en los poemas homéricos, apunta al sol; las tradiciones relativas a los hiperbóreos y su culto a Apolo muestran claros indicios de que consideraban al dios bajo la misma luz. (Alceo, ap. Himerio, XIV, 10; Diodoro Sículo: Biblioteca histórica II, 47).
  247. 1 2 En la época de Calímaco, algunas personas distinguían entre Apolo y Helios, por lo que fueron censuradas por el poeta. (fr. 48, ed. Bentley.) Pausanias (Descripción de Grecia VII, 23) afirma que conoció a un sidonio que declaraba que Apolo y Helios eran dos dioses eran idénticos. Pausanias añade que esto estaba en consonancia con las creencias de los griegos (Estrabón: Geografía XIV, 635; Plutarco, De Ei apud Delphos 4, De Defensione Oraculi, 7).
  248. Pausanias, Descripción de Grecia 10.13.1–3 menciona que Apolo recibía ofrendas de los hiperbóreos y que su culto se relacionaba con la llegada de la primavera. Heródoto, Historias 4.36 indica que los hiperbóreos eran considerados un pueblo excepcionalmente bendecido, favorecido por Apolo. Pindaro, odas píticas 8.90–95 también alude a la tierra de los hiperbóreos y su vínculo con Apolo.
  249. Homero: Ilíada I,43-53; Himno Homérico XXV (a Apolo)
  250. Hesíodo: Teogonía, 95; himno homérico (a Apolo) III, 356
  251. Nada más nacer Apolo nos cuenta el himno homérico III (vv. 131—132), el dios toma conciencia de las más características y las enuncia: «Sean para mí la cítara y el curvado arco! iY revelaré a los hombres la infalible determinación de Zeus!»
  252. Segundo Mitógrafo Vaticano, 30-34. Los símbolos de Apolo incluyen el cuervo (era su mensajero y delató la infidelidad de Corónide); estas asociaciones se documentan en Himno Homérico III a Apolo y en Pausanias, Descripción de Grecia 10.5.5, donde se relata el mito de Dafne y la consagración del laurel a Apolo.
  253. El dios de la música y las bellas artes tiene esculturas clásicas como Apolo de Belvedere (Museos Vaticanos), considerada una obra maestra de la copia romana de la escultura griega, y en pintura escenas como Apolo y Dafne de Bernini (Galleria Borghese, mármol barroco) muestran episodios mitológicos dramáticos; además, representaciones renacentistas del dios con su lira o arco aparecen en numerosas obras que exploran la luz y la armonía del arte clásico.
  254. Ovidio (Las metamorfosis VI, 103—128) nos habla de los raptos de Febo: como azor se unió a Marpesa, como león a Cirene y como pastor a Ise, hija de Macareo.
  255. Homero: Ilíada II.595-600; Luciano: Diálogos de los Dioses 14; Apolodoro: I.3.3; Pausanias: III.1.3.
  256. Apolodoro: Biblioteca mitológica I 9.15; después de que Zeus matase a Asclepio, Apolo, en venganza, mató a los Cíclopes. Hubiera sido condenado al Tártaro de no ser por las súplicas de Leto. Al final Zeus obligó a Apolo servir a Admeto en Feras.
  257. Apolodoro: Biblioteca mitológica I 4, 2; Marsias encontró la flauta que Atenea había rechazado y retó a Apolo a un concurso musical. Apolo, usando la cítara al revés, ganó la prueba porque Marsias no pudo imitarlo, y como castigo lo colgó de un pino y lo desolló.
  258. Filodemo: De Pietate (‘Sobre la piedad’), preservado en el papiro de Herculano 243 III (Obbink). Higino: Fábulas, 161
  259. Cicerón: De natura deorum 57, 23
  260. Agustín de Hipona: La ciudad de Dios IV, 11, 21 y 26; para los romanos Apolo era el dios patrón de los adivinos y el sol.
  261. A partir del Renacimiento europeo (siglos XIV-XVI), los humanistas reinterpretaron a Apolo como el patrón ideal de la belleza y la armonía artística. En este periodo se le asocia explícitamente con la pintura, la escultura, la música y la poesía. Se enfatiza su rol como símbolo de inspiración y guía de las bellas artes, en paralelo con la recuperación de los textos clásicos y la idealización de la cultura grecolatina. Autores y artistas renacentistas (como Pico della Mirandola, Vasari, y otros tratados de arte) destacan a Apolo como modelo de perfección estética y equilibrio.
  262. En la tradición griega, Apolo encarna los valores de lo apolíneo, entendidos como la armonía, la moderación, la claridad y la medida. Esta conceptualización se refleja ya en la filosofía y la literatura clásicas. Hesíodo, presenta a Apolo como dios de la música y la profecía, regulador del orden divino y humano; Homero lo muestra como arquero capaz de proteger con justicia; y Píndaro lo celebra como la expresión de equilibrio y perfección estética. A partir de estas referencias, Apolo simboliza la medida y los ideales del pensamiento griego clásico, tanto en la ética como en la cultura artística.
  263. Himnos homéricos IX y XXVII (a Artemisa)
  264. Ilíada XXI, 470 y ss. En la tradición micénica, Artemisa es identificada con la Potnia Theron (“Señora de los Animales”), un título que aparece en inscripciones y contextos iconográficos del II milenio a.C.; este epíteto la vincula con la caza, la protección de la fauna y la naturaleza salvaje, y se refleja en la iconografía de sellos, figurillas y frescos micénicos, así como en la literatura posterior (fuentes: Nilsson, Geschichte der Griechischen Religion, 1940, vol. I, pp. 142–145; Burkert, Greek Religion, 1985, pp. 88–90; donde se conservan reminiscencias de su función de diosa protectora de los animales).
  265. Artemisa también es conocida como protectora de las doncellas y las mujeres en edad fértil: podía aliviar los dolores del parto y garantizar un alumbramiento seguro, pero al mismo tiempo tenía el poder de causar la muerte súbita, especialmente a quienes violaban su castidad o desobedecían sus decretos; estos atributos se reflejan en la literatura y los mitos griegos clásicos, por ejemplo en Hesíodo, Teogonía 924–926, Homero, Ilíada 21.497–502, y en relatos de Pausanias sobre santuarios donde se le rendía culto como protectora de las mujeres y niños (Pausanias, Descripción de Grecia 3.18.12).
  266. Cornuto: Compendio de teología griega, 65; el autor dice directamente que Apolo es el Sol y Ártemis la Luna.
  267. La diosa de la caza y la luna, aparece en numerosas pinturas mitológicas de artistas como Paolo Veronés (Diana y Acteón, 1556‑59, National Gallery), así como en esculturas clásicas de cazadoras como la Artemisa de Gabios y copias romanas de obras griegas donde posa con arco y animales; su figura sigue siendo un motivo frecuente en iconografía renacentista y barroca que subraya su independencia y fuerza.
  268. Los símbolos de Artemisa reflejan su relación con la naturaleza y la caza: la luna, asociada a su rol como diosa nocturna y virginal; el ciervo y la osa, que representan su dominio sobre los animales salvajes y su protección de la fauna; y el ciprés, árbol vinculado a los bosques y a la muerte ritual, presente en cultos y santuarios dedicados a ella (fuentes clásicas: Hesíodo, Teogonía 924–925; Pausanias, Descripción de Grecia 8.36.5–6; iconografía griega arcaica y clásica: sellos micénicos y vasos áticos).
  269. Himno homérico XXVII (a Artemisa)
  270. Artemisa suele ser acompañada por un coro de ninfas, jóvenes inmortales que la siguen en los bosques y montañas durante la caza, participando en danzas, cantos y rituales en su honor; esta tradición aparece en la literatura épica y lírica griega, como en Homero, Ilíada 21.505–510, Hesíodo, Teogonía 924–925, y en relatos mitológicos de Pausanias, Descripción de Grecia 8.36.5–6, que destacan la compañía constante de Artemisa por estas figuras femeninas asociadas a la naturaleza y la protección de la caza.
  271. 1 2 Calímaco: Himno III (a Artemisa), vv. 185-224
  272. Artemisa es descrita en la mitología como fiera y temible, capaz de castigar a los mortales que la ofendían; un ejemplo notable es su venganza contra Eneo, a quien envió un jabalí gigantesco para devastar su reino como castigo por no honrarla adecuadamente, episodio que da origen al famoso cacería del jabalí de Calidón, narrado en fuentes como Ovidio, Las metamorfosis VIII.285–451, Apolodoro, Biblioteca mitológica I.8–9, y Pausanias, Descripción de Grecia 9.27.3.
  273. Artemisa castigó al cazador Acteón por haberla visto desnuda mientras se bañaba: la diosa lo transformó en ciervo y fue despedazado por sus propios perros de caza; el episodio se narra con detalle en Ovidio, Las metamorfosis III.138–252, y también es mencionado en Pausanias, Descripción de Grecia 9.2.3 y en la tradición mitográfica recogida por Apolodoro, Biblioteca mitológica III.4.4.
  274. Apolodoro: Biblioteca mitológica I 4, 1
  275. Apolodoro, Biblioteca mitológica I, 7, 4.
  276. Higino: Fábulas, 195
  277. Artemisa se burló del dios fluvial Alfeo, quien intentó poseerla: según la tradición, cuando Alfeo la persiguió con intención de unirse a ella, la diosa se cubrió el rostro y el de sus ninfas con barro para no ser reconocida, frustrando así su intento; esta versión aparece en Pausanias, Descripción de Grecia 5.7.2–3, y variantes del mito también se conservan en la tradición mitográfica posterior (cf. Apolodoro, Biblioteca mitológica I.7.5).
  278. Pseudo-Apolodoro: Biblioteca mitológica III 8,2
  279. Calímaco: Himno IV (a Delos), 292
  280. Hesíodo, citado en Pausanias: Descripción de Grecia I 43, 1
  281. Hesíodo, Catálogo de mujeres fr. 23(a)10–12 (ed. M-West); citado en los papiros de Oxirrinco 2075, 2481 y 2482, y e el papiro de Michigan 6234
  282. Higino: Fábulas, 223
  283. Calímaco, Himno a Artemisa 189
  284. Diodoro Sículo: Biblioteca histórica V,76
  285. Pausanias: Descripción de Grecia, II.30.3
  286. Himno homérico a Hermes 13
  287. Hermes y Mercurio son dioses asociados a los viajes, el comercio y la comunicación. Protegían a viajeros, comerciantes y mensajeros, facilitando los intercambios, la movilidad y la transmisión de información entre mortales y dioses. Así en Homero: Ilíada XXIV, 334–347), Cicerón: De natura deorum III, 56; Himno homérico a Hermes (13–60).
  288. Cicerón, De natura deorum III, 56 lo vincula con los mercadores y el intercambio; Varrón, De lingua latina V, 66–68 relaciona su nombre con merx y mercari. Himno homérico a Hermes (vv. 13–60), Hermes roba el ganado de Apolo el mismo día de su nacimiento, consolidando su carácter de dios astuto y protector de ladrones. El mismo himno (vv. 550–560) le atribuye dones proféticos y mediación divina. En Ilíada (XXIV, 334–347), Hermes guía a Príamo hasta Aquiles como heraldo y conductor seguro.
  289. Segundo Mitógrafo Vaticano, 53 (Sobre los Mercurios) y 54 (Por qué es llamado Mercurio)
  290. Hermes desempeñó un papel simbólico en la transmisión del lenguaje y la interpretación, dando origen al término “hermenéutica” (del griego hermēneutikē, arte de interpretar mensajes y signos). Además, se le atribuye la institución de las hermas (hermai), estelas con la cabeza de Hermes y un falo, colocadas a la vera de los caminos para marcar límites, proteger a los viajeros y delimitar propiedades, según narran Pausanias, Descripción de Grecia I, 31, 4–5 y Heródoto, Historias IV, 147.
  291. El mensajero divino aparece en la escultura clásica Hermes con el niño Dioniso de Praxíteles (Museo Arqueológico de Olimpia), uno de los mejores ejemplos de escultura griega que combina serenidad y gracia, y en pintura renacentista y barroca es frecuente en escenas narrativas mitológicas que muestran su papel de guía o embajador de los dioses, apareciendo junto a otros dioses en episodios del panteón clásico.
  292. Hermes porta el caduceo (κέρκυνος, caduceum), vara alada que según los Himnos Homéricos (a Hermes, 550–560) podía adormecer o calmar a mortales y dioses, y que también emplea en su función de psicopompo, guiando las almas de los muertos hacia el Hades. Esta capacidad como conductor de espíritus se menciona además en Homero, Ilíada XXIV, vv. 334–347, y en fuentes latinas como Ovidio, Las metamorfosis XIV, vv. 100–110, donde Mercurio actúa de manera equivalente guiando a los muertos y mensajero de los dioses.
  293. Los emblemas de Hermes reflejan distintos aspectos de su carácter: la grulla simboliza vigilancia y astucia en sus funciones de guía y mensajero (cf. Pausanias, Descripción de Grecia 2.38.5); el azafrán se relaciona con rituales y ofrendas asociadas a su culto (cf. Croco); y la tortuga está vinculada a su invención de la lira, hecha a partir del caparazón de este animal, representando su ingenio y creatividad (Homero, Himno Homérico a Hermes 5–20; Apolodoro, Biblioteca mitológica III.10.3).
  294. Ilíada XXI, 497; Odisea I, 38, V, 43, VII, 137; Hesíodo: Trabajos y días, 77
  295. Homero: Odisea VIII, 335, XIV, 435, XXIV, 1; Himno homérico a Hermes; Ovidio: Las metamorfosis I 682, XIV, 291
  296. Himno homérico a Pan (19), 34–9
  297. Hesíodo: Catálogo de mujeres, fr. 64 (West)
  298. Homero: Odisea X, 302–315: Hermes aparece y le explica a Odiseo cómo usar el moly para resistir los encantamientos de Circe.
  299. Filóstrato de Lemnos: Imágenes II, 32
  300. Píndaro, Olímpicas 8, 81
  301. Marciano Capela i, 51
  302. Varrón, De lingua latina V, 66–68: explica que el nombre Mercurius deriva de merx (“mercancía”) y mercari (“comerciar”), vinculándolo explícitamente con el comercio y las transacciones. Cicerón, De natura deorum III, 56: menciona a Mercurio como dios asociado a los comerciantes (mercatores), reforzando la conexión etimológica. Ernout & Meillet, Dictionnaire étymologique de la langue latine (s.v. “merx”, “Mercurius”): confirma que “mercancía” procede del latín merx, mercis y que el teónimo Mercurius pertenece al mismo campo léxico. Para “mercurial”: Oxford Latin Dictionary (s.v. “mercurialis”) y Lewis & Short, A Latin Dictionary (s.v. “Mercurialis”), donde se define mercurialis como “relativo a Mercurio”, origen del adjetivo moderno.
  303. 1 2 Dioniso, dios griego del vino, el éxtasis y la transformación, era central en los cultos dionisíacos, especialmente en las Dionisias —festividades teatrales y rituales— y en los misterios dionisíacos, prácticas religiosas secretas que buscaban la comunión con la divinidad a través del frenesí, la música, la danza y la ingesta ritual de vino. Estos rituales simbolizaban la liberación de las inhibiciones, la unión con la naturaleza y la trascendencia de la individualidad, y fueron interpretados por los griegos como medios de catarsis espiritual y social, así como fuentes de inspiración para la tragedia y la poesía. Referencias: Burkert, Walter. Greek Religion, Harvard University Press, 1985, pp. 192–200; Dodds, E.R. The Greeks and the Irrational, University of California Press, 1951, pp. 53–61; Graf, Fritz. Magic in the Ancient Greek World, Harvard University Press, 1997, pp. 98–102; Segal, Charles. Dionysiac Poetics and Greek Tragedy, Cornell University Press, 1999, pp. 11–18.
  304. Baco (Βάκχος, Bacchus) probablemente tiene raíces en palabras relacionadas con éxtasis, gritos rituales o celebración frenética. En Grecia «tanto el devoto como el dios se llaman Baco» (Burkert: Greek religion. Harvard University Press., p. 162). Para Eurípides (Bacantes 491), báquico y bacante se aplica para los cultistas de Dioniso; y para Sófocles (Edipo rey 211) Dioniso es exclusivamente en nombre del dios.
  305. La filosofía de Dioniso, o lo dionisíaco, representa la exaltación de la emoción, el éxtasis y la liberación de las normas racionales y sociales. Se caracteriza por la fusión del individuo con la naturaleza y con la comunidad, la celebración de la vida a través de la música, el vino y el ritual, y la aceptación de lo caótico y lo contradictorio. Contrasta con lo apolíneo, que simboliza el orden, la racionalidad y la medida; la tensión entre ambos principios es fundamental en la tragedia griega y en la concepción nietzscheana del arte y la existencia. Lo dionisíaco implica, en última instancia, una filosofía de la vida que valora la pasión, la transformación y la experiencia sensorial como caminos hacia la plenitud y la verdad. Referencias: Nietzsche, Friedrich. El nacimiento de la tragedia. 1872; Dodds, E.R. The Greeks and the Irrational. Berkeley: University of California Press, 1951; Segal, Charles. Dionysiac Poetics and Greek Tragedy. Cornell University Press, 1999; Burkert, Walter. Greek Religion. Harvard University Press, 1985.
  306. El teatro griego nace como ritual religioso en honor a Dioniso, y las tragedias y comedias eran interpretaciones ceremoniales que exaltaban al dios y la comunidad. Aristóteles, Poética, 1448b; establece que la tragedia surge de la imitación ritual, vinculada a Dioniso. Plutarco, Vida de Solón 14.2; menciona la importancia de los festivales dionisíacos para la educación y la moral de los jóvenes. Pausanias, Descripción de Grecia 1.22.6; describe el Teatro de Dioniso y su relación con las celebraciones del dios.
  307. El culto a Dioniso consistía en rituales extáticos caracterizados por danzas violentas, música de instrumentos como crótalos, flauta o címbalos y consumo ritual de vino, que llevaban a los participantes a un estado de éxtasis y comunión con la divinidad. Además, incluía la omofagia, el consumo de la carne de animales sacrificados vivos, generalmente toros o cabritos, considerados símbolos del dios y de la fertilidad, mediante lo cual los fieles se unían simbólicamente con Dioniso.
  308. Los emblemas de Dioniso reflejan su vínculo con la vegetación, la fiesta y la naturaleza salvaje: la vid y la copa simbolizan el vino y la celebración (cf. Hesíodo, Teogonía 940–944; Homero, Odisea 11.185–192); la hiedra representa su presencia en la vegetación y los ritos dionisíacos (Eurípides, Bacantes 50–55); los felinos como el tigre, la pantera y el leopardo aparecen en procesiones y retablos como animales que tiran de su carro, mostrando su poder salvaje (Hesíodo, Teogonía 943–944; iconografía vasija áticas); el delfín refleja su asociación con el mar y los viajes míticos; y la cabra simboliza fertilidad y ritos de sacrificio en su honor (Ovidio, Metamorfosis III.87–95).
  309. Hesíodo: Teogonía 940; Himnos homéricos I, VII y XXVI
  310. Apolodoro: Biblioteca mitológica, Epítome. 1.9
  311. 1 2 Pseudo-Apolodoro: Biblioteca mitológica III 5, 1
  312. Ilíada VI, 130–140
  313. El dios del vino y del éxtasis aparece en pintura barroca como El triunfo de Baco y Ariadna de Annibale Carraci (1597‑1602, Galería Farnese), y en escultura clásica existen sarcófagos o copias romanas de representaciones dionisíacas que muestran a Baco con sátiros y ménades celebrando el vino; también en cerámica ática de figuras rojas se le ve danzando en coros rituales, reflejando su importancia ritual y festivo en el arte antiguo.
  314. Boccaccio: Genealogia deorum gentilium, V, 25
  315. 1 2 Filóstrato el Viejo: Descripciones de cuadros I, 25
  316. Filóstrato de Lemnos, Cuadros, 1. 25
  317. Anacreontea, fr. 38 (traducido por Campbell)
  318. Estrabón: Geografía X 3, 10
  319. Nono de Panópolis: Dionisíacas, passim
  320. Diodoro Sículo: Biblioteca histórica V 79, 1-2
  321. Nono, Dionisíacas, 16. 392-400
  322. Pausanias, Descripción de Grecia ix.312.
  323. Cicerón: De natura deorum II, 23. Agustín de Hipona: La ciudad de Dios, IV, 11
  324. Con el paso del tiempo y a través del sincretismo religioso, Dioniso fue identificado con diversas figuras de otras tradiciones, como Sabacio en Frigia, asociado al culto mistérico y la fertilidad; Zagreo, una forma orfica de Dioniso vinculada con la muerte y la regeneración; y Yaco, dios asociado a los misterios eleusinos. Estas fusiones reflejan la adaptación del culto dionisíaco a distintos contextos culturales y la expansión de su simbolismo, integrando elementos de fertilidad, éxtasis, renacimiento y misterio en un marco sincrético más amplio.
  325. Estos dioses son principalmente figuras literarias exaltadas en la poesía, con un papel destacado en la épica, la lírica y los himnos, pero casi no tenían cultos propios ni templos. Hesíodo, en la Teogonía (vv. 116–126), menciona a Eros como principio primordial anterior a los dioses olímpicos; Pan aparece en la poesía bucólica y lírica como dios de los pastores y la naturaleza salvaje, con cultos locales muy limitados; Quirón, célebre por educar a héroes como Aquiles y Asclepio, es principalmente un personaje épico, mencionado en la Biblioteca mitológica del Pseudo-Apolodoro (II, 5, 1–3); y Sileno, asociado a Dioniso, aparece sobre todo en el arte y la poesía áticas y helenísticas como símbolo literario más que como divinidad de culto oficial.
  326. Algunos héroes divinos alcanzaron cultos destacados y una veneración más estable dentro del mundo griego y grecolatino, a diferencia de las figuras meramente poéticas. Entre ellos se encuentran Heracles, cuya apoteosis y culto en templos y santuarios como en Tebas y Olimpia están ampliamente documentados; Asclepio, cuyo culto sanador se desarrolló en numerosos asclepeiones, especialmente en Epidauro; Aristeo, venerado en contextos rurales por sus dones agrícolas y apícolas; Orfeo, objeto de culto místico en cultos órficos; Britomartis, adorada principalmente en Creta como protectora de la caza y de la fertilidad; y los Dioscuros, cuya devoción se centraba en la protección de la navegación y la fraternidad, con santuarios en Esparta y Roma. Estos cultos muestran cómo ciertos héroes, a través de la apoteosis o la veneración regional, trascendieron la literatura y adquirieron un carácter religioso activo dentro de la sociedad grecolatina.
  327. Estas deidades fueron incorporadas y adaptadas a la manera helénica en la tradición grecolatina. Morfeo, mencionado por Ovidio en Las metamorfosis (Libro XI, vv. 633–639), representa los sueños y se vincula con el concepto griego de los Oneiroi; Eolo aparece en la poesía latina como dios de los vientos, manteniendo funciones similares a las descritas en Homero y Hesíodo; Psique, aunque humana en su origen, es transformada en figura divina y simboliza el alma, mientras que Príapo, originalmente un dios menor de la fertilidad y la vegetación, es adaptado a la poesía y al arte grecolatino como figura simbólica de la virilidad y la prosperidad. Estas adaptaciones muestran cómo los mitos latinos asimilaron y reinterpretaron elementos griegos, creando un corpus de dioses y héroes compartido entre ambas tradiciones. Añádase a la lista Cloris (Flora).
  328. 1 2 Himno homérico XXIX, a Hestia
  329. En la antigua Roma, el templo de Vesta estaba estrictamente reservado a las sacerdotisas vestales, cuya virginidad era considerada esencial para la seguridad y la prosperidad de la ciudad; según fuentes como Tito Livio (Ab Urbe Condita, libro I) y Plutarco (Vida de Numa, capítulo 15), las vestales debían mantener su castidad durante su servicio de treinta años, ya que cualquier violación de este voto se interpretaba como un mal presagio que podía poner en peligro a Roma y su bienestar.
  330. Hesíodo: Teogonía, 455
  331. Pseudo Amonio 113, 28
  332. Himno Homérico a Afrodita (5), 21-32
  333. Himno homérico a Afrodita 21-30
  334. 1 2 Oráculos sibilinos III, 147
  335. En el arte clásico su presencia es más símbolo que figura antropomorfa, representada con fuego o vestales alrededor de un hogar sagrado, y aunque no hay muchas representaciones directas de la propia Hestia, un ejemplo escultórico tardío es la estatua romana conocida como Hestia Giustiniani (copia de un original griego c. 470 a. C., Villa Albani, Roma), y en pintura renacentista o neoclásica aparece en paisajes o escenas mitológicas que evocan el fuego sagrado de Vesta o vestales, como en obras de artista anónimo que representan el culto a Vesta en la antigua Roma; esta ausencia deliberada de imágenes directas subraya su carácter de principio del hogar y fuego eterno, más que de figura narrativa en mitos visuales.
  336. Ovidio: Fastos VI,319-348.
  337. Ilíada VIII, 13; Teogonía, 767-770
  338. Hesíodo, Teogonía 851
  339. Eurípides: Helena 524 y Alcestis 354–355
  340. Tercer Mitógrafo Vaticano 6, 1 (Pluto)
  341. Platón: Fedro 249d–250a; nótese que Platón es un autor griego y lo denomina Plutón.
  342. Diodoro Sículo: Biblioteca histórica V 69, 5
  343. Apolodoro: Biblioteca mitológica II 5, 10: los mortales realizaban juramentos graves ante los dioses del inframundo y golpeaban sobre la tierra como parte de ciertos ritos de maldición o sacrificio. Escolio a Píndaro, odas ístmicas VI, 32: hace referencia a la práctica ritual de jurar sobre la tierra o el inframundo.
  344. Ovidio: Las metamorfosis X, 8 - 85
  345. Para la catábasis o ‘descenso a los infiernos’, cfr. catábasis (viaje al inframundo). Odiseo en la Odisea (libro XI): consulta al adivino Tiresias. Orfeo en su intento de rescatar a Eurídice (Las metamorfosis de Ovidio). Heracles al capturar a Cerbero como parte de sus trabajos. Teseo y Pirítoo intentan raptar a Perséfone (pero fracasan).
  346. Hades es principalmente el dios que permanece en el inframundo, guardián de las almas y de las puertas del reino de los muertos. En la Ilíada (8, 367): Hades es llamado Pilartes (el que cierra las puertas o el guardián de las puertas), lo que enfatiza su papel de mantener a las sombras encerradas. Excepcionalmente, en la mitología se le menciona fuera del inframundo solo en casos específicos: cuando secuestra a Perséfone (Himno homérico a Deméter) o, raramente, cuando Heracles lo hiere en Pilos obligándolo a acudir al Olimpo (Biblioteca mitológica II 7, 3). Textos como la Ilíada, la Teogonía de Hesíodo y los himnos homéricos refuerzan su papel como gobernante inexorable del inframundo, receptor de las almas y figura temida por todos.
  347. Iconográficamente ligado al inframundo y su reino con Perséfone, cuenta con representaciones artísticas como el cuadro El rapto de Proserpina de Pedro Pablo Rubens (1636‑37, óleo, Museo del Prado, Madrid), que dramatiza su secuestro de la diosa, y la escultura barroca El rapto de Proserpina de Gian Lorenzo Bernini (1621‑22, mármol, Galleria Borghese, Roma), donde Plutón arrebata a la joven con una tensión dinámica típica del Barroco; juntas muestran cómo el arte visual ha explorado el drama de Hades/Plutón y la dualidad vida‑muerte en la mitología clásica.
  348. 1 2 Se dice que Hades no tuvo hijos porque Perséfone era estéril. David Scott Wilson-Okamura, Virgil in the Renaissance (Cambridge University Press, 2010), p. 169, citando a Boccaccio, Genealogia deorum gentilium 8.6;
  349. 1 2 3 Boccaccio: Genealogia deorum gentilium VIII, 6
  350. Himno homérico II (a Deméter), 16
  351. LIMC (Lexicon Iconographicum Mythologiae Classicae); entrada: Hades (vol. IV, 1988).
  352. El bidente se consolida como atributo de Plutón o Dis Pater. La iconografía del bidente u horca de dos púas es propia de los romanos y renacentistas. Es importante señalar que el término latino bidens designaba originalmente una azada o instrumento agrícola de dos dientes, lo cual conecta simbólicamente con la tierra, lo subterráneo y las fuerzas ctónicas.
  353. Segundo Mitógrafo Vaticano, 13, 14 y 22
  354. Segundo Mitógrafo Vaticano, 12 (Sobre Plutón)
  355. Segundo Mitógrafo Vaticano, 25 (Sobre los nueve círculos)
  356. Lactancio Plácido: Instituciones divinas I, 14 1-7
  357. 1 2 3 Servio, sobre las Geórgicas de Virgilio i.16; Duris, citado por Tzetzes: Sobre Licofrón 772; Apolodoro: i.4.1; Escolio sobre el Reso de Esquilo 30
  358. 1 2 Himno homérico XIX, a Pan
  359. Esquilo: Agamenón 54 ss.
  360. Heródoto: Historias II 46, 1-4
  361. En la iconografía clásica aparece como dios pastoril de los bosques con patas de cabra, flauta (siringa) y naturaleza salvaje, y una de las esculturas renacentistas/exposiciones famosas que evocan esta figura es el grupo Fauno molestato da cupidi de Gian Lorenzo Bernini y Pietro Bernini (c. 1616‑17, mármol, The Metropolitan Museum of Art, Nueva York), que representa a un fauno jugueteando con amorcillos; aunque no hay un cuadro tan claramente célebre con Pan como protagonista, múltiples mosaicos y vasijas romanas muestran escenas de Pan con ninfas y sátiros (p. ej., representaciones en frescos y mosaicos de Pompeya) donde se destaca su vínculo con la música y la naturaleza, transmitiendo su exuberancia rústica.
  362. Filóstrato: Imágenes II, 11 (Pan)
  363. Dion Crisóstomo, Discursos, VI, 20
  364. Luciano de Samósata: Diálogo de los dioses XXII, 4: «Te burlas de mí, yo me acuesto con Eco, Pitis y todas las ménades de Dioniso, y se me rifan».
  365. Nono de Panópolis: Dionisíacas 14, 67 ss
  366. Ovidio, Fastos v.99; Heroidas iv.49.
  367. Ovidio equipara directamente a Fauno con el dios arcadio en Fastos 2.267-452 y alude a su naturaleza silvestre en Las metamorfosis 1.193-196; Virgilio presenta a Fauno como divinidad profética y rústica del Lacio paralela funcional de Pan.
  368. Plutarco, Vidas paralelas, Catón el Joven 22
  369. Segundo Mitógrafo Vaticano, 46 (Sobre el Cupido de Venus)
  370. Natale Conti: Mitología III, 14 (Sobre Cupido), citando a Focílides como autoridad
  371. 1 2 El dios del amor representado a menudo como el niño alado con arco y flechas, aparece en pintura clásica como El rapto de Proserpina de Rubens (cuyos pequeños amores acompañan la escena, presente en la mitología del amor y el deseo), y en escultura renacentista dramática destaca Cupido y Psique de Antonio Canova (1793‑97, mármol, Museo del Louvre, París), obra neoclásica que expresa el amor eterno a través de la delicada interacción de las figuras; y en pintura romántica se le ve en obras como Eros y Psique de François Gérard (1798), donde su figura alada subraya la pasión y la unión mítica de los amantes.
  372. 1 2 Pausanias: Descripción de Grecia I 43, 6
  373. 1 2 Hesíodo: Teogonía 120
  374. Opiano: De la pesca, IV, 10.
  375. Ovidio, Las metamorfosis 1.452-470
  376. Meleagro de Gadara: Mousa Paidiké 86.
  377. Apuleyo, El asno de oro VI,24.
  378. Homero: Odisea X 494, XI 226, 385, 634; Ilíada IX 457, 569; Apolodoro: Biblioteca mitológica I 9, 15
  379. Homero: Ilíada XIV, 326; Odisea XI, 216; Hesíodo: Teogonía. 912; Apolodoro: Biblioteca mitológica I 5, 1
  380. Estrabón: Geografía VIII 3, 14
  381. Esta interpretación aparece especialmente en escolio a Teócrito, Idilios III, 48. En Himno homérico a Deméter (vv. 400–450), donde se narra la alternancia de la presencia de Perséfone con la fertilidad de la tierra, y es comentada también por Cicerón, De natura deorum II, 61, y en Pausanias, Descripción de Grecia I, 38, 2–3, que vinculan su retorno a la superficie con la renovación de los cultivos y el ciclo anual de la naturaleza.
  382. Plutarco, De Iside et Osiride 359d–e; Cicerón: De natura deorum II, 26; Juan Lido: De Mensibus (‘Sobre los meses’), 90, 284; Porfirio: De antro nympharum (De la caverna de las Ninfas), p. 118 (ed. Barnes).
  383. Como diosa de la primavera y reina del inframundo, es protagonista de obras como el famoso cuadro El rapto de Proserpina de Pedro Pablo Rubens (1636‑37, Museo del Prado, Madrid) donde su figura contrasta con la oscuridad de Plutón, y en escultura la El rapto de Proserpina de Gian Lorenzo Bernini (1621‑22, Galleria Borghese, Roma) captura con virtuosismo barroco el momento del secuestro; ambas obras han marcado la iconografía occidental de Perséfone/Proserpina representando el ciclo de la vida, muerte y renacimiento.
  384. Tras el rapto de Perséfone da manos de Hades, esto provoca la larga búsqueda de su madre Deméter por la tierra, según relata el Himno homérico a Deméter (vv. 1–500). El mito explica que, al consumir semillas de granada en el inframundo, Perséfone queda obligada a pasar parte del año con Hades; esta tradición también se menciona en Pausanias, Descripción de Grecia I, 38, 2–3, y es comentada por Higino: Fabulae 149.
  385. Tras el retorno de Perséfone, Deméter reveló los misterios eleusinos, un culto de raíz agrícola que ofrecía a los iniciados la esperanza de una existencia dichosa tras la muerte; esta tradición se relata en el Himno homérico a Deméter (vv. 450–495), y es comentada también por Plutarco, De Iside et Osiride 359d–e, y Pausanias, Descripción de Grecia I, 38, 2–3, quienes explican la función de los misterios como transmisión de conocimiento secreto ligado a la fertilidad de la tierra y a la vida futura.
  386. Agustín de Hipona: La ciudad de Dios, IV, 11
  387. Himno órfico LXX (70), a Melínoe
  388. Nono de Panópolis, Dionisíacas 5. 562 s, 15, 20
  389. Cicerón: De natura deorum II, 24; Agustín de Hipona: La ciudad de Dios, IV, 21
  390. «Comienzo por cantar al sanador de enfermedades, a Asclepio, hijo de Apolo, a quien parió la divina Corónide, hija del rey Flegias, en la llanura de Dotio, gran alegría para los hombres, mitigador de penosos sufrimientos». Himno homérico XVI, a Asclepio.
  391. Pausanias: Descripción de Grecia II 26, 7
  392. Natalis Comes: Mythologiae IV, 11
  393. En el arte clásico aparece en estatuaria y relieves asociados a santuarios de curación, destacando la figura del dios con bastón serpentino que pervive como símbolo médico; un ejemplo escultórico célebre es la estatua romana de Esculapio que se conserva en museos arqueológicos europeos (p. ej., Antikensammlung Berlin o Louvre), representando su rol de sanador, y en pintura renacentista aparecen himnos o escenas de templos de sanación en composiciones que celebran la medicina clásica, a menudo acompañadas de la serpiente del bastón de Esculapio.
  394. Hipócrates: Tratados hispocráticos, Juramento, 1
  395. Suda s. v. Ήπιόνη.
  396. Higino: Fábulas 274, 9
  397. Filóstrato: Vida de Apolonio de Tiana III, 44
  398. Apolodoro: Biblioteca mitológica III 10, 3; Taciano: Alocución a los griegos; Eurípides: Ion 999 y ss
  399. 1 2 Biblioteca mitológica III 10, 3
  400. Diodoro Sículo: Biblioteca histórica IV 71, 3
  401. De Astronomica, II, 14
  402. Homero: Ilíada II, 730 ss.; IV, 193, 217 ss; y XI, 518 ss.
  403. 1 2 Homero: Ilíada V 392-402
  404. Vejove o Vediove es una forma oscura o juvenil de Júpiter, vinculado a la protección contra el mal y las pestes, y a veces considerado un dios vengador o destructor de enemigos. Se le rendía culto en santuarios arcaicos de Roma, y su función aparece en Varrón, De Lingua Latina 5.55 y en Festo, De verborum significatu 195.
  405. Diodoro Sículo: Biblioteca histórica IV 9, 1
  406. “Semidiós” (ἡμίθεος, hemítheos) es un término tardío, una categoría latina y moderna, no griega. Así lo cita Diodoro Sículo (Biblioteca histórica, IV, 38, 4).
  407. Diodoro Sículo: Biblioteca histórica IV 38, 4-5
  408. Diodoro Sículo: Biblioteca histórica IV 9, 4-5
  409. Pausanias: Descripción de Grecia II 10, 1: «Hacían sacrificios a Heracles como a un héroe, pero no quiso Festo hacer ningún rito de este tipo, sino ofrecerle sacrificios como a un dios; y ahora todavía los sicionios matan un cordero y, quemando sus muslos en el altar, comen una parte como si fuera de una víctima consagrada».
  410. Homero: Odisea XI, 602–604
  411. Tzetzes: Quilíadas, § 8.461 (TE2.203): «Incluso lleva puesta la piel de león y empuña la maza, ya que estos eran los atributos de Heracles».
  412. Diodoro Sículo: Biblioteca histórica IV 39, 2
  413. Apolodoro: Biblioteca mitológica II 7, 7
  414. Calímaco: Himno a Artemisa 145 y ss
  415. Diodoro Sículo: Biblioteca histórica IV 8, 1: «En lo referente a los mitos de Heracles, por la importancia de las empresas que llevó a cabo, se reconoce de manera unánime que supera a todos los héroes de los que se tiene memoria desde el principio de los tiempos».
  416. Especialmente en la épica, a Heracles se le suele referir directamente como “la fuerza de Heracles” (Ἡρακλεία ἰσχύς), encarnando la potencia física y el valor heroico.
  417. Apolodoro: Biblioteca mitológica II 5, 11
  418. Diodoro Sículo: Biblioteca histórica IV 14, 1–2.
  419. Apolodoro, Biblioteca II, 8, 5; Pausanias, Descripción de Grecia IV, 3, 3–4
  420. Diodoro Sículo, 17.4. 1
  421. Heródoto: Historias VII.204
  422. Apolodoro: Biblioteca mitológica II 5, 10
  423. Eratóstenes: Catasterismos IV (el Arrodillado); Higino: De Astronomica II, 6 (el Arrodillado)
  424. Apolonio de Rodas, Argonáuticas i.495 y sig.
  425. Hesíodo, Teogonía 25
  426. Hesíodo: Teogonía, 52
  427. Hesíodo: Teogonía 77 y ss. a partir del v. 77.
  428. Diodoro Sículo: Biblioteca histórica V 73, 3
  429. Píndaro: odas olímpicas XIV, 7
  430. Ilíada XVIII, 382
  431. Ilíada XIV, 276
  432. Hesíodo: Teogonía 908-912
  433. 1 2 3 Hesíodo: Teogonía 901 y ss.
  434. Homero: Ilíada V, 749-751
  435. Hesíodo: Teogonía 217
  436. Pausanias: Descripción de Grecia V 15, 5: «Hay un altar con una inscripción “al Moirágetes” . Es evidente que es un sobrenombre de Zeus, que conoce todas las cosas humanas, tas que conceden las Moiras y las que no son procuradas por ellas. Cerca hay un altar alargado de las Moiras, después uno de Hermes y a continuación dos de Zeus Hipsisto».
  437. Segundo Mitógrafo Vaticano, 22
  438. Hesíodo: Teogonía 933.
  439. Homero: Ilíada, V, 333
  440. Homero: Ilíada IV, 440
  441. Ilíada, V 738 ss
  442. Ilíada V, 738 ff
  443. Ilíada XVIII, 535.
  444. Ilíada, V, 370 y ss.
  445. Esquilo, Las suplicantes 1038 ss
  446. Ilíada XVIII.490
  447. Homero: Ilíada, XV, 143: «Hera llamó fuera de la mansión a Apolo y a Iris, la mensajera de los inmortales dioses».
  448. Homero, Ilíada II,93: «En medio ardía la Fama (Ossa), mensajera de Zeus, instándolos a acudir, y ellos se reunieron».
  449. Odisea XII, 390. «Tales cosas oí de Calipso de hermosos cabellos que decía conocerlas por Hermes, el dios mensajero».
  450. Hesíodo: Teogonía 384
  451. Diodoro Sículo: Biblioteca histórica V 73, 4
  452. Hesíodo: Teogonía, 922
  453. Higino: Fábulas, prefacio 24
  454. Hesíodo: Teogonía 404 ss.
  455. Virgilio: Eneida I, 80: «[Eolo le agradece a Juno su potestad:] Este reino, todo él, tú me lo has dado, tú el cetro y el favor de Júpiter, tú el sentarme a la mesa de los dioses, tú el mando sobre nubes y huracanes».
  456. Homero: Ilíada, XX, 233-235
  457. Ilíada IX vv 502 - 512
  458. Ilíada XIX, 91 y ss.
  459. Esopo: Fábulas 100 (Zeus, Prometeo, Atena y Momo)
  460. Píndaro: Olímpicas, XII
  461. Suda, voz «Némesis»
  462. Biblioteca mitológica I 6, 1: (Sobre la Gigantomaquia) «Conociendo esto Gea busca una droga para que no pudieran ser vencidos ni por un mortal. Pero Zeus prohibió aparecer a Eos, Selene y Helio y, adelantándose, él mismo destruyó la sustancia y por medio de Atenea llamó a Heracles en su ayuda».
  463. Apolodoro, Biblioteca mitológica, 2. 7. 7
  464. Esta etimología nos la proporciona Robert Graves en su índice onomástico de Los mitos griegos.
  465. Píndaro: olímpica II, 26
  466. Eratóstenes: Catasterismos V (Corona)
  467. Suda, voz Epíone (Ήπιόνη)
  468. Pausanias: Descripción de Grecia II 29, 1
  469. Escolio a Aristófanes, Pluto 701
  470. Homero: Odisea XI, 298–304 (inmortalidad alternada y su carácter divino); Eurípides: Helena 1664–1666 (dioses salvadores vinculados al mar); Cicerón: De natura deorum 2.6 (protectores de navegantes, relacionados con el fenómeno del fuego de San Telmo); Píndaro, odas nemeas X (modelos de destreza ecuestre y protectores de atletas); Pausanias: Descripción de Grecia 3.16.1–2 (culto en Esparta y asociación con la educación gimnástica)
  471. Eratóstenes: Catasterismos, X (Gemelos)
  472. Apolodoro: Biblioteca mitológica, 3.11.2
  473. Varrón: De lingua latina, V, 56, citando a Ennio como referencia
  474. Agustín de Hipona: La ciudad de Dios VII, 2
  475. Vahlen, Johannes (1903), Ennianae poesis reliquiae, Leipzig: Lipsiae:In aedibus B.G. Teubneri.
  476. 1 2 En los fragmentos del Libro VI de la Biblioteca histórica, Diodoro Sículo recoge la doctrina de Evémero de Mesene según la cual muchos dioses —como Heracles o Dioniso— fueron en realidad hombres excepcionales cuya fama, tras benefactores legendarios, fue transformada en divinidad eterna. Este enfoque euhemerista ofrece una explicación histórica de los dioses como figuras humanas elevadas a estatus divino
  477. «Greek paganism legally recognized as known religion in Greece».
  478. «HELLENISMOS - ΕΛΛΗΝΙΣΜΟΣ - www.HellenicGods.org». Consultado el 20 de abril de 2015.
  479. 1 2 «The organizational and operating structure of the YSEE». Ysee.gr. Consultado el 10 de junio de 2014.
  480. «Societas Hellenica Antiquariorum - Helliniki Hetaireia Archaiophilon». Web.archive.org. 27 de octubre de 2009. Archivado desde el original el 27 de octubre de 2009. Consultado el 10 de junio de 2014.
  481. «Thyrsos - Hellenes Gentiles». Thyrsos.gr. Consultado el 10 de junio de 2014.
  482. «Letter From Greece: The Gods Return to Olympus». Archaeology.org. Consultado el 10 de junio de 2014.

Bibliografía de consulta

[editar]
  1. Los dioses de los griegos (2ª edición). 2021, 2023. ISBN 978-84-122130-3-4. 
  2. Los héroes griegos (3ª edición). 2009, 2021, 2026. ISBN 978-84-936510-6-0. 

Enlaces externos

[editar]
  • Sitio web del Consejo Nacional Superior de los Griegos: www.ysee.gr