Cornelio Saavedra

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Cornelio Judas Tadeo de Saavedra y Rodríguez
Cornelio Saavedra - 1810.jpg

Presidente de la Primera Junta de las Provincias Unidas del Río de la Plata
25 de mayo de 1810-18 de diciembre de 1810
Designado por El Cabildo de Buenos Aires
Predecesor Ninguno
Sucesor Domingo Matheu

Jefe del Regimiento de Patricios
1806-1811
Predecesor Ninguno
Sucesor Manuel Belgrano

General en Jefe del Ejército del Norte
01 de septiembre de 1810-05 de octubre de 1811
Predecesor Francisco del Rivero
Sucesor Juan José Viamonte

Escudo de la Ciudad de Buenos Aires.png
Regidor del cabildo de Buenos Aires
1797-1801

Escudo de la Ciudad de Buenos Aires.png
Alcalde de segundo voto del cabildo de Buenos Aires
1801-1805

Información personal
Nacimiento 15 de septiembre de 1759
Bandera de España Otuyo, Potosí, Virreinato del Perú
Fallecimiento 29 de marzo de 1829 (69 años)
Bandera de Argentina Buenos Aires, Provincias Unidas del Río de la Plata
Lugar de sepultura Cementerio de la Recoleta
Nacionalidad Argentina y boliviana
Partido político Ejército patriota
Educación
Alma máter
Información profesional
Ocupación Comerciante, político, militar
Rango
Firma Firma de Cornelio Saavedra.png
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Cornelio Judas Tadeo de Saavedra y Rodríguez (Otuyo, Corregimiento de Potosí Virreinato del Perú, 15 de septiembre de 1759 - Buenos Aires, Provincias Unidas del Río de la Plata, 29 de marzo de 1829) fue un militar y estadista rioplatense que tuvo una destacada participación en las Invasiones Inglesas, fue jefe del Regimiento de Patricios, intervino decisivamente en la Revolución de Mayo siendo el presidente de la triunfante Primera Junta de gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata así como también el primer presidente de la Junta Grande en la que se transformó.

Designado General en Jefe del Ejército del Norte, su partida fue aprovechada por opositores que reemplazaron a la Junta Grande por el Primer Triunvirato, destituyéndolo y cursando órdenes de arresto en su contra debiendo permanecer alejado de Buenos Aires hasta que los cargos fueron retirados en 1815.

Datos biográficos[editar]

Cornelio Saavedra nació el 15 de septiembre de 1759 en una hacienda agrícola llamada "La Fombera" ubicada sobre la orilla del río Mataca cercana al poblado de Otuyo, ubicado a mitad del camino de 180 km entre la Villa Imperial de Potosí y La Plata, dependientes del Virreinato del Perú. Según la partida de bautismo archivada en la Casa de la Moneda de Potosí, fue bautizado en el mismo lugar al día siguiente por el doctor José del Barco y Oliva, cura y vicario de la parroquia de Santa Ana de Mataca, la Vieja. Fue su madrina la india Pascuala que ofició de partera.

Sus padres fueron Santiago Felipe de Saavedra y Palma, natural de Buenos Aires, y Teresa Rodríguez de Güiraldes, oriunda de la Villa Imperial de Potosí. La familia se mudó a Buenos Aires en 1767.

El Colegio Real de San Carlos inició su actividad el 24 de febrero de 1773 con el dictado del curso anual de Lógica a cargo del presbítero Carlos José Montero. Entre los primeros 18 alumnos de esta institución de nivel secundario estaba Cornelio Saavedra con 14 años de edad. Para ingresar se debía aprobar un examen previo de gramática latina, condición indispensable para el estudio de la filosofía. En años sucesivos aprobó Física y Metafísica. Terminado el curso de Filosofía, en 1776, figuró con los alumnos del primer año de Teología recibiéndose de licenciado en este saber en 1779. Sin embargo, no pudo continuar con los estudios universitarios porque debió dedicarse a la administración de los bienes familiares.

Su familia pertenecía, por su capacidad económica y prestigio, a la elite que dominaba el Cabildo de Buenos Aires. El 17 de abril de 1788, Cornelio Saavedra se casó —con la correspondiente dispensa eclesiástica debido al impedimento del segundo grado lateral de consanguinidad— con su prima hermana María Francisca Cabrera y Saavedra que había enviudado dos años antes heredando la fortuna de su esposo Mateo Ramón Álzaga y Sobrado próspero comerciante y Teniente del Correo Mayor. Este tipo de matrimonio homogámico era una de las formas de reproducción, refuerzo y mantenimiento de esa elite capitular. En el acta matrimonial que figura en la catedral de Buenos Aires consta que los padres de ambos contrayentes eran regidores.[1]

En 1798 falleció su esposa con la cual tuvo tres hijos y en 1801 se volvió a casar con María Saturnina Bárbara Otárola del Ribero hija del coronel José Antonio Gregorio de Otárola y Larrazábal y Josefa del Ribero y Cossio. El padre era regidor del Cabildo de Buenos Aires y uno de los más ricos comerciantes del territorio.

Funciones capitulares[editar]

En 1797, un año antes del fallecimiento de su primera esposa, comenzó su carrera en el Cabildo de Buenos Aires, donde asumirá distintos cargos administrativos. Como miembro de la importante familia de los "Aoiz", la secuencia cronológica de los cargos desempeñados muestra el no cumplimiento de las normas vigentes sobre plazos, típica de la estrategia de esa familia (y otras), en contraposición, por ejemplo, con la familia "Belgrano" que las cumplía.

En 1797 fue nombrado regidor cuarto del Cabildo. Al año siguiente fue regidor tercero con el anexo de Defensor General de Menores. Esta función estaba vinculada con la promoción en todas las causas de menores lo que requería el auxilio de un agente y un abogado que, según los casos y el periodo, debía solventar el regidor. Además de este costo económico, el cargo exigía mucho trabajo y se elegían sujetos "de distinción y probidad", y sobre todo honestidad, dado que debían custodiar y mantener los bienes de los menores ricos. Normalmente el dinero de estos se prestaba al propio cabildo que abonaba un interés por el uso de los fondos. En 1798, por orden del cabildo, tuvo que reemplazar transitoriamente al regidor Francisco Antonio Beláustegui.

En su gestión se preocupó por la suba del precio del ganado proponiendo una serie de medidas de control contra los abusos de la intermediación entre el matarife y el consumidor. En cuanto a la prohibición de la exportación de trigo propuesta ese año por el Fiel Ejecutor adujo que el comercio, reducido solamente al abastecimiento local, limitaba la expansión de la producción agrícola. (AGN, IX, 20.32)

En la reunión del Cabildo del primero de enero de 1799, Cornelio Saavedra fue nombrado Síndico Procurador General, es decir, defensor de los derechos de los habitantes de la ciudad.

En Buenos Aires, en la época tardocolonial, el intento de establecer gremios tenía antiguos antecedentes. En el último tercio del siglo XVIII, pulperos, panaderos, plateros y zapateros intentaron conformar asociaciones gremiales que no pudieron concretarse. A fines de julio de 1780, el virrey Vértíz, ordenó la agremiación de artistas y oficiales mecánicos sin tener éxito. En 1788, los maestros zapateros, basándose en el estado ruinoso del oficio debido a la falta de oficiales y capataces idóneos, lo que permitía que "simples remendones" instalen talleres y ofrezcan al público "sus engendros", propusieron la constitución de un gremio que fiscalizara el adiestramiento de aprendices durante cuatro años más dos años de desempeño como oficiales y recién después de un examen de rigor otorgarles el rango de maestro en el arte. En 1793 el Rey no aprobó las nuevas Ordenanzas que en la materia había enviado el cabildo de Buenos Aires. Ínterin los pardos y morenos solicitaron constituir su propio gremio de zapateros con el objetivo de segmentar la producción y la clientela separándose de los españoles. En 1795, el Rey ordenó que el virrey se expida con el voto de la Audiencia, la cual se mostró favorable a la agremiación separada de los morenos. Luego de largas tramitaciones, el expediente pasó en vista a Cornelio Saavedra en su calidad de Síndico Procurador del Cabildo quien el 20 de mayo de 1799 firmó un extenso dictamen donde justificó su voto negativo. El Dictamen "hirió de muerte a los gremios":

Todos sabemos que el Autor de la Naturaleza impuso al hombre la obligación de vivir con el sudor de su rostro; y así este derecho de trabajar, es el título más sagrado e imprescriptible que conoce el género humano; persuadirse que necesita el permiso de un gremio, para no ser gravoso a la sociedad, para no ser ocioso, para ganar de comer, es un delirio; decir que la Suprema Potestad, que es el Príncipe, es el que debe vender el derecho de trabajar es una monstruosidad; así el Poder Soberano debe asegurar a todos los Ciudadanos el goce pleno de semejante prerrogativa”.


Cornelio Saavedra, Dictamen, 20 de mayo de 1799 en (Levene, 1962, p. 361 y siguientes)

El Cabildo se adhirió al voto del Sindico Procurador basado en este nuevo supuesto de la libertad del trabajo y negó lo solicitado.

El historiador Ricardo Levene concluyó que el Dictamen era una "página admirable" de "este ilustre patricio" [Saavedra] digna de "figurar, por la inspiración liberal de sus ideas y espíritu democrático que le anima, entre los escritos anunciadores de la Revolución" la que tuvo amplia aceptación.[2] Alfredo L. Palacios consideró que esa afirmación de Levene era una "evidente exageración".[3] Otro historiador, Enrique M. Barba, que estudió específicamente el documento de Saavedra, lo definió como "el alegato más brillante y conceptuoso que se conoce en el Río de la Plata".[4] Sin embargo, análisis exhaustivos posteriores demostraron que el Dictamen fue redactado por el doctor Feliciano Antonio Chiclana, compañero de estudios en el Colegio de San Carlos y posterior patrón de Saavedra en el prestigioso bufete de abogados de su familia donde Saavedra trabajaba de escribiente y a quien pretendió exceptuarlo del servicio militar, privilegio del que gozaban los abogados y sus empleados. Se determinó también que Chiclana se había inspirado en Jovellanos y había plagiado al intelectual vasco Valentín de Foronda y que este había tenido por fuente los textos del Edicto de Luis XVI de Francia sobre supresión de gremios redactado por Turgot en febrero de 1776.

En 1801 fue elegido como alcalde de segundo voto.

Desde 1803 hasta 1805, debido a que las cosechas de trigo no cubrían el consumo, el precio de la harina en Buenos Aires se triplicó. Influyó no solo la escasez sino la especulación de los acaparadores y el contrabando. En 1804, el cabildo prohibió la exportación de harina y trigo y creó dos mercados destinados a la venta del cereal.

A comienzos de 1805 decidió comprar y almacenar trigo para crear un stock de intervención para controlar el precio del pan. A mediados de marzo no se había comprado una libra de trigo por lo que el cabildo decidió crear un Administrador de granos y designó a Cornelio Saavedra en esa función. Saavedra analizó los stock disponibles en plaza y los precios. Pidió información sobre el estado de escasez en las provincias de Santiago del Estero, Córdoba, Mendoza y Montevideo. Buscó depósitos donde guardar el stock de intervención y solicitó un empleado bien pago para que se encargue de la custodia. Finalmente realizó la compra a Benito de Olazábal, rematador de diezmos, a nueve pesos la fanega, rechazando ofertas más caras. El cabildo no aprobó una propuesta de importar harina desde Baltimore. A estas medidas de sumaron otras: las multas y confiscaciones a los que contrabandeaban trigo desde el Rincón de Zárate rumbo a la banda oriental; la provisión de granos a los agricultores para sementera y la formación de un equipo de alcaldes y regidores para llevar adelante estos objetivos. Esta misión finalizó en 1807 con el mejoramiento de las cosechas.

Comandante del Regimiento de Patricios[editar]

Cuadro de Cornelio Saavedra.

En 1806 se produjo la primera de las Invasiones Inglesas a Buenos Aires, que fue expulsada en el mes de agosto.

Como la flota inglesa seguía bloqueando el Río de la Plata y era previsible una nueva invasión, el 6 de septiembre de 1806 Santiago de Liniers y el Cabildo invitaron a los vecinos para que formaran batallones de milicias, según arma y origen de nacimiento. El nuevo Cuerpo de Patricios, integrado por voluntarios de infantería nacidos en Buenos Aires, fue el más numeroso pues tenía tres batallones. Cada unidad podía elegir "a pluralidad de votos" a su comandante y oficiales. Esta "democracia militar", según expresión del historiador Zorraquin Becú, no estuvo exenta de dificultades en el caso de la elección de Cornelio Saavedra convocada en el Consulado. Existieron otros postulantes, que para Belgrano eran "hombres de nada" que aspiraban a ese cargo y que, gracias a su "oportuna" intervención en el recuento de votos, impidió que "dos hombres obscuros" se pusieran a la cabeza del regimiento. Finalmente la elección recayó en Saavedra y el comerciante Esteban Romero, dos hombres que para Belgrano tenían "algún viso" para el cargo. Pero aun así los oponentes se mantuvieron y fue necesaria una segunda convocatoria al día siguiente en el patio de la fortaleza para "vencerlos", esta vez con la presencia del propio Liniers que acompañado nuevamente por Belgrano recorrieron las filas de los soldados verificando que estos confirmaran por aclamación el nombre de los dos elegidos. Sobre esta base Bartolomé Mitre afirmó que gracias a la presencia de Belgrano fue elegido Saavedra como comandante del regimiento. En un oficio del 14 de octubre de 1807, dirigido a Bernardo de Velasco, gobernador del Paraguay que había venido a Buenos Aires para desempeñarse como subinspector general, Saavedra le manifestó que su designación fue por aclamación de "sus paisanos" no solo en la casa consular sino también en la fortaleza en presencia de Liniers. En ninguno de los dos casos mencionó a Belgrano.

Así Cornelio Saavedra fue elegido como comandante pese a que no era militar de profesión, vocación ni estudio. Primaron su estatus de miembro de la elite capitular, por ser nieto y bisnieto de capitanes, por los vínculos familiares a través de su nuevo suegro, el coronel de los Reales Ejércitos y regidor José Antonio de Otárola y Larrazabal y su capacidad organizativa. El 8 de octubre de 1806, Sobremonte le otorgó el grado de teniente coronel.[5] Tenía entonces 47 años. Era habitual en el periodo tardocolonial que los miembros de la elite capitular intentaran ocupar otros espacios de poder como ser el Consulado, la Audiencia y las altas jerarquías milicianas. En este sentido debe entenderse el comentario que al respecto hizo el virrey Sobremonte al Rey: " de pocos tiempos a esta parte [el ayuntamiento] aspira a extender [sus atribuciones] más allá de lo regular con una animosidad extraordinaria". (AGI, Buenos Aires, 14 de julio de 1804).

Segunda invasión inglesa[editar]

El 23 de enero de 1807, el cabildo y la audiencia de Buenos Aires decidieron enviar una fuerza militar en auxilio de Montevideo. Al día siguiente, una columna avanzada al mando del coronel Pedro de Arze [Arce], acompañado por Antonio González Balcarce e Hilarión de la Quintana y unos 500 hombres, fueron transportados por el capitán Juan Ángel Michelena hasta Colonia. Esta columna ingresó a Montevideo el día anterior a la catástrofe y tras la derrota fueron capturados Arze y Balcarce y todos los que no pudieron escapar.

El 29 de enero partió Santiago de Liniers al mando de una segunda columna con 1500 hombres de los cuales 500 eran del regimiento Patricios al mando de Cornelio Saavedra. Estas fuerzas desembarcan a unos 35 km de Colonia y quedaron inmovilizadas al no recibir el apoyo logístico prometido por el virrey Sobremonte. Cuando Liniers se enteró de lo que había ocurrido con la columna de Arze dejó el mando de sus tropas a Prudencio Murguiondo, volvió a Buenos Aires presentándose ante el cabildo, a última hora del 4 de febrero de 1807, e informó la caída de Montevideo y lo sucedido a Arce. Saavedra, que había quedado en Colonia, solicitó el envío de buques de mayor capacidad para reembarcar a su tropa, la artillería y a civiles y soldados que habían huido de Montevideo. Cabe acotar que en esa ocasión los milicianos del regimiento Patricios se negaron a cargar la artillería en los barcos. Saavedra tuvo que recurrir a una medida que en nada se condecía con un cuerpo militar jerarquizado: les ofreció 4 reales diarios para "incitarlos" a llevar a cabo la tarea, suma que pediría a la Junta de Guerra. Los soldados le recordaron permanentemente dicho pago e incluso llevaron las quejas por arriba de Saavedra asumiendo que este lo había omitido. Saavedra también observó el deterioro de las vestimentas al realizar esas tareas, vestimentas que él había pagado en gran parte de su propio peculio y que más tarde le traerían complicaciones económicas y financieras personales. El 8 de febrero abandonó Colonia con todo el armamento y pertrechos que había en dicha plaza y que podían servir para la defensa de Buenos Aires. Esta retirada motivó el único auto elogio que anotó en las Memorias por su actuación "al servicio de la patria" en este periodo. El teniente coronel inglés Denis Pack ocupó Colonia el 5 de marzo de 1807

Poco después se produjo la segunda invasión a Buenos Aires; el ejército invasor contaba con 8000 soldados y 18 cañones,[6] lo cual superaba ampliamente a los 1565 hombres, 6 cañones y 2 obuses utilizados para la primera invasión.[7] El 5 de julio, dos días después del resultado favorable obtenido en el combate de Miserere los invasores ingresaron a Buenos Aires. Encontraron una ciudad ampliamente preparada para resistirlos, al punto de que incluso las mujeres, los niños y los esclavos participaban de la defensa.[8] Dos días después el general inglés John Whitelocke accedió a rendirse, deteniendo el ataque y retirando las fuerzas inglesas de Montevideo.

Luego de la exitosa resistencia contra la ocupación, las relaciones entre los habitantes de Buenos Aires se vieron modificadas. Hasta entonces los criollos, los españoles nacidos en América, siempre habían sido relegados en la toma de decisiones y las disputas de poder. Con la creación de las milicias criollas y el hecho de que la victoria se alcanzara en ambos casos sin intervención militar de la metrópoli, comenzaron a manifestarse sectores que, en distintos grados, abogaban por modificar la situación establecida y tener una mayor presencia e influencia en el gobierno.[9] Saavedra fue una de las figuras claves de dicha situación, ya que comandaba al regimiento más numeroso y su postura era entonces decisiva en las disputas. Desde 1808 participó en la reuniones de la Sociedad de los Siete en la jabonería de Hipólito Vieytes y en la casa de Nicolás Rodríguez Peña, en donde se discutían los pasos a seguir para alcanzar sus objetivos. Saavedra se destacó por un enfoque más prudente y calculador respecto de las medidas para llevar adelante la revolución, que contrastaba con el apasionamiento de Juan José Castelli o Mariano Moreno.[10]

El motín de Álzaga[editar]

Santiago de Liniers, el virrey del Río de la Plata defendido con éxito por Cornelio Saavedra.

El 1 de enero de 1809, el alcalde Martín de Álzaga se dirigió al cabildo de la ciudad en un intento por deponer al virrey Liniers, usando su nacionalidad francesa como pretexto para acusarlo de complotar con Francia. Dicho país se encontraba en guerra con España por ese entonces, en los conflictos conocidos como Guerras Napoleónicas. Los movimientos de Álzaga eran respaldados por el gobernador de Montevideo, Francisco Javier de Elío, que por las razones citadas había desconocido la legitimidad de Liniers y formado una junta de gobierno en dicha ciudad. Su idea era deponer al virrey y que una junta de gobierno asumiera el control del virreinato, a imitación de las Juntas que reemplazaban en España la autoridad del rey Fernando VII, prisionero del emperador Napoleón Bonaparte. Los sublevados tomaron el Cabildo y exigieron la renuncia de virrey, rodeando también la actual Plaza de Mayo. Llegaron a lograr la renuncia del virrey. Pero Saavedra reaccionó rápidamente y logró desbaratar el intento.

Dicha asonada no tenía motivaciones independentistas, y estaba dirigida principalmente por españoles peninsulares.[11] Sus principales impulsores fueron desterrados a Carmen de Patagones. Unos meses más tarde, para detener las disputas, la Junta de Sevilla resolvió que Liniers fuera reemplazado por Baltasar Hidalgo de Cisneros.

Después del fracaso de la asonada de Álzaga, Saavedra quedó transformado en árbitro de la política local. Los revolucionarios lo buscaban para que apoyase sus movimientos, pero él les respondía "Paisanos y señores, aún no es tiempo; dejen que las brevas maduren y entonces las comeremos".

Durante la crisis de mediados de 1809, por el reemplazo del virrey Liniers, tuvo algunos contactos con el carlotismo, es decir, la tendencia que pretendía entronizar en el Río de la Plata a la princesa Carlota Joaquina de Borbón como paso previo a la independencia de España. No obstante, el apoyo de Elío y de Liniers al nuevo virrey, Baltasar Hidalgo de Cisneros, le dejó en claro que "aún no era tiempo". De modo que, tras una carta de apoyo a la princesa, que no tuvo consecuencia alguna, se negó a secundar a sus partidarios en esa política.

Saavedra calculaba como inevitable que España cayera ante las fuerzas de Napoleón Bonaparte y consideraba que el momento más propicio para ejecutar un movimiento revolucionario sería cuando llegaran las noticias de la victoria napoleónica:

"Se hicieron varias reuniones, se hablaba con calor de estos proyectos y se quería atropellar por todo. Yo, siempre, fui opositor a estas ideas. Toda mi resolución o dictamen era decirles: "Paisanos y señores, aún no es tiempo; (...) dejen que las brevas maduren y entonces las comeremos". A la verdad, quién era en aquel tiempo el que no juzgase que Napoleón triunfaría y realizaría sus planes con la España? Esto era lo que yo esperaba muy en breve, la oportunidad o tiempo que creía conveniente para dar el grito de libertad en esas partes. Esta era la breva que decía era útil para esperar que madurase.


Memoria Autógrafa (Saavedra, 1944, p. 41)

La Revolución de Mayo[editar]

En mayo de 1810 llegó a Buenos Aires la noticia de la caída de toda España en manos francesas, excepto en Cádiz, donde se había formado un Consejo de Regencia que reemplazaba a la Junta Suprema de Sevilla. Dicha noticia desencadenó el proceso revolucionario conocido como Revolución de Mayo. La dirección del proceso estuvo en manos de un grupo secreto integrado por Manuel Belgrano, Juan José Paso, Juan José Castelli, Nicolás Rodríguez Peña Mariano Moreno e Hipólito Vieytes, entre otros. Éstos necesitaban el apoyo de Coornelio Saavedra y los demás jefes militares para actuar, ya que sin ellos no habrían tenido el poder para enfrentarse al virrey.

Años más tarde, en carta a Juan José Viamonte, le diría:

"Es verdad que Peña, Vieytes y otros querían de antemano hacer la revolución, esto es, desde el 1ro de enero de 1809, y que yo me opuse porque no consideraba tiempo oportuno. Es verdad que ellos y otros, incluso Castelli, hablaron de esto antes que yo, pero también lo es que a dar la cara en lo público, aún cuando yo les decía que lo hiciesen, y que yo aseguraba no hacer oposición a nada. En sus tertulias trataban, trazaban planes y disponían; mas personarse para realizar lo mismo que aconsejaban o querían, ¿quién lo hizo? ¿Se acuerda Ud. que mis respuestas fueron siempre: No es tiempo, y lo que se hace fuera de él no sale bien?"


Saavedra a Viamonte en (Marfany, 1958, p. 41)

En sus Memorias Saavedra recordó aquellos sucesos:

"Cisneros, el 18 de mayo del año 1810 anunció al público por su proclama, que sólo Cádiz y la isla de León se hallaban libres del yugo de Napoleón. Yo me hallaba ese día en el pueblo de San Isidro; don Juan José Viamonte, sargento mayor que era de mi cuerpo, me escribió diciendo era preciso regresase a la ciudad sin demora, porque había novedades; en consecuencia, así lo ejecuté. Cuando me presenté en su casa, encontré en ella una porción de oficiales y otros paisanos, cuyo saludo fue preguntándome: ‘¿Aún dirá usted que no es tiempo? [...]. Entonces me pusieron en las manos la proclama de aquel día. Luego que la leí, les dije: ‘Señores, ahora digo que no es sólo tiempo, sino que no se debe perder una sola hora’.


Memoria autógrafa en (Saavedra, 1944, p. 42)
En el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810 se impuso la postura de Saavedra.

Cisneros citó a Saavedra y a Martín Rodríguez el 20 de mayo y les exigió apoyo en contra de una posible insurrección. Ambos se negaron, y Saavedra argumentó a Cisneros que debía renunciar ya que la Junta de Sevilla que lo había nombrado ya no existía. Ante la situación, Cisneros aceptó permitir la realización de un Cabildo Abierto, que le había sido exigido por Castelli y Rodríguez el día anterior.

Al día siguiente una multitud armada, encabezada por Domingo French y Antonio Beruti, ocupó la Plaza de Mayo exigiendo la realización del Cabildo Abierto, ya que dudaban de que Cisneros lo realizara. Saavedra desconcentró a la multitud asegurándoles que el Regimiento de Patricios respaldaba sus reclamos.

El 22 de mayo se celebró un Cabildo Abierto, en el cual se manifestaron diversas posturas respecto de la legitimidad y autoridad del virrey o su ausencia, y en consecuencia si éste debía permanecer en el cargo. Saavedra se mantuvo en silencio durante la mayor parte, mientras esperaba su turno para hablar. Entre otros, los oradores más importantes fueron el obispo Benito Lué y Riega, Juan José Castelli, Pascual Ruiz Huidobro, Manuel Genaro Villota, Juan José Paso y Juan Nepomuceno Sola. Saavedra fue el último en hablar, proponiendo que el mando se delegase en el Cabildo hasta la formación de una junta de gobierno, en el modo y forma que el cabildo estimara conveniente. Hizo resaltar la frase de que

"(...) y no quede duda de que es el pueblo el que confiere la autoridad o mando".

Al realizarse la votación, la postura de Castelli se acopló a la suya, y dicha postura conjunta fue la que finalmente se impuso con 87 votos.[12]

El cabildo nombró una junta presidida por Cisneros, con cuatro vocales, dos españoles y dos criollos. Éstos últimos eran Castelli y Saavedra. En principio juraron el cargo, pero ante la presión de Belgrano y su grupo y la agitación del pueblo y las milicias, renunciaron esa misma noche. La maniobra de nombrar una junta presidida por Cisneros era considerada contraria a la voluntad del cabildo abierto.[13] El día siguiente, 25 de mayo, a pesar de la enérgica resistencia del síndico Julián de Leyva, el cabildo fue forzado a aceptar una nueva lista, formada por un acuerdo entre partidarios de Saavedra, Belgrano y Álzaga, en que cada sector aportaba tres miembros. El presidente de la Primera Junta de gobierno resultante fue Cornelio Saavedra. Su nombre oficial fue Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata a nombre del Sr. D. Fernando VII.

La Primera Junta[editar]

El papel de Cornelio Saavedra como presidente de la Primera Junta fue de mediador, más que de impulsor de las políticas revolucionarias. Este último papel fue cumplido por Juan José Castelli y el secretario de gobierno Mariano Moreno.

Moreno y Saavedra se transformaron en los principales referentes de la disputa interna que tuvo lugar sobre las distintas visiones sobre el significado de la Revolución de Mayo. Los morenistas aspiraban a generar cambios profundos en la sociedad, mientras que los saavedristas buscaron sólo la llegada de los criollos al poder pero manteniendo la continuidad del ordenamiento social del virreinato, del cual se consideraban sus herederos.[14]

Moreno pensó en disminuir la influencia de Saavedra, y para ello se creó un nuevo regimiento de milicias, cuyos oficiales eran adictos a Moreno y su grupo: el regimiento América, cuyos jefes eran French y Beruti. Esto debilitaba la posición de los jefes militares, entre ellos Saavedra.

Poco después de la Revolución de Mayo el ex virrey Santiago de Liniers comenzó a organizar una ofensiva contrarrevolucionaria desde la ciudad de Córdoba, la cual fue rápidamente derrotada por Francisco Ortiz de Ocampo e Hipólito Vieytes. Éstos, sin embargo, no quisieron ejecutar a Liniers ya que Ocampo había luchado junto a él durante las Invasiones Inglesas, y en lugar de ello mandaron prisioneros a todos los cabecillas a Buenos Aires. Cornelio Saavedra firmó la orden de matar con arcabuz a todos, al igual que toda la Primera Junta, con la excepción de Manuel Alberti que se excusó por su condición de sacerdote.

Durante un banquete militar en festejo por la victoria en la batalla de Suipacha, Moreno pasó por la puerta del cuartel y el centinela no lo dejó entrar ya que no lo reconoció, lo cual ofendió mucho al secretario. Esa misma noche, el oficial Atanasio Duarte, en un alto estado de ebriedad, ofreció a Saavedra una corona de azúcar y brindó "por el primer rey y emperador de América, don Cornelio Saavedra". Al día siguiente, cuando le contaron dicho incidente, Moreno lanzó el Decreto de Supresión de Honores, por el cual se suprimían los privilegios reservados para el presidente de la Junta que solían corresponder al virrey, y se castigaba al oficial bajo el argumento de que "Un habitante de Buenos Aires ni ebrio ni dormido debe tener expresiones contra la libertad de su país". A pesar de que el decreto le quitaba privilegios, Saavedra lo firmó sin comentarios.Harvnp|Pigna|2007|p=323-324}} El 27 de mayo se había enviado una circular para invitar a las ciudades del virreinato a enviar diputados para que se incorporasen a la Junta. Éstos fueron llegando hacia fines de año, pero el saavedrismo procuró que las provincias enviaran representantes afines a su línea partidaria y sumarlos a la Junta, dejando al morenismo en franca minoría. La maniobra apuntaba también a postergar indefinidamente la formación de una asamblea constituyente que redactara una constitución.[15] Moreno veía en los dirigentes de las provincias un obstáculo para la independencia. El 18 de diciembre, los diputados del interior y los vocales de la Primera Junta y el Cabildo votaron en una reunión conjunta si debía o no incorporárselos. Los diputados votaron por la incorporación. Saavedra votó a favor, declarando que "la incorporación no era según derecho, pero accedía por conveniencia pública".[16] Paso y Moreno fueron los únicos en votar en contra, y perdieron. Moreno renunció y se hizo dar una representación diplomática en Inglaterra, camino a la cual murió en alta mar debido a recibir dosis letales de un poderoso purgante por parte del capitán. Algunos historiadores como Felipe Pigna sostienen que se trató de un asesinato orquestado por Saavedra, mientras que otros como Gisela Aguirre consideran que la meta de Saavedra se limitaba a alejar a Moreno de Buenos Aires, y que la muerte de Moreno se debió simplemente a una negligencia del capitán.[17] [18] Al enterarse de la muerte de Moreno en altamar, Saavedra pronunció la frase:

Hacía falta tanta agua para apagar tanto fuego....

La Junta Grande[editar]

Con los nuevos diputados y los antiguos vocales de la Primera Junta se formó la Junta Grande, de la cual Cornelio Saavedra fue también su presidente. Sus miembros cambiaron el estilo de gobierno: deliberaron cuidadosamente cada medida y bajaron el tono extremista que había prevalecido hasta entonces.

Tras algunos meses de relativa calma interna, algunos diputados del interior se unieron a las corrientes morenistas, y surgió la Sociedad Patriótica. La misma era dirigida por Bernardo de Monteagudo, de tendencias ideológicas similares. Planearon desplazar a Saavedra y al deán Gregorio Funes por medio de una revolución dirigida por el regimiento de French, pero fueron delatados.

En respuesta, el 5 y 6 de abril se movilizaron los partidarios de Saavedra, dirigidos por el abogado Joaquín Campana, por medio de una gran manifestación de habitantes de los alrededores de la ciudad, conocidos como "orilleros", liderados por el alcalde Tomás Grigera. En la revolución del 5 y 6 de abril de 1811 fueron obligados a renunciar Vieytes, Rodríguez Peña, Miguel de Azcuénaga, y Juan Larrea. En su lugar se incorporaron Campana como secretario de gobierno, Juan Alagón, Atanasio Gutiérrez y Feliciano Chiclana —aunque éste último renunció al cargo— y otros. Los depuestos, junto con French y Beruti, fueron expulsados de la ciudad.

Todo el poder pasó al partido de Saavedra, pero esto no mejoró mucho la situación. La Sociedad Patriótica seguía atacando al gobierno, y la situación militar comenzó a mostrar sus límites: la Expedición de Belgrano al Paraguay terminó en un desastre, la ciudad de Montevideo se negó a reconocer la autoridad de la Junta y comenzó a atacar por el río a Buenos Aires, llegando a destruir una flotilla patriota, y a mediados de año llegó la noticia del desastre en el frente norte, en la batalla de Huaqui, que significó la pérdida de todo el Alto Perú.

Para levantar la moral del Ejército del Norte, Saavedra decidió ponerse al mando del mismo. Se trasladó hacia las provincias de arriba, dejando como presidente de la Junta Grande a Domingo Matheu. Ésta negoció con Montevideo, y comenzó a enfrentar serios conflictos internos. El puerto de Buenos Aires fue bloqueado por los realistas, que incluso intentaron bombardear la ciudad, aunque sin éxito.

Caída y persecución[editar]

La partida de Cornelio Saavedra para hacerse cargo del Ejército del Norte fortaleció a los morenistas, que convencieron al cabildo porteño de que se debía organizar un ejecutivo fuerte. Por eso formaron un nuevo gobierno de tres miembros conocido como Primer Triunvirato, que sería asesorado por la Junta Conservadora de los Derechos de Nuestro Amado Fernando VII, formada por los miembros de la disuelta Junta Grande. Además de ésta, se anularon también las juntas provinciales.

A sólo 8 días de su llegada a Salta, Saavedra recibió la comunicación de que había sido separado de la Junta y que debía dejar el mando del Ejército a Juan Martín de Pueyrredón. Semanas más tarde, la Junta fue disuelta por el Triunvirato, completando el proceso por el que todo el poder era asumido por la ciudad de Buenos Aires.

El Regimiento de Patricios se sublevó el 6 de diciembre de 1811, reclamando el regreso de Saavedra y la renuncia de Belgrano, en el llamado Motín de las Trenzas. El cuartel fue rodeado y los intentos de negociación fueron infructuosos, ya que los Patricios no abandonaban sus demandas. La protesta degeneró en combate, en la que los rebeldes fueron derrotados; diez de ellos fueron ejecutados, y los demás fueron obligados a servir a la fuerza por diez años.

El Primer Triunvirato ordenó a Saavedra trasladarse a la ciudad de San Juan gobernada en ese entonces por Saturnino Sarassa, de donde pasó a Mendoza. Varias veces se cursaron órdenes de prisión en su contra, pero no llegó a estar nunca preso.

Cuando el Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata Gervasio Antonio de Posadas —uno de los desterrados de abril de 1811— ordenó su arresto en junio de 1814, huyó a la ciudad chilena de La Serena y luego a Santiago de Chile junto a su hijo Agustín, de 10 años de edad.

Ante la proximidad del ejército realista, por pedido de su esposa doña Saturnina Otárola, el gobernador de Cuyo, José de San Martín, le concedió asilo político en San Juan. En marzo del año siguiente fue llevado escoltado a Buenos Aires por orden del nuevo Director Supremo Carlos María de Alvear, pero tras la revolución del 15 de abril de 1815, el Cabildo lo indultó provisoriamente y le regresó su cargo militar. El nuevo Director Supremo, Ignacio Álvarez Thomas, lo conminó a abandonar la ciudad de Buenos Aires y le fijó domicilio en la estancia de su hermano cerca de la ciudad de Arrecifes, con la excusa de ahorrarle el riesgo de sufrir represalias.

Rehabilitación y últimos años[editar]

Cornelio Saavedra fue rehabilitado en diciembre de 1818, por orden de una comisión especial ordenada por el Director Supremo Pueyrredón, con acuerdo del Congreso Constituyente. Se le otorgó el rango de brigadier general de los ejércitos de la Nación con retroactividad a 1811, y más adelante el de Jefe de Estado Mayor. Al año siguiente asumió el cargo de comandante de campaña, con sede en Luján. Su misión era ejercer la policía de campaña, defender la frontera contra el indio, y auxiliar al ejército que estaba invadiendo Santa Fe. Logró concretar algunos acuerdos de paz con los ranqueles, que resultaron poco duraderos.

En 1820 apoyó el efímero gobierno de Juan Ramón Balcarce como ministro de guerra, y tras su fracaso se exilió en Montevideo como consecuencia de la Anarquía del Año XX.

Regresó a Buenos Aires en octubre de 1821 luego que la Sala de Representantes de la provincia de Buenos Aires sancionara, a propuesta de nuevo gobernador, el general Martín Rodríguez y de su ministro Bernardino Rivadavia, la Ley del Olvido, fechada el 27 de septiembre de 1821, que autorizó el retorno de los exiliados por cuestiones políticas.

Se instaló en una estancia en el norte de la provincia. Allí escribió su autobiografía Memoria autógrafa, dedicada a sus hijos, en que explicaba los hechos en que le tocó actuar desde su punto de vista.[19]

En 1822 quedó comprendido en las disposiciones de la Ley de Reforma militar, por lo que llegó su retiro definitivo del ejército, con sueldo completo.

Cuando las Provincias Unidas del Río de la Plata se enfrentaron contra el Imperio del Brasil en la guerra del Brasil ofreció sus servicios, que fueron gentilmente rechazados debido a su avanzada edad por el ministro de guerra, Marcos Balcarce.

Fallecimiento[editar]

Monumento fúnebre de Cornelio Saavedra, en el cementerio de la Recoleta.

Cornelio Saavedra falleció en Buenos Aires a las ocho de la noche del domingo 29 de marzo de 1829. El gobernador Juan José Viamonte ordenó el traslado de sus restos al cementerio del Norte [Recoleta] de la ciudad de Buenos Aires. El 16 de diciembre de 1829, ocho días después de asumir el gobierno, Juan Manuel de Rosas conjuntamente con Tomás Guido firmaron un decreto por el que se creaba un monumento en dicho cementerio y se depositaba la Memoria autógrafa en la Biblioteca Pública. En los considerandos de este decreto se expresó que:

El primer comandante de Patricios, el primer presidente de un gobierno patrio, pudo sólo quedar olvidado en su fallecimiento por las circunstancias calamitosas en que el país se hallaba; pero después que ellas han terminado, sería una ingratitud negar al ciudadano tan eminente el tributo de honor debido a su mérito y a una vida ilustrada con tantas virtudes que supo consagrar entera al servicio de la patria.


Decreto Rosas-Guido en (Pacheco, 1984, p. 19)

Descendencia[editar]

Entre los descendientes históricamente relevantes de Cornelio Saavedra se cuentan su hijo, Mariano Saavedra, que fue dos veces gobernador de la Provincia de Buenos Aires entre 1862 y 1865, su nieto Cornelio Saavedra Rodríguez, militar chileno a cargo de la Ocupación de la Araucanía, y su bisnieto Carlos Saavedra Lamas, político, diplomático y jurista argentino, galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1936.

Un descendiente de su hermano Luis Gonzaga, Luis Ibáñez Saavedra, fue padre de Matilde Ibáñez Tálice, Primera Dama de Uruguay al ser esposa del presidente Luis Batlle Berres (1947-1951); por su parte, su hijo Jorge Batlle Ibáñez también fue presidente de Uruguay (2000-2005).[20]

Homenajes[editar]

Busto de Cornelio Saavedra en la Casa Rosada.

En recuerdo a Cornelio Saavedra, varios distritos administrativos llevan su nombre en Argentina y en Bolivia. Entre ellos se encuentran la Provincia de Cornelio Saavedra en el Departamento de Potosí, Bolivia, y el Barrio de Saavedra en la Ciudad de Buenos Aires y el Municipio de Saavedra de la Provincia de Buenos Aires, ambos en Argentina.

Asimismo, en la ciudad de Buenos Aires funciona el Museo Histórico de Buenos Aires Cornelio de Saavedra. Ocupa las instalaciones de la vieja casa de Luis María Saavedra, sobrino de Cornelio. Fue inaugurado el 6 de octubre de 1921 y en sus salas se exhiben objetos de la vida cotidiana durante el siglo XIX, tales como instrumentos musicales, armas, platería, cristalería, vestimenta, etc.

Notas[editar]

  1. Jáuregui Rueda, 1989, p. 112.
  2. Levene, 1962, p. 373.
  3. Palacios, 1919, p. 166.
  4. Barba, 1944, p. 108.
  5. Palombo, 2007, p. 88.
  6. Abad de Santillán, 1965, p. 366.
  7. Abad de Santillán, 1965, p. 354.
  8. Abad de Santillán, 1965, p. 367.
  9. Romero, 2004, p. 43.
  10. Aguirre, 1999, p. s/d.
  11. Aguirre, 1999, p. 23-24.
  12. Abad de Santillán, 1965, p. 409.
  13. Pigna, 2007, p. 238.
  14. Pigna, 2007, p. 322.
  15. Pigna, 2007, p. 325.
  16. Pigna, 2007, p. 327.
  17. Pigna, 2007, p. 311.
  18. Aguirre, 1999, p. 144-145.
  19. José María Rosa propone que lo escribió más como una justificación que como un testimonio, y que tenía especialmente en cuenta la idea que en la década de 1820 tenían los porteños de su actuación en la ya lejana época de la Revolución. Véase Rosa, José María Historia argentina, volumen 2, Ed. Oriente, Bs. As., 1965.
  20. Genealogía de Matilde Ibáñez, primera dama uruguaya

Bibliografía[editar]

  • Abad de Santillán, Diego (1965). Historia Argentina. Buenos Aires (Argentina): Tipográfica Editora Argentina. 
  • Aguirre, Gisela (1999). Mariano Moreno. Grandes protagonistas de la historia argentina. Buenos Aires (Argentina): Editorial Planeta Argentina SAIC. ISBN 9504902685. 
  • Ferla, Salvador, El primer 17 de octubre, Revista Todo es Historia, nro. 54.
  • Ferla, Salvador, Liniers, un líder desertor, Revista Todo es Historia, nro. 91.
  • López, Vicente Fidel, Historia de la República Argentina. Libr. La Facultad, Bs. As., 1926.
  • Marfany, Roberto H. (1958). El pronunciamiento de Mayo. Buenos Aires (Argentina): Ediciones Theoria. 
  • O’Donnell, Pacho, Los héroes malditos, Ed. Sudamericana, Bs. As., 2004.
  • O’Donell, Pacho, García Hamilton, Enrique y Pigna, Felipe, Historia confidencial, Ed. Booket, Bs. As., 2005.
  • Pacheco, Javier (1984). Colonia Corrupta. Mendoza (Argentina): Círculo de Amigos. 
  • Pigna, Felipe (2007). Los Mitos de la Historia Argentina. Buenos Aires (Argentina): Grupo Editorial Norma. ISBN 987-545-149-5. 
  • Roberts, Carlos, Las invasiones inglesas, Ed. Emecé, Bs. As., 1999.
  • Romero, José Luis (2004). Breve historia de la Argentina. Buenos Aires (Argentina): Fondo de Cultura Económica. ISBN 9789505576142. 
  • Saavedra, Cornelio (1944). Memoria autógrafa de Cornelio Saavedra. Buenos Aires (Argentina): Emecé Editores. 
  • Scenna, Miguel Ángel, Las brevas maduras. Memorial de la Patria, tomo I, Ed. La Bastilla, Bs. As., 1984.
  • Segreti, Carlos S. A., La aurora de la Independencia. Memorial de la Patria, tomo II, Ed. La Bastilla, Bs. As., 1980.

Enlaces externos[editar]


Predecesor:
Ninguno
Jefe del Regimiento de Patricios
1806 - 1811
Sucesor:
Manuel Belgrano