Cultura huancavilca

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Máscara de la cultura huancavilca
Figura representativa de un guerrero de la cultura huancavilca exhibida en el Museo Municipal de Guayaquil

Los huancavilcas o guancavilcas son indígenas de la época precolombina, y que según la antropóloga Silvia Álvarez Litben, aún subsisten con el nombre de comuneros (tesis doctora de la misma con el nombre "De Huancavilcas a Comuneros"), de la región litoral del Ecuador, se extendieron desde la Isla Puná cerca a Guayaquil, parte de la Provincia del Guayas, toda la actual provincia de Santa Elena y sur de la provincia de Manabí.

Algunos investigadores la llaman manteño-huancavilca pese que arqueológicamente, "los Guancavilcas son más antiguos que los Manteños, lo cual fue manifestado por Carlos Zevallos (1995: 252) y esto se puede comprobar cuando analizamos las evidencias culturales que existe en la provincia de Santa Elena, donde tenemos una secuencia que va de la cultura Guangala (500 A. C. – 500 D. C.) a la cultura Guancavilca (500 D. C. – 1530), lo que no sucede en la provincia de Manabí, cuando tenemos evidencia de la cultura Bahía (500 A. C – 500 D. C.), pero no tenemos prueba de una transición a la cultura llamada Manteña, lo que nos lleva a pensar que fueron los Guancavilcas quienes se dirigieron al norte de la actual provincia de Santa Elena"(Javier Véliz). La cultura llamada Guancavilca, es la única en Ecuador cuyo nombre obedece al grupo étnico que encontraron los españoles, según lo mencionan los cronistas de la época.

El viajero italiano Girolamo Benzoni (1547 – 1550), es quien indica de manera categórica a los habitantes de esta zona, y menciona: “Pasados los límites de Puerto Viejo se entra al país de los Guancavilcas, provincia inferior del Reino del Perú y el primer pueblo que se encuentra en la costa se llama Colonchi y está situado cerca de la punta de Santa Elena.”(1985: 112).

Distribución e Historia[editar]

Ocuparon el mismo territorio que en milenios pasados fueron habitados por indígenas de las culturas Valdivia, Chorrera, Guangala, siendo los Guancavilcas sus descendientes directos. Es decir, que se trata de sociedades nativas adaptadas a la realidad geográfica y ecológica del espacio costero, que como sabemos se destaca por la diversidad de zonas de vida, relieve, clima y características naturales. Desde este punto de vista y siendo la cultura un fenómeno permanentemente acumulativo, es de entender que los Guancavilcas, asimilaron costumbres anteriores, expresadas en las formas de supervivencia, en la tecnología y por cierto en las tradiciones rituales y ceremoniales.[1]

Fray Reginaldo de Lizárraga (1605) describe a los Guancavilcas así: “Viven en esta ciudad (Guayaquil)y su distrito dos naciones de indios, unos llamados guamcavillcas, gente bien dispuesta y blanca, limpios en sus vestidos y de buen parecer; los otros se llaman chonos, morenos, no tan políticos como los guamcavillcas; los unos y los otros es gente guerrera; sus armas, arco y flecha.” (Ibid: 30)

Según la antropóloga argentina Silvia Alvarez Litben, los descendientes de los Guancavilcas serían los actuales comuneros de la provincia de Santa Elena: "Es evidente, a lo largo de los últimos 500 años hasta llegar a la conformación del actual estado nación, que los indígenas HUANCAVILCAS mantuvieron la posesión de un territorio colectivo que recién se fragmenta cuando se formaliza la Ley de Comunas de 1937. Hasta ese momento, todos los pueblos y recintos eran asentamientos formados por la dispersión de las familias indígenas recluidas en las Reducciones o Pueblos de Indios de la costa (Álvarez, 1999)”.

Comercio[editar]

Las evidencias arqueológicas determinan que los Guancavilcas fueron grandes navegantes que surcaron el océano, en sus grandes balsas, hasta Mesoamérica, Perú y Chile. Sus principales mercancías de exportación y comercio eran la concha spondylus, tejidos de algodón, objetos de oro, plata, cobre y espejos de obsidiana.

Hicieron del comercio una de sus principales actividades económicas, gracias al dominio del mar y el uso de las balsas, cuyo presencia quedó evidenciada en las crónicas de la época, embarcaciones que les permitían realizar extensos recorridos, teniendo como actividad sobresaliente el comercio y el intercambio de productos de la costa pacífica, como textiles, orfebrería y principalmente la concha Spondylus para fines rituales.[2]

La explotación de la concha tiene antecedentes muy antiguos, puesto que en Salango esta actividad aparece desde la época de Valdivia, pasando por Machalilla, Chorrera, Guangala, hasta la época Guancavilca (Norton, 1984: 10, ss). Los Guancavilcas han dejado sus testimonios en la franja costera de las provincias de Manabí, Santa Elena, Guayas y El Oro.

Los asentamientos guancavilcas más notables fueron los de Colonche, Puná y en el Golfo de Guayaquil. Tuvieron una subsistencia basada en la agricultura, adaptada a las condiciones climáticas de la zona, que se caracteriza más bien por seca, salvo en las partes altas donde el nivel de humedad es mayor.[2]

Guerras Incas[editar]

Primera batalla[editar]

El Imperio de los Incas invadió la parte sur de lo que hoy es el actual Ecuador conquistando a los Cañaris. Luego de esa victoria, los Incas conquistaron sin muchas dificultades la parte central de la sierra hasta llegar a la zona de Quito.

Instalado en Quito, Túpac Yupanqui recibió una embajada que le enviaron los Guancavilcas y los Chonos, quienes con el propósito de aprovechar de sus conocimientos le pidieron que les enviara una delegación para que les instruyeran en las doctrinas Incaicas.

Ambicionando la península de Santa Elena y su territorio, envió a lo más grandioso de su ejército a proponer una alianza a los pueblos que la habitaban, para trabajar unidos por la paz y el progreso del Tahuantinsuyo.

Cuando los emisarios Incas llegaron fueron recibidos con aparentes muestras de gran júbilo, pero poco antes de su partida fueron sorprendidos por los Guancavilcas que les dieron muerte a todos. Los infelices delegados perecieron martirizados a manos de los indómitos habitantes del actual trópico ecuatoriano.

Guancavilcas, Chonos y Punáes, en connivencia, acabaron con los crédulos delegados del Inca, ahogándolos en las profundidades del Golfo de Guayaquil, y celebrando luego un grandioso festín donde devoraron a los pocos que aún quedaban con vida. Los pueblos Guancavilcas engañaron astutamente a Tupac-Yupanqui y mataron a todos sus emisarios.

Tupac-Yupanqui no pudo vengar la afrenta, debido a que exigencias relacionadas con el manejo del imperio lo obligaron a regresar al Cuzco. Parece que fue tan grande la ira que esto ocasionó al monarca Cuzqueño que enfermó gravemente y de dolor murió, no sin antes recomendar a su hijo y sucesor Huayna - Cápac, que tomase venganza o muriese en la contienda.[3]

Segunda batalla[editar]

Terrible fue la ira del nuevo monarca Huayna Cápac, alistó un poderoso ejército de orejones y abandonando las regiones del septentrión ecuatoriano, bajó a las costas en son de guerra. Sabedores de estos sucesos los Guancavilcas y viendo que no podían ofrecer resistencia al conquistador, pensaron implorar clemencia y en estas duras cavilaciones estaban cuando algo inusitado iluminó el cerebro del más anciano de los Caciques de la Confederación.

El más viejo cacique, ducho en el arte de la diplomacia y la política, ofreció a su nieta para embajadora. Bien lo sabía él, hombre de mar, curtido en muchas pescas, que el hombre más valiente tiembla ante un bello rostro y que no hay mejor componedor que una mujer hermosa.

Y así sucedió en efecto, lo cuentan Cronistas que, a la altura de Yaguachi, Huayna — Cápac vio venir un singular concurso de gentes Guancavilcas, presididos por los Caciques y Curacas y numerosas vírgenes, que en completa formación presentaban a los ávidos ojos del enemigo la hermosa piel canela de la mujer tropical, bronceada por las irreverentes caricias que del sol reciben.

Espectáculo tan hermoso sedujo al joven monarca. Las doncellas avanzaban por en medio de su tropa llegándose hasta el Inca y allí se postraron, tocando el suelo con sus frentes en señal de respeto y sumisión. El aire estaba lleno de dulces melodías salidas de los instrumentos de viento que soplaban sin cesar y el olor a finas esencias rompía el horizonte, haciendo más embriagadora la escena.

Una de las vestales se levantó resueltamente y en lengua guancavilca, habló: ¡Oh, gran señor, depón tu cólera y óyeme! Soy la elegida de mi pueblo para implorar tu perdón; cuando joven, el mar me regaló una promesa y las ondas me dieron sus secretos. Soy de Colonche, del linaje de los Cayche; sal significa mi apellido, pero dulce es mi ser como mi pueblo, mi rostro oval refleja la poesía de mi nombre y en mi carne cimbreante están las virtudes de mi raza, la brisa fresca y marina me acompaña y yo os imploro el perdón de la raza Guancavilca!.

El joven Huayna Cápac, que la había escuchado, dijo: ¡Oh hija de Caciques, eres generosa con los tuyos y yo no puedo dudar de tus sentimientos. Levántate, salvadora de tu pueblo, que te bendecirá eternamente en sus cantares; seré benigno con los culpables del crimen que había venido a castigar!. Y en efecto, lo fue, dice Gabriel Pino y Roca en sus Tradiciones, "ya que el Inca, fiel a su promesa, perdonó la vida a todos y sólo decidió reunir a los culpables y apostrofándoles sus crímenes les hizo tirar suerte, mandando ejecutar al 10 por ciento de ellos para que nadie diga jamás que había tenido preferencias. Igualmente decidió que los nobles y sus descendientes se arrancasen los dos dientes delanteros superiores en señal de expiación y arrepentimiento por la infamia cometida, costumbre que perduró hasta la llegada de los conquistadores.

Así una vez más la astucia de los Guancavilcas los salvó de la muerte y pese a aceptar las imposiciones Incas, nunca asumieron enteramente su control, ya que hubo continuas revueltas y asesinatos constantes de los emisarios, gobernadores y enviados del monarca Inca luego de su partida, muchas leyendas afirman que los que se arrancaban los dos dientes delanteros en señal de arrepentimiento no eran efectivamente verdaderos nobles huancavilcas.[4]

Tercera batalla[editar]

Muchos años después Huayna - Capac ya viejo, decidió darle luego de su muerte el Reino de Quito a su hijo Atahualpa, pues era su hijo preferido, y con la finalidad de pacificar a los pueblos rebeldes del reino de quito y asegurar la conquista de esos territorios; mientras que a su otro hijo Huáscar, que era heredero del resto y amplio Imperio, Huáscar aceptó la voluntad paterna de mala gana; afirma Garcilaso de la Veha que Atahualpa nació en Quito, siendo su madre la princesa Paccha hija del último rey de la resistencia quiteña Hualcopo Shyri XIV, que combatió junto al general Eplicachima en la duradera guerra iniciada desde el Inca Túpac Inca Yupanqui. Una vez muerto Huayna Cápac, reinaron sus dos hijos unos cuatro o cinco años en paz: Huáscar como Sapa Inca y Atahualpa como rey de Quito. Sin embargo, Huáscar se dio cuenta del error de su padre de dar a Atahualpa el gobierno de una inmensa provincia del norte "Chimchasuyo", pues así quedaba bloqueada la ampliación de la frontera norte por parte de la casta cuzqueña, pues en el resto de las fronteras se había llegado a límites infranqueables, como el mar, las selva y el territorio al sur del Maule, poblado de salvajes. Con tales razones, Huáscar invitó a su hermano que fuera al Cuzco para que jurara como su vasallo, en aras de un interés mayor como la unidad del Imperio. Atahualpa, con astucia y sospechando la malicia no acató la orden; por lo que Huáscar invadió al territorio de Atahualpa declarando guerra a su hermano. Atahualpa ordenó a sus generales que organizaran batallones y que le siguieran en su marcha al Cuzco, ordenó a sus tropas que enarbolaran sus insignias y marcharan en orden de batalla contra Huáscar, las primeras batallas se dan en la sierra central del Reino de Quito, Atahualpa marcha al frente de sus ejércitos junto a sus principales generales Quisquis, Rumiñahui de origen de quito y medio hermano de Atahualpha, y Calicuchima hijo del general Eplicahima de la resistencia quiteña contra los incas, sus tropas superaban los 30.000, mayormente soldados del norte experimentados en las últimas guerras y rebeliones de los confines que reino de Quito, y de guambracunas con sed de venganza por las represalias incas por la sublevación en los confines del reino de Quito, ya que como rebeldes que eran, mataron a muchas autoridades de incas. Huayna Cápac mandó su ejército contra los rebeldes, quienes fueron sometidos y castigados merecidamente: unos 2000 guambracunas "de 12 a 18 años" fueron degollados y arrojados en una laguna ya que no aceptaron el sometimiento de sus caciques a los incas, desde entonces esa laguna se llamó Yahuarcocha o laguna de sangre. Atahualpa en las batallas varios pueblos se anexaban a su ejército, sin embargo los huancavicas no se unieron contra los incas del sur y más bien lo hirieron, sin embargo Atahualpa prosigio en su campaña contra el Cuzco, y los ejércitos quiteños de Atahualpa lograron avanzar. Huáscar, sorprendido, convocó a más sus tropas pero ya era tarde, hubo una serie de encuentros, hasta que la batalla definitiva se dio cerca del Cuzco, en Quepaypampa, donde los atahualpistas triunfaron. Aquel campo se conoció después como Yahuarpampa o campo de sangre. El mismo Huáscar fue en el Cuzco capturado y atado. Atahualpa, por naturaleza cruelísimo y llena de venganza por la invasión de los ejércitos de Huáscar. Atahualpa se queda convaleciendo y recuperando en Cajamarca al norte del Perú actual, por la herida sufrida por los huancavilcas. Para ese entonces le llegó la noticias de los españoles los cuales recorrían el Imperio, la guerra civil mencionada fue aprovecha por los españoles debido a las bajas de los ejércitos indígenas en la guerra civil, y adicionalmente porque convenciendo ingenuamente a los incas cusqueños para que les apoyen en contra del ejercito quiteño, el cual luchaba en contra de la invasión europea a pesar de encontrarse en regiones distantes al Reino de Quito, terminando en el apresamiento de Atahualpa por parte de los Españoles. Posteriormente llega la noticia de la muerte de Atahuallpha, su medio hermano Rumiñahui, quien y sabedor del deseo de su Atahuallpha de ser enterrado en el sepulcro común de los Scyris, sus antepasados, tomó las medidas oportunas para rescatar su cadáver de donde lo habían enterrado los españoles y llevarlo a Quito. El cadáver de Atahuallpha llegó a Liribamba, capital de la provincia de los Puruháes, grupo que habitaba lo que es ahora la provincia del Chimborazo en el rieno de quito, se celebraron los funerales con toda la pompa y boato exigidos por la ocasión y se camufló totalmente la zona del enterramiento para que no pudiese ser encontrada. Esta nación era totalmente adicta a Atahuallpha y su familia, porque en ella se juntaba la sangre real de los Duchicelas (señores de aquella etnia) con la de los Scyris (señores de Quito). Hasta allí salió a recibir el regio cadáver Rumiñahui, con todo su ejército y la familia real. Tras unos días de duelo en los que se celebraron gran cantidad de ceremonias fúnebres, se acometieron los preparativos para la guerra que se avecinaba contra los conquistadores españoles. Se forjaban nuevas armas y se aprestaban las antiguas, la defensa se tornó desesperada tras la muerte en Calicuchima, quedando a cargo de los ejércitos Quisquis quien marco la defensa contra los españoles y los incas cuzqueños, mientras que Rumiñahui hacia frente a los españoles en el reino de quito quienes comandados por Benalcázar y con apoyo de la nación cañaris quienes no sólo no se opuso a los castellanos, sino que les apoyó en sus intereses, recibiéndolos en paz, sirviéndoles de guías en los caminos desconocidos para los españoles; de hecho se dice que Chaparra cacique cañari obsequió a Benalcázar con un plano de las provincias de Quito para que le sirviera de guía en su campaña de conquista, y unió su ejército al de los españoles para vencer a sus enemigos, a cuyo frente se alzaba Rumiñahui. Hemos de recordar que la etnia cañari era de la total confianza del Inca del Cuzco, que apoyó a Huáscar y que por esa razón fue duramente castigada por Atahuallpha en su periplo conquistador contra el cuzco. Sin embargo, nuevamente la fortuna se alió con los españoles ya que coincidió la erupción de un volcán Cotopaxi, cuando ambos ejércitos se encontraban enfrentados, sembró entre los indígenas el desconcierto haciendo que amainase el creciente bloqueo a los españoles y frustro la guerra total prevista por los ejércitos quiteños en el Cajas, finalmente defensa quiteña la continuo el general Rumiñahui, quien viéndose perdido en Tiocajas, marchó aceleradamente hacia Quito con el ánimo de ocultar los tesoros que había en la ciudad y destruir de ella lo que pudiese. Asimismo, dio muerte a las vírgenes dedicadas al Sol y a gran cantidad de miembros de la familia real, entre los que se cuentan mujeres e hijos de Atahuallpha, así como a Quilliscacha, también hermano del anterior, al que después de muerto sacó los huesos mandando confeccionar con el resto un tambor, de tal manera que la piel del tórax y estómago era la parte superior de éste, la de la espalda la base y cabeza, piernas y brazos colgaban del cuerpo del tambor, para escarmiento de aquellos que se opusiesen a sus decisiones. Todo esto ocurría a mediados del año de 1534. La defensa de Quito, tras la toma de Riobamba, es realizada por los Panzaleo: Zopazopangui, cacique de la región al Norte de Ambato y Muliambato; Tucomango, señor de Latacunga; Quingalumba, jefe de los Chillos, y el propio Rumiñahui. Durante varios días los españoles recorrieron la región en busca de los codiciados «tesoros del Inca» que, según se decía, Rumiñahui había mandado esconder. Se dirigieron al Norte, por los pueblos que había en las faldas de la Cordillera Oriental, encontrando resistencia en Quinche, en donde mandaron degollar a la población, como escarmiento, por haber encontrado sólo mujeres y niños. De aquí pasaron a Cayambe y Caranqui, en donde también recogieron algo de oro, pero insuficiente para satisfacer su codicia. Finalmente en batalla capturan a Rumiñahui y otros caciques; Sebastián de Benalcázar y sus capitanes, convencidos de la existencia de una inmensa fortuna, peinaron la ciudad destruyendo templos y hogares. Por último exasperado por estas búsquedas sin éxito se volvieron hacia sus prisioneros para extraer la información que querían. Rumiñahui y otros capitanes fueron sometidos a torturas, pero no dijeron nada, en realidad tal vez no tenían nada confesar. Viendo todos sus esfuerzos inútiles, los españoles decidieron deshacerse de ellos y en enero del año 1535 Rumiñahui, Zope- zopahua, Quingalumba, fueron ejecutados, algunos en llamas y otros con otras formas igualmente atroces de ejecución; de esta manera murió en su lucha resistencia contra los extranjeros, como grandes pueblos de américa los mapuches o araucanos al sur de Chile, y Argentina, o en México en la noche negra cuando los mexicas expulsaron a los españoles sin embargo por enfermedades traídas por los extranjeros como la viruela entre otras enfermedades que provocaron diezmar dichos pueblos y someterlos. No existen registros de resistencia Huancavilca contra los extranjeros españoles que saquearon, violaron y esclavizaron a todos los pueblos nativos de la América conquistada; sin embargo si existen registro de intentos de resistencia de los indiguenas de Caráquez y posteriormente el estallido de la guerra entre los punáes y los españoles quienes los engañaron y capturaron a su cacique Tumbalá y otros diecisiete señores que estaban reunidos preparando la guerra a los españoles; combate desigual en el que los indígenas lo tenían todo perdido, pese a lo cual su resistencia es digna de resaltarse, Pizarro puso en manos de los tumbecinos enemigos de los punáez a estos señores locales que fueron decapitados, mientras que conservó la vida a Tumbalá, aunque quedó hecho prisionero. Durante veinte días los españoles estuvieron batallando en dos frentes: uno en el campamento de tierra y otro en el mar, donde tenían que defender los navíos de los intentos de hundimiento por parte de conjuntos de balsas. Paralelamente se iban quemando las cementeras y las familias abandonaban la isla. En un intento de dominar una situación comprometida, Pizarro liberó a Tumbalá esperando calmar a los isleños. Sin embargo nada consiguió, y la situación se habría vuelto trágica de no haber aparecido en estos momentos Hernando de Soto, que ha pasado a los anales históricos como descubridor del río Mississippi y conquistador de la Florida, amigo de Pizarro y Almagro, llegado desde Nicaragua con refuerzos para ayudar a éstos en su empresa, atraído por las noticias que de la maravillosa riqueza del Perú habían llegado hasta allá. A partir de estos momentos Pizarro no pensó más que en salir de la Puná, donde llevaban más de seis meses, y en la que habían recogido puntuales noticias de la riqueza, condiciones, recursos del imperio, así como del estado de guerra civil en que se encontraba el incario. Además, la resistencia indígena que iba mermando el aguante de los españoles, las enfermedades que habían proliferado entre la tropa y el escaso botín habían sembrado el desaliento. Por ello dio órdenes para aprestar las balsas de los indios y los navíos que había fondeados y poner rumbo a Túmbez, donde tan buena acogida tuvieron en su primer viaje y en donde esperaban encontrar fieles aliados. En seis meses que estuvieron los españoles en la Puná la isla pasó de ser un territorio floreciente y densamente habitado a ser un terreno asolado y yermo, y con una población ampliamente diezmada. Entre la Puná y Túmbez mediaban unas doce leguas que, en las balsas de los indios, se recorrían en dos días, aprovechando los reflujos de las mareas. En las balsas acomodaron toda la impedimenta y pusieron a los enfermos, mientras que los caballos y la demás gente debían trasladarse en los navíos. De esta manera abandonaron los españoles el territorio ecuatoriano y se cierra la primera fase de conquista, aunque no de asentamiento, puesto que aunque en él habitaron durante bastante tiempo, no fundaron ninguna colonia estable.


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Lengua[editar]

La lengua de los Guancavilcas no está bien documentada y se considera una lengua no clasificada. Jijón y Caamaño (1941: 385–97) y Paz y Miño (1961) tratan a los Guancavilcas y varias grupos vecinos como miembros de una hipotética familia lingüística atallán. Jijón y Camaño también considera a la lengua de los Mantas, en la provincia de Manabí como parte de esta familia: considera que el Manabí–Guancavilca–Puná representa una misma lengua con diferentes variantes, y las relaciona con el mochica, el cañari y el puruhá de las tierras altas de más al este. Aunque otras clasificaciones de las lenguas de Sudamérica aceptan en parte estos puntos de vista (Loukotka, 1968) no parece haber una evidencia documental ni empírica suficiente para aceptar dichas propuestas.

Véase también[editar]

Referencia[editar]

  • Inca Garcilaso de la Vega: Primera parte de los Comentarios Reales. Lisboa, 1609.