Cipriano y Justina

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Cipriano y Justina
Kiprian and justina.JPG
Cipriano y Justina, icono de Bulgaria.
Mártires
Nacimiento Siglo III
Fallecimiento 26 de septiembre de 304
Nicomedia, Bitinia, Asia Menor, Imperio romano
Venerado en Iglesia católica, Iglesia ortodoxa
Festividad 26 de septiembre
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Los Santos Cipriano y Justina son venerados por la Iglesia ortodoxa como cristianos de Antioquía de Pisidia. En el año 304, durante la persecución de Diocleciano, sufrieron el martirio en Nicomedia (actual İzmit, Turquía) el 26 de septiembre, la fecha de su festividad.

Leyenda[editar]

La leyenda de los santos Cipriano y Justina pudo haber surgido tan pronto como el siglo IV, pues es mencionada por san Gregorio Nacianceno y Prudencio; ambos, no obstante, han confundido a san Cipriano de Antioquía con san Cipriano de Cartago, un error repetido con frecuencia. La historia aparece en griego y latín en Acta SS. Septiembre, VII. Se publicaron también versiones en antiguo siriaco y etiópico. Se ha intentado encontrar en Cipriano a un prototipo místico de la leyenda de Fausto.

El resumen de la leyenda, que se encuentra, con descripciones difusas y diálogos, en la obra del hagiógrafo bizantino Simón Metafraste, y fue tema de un poema de la emperatriz Elia Eudocia es el siguiente:

Infancia de San Cipriano[editar]

Se supone que Cipriano fue consagrado por sus padres al nacer a la diosa Afrodita, y de ahí el origen de su nombre, que en griego es Kiprian, por la isla de Chipre, en cuyas orillas se dice que nació Afrodita, llamada también Cipris. Al parecer, la familia de Cipriano pertenecía a una larga tradición de magos y sacerdotes paganos.[1]

El padre de Cipriano quería que su hijo fuese sacerdote del templo de Júpiter, por lo que le dio una educación esmerada. Ya desde pequeño, Cipriano leyó la Vida de Apolonio de Tiana, de Filóstrato de Atenas. A los cinco años fue consagrado en el templo de Apolo, y a loz diez en los de Démeter y Perséfone. También pudo tener acceso a la Historia Natural de Plinio el Viejo, y al pasaje referido al dios único.

Juventud y viajes de San Cipriano[editar]

Además de los misterios de Mitra, Cipriano también pudo haber sido iniciado durante su juventud en los de Orfeo e Isis, además de los grandes misterios de Eleusis. Aunque la instrucción mágica de Cipriano se encaminó primero por la teurgia (rama benéfica y "blanca" de la magia griega), pronto se desvió hacia la goetia, una rama mucho más tenebrosa y oscura. Los lugares que visitó Cipriano durante su instrucción como mago no resultan claros, pero pudo haber ido a Caldea, en donde recibió instrucción astrológica y numerológica. También pudo haber llegado hasta Alejandría, en Egipto, e incluso hasta Menfis, en donde se completaría su instrucción en lo relativo a invocaciones, pactos y comunicación con los demonios. Incluso existe la versión de que llegó a la actual Salamanca, en España.[2]

San Cipriano conoce a Santa Justina[editar]

San Cipriano y Santa Justina en un icono del cristianismo oriental.

Al cumplir treinta años, Cipriano regresó a Antioquía, su ciudad natal, en la que se desempeñó como brujo, alcanzando gran notoriedad entre la población. En Antioquía se retiró a una cueva, donde se dice que, por medio de sacrificios y oscuros rituales, logró entrar en contacto con Lucifer, quien le dictó gran parte de lo que consignaría en los manuscritos que formarían posteriormente su grimorio.

Un día, mientras Cipriano salía del templo de Mercurio, se le acercó un joven llamado Agladio (o Agladas, según el De Sancto Cipriano), quien le solicitó concederle el amor de una hermosa joven virgen, llamada Justina, hija de Edesio y Cledonia. Justina era cristiana, y había hecho que sus padres se convirtieran también al cristianismo. Cipriano le prometió a Agladio que muy pronto obtendría el amor de Justina. Sin embargo, luego de ver a la muchacha, quedó prendado de su belleza y la quiso sólo para sí.

Luego de mucho intentarlo sin conseguir el éxito, Cipriano preguntó a los demonios cuál era la razón por la que sus hechizos no conseguían el amor de la muchacha, y entonces Lucifer en persona le dijo que la razón era la fe de Justina en Jesucristo, y la marca de la Cruz de San Bartolomé que ella tenía en una mano.

Conversión de San Cipriano al Cristianismo[editar]

Luego de saber la causa de su fracaso, Cipriano decidió convertirse a la fe de Cristo. Justina lo acogió con dulzura y lo puso bajo la tutela del obispo Eusebio. Pronto, Cipriano llegó a ser diácono, sacerdote y finalmente obispo de Antioquía.

Martirio y muerte de los Santos Cipriano y Justina[editar]

Martirio de los Santos Cipriano y Justina en la marmita de agua hirviendo.

Cipriano se dedicó a predicar el cristianismo, ganando multitud de adeptos en poco tiempo. Esto llegó a oídos del emperador Diocleciano, que por entonces ofrecía sacrificios a Apolo en Nicomedia. Sus consejeros le informaron que Cipriano predicaba la existencia de un único Dios, afirmando que los otros dioses eran falsos, y que no se debía rendir culto al emperador. Diocleciano ordenó el arresto de Cipriano, y por consejo de Eutolmio, gobernador de Antioquía, también fue arrestada Justina, que por entonces ya dirigía un convento.

Cipriano y Justina fueron conducidos al tribunal de Capadocia, donde se negaron a renunciar a su fe, afirmando que el único dios verdadero era el Dios de los cristianos. El juez los condenó entonces a ser azotados primero y despellejados después. Luego, un sacerdote del dios Marte, llamado Atanasio, convenció al juez de que los hiciera arrojar a una marmita con agua hirviendo. Sin embargo, según la leyenda, en esa ocasión no sufrieron quemaduras debido a un milagro de Dios. Finalmente, el juez los envió a Nicomedia, para que fuera el mismo emperador quien decidiera su suerte.

Hacia el año 304, Diocleciano ordenó que Cipriano y Justina fueran decapitados a orillas del río Galo. En el momento de la ejecución, un cristiano llamado Teoctiso corrió a abrazar a Cipriano, por lo que fue ejecutado también. Los cuerpos fueron custodiados por soldados romanos para evitar que los cristianos se los llevasen. Sin embargo, pasados seis días, un grupo de cristianos lograron llevarse los huesos y llevarlos hasta Roma, en donde fueron puestos al cuidado de una dama cristiana llamada Rufina. Años después, los restos fueron llevados a la iglesia de San Juan de Letrán.

Repercusión[editar]

Cipriano intentando conquistar a Justina con la ayuda del demonio, en un manuscrito del siglo XIV de la Leyenda dorada.

Libro de San Cipriano[editar]

El grimorio titulado Libro de San Cipriano, que lleva como subtítulo El tesoro del hechicero, contiene oraciones, hechizos, jerarquías infernales y sellos demoníacos. Es ampliamente conocido en el mundo de habla hispana y portuguesa. En el libro se afirma que fue escrito en antiguos pergaminos hebreos entregados por los demonios al monje alemán Tomás Sufurino.

De Sancto Cipriano[editar]

La emperatriz romana Elia Eudocia, esposa de Teodosio II, escribió la obra en verso titulada De Sancto Cipriano, un extenso poema de tipo épico con evidentes influencias estilísticas de la obra de Homero.[3]

Oración devotísima de San Cipriano[editar]

Es una plegaria impresa en pliego entre 1631 y 1634 que fue prohibida por la Inquisición española. La oración había sido tomada del Liber exorcismorum cum adversus tempestates et daemones, de Cristóbal Lasterra, clérigo navarro y comisario del Santo Oficio. La oración fue masivamente difundida en su época debido al precio accesible. El motivo de la censura y persecusión fue su contenido plagado de invocaciones de dudosa ortodoxia, que hacían referencia más a la piedad popular que a la doctrina oficial.[4]

El mágico prodigioso[editar]

El autor español Pedro Calderón de la Barca tomó la historia de los santos Cipriano y Justina como la base para su drama El mágico prodigioso, compuesto en 1637 y estrenado en la villa de Yepes (Toledo).

Millonario de San Ciprián[editar]

Es un folleto burlesco publicado en A Coruña a mediados del siglo XIX, editado por Adolfo Ojarak, que ofrece una lista de supuestos tesoros escondidos por los romanos y los moros.[5]

Libro de la vida de San Cipriano el Mago[editar]

Es una breve biografía de San Cipriano escrita por el investigador colombiano Andrés Camilo Bohórquez Roa.

Veneración y fiesta[editar]

Su fiesta aparece en el santoral católico para celebrarse el 26 de septiembre donde se observe el rito romano desde el siglo XIII hasta 1969, cuando fue quitado debido a la falta de evidencia histórica de su existencia.[6]​ Sus nombres fueron también eliminados de la posterior revisión (2001) del Martirologio romano, la lista oficial pero incompleta de santos reconocida por la iglesia católica. El martirilogio romano, sin embargo, incluye cinco santos llamados Cipriano y dos con el nombre de Justina. Por otra parte, la religión Umbanda tomó la figura de San Cipriano y, en el sincretismo, se lo asignó como jefe del pueblo africano bahiano y de una corte de espíritus propicios para deshacer hechicerías y trabajos de magia negra.

Los católicos tradicionalistas siguen celebrando la memoria de estos mártires con una conmemoración en su fiesta de "Sts Isaac Jogues, John de Brebeuf and Companions, Martyrs" (los mártires de Norteamérica) el 26 de septiembre.[7]

Referencias[editar]

  1. Bohórquez Roa, Andrés Camilo. Libro de la vida de San Cipriano el Mago (Bogotá, 11 de junio de 2017), p. 3.
  2. Bohórquez Roa, 6-10
  3. Molina Gómez, José Antonio. Monstruos y alegorías de los vicios en el "De Sancto Cipriano" de la emperatriz Eudocia. (Universidad de Murica; 2006).
  4. Itúrbide Díaz, Javier. Piedad popular, exorcismos y censura inquisitorial. (UNED Pamplona; 2010).
  5. Missler, Peter. “Tradición y parodia en el Millonario de San Ciprián, primer recetario impreso para buscar tesoros en Galicia (Las hondas raíces del Ciprianillo: 1ª Parte)”. Culturas Populares. Revista Electrónica 2 (mayo-agosto 2006), 8 pp.
  6. "Calendarium Romanum" (Libreria Editrice Vaticana, 1969), p. 140
  7. Véase el Calendario romano general de 1954, el Calendario general romano del papa Pío XII, y el Calendario general romano de 1962.

Enlaces externos[editar]