Comunismo consejista

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Serie Comunismo
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El comunismo consejista, consejismo o comunismo de consejos es una corriente proletaria-revolucionaria surgida en el ámbito de la izquierda comunista germano-holandesa de los años 1920-1930. Su punto de ruptura con el trotskismo y la socialdemocracia están en la oposición al entrismo, al reformismo y al parlamentarismo, y su diferenciación con el leninismo radica en la autonomía proletaria como alternativa al partido de vanguardia. La formulación temprana de la teoría comunista-consejista fue llevada a cabo por Anton Pannekoek y Otto Rühle, en el transcurso de la revolución alemana. Un teórico consejista posterior y más joven pero no menos importante fue Paul Mattick.

Diferencias entre el comunismo de consejos y otras corrientes proletarias[editar]

El comunismo de consejos opone al "comunismo de partido" leninista la autoorganización de clase obrera en organismos de poder obrero (soviets, consejos obreros, organizaciones de fábrica). Tales organismos fueron creados por las masas proletarias en los primeros momentos de la Revolución Rusa, de la Revolución Alemana y de la insurrección popular italiana conocida como biennio rosso. Este tipo de organización y su consolidación (la autonomía proletaria) era, según los comunistas-consejistas, la forma de acción y organización de la clase obrera consciente de su papel histórico y coherente con su autoemancipación. En estos organismos los trabajadores de cada unidad de producción o barrio elegían, para instancias superiores de coordinación, a representantes de sus filas o a representantes conocidos de la clase obrera. Estos representantes eran delegados revocables en cualquier momento.

Hay que tener en cuenta que los consejistas solamente se oponen al partido de vanguardia y al estatismo, pero aún guardan grandes similitudes con la teoría leninista de los sóviets proletarios y adoptan los aportes de Lenin a la teoría general marxista.

Aparte de basarse en la práctica revolucionaria de los obreros revolucionarios alemanes, los teóricos consejistas encontraron también un precedente teórico en los textos y la práctica política de Rosa Luxemburgo, cuya defensa de la "acción espontánea" de los trabajadores se oponía al dirigismo de las cúpulas y burocracias partidarias. Esto le llevó a Rosa Luxemburgo a mantener diferencias tanto en la propia socialdemocracia alemana como con la socialdemocracia rusa y el centralismo leninista. Pero los comunistas consejistas llevaron más allá la crítica luxemburguista al dirigismo y al centralismo. Para los consejistas, el papel de los comunistas no era fundar un partido político para dirigir a la clase obrera, sino poner su experiencia de lucha y su acervo teórico al servicio del desarrollo autónomo del movimiento proletario en una dirección comunista. Su actividad de debate, clarificación y propaganda en el seno de la clase obrera no tenía como fin adoctrinar o ganar políticamente a los obreros a determinado programa especial, sino el contribuir a que la clase obrera organizada en sus organismos de poder enfrentase y superase, por sus propios medios, los obstáculos que tenía para la victoria revolucionaria sobre la burguesía y la organización comunista de la producción.

Las posiciones consejistas contra el autoritarismo y el dirigismo coinciden en algunos puntos con las concepciones anarquistas sobre la democracia directa. Su visión de la gestión común de los medios de producción por los propios proletarios y no por un "Estado obrero", les aproximaría a las tesis autogestionarias de los movimientos libertarios si no fuera porque recurren a elementos institucionales descentralizados (consejos) para gestionar los medios de producción. Sin embargo han llegado a esas posiciones desde una evolución marxista independiente y a través de la ruptura política tanto con la socialdemocracia como, en menor medida, con su ala radical, el bolchevismo.

Según el comunismo de consejos, los partidos políticos y los sindicatos son formas de organización correspondientes a la etapa reformista del movimiento obrero, y por lo tanto se transforman en fuerzas contrarrevolucionarias cuando se abre una situación revolucionaria, pues aun cuando sus burocracias dirigentes no tomen abiertamente partido por la restauración del orden burgués, las formas de actividad que caracterizan a partidos y sindicatos (política de jefes) obstaculizan el desarrollo de la autonomía proletaria, que es la precondición de la autoemancipación revolucionaria de la clase obrera. De esta manera, el comunismo de consejos no sólo se diferencia del "comunismo de partido", sino también del sindicalismo revolucionario y del anarcosindicalismo.

El comunismo de consejos, al contrario de las concepciones tradicionales que abogan por el binomio organización de masas/partido político y por la división de la lucha económica y la lucha política en organizaciones especializadas, aboga por la "organización unitaria" que unifique la lucha revolucionaria y la lucha por reformas, la lucha económica y la lucha política, tal como fue la experiencia de la Unión Obrera General de Alemania (AAUD), más tarde Unión Obrera General de Alemania-Organización Unitaria (AAUD-E).

El devenir histórico de la corriente comunista-consejista[editar]

Anton Pannekoek, Paul Mattick y el Grupo de Comunistas Internacionales de Holanda (GIK) fueron los principales continuadores y animadores de la corriente comunista-consejista en las décadas posteriores, aunque por el devenir contrarrevolucionario posterior a la derrota de la revolución proletaria en Europa, el comunismo de consejos sólo sobrevivió como una corriente teórica con un mínimo arraigo en intelectuales socialistas y obreros revolucionarios.

Algunas de las organizaciones y grupos de intelectuales que contribuyeron a desencadenar las revueltas de la década de 1960, entre ellos Socialismo o barbarie o la Internacional Situacionista, abrevaron en la teoría del comunismo de consejos.


Véase también[editar]