Concepción Arenal

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Concepción Arenal
Concepcion Arenal 1.jpg
Concepción Arenal.
Información personal
Nombre de nacimiento Concepción Arenal Ponte
Nacimiento 31 de enero de 1820
Ferrol, La Coruña, Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg España
Fallecimiento 4 de febrero de 1893 (73 años)
Vigo, Pontevedra, Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg España
Nacionalidad Española
Familia
Cónyuge Fernando García Carrasco
Hijos Tres
Educación
Alma máter
Información profesional
Ocupación Escritora y activista
Lengua de producción literaria español
Francés
Género Derecho penal, derecho penitenciario, poesía
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Concepción Arenal Ponte[1] (Ferrol, 31 de enero de 1820-Vigo, 4 de febrero de 1893) fue una importante escritora española realista. En su obra denuncia la situación de las cárceles de hombres y mujeres, la miseria en las casas de salud o la mendicidad pero destacan especialmente sus escritos en defensa de los derechos de las mujeres, por lo que es considerada la base del feminismo español contemporáneo[2] vinculada al pionero movimiento feminista de finales del siglo XIX.

Biografía[editar]

Infancia y adolescencia[editar]

Nacida en una casa del barrio conocido como Ferrol Vello, su padre, Ángel Arenal Cuesta, fue un eminente militar (sargento mayor, rango equivalente al de Teniente Coronel con funciones mixtas de Intervención e Intendencia) que sufrió muchas veces represión por su ideología liberal y por estar en contra del régimen absolutista del rey Fernando VII. A consecuencia de sus estancias en prisión, cayó enfermo y murió en 1829, por lo que Concepción quedó huérfana de padre a los nueve años. En ese mismo año, marchó con su madre, María Concepción Ponte Mandiá Tenreiro y sus dos hermanas, Luisa y Antonia, a Armaño (Cantabria), a casa de su abuela paterna, donde recibió una férrea formación religiosa. Un año después, falleció su hermana Luisa. En 1834 se trasladaron a Madrid, con ayuda de su pariente Antonio Tenreiro, segundo Conde de Vigo, donde Concepción estudió en un colegio para señoritas.

El reto de estudiar en la universidad[editar]

Desde joven había declarado su deseo de ser abogada. A los 21 años, para poder ingresar como oyente en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Madrid tuvo que disfrazarse de hombre, se cortó el pelo, vistió levita, capa y sombrero de copa. Al descubrirse su verdadera identidad intervino el rector. Tras un examen satisfactorio fue autorizada a asistir a las clases lo que hará desde 1842 a 1845.[2]

El rito era el siguiente: acompañada por un familiar doña Concepción se presentaba en la puerta del claustro, donde era recogida por un bedel que la trasladaba a un cuarto en el que se mantenía sola hasta que el profesor de la materia que iba a impartirse la recogía para las clases. Sentada en un lugar diferente del de sus aparentes compañeros, seguía las explicaciones hasta que la clase concluía y de nuevo era recogida por el profesor, que la depositaba en dicho cuarto hasta la clase siguiente.

Amelia Valcárcel. Feminismo en un mundo global[3]

Vestida también de hombre, Concepción de ideas liberales y progresistas participó en tertulias políticas y literarias, luchando así contra lo establecido en la época para la condición femenina y en el periódico La Iberia.

En 1848 se casó con el también abogado y escritor Fernando García Carrasco. Éste murió nueve años después, en 1857, de tuberculosis.

Trabajos y colaboraciones en organizaciones sociales[editar]

Viuda y con dos hijos (Fernando, 1850 y Ramón, 1852), se trasladó a Potes (Cantabria), donde conoció a un joven músico, Jesús de Monasterio, alumno de Santiago Masarnau Fernández, primer presidente de las Conferencias de San Vicente de Paúl, quien la invitó a fundar en 1859 el grupo femenino de las Conferencias de San Vicente de Paúl para ayuda de los pobres.

Para ellas, Concepción escribe en 1860, La beneficencia, la filantropía y la caridad, que dedicó a la Condesa de Espoz y Mina y que presentó al concurso convocado por la Academia de Ciencias Morales y Políticas, bajo el nombre de su hijo Fernando, que tenía entonces 10 años. Después de una serie de conflictos sobre la forma incorrecta de introducir su escrito en el concurso, se le concedió el premio y fue la primera mujer premiada por la Academia.

En 1863, se convirtió también en la primera mujer que recibió el título de visitadora de cárceles de mujeres, cargo que ostentó hasta 1865. Posteriormente publicó libros de poesía y ensayo, como Cartas a los delincuentes (1865), Oda a la esclavitud (1866) —que fue premiada por la Sociedad Abolicionista de Madrid—, El reo, el pueblo y el verdugo o La ejecución de la pena de muerte (1867).

En 1868, fue nombrada Inspectora de Casas de Corrección de Mujeres y tres años después, en 1871, comenzó a colaborar con la revista La Voz de la Caridad, de Madrid, en la que escribió durante catorce años sobre las miserias del mundo que la rodeaba.

En 1872 fundó la Constructora Benéfica, una sociedad dedicada a la construcción de casas baratas para obreros. Posteriormente también colaboró organizando en España la Cruz Roja del Socorro, para los heridos de las guerras carlistas, al frente de un hospital de campaña para los heridos de guerra en Miranda de Ebro. En 1877, publicó Estudios Penitenciarios.

Murió el 4 de febrero de 1893 en Vigo, Pontevedra, donde fue enterrada. Es su epitafio el lema que la acompañó durante toda su vida: «A la virtud, a una vida, a la ciencia». Sin embargo, su frase más celebre fue probablemente «Odia el delito y compadece al delincuente», que resume su visión de los delincuentes como el producto de una sociedad reprimida y represora.

Aportación al feminismo[editar]

Monumento a Concepción Arenal en La Coruña.

Concepción Arenal es una de las pioneras del feminismo en España. Su primera obra sobre los derechos de la mujer es La Mujer del Porvenir (1869) en la que critica las teorías que defendían la inferioridad de las mujeres basada en razones biológicas. Su posición es la defender el acceso de las mujeres a todos los niveles educativos aunque no en todos los oficios ya que considera que no están capacitadas para ejercer la autoridad. Tampoco es partidaria inicialmente de su participación política ante el riesgo de sufrir algún tipo de represalia y dejar abandonados hogar y familia aunque más tarde escribe:[2]

Es un error grave y de los más perjudiciales, inculcar a la mujer que su misión única es la de esposa y madre [...]. Lo primero que necesita la mujer es afirmar su personalidad, independientemente de su estado, y persuadirse de que, soltera, casada o viuda, tiene derechos que cumplir, derechos que reclamar, dignidad que no depende de nadie, un trabajo que realizar e idea de que es cosa seria, grave, la vida y que si se la toma como un juego, ella será indefectiblemente un juguete.

Concepción Arenal. "La educación de la Mujer"

Mantuvo estrechos lazos con los intelectuales krausistas. Era admiradora de la obra en pro de la educación de la mujer llevada a cabo por Fernando de Castro fue miembro de la Junta Directiva del Ateneo Artístico y Literario de Señoras y se mantuvo atenta a los progresos realizados por la Asociación para la Enseñanza de la Mujer; años después colaboraría en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza asiduamente con artículos sobre temas penales y feministas.[4]

En 1882 Arenal participó -aunque no no estuvo presente- en el Congreso Pedagógico Hispano-Portugués-Americano celebrado en Madrid y presidido por Rafael Mª de Labra con una ponencia sobre "La educación de la mujer" en la quinta sección del congreso dedicada al Concepto y límites de la educación de la mujer, y de la aptitud profesional de ésta. La sección incorporó el debate de las relaciones y diferencias entre la educación del hombre y la de la mujer, medios de organizar un buen sistema de educación femenina y grados, aptitud de la mujer para la enseñanza, aptitud para las demás profesiones y límites, además de la educación física de la mujer. La videpresidenta de esta mesa fue Emilia Pardo Bazán.

Concepción Arenal envió un informe sobre varios puntos pronunciándose a favor de la educación femenina sin recortes:

«Es un error grave, y de los más perjudiciales, inculcar a la mujer que su misión única es la de esposa y madre; equivale a decirle que por sí no puede ser nada, y aniquilar en ella su YO moral e intelectual, preparándola con absurdos deprimentes a la gran lucha de la vida, lucha que no suprimen, antes la hacen más terrible, los mismos que la privan de fuerzas para sostenerla».[5]

Añade que la mujer es especialmente apta para actividades como la enseñanza y, de las demás, no debe excluírsela a priori, excepción hecha de la carrera de las armas. Considera que la enseñanza secundaria es mejor proporcionársela en casa dado el ambiente poco recomendable que reina en los institutos, y la superior puede seguirse por libre o asistir a clases siempre que los estudiantes aprendan a guardar el debido respeto a sus compañeras. También defiende la necesidad de la educación física femenina y la extensión de la higiene en oposición a una tradición que exalta la inmovilidad y el horror al cuerpo humano como fuente de ignominias.[4]

En octubre de 1891 en el ensayo sobre El trabajo de las mujeres denuncia la escasa preparación industrial de la mujer, resultado de la cual (y de una feroz concurrencia) es el poco salario con que se recompensa un gran esfuerzo y un gran empleo de tiempo; propone que se apliquen a las obreras los mismos medios de instrucción y rehabilitación que a los obreros, comenzando por suprimir los agraviantes gremios de oficios.

Resalta también el contraste entre mujeres agostadas en una apatía enervante y otras consumidas por un trabajo ímprobo; aduce que no es posible mantener el irracional choque entre el «mundo moderno» y la «mujer antigua», y que el único medio de regeneración social válido es «educar a la mujer, artística, científica e industrialmente»; y ello porque no puede haber orden económico ni equilibrio mientras la mitad del género humano tenga que depender de una herencia, el sustento proporcionado por la familia, la limosna o arriesgarse al hambre o al extravío.[4]

En su trabajo Estado actual de la mujer en España publicado por primera vez en España en 1895 [n. 1] analiza la situación de las españolas en el terreno laboral, religioso, educativo, de opinión pública y moral; en todos los casos es desfavorable por culpa del egoísmo masculino: «Puede decirse que el hombre, cuando no ama a la mujer y la protege, la oprime. Trabajador, la arroja de los trabajos más lucrativos; pensador, no le permite el cultivo de la inteligencia; amante, puede burlarse de ella, y marido, abandonarla impunemente. La opinión es la verdadera causante de todas estas injusticias, porque hace la ley, o porque la infringe». Advierte leves avances, aunque muy lentos, y se resiste a hablar de emancipación social o política mientras la dependencia económica sea un hecho extendido y sujete a la mujer a todo tipo de esclavitudes.[4]

Los oficios que la mujer puede desempeñar serían: '«relojera, tenedora de libros de comercio, pintora de loza, maestra, farmacéutica, abogada, médica de niños y mujeres y sacerdote (no monja). Nunca se debe dedicar a la política ni a la vida militar». Instrucción que la mujer debe procurar, pues dirá de los hombres que «tienen inclinaciones de sultán, reminiscencias de salvaje y pretensiones de sacerdote».

Las críticas que dirige al clero fueron: «En general es muy ignorante, no querer a la mujer instruida, es mejor auxiliar, mantenerla en la ignorancia».

Catolicismo social[editar]

Concepción Arenal, una pensadora del catolicismo social, como muestra en La Voz de la caridad, y como tal la reivindica el jesuita J. Alarcón en Razón y Fe, 1900-1902, al ser el ideal de un feminismo aceptable, por ser «genuinamente español e íntegramente católico». Concepción Arenal, autora poco leída y citada de forma descontextualizada, fue para la mayoría de los católicos de su época una heterodoxa.

Con la creación de la Acción Católica de la Mujer, el feminismo católico y conservador propugnado por el Movimiento católico, realizará una constante labor de hostigamiento al feminismo católico y reformista arenaliano, que a principios del siglo XX representa la Asociación Nacional de Mujeres Españolas.

Concepción Arenal actuó como intermediaria de la María Victoria dal Pozzo, esposa de Amadeo de Saboya, que desde el exilio siguió mandando donativos para españoles necesitados.[6] [fuente cuestionable]

Obra[editar]

Monumento a Concepción Arenal en Ferrol.
  • Fábulas en verso originales, Madrid, Tomás Fortanet. 1851.
  • La beneficencia, la filantropía y la caridad, Madrid, Imprenta del Colegio de Sordo-Mudos y de Ciegos, 1861.
  • Manual del visitador del pobre, Madrid, Imprenta de Tejado, 1863.
  • Manuel du visiteur du pauvre, París, Ambroise Bray Libraire-Editeur, 1864.
  • Cartas a los delincuentes, La Coruña, Imprenta del Hospicio, 1865.
  • El reo, el pueblo y el verdugo, o la ejecución pública de la pena de muerte, Madrid, Establecimiento Tipográfico de Estrada, Díaz y López, 1867.
  • La voz que clama en el desierto, La Coruña, Tipografía de la Casa de Misericordia, 1868.
  • Examen de las bases aprobadas por las Cortes, para la reforma de las prisiones, Madrid, Imprenta de la Revista de Legislación, 1869.
  • La mujer del porvenir. Artículos sobre las conferencias dominicales para la educación de la mujer, celebradas en el Paraninfo de la Universidad de Madrid, Sevilla-Madrid, Eduardo Perié-Félix Perié, 1869.
  • Estudios penitenciarios, Madrid, Imprenta de T. Fortanet, 1877.
  • La cárcel llamada Modelo, Madrid, Imprenta de T. Fortanet, 1877.
  • Las colonias penales de la Australia y la pena de deportación, Madrid, Imprenta y Librería de Eduardo Martínez, 1877.
  • «La récidive en Espagne.» Bulletin de la Société Générale des Prisons, 6 (junio de 1878), pp. 575-586.
  • Ensayo sobre el derecho de gentes, Madrid, Imprenta de la Revista de Legislación, 1879.
  • «Hay Irlanda, pero no Cobden.» La Ilustración Gallega y Asturiana, 34 (8 de diciembre de 1880), pp. 418-419.
  • «Mi vida. A... que me pedía con insistencia apuntes para escribir mi biografía.» La Ilustración Gallega y Asturiana, 31 (8 de noviembre de 1880), p. 385.
  • Cuadros de la guerra, Ávila, Imprenta de la Propaganda Literaria, 1880.
  • La cuestión social. Cartas a un obrero y a un señor, Ávila, Imprenta de la Propaganda Literaria, 1880.
  • La instrucción del pueblo, Madrid, Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (Tip. Guttenberg), 1881.
  • Lettre à M. Le Directeur General de L’Administration Pénitentiaire D’Espagne, Bulletin de la Société Générale des Prisons, 4 (abril de 1883), pp. 468-475.
  • La mujer de su casa, Madrid, Gras y Compañía Editores, 1883.
  • «Idea del cielo.» Almanaque de las damas para 1885, Puerto Rico, Imprenta y Librería de José González Font, 1884.
  • «Clinique criminelle.» Bulletin de la Société Générale des Prisons, nº 7 (noviembre de 1886), pp. 857-866.
  • «Psychologie comparée du délinquant.» Bulletin de la Société Générale des Prisons, 5 (mayo de 1886), pp. 647-655.
  • «La educación de la mujer.» Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, T. XVI (1892), pp. 305-312.
  • «El delito colectivo.» Madrid, La España Moderna, 1892.
  • Manuel du visiteur du prisonnier, París, Au Secrétariat de l’Oeuvre des Libérées de Saint-Lazare, 1893.
  • «El visitador del preso.» Madrid, La España Moderna, 1894.
  • Obras Completas, Madrid, Librería de Victoriano Suárez, 1894-1913.
  • «Estado actual de la mujer en España.» Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, T. XIX (1895 ), pp. 239-252.
  • Informes presentados en los Congresos Penitenciarios de Estocolmo, Roma, San Petersburgo y Amberes, Madrid, Librería de Victoriano Suárez, 1896.
  • El pauperismo, Madrid, Librería de Victoriano Suárez, 1897.
  • «A Méndez Núñez.» En Vigo y doña Concepción Arenal. El libro de la velada (10 de septiembre de 1897), Madrid, Establecimiento Tipográfico de la viuda e hijos de Manuel Tello, 1898.
  • La igualdad social y política y sus relaciones con la libertad, Madrid, Librería de Victoriano Suárez, 1898.
  • «Juicio crítico de las obras de Feijoo.» En Antología popular, Buenos Aires, Editorial Galicia, 1966.
  • Dios y libertad, Pontevedra, Diputación Provincial, 1996.

En la ficción[editar]

  • Concepción Arenal, la visitadora de cárceles. Interpretada por la actriz española Blanca Portillo (2012).[7]

Citas[editar]

  • Santalla López, Manuela (1995). Concepción Arenal y el Feminismo Católico Español. Sada (La Coruña): Edicios do Castro. ISBN 84-7492-981-4. 
  • Santalla López, Manuela (2001). Concepción Arenal (1820-1893) (en gallego). El Ferrol (La Coruña) Dep.Legal=C-1644/01: Concejo de El Ferrol. 
  • Santalla López, Manuela (1994). «La condición femenina en Concepción Arenal». Arenal. Revista de Historia de las mujeres. nº. 1 (1). ISSN 1134-6396. 
  • Santalla López, Manuela (1993). «Unha pensadora católica esquecida: Concepción Arenal». Encrucillada (84). ISSN 1131-6519. 

Notas[editar]

  1. Este ensayo fue escrito originariamente para la obra The Woman Question in Europe, publicada por Stanton (New Cork, Putnam's Sons, 1884). Sale a la luz por vez primera en España en el B.I.L.E. nº 425, de 31 de agosto de 1895.

Referencias[editar]

  1. Filosofía
  2. a b c Nash, Mary; Álvaez González, Ana Isabel (2002). Seneca Falls. Un siglo y medio del Movimiento Internacional de Mujeres y la lucha por el sufragio femenino en España. Guía didáctica. Gobierno del Principado de Asturias. 
  3. Valcárcel, Amelia (2013). Feminismo en un mundo global. Cátedra. ISBN 9788437631929. Consultado el 3 de octubre de 2016. 
  4. a b c d Raquel Vázquez Ramil (2006). «La Institución Libre de Enseñanza y su aportación a la educación de la mujer española». www.ciudaddemujeres.com. Consultado el 22 de agosto de 2016. 
  5. Arenal, Concepción (1974). La emancipación de la mujer en España. Júcar. p. 67. 
  6. Mujeres de Leyenda
  7. Estreno del telefilme basado en su vida, con motivo del Día Internacional de la Mujer.

Enlaces externos[editar]