Dilema del erizo

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Fotografía de Schopenhauer, realizada en 1859 por Johann Schäfer.[1]

El dilema del erizo es una parábola escrita en 1851 por Arthur Schopenhauer en la obra Parerga und Paralipomena.[2]

Contenido[editar]

En un día muy frío, un grupo de erizos que se encuentran cerca sienten simultáneamente una gran necesidad de calor. Para satisfacer su necesidad, buscan la proximidad corporal de los otros, pero cuanto más se acercan, más dolor causan las púas del cuerpo del erizo vecino. Sin embargo, debido a que el alejarse va acompañado de la sensación de frío, se ven obligados a ir cambiando la distancia hasta que encuentran la separación óptima (la más soportable).

La idea que esta parábola quiere transmitir es que cuanto más cercana sea la relación entre dos seres, más probable será que se puedan hacer daño el uno al otro, al tiempo que, cuanto más lejana sea su relación, tanto más probable es que sientan la angustia y el dolor de la soledad.

Recepción[editar]

Sigmund Freud cita la parábola de Schopenhauer en una nota a pie de página de su ensayo Psicología de las masas y análisis del yo:

Consideremos el modo en que los seres humanos en general se comportan afectivamente entre sí. Según el famoso símil de Schopenhauer sobre los puercoespines que se congelaban, ninguno soporta una aproximación demasiado íntima de los otros.[3]

Luis Cernuda se refiere a ella en las palabras iniciales de Donde habite el olvido:

Como los erizos, ya sabéis, los hombres un día sintieron su frío. Y quisieron compartirlo. Entonces inventaron el amor. El resultado fue, ya sabéis, como en los erizos.[4]

Investigación de psicología social[editar]

El dilema ha recibido atención empírica en las ciencias psicológicas contemporáneas. Jon Maner y sus colegas (Nathan DeWall, Roy Baumeister, y Mark Schaller) se refirieron al 'problema del erizo' de Schopenhauer al interpretar resultados de experimentos que examinan cómo responde la gente al ostracismo y a otras formas de rechazo social. Sus resultados revelaron que, para la gente con ansiedad crónica, la experiencia de ser rechazados les llevaba a ser relativamente asociales; pero entre la gente con disposiciones más optimistas, la experiencia del rechazo les llevó a esfuerzos más intensificados de acercarse a los demás. Concluyeron:

"Merece la pena recordar este último punto cuando uno considera la respuesta que el propio Schopenhauer dio para el problema del erizo. Schopenhauer sugirió que la gente en última instancia se siente empujada a retener una distancia segura entre unos y otros. 'De esta forma', escribió, 'la necesidad mutua de calor solo queda satisfecha muy moderadamente; pero así la gente no se pincha' (1851/1964, p. 226). Por supuesto, Schopenhauer era conocido por su carácter agrio: "Es complicado encontrar en su vida muestras de ninguna virtud, salvo la benevolencia para los animales (...). En todos los demás aspectos era completamente egoísta." (Historia de la filosofía, Russell, 1945) - y su filosofía era famosa por su pesimismo."[5]

Referencias[editar]

  1. Cf. W. Abendroth, Arthur Schopenhauer, Reinbek bei Hamburg, Rowohlt Taschenbuch Verlag, 1967, 1993 (16ª edic.) {ISBN 3 499 50133 3}, p. 121.
  2. Parerga y paralipómena, volumen II, capítulo XXXI, sección 396.
  3. Freud, Sigmund, Psicología de las masas y análisis del yo en Obras Completas, Vol. XVIII, Amorrotu, B. Aires 9ª. Edición 1996, p. 96, ISBN 950-518-594-4 (Título original: Massenpsychologie und Ich-Analyse, 1921).
  4. «Luis Cernuda Web Concordance». Consultado el 2009. 
  5. «Maner, J.K. et al. (2007), p. 54.» (PDF). Consultado el 8 de febrero de 2015.