Diamantes y pedernales

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Diamantes y pedernales
de José María Arguedas Ver y modificar los datos en Wikidata
Género Novela indigenista Ver y modificar los datos en Wikidata
Idioma Castellano
Editorial Juan Mejía Baca y P. L. Villanueva, editores (Lima)
Fecha de publicación 1954
Formato Impreso
Serie
Yawar Fiesta
(1941)
Diamantes y pedernales Los ríos profundos
(1958)
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Diamantes y pedernales es la segunda novela del escritor peruano José María Arguedas publicada en 1954 conjuntamente con una reedición de Agua, colección de cuentos del mismo autor publicada originalmente en 1935. Previamente el autor presentó su obra al Premio Fomento a la Cultura Ricardo Palma, sin obtenerlo. A Diamantes y pedernales se le puede definir como novela corta, aunque otros críticos consideran que se trata más bien de un relato o cuento largo.

La publicación de esta obra marcó la reaparición de Arguedas como narrador, pues desde la publicación de su primera novela, Yawar Fiesta, en 1941, habían transcurrido trece años (si exceptuamos su cuento La muerte de los hermanos Arango, galardonado en México en 1953), lapso que no debe entenderse como una parálisis o merma de su capacidad creativa, pues durante ese tiempo el escritor trabajó intensamente, consolidó su formación académica y preparó la que sería su mejor novela, Los ríos profundos, que publicó en 1958.[1]

Argumento[editar]

La novela relata la incorporación del indio Mariano a la vida de un pueblo de la sierra como arpista al servicio exclusivo del terrateniente don Aparicio. Mariano es un ser talentoso y marginal a quien la incomprensión de la gente común lo ve como un upa o idiota. Luego se narra el amor de don Aparicio por Irma, una mestiza a la que había raptado de un pueblo lejano, amor que es correspondido, pero estos amoríos se ven luego perturbados por la llegada de Adelaida, una hermosa joven costeña de la que el terrateniente se enamora apasionadamente. Finalmente, se narra la muerte de Mariano en manos del terrateniente como castigo por haber tocado el arpa en casa de la celosa Irma y por involucrarse en las artimañas de ésta para atraer nuevamente a don Aparicio. Como expiación a su crimen, don Aparicio abandona el pueblo yéndose lejos.

Época[editar]

Aparentemente los sucesos de la novela están ambientados en los años 1920, época en la que todavía existía un abismo insalvable entre los habitantes de la costa y los de la sierra, tendencia que empezaría a revertirse muy lentamente al empezar las primeras migraciones de campesinos de la sierra a la costa.

Estructura[editar]

La novela está compuesta por seis capítulos, con diferentes apartados o escenas en cada uno de ellos, que en su conjunto conforman un total de 23 escenas.

Personajes[editar]

  • Don Mariano, un indio, hábil arpista y cantante, a quien le dicen upa, apelativo con el que en el habla quechua se designa al idiota o persona abstraída, “el que no oye”. Siempre va acompañado de un killincho o cernícalo, a quien llama “inteligente Jovín”. Natural de un pueblo frutero, se traslada a la capital de la provincia donde es acogido por don Aparicio, fascinado por su música.
  • Don Aparicio, mestizo, joven y corpulento, terrateniente del distrito de Lambra, que se había instalado en la capital de la provincia. Es un cruel abusador de los indios y un donjuán empedernido; seduce a innumerables mujeres a quienes luego abandona.
  • Irma o la ocobambina, mestiza, natural de un pueblo lejano. Fue raptada por don Aparicio, quien la convierte en su querida favorita. Ella le corresponde fielmente.
  • Adelaida, una bella costeña, rubia y de ojos azules, que llega al pueblo acompañada de su madre. Don Aparicio se enamora intensamente de ella aunque su amor queda limitado a la manera platónica.
  • Don Félix, el mayordomo de don Aparicio.

Resumen[editar]

Los sucesos transcurren en Alk'amare, un barrio en la capital de una provincia de la sierra peruana, donde cuatro personas foráneas entrecruzan sus vidas: el arpista Mariano, el patrón don Aparicio, Irma la ocobambina y Adelaida la costeña.

Mariano, un eximio arpista, a quien la gente común lo ve como un upa o idiota por su carácter ensimismado, llega al villorrio acompañado de su cernícalo (killincho), a quien llama “inteligente Jovín”. Era originario de un pueblo frutero cercano, del que partió instigado por su hermano Antolín, quien le aseguró que en la capital de la provincia triunfaría pues los arpistas eran muy apreciados y solicitados.

En Alk'amare Mariano conoce a don Aparicio, joven terrateniente que tiene bajo su mando a mil indios. Este personaje era también foráneo pues provenía de Lambra, donde tenía latifundios. Don Aparicio se siente fascinado por la música de Mariano y lo acoge, tratándole de “don”, pero le obliga a que toque solo para él.

Don Aparicio es un enamorador empedernido y seduce a muchas mujeres, siendo su preferida una mestiza llamada Irma, natural de Ocobamba, a quien había raptado separándola de su familia. Sin embargo, al llegar al pueblo la joven costeña Adelaida, don Aparicio queda deslumbrado con la belleza de esta mujer, rubia y de ojos azules. Él asume que lo que siente por Adelaida es amor, ya que ésta le genera un dolor que ni siquiera la música de don Mariano logra calmar. Don Aparicio colma de regalos a la recién llegada y de esta manera se siente con dominio sobre ella, aunque sin saber para qué la quiere.

Todo ello entristece a Irma, quien se había mostrado fiel al terrateniente. Celosa, trama un plan para recuperar el amor de don Aparicio: lleva con engaños a don Mariano a su casa y lo oculta. Cuando llega don Aparicio, Irma empieza a cantarle, siguiéndole don Mariano con los acordes de su arpa, tal como habían acordado. Pero don Aparicio se da cuenta de la presencia del arpista y se enfurece, pues considera este acto como una traición. Don Mariano siente mucho pesar y espera al patrón en la puerta de su habitación para pedirle perdón, pero don Aparicio no acepta sus disculpas y le pide que se marche. Pero ante la insistencia de don Mariano, don Aparicio pierde el control y lo lanza por la baranda desde el segundo piso hacia el patio. Producto de la caída don Mariano muere.

Don Mariano es velado en casa de don Aparicio y enterrado con una ceremonia digna de un comunero grande. Esta muerte pesa mucho al joven terrateniente y sirve para que empiece a redefinir su existencia disipada.

Don Aparicio planea vengarse de Irma: imagina casarse con ella para hacerla sufrir toda la vida, pero finalmente decide dejarla ir. Asimismo, se despide fríamente de Adelaida antes de alejarse, montado en su potro negro y llevándose al cernícalo de don Mariano, a quien alimenta con un pedazo de carne que destaja del cuello de su propio caballo. Su partida hacia un lugar indefinido tiene como propósito expiar de alguna manera su culpabilidad en la muerte del arpista

Crítica[editar]

En su momento, críticos literarios como Carlos Eduardo Zavaleta señalaron los defectos de la obra, como la narración fragmentaria, con cambios bruscos de escenas y personajes, más aún tratándose de una novela corta, lo que pudiera ocasionar que la emoción o el interés del lector por la trama central se pierda, defecto que también se nota en los cuentos de Agua.[2]​ En general, los críticos consideraron esta novela o relato como una obra menor y de calidad discutible, que no estaría al mismo nivel de las grandes novelas de Arguedas como Yawar Fiesta o Los ríos profundos. Mario Vargas Llosa, por ejemplo, en La utopía arcaica solo le dedica breves líneas, mencionándolo en el rubro de los cuentos o relatos cortos de Arguedas. Sin embargo, Antonio Cornejo Polar (que al principio suscribía los pareceres anteriores) ha reconocido que la obra es de suma importancia en el desarrollo de la narrativa arguediana, ya su significación no estaría colocada, como comúnmente sucede con las novelas indigenistas-realistas, a nivel del suceso o las acciones, sino en la densa construcción simbólica que estas configuran, todo ello dentro de un sustrato cultural muy definido, es decir la cultura quechua. El simbolismo de cada uno de los personajes y sus acciones sería pues la clave para valorar idóneamente la novela.

Referencias[editar]

  1. Vargas Llosa 1996, pp. 149; 160.
  2. Zavaleta, Carlos E.: José María Arguedas: aprendizaje y logros del novelista. Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú. Nº 36-37, pp. 157-165. Lima, 1990-1991.

Bibliografía[editar]

  • Arguedas, José María: Diamantes y Pedernales. Agua. Juan Mejía Baca y P.L. Villanueva, editores, Lima, 1954.
  • Cornejo Polar, Antonio: “Excurso. Diamantes y pedernales, elogio de la música indígena” (1977), en Los universos narrativos de José María Arguedas (1973). Lima, 1997, Editorial Horizonte.
  • Vargas Llosa, Mario: La utopía arcaica. José María Arguedas y las ficciones del indigenismo. Fondo de Cultura Económica. México, 1996. ISBN 968-16-4862-5

Enlaces externos[editar]