Dama de Elche

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
Dama de Elche
Dama de Elche.jpg
Busto antropomorfo
Material Piedra caliza labrada y policromada
Altura 56 cm
Ancho 45 cm
Profundidad 37 cm
Peso 65,08 Kg.
Civilización Cultura ibérica
Descubrimiento 1897
Procedencia Yacimiento de Ilici (La Alcudia, Elche, Alicante)
Fecha 500-301 a.C.
Ubicación actual Museo Arqueológico Nacional (España) (Madrid)
[editar datos en Wikidata]

La Dama de Elche es una estatua íbera en piedra caliza, que se data entre los siglos V y IV a. C. Mide 56 cm de altura y pesa 65,08 kg.[1]

Posee en su parte posterior una cavidad casi esférica de 18 cm de diámetro y 16 cm de profundidad, que posiblemente servía para introducir reliquias, objetos sagrados o cenizas como ofrendas a los difuntos. Otras muchas figuras ibéricas de carácter religioso, halladas en otros lugares, tienen también en su espalda un hueco y, como la Dama de Elche, sus hombros se muestran ligeramente curvados adelante.

La escultura está bien conservada, si bien muestra numerosos golpes y erosiones y ha perdido casi toda su policromía original y la pasta vítrea que rellenaba sus ojos. Representa a una mujer de rasgos perfectos, posiblemente idealizados y espléndidamente ataviada con ropajes y joyas.[2]

La pieza se encontró cerca de Elche, donde existe un montículo que los árabes llamaron Alcudia ('montículo') y que en la antigüedad estaba casi rodeado por un río. Se sabe que fue un asentamiento íbero denominado Helike (en griego) y que los romanos llamaron Colonia Iulia Illici Augusta. Cuando llegaron los árabes, situaron la ciudad más arriba, como protección frente a los ataques marítimos, conservando el topónimo romano de Illici, que fue arabizado en Ilsh, pasó al valenciano como Elx (pronunciado "Elch") y al castellano como Elche.

Se exhibe en el Museo Arqueológico Nacional de España, en Madrid (España).

Contexto histórico[editar]

La cultura ibérica, desarrollada entre el siglo VI a.C. y el cambio de era en toda la vertiente oriental de la península ibérica, alcanzó un grado de perfección muy alto en sus manifestaciones materiales en un momento en el que, debido al desarrollo de grandes estados mediterráneos, se establecieron relaciones comerciales desde Oriente Próximo hasta las costas atlánticas.[3]

Desde finales de la edad del Bronce se habían desarrollado unas estructuras jerárquicas cuyas élites gestionaban la producción y el transporte de las mercancías locales, recursos mineros y productos derivados de la agricultura y ganadería, de cara a su comercialización. Esa explotación del territorio implicó una red organizada de asentamientos que contaba con un núcleo principal y un conjunto de aldeas y explotaciones agrícolas que abastecían a la ciudad y generaban los excedentes necesarios para el comercio.[4]​ Los lugares de culto, como templos, se ubicaban en ciudades y centros destacados que, por tanto, aunaban importancia económica y religiosa.[5]

Ruinas romanas en La Alcudia

En este contexto, La Alcudia de Elche cumplió un papel destacado como centro de referencia en torno al curso de los ríos Vinalopó y Segura, y su ocupación abarcó desde tiempos prehistóricos hasta el periodo visigodo. En un primer momento, la elección de su ubicación se debió a la calidad de sus suelos, que permitiría una destacada rentabilidad agrícola. A partir del siglo VIII a.C., la incidencia del comercio fenicio se dejó sentir en la zona; se produjo un cambio en la estructura del hábitat y se introdujeron objetos del Mediterráneo Oriental.[6]

Desde finales del siglo VI a.C., y en relación al comercio griego, se multiplicaron los asentamientos costeros y La Alcudia adquirió un papel central, con una extensión cercana a las diez hectáreas. Se desarrolló un urbanismo complejo, que perduró hasta época romana (Colonia Iulia Ilici Augusta), y se convirtió en un destacado centro escultórico gracias a las canteras de piedra local.[7]

Las guerras entre Cartago y Roma afectaron a la zona; el núcleo urbano sufrió destrucción en la segunda mitad del siglo III a.C., tras el cual se intensificó la influencia del mundo púnico no solo en el ámbito comercial sino también en las creencias. En la iconografía predominan los símbolos asociados a la figura femenina, a carnívoros y rapaces y a motivos florales, frente a las imágenes de la aristocracia del área edetana. En torno a Ilici se concentraron especialmente las representaciones femeninas.[7]

Historia[editar]

Hallazgo y venta[editar]

El 4 de agosto de 1897, en la loma de La Alcudia (Elche), se estaban llevando a cabo una serie de labores agrícolas. Durante un descanso de los jornaleros, el joven Manuel Campello Esclápez, que ayudaba a su familia en las tareas, cogió un pico y empezó a trabajar.[8]​ Al poco rato se topó con una piedra que, al sacarla, resultó ser el rostro de una figura; avisó al resto de compañeros y uno de ellos, Antonio Maciá, terminó de extraerla. La escultura estaba asentada sobre una base de losas de piedra, por delante estaba cubierto de tierra mientras que la espalda y los laterales estaban protegidos por losas.[9]

Después de avisar al capataz, Antonio Galiana Sánchez, esperaron al dueño del terreno, el doctor Manuel Campello, quien ordenó trasladar el busto a su casa en Elche. La noticia del hallazgo de la Reina mora se difundió rápidamente y, para facilitar su contemplación por los vecinos, el doctor la instaló sobre un mueble en uno de los balcones que daba a la calle. Pedro Ibarra Ruiz, arqueólogo y cronista de Elche, redactó un documento el 14 de agosto de 1897, difundió el hallazgo en la prensa local y tomó las primeras fotografías.[10]​ Hizo llegar alguna de ellas al académico José Ramón Meliá, al director del Museo Arqueológico Nacional, Juan de Dios de la Rada, y al arqueólogo alemán Emil Hübner.

Días después del hallazgo, el arqueólogo y profesor Pierre Paris, de la Universidad de Burdeos, llegó a Elche invitado por Pedro Ibarra para disfrutar de las fiestas de la Asunción. Juntos fueron a casa del doctor Campello para contemplar la pieza y, a continuación, Pierre Paris envió una fotografía al Museo del Louvre en París. Al frente de su Departamento de Antigüedades Orientales se encontraba Léon Heuzey, quien tenía a Edmond Potier como colaborador; ambos vieron la fotografía e iniciaron los trámites para que el museo compráse la escultura. El conservador Léon Paris adelantó el dinero que luego le daría el banquero Noel Bardac, dueño desde ese momento del busto que posteriormente donó al museo.[10]

Pierre Paris recibió un telegrama en el que le decían que ofreciera entre mil y cuatro mil francos; junto con Pedro Ibarra fueron a casa del doctor Campello y este, en un primer momento, se mostró reticente a deshacerse de la obra pero finalmente decidió venderla por 4000 francos.[11]​ El contrato de venta se firmó el 18 de agosto y la escultura salió de Elche el 30 de agosto hacia Alicante, donde embarcó con destino a Marsella.

Repercusión del hallazgo[editar]

Pedro Ibarra había dado fe del descubrimiento a la prensa local, a organismos oficiales y a personalidades científicas. Uno de esos organismos fue el Museo Arqueológico Nacional que, según Ramos Folqués, recibió la noticia el 11 de agosto de 1897 y cuya contestación, en la que no parecía mostrar especial interés por el busto, tuvo lugar el 17 de agosto. Sin embargo, dicha correspondencia no consta en el archivo del Museo por lo que, o bien nunca existió o bien no se ha conservado.[12]

Una de las primeras personalidades que valoró la pieza fue José Ramón Mélida, quien publicó un artículo en la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1897) y en el Boletin de la Real Academia de la Historia (1897); en él reproducía dos fotografías del busto e interpretaba la pieza como la mitad superior de una escultura completa de mujer y relacionaba sus joyas con las esculturas del Cerro de los Santos.[13]

En la prensa la repercusión no fue muy grande porque en aquel momento sucedían acontecimientos de gran relevancia, como el asesinato de Cánovas del Castillo el 7 de agosto de 1897 o la guerra de Cuba. El primer diario que difundió la noticia fue La Correspondencia de Alicante, en el que se publicó un artículo de Pedro Ibarra el 8 de agosto de 1897, aunque con fecha de 7 de agosto. Otros diarios que publicaron la noticia fueron La Ilustración Española y Americana, La Ilustración Ibérica y La Ilustración Artística.[14]

Pedro Ibarra mostró su malestar por la venta de la pieza a través de varios escritos, conocidos como Efemérides Ilicitanas; en ellos dejó claro que no tuvo nada que ver con la venta y que el doctor Campello actuó en cuanto recibió la primera oferta. También varios periódicos se hicieron eco de la venta; el 27 de octubre de 1897, el Heraldo de Madrid publicó una carta de Félix de Montemar a Juan Facundo Riaño en el que le pedía que hiciera lo posible para establecer en España unas leyes que protegiesen el patrimonio y evitasen su salida del país. El 8 de noviembre de 1897, El País publicó una carta de Pedro Ibarra al director del Heraldo de Madrid en la que justificaba la decisión del doctor Campello al no haber recibido ninguna oferta de compra por parte del Museo Arqueológico Nacional.[14]

La Dama en París[editar]

Antes de la llegada de la Dama a París, la revista Hebdomadaire publicó una noticia sobre el descubrimiento de la obra y su próxima llegada a la ciudad. Una vez en París, fue presentada por M. Léon Heuzey, conservador del Museo del Louvre, en la Academia de Inscripciones y Bellas Letras el 24 de septiembre de 1897. Esta presentación fue reseñada en la revista L'illustration el 2 de octubre del mismo año y en ella se describía la escultura como española con influencias orientales. Desde ese momento fue conocida como Dama de Elche, por alusión a su lugar de origen.[15]

En el Museo del Louvre fue expuesta en el Departamento de Antigüedades Orientales en diciembre de 1897. Al principio se instaló en la Sala de Sarzec, junto a las esculturas de Palmira, pero fue trasladada a la Sala XVI, donde se colocó en una vitrina. Desde septiembre de 1904 se expuso también una reproducción, obra de Ignacio Pinazo, en la Sala VI o Ibérica, junto con el resto de la colección de escultura ibérica.[15]

Desde entonces, diversos investigadores estudiaron la pieza. Uno de ellos fue Emil Hübner, a quien Pedro Ibarra comunicó la noticia del hallazgo. Sus primeras impresiones las plasmó en una carta al mismo Pedro Ibarra, con fecha del 14 de agosto de 1897, pero un estudio más detallado fue recogido en la Crónica del Instituto Arqueológico de Alemania, con un artículo titulado Die buste von Ilici (1898). En este, calificaba la obra como «genuinamente ibérica» y la ponía en relación con el resto de esculturas del Cerro de los Santos.[15]

A finales de los años veinte se dieron las primeras propuestas, por parte de Pierre Paris, para que la Dama regresáse a España, concretamente a la Casa de Velázquez, tal y como recogía El Imparcial el 28 de noviembre de 1928. Sin embargo, los responsables franceses de tal decisión lo denegaron. Posteriormente, el 9 de mayo de 1935, el embajador español en Francia, Juan de Cárdenas, escribió a Francisco Javier Sánchez Cantón, subdirector del Museo del Prado, que había hablado con el ministro de Educación de Francia la posibilidad de intercambiar la Dama de Elche por alguna obra de arte francesa disponible en el Museo del Prado.[16]

Después de la guerra civil, durante la cual esos primeros contactos quedarían interrumpidos, en 1940 se retomaron las gestiones. El 3 de julio de ese año se designó a Francisco Íñiguez Almech, Comisario General del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, Joaquín María de Navascués, Luis Pérez Bueno y Marcelino Macarrón para que investigasen los depósitos de objetos artísticos robados y existentes en Francia. El 19 de septiembre, Macarrón y Pérez Bueno escribieron una carta sobre su estancia en París en la que también aludían a un informe de José María de Navascués relativo a las obras que debían traerse de los museos del Louvre y Cluny, e indicaban las piezas que España podía entregar a cambio.[17]

El 24 de septiembre del mismo año, el embajador José Félix de Lequerica escribió al ministro de Asuntos Exteriores Ramón Serrano Suñer anunciando que ya se habían realizado los contactos con los directores de museos franceses para recobrar obras de arte de especial interés para España, entre las cuales se encontraban la Dama de Elche, la Concepción de Murillo, el tesoro de Guarrazar, los capiteles de Montealegre, el estelón de Tajo Montero, la colección de esculturas hispánicas del Museo del Louvre y los documentos del Archivo General de Simancas.[17]

Regreso a España[editar]

Descripción de la escultura[editar]

Detalle
Detalle de la cara

La mujer representada viste una túnica y mantilla sostenida por una peineta (que puede parecer una tiara), que cae atravesada sobre el pecho. Esta mantilla era rojiza y en ella aún quedan restos de pintura. Sobre la mantilla, un gran manto (albornoz) de tela gruesa y pesante la cubría. Era de color marrón con un ribete rojo. Los labios conservan también restos de su color rojo. Está tallada en caliza fina de color naranja, y la cara tiene el color original de la piedra.

Dibujo hipotético de la policromía, según Francisco Vives

La dama lleva joyas características de los íberos: unas ruedas que cubren las orejas y que cuelgan de unas cadenitas sujetas a una tira de cuero que le ciñe la frente, collares y coronas con pequeñas cadenas y filigranas. Son reproducciones de joyas que tuvieron su origen en Jonia en el siglo VIII a. C. y que después pasaron a Etruria. En los últimos análisis se descubrió un pequeño fragmento de pan de oro en uno de los pliegues de la espalda. Esto induce a suponer que las joyas de la escultura estaban recubiertas de pan de oro.

Artemidoro de Éfeso, hombre de Estado que viajó por las costas de Iberia alrededor del año 100 a. C., describe a la mujer íbera en un texto que ha llegado hasta nuestros días, y cuya descripción evidencia el gusto de las damas íberas por aparatosos tocados:

Algunas mujeres ibéricas llevaban collares de hierro y grandes armazones en la cabeza, sobre la que se ponían el velo a manera de sombrilla, que les cubría el semblante. Pero otras mujeres se colocaban un pequeño tympanon alrededor del cuello que cerraban fuertemente en la nuca y la cabeza hasta las orejas y se doblaba hacia arriba, al lado y detrás.

En contraste con la indumentaria plenamente autóctona, los rasgos faciales revelan una fuerte influencia de la escultura griega.

Lugar del descubrimiento[editar]

Vista posterior de la Dama de Elche

Avatares[editar]

El doctor Campello, dueño de la finca, estaba casado con Asunción Ibarra, hija de Aureliano Ibarra y Manzoni, un humanista del siglo XIX que además se dedicaba a la arqueología como afición y que había ido encontrando una gran cantidad de objetos y vestigios íberos en sus propias tierras de labor y en más sitios del término municipal de Elche. Con ello había ido formando una valiosísima colección que dejó en herencia a su hija Asunción, junto con el encargo de que a su muerte, ésta hiciera los trámites necesarios para que la colección se ofreciera en venta a la Real Academia de la Historia para que finalmente fuese ubicada en el Museo Arqueológico Nacional. Se decía en el testamento que la colección debía venderse en su totalidad.

La Dama Ibérica de Manolo Valdés en la Avenida de las Cortes Valencianas de Valencia.

Cuando murió don Aureliano, su hija se dispuso a cumplir con el testamento y comunicó el legado a los responsables en Madrid. Se reunió la Academia en sesión plenaria el 18 de marzo de 1891 bajo la presidencia de Antonio Cánovas del Castillo. Se propuso estudiar el asunto y se nombró una comisión el día 17 de mayo. Los comisionados fueron Juan de Dios de la Rada y Juan de Vilanova, que pronto irían a Elche a hacer el oportuno trato. Estuvieron conformes con adquirir el lote que sería abonado en tres plazos. Pero ocurrió que uno de los plazos venció en fechas próximas al descubrimiento de la Dama y a partir de ese momento hubo un contencioso, pues su dueña doña Asunción no estaba de acuerdo con incluirla con las demás piezas y la Academia no estaba de acuerdo en seguir pagando.

Por su parte, Pedro Ibarra Ruiz (hermano del fallecido don Aureliano y archivero municipal de Elche), en su entusiasmo por el nuevo descubrimiento, había hecho una foto cuyas copias hizo llegar al académico José Ramón Meliá, al director del Museo Arqueológico Nacional, Juan de Dios de la Rada y al ilustre arqueólogo alemán Emil Hübner. Todas las partes querían hacer la adquisición.

En Elche todo el mundo conocía el hallazgo y era motivo de conversación. Los amigos de la familia iban a visitarla a la casa pero las demás personas no podían hacer lo mismo, por lo que en un acto de generosidad, la Dama (la Reina mora, como era conocida) fue expuesta en el balcón para que fuera contemplada por todos los vecinos de la localidad.

Llegó el mes de agosto en que se celebraba durante los días 14 y 15 el Misterio de Elche. Don Pedro Ibarra había invitado a su casa para ver esta fiesta al arqueólogo francés Pierre Paris. Cuando el arqueólogo vio el busto íbero supo que se trataba de una verdadera joya e informó a los responsables del Museo del Louvre en París, quienes contestaron enseguida ofreciendo una importante suma de dinero: 4000 francos de la época. Pese a la oposición de doña Asunción, el busto ibérico fue vendido y el 30 de agosto de 1897 la diosa íbera salía bien empaquetada rumbo a la capital francesa. Durante 40 años la Dama de Elche fue expuesta en el Louvre. Tras el comienzo de la Segunda Guerra Mundial en 1939 y como medida de precaución, fue trasladada al castillo de Montauban, cerca de Toulouse, en el sur de Francia, lugar más seguro que la capital parisina.

Una de las réplicas de la Dama de Elche repartidas por la ciudad, junto a un vitromosaico del rostro de la Dama.

En 1941 se consiguió recuperarla mediante un intercambio de obras con el Gobierno de Vichy del mariscal Pétain, un acuerdo tremendamente desequilibrado (a favor de España), que incluyó también la Inmaculada Concepción de los Venerables o Inmaculada de Soult (por el mariscal francés que la robó) de Murillo, una de las esfinges gemelas de El Salobral que eran, al igual que la Dama, propiedad del Museo del Louvre y varias piezas del Tesoro de Guarrazar, que pertenecían al Museo de Cluny), además de los restos de las esculturas ibéricas de Osuna. A cambio se entregó a Francia un retrato de Mariana de Austria de Velázquez, del que el Prado poseía otra versión casi idéntica (se transfirió la versión considerada de inferior calidad, que para algunos es incluso simplemente una copia de taller), y una obra de El Greco del Museo del Greco de Toledo, en concreto uno de los retrato de Antonio de Covarrubias de los dos que contaba el museo.[18]

Por ello, la Dama permaneció en el Museo del Prado (número de catálogo E433) durante 30 años, desde que regresó a España hasta 1971,[19]​ año en que por Orden Ministerial del 29 de enero se incorporó a la colección permanente del Museo Arqueológico Nacional, con número de inventario 1971/10/1.[20]​ Entre tanto, en 1965 la Dama de Elche volvió a tierras ilicitanas con motivo del séptimo centenario del Misterio de Elche.

La Ministra de Cultura de España, Carmen Calvo, hizo pública el 19 de enero de 2006 la decisión de ceder temporalmente la Dama a su ciudad de origen. Desde este momento se inició un proceso que culminó el 18 de mayo de 2006, en que la Dama de Elche presidió la inauguración del Museo Arqueológico y de Historia de Elche (en el Palacio de Altamira) y la exposición «De Ilici a Elx, 2500 años de historia» que tuvo lugar en distintas sedes de la ciudad.

Debate sobre su autenticidad[editar]

Ha habido muchas opiniones a partir del hallazgo de esta pieza, especulándose sobre la posibilidad de que no fuera antigua sino un fraude moderno. En 1995, en la University of Florida Press, el profesor John F. Moffitt escribió sobre el tema en Art Forgery: The Case of the Lady of Elche. Sin embargo, en 2005 el análisis de su policromía realizado por el equipo de María Pilar Luxán del CSIC en España[21]​ ha evidenciado la antigüedad del pigmento y la estructura de las capas de imprimación y pigmentación, así como el proceso de su pérdida por disolución y recristalización del mortero de yeso que se preparó para recibir el color.

En 2011, la misma autora María Pilar Luxán[22]​ analizó micropartículas del hueco posterior de la Dama de Elche con técnicas de microscopía electrónica y espectrometría dispersiva de rayos X, entre otras. Dedujo que pertenecen a cenizas de huesos humanos, las comparó con las de la época ibérica y concluyó que la estatua fue utilizada como urna cineraria en época ibérica, avalando de este modo su antigüedad y confirmando la hipótesis sobre su función.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Colecciones en Red. Museo Arqueológico Nacional. «Dama de Elche». Consultado el 6 de junio de 2014. 
  2. Museo Arqueológico Nacional. «Dama de Elche (ficha del catálogo)». Consultado el 3 de julio de 2014. 
  3. VV.AA., 1997, p. 25.
  4. VV.AA., 1997, p. 26.
  5. VV.AA., 1997, p. 27.
  6. VV.AA., 1997, p. 28.
  7. a b VV.AA., 1997, p. 29.
  8. Ramos Folqués, 1965, p. 8-9.
  9. VV.AA., 1997, p. 33.
  10. a b VV.AA., 1997, p. 34.
  11. VV.AA., 1997, p. 34-35.
  12. VV.AA., 1997, p. 35.
  13. VV.AA., 1997, p. 36.
  14. a b VV.AA., 1997, p. 38.
  15. a b c VV.AA., 1997, p. 39.
  16. VV.AA., 1997, p. 43.
  17. a b VV.AA., 1997, p. 44.
  18. Museo del Prado. «Enciclopedia del Prado/Cronología del Museo/1941». Consultado el 28 de abril de 2009. 
  19. Museo del Prado. «Enciclopedia On-Line/Dama de Elche (anónimo)». Consultado el 29 de abril de 2009. 
  20. Red Digital de Colecciones de Museos de España. Museo Arqueológico Nacional. «Dama de Elche». Consultado el 29 de abril de 2016. 
  21. «Dama de Elche: pigments, surface coating and stone of the sculpture» (en inglés). 2005. Consultado el 25 de julio de 2010. «...ningún otro elemento(de la Dama) sugiere que sea una falsificación moderna.»  (enlace roto disponible en Internet Archive; véase el historial y la última versión).
  22. Luxán, Mª P. et al (2011). Human bone ashes found in the Dama de Elche (V-IV century B.C.) reveal its use as an ancient cinerary urn. Journal of Cultural Heritage vol. 12, issue 3, pp. 310-316.

Bibliografía[editar]

  • Ramos Folqués, Alejandro (1965). La Dama de Elche. Peñíscola. 
  • Ramos Fernández, Rafael (1997). La Dama de Elche. Valencia: Albatros. ISBN 84-7274-224-5. 
  • VV.AA. (1997). Ministerio de Educación y Cultura. Secretaría General Técnica. Centro de Publicaciones, ed. Cien años de una dama. ISBN 84-8181-161-0. 

Enlaces externos[editar]