Dialéctica erística o el arte de tener razón, expuesta en 38 estratagemas

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Dialéctica erística o el arte de tener razón, expuesta en treinta y ocho estratagemas es un pequeño tratado inconcluso escrito por el filósofo alemán Arthur Schopenhauer, basado principalmente en los Tópicos de Aristoteles. Fue publicado en 1864, póstumamente, por Julius Frauenstädt bajo el título de Eristik (Erística).

Sobre la obra[editar]

La obra contiene una serie de apuntes en los que Schopenhauer recopiló treinta y ocho Kunstgriffe —"estratagemas", "ardides" o "trucos" dialécticos—, argumentaciones desleales y engañosas utilizadas en las discusiones cuando uno de los contrincantes desea que prevalezcan sus tesis u opiniones propias sobre las del adversario, aun sabiendo que éstas son absurdas o plausibles o que no lleva razón alguna en el asunto a discutir.[1]

Para Schopenhauer, «la dialéctica erística es el arte de discutir, pero discutir de tal manera que se tenga razón tanto lícita como ilícitamente — por fas y nefas».[2]

Las treinta y ocho estratagemas[editar]

  1. La amplificación.
  2. El uso de homonimia.
  3. "Tomar la afirmación que ha sido formulada en modo relativo ... como si lo hubiera sido en general."[3]
  4. Mediante prosilogismos;
  5. Premisas falsas.
  6. Petición de principio.
  7. Proceder "preguntando al adversario para poder deducir de sus respuestas la verdad de nuestra afirmación."[4]
  8. "Provocar la irritación del adversario y hacerle montar en cólera".[5]
  9. "No establecer las preguntas en el orden requerido por la conclusión a la que se desea llegar con ellas, sino desordenadamente; el adversario no sabrá a dónde queremos ir."[6]
  10. "Si se advierte que el adversario niega intencionadamente aquellas preguntas cuyas respuestas afirmativas podrían ser utilizadas en benefício de nuestra tesis, hay que preguntarle lo contrario de lo que debemos haciendo como si esto fuese lo requerido para defenderla".[5]
  11. "Si hacemos una inducción y el adversario admite como válidos los casos particulares mediante los que se prueba, no debemos preguntarle si también admitirá la verdad general que puede concluirse de aquéllos, sino que debemos introducirla a continuación como si se tratase de algo ya establecido y admitido anteriormente".[7]
  12. "Si la conversación versa sobre un concepto general que carece de nombre propio y tiene que designarse trópicamente mediante una similitud, enseguida hemos de elegir nosotros el símil, de manera tal que sea lo más ventajoso posible para nuestra afirmación."[7]
  13. "Para lograr que el adversario admita una tesis debemos presentarle su opuesta y darle a elegir una de las dos".[6]
  14. Estratagema que, entre otras cosas (?), "pertenece a la fallacia non causae ut causae [engaño producido al tomar lo no fundamentado por el fundamento]."[6]
  15. "Si hemos expuesto una tesis paradójica, pero nos encontramos en dificultades para demostrarla, presentamos al adversario otra tesis correcta, aunque no del todo evidente, para que la acepte o la refute como si de ello quisiéramos obtener la prueba; si sospechando alguna treta la rechaza, entonces lo reducimos ad absurdum [al absurdo], y triunfamos; pero si la acepta, habremos dicho entretanto algo razonable, y ya veremos cómo sigue adelante el asunto."[8]
  16. argumenta ad hominem o ex concessis.[8]
  17. "Si el adversario nos amenaza con una refutación, a menudo podremos salvarnos mediante una sutil diferencia en la que antes no habíamos reparado, si es que el asunto se presta a alguna que otra ambigüedad o permite su remisión a un doble caso."[8]
  18. Mutatio controversiae, "cambio del tema de la discusión".[9]
  19. "Si el adversario nos solicita explícitamente alegar algo en contra de algún punto concreto de su afirmación pero no tenemos nada adecuado, tomamos el asunto de manera general y argumentamos así en su contra."[9]
  20. "Cuando hayamos obtenido del adversario la concesión de una premisa que requeríamos, tenemos que deducir la conclusión deseada no con más preguntas, sino concluyéndola inmediatamente nosotros mismos".[9]
  21. "Si observamos que el adversario utiliza un argumento meramente aparente o sofístico podemos anularlo sencillamente atacando su capciosidad y apariencia".[10]
  22. "Si el adversario nos conmina a que admitamos algo de lo que inmediatamente se seguirá el problema que se debate en la discusión, nos negamos aduciendo que se trata de una petitio principii, pues tanto él como el auditorio confundirán con facilidad una tesis, que en apariencia se parece al problema."[10]
  23. "La contradicción y la discordancia motivan la exageración de la tesis."[10]
  24. "Uso abusivo de la deducción."[11]
  25. Apagoge mediante una "instancia"; exemplum in contrarium.[11]
  26. Retorsio argumenti.
  27. "Si inesperadamente el adversario se muestra irritado ante un argumento, debe utilizarse tal argumento con insistencia".[12]
  28. Argumento ad auditores: "se arguye una observación inválida, cuya invalidez sólo reconoce el experto."[12]
  29. Hacer diversión: "comenzar "repentinamente a hablar de otra cosa totalmente distinta como si tuviese que ver con el asunto en cuestión y constituyese un nuevo argumento en contra del adversario."[13]
  30. "El argumentum ad verecundiam [argumento al respeto]. En vez de razones se usan autoridades elegidas a la medida de los conocimientos del adversario."[14]
  31. Declararse "fina e irónicamente incompetente".[15]
  32. Subsumir una afirmación del adversario "bajo una categoría aborrecible con la que pueda tener alguna semejanzacon la que se relaciona sin más".[16] Ejemplos: reductio ad Hitlerum; el rótulo del determinismo geográfico.
  33. Responder: "'Esto será verdad en la teoría, pero en la práctica es falso'".[16]
  34. Evadirse "respondiendo con otra pregunta o con una respuesta esquiva o con algo que carece de relación alguna con el asunto en discusión".[16]
  35. "En vez de influir en el intelecto con razones, se influye en la voluntad por medio de motivos".[17]
  36. "Desconcertar y aturdir al adversario con absurda y excesiva locuacidad. Esto tiene que ver con que frecuentemente creen los hombres, al escuchar palabras huecas, que se trata de graves pensamientos", frase del Fausto de Goethe.[18] Ejemplo: Crítica de Alan Sokal contra filósofos llamados posmodernos.
  37. "Cuando el adversario, llevando de hecho razón, ha tenido la mala suerte de elegir para su defensa una prueba inadecuada que podemos invalidar fácilmente, damos con eso todo el asunto por refutado."[19]
  38. "Cuando se advierte que el adversario es superior y se tienen las de perder, se procede ofensiva, grosera y ultrajantemente".[20]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Véase la introducción de Luis Fernando Moreno en Schopenhauer, Arthur (1864 [1997]). Dialéctica erística o el arte de tener razón, expuesta en 38 estratagemas. Madrid: Trotta. p. 10. ISBN 84-8164-142-1. 
  2. Schopenhauer, Arthur (1864 [1997]). Dialéctica erística o el arte de tener razón, expuesta en 38 estratagemas. Madrid: Trotta. p. 45. ISBN 84-8164-142-1. 
  3. idem, p.61.
  4. idem, p.63.
  5. a b idem, p.64.
  6. a b c idem, p.66.
  7. a b idem, p.65.
  8. a b c idem, p.67.
  9. a b c idem, p.68.
  10. a b c idem, p.69.
  11. a b idem, p.70.
  12. a b idem, p.71.
  13. idem, p.72.
  14. idem, p.73.
  15. idem, p.77.
  16. a b c idem, p.78.
  17. idem, p.79.
  18. idem, p.80.
  19. idem, p.82.
  20. idem, p.83.

Enlaces externos[editar]