Cultura de la muerte

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Cultura de la muerte es una expresión con la que se pretende resumir una actitud moral contraria, al respeto de la vida humana, según la cual debe respetarse desde la fecundación hasta la muerte natural. Esta actitud considera convenientes hacia la vida humana la práctica de la manipulación de células madre embrionarias, el aborto, la eutanasia y los métodos anticonceptivos. La “cultura de la muerte” es una visión social que considera que la muerte de unos seres humanos, aporta ciertos beneficios a favor de otros.”[1]

Origen[editar]

El término se originó por el Papa Juan Pablo II, en su encíclica de 1995 “Evangelium Vitae”, donde menciona el término al menos una decena de veces, de la cual otros autores, retoman la frase y analizan y escriben sobre el tema. Las razones que el papa menciona para analizar y escribir al respecto, son algunos comportamientos por él percibidos, y dice:

“Las razones que La humanidad de hoy nos ofrece un espectáculo verdaderamente alarmante, si consideramos no sólo los diversos ámbitos en los que se producen los atentados contra la vida, sino también su singular proporción numérica, junto con el múltiple y poderoso apoyo que reciben de una vasta opinión pública, de un frecuente reconocimiento legal y de la implicación de una parte del personal sanitario.”[2]

Contrario a eso está la Cultura de la Vida, la cual se caracteriza por el derecho a la vida, con un respeto total e integral respecto a la vida humana y su dignidad, desde el momento de la concepción hasta la muerte natural.

Avances[editar]

Actitudes promotoras para el desarrollo y avance de la Cultura de la Muerte, son diversas. Al respecto en el numeral 100 Karol Wojtila, escribió:

“Es ciertamente enorme la desproporción que existe entre los medios, numerosos y potentes, con que cuentan quienes trabajan al servicio de la “cultura de la muerte” y los de que disponen los promotores de una “cultura de la vida y del amor.”

Así mismo el naturalista alemán Ernst Haeckel aporta conceptos a la cultura de la muerte, y afirmaba que la sociedad no podía permitirse cargar con los biológicamente no aptos. Y se preguntaba: "¿Qué utilidad reporta a la humanidad mantener y criar a los miles de cojos, sordomudos, idiotas, etc., que nacen cada año con la carga hereditaria de una enfermedad incurable?", "No sirve de nada replicar que el cristianismo prohíbe su destrucción".[3]

Ha habido un apoyo decidido por parte de grupos e instituciones que están dispuestos a implantar, de un modo generalizado, que según la postura de la “cultura de la vida” son injusticias y crímenes, con el fin de conquistar mejoras sociales, ahorro en los hospitales, presuntos derechos de la mujer o garantías para una libertad individual desligada ciertas responsabilidades y un horizonte ético.

El cambio de postura del Partido Demócrata de los Estado Unidos, pasando de ser Provida a Pro-elección, posición que es descrita en libro El partido de la Muerte.

Anticultura[editar]

En contrasentido, la encíclica “Evangelium vitae” resulta ser una denuncia de la situación gravemente injusta que nace de quienes promueven la mentalidad anti vida, o “cultura de la muerte”, que propone que se busque el respeto y la verdad absoluta. Así mismo el 22 de octubre del año 2020 se realiza el Consenso de Ginebra sobre la Promoción de la Salud de la Mujer y el Fortalecimiento de la Familia donde se realiza una declaración contra el aborto copatrocinada por los gobiernos de Brasil, Egipto, Hungría, Indonesia, Uganda y los Estados Unidos, firmada por 34 países.

La cultura de la muerte no puede ser un bien, ya que un bien que no se asocia a la muerte sino a la vida. La historia dice que institucionalizar una cultura de la muerte, no provoca más progreso, por el contrario, resta humanidad.[4]

Por éstas razones Gonzalo Miranda, considera que la “cultura de la muerte” no es verdadera cultura sino una anticultura, pues sólo hay cultura, donde el respeto y promoción de todo los seres humanos está presente así como la promoción integral de los bienes inherentes a cada existencia humana, comenzando, precisamente, el derecho a nacer, la sana convivencia social y la terminación digna de la vida de cada ser humano.[5]

Referencias[editar]

  1. Juan Grondelski (30 de junio de 2018). National catholic Register, ed. «Reflexiones sobre una cultura de la vida.». 
  2. Papa Juan Pablo II. «Evangelium Vitae (Evangelio de la Vida)». 17, 100: El Vaticano. 
  3. Donald de Marco - Benjamín D. Wiker (abril 2007). «Arquitectos de la cultura de la muerte». 
  4. «Cultura de la muerte». Bioeticawiki. Consultado el 26 de noviembre de 2022. 
  5. Fernando Pascual L.C. (1996). «La cultura de la muerte». Madrid. p. 225-243.