Críticas al comunismo

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
Manifestación a favor de la segregación racial, donde se tacha los matrimonios interraciales de "comunismo". Históricamente los ultraconservadores norteamericanos han tachado de "comunista" un buen número de actitudes, creencias o valores que les disgustaban.

La oposición al comunismo, entendido generalmente como marxismo-leninismo, es un rasgo que pueden portar diversas ideologías políticas que se oponen a la instauración de un Estado socialista, a su organización o a su gobierno, y a la teoría o la práctica del marxismo-leninismo que lo propone.

Incluye a un abanico amplísimo de ideologías: conservadores de base religiosa (incluyendo a la Iglesia católica), nacionalsocialistas (nazis), liberales y anarquistas. Oponerse al comunismo no es sinónimo de procapitalismo: parte de los contrarios al comunismo son y han sido también anticapitalistas o al menos contrarios a alguno de sus aspectos. Así tampoco ser opositor o contrario al comunismo necesariamente significa ser anticomunista en el sentido político, ya que este último término alude más a la erradicación y censura antes que a la confrontación ideológica.

El Comunismo[editar]

Las críticas al Comunismo son en su mayor parte una crítica a la principal escuela de esta doctrina, el marxismo-leninismo que, siendo la práctica política predominante en el comunismo del siglo XX, presenta en su programa de acción medidas que se describen de forma resumida a continuación:

  • La instauración de una dictadura del proletariado;
  • La expropiación de la burguesía y la supresión de la propiedad privada de los medios de producción;
  • Ateísmo;
  • La nacionalización o estatalización de la propiedad;
  • Un gobierno que suprimiría las clases sociales.

Debe tenerse presente de todas maneras que han existido formas de comunismo democrático como el comunismo consejista que no abogaban por la instauración de regímenes dirigidos desde arriba, e incluso ideologías cercanas socialmente al comunismo como la teología de la liberación que eran cristianas y no ateas.

Argumentos[editar]

  • Según los economistas liberales una economía comunista no puede funcionar de modo eficiente en el sentido de Pareto con base en que, al no existir un mercado libre que regule los precios, no existe modo de alcanzar un Mercado Estable. (Ver: Pareto óptimo).
    • Sin embargo, algunos economistas teóricos marxistas como Oskar Lange y Abba Lerner propusieron que existían un conjunto de reglas de planificación que podían tener el mismo efecto que la solución de mercado.[1] [2] Aunque también existen muchas pruebas de que no es posible mantener una planificación central.
  • Otros críticos afirmaron que el comunismo se basaba en la existencia de leyes históricas, cuando éstas no existen, ya que según esta postura la historia se ve alterada por los avances científicos, que son, por su naturaleza, impredecibles.
    • Sin embargo, la existencia de tendencias históricas guiadas por las estructuras económicas sigue siendo un problema abierto. Dentro del pensamiento marxista, Antonio Gramsci, sostuvo que "Para el marxismo ni la estructura económica social, ni la materia son absolutas".
  • Según algunos autores, los dirigentes comunistas serían responsables de la muerte de 100 millones de personas en el mundo entero.[3]
    • Sin embargo, dichos análisis generalmente incluyen muertes por hambrunas que no siempre son responsabilidad directa de los gobiernos, como el caso de la administración china de Mao Zedong. También cuenta entre los comunistas al nacionalista general Chiang Kai-shek[cita requerida] (conocido por ser férreo enemigo del comunismo) y a Pol Pot, dictador camboyano que tras ser derrocado por otros comunistas,[4] terminó financiado por Estados Unidos.[5] Por otra parte, el régimen de Pol Pot oficialmente renunció al comunismo.[6]
  • Otra crítica recurrente contra el marxismo-leninismo son sus prácticas anti-religiosas y la postura oficial atea de los países guiados por el marxismo. Las relaciones entre Iglesia y Estado en países socialistas han sido tensas en la mayoría de los casos, llegando a la represión de la libertad religiosa. En la URSS, Stalin quiso eliminar a la Iglesia Ortodoxa Rusa, pero la invasión alemana del 22 de junio de 1941 lo obligó a cancelar la campaña ateizante y autorizar a los obispos y sacerdotes a bendecir, en ceremonias públicas, a los regimientos que partían al frente y servirles como capellanes, para así atraer al pueblo creyente a la lucha contra el nazismo. El 4 de septiembre de 1943 se efectuó una reunión, en el Kremlin de Moscú, entre Stalin y 3 metropolitas para elegir al Patriarca de Moscú (Jefe de la Iglesia). 5 días después se eligió al metropolita Sergei, dando inicio a una larga historia de tensas relaciones entre el PCUS y la Iglesia Ortodoxa Rusa.

Críticos del movimiento comunista y de su ideología[editar]

  • El filósofo y epistemólogo Karl Popper elaboró una crítica ético-filosófica de cómo el movimiento comunista deducía del marxismo una visión relativista de la ideología que llevaba a un totalitarismo doctrinario en nombre de un pensamiento único de clase. Afirmaba además que el socialismo científico de Marx no era una teoría científica, al no ser falsable; en su libro La sociedad abierta y sus enemigos detalló los sucesivos fracasos predictivos del marxismo y además explicó la imposibilidad de una autojustificación moral para la conducta del marxista respecto a su visión de la historia. En La miseria del historicismo criticó los problemas de fundar una sociología sobre las tesis "historicistas", tanto marxistas como fascistas.
  • El jurista y filósofo político Hans Kelsen fue un crítico de las contradicciones sociopolíticas del marxismo-leninismo y un analista del sistema jurídico soviético. Analizó los problemas de la cosmovisión política y jurídica tanto de Marx como de Lenin teniendo en cuenta su multiplicidad de aspectos teóricos y prácticos, siendo el libro La teoría comunista del derecho y del Estado su trabajo más unilateral contra el movimiento comunista.
  • El economista y sociólogo Joseph Schumpeter estudió los problemas de la visión económica y sociológica de Marx respecto al origen y colapso del capitalismo, y las razones culturales por las cuáles la sociedad burguesa creaba las condiciones culturales para el movimiento comunista. También analizó la sociedad soviética y la contradicción entre el sistema económico-político del socialismo soviético y las condiciones para una representación democrática. Sus libros más importantes al respecto fueron Capitalismo, socialismo y democracia e Imperialismo y clases sociales.
  • El historiador socioeconómico Karl Wittfogel llevó a cabo una crítica no sólo de la sociología marxista sino además un análisis sociológico de los regímenes edificados por los partidos comunistas. Basándose en los trabajos de Max Weber estudió los sistemas comunistas de la Unión Soviética y China concluyendo que el llamado despotismo hidráulico de Asia fue el precursor natural de la construcción artificial de una sociedad colectivista, que sólo pudo organizarse como militancia política bajo un partido político revolucionario. Su principal obra fue Despotismo oriental: estudio comparativo del poder totalitario en la cual describe el socialismo coercitivo como la extensión del principio totalitario a la economía.
  • El historiador sociopolítico François Furet estudiaría, a partir del fenómeno del jacobinismo y el gobierno unipartidario del Comité de Salvación Pública, el carácter particular de las dirigencias ideológicas de los regímenes totalitarios y sus propios intereses creados en la dinámica de producción de representaciones, en su libro Pensar la Revolución Francesa. Luego estudiaría particularmente la visión marxista de la política a lo largo de las observaciones sobre la política y la Revolución Francesa en la obra de Marx, para contrastarla con la versión del marxismo utilizada por el bolchevismo. El autor analizó la estructura social de los partidos totalitarios con la perspectiva de Tocqueville, de Cochin, de Weber e incluso con la del propio Marx, la cual rescata y confronta con la del leninismo al que considera mayormente heredero del jacobinismo. Una de sus últimas obras fue El pasado de una ilusión, un repaso interno de las ideologías que adoptara el movimiento comunista en su evolución histórica.
  • La filósofa Hannah Arendt dedicó una peculiar crítica al totalitarismo del comunismo soviético tanto desde los aspectos del marxismo que lo contradicen como desde aquellos aspectos que posibilitaron su desarrollo a partir de una visión errada de la relación entre el hombre y el trabajo, en el libro Karl Marx y la tradición del pensamiento político occidental que estuvo pensado como parte de su clásico Los orígenes del totalitarismo.
  • El cientista político Kenneth Minogue elaboró en su trabajo La teoría pura de la ideología un cuidadoso y complejo análisis de la gnoseología marxista como formadora de pensamiento ideológico en un particular sentido dado por el autor a la palabra "ideología", en el cual la ideología así definida es aquella doctrina que se sitúa en forma omnicomprensiva como único horizonte válido de percepción de todas las demás perspectivas confrontadas, a las cuales se las considera sumergidas como meras construcciones ideológicas dentro de un "sistema social" intelectualmente omniabarcativo. Para el autor, la mecánica de pensamiento "ideológica" es deudora de la faceta dialéctica de Marx y corolaria no sólo de los regímenes ideológicos como el comunista sino de otros movimientos extremistas que terminan desarrollando similares características organizativas. En otros trabajos posteriores dedicados a la filosofía política, el autor tipificaría a la vida ideológica como opuesta a la vida política, aun cuando por su ubicuidad se manifieste como una politización general de la vida social.
  • La novelista Ayn Rand abogó por el egoísmo racional. Declaraba que el comunismo no era sólo económicamente ineficiente, sino que además era inmoral porque atacaba la libertad económica del individuo, y si "los frutos del trabajo de un individuo no le pertenecen, su vida tampoco le pertenece".
  • La diplomática estadounidense Jeane Kirkpatrick preparó en 1982 un trabajo compilatorio de diferentes ensayos titulado Dictatorships and Double Standards (conocido en español como Dictadura y contradicción) sobre la naturaleza del movimiento comunista y su instrumentalización del marxismo, en el que contrastaba la naturaleza de las autocracias tradicionales y modernas con las élites de las revoluciones totalitarias contemporáneas. En la segunda parte de uno de los capítulos de este libro, la autora reeditó la introducción que realizara para un clásico libro contra la acción internacional del comunismo titulado La estrategia del engaño escrito en 1963 por diferentes analistas políticos y economistas entre los que se encontraban Abba Lerner, Asoka Mehta, William Zartman, Ivo Duchacek y Julián Gorkin entre otros.
  • El historiador Stéphane Courtois, autor del El libro negro del comunismo, asegura que "... el comunismo real [...] puso en funcionamiento una represión sistemática, hasta llegar a erigir, en momentos de paroxismo, el terror como forma de gobierno". Usando estimaciones personales, cita un total de muertes que "... se acerca a la cifra de cien millones". El análisis detallado del total es el siguiente: 20 millones en la Unión Soviética, 65 millones en la República Popular China, 1 millón en Vietnam, 2 millones en Corea del Norte, 2 millones en Camboya, 1 millón en los regímenes comunistas de Europa oriental, 150.000 en Latinoamérica, 1,7 millones en África, 1,5 millones en Afganistán y unos 10.000 muertes provocadas por "[el] movimiento comunista internacional y partidos comunistas no situados en el poder".
  • El periodista Jean-Francois Revel escribió en su libro La gran mascarada una crítica desde una posición demoliberal a la intelectualidad de izquierda y a diferentes medios de comunicación por su actitud negacionista durante los años posteriores a la caída del Muro de Berlín. En el mismo agrega una defensa de El libro negro... ante sus posteriores ataques, y continúa las reflexiones de su libro previo El conocimiento inútil. Ambos libros pueden considerarse continuaciones del trabajo similar de Carlos Rangel en Del buen salvaje al buen revolucionario.

Revoluciones de 1989[editar]

Las revoluciones democráticas contra los estados socialistas fueron una ola de rebeliones que se desarrollaron en Europa del Este (en Polonia, Alemania Oriental, Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria y Rumania) y la China en 1989.

Declaración de Praga[editar]

Los participantes de la Conferencia de Praga: Conciencia Europea y Comunismo, celebrada en el parlamento de la República Checa, han suscrito el 3 de junio de 2008 la conocida como Declaración de Praga donde se condena al comunismo por crímenes contra la humanidad.[7] Como primer firmante figura el anfitrión Vaclav Havel, disidente y el último presidente de Checoslovaquia y el primer presidente de la República Checa.

El 18 de septiembre de 2008 el parlamento de Bulgaria suscribe la declaración.[8] El 2 de abril de 2009 el Parlamento Europeo, por 553 votos a favor, 44 en contra y 33 abstenciones asume la condena en su Resolución sobre la conciencia europea y el totalitarismo.[9]

Referencias[editar]

  1. "O. Lange & F.M. Taylor (1936): "About the Economic Theory of Socialism", dentro de Review of Economic Studies.
  2. A. Lerner (1934):"Economic Theory and Socialist Economics", en Review of Economic Studies
  3. Los países comunistas habrían matado a más de 100 millones de personas.
  4. La justicia clama en Camboya.
  5. Pierre Claude Richard & H. Weston Burns, Human rights in the world community: issues and action
  6. «Kelvin Rowley, Second Life, Second Death: The Khmer Rouge After 1978» (PDF). Consultado el 27 de julio de 2010. 
  7. Prague Declaration on European Conscience and Communism
  8. Prague Declaration - News
  9. Textos aprobados - Jueves 2 de abril de 2009 - Conciencia europea y totalitarismo - P6_TA(2009)0213

Véase también[editar]