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Corriente del Atlántico Norte

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Corrientes oceánicas mundiales, entre las que se encuentra la corriente del Atlántico Norte.

La corriente del Atlántico Norte es una potente corriente marina, continuación de la corriente del Golfo hacia el noreste.[1] Al oeste de Irlanda se divide en dos ramas, una de ellas se dirige hacia el sur mientras que la otra continúa hacia el norte paralelamente a la costa atlántica de Europa occidental, influyendo notablemente en su temperatura y clima. Otras ramas incluyen la corriente de Irminger y la corriente noruega. La corriente del Atlántico Norte está considerada como parte de la corriente del Golfo y llega hasta el océano Ártico después de atravesar el Atlántico de suroeste a noreste.

El cambio climático y en especial el calentamiento global pueden tener efectos importantes en esta corriente, ya que se cree que en un futuro esta choque con la corriente del Ártico y provoque un cambio brusco en las temperaturas de países europeos y de Norteamérica.

Historia

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A finales del siglo XVIII, los balleneros norteamericanos tenían conocimiento de una corriente marina cálida que se extendía desde el Mar Caribe hacia Europa, a la que denominaron Corriente del Golfo. Los cetáceos objeto de su caza solían concentrarse en los márgenes de esta corriente, lo que permitió a los balleneros identificar su trazado y características. Los capitanes de los buques mercantes estadounidenses, informados por los balleneros, comprobaron que navegar dentro de la corriente del Golfo en viajes con destino a Gran Bretaña reducía la duración de la travesía en un promedio de dos semanas respecto al viaje en sentido contrario.[2]

Ante el escepticismo de los navegantes británicos, los capitanes estadounidenses solicitaron una investigación a Benjamin Franklin, entonces director general de Correos de Nueva Inglaterra. Franklin, utilizando un termómetro para medir la temperatura superficial del mar, cartografió con detalle la extensión de la corriente, caracterizada por aguas más cálidas que las circundantes. En 1786, en su obra Sundry Maritime Observation, publicó el primer mapa de la misma,[3] y estableció que para la navegación con rumbo este convenía seguir el eje de la corriente, mientras que para la ruta hacia el oeste era preferible evitarla a fin de no experimentar una disminución de la velocidad. Con el tiempo las recomendaciones fueron adoptadas de manera generalizada.[2][4][5]

Función climática

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Principales corrientes superficiales del Atlántico Norte. En rojo se representan las corrientes cálidas y en azul las frías. Imagen modificada de Bartholomew, J.C. (1973). Advanced Atlas of Modern Geography. Oliver and Boyd, Edinburgh, United Kingdom, 164 pp.

La corriente del Atlántico Norte afecta a numerosas condiciones meteorológicas y climáticas, como la temperatura del aire y las precipitaciones en Europa, el nivel del mar a lo largo de la costa sureste de Estados Unidos y la actividad de huracanes en el Atlántico norte. El clima de Europa occidental depende en gran medida de este río de aguas cálidas que alcanza hasta 1 000 kilómetros de ancho. Al estar en contacto con la atmósfera terrestre, esta corriente aporta masas de aire relativamente cálido y húmedo que atenúan el clima, especialmente en invierno.[6] Por ejemplo, Madrid y Nueva York están casi en la misma latitud, pero sus climas son muy diferentes debido a las corrientes marinas.[7][8] Sin la influencia de la corriente del Atlántico Norte, las masas de aire polar dominarían la península ibérica durante el invierno, lo que provocaría olas de frío similares a las que afectan a la costa este de Estados Unidos y Canadá.[6]

Impacto del cambio climático

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El funcionamiento de la AMOC y de la corriente del Golfo es sensible a las variaciones de temperatura y salinidad. El cambio climático antropogénico está alterando estos parámetros: el calentamiento global y el aumento del deshielo en Groenlandia aportan agua dulce al Atlántico norte, reduciendo la densidad de las masas de agua superficiales y dificultando el hundimiento que impulsa la circulación de vuelco.[2] Los modelos climáticos y las observaciones recientes indican que la AMOC se ha debilitado desde mediados del siglo XX, y existe el riesgo de que continúe reduciéndose en el futuro. Un debilitamiento significativo tendría consecuencias de amplio alcance, como un enfriamiento en el Atlántico norte, un aumento acelerado del nivel del mar en la costa este de América del Norte, alteraciones en los regímenes de lluvias en Europa, África y América, y modificaciones en los ecosistemas marinos. La posibilidad de un colapso abrupto del sistema, aunque incierta, es objeto de creciente atención en la comunidad científica.[2]

Estudios científicos

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A principios de la década de 2020 diversos estudios científicos alertaron sobre un posible debilitamiento de la circulación de vuelco meridional del Atlántico (AMOC), sistema del que forma parte la corriente del Atlántico Norte. En 2023, un estudio publicado en Geophysical Research Letters[9] señaló que la corriente del Golfo a través del estrecho de Florida se había ralentizado un 4% en las últimas cuatro décadas.[6] Otra investigación publicada en Nature[10] sugirió que la AMOC podría aproximarse a un punto de colapso antes de lo previsto, incluso a partir de 2025 y probablemente hacia mediados del siglo XXI.[11]

Evolución temporal de la intensidad de la AMOC a 26°N (donde se observa) en las simulaciones del modelo en las que la AMOC se apaga.  

Entre los factores que contribuyeron a este debilitamiento se encuentra el aporte creciente de agua dulce en el Atlántico Norte, derivado del deshielo de Groenlandia, la reducción del hielo marino en el océano Ártico y el aumento de las precipitaciones en latitudes altas. Estos procesos disminuyen la salinidad y densidad del agua superficial, dificultando el hundimiento de masas de agua que impulsa esta circulación.[11] El aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero contribuye a la desestabilización del sistema, lo que podría provocar cambios significativos en el clima global. La AMOC desempeña un papel fundamental en el transporte de calor hacia el Atlántico Norte, por lo que su debilitamiento o eventual colapso tendría importantes consecuencias climáticas a escala regional y global.[11]

En 2025, una investigación publicada en Environmental Research Letters y en la que participó el Instituto Potsdam para la Investigación sobre el Impacto del Cambio Climático señaló que las proyecciones del proyecto de intercomparación de modelos acoplados (CMIP6) indicaron que la AMOC podría debilitarse hasta estados muy reducidos, con una circulación más superficial, menor formación de masa de agua profunda del Atlántico Norte y una fuerte disminución del transporte de calor hacia el norte, lo que provocaría enfriamiento en el Atlántico Norte y el noroeste de Europa.[12][13] El autor principal del artículo, Sybren Drijfhout, del Instituto Real Meteorológico de los Países Bajos, afirmó que la circulación profunda en el Atlántico Norte se debilitará de forma acusada hacia finales del siglo XXI, llegando a detenerse posteriormente en los escenarios de altas emisiones (RCP 8.5), y mostrando tendencias similares en algunos escenarios intermedios e incluso de bajas emisiones.[13]

Véase también

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Referencias

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  1. «The North Atlantic Current». oceancurrents.rsmas.miami.edu. Consultado el 4 de mayo de 2020.
  2. 1 2 3 4 Tomé, César (25 de noviembre de 2021). «Navegación y corrientes oceánicas». Cuaderno de Cultura Científica. Consultado el 30 de marzo de 2026.
  3. José Miguel Viñas. «Aportaciones de Franklin a la Meteorología». tiempo.com.
  4. CSIC - Irene Cuesta Mayor, Esteban Moreno Gómez. «Benjamin Franklin. Museo Virtual de la Ciencia del CSIC». museovirtual.csic.es. Archivado desde el original el 2 de marzo de 2026. Consultado el 30 de marzo de 2026.
  5. JSTOR, Benjamin (1 de enero de 1786). A Letter from Dr. Benjamin Franklin, to Mr. Alphonsus le Roy, Member of Several Academies, at Paris. Containing Sundry Maritime Observations. Transactions of the American Philosophical Society. Consultado el 30 de marzo de 2026.
  6. 1 2 3 PILAR, SAMUEL A. (4 de noviembre de 2023). «La corriente del Golfo se debilita, ¿qué consecuencias puede tener para Europa y España?». RTVE.es. Consultado el 30 de marzo de 2026.
  7. Isabel miranda (21 de marzo de 2021). «Los cambios en la Corriente del Golfo amenazan el clima europeo». Diario ABC. Archivado desde el original el 2 de febrero de 2025. Consultado el 30 de marzo de 2026.
  8. «Compare el clima y el tiempo en Madrid y Nueva York - Weather Spark». es.weatherspark.com. Consultado el 30 de marzo de 2026.
  9. Piecuch, Christopher G.; Beal, Lisa M. (28 de septiembre de 2023). «Robust Weakening of the Gulf Stream During the Past Four Decades Observed in the Florida Straits». Geophysical Research Letters (en inglés) 50 (18). ISSN 0094-8276. doi:10.1029/2023GL105170. Consultado el 30 de marzo de 2026.
  10. Ditlevsen, Peter; Ditlevsen, Susanne (25 de julio de 2023). «Warning of a forthcoming collapse of the Atlantic meridional overturning circulation». Nature Communications (en inglés) 14 (1): 4254. ISSN 2041-1723. doi:10.1038/s41467-023-39810-w. Consultado el 30 de marzo de 2026.
  11. 1 2 3 RTVE.es (25 de julio de 2023). «Una corriente oceánica clave para el clima mundial podría colapsar en los próximos años». RTVE.es. Consultado el 30 de marzo de 2026.
  12. Drijfhout, Sybren; Angevaare, Joran R; Mecking, Jennifer; van Westen, René M; Rahmstorf, Stefan (28 de agosto de 2025). «Shutdown of northern Atlantic overturning after 2100 following deep mixing collapse in CMIP6 projections». Environmental Research Letters 20 (9): 094062. ISSN 1748-9326. doi:10.1088/1748-9326/adfa3b. Consultado el 30 de marzo de 2026.
  13. 1 2 Parra, Sergio (1 de septiembre de 2025). «El principal sistema de corrientes del océano Atlántico podría colapsar antes de lo que pensábamos». nationalgeographic.com. Consultado el 30 de marzo de 2026.