Resurrección de Jesús

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La Resurrección de Cristo de Noël Coypel, 1700, usando una representación ascendente de Jesús.

La resurrección de Jesús es la creencia religiosa cristiana que, después de haber sido condenado a muerte, Jesús fue resucitado de entre los muertos. Es el principio central de la teología cristiana y forma parte del Credo de Nicea: «Al tercer día resucitó, conforme a las Escrituras».

En el Nuevo Testamento, después de que los romanos crucificaron a Jesús, él fue ungido y enterrado en una tumba nueva por José de Arimatea, pero Dios lo resucitó de entre los muertos y se apareció a muchas personas en un lapso de cuarenta días antes de ascender al cielo, para sentarse a la diestra de Dios.

Pablo de Tarso señaló que «Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras» (1 Corintios 15:3-4). El capítulo afirma que tal creencia, tanto en la muerte y la resurrección de Cristo, es de vital importancia para la fe cristiana: «Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe [...] y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres» (1 Corintios 15:14, 17-19).

Los cristianos celebran la resurrección de Jesús el Domingo de Pascua, dos días después del Viernes Santo, el día de su crucifixión. La fecha de la Pascua se corresponde aproximadamente con el Pésaj, la observancia judía asociada con el Éxodo, que está fijado para la noche de la luna llena cerca del tiempo del equinoccio de primavera.

Armonía de los Evangelios[editar]

La Resurrección de Jesucristo, parte del grupo de la resurreción. Marble, antes de 1572.

En el Nuevo Testamento, los cuatro evangelios concluyen con una narrativa extensa del arresto de Jesús, su juicio, su crucifixión, su sepultura y su resurrección. En cada uno de estos cinco eventos evangélicos en la vida de Jesús son tratados con más intensos detalles que cualquier otra parte de la narrativa de Evangelio. Los estudiosos señalan que el lector recibe prácticamente un relato de hora a hora de lo que está sucediendo. La muerte y la resurrección de Jesús pasan a considerarse como el clímax de la historia, el punto en el cual todo se ha ido dirigiendo durante todo el tiempo.

Después de su muerte por crucifixión, Jesús fue colocado en una tumba nueva que fue descubierta vacía en la madrugada del domingo. El Nuevo Testamento no incluye un relato del «momento de la resurrección». En los iconos de la Iglesia oriental no se representa ese momento, pero muestran a las miróforas y representan escenas de la salvación. Los principales apariciones de Jesús resucitado en los evangelios canónicos (y, en menor medida, en otros libros del Nuevo Testamento) son reportadas como ocurridas después de su muerte, sepultura y resurrección, pero antes de su ascensión.

Entierro[editar]

Lamentación en la tumba, siglo XV.

Los evangelios sinópticos coinciden en que, a medida que la noche se acercaba después de la crucifixión, José de Arimatea pidió a Pilato el cuerpo de Jesús y, después de que Pilato concedió su petición, lo envolvió en una sábana y lo pusieron en una tumba. Esto estaba de acuerdo con la ley mosaica, que establece que no debe permitirse que una persona colgada en un madero permaneciera allí por la noche, sino que debía ser enterrada antes del ocaso.

En Mateo, José es identificado como un hombre «que también había sido discípulo de Jesús» (Mateo 27:57-61); en Marcos, como un «miembro noble del concilio (Sanedrín), que también esperaba el reino de Dios» (Marcos 15:42-47); en Lucas, como «miembro del concilio, varón bueno y justo. Este, que también esperaba el reino de Dios, y no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos» (Lucas 23:50-56); y en Juan, como «discípulo de Jesús» (Juan 19:38-42).

El Evangelio de Marcos dice que cuando José de Arimatea pidió el cuerpo de Jesús, Pilato se sorprendió que Jesús ya estuviera muerto, y él llamó al centurión para confirmar esto antes de dar el cuerpo a José. En el Evangelio de Juan, se hace constar que José de Arimatea fue asistido en el proceso de enterramiento por Nicodemo, quien llevó una mezcla de mirra y áloe e incluyó estas especias en la ropa de entierro por las costumbres judías.

El descubrimiento de la tumba[editar]

Las mujeres en la tumba vacía, por Fra Angélico, 1437–1446.

Aunque ningún Evangelio da un registro inclusivo o definitivo de la resurrección de Jesús o sus apariciones, hay cuatro puntos en los que convergen los cuatro evangelios:

  1. Resaltar el removimiento de la piedra que estaba cerrando la tumba.
  2. La vinculación de la tradición de la tumba vacía y la visita de las mujeres con «el primer día de la semana».
  3. Que el resucitado Jesús eligió primero aparecerse a las mujeres (o a una mujer) y encargarle a ellas (ella) proclamar este hecho tan importante a los discípulos, incluyendo a Pedro y los otros apóstoles.
  4. La prominencia de María Magdalena.

Las variantes tienen que ver con el momento preciso en el que las mujeres visitaron la tumba; el número y la identidad de las mujeres; el propósito de su visita; la aparición del (los) mensajero(s), ángeles o humanos; su mensaje a las mujeres; y la respuesta de las mujeres.

Los cuatro evangelios reportan que las mujeres fueron las primeras en encontrar la tumba vacía de Jesús, aunque el número varía de uno (María Magdalena) a un número no especificado. De acuerdo con Marcos y Lucas, el anuncio de la resurrección de Jesús fue hecho por primera vez a las mujeres. De acuerdo con Marcos y Juan, Jesús realmente se apareció por primera vez (en Marcos 16:9 y Juan 20:14) solo a María Magdalena. En palabras de Stagg: «Mientras que otros encontraban a la mujer como no cualificada o autorizado para enseñar, los cuatro Evangelios muestran que el Cristo resucitado encargó a las mujeres anunciar a los hombres, entre ellos a Pedro y los demás apóstoles, la resurrección, el fundamento del cristianismo».

Dos «ángeles» (u «hombres con vestiduras deslumbrantes»), Cristo resucitado y una de las mujeres (el evangelio de Juan especifica que María Magdalena) son representados en La mañana de la Resurrección, de Edward Burne-Jones, 1882.

En los evangelios, especialmente los sinópticos, las mujeres desempeñan un papel central como testigos de la muerte de Jesús, su sepultura, y en el descubrimiento de la tumba vacía. Los tres sinópticos en repetidas ocasiones hablan de las mujeres junto con el verbo «ver», presentarlas claramente como testigos oculares.

Las apariciones de Jesús resucitado[editar]

Después de descubrirse la tumba vacía, los evangelios indican que Jesús hizo una serie de apariciones a los discípulos. Él no era reconocible de inmediato, según Lucas. E. P. Sanders llegó a la conclusión de que a pesar de que podría aparecer y desaparecer, él no era un fantasma. Lucas es muy insistente en que, en palabras de Sanders, «el Señor resucitado podía ser tocado, y podía comer» (cf. Lucas 24:39-43). Él primero se apareció a María Magdalena, pero ella no lo reconoció al principio. Los dos primeros discípulos a los que se apareció, caminaron y hablaron con él durante bastante tiempo sin saber quién era (el camino de la aparición de Emaús, Lucas 24:13-32). Él se dio a conocer «al partir el pan» (Lucas 24:35). Cuando se apareció por primera vez a los discípulos en el Cenáculo, Tomás no estaba presente y no quiso creer hasta una aparición posterior, donde fue invitado a poner su dedo en los agujeros en las manos y el costado de Jesús (Juan 20:24-29). Junto al mar de Galilea animó a Pedro a servir a sus seguidores (Juan 21:1-23). Su última aparición sucede como cuarenta días después de la resurrección, cuando fue «recibido arriba» en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios (Marcos 16:19).

En un momento posterior, en el camino a Damasco, Saulo de Tarso, entonces el mayor perseguidor de los primeros discípulos, se convirtió al cristianismo después de tener una extraordinaria visión y escuchar a Jesús, lo que lo dejó ciego durante tres días. Saulo más tarde sería conocido como el apóstol Pablo, uno de los misioneros y teólogos más importantes del cristianismo.

Los registros bíblicos[editar]

Fondo[editar]

La historia de la resurrección aparece en más de cinco lugares en la Biblia. En varios episodios en los cuatro Evangelios, Jesús anuncia su subsiguiente muerte y resurrección, que él afirma es el plan de Dios Padre. Los cristianos consideran a la resurrección de Jesús como parte del plan de la salvación y la redención mediante la expiación del pecado del hombre. La creencia en una resurrección corporal de los muertos llegó a ser bien establecida dentro de algunos sectores de la sociedad judía en los siglos previos a la época de Cristo, según lo registrado por Daniel 12:2, de mediados del siglo II a. C.: «Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua». Josefo, en el siglo I, da la siguiente generalización: «Los fariseos creen en la resurrección de los muertos, y los saduceos no». Los saduceos, líderes religiosos políticamente poderosos, rechazaron la otra vida, los ángeles y los demonios, así como ley oral de los fariseos. Los fariseos, cuyos puntos de vista se convirtieron en el judaísmo rabínico, finalmente ganaron (o al menos sobrevivieron) este debate. La promesa de una futura resurrección aparece en la Torá, así como en ciertas obras judías, como La vida de Adán y Eva (c. 100 a. C.) y en el libro farisaico de 2 Macabeos (c. 124 a. C.).

Sin embargo, el judaísmo del siglo I no tenía la concepción de un solo individuo resucitado de entre los muertos en el centro de la historia. El concepto judío histórico de la resurrección fue el de la redención de todo el pueblo. Su concepto fue siempre que todo el mundo sería levantados juntos al final de los tiempos. Así que la idea de una resurrección individual en medio de la historia era ajena a ellos.

Las epístolas de Pablo[editar]

Los registros más antiguos escritos de la muerte y resurrección de Jesús son las epístolas de Pablo, que fueron escritas alrededor de dos décadas después de la muerte de Jesús, y muestran lo que los cristianos creían que había sucedido dentro de este marco de tiempo. Los estudiosos consideran que estos contienen primitivos credos e himnos de credos cristianos, que fueron incluidos en varios de los textos del Nuevo Testamento, y que algunos de estos credos datan de menos de 50 años (e incluso en los dos primeros años) de la muerte de Jesús y se desarrollaron dentro de la comunidad apostólica de Jerusalén. Aunque son parte intrínseca de los textos del Nuevo Testamento, estos credos son una fuente distinta para los primeros cristianos.

  • Romanos 1:3-4: «[...] acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos».
  • 2 Timoteo 2:8: «Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio, en el cual sufro penalidades, hasta prisiones a modo de malhechor; mas la palabra de Dios no está presa».
  • 1 Corintios 15:3-4: «Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras».

Estas incluyen las muchas apariciones de miembros destacados de la actividad de Jesús y la posterior iglesia de Jerusalén, incluyendo a Jacobo, el hermano de Jesús y los apóstoles, nombrando al apóstol Pedro (Cefas). El credo también hace referencia a las apariciones a individuos no identificados. Según los Hechos de los Apóstoles y la epístola de Pablo a los gálatas, él conoció a al menos dos de los testigos nombrados en el credo, Jacobo y Pedro (Gálatas 1:18-20). Hans Von Campenhausen y A. M. Hunter han señalado por separado que el texto del credo supero los más altos estándares de historicidad y fiabilidad de origen.

Las narrativas evangélicas[editar]

Evangelio de Marcos[editar]

Las Santas Mujeres en la Tumba de Cristo, de Annibale Carracci, c. 1590.

1 Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle. 2 Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol. 3 Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? 4 Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. 5 Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. 6 Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron. 7 Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo. 8 Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo. 9 Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios. 10 Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando. 11 Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron.

Marcos 16:1-11

Evangelio de Mateo[editar]

El ángel en la tumba de Cristo, de Benjamin West, c. 1805.

1 Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. 2 Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. 3 Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. 4 Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. 5 Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. 6 No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. 7 E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho. 8 Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, 9 he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. 10 Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.

Mateo 28:1-10

Evangelio de Lucas[editar]

Las Santas Mujeres en el Sepulcro, de Pierre Paul Rubens, 1611-14.

1 El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas. 2 Y hallaron removida la piedra del sepulcro; 3 y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. 4 Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; 5 y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? 6 No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, 7 diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día. 8 Entonces ellas se acordaron de sus palabras, 9 y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas a los once, y a todos los demás. 10 Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles. 11 Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían. 12 Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y cuando miró dentro, vio los lienzos solos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido.

Lucas 24:1-14

Evangelio de Juan[editar]

Noli me tangere, de Jerónimo Cósida, 1570.

1 El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. 2 Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto. 3 Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro. 4 Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro. 5 Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró. 6 Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, 7 y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. 8 Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó. 9 Porque aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos. 10 Y volvieron los discípulos a los suyos. 11 Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro; 12 y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. 13 Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto. 14 Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús. 15 Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. 16 Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro). 17 Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. 18 Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas.

Juan 20:1-10

Comparación de las narrativas de los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles[editar]

Mateo Marcos Lucas Juan Hechos
Tumba vacía (Mateo 28:1–7) Tumba vacía (Marcos 16:1–7) Tumba vacía (Lucas 24:1–7) Tumba vacía (Juan 20:1–10)
Jesús se aparece a María Magdalena y a la otra María (Mateo 28:9–10) Jesús se aparece a María Magdalena (Marcos 16:9) Jesús se aparece a María Magdalena (Juan 20:11–18)
Jesús se aparece a dos discípulos (Marcos 16:12) Jesús se aparece a dos discípulos (Lucas 24:13–31) Jesús se aparece a sus apóstoles por cuarenta días (Hechos 1:3)
Jesús se aparece a once discípulos (Mateo 28:16–20) Jesús se aparece a once discípulos (Marcos 16:14–18) Jesús se aparece a sus discípulos (Lucas 24:36–50) Jesús se aparece a sus discípulos (Juan 20:19–31); Jesús se aparece de nuevo a sus discípulos (Juan 21:1–22)
Jesús promete el Espíritu Santo (Hechos 1:4–8)
Jesús es llevado al cielo (Marcos 16:19) Jesús es llevado al cielo (Lucas 24:51) Jesús es llevado al cielo (Hechos 1:9-11)

Generalidades[editar]

La resurrección de Jesús es un acontecimiento evangélico y un tema muy representado en el arte cristiano, dentro del ciclo de la Pasión. En la literatura cristiana Jesús es, por antonomasia, "el Resucitado".

Según el Nuevo Testamento, ocurrió al tercer día de que Jesús fuera crucificado, muerto y sepultado en una tumba. El momento preciso de la resurrección no se describe, ni aparece como presenciado por nadie (ni siquiera por los soldados que custodiaban el lugar); sí su consecuencia: las miróforas[1] (tres Marías o santas mujeres) encuentran la tumba vacía[2] (en uno de los evangelios, el de Mateo, en medio de un estruendo causado por la llegada de un ángel -en los demás evangelios también aparecen ángeles, aunque en otra actitud-). A partir de ese momento se mencionan varias apariciones de Jesús resucitado[3] en diversas ocasiones, tanto a María Magdalena (Noli me tangere) como a los apóstoles (Tomás, que había mostrado su incredulidad,[4] es invitado por el propio Jesucristo a meter la mano en la llaga del costado)[5] [6] y a otros discípulos (a los discípulos de Emaús y a un grupo de más de quinientos "hermanos").[7] [6]

La resurrección de Jesucristo se celebra en el calendario cristiano con la festividad del domingo de pascua o de resurrección. El domingo de resurrección se denomina también en los Συναξάριον synaxarion y calendarios litúrgicos de la iglesia ortodoxa "domingo de las miróforas con el noble José.[8]

Los textos evangélicos datan el descubrimiento de la tumba vacía en el primer día de la semana siguiente a la celebración de la pascua judía (que es la festividad que se celebró en la última cena). La expresión al tercer día, que suscita una curiosa controversia cronológica (menos de cuarenta y ocho horas se cuentan como tres días),[9] es la más utilizada por recogerse en el Credo Niceno-Constantinopolitano: resucitó al tercer día, según las Escrituras;[10] y proviene de un fragmento del Evangelio de Lucas: ya van tres días que sucedieron estas cosas (la muerte de Jesús)[11] y, más literalmente, de otro de la primera Epístola de San Pablo a los corintios:

os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras, y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras.[12]

Interpretación teológica[editar]

Resurrección de Jesús, Francesco Buoneri, 1619–20

El que Cristo resucitara, triunfando sobre la muerte, es el punto clave de la doctrina y teología cristiana. Tal importancia se declara desde los propios textos bíblicos:

Y si Cristo no resucitó, la fe de ustedes es inútil y sus pecados no han sido perdonados.

Primera epístola de San Pablo a los corintios, capítulo 15, versículo 17.[6]

La frase, muy citada, suele darse también en esta otra traducción al castellano:

si Cristo no ha resucitado, vana es vuestra fe;

pero también con una significativa diferencia:

si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe.[13]

La muerte de Jesús y su posterior resurrección fundamentan la doctrina de la salvación (soteriología), que establece cómo estos acontecimientos causaron la redención del género humano (condenado desde el pecado original que pesaba sobre él desde los primeros padres) y abrieron la posibilidad de que cada hombre pudiera también, tras su propia muerte, gozar de la vida eterna en la Gloria.

La resurrección en los evangelios apócrifos[editar]

Los evangelios apócrifos que desarrollan más ampliamente el tema de la resurrección son el Evangelio de Pedro y otros "Evangelios de la pasión y resurrección" así como el Evangelio de María (con los diálogos entre Jesús y María Magdalena tras la resurrección) y otros "Diálogos del resucitado" de carácter gnóstico.[14]

Iconografía[editar]

La asociación del crucifijo y el triunfo (en este caso sobre el paganismo) se explícita en El triunfo de la cristiandad, fresco de Tommaso Laureti[15] de la Sala de Constantino[16] en las estancias del Vaticano, 1585. No sólo aparece erguido sobre una estatua rota de un dios grecorromano, sino que se centra en un contexto arquitectónico clásico que alude al arco de triunfo.

Simbolismo paleocristiano[editar]

El arte paleocristiano, fuertemente simbólico, tuvo en el triunfo sobre la muerte uno de sus principales motivos. En el periodo de las persecuciones, el tema de la resurrección (trascendental para una comunidad que venera a sus mártires) se aludía a través de los pasajes bíblicos que se consideraban alegóricos de ella, como el de Daniel en el foso de los leones.[17] Con la cristianización del Imperio romano,[18] el arte cristiano pasó a desarrollarse pública y monumentalmente, y el tema de la resurrección se expresó en formas derivadas de la civilización romana: tanto en el crismón (evolución del lábaro imperial, transformado en cruz por el In hoc signo vinces del sueño que Constantino tuvo antes de la batalla del puente Milvio -en sus monedas aparece ese lábaro-crismón venciendo a una serpiente-)[19] como en el ábside de las basílicas (donde se reproduce la forma del arco de triunfo).

La cruz deja de ser un simple instrumento de tortura para convertirse en un símbolo de triunfo sobre la muerte, que recuerda al cristiano la resurrección de Cristo y la promesa de su su segunda venida.

Un sarcófago procedente de la catacumba de Domitila (ca. 350) es uno de los primeros ejemplos del uso del crismón como crux invicta ("cruz invicta" o cruz triunfante) en contextos funerarios, como símbolo de la resurrección y triunfo sobre la muerte (rodeada por una corona de laurel, uno de los elementos del triunfo romano). A sus pies, dos soldados hacen referencia a los que custodiaban el sepulcro de Cristo.[20] Posteriormente, en la Edad Media, se generalizó el uso de la cruz funeraria.

La crux gemmata[21] ("cruz de gemas" o enjoyada) reproduce la cruz monumental de oro y piedras preciosas que Constantino mandó levantar en el monte Calvario de Jerusalén, y que se reproduce en el mosaico del ábside de la basílica de Santa Pudenciana de Roma.

Tema pictórico y escultórico[editar]

En pintura, la convención iconográfica fijada desde el Gótico[22] para el tema de la resurrección incluye la presencia de soldados dormidos (ocasionalmente, despiertos y asombrados -mezclando anacrónicamente su actitud en el momento de la resurrección con la de la aparición del ángel, tal como se describe en el evangelio de Mateo-) en torno a la tumba abierta de Cristo de la que surge su figura semidesnuda (envuelta en su sudario) elevándose milagrosamente, rodada de un halo luminoso y portando un estandarte de la cruz.

Hay excelentes ejemplos de representaciones pictóricas de la Resurrección tanto en el Renacimiento italiano (La resurrección de Cristo de Piero della Francesca, La resurrección de Cristo de Rafael) como en el Renacimiento nórdico (una de las tablas del Altar de Isenheim, de Grünewald), en el Manierismo (La resurrección de Cristo, de El Greco) o en el Barroco (La resurrección de Cristo de Rubens).

En escultura la iconografía de la resurrección es similar, aunque en el caso del Cristo de la Minerva de Miguel Ángel (que se suele denominar como "Cristo redentor"), se optó por representar a Cristo resucitado completamente desnudo, y abrazando la cruz, como símbolo de su victoria tanto sobre la muerte como sobre el pecado.[23]

No debe confundirse el tema artístico de la resurrección con otros con los que puede tener alguna similitud formal o conceptual: la transfiguración (que refleja un episodio evangélico anterior a la muerte de Cristo, en el que la figura de Cristo se ilumina), la ascensión (que refleja uno posterior, en el que Cristo asciende al cielo ante la vista de sus discípulos), la anastasis Aναστασις ("resurrección" en griego, término que, como tema artístico, se refiere a la visita de Cristo al limbo -descenso de Cristo a los infiernos-, entre la resurrección y la ascensión). Algunos otros temas iconográficos participan de elementos de la resurrección y de otros episodios, como los denominados Varón de dolores o Cristo de las cinco llagas (donde, junto a un Cristo resucitado aparecen tanto elementos de la resurrección como las arma Christi -instrumentos de la Pasión-) y las denominadas Cristo muerto sostenido por ángeles.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Se aplica muy poco en masculino (miróforos), y designa los personajes que intervienen en descubrimiento de la tumba vacía. La palabra griega Μυροφόροι, transcrita al latín como Myrophorae, literalmente significa "portadores de la mirra". Además de las Tres Marías, hay dos varones que no intervienen en este episodio pero que se identifican con la mirra en este contexto: Nicodemo y José de Arimatea, que intervinieron en el descendimiento de la Cruz y embalsamaron el cuerpo de Cristo con mirra y aloes. Richard Bauckham, Jesus and the Eyewitnesses (Eerdmans Publishing Company: Cambridge, 2006. En el contexto de la natividad de Jesús, los reyes magos llevaron oro, incienso y mirra como regalo al Niño.
  2. Stagg, Evelyn and Frank. Woman in the World of Jesus. Philadelphia: Westminster Press, 1978 ISBN 0-664-24195-6.
  3. Tilborg, Sj. van and P. Chatelion Counet. Jesus' Appearances and Disappearances in Luke 24, Leiden etc.: Brill, 2000.
  4. Glenn W. Most, Doubting Thomas. Fuente citada en en:Doubting Thomas. Véase también La incredulidad de santo Tomás (Caravaggio).
  5. Evangelio de Juan, 20: 24-29.
  6. a b c Traducción argentina en la web oficial del Vaticano.
  7. 1 Corintios 15:6.
  8. Sunday of the Holy Myrrhbearing Women with the Noble Joseph. Véase también en:Synaxarius.
  9. La Resurección de Jesús (foro con pregunta y comentarios sobre estos cómputos).
  10. credo Credo de Nicena-Constantinopla, en la web oficial del Vaticano. La misma página recoge el Símbolo de los apóstoles, que dice: al tercer día resucitó de entre los muertos.
  11. Traducción argentina en en la web oficial del Vaticano.
  12. John Lankford, La muerte de Cristo está mostrada por el pan y la copa, y la resurrección por el primer día de la semana, en La Voz Eterna, Septiembre-Octubre 2004.
  13. En la versión de Evaristo Martín Nieto la frase se traduce como Y si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe; todavía estáis en vuestros pecados (edición de 2008). En la versión de Reina-Valera la frase se traduce como y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados (edición de 1960 -Bible Gateway-).
  14. Santiago Guijarro Evangelios canónicos y evangelios apócrifos, en Comentario al Nuevo Testamento, Sígueme - Verbo Divino, 1995.
  15. Dizionario biografico degli italiani, vo.64, Roma, Istituto dell'Enciclopedia Italiana, 2005 (Laureti Tommaso Detto Il Siciliano). Fuente citada en it:Tommaso Lauretti.
  16. Web de los Museos Vaticanos, fuente citada en it:Sala di Costantino
  17. Boice, James Montgomery (2006). Daniel: An Expositional Commentary. Baker Books.
  18. Ramsay MacMullen, "Christianizing The Roman Empire A.D. 100-400, Yale University Press, 1984, ISBN 0-300-03642-6.
  19. Understanding early Christian art by Robin Margaret Jensen 2000 ISBN 0-415-20454-2 page 149
  20. Ronald John Zawilla, Cross and Crucifix in the Christian Assembly - Part I (The Early Christian Period: Crux Invicta, Crux Gemmata) en Envision Church, 30 de octubre de 2007.
  21. Schiller, Gertud, Iconography of Christian Art, Vol. I, 1971 (English trans from German), Lund Humphries, London, ISBN 853312702
  22. The Sexuality of Christ in Renaissance Art and in Modern Oblivion. Steinberg, Leo. University of Chicago Press. 2nd ed. 1997.