Cociente intelectual

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Los cocientes intelectuales de una población de muestra lo bastante grande pueden representarse con una distribución normal.

El cociente intelectual[1]​ o coeficiente intelectual[2][3]​ (CI en forma abreviada; del alemán Intelligenz-Quotient, IQ) es una puntuación resultado de alguno de los test estandarizados diseñados para valorar la inteligencia. Al contrario de lo que se suele pensar comúnmente, el CI no es la inteligencia de una persona, sino un estimador de inteligencia general. Algunos autores consideran que el cerebro humano es lo suficientemente complejo como para no poder mesurar la inteligencia con un único factor,[4]​ pero otros consideran que tiene gran valor predictivo en términos de rendimiento académico o laboral.[5]​ Históricamente el CI se obtiene dividiendo la edad mental de una persona entre su edad cronológica y multiplicando el resultado por 100, obteniendo así un indicador de la inteligencia "esperable" del individuo.

Terminología[editar]

A pesar de que en el Diccionario de la lengua española (DLE) se recoge el término de «coeficiente intelectual», es importante aclarar que la comunidad psicológica se ha manifestado reclamando[cita requerida] como única forma correcta la de «cociente intelectual», traducción literal del término original Intelligenz-Quotient.

Hasta la 22.ª edición del Diccionario de la lengua española de la RAE, publicada en 2001, se recogía el término «coeficiente» con entrada propia,[2]​ y a partir de marzo de 2012, fecha en la que se incorporan las 1697 modificaciones aprobadas desde septiembre de 2007,[6]​ la Real Academia Española añadió a la página electrónica del avance de la vigésima tercera edición de su Diccionario, como «artículo enmendado», el término «cociente»,[1]​ y recogió así el uso que se da en el campo de la psicología en español[7][8]​ desde al menos 1978.[9]​ Cabe destacar que los dos términos han coexistido, incluso juntos en una misma página, en varias publicaciones especializadas.[10][11][12]

Historia[editar]

Desde hace muchos años se ha intentado clasificar a las personas en diversas categorías de inteligencia a través de la observación del comportamiento en la vida cotidiana de las personas. Eso ocurría incluso antes de que se inventaran las pruebas de Cociente Intelectual (CI). Esas otras formas de observación del comportamiento siguen siendo importantes para validar las clasificaciones basadas principalmente en los resultados de los exámenes de inteligencia.

El término de Cociente intelectual fue empleado por primera vez por el psicólogo Universidad de Breslavia William Stern en 1912,.[13]​ Su finalidad fue para dar nombre a un nuevo método para puntuar los resultados de los primeros test de inteligencia para niños, desarrollados por Alfred Binet y Théodore Simon a principios del siglo XX. El psicólogo francés Alfred Binet, junto con Théodore Simon publicó en 1905 la prueba llamada Edad Mental. La puntuación en la escala de esta prueba de Binet-Simon revelaría la edad mental del niño. La medida de la inteligencia consistía en la división de la "Edad Mental" entre la "Edad Cronológica" y se multiplicaba el resultado por 100, dando como resultado el mencionado cociente.[14]​ El psicólogo estadounidense Lewis Terman de la Universidad de Stanford revisó el test de Binet-Simon, y se modificó el nombre en la Escala de Inteligencia Stanford-Binet (1996). Se convirtió en la prueba más popular en los Estados Unidos durante décadas.

Aunque aún se emplea habitualmente el término CI para referirse al resultado de un test de inteligencia, la puntuación de los test empleados hoy día, como la Escala Wechsler de Inteligencia para Adultos, se basan en la proyección del rango medido del sujeto en una campana de Gauss formada por la distribución de los valores posibles para su grupo de edad, con un valor central (inteligencia media) de 100 y una desviación estándar de 15. En términos generales, los valores por encima de 100 están por encima de la media, mientras que los valores por debajo de 100 están por debajo de la media, pero la desviación estándar hace las personas con puntuaciones entre 85 y 115 se consideren puntuaciones dentro de los márgenes. Por ejemplo, una persona con un CI de 90 está por debajo de la media pero dentro de la desviación prevista. Además, distintos test pueden tener distintas desviaciones estándar.

Las puntuaciones medias para muchas poblaciones han tendido a subir una media de tres puntos por década desde principios del siglo XX, con la mayoría del incremento acumulado en la mitad inferior de la curva de CI: este fenómeno se conoce como efecto Flynn. Existe controversia sobre si este incremento estable se produce por un aumento real de las habilidades intelectuales en dichas poblaciones, o si se debe más bien a problemas metodológicos con los test pasados o presentes.

Factor G[editar]

Hoy en día los diferentes tipos de tests de inteligencia se basan en diferentes marcos teóricos y concepciones de la inteligencia. Sin embargo, es común que estas herramientas de medida incluyan puntuaciones sobre ámbitos de competencia específicos ( lenguaje, inteligencia espacial, etc.) en varios niveles de abstracción, y que ofrezcan también un Factor G, como valor que resume la inteligencia general del individuo.[15]

En 1904 el psicólogo británico Charles Spearman hizo el primer análisis factorial de las correlaciones entre las medidas de la capacidad cognitiva. Spearman observó que las calificaciones de rendimiento de los niños en las materias aparentemente no relacionadas estaban positivamente correlacionadas con el resto de las asignaturas. A partir de esta observación destacó que estas correlaciones reflejaban la influencia de una capacidad mental general en otras tareas no relacionadas con la escuela. Así se creó un modelo explicativo sobre la inteligencia llamado Teoría Bifactorial de Inteligencia. Esta teoría plantea la existencia de un factor general (Factor g) de la capacidad cognitiva y unos factores específicos (S), que se entienden como habilidades y aptitudes que están presentes en ciertos ámbitos de la vida. Estos dos componentes se consideran diferentes pero no independientes, ya que el Factor G es el más importante, tiene una acción genérica en las capacidades cognitivas individuales. Sin embargo, este punto de vista no es universalmente aceptado, existen otros modelos de inteligencia humana[cita requerida].

Los modelos de inteligencia de hoy en día se representan como una jerarquía de tres niveles, donde en la parte inferior se sitúan las aptitudes primarias (rendimiento), en la parte intermedia se encuentran las secundarias (percepción visual y auditiva, velocidad cognitiva, Inteligencia Cristalizada e Inteligencia Fluida entre otras) y, finalmente, en la cima se encuentra el Factor G, denominado Inteligencia General.

Actualmente el campo de investigación de Genética conductual ha establecido que el Factor G es de carácter hereditario y dependería fundamentalmente de la carga genética.

Acuerdos de la American Psychological Association sobre la inteligencia[editar]

En 1994 se publicó una declaración en el Wall Street Journal con 25 puntos básicos sobre el estudio científico de la inteligencia suscrito por más de 50 científicos de diferentes procedencias.[16]​ El objetivo de esta publicación fue contrarrestar los equívocos y mitos difundidos por los medios de comunicación tras la publicación del libro The Bell Curve, acusado de carecer de base científica en alguna de sus afirmaciones. A continuación, algunos de los acuerdos referentes al cociente intelectual (CI) que se propusieron sobre los que continuar el debate:

  • La inteligencia no es lo mismo que el conocimiento, sino una capacidad general que permite resolver problemas, razonar, planificar, pensar de modo abstracto, comprender ideas complejas y aprender de la experiencia.
  • La inteligencia se puede medir a través de los tests, que constituyen un método fiable y preciso de medición.
  • Existen tests de muchos tipos, pero todos miden lo mismo. Algunos son culturalmente mediatizados (requieren de un aprendizaje o conocimiento previo específico) y otros contemplan conceptos "universales" no mediatizados.
  • La distribución según el rendimiento en los tests se representa mediante una distribución estándar, en la que la mayor parte de las personas se encuentran alrededor de los valores centrales (CI=100); pocas se alejan mucho por encima o por debajo de este valor central.
  • Los tests no presentan sesgos culturales que perjudiquen a determinadas etnias.
  • El nivel intelectual se relaciona con el rendimiento en ámbitos sociales, educativos u ocupacionales.
  • Un nivel intelectual alto facilita el desempeño de las actividades cotidianas (aumentando su importancia en tareas complejas), pero no garantiza el éxito o fracaso en la trayectoria vital.
  • Las diferencias de rendimiento académico no dependen únicamente del CI, pero la inteligencia suele ser el factor más importante.
  • La herencia de la inteligencia oscila entre 0.4 y 0.8 de correlación (escalado de 0 a 1), habiendo una importante influencia del ambiente.
  • Aún se desconoce cómo manipular la inteligencia de forma permanente.
  • Las diferencias étnico-raciales son significativas en un mismo nivel socio-económico, pero se desconoce la causa.
  • Se detecta un incremento de los resultados de los test de inteligencia con el paso de los años debido a diversos efectos ambientales. A este fenómeno se le denomina Efecto Flynn.

Es importante considerar la fecha y la geografía en la que se plantean estas cuestiones (sociedad norteamericana a finales de los años 90), por lo que su generalización ha de hacerse con cautela. El informe expuso, además, una serie de interrogantes sin respuesta que supuso buena parte de la agenda de investigación científica sobre la inteligencia del siglo XXI. Entre estas encontramos los «mecanismos de influencia de los genes sobre la inteligencia», «la explicación del aumento de la influencia genética con la edad», «cuáles son los factores ambientales más influyentes, el papel que juega la nutrición o la escolarización en el nivel de inteligencia o por qué hay diferencias en las puntuaciones medianas entre diferentes grupos sociales».

Genética y ambiente[editar]

Heredabilidad de la inteligencia[editar]

Entendemos la heredabilidad del CI como la proporción de varianza en un rasgo que es atribuible al genotipo dentro de una población definida en un ambiente específico. La heredabilidad mide cuanto de esa variación esta causada por la genética y los valores que obtenemos son variables a lo largo de nuestra vida ya que confluyen directamente con los efectos ambientales.[17]​ La cifra oficial para la heredabilidad del CI según un informe por parte de la American Psychological Association, es de 0.45 para niños y se eleva alrededor de 0.75 para adolescentes y adultos.[18][19]​ Por lo tanto la heredabilidad adquiere importancia a medida que envejecemos y no al revés como podríamos pensar si tenemos en cuenta la experiencia y aprendizaje. No obstante, los miembros de una familia tienen aspectos ambientales en común, este entorno compartido representa entre 0.25 y 0.35 de la variación del cociente intelectual en la etapa infantil, posteriormente al pasar a la adolescencia este valor tiende a 0.[20][21][22]

El entorno[editar]

Según William Dickens y James R. Flynn los genes en un CI alto inician un ciclo de retroalimentación del individuo con el entorno, donde los niños con mayores capacidades mentales busquen entornos más estimulantes que acaban aumentando su CI. El efecto Flynn puede explicarse por estos motivos relacionando el aumento del estímulo ambiental con la subida en la media general del CI.[23][24]

Tests y pruebas[editar]

La Psicometría es la disciplina científica que forma parte de la Metodología de las Ciencias del Comportamiento y está relacionada directamente con el campo de la medición psicológica. Es una ciencia cuyo objeto es medir los aspectos psicológicos de una persona, como son: rasgos de la personalidad, las habilidades, capacidades mentales, el conocimiento general y actitud entre otros. Tradicionalmente las pruebas de medidas de inteligencia han sido criticadas por estar culturalmente mediatizadas. Es decir, se creía que tenían una importante carga cultural que requería de un aprendizaje previo de los sujetos. En la actualidad tienden a ser culturalmente imparciales.[25]

Las primeras pruebas psicométricas fueron construidas para medir la inteligencia mediante diversos test cuya aplicación permitía estimar el cociente intelectual de los individuos, una medida que se suponía aproximada al constructo de la inteligencia. Las medidas se obtienen generalmente a través de técnicas estadísticas basadas en la correlación, como el análisis factorial o la regresión lineal.[26]​ A nivel práctico, la psicometría hace uso intensivo sobre todo de cálculos y análisis estadísticos asignando los números, identificando los atributos físicos y psicológicos. Se consideran las pruebas de dificultad y temática variable que miden la capacidad de ejecución de una tarea mediante una puntuación. Entre ellos se encuentran analogías verbales, rotación u orientación espacial, cálculo numérico y conocimiento del lenguaje entre otros.[27]

En la actualidad existen diversas pruebas que permiten obtener una medida de aptitudes de nivel general o global de inteligencia: Test de Stanford-Binet, Escalas de Wechsler, Escalas de McCarthy, Test de Matrices Progresivas de Raven, Test de Dominos, K-ABC, DAT-5, Test de Factor G.[28]

Rangos y puntuaciones de CI[editar]

Las puntuaciones de CI se usan en muchos contextos distintos: predictivos de rendimiento escolar, indicadores de necesidades especiales educativas, predictivos de rendimiento laboral, o por parte de sociólogos que estudian la distribución de la inteligencia en poblaciones y las relaciones entre la inteligencia y otras variables. Algunos pedagogos y psicólogos presentan la siguiente clasificación para describir diferentes niveles de superdotación intelectual, con el CI como punto de referencia:[29][30]

Capacidad cognitiva nula CI 0-4[editar]

Menos del 0,000001 % tiene tal CI. La persona con este trastorno no sabe leer, ni hablar, ni comunicarse ni mucho menos escribir. Necesita una ayuda psicológica. La mayoría fueron y son ejemplo de los llamados "niños salvajes", quienes fueron y son criados al margen de la sociedad en ciertos países.

Discapacidad cognitiva profunda CI 5-19[editar]

Incluye aproximadamente al 1-2 % de las personas con discapacidad cognitiva. La mayoría de los individuos con este diagnóstico presentan una enfermedad neurológica identificada que explica su discapacidad cognitiva. Durante los primeros años, desarrollan considerables alteraciones del funcionamiento sensorio motor. Puede predecirse un desarrollo óptimo en un ambiente altamente estructurado con ayudas y supervisión constantes, así como fijando una relación individualizada con el educador. El desarrollo motor y las habilidades para la comunicación y el cuidado personal pueden mejorar si se les somete a un adiestramiento adecuado. Algunos de ellos llegan a realizar tareas simples en instituciones protegidas y estrechamente supervisados.

Discapacidad cognitiva grave CI 20-34[editar]

Incluye el 3-4 % de los individuos con discapacidad cognitiva. Durante los primeros años de la niñez, la adquisición de un lenguaje comunicativo es escasa o nula. Durante la edad escolar, pueden aprender a hablar y pueden aprender habilidades elementales de cuidado personal. Se benefician solo limitadamente de la enseñanza de materias pre académicas como la familiaridad con el alfabeto y el cálculo simple, pero pueden dominar ciertas habilidades como el aprendizaje de la lectura global de algunas palabras imprescindibles para su autonomía e independencia. Los adultos pueden ser capaces de realizar tareas simples estrechamente supervisadas en instituciones. En su mayoría se adaptan bien a la vida en la comunidad, a no ser que sufran alguna discapacidad asociada que requiera cuidados especializados o cualquier otro tipo de asistencia.

Discapacidad cognitiva moderada CI 35-54[editar]

La discapacidad cognitiva moderada equivale aproximadamente a la categoría pedagógica de «moldeable». Este grupo constituye alrededor del 10 % de toda la población con discapacidad cognitiva. Adquieren habilidades de comunicación durante los primeros años de la niñez. Adquieren una formación laboral y, con supervisión moderada, pueden adquirir destrezas para su propio cuidado personal. También pueden beneficiarse de corrección en habilidades sociales y laborales, pero es improbable que progresen más allá de un segundo nivel en materias escolares. Pueden aprender a trasladarse independientemente por lugares que les son familiares. En su mayoría son capaces de realizar trabajos no cualificados o semicualificados, siempre con supervisión, en talleres protegidos o en el mercado general de trabajo. Se adaptan bien a la vida en comunidad, usualmente en instituciones con supervisión.

Discapacidad cognitiva leve CI 55-69[editar]

Se denomina así a las personas que transitan la “etapa educable”. Son alrededor del 87 % de las personas afectadas por el trastorno. Suelen desarrollar habilidades sociales y de comunicación durante los años preescolares (0-5 años de edad). Tienen insuficiencias mínimas en las áreas sensorio motoras y con frecuencia no se diferencian de otros niños sin discapacidad cognitiva hasta edades posteriores. Adquieren habilidades sociales y laborales adecuadas para una autonomía mínima, pero pueden necesitar supervisión, orientación y asistencia, especialmente en situaciones de estrés social o económico desusado. Contando con apoyos adecuados, los sujetos con discapacidad cognitiva leve viven sin inconvenientes en la comunidad, sea independientemente, sea en establecimientos supervisados.

Retraso Mental CI 70-84[editar]

Una de cada nueve personas ocupa este rango. Opuestamente a la inteligencia brillante, el retraso presenta características propias de él: Estar debajo de la media en adultos también es responsable de que algunos niños fracasen escolarmente. Solo es un retraso ligero, por lo que no debe ser confundido como asincrónico. Tiene a más de 2/7 de la población mundial en este rango, correspondiéndose opuestamente con la llamada "inteligencia brillante" (IQ = 115-130).

Debajo de la media CI 85-99[editar]

No se les puede clasificar como "retrasados". Solo presentan una inteligencia debajo del valor de 100, pero en la mayoría de los casos no es perceptible tal diferencia, sobre todo porque la mayoría de las personas se acercan al valor medio. No presentan problemas durante su infancia, ni dificultades para integrarse en general. Un poco menos del 12% de la población mundial se sitúa en este estatus.

Media de cociente intelectual establecida CI 100[editar]

Es un valor no absoluto en la gran escala. No absoluto porque ese mismo valor aumenta 3 puntos por década, para que dé siempre valores de 100. La razón de esto es que el progreso y el desarrollo en el mundo están haciendo que progresivamente muchas sociedades asciendan en la estratificación, salgan del estatus de pobreza, no sufran hambrunas ni desnutrición, enfermedades, entre otras cosas, que hacen que la inteligencia promedio del ser humano aumente paulatinamente, consecuentemente trae el cambio. De todas formas es como el punto intermedio entre el Retraso, el trastorno mental y las clases de superdotación intelectual. Es el punto medio en el que se basa toda la escala. Por ejemplo: Una persona tiene 15 años recién cumplidos y sabe que tiene la misma cantidad de edad mental. El resultado sale solo: 15/15=1. Y ahora hay que multiplicarlo por 100, debido a que es el valor medio del coeficiente. 1 x 100 = 100. Es decir, que esa persona tiene equilibrio entre su edad biológica y su edad mental. Suelen ausentarse de problemas psicológicos y además no tienen problemas de sueño: Duermen 9 horas diarias. Casi el 3 % de la población tiene 100 de CI, teniendo en cuenta que la escala se extiende desde 0 (IQ nulo) hasta 201 (máximo probable en escala de Stanford-Binet, contando el máximo de rareza de uno en siete mil millones de habitantes).

Encima de la media CI 101-114[editar]

Es un rango al que se llega con relativa facilidad (poco más de dos de cada siete personas lo tiene). Corresponde a una persona con una capacidad que no es notablemente más detectable como "más inteligente", pero sí es un valor significativo, sobre todo cuanto más se avanza en la escala.

Inteligencia brillante CI 115-129[editar]

Se corresponde con aproximadamente una de cada nueve personas. Presenta una inteligencia superior a los demás. Confundido habitualmente como "superdotado", cuando según términos generales no alcanzó la capacidad necesaria para ser nombrado oficialmente como tal. La mayoría de las profesiones y roles de desempeño cotidiano importantes para la sociedad como ingenieros, médicos, abogados, jueces, gobernantes y empresarios están en este rango.[31]​ La media para la mayoría de las personas con licenciaturas de más alto desempeño intelectual en el mundo occidental, como los médicos, ronda alrededor de los 125 puntos de cociente intelectual.[32]

Superdotación intelectual CI 130-139[editar]

Curva de distribución en la escala de Wechsler de una población normal con una media de 100 (rojo) en comparación con la curva de distribución de los 301 genios de Catharine Cox de 1926 (azul). Tiene una pertinente corrección hecha tras el efecto Flynn a la fecha desde la publicación del libro.

Se denomina superdotados a aquellos que poseen un cociente intelectual igual o mayor que 130 (generalmente), y se encuentran por encima del 98 % de la población. Es decir, que su resultado se encuentra en la parte derecha más extrema de la curva de resultados (una campana de Gauss). Es la contraparte de la asincronía mental, junto con las discapacidades cognitivas anteriormente mencionadas. Este grupo lo engrosan también gran número de personas con licenciaturas, gobernantes y empresarios. Sin embargo, a este rango empiezan a pertenecer los científicos de élite del mundo occidental, como Estados Unidos. La media que calculó Roe en el año 1952 fue de 152 puntos de CI, pero desde entonces y tras el efecto Flynn, la media actual de los científicos de élite estadounidense caería dentro de este rango, y ahora es de 136 puntos.[33][34]​ Haciendo una corrección actualizada del efecto Flynn acontecido desde su publicación la media del CI de los 301 genios de la humanidad estimados por Catherine Cox en 1926 también caería en este rango tanto en la escala Wechsler (15SD) como Stanford-Binet, quinta revisión (SB5 16SD).

Genialidad intelectual CI 140-154[editar]

Se denomina genios a aquellos que poseen un cociente intelectual igual o mayor que 140 (generalmente), y representa el 0,1 % (1 de cada 1000) de la población. Es decir, que su resultado se encuentra en la parte derecha más extrema de la curva de resultados (una campana de Gauss). Es el límite que distingue al profesionista común de más alto rango intelectual de la media entre los científicos y los genios socialmente incomprendidos. Simonton y David Wechsler apuntan que alrededor de los 145 puntos de CI empieza a emerger una forma radical de pensar con respecto a los demás grupos, a la par que se incrementan otro tipo de problemas psicológicos derivados.[35]​ A este grupo pertenecen también grandes genios de la literatura, las artes, música y la filosofía.

Altas capacidades intelectuales CI 155-174[editar]

Tiene una rareza en la escala de inteligencia Stanford-Binet, cuarta revisión, (SB4 16SD) de uno de cada tres mil quinientas personas.[36]​ Este grupo se caracteriza por una forma radicalmente distinta de pensar, y suelen padecer problemas como el síndrome de bajo rendimiento académico o laboral, el síndrome de disincronía, así como problemas emocionales o trastornos de personalidad. Sin embargo, esto es probable que sea el efecto y no la causa, pues debido a su rareza y lejanía con respecto a la media es difícil que la mayoría comprenda su forma de pensar.[35]​ Para Simonton tal fenómeno se debe a que cuando hay una diferencia de 20 puntos de CI entre el emisor y el receptor no habrá un entendimiento pleno.[35]​ A este grupo empiezan a pertenecer los grandes genios de la lógica, física, matemática y filosofía.

Inteligencia excepcional CI 175-184[editar]

A tal inteligencia solo llega uno de cada 700 mil personas en todo el mundo (SB4 16SD).[36]​ Por tal razón, es posible que hasta la persona pueda empezar a leer por debajo de los tres años. Generalmente, puede aprender idiomas con relativa facilidad, y tiene un gran dominio del lenguaje propio. Es un don poseer tamaño intelecto. Las personas obtienen grandes emociones, y son muy sentimentales a la hora de enfrentarse a ciertas situaciones. Llegan a un rendimiento escolar de alrededor de 96/100, y en la etapa educable su inteligencia es muy destacable como "honorífica".[cita requerida]

Inteligencia profunda CI 185-201[editar]

Aproximadamente, una persona de cada 18 millones es capaz de llegar a tan alta puntuación (SB4 16SD).[36][n. 1]​ Es una inteligencia muy superior, pero así también es difícil llegar a este rango: Aproximadamente, 0,000005 % de personas de todo el mundo tienen tal cociente.[36]

Inteligencia mayor a 201[editar]

Cifras mayores a este número son improbables o posiblemente un bulo, pues la rareza para 201 en la escala Stanford-Binet (SB4 16SD) o 195 en escala Wechsler (15SD) es de una en ocho mil millones de personas, y la humanidad apenas supera las siete mil millones de personas.[36][37][38][n. 2][n. 3]

Impacto social[editar]

Rendimiento académico y CI[editar]

A lo largo del periodo académico, desde la primera hasta los cursos de postgrado, existe una relación entre el rendimiento de los alumnos y sus puntuaciones en los test de CI. Se observa que esta relación disminuye en intensidad a lo largo del tiempo: • 6-12 años (primaria): la correlación es de 0.7 • 12-18 años (secundaria): la correlación pasa a ser 0.5 • 18- 22 años (universidad): se observa un descenso a 0.4 • Más de 22 años (postgrado): la correlación disminuye hasta 0.3[39]

Rendimiento laboral y CI[editar]

La validez del CI como predictivo del desempeño laboral es superior a cero para todos los trabajos estudiados hasta la fecha, pero varia con el tipo de trabajo (de un 0.2 a un 0.6). El CI está más relacionado con el razonamiento y menos con la función motora, los puntos en pruebas de CI predicen las calificaciones de desempeño en todas las ocupaciones. Para las actividades altamente calificadas, las puntuaciones de CI más bajas son más propensas a encontrar obstáculos laborales, no ocurriendo así en actividades mínimamente calificadas donde tendría más peso el rendimiento motor (fuerza, resistencia, coordinación…) [40][41][42]

Criminalidad y CI[editar]

Arthur Jensen en su libro The g Factor: The Science of Mental Ability (1998), cita datos que muestran que, independientemente de clase social, la raza, o las disfunciones familiares las personas con CI entre 70 y 90 tienen índices de criminalidad más altos que las personas con cociente de inteligencia por debajo o por encima de este rango. Además se explica que el fracaso escolar manifiesta una alta correlación con la conducta delictiva, siendo uno de sus mejores predictores.[43]

El informe de 1995 de la Asociación Estadounidense de Psicología (APA), conocido como Intelligence: Knowns and Unknowns, indicó que la correlaciones entre CI y la delincuencia es de –0.20. Eso significa que la varianza explicada es menor al 4 % y los vínculos causales pueden ser indirectos.[44]

El efecto Flynn[editar]

Lleva el nombre de James R. Flynn, un neozelandés especializado en ciencia política, quien descubrió que en todo el mundo las puntuaciones de CI subían pausadamente a razón de tres puntos de CI por década (Flynn, 1999). Las explicaciones que se han propuesto han incluido la mejor nutrición, una tendencia hacia familias más pequeñas, la mejor educación, una mayor complejidad en el ambiente y la heterosis (Mingroni, 2004). Sin embargo, los test se renormalizan ocasionalmente para obtener valores medios de 100 en la puntuación, como, por ejemplo, en WISC-R (1974), WISC-III (1991) y WISC-IV (2003). Por lo tanto, es difícil comparar puntuaciones de CI cuya medición dista varios años en el tiempo.

Hay una evidencia reciente que demuestra que la tendencia al alza de las puntuaciones en test de inteligencia ha remitido en algunos países del primer mundo. En 2004, Jon Martin Sundet (de la Universidad de Oslo) y algunos colaboradores publicaron un artículo documentando puntuaciones en test de inteligencia administrados a reclutas noruegos entre la década de 1950 y 2002, mostrando que el incremento en las puntuaciones en test de inteligencia general se detuvo después de mediados de la década de 1990, y que incluso disminuyó en el subtest de razonamiento numérico.

Thomas W. Teasdale (de la Universidad de Copenhage) y David R. Owen (del Brooklyn College de la ciudad de Nueva York) descubrieron resultados similares en Dinamarca, donde los resultados de los test de inteligencia mostraron que no hubo aumento durante la década de los noventa.

También hay indicaciones provenientes del Reino Unido de que las puntuaciones en los test de inteligencia no están siempre subiendo. Michael Shayer (un psicólogo del King's College de la Universidad de Londres) y dos colaboradores informaron que el rendimiento en los test de razonamiento de Física que se administraron a adolescentes británicos de las escuelas secundarias disminuyó considerablemente entre 1976 y 2003.

Edad y CI[editar]

El CI puede cambiar a lo largo de nuestra vida, sobre todo en la etapa infantil. A pesar de estas variaciones la puntuación sigue unos márgenes muy similares hasta la entrada de la edad adulta, donde comenzaría a disminuir lentamente. Este hecho se ha atribuido posteriormente por diversos investigadores en mayor medida al efecto Flynn y sus consecuencias colaterales, que no el envejecimiento del propio individuo.[45]

En términos de inteligencia y variabilidad, siguiendo el modelo propuesto por Raymond Cattell, podemos distinguir dos tipos: en la que la inteligencia fluida sería la que varía más a lo largo del tiempo y la cristalizada que permanece estable a lo largo de nuestra vida. Para estudiar empíricamente los cambios de la inteligencia asociados a la edad existen dos diseños de estudios fundamentales: el transversal, que consiste en la evaluación de grupos de distintas edades en un mismo momento temporal; y el longitudinal que consiste en evaluar un grupo de personas de la misma edad en distintos momentos de su vida. Además de estos dos tipos, encontramos un tercer modelo de estudio que combina los dos anteriores, llamado Time-lag o secuencial-transversal, que consiste en evaluar distintos grupos de personas por edades en distintos momentos temporales (Ej.: personas de 20, 30, y 40 años en los años 1950, 1960, y 1970)[39][46]

Polémica[editar]

Investigadores de la Universidad Western de Canadá y el Museo de Ciencia de Londres llevaron a cabo «el mayor estudio para medir la inteligencia» realizado hasta el momento, llegando a la conclusión de que la prueba del cociente de inteligencia resulta altamente engañosa. El objetivo del estudio era investigar si una sola cifra puede realmente medir las capacidades cognitivas, y reflejar si esta puede establecer las diferencias en las distintas habilidades cognitivas. Según estos investigadores, mediante pruebas de escáner cerebral se pueden constatar tres componentes cognitivos fundamentales —memoria a corto plazo, razonamiento y habilidad verbal— que corresponden a tres patrones distintos de actividad neural.[47]

Los resultados del estudio sugieren que las pruebas de CI tienen «fallas fundamentales» porque no toman en cuenta «la compleja naturaleza del intelecto humano con todos sus distintos componentes». La inteligencia se compone de circuitos diferentes y unas personas pueden destacar un área de inteligencia y no en otra. Sería el caso, por ejemplo, de personas con habilidades lingüísticas fantásticas y una memoria brillante pero con poca capacidad de razonamiento o viceversa. Los investigadores concluyen: «Nuestros resultados desmienten de una vez por todas la idea de que una sola medida de inteligencia, como es el cociente intelectual, es suficiente para concentrar todas las diferencias en la capacidad cognitiva que vemos entre las personas; el cerebro humano es el objeto más complejo que se conoce, por ahora, y la idea de que solo existe una medida de la inteligencia podría estar equivocada.»[47][48][4]

Es importante aclarar que el cociente intelectual no se puede utilizar como sinónimo de inteligencia, pues es solamente un estimador de la misma. Sin embargo, en la mayoría de lecturas no profesionales se comete el error de tomarlo como si fuera lo mismo. Por eso, se aconseja al lector que cada vez que lea o escuche algo sobre el CI se asegure de si se está hablando de este estimador de inteligencia o de la misma inteligencia.

Se ha demostrado que la inteligencia está relacionada con factores como la probabilidad de sufrir ciertas enfermedades,[49]​ el estatus social de los padres (por el acceso a una mejor educación, alimentación y salud)[50]​ y de forma sustancial, la inteligencia de los padres. Aunque los mecanismos de herencia de la inteligencia han sido investigados durante casi un siglo, aún existe controversia al respecto de hasta qué punto la inteligencia es hereditaria, y los mecanismos de dicha herencia son aún tema de debate.[51]

Notas[editar]

  1. En la escala de Stanford-Binet (16SD) la rareza para 185 puntos de CI es de una persona en una población de 18 496 011 con una media de 100ː
  2. En la escala de Stanford-Binet (16SD) con una media de 100, contando que para 2015 existían 7 376 471 981 humanos y donde erfc-1 es la función error inversa complementaria tenemos que el cociente intelectual máximo posible es 201 bajo la siguiente fórmulaː
  3. En la escala de Wechsler (15SD) con una media de 100, contando que para 2015 existían 7 376 471 981 humanos y donde erfc-1 es la función error inversa complementaria tenemos que el cociente intelectual máximo posible es 194 bajo la siguiente fórmulaː

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b «cociente» Diccionario de la lengua española (avance de la vigésima tercera edición). Consultado el 1 de abril de 2013.
  2. a b «coeficiente» Diccionario de la lengua española 22.ª edición. Consultado el 1 de abril de 2013.
  3. Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2005). «cociente» (apartado 2). Diccionario panhispánico de dudas (1.ª edición). Consultado el 5 de julio de 2014..
  4. a b Adam Hampshire et al. (2012). «Fractionating Human Intelligence». Neuron 76 (6): 1225-1237. doi:10.1016/j.neuron.2012.06.022. 
  5. Sternberg, Robert J.; Grigorenko, Elena L.; Bundy, Donald A. (2001). «The predictive value of IQ». Merrill-Palmer Quarterly 47.1. 
  6. Cifras de actualización Diccionario de la lengua española. Consultado el 1 de abril de 2013.
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