Despoblación

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La despoblación es la pérdida masiva de habitantes de una región o ecosistema que se desplazan a otros lugares por causas naturales o humanas.

Explicación[editar]

Reduciendo la población de estas. Pero, muy pronto, no habrá suficiente comida para tantos depredadores y muchos mueren de hambre, posibilitando que la población de presas se recupere o incluso aumente en exceso, permitiendo a la población de depredadores crecer de nuevo. Estos ciclos no pueden definirse como despoblación; ésta se produce cuando el nivel de una población desciende alarmantemente; pero aún está por encima del mínimo necesario para evitar su extinción (en los mamíferos se suele considerar como mínimo 50 parejas para que la endogamia no termine con todos). En la población humana la despoblación se produce por la emigración y las bajas tasas de natalidad que conducen hacia el envejecimiento de los que no emigran, con lo cual aumenta la mortalidad. En este sentido, desde la perspectiva de la despoblación territorial, la situación descrita puede poner en peligro la accesibilidad de los ciudadanos a las prestaciones de un estado de bienestar: educación, salud, servicios sociales y cultura.

Causas de la despoblación[editar]

Las causas básicas de la despoblación son la falta de recursos de la zona para sostener a tantos individuos de una misma especie o la aparición de nuevas enfermedades que lleguen a la categoría de epidemia o pandemia.

En el caso de las despoblaciones humanas no se trata solo de que determinada zona carezca de alimentos suficientes o sean azotadas por una epidemia de consecuencias devastadoras; la causa puede ser la aparición de nuevos recursos (como determinados tipos de empleos) en otras zonas que las hacen más atractivas para la población; también es muy significativa la entrada de un nuevo agente que hace la vida más difícil o peligrosa (como un conflicto armado, una persecución o conflicto religioso, etc.).

La despoblación humana está íntimamente relacionada con el nivel de desarrollo tecnológico alcanzado, tanto en la región que se está quedando sin habitantes por la emigración como en las zonas Recordemos que el abandono progresivo del campo por parte de las políticas gubernamentales en materia educativa, sanitario-asistencial, medioambiental, etc., es la verdadera razón que ocasiona muchos de los problemas graves que afectan, no solo al campo en los países desarrollados (incendios forestales, aislamiento, disminución de la producción agropecuaria, carencia o precariedad de numerosos servicios, etc.), sino también en los subdesarrollados.

El determinismo ambiental[editar]

Las causas de la despoblación quedan muchas veces ocultas en la historia humana. Hay muchos despoblados en países de todo el mundo, cuyo origen no ha quedado claro, tal como lo señala el geógrafo George F. Carter ([1] ) al criticar la teoría del determinismo ambiental planteada por Ellsworth Huntington a comienzos del siglo XX ([2] ):

Ellsworth Huntington, mientras acompañaba una expedición al Asia Central, encontró repetidamente ruinas de grandes ciudades en terrenos muy áridos. La conclusión que Huntington alcanzó fue que el clima había cambiado y que las ciudades desaparecieron como consecuencia de estos cambios climáticos. Huntington llegó a pensar que las repetidas invasiones mongoles desde el Asia Central eran un resultado del crecimiento de la población durante períodos de lluvias abundantes seguidos por épocas de sequía, escasez y emigración que siguen inevitablemente en estas regiones. De aquí que Huntington se refiriera a estos fenómenos como las pulsaciones del corazón del continente asiático (El Pulso de Asia). El atractivo de esta explicación se debe a su simplicidad. Las causas simples son las preferidas en las ciencias naturales, pero raras veces resultan ciertas en las ciencias sociales, y las evidencias presentadas por Huntington para demostrar que las sequías fueron las causantes de las invasiones mongólicas fueron estudiadas por muchos científicos y catalogadas como erróneas: muchos cambios culturales, económicos, sociales y, sobre todo, tecnológicos han tenido históricamente mucha mayor importancia en la despoblación y en la emigración de grupos humanos que la estricta influencia de los cambios climáticos ([3] )

Otra crítica de la obra de Huntington procede de William F. Ogburn y Meyer F. Nimkoff en su importante obra titulada Sociología, en la cual se critican los aspectos relevantes del libro fundamental de Huntington, Climate y Civilization, que apareció en 1924. Huntington sostiene en este libro la tesis de que las civilizaciones se localizan sobre la superficie terrestre en función del clima, siendo las más avanzadas las que se localizan donde más beneficioso o estimulante es el clima. Al respecto, Ogburn y Nimkoff señalan lo siguiente:

El hecho de que el asiento de la cultura maya fuese en las tierras bajas tropicales en vez de las montañas templadas o frías, es un interesante dato que niega que los trópicos sean demasiado cálidos para permitir el desarrollo de una civilización adelantada ([4] )

A pesar de todo, el interés de la obra de Huntington para la geografía se encuentra en el hecho de que es plenamente válido en las ciencias ambientales el diseño de cuerpos sinópticos de conocimientos científicos (teorías o leyes generales) que puedan aplicarse de manera deductiva. El hecho de solo creer en el método inductivo en la investigación constituye una idea que dificulta el descubrimiento de formas nuevas de dicho conocimiento.

Consecuencias de la despoblación[editar]

En principio una de las consecuencias de la despoblación por causas no humanas es el re-equilibrio del ecosistemas y la mejora de su “salud”. Así se afirma que durante las grandes epidemias de peste en la Europa de la Baja Edad Media la flora y la fauna del Continente recuperaron buena parte de su antigua vitalidad.[5]

Sin embargo, en el caso de la despoblación humana, esta afirmación resulta menos fiable; pues la pérdida de habitantes puede acarrear el desuso y el olvido de forma irrecuperable de conocimientos, viejas técnicas y labores escasamente documentadas; pero de gran utilidad para determinadas situaciones (como la construcción de viviendas en lugares donde no se cuenta con argamasa ni ningún otro tipo de unión entre las piedras o bloques de hielo). Además, la desigual distribución de la población da lugar a un territorio muy poco jerarquizado evidenciando una notable falta de ciudades intermedias con suficiente capacidad de atracción para estructurar el territorio.

Por otro lado el envejecimiento de la población explicado por la sustancial prolongación de la vida de las personas y por la reducción de la fecundidad tiene otra causa más específica que es la fuerte emigración de las personas jóvenes, por lo que contribuyen de forma esencial al envejecimiento relativo de la población de sus zonas de partida. Esta situación contribuye a un desequilibrio demográfico territorial concentrándose tanto la población como la actividad económica en extremo en ciudades de gran tamaño y dejando desiertos demográficos en el otro extremo. Como consecuencia derivada es que el acceso a servicios públicos, como educación, sanidad y seguros sociales es deficiente en las zonas más afectadas por el problema de la despoblación. Además la accesibilidad a estas zonas y sus comunicaciones tienden a ser deficientes. No es ajeno a este hecho que la instalación de nuevas empresas se vea dificultado y por lo tanto contribuya aún más a las dificultades de desarrollo territorial.

Así mismo, actualmente se discute si la despoblación del campo europeo podría traer consecuencias nefastas para los emigrantes de zonas rurales como para los habitantes de las urbes que los recibirían; pues los gobiernos temen que la ciudades actuales no puedan dar trabajo a la población emigrada del campo. En el otro lado de la discusión están los que afirman que mantener gente en la campiña europea lo que lleva es a la despoblación y emigración a Europa de campesinos provenientes de zonas subdesarrolladas que no pueden competir con una agricultura subvencionada.

Posibles medidas[editar]

El objetivo para paliar la despoblación parte de que la calidad de vida en cualquier lugar que un territorio esté afectado por este fenómeno, ya sea urbano o rural, sea adecuada para convivir en libertad y solidaridad todos sus ciudadanos, siendo capaz de atraer la localización de nuevos residentes. Para alcanzar estos objetivos las instituciones públicas pueden apoyarse en los siguientes principios:

  1. La libertad individual es un referente básico desde el que reflexionar sobre la conveniencia de las medidas, especialmente en temas como el demográfico en el que los incentivos y restricciones de las políticas que lo moldean influyen en la configuración de los proyectos vitales en sus planos más íntimos. Las prescripciones que tratan sobre el número de hijos, la residencia, la movilidad, la convivencia en el interior de la familia, tienen como única base el de su adecuación alas preferencias individuales, las cuales, evidentemente, incorporan argumentos colectivos. Quienes reflexionan sobre estos hechos e inspiran la legislación al respecto han de informar a los ciudadanos de los efectos de sus conductas y de las posibles alternativas pero nunca sustituir ni dificultar sus elecciones por su apreciaciones. Debe entenderse, por lo tanto, que todas las medidas a tomar tienen como principio fundamental la soberanía de la persona y el que los poderes públicos asuman una función de apoya a ésta, para que pueda tomar sus decisiones con la máxima libertad de elección posible.
  2. Los sucesos demográficos sobrepasan la esfera individual de aquellos que los protagonizan, y han de argumentarse también los principios de carácter más colectivo. La equidad ha de inspirar el trato discriminatorio favorable a quienes se encuentran en peor situación. Sin embargo, definir una circunstancia así, relativa según contextos, momentos históricos y lugares, resulta bastante difícil. En los territorios despoblados, que habitualmente suelen ser territorios desequilibrados territorialmente, las situaciones personales a promocionar no sólo vienen determinadas por una renta inferior sino también por la dificultad en el acceso de bienes y servicios públicos que forman parte del núcleo del bienestar de nuestras sociedades. No obstante, esta búsqueda de la cohesión territorial y social puede suscitar contradicciones con la libertad individual, y por lo tanto han de proponerse soluciones cuando surjan los dilemas, abandonando fundamentalismos.
  3. En cualquier caso el principio de equidad inspirará las medidas a tomar, lo que quiere decir que éstas en su caso se graduarán según criterios de renta.
  4. El principio de igualdad de género y no discriminación de las personas en razón de su origen, creencias o procedencia inspirará también las medidas a adoptar, lo que exige actuaciones orientadas a este fin. Estas no se limitarán a garantizar legalmente dicha igualdad y no discriminación, sino que además buscarán su realización efectiva a través de una adecuada integración de la mujer en el mercado laboral, sin discriminación salarial, y también una integración en éste mismo, y en general en la sociedad, de los inmigrantes que decidan instalarse en las zonas despobladas.
  5. El reequilibrio demográfico y territorial y la lucha contra la despoblación pasa por igualar en lo posible la calidad de vida en las zonas con mayores problemas con respecto a las más dinámicas. Frenar la salida de población, incentivar la llegada de personas procedentes de otros territorios o asegurar la toma de decisiones por los individuos en un marco de máxima libertad exige equiparar las condiciones de vida. Para ello se ha de asegurar la oferta por parte de las instituciones públicas los servicios públicos necesarios para contribuir a hacerlo posible.
  6. El fomento del empleo estable y de calidad se considera una pieza clave para que los individuos puedan tomar decisiones a largo plazo (como el numero de hijos deseado) en un entorno con la menor incertidumbre posible.
  7. Las ayudas indirectas y directas a la natalidad tendrán un carácter subsidiario con respecto a la provisión de bienes públicos y la mejora de derechos sociales, ya que se considera más eficaz y generalmente más equitativo incidir preferentemente en la mejora de los servicios públicos para el objetivo de reequilibrio territorial.
  8. La complejidad de los objetivos que se persiguen, obliga y exige una cooperación eficaz interadministrativa para el desarrollo de la política demográfica.
  9. La creación de policentros de población (como por ejemplo la entidad territorial de comarca) son elementos decisivos de cara a los objetivos que se persiguen, ya que en muchos casos es la única posibilidad real de lograr economías de escala en la provisión de bienes públicos. El desarrollo de políticas territorializadas es por tanto esencial para lograr los mejores resultados posibles.
  10. La amplitud de las acciones políticas exige que, ante la escasez relativa de recursos, se proponga una gestión eficaz de los mismos. Es decir, que los recursos empleados sean coherentes para alcanzar los fines y se planteen teniendo en cuenta que existen otras necesidades públicas que atender de forma simultánea. Por tanto, una gestión eficiente implica reconocer las interdependencias de lo que se legisla con el resto de materias afectadas y las actuaciones de cada administración competente. De ahí que las actuaciones sobre demografía deban de plantearse como un plan integral en cooperación con los distintos niveles de gobierno implicados.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. George F. Carter. Man and the Land. A Cultural Geography. Nueva York: Holt, Rinehart & Winston, 1964.
  2. Ellsworth Huntington. The Pulse of Asia, 1907.
  3. George F. Carter. Man and the Land. A Cultural Geography. Nueva York: Holt, Rinehart & Winston, 1964, pp. 372-374.
  4. William F. Ogburn y Meyer F. Nimkoff. Sociología. Madrid: Editorial Aguilar, 1964, Cap. V, "La influencia del medio geográfico".
  5. Varios, Europa Salvaje 3: La civilización, BBC, Londres, 2005.

Enlaces externos[editar]