Cultura de los sepulcros de fosa

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Introducción[editar]

Cultura de los sepulcros de fosa
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Localización geográfica aproximada.
Datos
Cronología: 4200 - 3300 a. C.[1]
Localización: CataluñaFlag of Catalonia.svg Cataluña EspañaFlag of Spain.svg España

La cultura de los sepulcros de fosa se estableció en Cataluña, aproximadamente, entre el 4200 y el 3300 a. C.

Hacia mediados del VI milenio cal BC asistimos en el noreste de la península ibérica a la presencia de las primeras evidencias neolíticas. Estas primeras comunidades procedentes del este del Mediterráneo ocupan tanto las cuevas y abrigos como las zonas de llanura donde construyen sus hábitats al aire libre (buen ejemplo de ellos son los yacimientos, por ejemplo, de Guixeres de Vilobé o La Draga).

Los datos arqueofaunísticos y carpológicos obtenidos en estos primeros yacimientos del Neolítico Antiguo, aunque escasos, ya nos aproximan a un control consolidado de diversas especies de animales domésticos (ovejas –Ovis aries–, cabras –Capra hircus–, bóvidos –Bos taurus y suidos –Sus domesticus–), de cereales (trigos y cebadas –Triticum aestivum t. compactum, Triticum aestivum/durum, Triticum dicoccum,Hordeum vulgare nudum y Hordeum vulgare–), así como de algunas leguminosas (habas –Vicia fava– y guisantes –Pissum sativum–).

Las Prácticas Funerarias[editar]

Las prácticas funerarias durante el Meso-epipaleolítico y los inicios del Neolítico son prácticamente inexistentes. Y es que si del Mesolítico no tenemos hasta el presente restos humanos pertenecientes con seguridad a este momento, del Neolítico Antiguo cabe destacar la sepultura de la Plaza Madrid de Barcelona o el conjunto de sepulturas descubiertas en Can Sadurní.

Esta situación comienza a cambiar de manera significativa a partir de inicios del V milenio. Es entonces cuando los grupos usan determinados espacios como cuevas y abrigos para fines sepulcrales o construyen ex profeso estructuras funerarias que llegan a formar parte de necrópolis: Cuevas y abrigos como la Cova de l'Avellaner, la Cova de les Grioteres, la Cova del Pasteral o la Cova dels Lladres.

Contemporáneamente al uso de las cuevas y abrigos, en el Prepirineo central (Tavertet, Girona) asistimos a la construcción de las primeras estructuras de carácter megalítico. Se trata de estructuras en cista y cámaras rectangulares o trapezoidales (Rajols, Font de la Vena, El Padró, …), cubiertas con grandes túmulos.

A partir de la segunda mitad del V milenio y hasta finales del IV, los grupos no solo dejan de frecuentar paulatinamente las cuevas como lugares de habitabilidad o en los que efectuar determinadas actividades económicas, sino que también abandonan su uso como espacios de enterramiento. En estos momentos, tanto en las zonas de llanura de las tierras del interior como en las áreas próximas a la costa mediterránea, sobresale la práctica de inhumaciones en fosa y en cista, ya sea de manera aislada o formando auténticas necrópolis. Es el caso de Sant Pau del Camp con 25 sepulturas, Camí de Can Grau con 25, Puig d'en Roca con 16, Pla del Riu de les Marcetes con 8, El Solar con 5, El Llord con 7, Barranc d'en Fabra con 7, Hort d'en Grimau con 5, o el espectacular complejo arqueológico de la Bòbila Madurell-Can Gambús con, por ahora, más de 180 sepulturas o estructuras con restos humanos (silos o fosas con desechos).

Durante el máximo apogeo de las prácticas funerarias realizadas en fosas o en cista (aparecen bastantes ejemplos en las comarcas catalanas del Solsonès, Berguedà y en países vecinos como Andorra o Francia), apenas se conocen poblados o cabañas.

En cada tumba hay dos individuos, nunca más de dos, y que son un hombre y una mujer. Están colocados en la tumba con los brazos y las piernas flexionadas, pero no se cree que esto quisiera decir que era una posición fetal buscada expresamente. Las tumbas y las ofrendas que encontramos son todas muy similares, lo que indica la inexistencia de clases sociales. Las ofrendas consisten en cerámicas lisas sin decoraciones, puntas de flecha de sílex, cuchillos, punzones de hueso y alguna otra herramienta de piedra, y collares hechos con una piedra verde llamada callaita,[cita requerida] quizá portada de lejos (ya que no se encuentra en las cercanías).

Referencias[editar]

  1. Junta de Castilla y León (ed.). «Contextos: Aspectos cronológicos». ArteHistoria. Archivado desde el original el 12 de octubre de 2013. Consultado el 4 de octubre de 2013.