Cociente intelectual

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Los C.I. de una población de muestra lo bastante grande pueden representarse con una distribución normal.

El cociente intelectual,[1] también denominado coeficiente intelectual[2] [3] o CI en forma abreviada (en alemán Intelligenz-Quotient, IQ), es una puntuación, resultado de alguno de los test estandarizados diseñados para valorar la inteligencia.

Terminología[editar]

Aunque bien es cierto que hasta la 22.ª edición del Diccionario de la lengua española, publicada en 2001, se recogía el término «coeficiente» con entrada propia,[2] a partir de marzo de 2012, fecha en la que se incorporan a las 1697 modificaciones aprobadas desde septiembre de 2007,[4] la Real Academia Española añade a la página electrónica del avance de la vigésima tercera edición de su Diccionario, como «artículo enmendado», al término «cociente»,[1] recogiendo así el uso que se da en el campo de la psicología en español[5] [6] desde al menos 1978.[7] Cabe destacar que los dos términos han coexistido, incluso juntos en una misma página, en varias publicaciones especializadas.[8] [9] [10]

Historia[editar]

Fue empleado por primera vez por el psicólogo alemán William Stern en 1912,[11] como propuesta de un método para puntuar los resultados de los primeros test de inteligencia para niños, desarrollados por Alfred Binet y Théodore Simon a principios del siglo XX, de forma que pudieran compararse entre sí. En dicho método, se dividía la "edad mental" por la "edad cronológica" y se multiplicaba el resultado por 100, dando como resultado el mencionado cociente.

Aunque aún se emplea habitualmente el término CI para referirse al resultado de un test de inteligencia, la puntuación de los test empleados hoy día, como el Wechsler Adult Intelligence Scale, se basa en la proyección del rango medido del sujeto en una campana de Gauss formada por la distribución de los valores posibles para su grupo de edad, con un valor central (inteligencia media) de 100 y una desviación estándar de 15. Los valores por encima de 100 están por encima de la media; los valores por debajo de 100 están por debajo de la media. Distintos test pueden tener distintas desviaciones estándar.

Las puntuaciones medias para muchas poblaciones han tendido a subir una media de tres puntos por década desde principios del siglo XX, con la mayoría del incremento acumulado en la mitad inferior de la curva de CI: este fenómeno se conoce como efecto Flynn. Existe controversia sobre si este incremento estable se produce por un aumento real de las habilidades intelectuales en dichas poblaciones, o si se debe más bien a problemas metodológicos con los test pasados o presentes.

Uso[editar]

Se ha demostrado que los valores de CI están relacionados con factores como la probabilidad de sufrir ciertas enfermedades,[12] el estatus social de los padres,[13] y de forma sustancial, el CI de los padres. Aunque los mecanismos de herencia de la inteligencia han sido investigados durante casi un siglo, aún existe controversia al respecto de hasta qué punto la inteligencia es hereditaria, y los mecanismos de dicha herencia son aún tema de debate.[14]

Las puntuaciones de CI se usan en muchos contextos distintos: como predictivos de rendimiento escolar, indicadores de necesidades especiales educativas, predictivos de rendimiento laboral, o por parte de sociólogos que estudian la distribución de CI en poblaciones y las relaciones entre el CI y otras variables.

Se denomina superdotados a aquellos que poseen un cociente intelectual igual o mayor que 130 (generalmente) y se encuentran por encima del 98% de la población; es decir, que su resultado se encuentra en la parte derecha más extrema de la curva de resultados (una campana de Gauss).

Se denominan genios a aquellos que poseen un cociente intelectual igual o mayor que 160 (generalmente) y representa el 0,0023% de la población; es decir, que su resultado se encuentra en la parte derecha más extrema de la curva de resultados (una campana de Gauss).

El efecto Flynn[editar]

Lleva el nombre de James R. Flynn, un neozelandés especializado en ciencia política, quien descubrió que en todo el mundo las puntuaciones de CI subían pausadamente a razón de tres puntos de CI por década (Flynn, 1999). Las explicaciones que se han propuesto han incluido la mejor nutrición, una tendencia hacia familias más pequeñas, la mejor educación, una mayor complejidad en el ambiente y la heterosis (Mingroni, 2004). Sin embargo, los test se renormalizan ocasionalmente para obtener valores medios de 100 en la puntuación, como, por ejemplo, en WISC-R (1974), WISC-III (1991) y WISC-IV (2003). Por lo tanto, es difícil comparar puntuaciones de CI cuya medición dista varios años en el tiempo.

Hay una evidencia reciente que demuestra que la tendencia al alza de las puntuaciones en test de inteligencia ha remitido en algunos países del primer mundo. En 2004, Jon Martin Sundet (de la Universidad de Oslo) y algunos colaboradores publicaron un artículo documentando puntuaciones en test de inteligencia administrados a reclutas noruegos entre la década de 1950 y 2002, mostrando que el incremento en las puntuaciones en test de inteligencia general se detuvo después de mediados de la década de 1990, y que incluso disminuyó en el subtest de razonamiento numérico.

Thomas W. Teasdale (de la Universidad de Copenhage) y David R. Owen (del Brooklyn College de la ciudad de Nueva York) descubrieron resultados similares en Dinamarca, donde los resultados de los test de inteligencia mostraron que no hubo aumento durante la década de los noventa.

También hay indicaciones provenientes del Reino Unido de que las puntuaciones en los test de inteligencia no están siempre subiendo. Michael Shayer (un psicólogo del King's College de la Universidad de Londres) y dos colaboradores informaron que el rendimiento en los test de razonamiento de Física que se administraron a adolescentes británicos de las escuelas secundarias disminuyó considerablemente entre 1976 y 2003.

Polémica[editar]

Investigadores de la Universidad Western de Canadá y el Museo de Ciencia de Londres llevaron a cabo "el mayor estudio para medir la inteligencia" realizado hasta el momento, llegando a la conclusión de que la prueba del cociente de inteligencia resulta altamente engañosa. El objetivo del estudio era investigar si una sola cifra pueden realmente medir las capacidades cognitivas, y reflejar si esta puede establecer las diferencias en las distintas habilidades cognitivas. Según estos investigadores, mediante pruebas de escáner cerebral se pueden constatar tres componentes cognitivos fundamentales –memoria a corto plazo, razonamiento y habilidad verbal– que corresponden a tres patrones distintos de actividad neural.

Los resultados del estudio sugieren que las pruebas de CI tienen "fallas fundamentales" porque no toman en cuenta "la compleja naturaleza del intelecto humano con todos sus distintos componentes". La inteligencia se compone de circuitos diferentes y unas personas pueden destacar un área de inteligencia y no en otra. Sería el caso, por ejemplo, de personas con habilidades lingüísticas fantásticas y una memoria brillante pero con poca capacidad de razonamiento o viceversa. Los investigadores concluyen: «Nuestros resultados desmienten de una vez por todas la idea de que una sola medida de inteligencia, como es el cociente intelectual, es suficiente para concentrar todas las diferencias en la capacidad cognitiva que vemos entre las personas; el cerebro humano es el objeto más complejo que se conoce, y la idea de que solo existe una medida de la inteligencia tiene que estar equivocada.»[15] [16] [17]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b «cociente» Diccionario de la lengua española (avance de la vigésima tercera edición). Consultado el 1 de abril de 2013.
  2. a b «coeficiente» Diccionario de la lengua española 22.ª edición. Consultado el 1 de abril de 2013.
  3. Diccionario panhispánico de dudas de la Real Academia Española, 1ª edición, cociente intelectual.
  4. Cifras de actualización Diccionario de la lengua española. Consultado el 1 de abril de 2013.
  5. Biblioteca de Psicología: La inteligencia humana en la Psicología actual Universidad Autónoma de Madrid. Consultado el 1 de abril de 2013.
  6. «Resultados mínimos para ingresar en Mensa» Mensa. Consultado el 1 de abril de 2013.
  7. Gonzálvo Mainar, Gonzalo. Diccionario de metodología estadística, pág. 19. Ediciones Morata, 1978 En Google Books. Consultado el 1 de abril de 2013.
  8. López de Ibáñez, Magdalena. Evaluación neuropsicológica:principios y métodos, pág. 43. CDCH UCV, 1998 En Google Books. Consultado el 1 de abril de 2013.
  9. Guadalupe de la Mora Ledesma, José. Psicología educativa, pág. 141. Editorial Progreso, 1990 En Google Books. Consultado el 1 de abril de 2013.
  10. Aragón, Laura Edna; Silva, Arturo. Evaluación psicológica en el área educativa, pág. 139. Editorial Pax México, Jun 30, 2008 En Google Books. Consultado el 1 de abril de 2013.
  11. Indiana University (2007). Indiana University (ed.): «William Stern» (en inglés). Consultado el 27 de julio de 2009.
  12. Cervilla et al. (2004). «Premorbid cognitive testing predicts the onset of dementia and Alzheimer's disease better than and independently of APOE genotype» (en inglés). Consultado el 27 de julio de 2009.
  13. «Intelligence: Knowns and Unknowns (Report of a Task Force established by the Board of Scientific Affairs of the American Psychological Association» (en inglés) (7 de agosto de 1995).
  14. Devlin B, Daniels M, Roeder K (1997). «The heritability of IQ». Nature 388 (6641 páginas=468–71). doi:10.1038/41319. PMID 9242404. 
    El mismo estudio sugiere que el componente hereditario del CI se vuelve más significativo con la edad.
  15. «¿Son útiles las pruebas de inteligencia?». BBC Mundo. Consultado el 17 de marzo de 2013. 
  16. «El cociente intelectual es insuficiente para medir la inteligencia humana». Consultado el 17 de marzo de 2013. 
  17. Adam Hampshire et al. (2012). «Fractionating Human Intelligence». Neuron 76 (6):  p. 1225-1237. doi:10.1016/j.neuron.2012.06.022. 

Enlaces externos[editar]