Combustión espontánea humana

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Se utiliza el término combustión espontánea humana para describir los supuestos casos de incineración de personas vivas sin una fuente externa de ignición, y cuyos cuerpos quedan reducidos casi en su totalidad a cenizas.[1]​ Aunque existen multitud de hipótesis sobre la combustión espontánea, la posición mayoritaria es de escepticismo sobre la propia existencia del fenómeno.

Los defensores de la existencia de este fenómeno contabilizan alrededor de 200 casos desde el siglo XVIII.[2]​ Sin embargo, en la mayoría de los casos apenas hubo una investigación sobre las circunstancias que lo rodearon, y muchos de ellos se basan en testimonios de segunda o tercera mano y se carece de datos tan básicos como el nombre de la víctima o la fecha del incidente.

La explicación más probable de la mayoría de los casos es el efecto mecha, en el que la ropa o algún tipo de tela que cubre un cuerpo empieza a arder lentamente por efecto de una chispa o llama tenue. Mientras la tela arde, la grasa corporal se derrite y es absorbida por la misma ropa o tela ya carbonizada, lo que actúa como la mecha de una vela, produciendo así una llama suave y estable. Este tipo de llama puede arder por horas y carbonizar las partes del cuerpo en contacto con la tela sin llegar a afectar el resto del cuerpo.[3][4]

Descripción del fenómeno[editar]

La combustión espontánea humana es un supuesto fenómeno donde el cuerpo de una persona arde por completo sin exposición a fuentes de calor externas. La creencia en el fenómeno se basa en algunos casos raros en los que se han encontrado los restos incinerados del cuerpo de una víctima en circunstancias donde no se puede determinar fácilmente la causa de la combustión. En la mayoría de los casos, las víctimas han sido encontradas totalmente reducidas a cenizas en su vivienda, aunque la habitación y los objetos a su alrededor presentan poco o ningún daño causado por fuego. En ocasiones, el fuego ha consumido completamente la mayor parte del cuerpo a excepción de algunas partes, quedando entre los restos fragmentos de hueso e incluso pies o brazos.[1][5]

El estado de los restos de estas personas es muy diferente al en el que comúnmente se encuentran los restos de personas víctimas de incendios domésticos, cuyos cuerpos no se reducen a cenizas sino que permanecen completos, si bien carbonizados, y presentando incluso tejidos.[5]

En la mayoría de los casos de alegaciones de combustión espontánea no se cuenta con datos forenses o investigaciones detalladas y se carece de información tan básica como el nombre de la víctima o la fecha del suceso. En los casos en los que sí se cuenta con descripciones detalladas aparecen una serie de elementos comunes:

  1. El fuego suele estar localizado en el cuerpo de la víctima. Los muebles y electrodomésticos cercanos a la víctima suelen quedar intactos. Los alrededores de la víctima sufren poco o ningún daño.
  2. La zona alrededor de la víctima y, a veces el resto de la habitación, se encuentra cubierta de un hollín grasiento.
  3. Casi siempre las víctimas tienen algún problema de movilidad (invalidez, sobrepeso...) o se encuentran incapacitadas (consumo de alcohol, barbitúricos...).
  4. En todos los escenarios hay alguna posible fuente externa de ignición.
  5. Nunca hay testigos oculares del momento del suceso.
  6. Las víctimas tienden a ser adultos mayores.

Historia[editar]

Una de las primeras menciones del fenómeno de la que se tiene registro es en un artículo escrito por Paul Rolli en el siglo XIX en The Philosophical Transactions of the Royal Society of London, from Their Commencement in 1665 to the Year 1800. El autor recoge algunos casos de víctimas que perdieron la vida por incineración sin que se pudiera encontrar la fuente del incendio. Rolli explora también la explicación propuesta por el autor John Henry Cohausen, quien sugiere que algunas sustancias contenidas en el cuerpo humano y diferentes procesos de fermentación en el estómago podrían crear una llama desde el interior del cuerpo al combinarse con bebidas alcohólicas y los movimientos internos del cuerpo durante la noche. Rolli concuerda con la teoría de Cohausen y sugiere otros procesos químicos y emanaciones del cuerpo que podrían estar involucrados en el fenómeno.[6]

Explicaciones científicas[editar]

Las explicaciones racionales de estos sucesos se engloban en dos categorías básicas: accidentes donde un incendio tipo efecto mecha tuvo lugar, o bien crímenes que se pretendieron encubrir mediante alegaciones de combustión espontánea.

El efecto mecha[editar]

A pesar del nombre de “espontánea”, lo cierto es que nunca ha habido testigos presenciales del momento de la ignición y en todos los casos con suficiente información transcurrieron varias horas desde que la víctima fue vista por última vez y el descubrimiento del cadáver. El efecto mecha fue propuesto por D. J. Gee en 1965 como explicación de la muerte de una mujer.[7]

El efecto mecha (o efecto vela) se produce cuando la ropa de la víctima se prende con alguna fuente de ignición externa. Si se dan las condiciones adecuadas, este primer fuego quema la piel y empieza a derretir la grasa corporal. Esta grasa es absorbida por la ropa, que actúa como la mecha de una vela, alimentando el fuego de forma constante durante horas. La grasa humana arde a 215°C aunque, si está embebida en una mecha puede arder a una temperatura menor.[8]

Experimentos de J.D. De Haan.[editar]

Si bien el efecto mecha logra explicar el origen de la fuente de combustión, el hecho de que los huesos se reduzcan a cenizas presentaba un misterio. Incluso en los modernos crematorios, que trabajan con temperaturas de 870-980 °C, los huesos no se consumen completamente y tienen que ser molidos. Los experimentos de J.D. De Haan, del Instituto Criminalista de California, lograron demostrar que aunque esta temperatura es mucho menor que la utilizada en hornos crematorios, en estos la temperatura está optimizada para incinerar un cuerpo en poco tiempo, y temperaturas menores pueden conseguir el mismo efecto si actúan durante bastante tiempo.[4]

J. D. De Haan, experto forense en incendios y autoridad sobre el efecto mecha, ha estudiado, explicado y reproducido el efecto con éxito y divulgado sus experimentos en documentales para la BBC y National Geographic Channel.[9][10]

En el experimento de De Haan, un cerdo fue envuelto en una manta y situado en una habitación simulada. Se vertió una pequeña cantidad de gasolina sobre la manta para iniciar el fuego. Tras prender la gasolina, los investigadores dejaron arder la manta por sí misma. La temperatura del fuego fue medida regularmente y era de solo unos 800°C. A medida que el fuego quemaba la piel del cerdo, su grasa subcutánea se derretía, fluyendo hasta la manta. La médula ósea, que contiene gran cantidad de grasa, también contribuyó al fuego. El mobiliario de alrededor no sufrió daños, aunque se fundió la carcasa de plástico de un televisor situado sobre un aparador. El fuego hubo de ser apagado manualmente después de siete horas, cuando la mayor parte del cuerpo del cerdo había sido reducida a cenizas.[4][3][5]

Con este experimento, los investigadores de la BBC explicaron las siguientes características de la combustión espontánea:

  • El fuego está altamente localizado: las llamas tenían menos de 50 cm de alto, por lo que el fuego normalmente no se propaga a los muebles cercanos.
  • El cuerpo resulta severamente quemado: el fuego, relativamente no muy caliente, puede arder durante un largo periodo de tiempo, como ocurrió, al ser alimentado por la propia grasa corporal de la víctima, lo que explica por qué el cuerpo puede arder durante tanto tiempo.
  • Los electrodomésticos situados sobre aparadores o similares no se incendian: el fuego calentó continuamente el aire y produjo una corriente de convección, pero los objetos circundantes no se quemaron, fueron solamente afectados como en los escenarios conocidos: derretimientos de plásticos, etc.

Crímenes[editar]

No es extraño que un criminal intente quemar a su víctima con la intención de encubrir el asesinato. Así, por ejemplo, en el caso de Nicolle Millet, su marido fue detenido y condenado en primera instancia. Al parecer, la policía sospechó inmediatamente de él al saber que mantenía una relación amorosa con una criada. Además, parte del cuerpo se encontró en la cocina, donde parte del suelo también había sido quemado.

El caso de la condesa von Görlitz también se engloba en esta categoría. En 1847, el conde Gorlitz llegó a casa (vivía en la región de Darmstadt) y no pudo encontrar a su esposa. Cuando se forzó la puerta de su habitación privada se halló su cuerpo parcialmente incinerado. La habitación había sufrido daños por el fuego y estaba desordenada, con una puerta y las ventanas rotas. También se halló que el escritorio se había quemado y su espejo se había roto. Las velas de la habitación también se habían fundido. Surgió la cuestión de si esta muerte (en una habitación aparentemente cerrada) había sido provocada por la combustión espontánea.

Tres años después un hombre llamado Stauff, antiguo sirviente de la condesa, fue acusado de su asesinato. Fue arrestado, juzgado y condenado. Stauff confesó que había ido a la habitación de la condesa y que al ver joyas y dinero allí sintió tentaciones. La condesa regresó inesperadamente y le sorprendió con las manos en la masa. En la subsiguiente pelea, Stauff la estranguló. Para encubrir su crimen, amontonó objetos combustibles sobre el escritorio y les prendió fuego. Su intención fue destruir toda la habitación.[11]

Explicaciones paranormales[editar]

Existen multitud de explicaciones de diversa índole que son rechazadas por la ciencia, bien por recurrir a elementos mágicos o por estar en contradicción con los conocimientos actuales. Estas engloban desde la intervención divina, ampliamente difundida en los siglos XVIII y XIX, el aumento de combustibilidad por consumo de alcohol, partículas exóticas, energías místicas, intervenciones de espíritus, etcétera.

Fuego por descarga estática[editar]

Esta teoría afirma que bajo ciertas circunstancias la electricidad estática sube hasta niveles tan peligrosos en el cuerpo humano que una descarga en forma de chispa puede prender las ropas.

El límite inferior para que una descarga eléctrica pueda ser percibida por un ser humano es de 3000 V. Los fenómenos de descarga de electricidad estática son a veces la causa de averías en componentes electrónicos, cuando estos son manipulados por un operario con carga electrostática. Caminar por una alfombra puede crear una diferencia de potencial de 1500 a 35 000 V.[12]

Las descargas de electricidad estática pueden prender los gases de hidrocarburos en las gasolineras, y son una de las posibles causas de explosiones en las mismas que popular pero erróneamente se creen causadas por las radiaciones de los teléfonos móviles. El 70% de estos sucesos ocurren en un clima frío y seco, que favorece la carga de electricidad estática.

El fenómeno de enormes cargas estáticas en cuerpos humanos fue advertido por primera vez por el profesor Robin Beach del Instituto Politécnico de Brooklyn. El profesor Beach creía que alguna persona podía llegar a acumular la suficiente carga estática como para prender materiales inflamables al contacto con su cuerpo. Aunque propuso esto como una posible causa para los casos de combustión espontánea, Beach no creía que hubiera una relación con la presunta combustión espontánea genuina, puesto que ninguna forma conocida de descarga electrostática podría hacer que los tejidos de cuerpo humano ardiesen. Sí creía que una descarga estática lo suficientemente fuerte podía provocar la ignición de polvo o pelusa en la ropa.

John E. Heymer da en su libro The Entrancing Flame dos ejemplos de supervivientes de descargas estáticas potencialmente fatales, ambos con testimonios oculares. Los testimonios aparecen como declaraciones escritas y firmadas, omitiendo algunos detalles para preservar la intimidad de los testigos. Dichos casos son:

  • Debbie Clark,[13]​ quien en septiembre de 1985 observó que ráfagas de luz azul emanaban ocasionalmente de su cuerpo.
  • Susan Motteshead,[14]​ quien en el invierno de 1980 sufrió un incendio espontáneo de sus ropas, según el testimonio de su hija.

John E. Heymer y su libro The Entrancing Flame[editar]

Descrito por Joe Nickell como un «minero inglés convertido en guardia», John E. Heymer escribió en 1996 un libro titulado The Entrancing Flame (en inglés «La llama fascinante» o «La llama encantadora», que en realidad es un juego de palabras).

El libro se titula así por la conclusión deductiva a la que el autor ha llegado tras examinar varios casos: que las víctimas de combustión espontánea son personas solitarias que caen en trance inmediatamente antes de la incineración

Heymer sugiere que en estas personas con desequilibrios emocionales, un proceso psicosomático puede disparar una reacción en cadena liberando hidrógeno y oxígeno dentro del cuerpo, detonando una reacción en cadena de explosiones mitocondriales. Las teorías de Heymer han encontrado muy poco apoyo. A su vez, han llevado a confusión: Ian Simmons, en una crítica del libro The Entrancing Flame, criticó a Heymer de la siguiente manera: «Parece estar bajo la ilusión de que el hidrógeno y el oxígeno existen como gases en la mitocondria celular y por lo tanto vulnerables a la ignición, que de hecho, no es el caso.»[15]

Larry Arnold y el pyroton[editar]

Larry Arnold es un investigador privado, que ha dedicado una gran parte de su tiempo a la controversia de la combustión espontánea. Es el director de una organización llamada Parascience International.

En su libro de 1995 sobre la combustión espontánea titulado Ablaze! (¡En llamas!) especula con la existencia de una partícula subatómica aún desconocida a la que se refiere como pyroton, que sería emitida en los rayos cósmicos. Normalmente esta partícula pasaría a través del cuerpo sin interactuar con él, como un neutrino, pero ocasionalmente, al colisionar con un núcleo celular podría desatar una reacción en cadena que destruye el cuerpo por completo.

Las reacciones frente a su teoría son casi unánimemente negativas.

En 1996, en un artículo de Fortean Times, Ian Simmons dijo: «No hay, sin embargo, ninguna evidencia para tal partícula e inventarla simplemente para explicar la combustión espontánea no es buen candidato para explicar el fenómeno.»[15]​Existen alrededor de 200 muertes que se han atribuido en algún momento, o se siguen atribuyendo al fenómeno de combustión humana espontánea. La mayoría, sin embargo, están escasamente documentados.[16]

Casos aparentemente de combustión humana espontánea[editar]

Fecha Ubicación Víctima(s)[17] ¿Sobrevivió? Observaciones
1470[18]​/1476 Milán, Italia Polonus Vorstius, ¿18 años? No La primera mención de combustión humana espontánea en la historia pertenece a un caballero italiano, Polonus Vorstius, que vivió durante el reinado de la reina Bona Sforza en el siglo XV, en Milán, Italia. El caballero consumió “dos cucharones de vino fuerte”. Sintió náuseas y comenzó a vomitar fuego que finalmente consumió todo su cuerpo[18]​. Nadie más de los que estaban con él, incluyendo los padres, se vio afectado por el fuego[19]​. En su honor existe un vino con su mismo nombre[20]​.
20 de febrero de 1725 Reims, Francia Nicolle Millet No Aunque existen historias anteriores, el primer caso de muerte atribuida a la combustión humana espontánea con fecha conocida ocurrió en 1725. El caso fue recogido por el francés Jonas Dupont en el libro De Incendiis Corporis Humani Spontaneis (Sobre el fuego espontáneo en el cuerpo humano). Dupont se inspiró en el caso de un hombre que fue juzgado por el asesinato de su mujer. La víctima, Nicolle Millet, había sido hallada quemada en una silla que permaneció indemne. Durante el juicio, un joven cirujano llamado Nicholas le Cat convenció al jurado de que la muerte de la mujer era un caso de combustión humana espontánea. El acusado fue declarado inocente y el jurado dictaminó que la mujer había muerto «por la visitación de Dios».[21]​ En Secrets of the Supernatural Joe Nickell afirma que los restos de la señora Millet no fueron encontrados en una silla sin quemar, sino que su cabeza, parte de la columna vertebral y de las extremidades inferiores fueron encontrados quemados en la cocina, donde el suelo se encontraba también quemado. Nickell afima que el marido fue realmente condenado pero que la condena fue revocada posteriormente. Nickell se basa en tres fuentes para su reconstrucción del caso: Elements of Medical Jurisprudence (1835) de G. H. Lewes; Spontanteous Combustion de la Blackwood's Edinburgh Magazine, n.º 89; y Principals and Practice of Medical Jurisprudence (1883) de T. Stevenson.
22 de marzo de 1731 Cesena, Italia Cornelia Zangari di Bandi, Condesa de Cesena; 66 años No Este caso es famoso por haberlo citado el novelista Charles Dickens en el capítulo 32 de su novela Bleak House. La condesa, de 62 años de edad, murió en algún momento anterior a 1731. La condesa había estado bien todo el día, pero durante la cena se encontraba «embotada y con pesadez». La doncella la acompañó a su habitación y, al día siguiente, al no levantarse a la hora habitual, fue a despertarla y encontró los restos de la condesa. Según el relato, la habitación se encontraba llena de hollín. El cuerpo de la condesa había sido reducido a un montón de cenizas que se encontraba a poco más de un metro de la cama, aunque sus piernas y parte de su cabeza se encontraban relativamente intactas. La cama y el resto del mobiliario no habían sido afectados por el fuego, pero estaban cubiertas por una capa grasienta y maloliente. En el suelo se encontró una lámpara de aceite cubierta de cenizas, pero sin aceite. La forma en la que se encontraron las sábanas parecía indicar que la condesa se había levantado en algún momento de la noche.[22]
9 de abril de 1744 Ipswich, Gran Bretaña Grace Pett No Estalló en llamas frente a su hija que más tarde describió el suceso como “un tronco de madera que se consume por las llamas.” Ella subió para acostarse con su hija y pero, volvió a bajar un poco más tarde con una vela para iluminar el camino y poderse fumar una pipa junto a la chimenea. Su hija se quedó dormida ya que la ausencia de su madre en ese momento no era inusual. A la mañana siguiente, su hija descubrió los restos de Pett y gritó pidiendo ayuda. El cuerpo de Pett estaba en el suelo, con la cabeza contra la reja de la chimenea y sus piernas en el piso de madera. El incidente fue descrito como 'parecido a un bloque de madera ardiendo con un fuego que brilla intensamente pero sin llama'. Su hija vertió dos copas de agua sobre el cuerpo para apagar esta lenta combustión produciendo un humo espeso [23]​.
1789 Filetto, Italia Cura Bertoli No Bertoli era un cura que vivía con su cuñado, quién se sobresaltó al escuchar el grito del padre Bertoli. Cuabdo su cuñado llegó a su habitación lo encontró muerto junto a una llama que se extinguió al acercarse. El cura llevaba puesta su túnica pero no estaba quemada [24][25]​.
5 de enero de 1835 Nashville, Estados Unidos James Hamilton Un profesor de la Universidad de Nashville, James Hamilton, llegó a su casa de un paseo cuando tuvo una sensación de ardor en una de sus piernas. Una llama de uno o dos centímetros de ancho salía de su pantalón y lo extinguió con sus manos. Su piel se quemó 7.5 cm, sus largos calzones fueron dañados en ese lugar, pero los pantalones estaban apenas marcados [26][27][28]​.
25 de diciembre de 1885 Illinois, Estados Unidos Sra. Patrick Rooney (su esposo y sirviente muriron por el humo inhalado) No El 25 de diciembre de 1885, el señor y y la señora Patrick Rooney fueron encontrados muertos en su cocina por su sirviente contratado, John Larson, y su hijo, John Rooney, en su casa en Seneca, Illinois, Estados Unidos. La última vez que se les vio a los dos con vida fue a las 8:00 pm de la noche anterior, cuando compartieron algunas 'bebidas navideñas' con Larson y su hijo. A la mañana siguiente, Larson alertó a los vecinos que algo andaba mal en la casa y él mismo había inhalado el humo del interior, por lo que el interior no fue explorado por completo hasta que un médico de Port Huron, Michigan Dr. Floyd Clendenin llegó a realizar una investigación. Al entrar, el cuerpo del Sr. Rooney fue encontrado tirado en el suelo junto a su cama. El dormitorio estaba al lado de la cocina, y la puerta estaba entreabierta. En la cocina, una vela parcialmente quemada estaba sobre la mesa, junto a la mesa había un agujero quemado en el piso que medía dos pies y medio por tres pies, a través del cual se podía ver el suelo debajo de la casa. En ese agujero había un montón de cenizas, que también contenían un cráneo, un hueso cervical, algunas vértebras dorsales y parte de un ilion, las vértebras y el ilion estaban casi reducidas a cenizas seis pulgadas del fémur derecho, y dos pies humanos, todavía con sus zapatos y ambos carbonizados. En total, el cuerpo perteneciente de la Sra. Rooney de ciento sesenta libras se había reducido a solo doce libras de restos. Nada más en la cocina fue dañado directamente por el fuego, pero la mayoría de las paredes interiores y los muebles de la casa estaban recubiertos con una "sustancia sucia, grasienta y con hollín". La investigación realizada por la policía y el forense llevó a la conclusión de que la deñora Rooney fue víctima de 'combustión humana espontánea', una situación en la que se cree que el cuerpo humano de alguna manera se enciende y se reduce a cenizas en muy poco tiempo. Se dijó además que su esposo había sido asfixiado por el humo del cuerpo en llamas de su esposa mientras dormía y en el lugar del incidente, la víctima había hollín grasiento dejado un contorno de su cabeza en su almohada, demostrando que había estado dormida durante el extraño evento. John Larson fue absuelto de la sospecha de asesinato demostrando no ser responsable. Larson probablemente sobrevivió a la noche porque dormía en el segundo piso y su puerta estaba cerrada, por lo que estaba razonablemente protegido de la fuente principal de humo y hollín. Sin embargo, murió dos semanas después del evento, aparentemente debido a los efectos de inhalar el humo y la grasa en el aire de la casa esa noche. Clendenin escribió un relato de este asunto, que se imprimió en una edición de 1889 de la Therapeutic Gazette[29][30][31]​.
2 de julio de 1951 San Peterburgo, Florida, Estados Unidos Mary Reeser; 67 años No Este caso reavivó el interés popular por la combustión espontánea, que había decaído a lo largo del siglo XIX y primera mitad del XX. Mary Reeser era una viuda de 67 años con problemas de sobrepeso, residente en St. Petersburg, Florida. La última vez que se la vio con vida fue el 1 de julio de 1951, cuando su hijo y su casera, Pansy Carpenter, estuvieron con ella por la tarde. Ese día, a las 5 de la madrugada, la señora Carpenter se despertó por un olor a quemado pero, pensando que se trataba de una bomba de agua que se había recalentado, la apagó y volvió a la cama. Por la mañana, recibió un telegrama dirigido a la señora Reeser. Cuando fue a entregárselo, notó que el picaporte estaba caliente, por lo que, alarmada, fue a pedir ayuda. Junto con dos pintores que estaban trabajando cerca, consiguió entrar. El rincón donde se encontraba la silla donde habían dejado la tarde anterior a Mary Reeser se encontraba seriamente quemado. Los más de 75 kg de peso de la señora Reeser se habían reducido a cenizas, y sólo su pie izquierdo era identificable. También se encontraron su hígado, algunas vértebras y su cráneo, reducido al tamaño de una pelota de béisbol. Todo el apartamento mostraba daños por calor por encima de los 1,2m de altura. Las paredes estaban cubiertas con un hollín grasiento, un espejo se había roto y varios objetos de plástico se habían fundido. Por debajo de esa altura, la única evidencia de fuego era una pequeña zona circular quemada donde había estado Mary Reeser. Un reloj de pared también fue afectado por el calor y se paró a las 4:20 h de la madrugada.[22]​ El hijo de la señora Reeser declaró que, cuando dejó a su madre, se encontraba fumando un cigarrillo y se había tomado dos cápsulas de Seconal (un barbitúrico). El informe de la policía concluyó que Mary Reeser se había quedado dormida con un cigarro encendido, que éste prendió su bata y el cuerpo se consumió por la combustión de sus tejidos grasos.[32]
8 de noviembre de 1964 Upper Darby, Pensilvania, Estados Unidos Helen Conway; 51 años No Una de sus nietas, mientras veía dibujos animados abajo, escuchó el sonido de la campanilla, era la llamada de su abuela para que subiera a verla, ya que la señora Helen no podía moverse a causa de su invalidez. La pequeña subió rápidamente las escaleras, y tras hablar con su abuela, le llevó lo que ésta le había pedido y bajó nuevamente. Una vecina de las casas aledañas que pasó justo por debajo de la ventana donde se encontraba Helen, vio que había fuego en el interior del dormitorio, y sin dudarlo llamó a la puerta, tras abrir la nieta, su vecina muy asustada dijó que comprobará de donde procedían aquellas llamas. Cuando llegaron al dormitorio fueron testigos de que el cuarto estaba lleno de humo, por lo que tuvieron que llamar a los bomberos. Cuando éstos llegaron el fuego ya se había apagado, encontrando tan solo un montón de cenizas, las piernas de rodilla para abajo de la señora Helen y una pulsera que estaba en buen estado [24]​. Aunque Conway era una fumadora empedernida y descuidada, por el aspecto de su dormitorio, que tenía muchas quemaduras de cigarrillos, Meslin dijo que le tomó solo unos minutos quemar a Conway mientras estaba sentada en su silla. Como en el caso de Mary Reeser, es imposible ser incinerado tan ferozmente por una quemadura de cigarrillo. Meslin dijo: "La parte sorprendente del incidente, en mi opinión, es el elemento del tiempo". Meslin continuó diciendo que la nieta hizo la llamada de alarma contra incendios dentro de los "tres minutos" de salir de la casa de Helen Conway. Eso significaba que la Sra. Conway estaba viva a las 8:42 AM y los bomberos llegaron para encontrar sus restos a las 8:48 AM, demorando solo 6 minutos [33]​.
5 de diciembre de 1966 Pennsylvania, Estados Unidos John Irving Bentley; 92 años No El Dr. John Bentley era un cirujano retirado de 92 años. El 4 de diciembre de 1966 unos amigos estuvieron de visita en su casa y se fueron alrededor de las 9 de la noche. A la mañana siguiente, Gosnell, un empleado de la compañía eléctrica fue a revisar el contador del Dr. Bentley. Dado que Bentely tení problemas de movilidad y sólo podía andar con su andador, Gosnell tenía permiso de éste para entrar en el sótano siempre que fuera necesario. Cuando bajó al sótano, Gosnell notó un extraño olor y un hollín azulado, por lo que subió al piso a investigar. El dormitorio estaba lleno de humo, y en el cuarto de baño encontró los restos de John Bentley. Lo único que quedaba de él era un montón de cenizas y su pie derecho. Cerca de los restos estaba su andador, con los mangos de plástico todavía intactos. Al parecer, el Dr. Bentley era un fumador empedernido y bastante descuidado de pipa. En su armario se encontró ropa con quemaduras de tabaco.[22]
13 de septiembre de 1967 49 Auckland Street en Lambeth, al sur de Londres , Inglaterra Robert Francis Bailey ó simplemente Bailey; 64 años No Robert Francis Bailey, un hombre sin hogar, estaba dentro de una casa abandonada en el 49 Auckland Street en Lambeth, al sur de Londres. A las 5:21 am del 13 de septiembre de 1967, un miembro anónimo de un grupo de trabajadoras de oficina llamó por teléfono al Cuerpo de Bomberos de Londres. Mientras esperaban que el autobús funcionara, notaron llamas azules parpadeantes visibles a través de una ventana superior de 49 Auckland Street, Lambeth, Londres. Creían que se trataba de gas quemándose. Cuando el departamento de bomberos llegó a las 5:24 am, descubrieron el cuerpo en llamas de Robert Francis Bailey, un alcohólico local sin hogar. Uno de los bomberos que respondieron informó: “Cuando entré por la ventana, encontré el cadáver de un vagabundo llamado Bailey que estaba al pie de las escaleras que conducían al segundo piso. Estaba acostado en parte sobre su lado izquierdo. Había una hendidura de cuatro pulgadas (102 mm) en su abdomen desde la cual se emitía, a la fuerza, una llama azul. La llama empezaba a quemar las escaleras de madera. Apagamos las llamas tocando una manguera en la cavidad abdominal. Bailey estaba vivo cuando comenzó a arder. Él debe haber estado en un terrible dolor. Sus dientes se hundieron en el poste de caoba de la escalera. Tuve que separar sus mandíbulas para liberar el cuerpo. El fuego venía de dentro del abdomen de su cuerpo […] No hay duda alguna, ese fuego comenzó dentro del cuerpo. Ese es el único lugar donde podría haber comenzado, dentro de ese cuerpo ". Bailey había estado consciente cuando se quemó hasta la muerte y había pruebas que sugerían que había estado convulsionando en agonía mientras el fuego lo consumía. Había mordido el poste en la escalera, que estaba hecha de caoba sólida y sus dientes estaban incrustados tan profundamente en la madera que el departamento de bomberos tuvo que abrir su boca para retirar su cuerpo. El bombero describió lo que había presenciado: "Había alrededor de una abertura de cuatro pulgadas en su estómago y la llama emanaba de esa rendija de cuatro pulgadas como una antorcha. Era una llama azul. La llama en realidad venía del cuerpo mismo. Desde el interior del cuerpo. Estaba ardiendo literalmente de adentro hacia afuera. Y fue definitivamente bajo presión. Y estaba chocando con el suelo de madera debajo del cuerpo, tanto que el calor de la llama se chamuscó en la madera". El único daño de incendio en la casa estaba en el piso, directamente debajo de donde el cuerpo había estado ardiendo. Aparte del abdomen donde se había originado el fuego, la ropa de Bailey no se veía afectada por el fuego. El departamento de bomberos apagó las llamas casi de inmediato, creyendo originalmente que Bailey aún podía estar vivo. El trabajo requería el uso de varios extintores y fue increíblemente difícil. Se determinó que la causa original de muerte de Bailey era "asfixia debido a la inhalación de humo", pero después de revisar el caso, se consideró que su muerte se debió a "causas desconocidas"[34][35][36]​.
17 de junio de 1971 Arcis-sur-Aube, Francia Léon Eveil; 39 años No Los restos de Léon Eveillé fueron encontrados en su carro, un Simca 1000, en un pequeño camino. Cruzando un bosque que solía tomar prestado. Estaba acostado "con brazos cruzados en el asiento". La víctima llevaba puesto el cinturón de seguridad. Curiosamente, las ventanas de su coche se había derretido completamente, lo que sugiere una temperatura realmente ardientemente alta. El suelo se carbonizó en un radio de 15 metros alrededor de la carcasa del vehículo. Este caso se menciona a veces en los archivos "OVNI" porque los testigos han informado haber visto un tipo de máquina que rozó el suelo[37][38]​.
12 de noviembre de 1974 Savannah, Estados Unidos Jack Angel En noviembre de 1974, el Sr. Angel se fue a la cama y se quedó dormido, como de costumbre, para despertarse cuatro días después. Cuando se despierta, se da cuenta de que tiene marcas de quemaduras en varias áreas del cuerpo: "Hubo una explosión en mi pecho que había hecho un agujero, Me quemé... en el tobillo y en la espalda con manchas". Además, su mano derecha es negra y tiene ampollas, muñeca a los dedos. Las sábanas y la ropa del Sr. Ángel no revelan ningún rastro de fuego[37]​.
12 de mayo de 1977 Uruffe, Francia Ginette Kazmierczak No La noche del 12 de mayo de 1977, ella está sola su apartamento porque su hijo salió fuera. Alrededor de las 3 de la mañana, su vecino de al lado se despierta sobresaltado. Su habitación estaba llena de humo. Sale y ve pequeñas llamas devorando la puerta de la señora Kazmierczak. Ella alerta a los bomberos que, muy rápidamente llegaron, se encuentran ante un espectáculo de aterrador. El cuerpo de Kazmierczak está chamuscado en el piso contra la puerta principal, pero sus piernas y su brazo derecho están intactos, mientras que la cabeza, el tronco y el abdomen no son más que cenizas. Tendría que llegar a una temperatura enorme de 2000°C para llegar a ese resultado. Solo el piso debajo del busto de la víctima revelará rastros de fuego. Las paredes y el suelo están manchados de hollín, pero nada más se había quemado. La estufa de aceite y el calentador de agua están apagados. Una caja de cerillas está intacta en el alféizar de la ventana. La electricidad funciona correctamente[39]​.
24 de noviembre de 1979 Bolingbrook, Illinois, Estados Unidos Beatrice Oczki; 49 años (y sus dos perros) No Beatrice Oczki, de Bolingbrook, Illinois, de 49 años de edad, se incineró sin provocación. La noche del 24 de noviembre, la Sra. Oczki se despidió de su hijo, quien partió para un viaje de esquí de fin de semana, y luego se acomodó en su sillón favorito para tomar una cerveza, fumar un cigarrillo y ver el televisor. En algún momento de la noche, la Sra. Oczki, quien pesaba 195 libras y que era diabética y llevaba un aparato ortopédico para las piernas, supuestamente entró en erupción. De acuerdo con un relato, sucedió tan rápido y con tanta intensidad que la cerveza en su mano explotó y sus dos perros que durmían cerca se asfixiaron. El fuego incineró la silla en la que estaba sentada, fundió una cinta de video cercana y formó una ampolla de pintura en el techo, pero nada más en la habitación. La televisión, cuando fue encontrada más tarde, no sufrió daños, y un periódico a tres pies de su cuerpo estaba sin quemar. A la mañana siguiente, la hija de la señora Oczki se detuvo en Iaw por la casa, para recoger algunos artículos y llamó a la puerta. Al no obtener respuesta y oler humo, llamó al Departamento de Bomberos. Cuando los bomberos llegaron, entraron a la casa y descubríeron una escena que solo puede ser descrita como horrible. Saliendo de una pequeña pila de cenizas y huesos eran la parte inferior de dos piernas humanas, una de ellas con corsé. En su libro, Unexplained Mysterin of the 20th Century; los autores Janet y Colin Bord señalaron: "Incluso si la Sra. Oczki estaba fumando mientras miraba la televisión, nos encontramos nuevamente ante el misterio de cómo un cigarrillo podría causar tal conflagración, ¿Cómo de hecho?"[40]​.
5 de enero de 1980 Ebbw Vale, Gales, Gran Bretaña Henry Thomas; 73 años No Henry Thomas tenía 73 años y no fumaba. Cuando fue descubierto por el policía británico. John Heymer, no quedaba nada más que cenizas, sus dos pies intactos y su cráneo. Los únicos objetos en la habitación que fueron alcanzados por las llamas fue el sillón de madera en Henry Thomas estaba sentado en el momento del drama, así como la superficie de la alfombra. Todo el resto de la parte fue cubierta con una película de grasa del cuerpo[37]​.
octubre de 1980 Florida, Estados Unidos Jenna Winchester Jenna estaba sentada en un auto con su amiga Lerslie Scott cuando se incendió inexplicablemente. Llamas amarillas brotaron de su cuerpo mientras gritaba "¡Sácame de aquí!" . su amiga trató de apagar las llamas y perdió el control del vehículo que luego golpeó un teléfono. Jenna Winchester sobrevivió al incidente. El veinte por ciento de su cuerpo estaba cubierto de quemaduras. Ella le dijo a la prensa que ella solo recordaba que conducían silenciosamente en auto, luego, ella no recuerda nada hasta que está en el hospital. "Al principio pensé que podía encontrar una explicación lógica para este caso, dijo ella. Pero no pude encontrar ninguna. Yo no fumé, la ventana estaba cerrada, por lo que nadie podía arrojarme algo desde afuera, el vehículo no se quemó. Finalmente pensé en la combustión humana espontánea..."[37]​.
1982 Formia, Roma, Italia Benedetto Supino; 9 años Benedetto Supino era un joven italiano en 1982 cuando prendió un cómic mientras lo leía. Al igual que los héroes de sus cómics favoritos, parecía tener un poder especial. Sin embargo, no podía parecer controlarlo. Benedetto hacía que ardieran objetos en su presencia, las sábanas ardían espontáneamente mientras dormía y los dispositivos electrónicos como fusibles e las instalaciones eléctricas se estropearan ante su presencia. A día de hoy, los científicos e investigadores siguen sin saber qué ocurría [41][42]​.
15 de septiembre de 1982 Edmonton, Londres, Reino Unido Jeannie Saffin; 61 años No Jeannie Saffin era una mujer británica que padecía una enfermedad mental y tenía 61 años al momento de su muerte. Vivía con su padre, Jack Saffin. El 15 de septiembre de 1982, ojeaba un periódico y de repente se da cuenta de que hay una luz que provenía de la cocina. Al darse la vuelta vio a su hija con llamas que 'salían de su boca'. Su cuñado de Jeannie quien estaba de visita escuchó los gritos de su suegro y de inmediato va hacia a donde estaba. Las llamas alcanzaba una longitud de 60 centímetros y las apagaron con agua. Murió días después al haber entrado en coma[24]​.
26 de marzo de 1986 Crown Point, Nueva York George I. Mott; 58 años No George Mott era un bombero retirado que sufría problemas pulmonares y necesitaba una máscara de aire y una bomba para respirar. El 26 de marzo de 1986, su hijo, Kendal, lo visitó después de no haber contestado repetidas llamadas telefónicas. Kendal encontró todas las ventanas doradas y el interior ahumado. Dentro de su habitación, encontró lo que quedaba de su padre. Sus restos consistían en cenizas, algunas astillas de hueso y un fragmento de cráneo. El calor abrasador había derretido un televisor en la habitación. Sin embargo, gran parte de la ropa de cama estaba ilesa. A pocos metros de la cama, una caja de fósforos de madera no se encendió. El aire todavía bombeaba de su máscara de aire. Joe Nickell notó que George era un ex bebedor y fumador. Él cree que George estaba deprimido y decidió fumar un cigarro o un cigarrillo. Si arrojó el cigarrillo sobre sí mismo, podría haber hecho que accidentalmente se prendiera fuego[43][44]​.
enero de 1991 Pocklington, Yorkshire, Inglaterra Wilfred Gowthorpe; 71 años No En enero de 1991, un hombre de 71 años llamado Wilfred Gowthorpe de Pocklington, Yorkshire, fue descubierto por unos amigos tras sufrir graves quemaduras en la mano y el antebrazo izquierdo, sin causa aparente. Además, las quemaduras en el antebrazo ocurrieron bajo la ropa que a su vez no sufrió daños. Tuvó que injertarsele piel en el antebrazo y los dedos pequeños y anulares de la mano izquierda tuvieron que ser amputados. Vivía solo y se quedó con amigos más jóvenes durante el día, principalmente Sandra Stubbins y su esposo George Michael Stubbins, también de Pocklington, quien lo había "adoptado" como una especie de pariente. Él los ayudó con las tareas domésticas. En una declaración escrita, la señora Stubbins dijo: "Para nosotros era más como un tío". En el día en cuestión (la fecha exacta fue olvidada por los Stubbins), la pareja estaba decorando su casa. El Sr. Gowthorpe estuvo presente, ayudando con varias tareas. La señora Stubbins se despidió de él y salió durante media hora. Cuando la señora Stubbins regresó, encontró al señor Gowthorpe en el fregadero de la cocina. Un cubo de pasta y un cepillo estaban delante de él y el grifo estaba abierto. Estaba inmóvil y no mostró reacción ante la presencia de la señora Stubbins. La Sra. Stubbins, empleada doméstica de profesión, pensó inmediatamente que el Sr. Gowthorpe había sufrido un derrame cerebral y llamó al médico. El médico, un médico de cabecera de la familia llamado Dunham, llegó muy pronto y examinó al señor Gowthorpe. Notó lo que la sorprendida señora Stubbins no tenía: que la mano del señor Gowthorpe estaba muy quemada. En las palabras de la señora Stubbins: "Ambos dedos fueron amputados en el hospital. Estaban tan carbonizados que si no hubieran sido amputados, se habrían roto por sí solos". La Señora Stubbins declaró el 4 de diciembre de 1994: "Lo que me parece tan extraño es que las mangas de su camisa estaban abotonadas hacia arriba y la manga de su chaqueta bajó hasta sus muñecas, pero su brazo izquierdo se quemó hasta el codo[...] Lo extraño fue que su pulgar no estaba dañado en absoluto. No pudo haber agarrado nada lo suficientemente caliente como para quemar dos dedos en cenizas sin dañar su pulgar. "Le pregunté en el hospital si podía haberse electrocutado, pero dijeron que para hacer ese tipo de daño lo habrían matado desde hacía mucho tiempo. Estuvo en el hospital unas quince semanas en total". El señor Gowthorpe abandonó el hospital en abril de 1991, y su "misterioso caso" se informó en el periódico local The Pocklington Post, edición del 25 de abril de 1991. El señor Gowthorpe no podía recordar lo que le había sucedido. Murió 18 meses después. La Sra. Stubbins expresó su opinión de que, dadas las dolorosas heridas del Sr. Gowthorpe, la angustia que experimentó por su amnesia y su confusión ante la falta de una explicación racional para ambas, hubiera sido mejor si hubiera muerto en el momento del incidente[45]​.
24 de agosto de 1998 Sydney, Australia Agnes Phillips No Jackie Park dejó a su madre, Agnes Phillips, sola en su automóvil por unos momentos. El vehiculo estaba estacionado, el motor estaba apagado y la anciana, que padecía Alzheimer, estaba durmiendo. Unos minutos más tarde, se vio humo en el automóvil, seguido de una explosión de llamas. Un transeúnte logró sacar a la anciana del vehículo. La Sra. Phillips todavía estaba viva y sufrió quemaduras en el pecho, el abdomen y la espalda, brazos y piernas. Fue trasladada al hospital donde murió la semana siguiente. La causa el fuego permanece indeterminado: no se encontró rastro de acelerador en el automóvil, el motor no estaba encendido, la víctima no fumaba y la temperatura en Sydney ese día no subió a más 16° C[37][46]​.
agosto de 2013 Tamil Nadu, India El bebé Rahul En agosto de 2013, Rahul, un bebé de dos meses y medio de Tamil Nadu, India, fue ingresado por cuarta vez por graves quemaduras. Tratado en la Facultad de Medicina y el Hospital Kilpauk en Chennai, su madre alega que Rahul empezó a arder de forma espontánea. Sin embargo, los resultados de las pruebas iniciales (que mostraron normal funcionamiento de su hígado y los riñones) y la distribución de las quemaduras hacen sospechar a los médicos que se trata de un caso de maltrato infantil.[47][48][49]
17 de septiembre de 2017 Tamil Nadu, India John Nolan; 70 años No El 13 de diciembre de 2017, John Nolan, de 70 años de edad, se encontraba caminando por Orchard Place, al norte de Londres, cuando se vio envuelto en llamas en medio de la concurrida calle. Algunos trataron de sofocar las llamas mientras que otros corrieron aterrorizados. Nolan murió al día siguiente por causa de las quemaduras de tercer grado que cubrían el 67% de su cuerpo. La policía nunca encontró la causa por la que el fuego inició. En el cuerpo de la víctima no se encontraron rastros de algún combustible o sustancia inflamable y tampoco se encontraron testigos que vieran el momento exacto cuando Nolan empezaba a arder, a pesar de encontrarse en una calle concurrida.[50]

Uso en la ficción[editar]

La combustión espontánea humana se usa ocasionalmente en las obras de ficción. Charles Dickens la usó como un recurso argumental en su novela La casa desierta (1853), lo que atrajo la atención sobre el fenómeno. La serie de televisión Picket Fences incluyó un episodio en el que un personaje habitual moría de esta forma. El experimento del efecto mecha fue reconstruido en el episodio Face Lift de la serie de televisión CSI: Las Vegas. La película This Is Spinal Tap incluye varias referencias a la combustión espontánea humana, pues dos de los baterías de la banda ficticia «explotaron sobre el escenario», en palabras de la propia banda.

La película Combustión espontánea (1990) protagonizada por Brad Dourif hace referencia a muchos hechos que han sido advertidos en casos de combustión espontánea. Por razones relevantes para la trama, la causa del fenómeno se atribuye en la película a envenenamiento por radiación.

En el 2º episodio de la 3ª temporada de South Park, titulado Combustión espontánea, algunos de los vecinos de la ciudad mueren por combustión espontánea al prolongar en exceso sus flatulencias.

En la novela de Madison Smart Bell Esperando el fin del mundo el protagonista muere por combustión espontánea.

En el episodio Confianza y paranoia de la telecomedia de la BBC Enano Rojo se informa al protagonista, Dave Lister, que un comandante anterior de Varsovia ardió espontáneamente. Dave se contagia entonces de un virus que materializa sus pensamientos inconscientes, lo que provoca que el comandante de Varsovia aparezca en la nave y luego explote.

También en la serie de televisión Expediente X la combustión espontánea es una de las especulaciones propuestas en diversos casos que investigan, sin acertar en ninguno de ellos.

En el 10º capítulo de la 3ª temporada de Padre de Familia Peter Griffin es víctima de una combustión espontánea en la imaginación de Stewie.[51]

La letra de la canción Pardon Me de la banda Incubus hace referencia a la combustión espontánea. La canción Fire of Unknown Origin de Blue Öyster Cult y Principio de ignición de Rohiov también se refiere a este fenómeno.

En la serie de televisión Fringe, capítulo 19 de la primera temporada una chica arde. Inicialmente se considera la combustión espontánea, pero otra opción es la piroquinesis.

En la tercera entrega del videojuego Los Sims, los personajes pueden sufrir una combustión espontánea y morir.

En el falso documental This Is Spinal Tap mencionan que el anterior baterista de la banda, "Peter James Bond", murió por una combustión espontánea durante un concierto.

El episodio tres de la secuela del anime Kuroshitsuji, Kuroshitsuji II trata sobre casos de combustión espontánea.

En el anime Nanbaka el prisionero 634 Musashi sufría de combustión espontánea.

En el manga y anime Rurouni Kenshin, el antagonista Makoto Shishio muere de combustión espontánea.

Casos conocidos[editar]

Referencias[editar]

  1. a b Will Bradbury, ed. (1981). Into the Unknown (en inglés). The Reader's Digest Association. p. 165. ISBN 0895770989. 
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  51. «Combustión espontánea en Padre de Familia». 

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]