Cornelio Saavedra

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Cornelio Judas Tadeo de Saavedra y Rodríguez
Cornelio Saavedra

25 de mayo de 1810-18 de diciembre de 1810
Designado por Cabildo de Buenos Aires
Predecesor Ninguno
Sucesor Domingo Matheu

1806-1811
Predecesor Ninguno
Sucesor Manuel Belgrano

01 de septiembre de 1810-05 de octubre de 1811
Predecesor Francisco del Rivero
Sucesor Juan José Viamonte

Datos personales
Nacimiento 15 de septiembre de 1759
Bandera de España Otuyo, Potosí, Virreinato del Perú
Fallecimiento 29 de marzo de 1829 (69 años)
Bandera de Argentina Buenos Aires, Provincias Unidas del Río de la Plata
Profesión Militar
Firma Firma de Cornelio Saavedra

El general Cornelio Judas Tadeo de Saavedra y Rodríguez (15 de septiembre de 1759, Otuyo, Corregimiento de Potosí (actual Bolivia), Virreinato del Perú - 29 de marzo de 1829, Buenos Aires, Provincias Unidas del Río de la Plata) fue un militar y estadista rioplatense que tuvo una participación decisiva en la Revolución de Mayo, primer paso de la independencia argentina. Saavedra fue el primer jefe del Regimiento de Patricios formado tras las Invasiones Inglesas, lo cual lo convirtió en una prominente figura de la política local. Presidió la Primera Junta de gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata - resultado de la mencionada revolución - así como también la Junta Grande en la que se transformó.

Los principios rectores de la Revolución de Mayo, por los cuales se guio el accionar de la Primera Junta, fueron los de la soberanía popular y la representatividad.

Saavedra partió a liderar las campañas del Ejército del Norte, con lo cual su cargo en la Junta fue ocupado por Domingo Matheu. Sin embargo, su partida fue aprovechada por opositores que reemplazaron a la Junta Grande por el Primer Triunvirato, destituyéndolo y cursando órdenes de arresto en su contra. Saavedra permaneció alejado de Buenos Aires, y los cargos en su contra fueron retirados en 1815.

Sus inicios[editar]

Criollo de familia española Saavedra nació en la hacienda "La Fombera", situada en el pueblo de Otuyo, cerca de la antigua Villa Imperial de Potosí, que pertenecía por entonces al Virreinato del Perú, bajo dependencia española. En la actualidad dicho lugar forma parte del Estado Plurinacional de Bolivia.

Sus padres fueron Santiago Felipe de Saavedra y Palma, natural de Buenos Aires, y Teresa Rodríguez de Güiraldes, oriunda de la Villa Imperial de Potosí. La familia se mudó a Buenos Aires en 1767. Allí, durante su adolescencia, Cornelio asistió al Colegio Real de San Carlos (actualmente Colegio Nacional Buenos Aires) en donde estudió filosofía y gramática latina de manera destacada entre 1773 y 1776. Sin embargo, no pudo completar la escuela porque debió dedicarse a la administración de la estancia familiar.

El 17 de abril de 1788 contrajo matrimonio con María Francisca Cabrera y Saavedra, su prima hermana, que falleció el 15 de agosto de 1798. El año anterior había comenzado su carrera política trabajando en el Cabildo de Buenos Aires, donde asumiría distintos cargos administrativos. Por ese entonces la ciudad ya había sido convertida en capital del Virreinato del Río de la Plata. En 1797 llegaría su primera oportunidad en la política al ser nombrado regidor del Cabildo y, en 1801, fue elegido alcalde de primer voto. En ese mismo año se casó en segundas nupcias con Doña Saturnina Otárola del Rivero, hija del coronel José Antonio Gregorio de Otálora, regidor del Cabildo de Buenos Aires y uno de los más ricos comerciantes del territorio, y de Josefa del Ribero y Cossio. En 1805 se le confirió la tarea de Administrador de Granos dentro de un cuerpo gubernamental que se ocupaba de la provisión de trigo y otros cereales en la ciudad.

El Regimiento de Patricios[editar]

Cuadro de Cornelio Saavedra.

Su vocación militar despertaría durante la primera de las invasiones Inglesas en 1806, durante la cual participó en la reconquista de la ciudad. Previendo un posible contraataque inglés, el nuevo virrey Santiago de Liniers ordenó formar batallones de milicias, organizadas según arma y región de origen. El más numeroso fue el Cuerpo de Patricios, formado por voluntarios de infantería nacidos en Buenos Aires que constituyeron tres batallones. Cada batallón podía elegir a sus propios jefes, incluso a su comandante, y el Cuerpo de Patricios eligió a Saavedra. Este regimiento aún existe en la actualidad, con el nombre de Regimiento de Infantería Nro. 1, y ha recuperado el nombre histórico de Patricios.[1] Estaba dividido en tres batallones, al mando de Esteban Romero, Domingo Urien y Manuel Belgrano, quien luego dejaría ese mando a Juan José Viamonte.

A principios del año siguiente tuvo lugar el nuevo ataque inglés. Cornelio Saavedra marchó hacia Montevideo pero no llegó a tiempo y no pudo impedir el sitio de Montevideo. En consecuencia, se limitó a retirar todos los elementos de defensa de la Colonia del Sacramento, para trasladarlos a Buenos Aires y fortificar la ciudad. Poco después se producía la segunda invasión a Buenos Aires; el ejército invasor contaba con 8.000 soldados y 18 cañones,[2] lo cual superaba ampliamente a los 1.565 hombres, 6 cañones y 2 obuses utilizados para la primera invasión.[3] Luego de una victoria inicial en el combate de los corrales de Miserere se ingresó a Buenos Aires dos días después, el 5 de julio. Encontraron una ciudad ampliamente preparada para resistirlos, al punto de que incluso las mujeres, los niños y los esclavos participaban de la defensa.[4] Dos días después el general inglés John Whitelocke accede a rendirse, deteniendo el ataque y retirando las fuerzas inglesas de Montevideo.

Luego de la exitosa resistencia contra la ocupación, las relaciones entre los habitantes de Buenos Aires se vieron modificadas. Hasta entonces los criollos, los nacidos en el continente americano, siempre habían sido relegados en la toma de decisiones y las disputas de poder. Con la creación de las milicias criollas y el hecho de que la victoria se alcanzara en ambos casos sin intervención militar de la metrópoli, comenzaron a manifestarse sectores que, en distintos grados, abogaban por modificar la situación establecida y tener una mayor presencia e influencia en el gobierno.[5] Saavedra fue una de las figuras claves de dicha situación, ya que comandaba al regimiento más numeroso y su postura era entonces decisiva en las disputas. Desde 1808 participaría en la reuniones de la Sociedad de los Siete en la jabonería de Hipólito Vieytes y en la casa de Rodríguez Peña, en donde se discutían los pasos a seguir para alcanzar sus objetivos. Saavedra se destacaría por un enfoque más prudente y calculador respecto de las medidas para llevar adelante la revolución, que contrastaba con el apasionamiento de Juan José Castelli o Mariano Moreno.[6]

El motín de Álzaga[editar]

Santiago de Liniers, el virrey del Río de la Plata defendido con éxito por Cornelio Saavedra.

El 1 de enero de 1809, el alcalde Martín de Álzaga dirigió al cabildo de la ciudad en un intento por deponer a Liniers, usando su nacionalidad francesa como pretexto para acusarlo de complotar con Francia. Dicho país se encontraba en guerra con España por ese entonces, en los conflictos conocidos como Guerras Napoleónicas. Los movimientos de Álzaga eran respaldados por el gobernador de Montevideo, Francisco Javier de Elío, que por las razones citadas había desconocido la legitimidad de Liniers y formado una junta de gobierno en dicha ciudad. Su idea era deponer al virrey y que una junta de gobierno asumiera el control del virreinato, a imitación de las Juntas que reemplazaban en España la autoridad del rey Fernando VII, prisionero de Napoleón Bonaparte. Los sublevados tomaron el Cabildo y exigieron la renuncia de virrey, rodeando también la actual Plaza de Mayo, y llegaron a lograr la renuncia del virrey. Pero Saavedra reaccionó rápidamente y logró desbaratar el intento.

Dicha asonada no tenía motivaciones independentistas, y estaba dirigida principalmente por españoles peninsulares.[7] Sus principales impulsores fueron desterrados a Carmen de Patagones. Unos meses más tarde, para detener las disputas, la Junta de Sevilla resolvió que Liniers fuera reemplazado por Baltasar Hidalgo de Cisneros.

Después de esa revolución Saavedra quedó transformado en árbitro de la política local. Los revolucionarios lo buscaban para que apoyase sus movimientos, pero él les respondía "Paisanos y señores, aún no es tiempo; dejen que las brevas maduren y entonces las comeremos".

Durante la crisis de mediados de 1809, por el reemplazo del virrey Liniers, tuvo algunos contactos con el carlotismo, es decir, la tendencia que pretendía entronizar en el Río de la Plata a la princesa Carlota Joaquina de Borbón como paso previo a la independencia de España. No obstante, el apoyo de Elío y de Liniers al nuevo virrey, Baltasar Hidalgo de Cisneros, le dejó en claro que "aún no era tiempo". De modo que, tras una carta de apoyo a la princesa, que no tuvo consecuencia alguna, se negó a secundar a sus partidarios en esa política.

Saavedra calculaba como inevitable que España cayera ante las fuerzas de Napoleón Bonaparte, y consideraba que el momento más propicio para ejecutar un movimiento revolucionario sería cuando llegaran las noticias de la victoria napoleónica:

"Se hicieron varias reuniones, se hablaba con calor de estos proyectos y se quería atropellar por todo. Yo, siempre, fui opositor a estas ideas. Toda mi resolución o dictamen era decirles: "Paisanos y señores, aún no es tiempo; (...) dejen que las brevas maduren y entonces las comeremos". A la verdad, quién era en aquel tiempo el que no juzgase que Napoleón triunfaría y realizaría sus planes con la España? Esto era lo que yo esperaba muy en breve, la oportunidad o tiempo que creía conveniente para dar el grito de libertad en esas partes. Esta era la breva que decía era útil para esperar que madurase.

Memoria Autógrafa. Buenos Aires: Eudeba, 1968.

La Revolución de Mayo[editar]

En mayo de 1810 llegó la noticia de la caída de toda España en manos francesas, excepto en Cádiz, donde se había formado un Consejo de Regencia que reemplazaba a la Junta Suprema de Sevilla. Dicha noticia desencadenó el proceso revolucionario conocido como Revolución de Mayo. La dirección del proceso estuvo en manos de un grupo secreto integrado por Manuel Belgrano, Juan José Paso, Juan José Castelli, Nicolás Rodríguez Peña Mariano Moreno e Hipólito Vieytes, entre otros. Éstos necesitaban el apoyo de Saavedra y los demás jefes militares para actuar, ya que sin ellos no habrían tenido el poder para enfrentarse al virrey.

Años más tarde, en carta a Viamonte, le diría:

"Es verdad que Peña, Vieytes y otros querían de antemano hacer la revolución, esto es, desde el 1ro de enero de 1809, y que yo me opuse porque no consideraba tiempo oportuno. Es verdad que ellos y otros, incluso Castelli, hablaron de esto antes que yo, pero también lo es que a dar la cara en lo público, aún cuando yo les decía que lo hiciesen, y que yo aseguraba no hacer oposición a nada. En sus tertulias trataban, trazaban planes y disponían; mas personarse para realizar lo mismo que aconsejaban o querían, ¿quién lo hizo? ¿Se acuerda Ud. que mis respuestas fueron siempre: No es tiempo, y lo que se hace fuera de él no sale bien?"[8]

Cuando se tuvo conocimiento de la caída de la Junta de Sevilla, el coronel Viamonte llamó de urgencia a Saavedra, que estaba en el campo. Le expusieron la noticia y las reacciones, y le preguntaron: "¿Aún dirá usted que no es tiempo?". También le mostraron la proclama que acababa de publicar Cisneros, convocando a un cabildo abierto para decidir qué hacer. Saavedra la leyó, y dio su famosa respuesta:

"Señores, ahora digo que no es sólo tiempo, sino que no se debe perder una sola hora."[9]

En el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810 se impuso la postura de Saavedra.

Cisneros citó a Saavedra y a Martín Rodríguez el 20 de mayo y les exigió apoyo en contra de una posible insurrección. Ambos se negaron, y Saavedra argumentó a Cisneros que debía renunciar ya que la Junta de Sevilla que lo había nombrado ya no existía. Ante la situación, Cisneros aceptó permitir la realización de un Cabildo Abierto, que le había sido exigido por Castelli y Rodríguez el día anterior.

Al día siguiente una multitud armada, encabezada por Domingo French y Antonio Beruti, ocupó la Plaza de Mayo exigiendo la realización del Cabildo Abierto, ya que dudaban de que Cisneros lo realizara. Saavedra desconcentró a la multitud asegurándoles que el Regimiento de Patricios respaldaba sus reclamos.

El 22 de mayo se celebró un Cabildo Abierto, en el cual se manifestaron diversas posturas respecto de la legitimidad y autoridad del virrey o su ausencia, y en consecuencia si éste debía permanecer en el cargo. Saavedra se mantuvo en silencio durante la mayor parte, mientras esperaba su turno para hablar. Entre otros, los oradores más importantes fueron el obispo Benito Lué y Riega, Juan José Castelli, Ruiz Huidobro, Manuel Genaro Villota, Juan José Paso y Juan Nepomuceno de Sola. Saavedra fue el último en hablar, proponiendo que el mando se delegase en el Cabildo hasta la formación de una junta de gobierno, en el modo y forma que el cabildo estimara conveniente. Hizo resaltar la frase de que

"(...) y no quede duda de que es el pueblo el que confiere la autoridad o mando".

Al realizarse la votación, la postura de Castelli se acopló a la suya, y dicha postura conjunta fue la que finalmente se impuso con 87 votos.[10]

El cabildo nombró una junta presidida por Cisneros, con cuatro vocales, dos españoles y dos criollos. Éstos últimos eran Castelli y Saavedra. En principio juraron el cargo, pero ante la presión de Belgrano y su grupo y la agitación del pueblo y las milicias, renunciaron esa misma noche. La maniobra de nombrar una junta presidida por Cisneros era considerada contraria a la voluntad del cabildo abierto.[11]

El día siguiente, 25 de mayo, a pesar de la enérgica resistencia del síndico Julián de Leyva, el cabildo fue forzado a aceptar una nueva lista, formada por un acuerdo entre partidarios de Saavedra, Belgrano y Álzaga, en que cada sector aportaba tres miembros. El presidente de la Primera Junta de gobierno resultante fue Cornelio Saavedra. Su nombre oficial fue Junta de Gobierno para la Reafirmación de los Derechos Soberanos del Rey Fernando VII.

La Primera Junta[editar]

El papel del presidente fue de mediador, más que de impulsor de las políticas revolucionarias. Este último papel fue cumplido por Juan José Castelli y el secretario de gobierno Mariano Moreno.

Moreno y Saavedra se transformaron en los principales referentes de la disputa interna que tuvo lugar sobre las distintas visiones sobre el significado de la revolución. Los morenistas aspiraban a generar cambios profundos en la sociedad, mientras que los saavedristas buscaron sólo la llegada de los criollos al poder pero manteniendo la continuidad del ordenamiento social del virreinato, del cual se consideraban sus herederos.[12]

Moreno pensó en disminuir la influencia de Saavedra, y para ello se creó un nuevo regimiento de milicias, cuyos oficiales eran adictos a Moreno y su grupo: el regimiento América, cuyos jefes eran Domingo French y Antonio Luis Beruti. Esto debilitaba la posición de los jefes militares, entre ellos Saavedra.

Poco después de la Revolución de Mayo el ex virrey Santiago de Liniers comenzó a organizar una ofensiva contrarrevolucionaria desde la ciudad de Córdoba, la cual fue rápidamente derrotada por Francisco Ortiz de Ocampo e Hipólito Vieytes. Éstos, sin embargo, no quisieron ejecutar a Liniers ya que Ocampo había luchado junto a él durante las Invasiones Inglesas, y en lugar de ello mandaron prisioneros a todos los cabecillas a Buenos Aires. Cornelio Saavedra firmó la orden de matar con arcabuz a todos, al igual que toda la Junta, con la excepción de Manuel Alberti que se excusó por su condición de sacerdote.

Durante un banquete militar en festejo por la victoria en la batalla de Suipacha, Moreno pasó por la puerta del cuartel y el centinela no lo dejó entrar ya que no lo reconoció, lo cual ofendió mucho al secretario. Esa misma noche, el oficial Atanasio Duarte, en un alto estado de ebriedad, ofreció a Saavedra una corona de azúcar y brindó "por el primer rey y emperador de América, don Cornelio Saavedra". Al día siguiente, cuando le contaron dicho incidente, Moreno lanzó el Decreto de Supresión de Honores, por el cual se suprimían los privilegios reservados para el presidente de la Junta que solían corresponder al virrey, y se castigaba al oficial bajo el argumento de que "Un habitante de Buenos Aires ni ebrio ni dormido debe tener expresiones contra la libertad de su país". A pesar de que el decreto le quitaba privilegios, Saavedra lo firmó sin comentarios.[13]

El 27 de mayo se había enviado una circular para invitar a las ciudades del virreinato a enviar diputados para que se incorporasen a la Junta. Éstos fueron llegando hacia fines de año, pero el saavedrismo procuró que las provincias enviaran representantes afines a su línea partidaria y sumarlos a la Junta, dejando al morenismo en franca minoría. La maniobra apuntaba también a postergar indefinidamente la formación de una asamblea constituyente que redactara una Constitución.[14]

Moreno veía en los dirigentes de las provincias un obstáculo para la independencia. El 18 de diciembre, los diputados del interior y los vocales de la Junta y el Cabildo votaron en una reunión conjunta si debía o no incorporárselos. Los diputados votaron por la incorporación. Saavedra votó a favor, declarando que "la incorporación no era según derecho, pero accedía por conveniencia pública".[15] Paso y Moreno fueron los únicos en votar en contra, y perdieron. Moreno renunció y se hizo dar una representación diplomática en Inglaterra, camino a la cual murió en alta mar debido a recibir dosis letales de un poderoso purgante por parte del capitán. Algunos historiadores como Felipe Pigna sostienen que se trató de un asesinato orquestado por Saavedra,[16] mientras que otros como Félix Luna consideran que la meta de Saavedra se limitaba a alejar a Moreno de Buenos Aires, y que la muerte de Moreno se debió simplemente a una negligencia del capitán.[17] Al enterarse de la muerte de Moreno en altamar, Saavedra pronunció la frase: "Hacía falta tanta agua para apagar tanto fuego...".

La Junta Grande[editar]

Con los nuevos diputados y los antiguos vocales se formó la Junta Grande, de la cual Saavedra seguía siendo presidente. Sus miembros cambiaron el estilo de gobierno: deliberaron cuidadosamente cada medida y bajaron el tono extremista que había prevalecido hasta entonces.

Tras algunos meses de relativa calma interna, algunos diputados del interior se unieron a las corrientes Morenistas, y surgió la Sociedad Patriótica. La misma era dirigida por Bernardo de Monteagudo, de tendencias ideológicas similares. Planearon desplazar a Saavedra y Funes por medio de una revolución dirigida por el regimiento de French, pero fueron delatados.

En respuesta, el 5 y 6 de abril se movilizaron los partidarios de Saavedra, dirigidos por el abogado Joaquín Campana, por medio de una gran manifestación de habitantes de los alrededores de la ciudad, conocidos como "orilleros", liderados por el alcalde Tomás Grigera. En la revolución del 5 y 6 de abril de 1811 fueron obligados a renunciar Vieytes, Rodríguez Peña, Miguel de Azcuénaga, y Juan Larrea. En su lugar se incorporaron Campana como secretario de gobierno, Juan Alagón, Atanasio Gutiérrez y Feliciano Chiclana — aunque éste último renunció al cargo — y otros. Los depuestos, junto con French y Beruti, fueron expulsados de la ciudad.

Todo el poder pasó al partido de Saavedra, pero esto no mejoró mucho la situación. La Sociedad Patriótica seguía atacando al gobierno, y la situación militar comenzó a mostrar sus límites: la expedición de Belgrano a Paraguay terminó en un desastre, la ciudad de Montevideo se negó a reconocer la autoridad de la Junta y comenzó a atacar por el río a Buenos Aires, llegando a destruir una flotilla patriota, y a mediados de año llegó la noticia del desastre en el frente norte, en la batalla de Huaqui, que significó la pérdida de todo el Alto Perú.

Para levantar la moral del Ejército del Norte, Saavedra decidió ponerse al mando del mismo. Se trasladó hacia las provincias del norte, dejando como presidente de la Junta a Domingo Matheu. Ésta negoció con Montevideo, y comenzó a enfrentar serios conflictos internos. El puerto de Buenos Aires fue bloqueado por los realistas, que incluso intentaron bombardear la ciudad, aunque sin éxito.

Caída y persecución[editar]

La partida de Saavedra fortaleció a los morenistas, que convencieron al cabildo porteño de que se debía organizar un ejecutivo fuerte. Por eso formaron un nuevo gobierno de tres miembros conocido como Primer Triunvirato, que sería asesorado por la Junta Conservadora de los Derechos de Nuestro Amado Fernando VII, formada por los miembros de la disuelta Junta. Además de la Junta Grande, se anularon también las juntas provinciales.

A sólo 8 días de su llegada a Salta, Saavedra recibió la comunicación de que había sido separado de la Junta y que debía dejar el mando del Ejército a Juan Martín de Pueyrredón. Semanas más tarde, la Junta sería disuelta por el Triunvirato, completando el proceso por el que todo el poder era asumido por la ciudad de Buenos Aires.

El Regimiento de Patricios se sublevó el 6 de diciembre de 1811, reclamando el regreso de Saavedra y la renuncia de Belgrano, en el llamado Motín de las Trenzas. El cuartel fue rodeado y los intentos de negociación fueron infructuosos, ya que los Patricios no abandonaban sus demandas. La protesta degeneró en combate, en la que los rebeldes fueron derrotados; diez de ellos fueron ejecutados, y los demás fueron obligados a servir a la fuerza por diez años.

El Triunvirato ordenó a Saavedra trasladarse a la ciudad de San Juan gobernada en ese entonces por Saturnino Sarassa, de donde pasó a Mendoza. Varias veces se cursaron órdenes de prisión en su contra, pero no llegó a estar nunca preso. Cuando el Director Supremo Gervasio Antonio de Posadas — uno de los desterrados de abril de 1811 — ordenó su arresto en junio de 1814, huyó a la ciudad chilena de Coquimbo y luego a Santiago de Chile junto a su hijo Agustín, de 10 años de edad.

Ante la proximidad del ejército realista, por pedido de su esposa doña Saturnina Otárola, el gobernador de Cuyo, José de San Martín, le concedió asilo en San Juan. En marzo del año siguiente fue llevado escoltado a Buenos Aires por orden del nuevo Director Supremo Alvear, pero tras la revolución del 15 de abril de 1815, el Cabildo lo indultó provisoriamente y le regresó su cargo militar. El nuevo Director Supremo, Ignacio Álvarez Thomas, lo conminó a abandonar la ciudad de Buenos Aires y le fijó domicilio en la estancia de su hermano cerca de la ciudad de Arrecifes, con la excusa de ahorrarle el riesgo de sufrir represalias.

Sus últimos años[editar]

Monumento fúnebre de Cornelio Saavedra, en el cementerio de la Recoleta.

Fue rehabilitado en diciembre de 1818, por orden de una comisión especial ordenada por el Director Pueyrredón, con acuerdo del Congreso Constituyente. Se le otorgó el rango de brigadier general de los ejércitos de la Nación con retroactividad a 1811, y más adelante el de Jefe de Estado Mayor. Al año siguiente asumió el cargo de comandante de campaña, con sede en Luján. Su misión era ejercer la policía de campaña, defender la frontera contra el indio, y auxiliar al ejército que estaba invadiendo Santa Fe. Logró concretar algunos acuerdos de paz con los ranqueles, que resultaron poco duraderos.

En 1820 apoyó el efímero gobierno de Juan Ramón Balcarce como ministro de guerra, y tras su fracaso se exilió en Montevideo. Regresó a la ciudad en octubre siguiente, instalándose en una estancia en el norte de la provincia. Allí escribió su autobiografía Memoria autógrafa, dedicada a sus hijos, en que explicaba los hechos en que le tocó actuar desde su punto de vista.[18]

En 1822 llega su retiro definitivo del ejército, aunque durante la guerra del Brasil ofreció sus servicios, que fueron gentilmente rechazados debido a su avanzada edad por el ministro de guerra, Marcos Balcarce.

Fallecimiento[editar]

Cornelio Saavedra falleció en Buenos Aires el 29 de marzo de 1829. El gobernador Juan José Viamonte ordenó su traslado al Cementerio de la Recoleta de la Ciudad de Buenos Aires en el mes de diciembre con el respectivo homenaje. El decreto de Viamonte ordenando dicho traslado rezaba lo siguiente:

El primer comandante de Patricios, el primer presidente de un gobierno patrio, pudo sólo quedar olvidado en su fallecimiento por las circunstancias calamitosas en que el país se hallaba; pero después que ellas han terminado, sería una ingratitud negar al ciudadano tan eminente el tributo de honor debido a su mérito y a una vida ilustrada con tantas virtudes que supo consagrar entera al servicio de la patria.[19]

Descendencia[editar]

Busto de Cornelio Saavedra en la Casa Rosada.

Entre sus descendientes históricamente relevantes, se cuentan su hijo, Mariano Saavedra, que fuera dos veces gobernador de la Provincia de Buenos Aires entre 1862 y 1865, su nieto Cornelio Saavedra Rodríguez, militar chileno a cargo de la Ocupación de la Araucanía, y su bisnieto Carlos Saavedra Lamas, político, diplomático y jurista argentino, galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1936.

Un descendiente de su hermano Luis Gonzaga, Luis Ibáñez Saavedra, fue padre de Matilde Ibáñez Tálice, Primera Dama de Uruguay al ser esposa del presidente Luis Batlle Berres (1947-1951); por su parte, su hijo Jorge Batlle Ibáñez también fue presidente de Uruguay (2000-2005).[20]

Homenajes[editar]

En recuerdo a Cornelio Saavedra, varios distritos administrativos llevan su nombre en Argentina y en Bolivia. Entre ellos se encuentran la Provincia de Cornelio Saavedra en el Departamento de Potosí, Bolivia, y el Barrio de Saavedra en la Ciudad de Buenos Aires y el Municipio de Saavedra de la Provincia de Buenos Aires, ambos en Argentina.

Asimismo, en la ciudad de Buenos Aires funciona el Museo Histórico de Buenos Aires Cornelio de Saavedra. Ocupa las instalaciones de la vieja casa de Luis María Saavedra, sobrino de Cornelio. Fue inaugurado el 6 de octubre de 1921 y en sus salas se exhiben objetos de la vida cotidiana durante el siglo XIX, tales como instrumentos musicales, armas, platería, cristalería, vestimenta, etc.

Notas[editar]

  1. «Página oficial del Regimiento de Infantería 1 "Patricios"». Consultado el 09-10-2008.
  2. Abad de Santillán, Diego (1965). «Invasiones Inglesas: Preparación para la conquista de Buenos Aires». Historia Argentina. Buenos Aires: TEA (Tipográfica Editora Argentina). p. 366. 
  3. Abad de Santillán, Diego (1965). «Invasiones Inglesas: Primera invasión inglesa». Historia Argentina. Buenos Aires: TEA (Tipográfica Editora Argentina). p. 354. 
  4. Abad de Santillán, Diego (1965). «Invasiones Inglesas: Segunda Invasión Inglesa». Historia Argentina. Buenos Aires: TEA (Tipográfica Editora Argentina). p. 367. 
  5. Romero, José Luis; Luis Alberto Romero. «Segunda parte: la era colonial». Breve historia de la Argentina (en idioma español). Segunda reimpresión (2005 edición). Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica. p. 43. ISBN 9-789505-576142. 
  6. Luna, Félix (agosto de 2004). «Los días previos a la Revolución». En La Nación. Grandes protagonistas de la Historia Argentina - Mariano Moreno (en Español) (1 edición). Buenos Aires: Planeta. ISBN 950-49-1248-6. 
  7. Luna, Félix (agosto de 2004). «Asonada del 1º de enero de 1809». En La Nación. Grandes protagonistas de la Historia Argentina - Mariano Moreno (en Español) (1 edición). Buenos Aires: Planeta. ISBN 950-49-1248-6. 
  8. Roberto Marfany, El pronunciamiento de mayo, Bs. As., 1958.
  9. "El mismo Cisneros, el 18 de mayo del año 1810 anunció al público por su proclama, que sólo Cádiz y la isla de León se hallaban libres del yugo de Napoleón. Yo me hallaba ese día en el pueblo de San Isidro; don Juan José Viamonte, sargento mayor que era de mi cuerpo, me escribió diciendo era preciso regresase a la ciudad sin demora, porque había novedades; en consecuencia, así lo ejecuté. Cuando me presenté en su casa, encontré en ella una porción de oficiales y otros paisanos, cuyo saludo fue preguntándome: ‘¿Aún dirá usted que no es tiempo? (...)’. Entonces me pusieron en las manos la proclama de aquel día. Luego que la leí, les dije: ‘Señores, ahora digo que no es sólo tiempo, sino que no se debe perder una sola hora’. - Memoria Autógrafa. Buenos Aires: Eudeba, 1968.
  10. Abad de Santillán, Diego (1965). «Las jornadas de mayo de 1810: Divulgación de las noticias sobre el curso de la invasión francesa a España». Historia Argentina. Buenos Aires: TEA (Tipográfica Editora Argentina). p. 409. 
  11. Pigna, Felipe (2007). «La Revolución de Mayo». Los mitos de la historia argentina (26 edición). Argentina: Grupo editoral Norma. p. 238. ISBN 987-545-149-5. 
  12. Pigna, Felipe (2007). «Hacía falta tanto fuego: La muerte de Mariano Moreno». Los mitos de la historia argentina (26 edición). Argentina: Grupo editoral Norma. p. 322. ISBN 987-545-149-5. 
  13. Pigna, Felipe (2007). «Hacía falta tanto fuego: La muerte de Mariano Moreno». Los mitos de la historia argentina (26 edición). Argentina: Grupo editoral Norma. pp. 323, 324. ISBN 987-545-149-5. 
  14. Pigna, Felipe (2007). «Hacía falta tanto fuego: La muerte de Mariano Moreno». Los mitos de la historia argentina (26 edición). Argentina: Grupo editoral Norma. p. 325. ISBN 987-545-149-5. 
  15. Pigna, Felipe (2007). «Hacía falta tanto fuego: La muerte de Mariano Moreno». Los mitos de la historia argentina (26 edición). Argentina: Grupo editoral Norma. p. 327. ISBN 987-545-149-5. 
  16. Pigna, Felipe (2007). «Hacía falta tanto fuego: La muerte de Mariano Moreno». Los mitos de la historia argentina (26 edición). Argentina: Grupo editoral Norma. p. 311. ISBN 987-545-149-5. 
  17. Luna, Félix (agosto de 2004). «"La misión" y "La Muerte"». En La Nación. Grandes protagonistas de la Historia Argentina - Mariano Moreno (en Español) (1 edición). Buenos Aires: Planeta. ISBN 950-49-1248-6. 
  18. José María Rosa propone que lo escribió más como una justificación que como un testimonio, y que tenía especialmente en cuenta la idea que en la década de 1820 tenían los porteños de su actuación en la ya lejana época de la Revolución. Véase Rosa, José María Historia argentina, volumen 2, Ed. Oriente, Bs. As., 1965.
  19. El Historiador
  20. Genealogía de Matilde Ibáñez, primera dama uruguaya

Bibliografía[editar]

  • Saavedra, Cornelio, Memoria autógrafa, Ed. Emecé, 1944.
  • Scenna, Miguel Ángel, Las brevas maduras. Memorial de la Patria, tomo I, Ed. La Bastilla, Bs. As., 1984.
  • Segreti, Carlos S. A., La aurora de la Independencia. Memorial de la Patria, tomo II, Ed. La Bastilla, Bs. As., 1980.
  • Ferla, Salvador, El primer 17 de octubre, Revista Todo es Historia, nro. 54.
  • Ferla, Salvador, Liniers, un líder desertor, Revista Todo es Historia, nro. 91.
  • Roberts, Carlos, Las invasiones inglesas, Ed. Emecé, Bs. As., 1999.
  • O’Donnell, Pacho, Los héroes malditos, Ed. Sudamericana, Bs. As., 2004.
  • O’Donell, Pacho, García Hamilton, Enrique y Pigna, Felipe, Historia confidencial, Ed. Booket, Bs. As., 2005.
  • López, Vicente Fidel, Historia de la República Argentina. Libr. La Facultad, Bs. As., 1926.

Enlaces externos[editar]


Predecesor:
Ninguno
Presidente de la Primera Junta
25 de mayo de 1810 - 18 de diciembre de 1810
Sucesor:
Domingo Matheu
Predecesor:
Ninguno
Jefe del Regimiento de Patricios
1806 - 1811
Sucesor:
Manuel Belgrano