Desarrollo del lenguaje

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Se llama desarrollo del lenguaje (o adquisición de la lengua materna) al proceso cognitivo por el cual los seres humanos, haciendo uso de su competencia lingüística innata[1] , aprenden a comunicarse verbalmente usando la lengua natural usada en su entorno social al momento de su nacimiento y durante su infancia hasta la pubertad. En efecto, este proceso está cronológicamente limitado ya que sucede únicamente dentro de lo que Jean Piaget describe como 'Período Preoperatorio' o 'período crítico' [Ver el caso de Victor de Aveyron], o sea durante los primeros 4 o 5 años de vida del niño.

En la mayoría de seres humanos esto se da principalmente durante los primeros cinco años, especialmente en lo que se refiere a la adquisición de las formas lingüísticas y de los contenidos. Durante estos primeros años tiene lugar a mayor velocidad de aprendizaje y se adquieren los elementos básicos y sus significados, y hasta la preadolescencia se consolida el uso, la inferencia pragmática y la capacidad para entender enunciados no-literales (irónicos, sarcásticos, etc.). Los primeros años constituyen el período fundamental aunque el desarrollo del lenguaje se prolonga mucho más allá de los primeros años.

Condicionantes[editar]

Para que tenga lugar este desarrollo se considera necesario la ocurrencia de una serie de condicionantes básicos:

  • Ausencia de lesión en los órganos implicados (aparato fonador, sistema auditivo, etc.);
  • Correcto funcionamiento y maduración adecuada del sistema nervioso;
  • Una capacidad intelectual mínima, ya que es conocido que algunas personas con retraso mental profundo no llegan a adquirir ni el uso normal de la lengua;
  • Habilidades sociales cognitivas mínimas, es decir, la intencionalidad o motivación de comunicación con las personas que lo rodean, (esta capacidad estaría ausente en los niños autistas), etc.
  • Contacto con hablantes componentes, la intervención del adulto es importante, ya que la evidencia empírica muestra que los "niños salvajes", sin contacto con adultos o personas con competencia lingüística son incapaces de desarrollar lenguaje por sí mismos, aún poseyendo una inteligencia normal.

Muy pronto se produce en el niño la motivación e intento comunicativo, hecho que se denomina protoconversación. Son diálogos muy primitivos, caracterizados por el contacto ocular, sonrisas, gorgojeos y alternancia de las expresiones. Podemos encontrar este tipo de conducta ya en niños de dos meses.

Teorías explicativas[editar]

Actualmente no existe ninguna teoría universalmente aceptada como explicativa de la adquisición del lenguaje. Se pueden destacar cuatro tendencias:

  1. El innatismo (Noam Chomsky, D. McNeill, etc.), que sostiene que los niños nacen con un sistema de opciones lingüísticas innatas, y es el contexto el que determina cuáles se activan y cuáles no;
  2. El constructivismo, que sostiene que el lenguaje resulta de la acción constructiva del sujeto, posibilitada ponerlo desarrollo de la función simbólica y de otros aspectos cognitivos;
  3. Comunicación e interacción: son aspectos destacados por las teorías que resaltan el papel del entorno (Lev Vygotski, B. F. Skinner). Las etapas por las que atraviesa el desarrollo del lenguaje están sujetas a cierta flexibilidad en función de las características de los niños, lo que dificulta su delimitación exacta en el tiempo; no obstante, son bastante similares, incluso entre niños de diferentes culturas.
  4. El emergentismo (E. Bates, B. MacWhinney), que propone que el lenguaje emerge de la interacción de otros sistemas más básicos.

Descripción del desarrollo[editar]

La descripción de las características de desarrollo del lenguaje comprende tres dimensiones básicas:

  • La forma, es decir, detallando el orden cronológico de la adquisición de los diferentes sonidos, el aumento del léxico y del conjunto de formas y morfemas gramaticales, a medida que el niño avanza en la adquisición del lenguaje.
  • El contenido, es decir, describiendo qué significado, qué restricciones y qué intencionalidad tienen las emisiones por parte del niño,
  • El uso, que se refiere básicamente a la adecuación pragmática y la pertinencia de las emisiones en cada contexto.

Siempre considerando su carácter arbitrario ya que las adquisiciones se hacen en los tres niveles a la vez.

Dimensión formal[editar]

Adquisición del vocabulario y sintaxis (aspecto formal): durante sus primeros meses, el niño presta atención a algunos sonidos, reacciona a la voz y a la cara y produce actividades bucofonatorias que aparecen en los estados de vigilia. Es lo que se conoce como balbuceos. Para algunos investigadores, estos sonidos se producen como consecuencia de ejercicios motóricos incontrolados. Por el contrario, para otros son la base del desarrollo de las posteriores habilidades que conducen al habla. Los niños, en sus balbuceos, profieren sonidos parecidos al lenguaje, pero carentes de sentido. Pueden pertenecer a cualquier idioma, ya que no es incluso aproximadamente el año cuándo se hacen selectivos, y emiten sólo aquéllos que corresponden a su lengua materna. Para algunos autores, las primeras vocalizaciones son articulaciones profundas de la cavidad bucal difíciles de analizar, ya que la oposición consonante/vocal no puede ser discriminada. Funcionalmente, no son vocales ni consonantes; articulatoriamente, son combinaciones simultáneas.

A partir de los seis meses se produce un balbuceo constante, con control auditivo, curvas de entonación, ritmo y tono de voz variados e imitación mutua de sonidos. La simple repetición deja paso la una nueva modalidad de intercambios. Las emisiones propias y ajenas estimulan el niño. Se inicia la etapa de la ecolalia. En este período se puede distinguir entre expresiones vocales y verbales. Las primeras hacen referencia a sonidos sin significación, y las segundas anticipan los repertorios de sonidos correspondientes a la lengua materna.

Entre los 12-18 meses, tiene lugar un profundo desarrollo fonológico (los primeros fonemas: /m/, /p/, /k/, /t/ y las vocales); aparecen las primeras palabras, que suelen ser monosílabos reduplicados (mama, papa, tata) y palabras onomatopéyicas, es decir, designan los objetos por el ruido que hacen (guauguau = "perro"). Estas primeras palabras, que normalmente son sustantivos, responden a estados afectivos y tienen un significado más amplio que la simple referencia. Con ellas se expresa todo el significado de una frase. Esta es una característica del vocabulario infantil; son las llamadas palabras-frase, que dan nombre la esta etapa: período holofrásico u holofrástico. Así, como por ejemplo, puede decir papa, cuándo ve su padre, cuándo su padre sale o cuándo ve un objeto que le pertenece. Su articulación de los fonemas del lenguaje aún no es la correcta, y pueden aparecer confusiones (dopo por roto, ti por sí, etc.), y omisiones, por no pronunciar todas las sílabas (pato por zapato, ota por pelota). Su comprensión es mejor que su expresión; comprenden más lenguaje del que pueden usar. Utilizan el lenguaje, fundamentalmente, para pedir algo que satisfaga sus necesidades o para reclamar la atención del adulto.

A partir de los dieciocho meses se adquieren los sonidos /y/, /b/, /j/, /g/, /n/, /ch/, se produce un considerable aumento de vocabulario, construye frases de dos elementos, estorbe la emergente gramática y la lengua adquiere nuevos usos. El tipo de lenguaje se define como estilo telegráfico. Estas primeras combinaciones de dos palabras están formadas, fundamentalmente, por sustantivos y verbos, como por ejemplo: quiero agua. No utilizan las llamadas palabras funcionales: artículo, preposición, verbo auxiliar, etc. Incluyen sólo las palabras esenciales: un sintagma nominal y un sintagma verbal. La gramática empleada sigue su propio sistema, no es una simple copia del adulto. Suelen combinar las palabras para expresar el significado en función de una serie de relaciones: agente/acción, acción/objeto, agente/objeto, entidad/atributo, entidad/locativo, poseedor/poseído y lo caso nominativo. Hasta ahora la adquisición de vocabulario era relativamente lenta, pero en este período se va a hacer mucho más rápida, pudiendo pasar, aproximadamente, de las 50 palabras a más de 200 a los dos años. Aparecen nuevas funciones del lenguaje: la utiliza para explorar el entorno y aprender y para crear un ambiente de fantasía e imaginación.

En el tercer año (período del lenguaje constituido)se adquieren los sonidos /l/, /ñ/, /f/, /s/, continúa el desarrollo léxico (hasta aproximadamente 1000 palabras) y fonológico: sonidos, sílabas complejas, aspecto y tiempo verbal, pronombres (aunque conviene distinguir entre los personales y los de tercera persona: estos últimos se adquieren más tarde y, aunque antes de los tres años ya pueden estar utilizando pronombres personales, posesivos, reflexivos y demostrativos, en realidad la mayoría no se adquieren hasta pasar esta edad), adverbios (como los de lugar y cantidad; los de tiempo son más tardíos), algunas preposición y artículos (que implican la integración de la información de género, número y carácter específico o referente del nombre). Utilizan la interrogativa y la negativa como los adultos, a la simple yuxtaposición utilizada incluso el momento, le sigue, a los tres años, la coordinación mediante conjunciones, y las subordinadas, que van introducidas por es, como, como por ejemplo, ¿es que...?, o precedidas de falsas oraciones de relativo, que no aparecerán incluso los tres años y medio. La capacidad para formar plurales, inflexiones verbales, etc., lleva, a su vez, al niño a cometer errores: se trata del fenómeno de la regularización o sobrerregularización. Este fenómeno no implica que los niños cometan errores en la adquisición del lenguaje, sino que estos errores surgen porque están aprendiendo las reglas de su lengua nativa y las aplican con inflexibilidad (flexionan los verbos irregulares como regulares), lo que parece un inconveniente en la evolución de la adquisición del lenguaje y una evolución en la adquisición de la gramática (ya que en un primero momento el niño estorbe usando correctamente las formas irregulares, pero después, cuándo aprende las reglas, sustituye las formas correctas del verbo irregular por sus generalizaciones incorrectas de las formas regulares).

A partir de los cuatro años aparecen los sonidos /d/ y /r/, además de las subordinadas causales y consecutivas, se dominan las inflexiones, continúa el desarrollo léxico, aumentan las preguntas y juegos de palabras, se concluye el desarrollo fonológico principal y la frase se incrementa en longitud y complejidad.

A los cinco años se adquiere el sonido /rr/, se observa un considerable aumento de léxico y una complejidad sintáctica (subordinación, marcas formales, comprensión de la pasiva, etc.), pero no cambios cualitativos relevantes. El chaval ya adquirió las principales estructuras gramaticales de su lengua, lo que no quiere decir que la adquisición del lenguaje haya finalizado, sino que se prolonga al largo de toda la escolaridad primaria e incluso en la secundaria, dado que tiene que aprender a usar su lengua en diferentes contextos y situaciones comunicativas. A pesar de tener adquiridas las reglas básicas, no es hasta los 8 ó 9 años cuándo este proceso se puede dar por conseguido.

Dimensión léxica[editar]

Adquisición del léxico: Los primeros sustantivos del habla del niño hacen referencia a los objetos de su entorno: nombres generales (comida, ropa, etc.) y específicos (personas familiares). En su primer léxico se encuentran abundantes sobreextensiones, es decir, extiende el significado o uso de una palabra para otros referentes (como por ejemplo, utiliza el sustantivo perro para cualquier animal de cuatro patas), así como subextensiones (se observa cuándo el niño aplica el concepto muñeca sólo a su muñeca o la alguna en particular).

La explicación de las sobreextensiones se debe, para algunos autores, como Clark (1973), a que el niño categoriza a partir del parecido perceptivo (lugar, forma, tamaño, sonido, etc.). Por el contrario, desde una perspectiva piagetiana, se considera que el niño categoriza la realidad partiendo de su parecido funcional (uso y funciones).

Desde el punto de vista semántico, las oraciones de dos palabras responden a las siguientes relaciones: agente/acción (mamá ven), acción/objeto (corre perro), agente/objeto (mamá comida), entidad/atributo (coche bonito), entidad/locativo (muñeca aquí), poseedor/poseído (niño coche) y el caso nominativo (esa muñeca). Para Slobin (1895), el niño posee unas estrategias cognitivas que le permiten construir progresivamente el lenguaje de acuerdo con unas relaciones de forma y significado. A estas estrategias innatas las llama principios operacionales. Identifica dos tipos básicos: los de análisis y almacenamiento y los de organización morfológico-sintáctica.

Adquisición del lenguaje[editar]

Adquisición del lenguaje o adquisición lingüística es el área de la lingüística que estudia el modo en el que se adquiere el lenguaje durante la infancia. Éste es un asunto arduamente debatido por lingüistas y psicólogos infantiles. Véase Adquisición vs Aprendizaje

Noam Chomsky es un representante de las teorías innatistas de adquisición del lenguaje. Estas teorías afirman que los niños tienen una capacidad innata para aprender a hablar, lo cual había sido anteriormente considerado simplemente como un fenómeno cultural basado en la imitación. Este punto de vista, aunque bastante extendido, es todavía controvertido. Existen otras posiciones respecto de la adquisición del lenguaje, que no hacen tanto hincapié en el aspecto sintáctico, como las de Jerome Brunner, quien prioriza el aspecto pragmático, y la de Jean Piaget, que prioriza el aspecto semántico.

La psicolingüística aborda este problema, fundamentalmente desde los mecanismos que son utilizados en el proceso de adquisición. Para ello se sirve del campo de la experimentación, recopilando bases de datos de observaciones de diálogos entre adultos y niños.

Competencia comunicativa[editar]

Adquisición de la pragmática (uso del lenguaje): según Halliday, el progreso hacia el sistema adulto atraviesa por tres fases:

  • La fase I, en la que se incluyen seis funciones:
  1. función instrumental, por la que el niño consigue los objetos que satisfacen sus necesidades.
  2. función reguladora, le permite que alguien haga algo.
  3. función interaccional, en la que el lenguaje es utilizado para la interacción social.
  4. función personal, que se utiliza como medio de expresión personal y para introducir al hablante en el acto del habla.
  5. función heurística, en la que el lenguaje permite explorar su contorno y aprender.
  6. función imaginativa, por la que se utiliza el lenguaje para crear un entorno (juegos, narraciones, etc.).
  • La fase II posee un carácter transicional y tiene las siguientes funciones:
    • pragmática (se refiere al lenguaje en cuanto acción, y procede de la función instrumental y de la reguladora).
    • matética (es el lenguaje en cuanto aprendizaje y procede de la personal y *heurística); y, por último, la función.
    • ideacional, que contribuye la ambas.
  • La fase III constituye el comienzo del sistema adulto. Destacan tres funciones:
    • la ideacional.
    • la interpersonal.
    • y la textual.

Según la clasificación propuesta por Jean Piaget, entre los dos y los cinco años el lenguaje del niño se caracteriza por el monólogo, al que sigue el monólogo colectivo (nivel I). De los cinco a los siete años tiene lugar a asociación del interlocutor a la acción del pensamiento (nivel 2A, primer tipo), la pelea (nivel 2B, primer tipo), la colaboración en la acción o en el pensamiento no abstracto (nivel 2B de segundo tipo), la discusión primitiva (nivel 2B de segundo tipo), la colaboración en el pensamiento abstracto (nivel 3A), y a partir de los siete años la discusión verdadera (nivel 3B).

Ver también[editar]

Referencias[editar]

  1. Pinker, S. (1994). The Language Instinct. New York: Harper Perennial Modern Classics.

Bibliografía[editar]