Cine de Uruguay

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El cine de Uruguay tiene más de un siglo de historia, aunque desde el 2002 asiste a un proceso de evolución, que ha logrado películas con muy buenas críticas y reconocimiento internacional, con más de 120 producciones, entre cine de ficción y documental.[1]

Evolución[editar]

Fotograma de Carrera de bicicletas en el velódromo de Arroyo Seco, primer registro fílmico de Uruguay.

La maquinaria cinematográfica llega a Uruguay a fines del siglo XIX. El empresario Félix Oliver adquiere una cámara de filmación y así surge el primer documental uruguayo, en 1898: Carrera de bicicletas en el velódromo de Arroyo Seco.[1]

La primera película es Pervanche, de 1919, dirigida por León Ibáñez y producida por la Sociedad de beneficiencia Entre-Nous, de la que no se conserva registro ya que el celoso marido de la protagonista mandó quemarla unos años después.[1]​ En 1924 se estrena Almas de la costa, un melodrama de adelantado neorrealismo dirigido por Jorge A. Borges, sobre un triángulo amoroso y la epidemia de la tuberculosis en los estratos más bajos de la sociedad. Se inauguraba con esa película un cine verdaderamente nacional, identificable para los uruguayos, que se reforzaría en 1929 con la aparición de El pequeño héroe del Arroyo del Oro, dirigida por Carlos Alonso y basada en la historia real de Dionisio Díaz.

Entre 1898 y 1993 se estrenan más de 30 películas. Durante décadas, la producción fílmica uruguaya se caracterizó por su escasez de recursos y su intermitencia, siempre a la sombra de la enorme y popular industria argentina y carente de obras que identificaran al público uruguayo, salvo excepciones como Soltero soy feliz (Juan C. Patrón, 1938), Radio Candelario (con el protagónico de Eduardo Depauli, 1938), Uruguayos campeones (Adolfo Fabregat, 1950), Un vintén pa´l Judas (Ugo Ulive, 1959) o El lugar del humo (Eva Landeck, 1979).[1]

En 1993, Beatriz Flores Silva dirige su primer largometraje, La historia casi verdadera de Pepita la Pistolera, película que alcanza gran popularidad para la época. Al año siguiente se filma la película de presupuesto más ambicioso hasta la fecha, El dirigible, que se acerca al millón de dólares.[1]​ Ambos films determinan un momento bisagra en la industria nacional: por primera vez la recepción de público, la crítica y el reconocimiento internacional se ponen de acuerdo. Comienza lo que Jorge Ruffinelli llama el «nouveau frisson» de la filmografía uruguaya. Diez películas más serán estrenadas de esa fecha hasta el 2000, entre las que destacan El chevrolé (1999) y El viñedo (2000).

El Boom del cine nacional[editar]

El siglo XXI comienza pisando fuerte. La producción 25 Watts (2001), de Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella, recibe diez premios, incluyendo Mejor Película en el Festival Internacional de Cine de Róterdam y Mejor Ópera Prima en el Festival de La Habana.[1]​ Con una marcada influencia del cine francés, la película sirvió para tratar la vida de los jóvenes uruguayos y catapultó a la fama a su protagonista, Daniel Hendler.

Ese mismo año Beatriz Flores Silva lanza En la puta vida, película de gran éxito comercial tanto en el país como en el exterior, que posiciona a su directora como una de las más interesantes del campo cinematográfico nacional. Dos años después, Guillermo Casanova dirige El viaje hacia el mar, basado en un cuento de Juan José Morosoli y con gran elenco, que incluye a Hugo Arana, César Troncoso, Diego Delgrossi, Julio César Castro y Julio Calcagno. Por su parte, Mario Handler filma y dirige Aparte, película documental sobre la crisis del país y sus resonancias en ciertos sectores de la población. La película alcanza gran difusión y es reconocida como uno de los mejores trabajos de Handler. En 2004 se estrena Whisky, de la dupla Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella, protagonizada por Andrés Pazos, Mirella Pascual y Jorge Bolani. Aclamada por la crítica y considerada por algunos «la mejor película latinoamericana», se convirtió enseguida en una película de culto.

El año 2005 fue el año del primer premio Óscar uruguayo, cuando Jorge Drexler recibe la estatuilla por la canción «Al otro lado del río» (la primera en lengua no inglesa en obtener este premio), que integra la banda sonora de la película Diarios de motocicleta, sobre el revolucionario Ernesto Che Guevara.[2]

En 2007, se estrena El baño del Papa, dirigida por César Charlone y Enrique Fernández, protagonizada por César Troncoso y Virginia Méndez. Basada en un libro de cuentos y en la visita real del papa Juan Pablo II al Uruguay, relata la historia de unos marginados del norte, a quienes los planes de ascesión social le fallan continuamente. La película obtuvo varios galardones y fue reconocida ampliamente por la crítica internacional. Ese mismo año se estrena Matar a todos, de Esteban Schroeder, con Roxana Blanco y Jorge Bolani, thriller policial basado en hechos reales. Beatriz Flores Silva dirige Polvo nuestro que estás en los cielos, con Héctor Guido y gran presupuesto, pero con malas críticas y poca taquilla.

Desde 2001, el Uruguay asiste a lo que Rosario Radakovich llaman «el boom del cine nacional», con producciones por año que van en aumento, mejores condiciones de realización, mayor reconocimiento internacional y un marcado ascenso del público nacional. Desde 2008 se estrenarán películas con buenas recaudaciones y reconocimiento, tanto dentro como fuera del país: Acné, de Federico Veiroj; Gigante, de Adrián Biniez; El cuarto de Leo, primera película de temática gay, dirigida por Enrique Buchichio; Mal día para pescar, largometraje de Álvaro Brechner, basada en un cuento de Juan Carlos Onetti y protagonizada por Gary Piquer; Miss Tacuarembó, dirigida por Martín Sastre, con Natalia Oreiro, Diego Reinhold, Mirella Pascual y gran elenco, basada en la novela homónima de Dani Umpi; Norberto apenas tarde, dirigida por Daniel Hendler; La casa muda, primera película de terror, con un remake estadounidense, dirigida por Gustavo Hernández, y Reus, una de las películas más taquilleras en la historia del cine uruguayo.

En 2011, César Charlone dirige para Televisión Española Artigas: La Redota, protagonizada por Jorge Esmoris, con Rodolfo Sánchez, Yamandú Rodríguez y Roxana Blanco, entre otros, y basada en la figura del prócer nacional. Vendrán luego Flacas vacas, de Santiago Svirsky; la película animada Selkirk, el verdadero Robinson Crusoe, de Walter Tournier; La culpa del cordero, de Gabriel Drak; La demora, dirigida por Rodrigo Plá e inspirada en un cuento de Laura Santullo; 3, de Pablo Stoll, con Humberto de Vargas; Una bala para el Che, de Gabriela Guillermo; Anina, largometraje animado de Alfredo Soderguit; Tanta agua, de Ana Guevara y Leticia Jorge; Rincón de Darwin, con Jorge Esmoris; El ingeniero, de Diego Arsuaga, con una aclamada actuación de Jorge Denevi y gran elenco; El lugar del hijo, con Felipe Dieste y Alejandro Urdanpilleta; Mr. Kaplan, segundo largometraje de Álvaro Brechner; la comedia Relocos y repasados, de Manuel Facal; el thriller policial Zanahoria, y la comedia dramática Clever, escrita y dirigida por Federico Borgia y Guillermo Madeiro, entre otras.

El documental[editar]

El cine uruguayo tiene una larga tradición en documentales, con más de ochenta películas. Uno de sus mayores exponentes es el director Mario Handler, referente latinoamericano del cine de tipo documental desde los años sesenta. Algunas de sus películas, como Me gustan los estudiantes (1968), Aparte (2003) y Decile a Mario que no vuelva (2007) muestran realidades de su país o su historia reciente con crudeza y descarnada melancolía.

Otras películas que sobresalen son: Ácratas, de Virginia Martínez; Perejiles, de Federico González; Hit, de Claudia Abend y Adriana Loeff; El círculo, de José Pedro Charlo y Aldo Garay; La sociedad de la nieve, de Gonzalo Arijón; A pesar de Treblinka, de Gerardo Stawsky; Las flores de mi familia, de Juan Ignacio Fernández Hope; Chico ferry, de Federico Beltramelli; El Bella Vista, de Alicia Cano; La matinée, Cachila y Mundialito 80, de Sebastián Bednarik; Desde adentro, de Vasco Elola; Manyas, la película, de Andrés Benvenuto; Maracaná, la película, de Bednarik y Andrés Varela, y Cometas sobre los muros, de Federico Pritsch.

Filmoteca y otras instituciones[editar]

Uruguay cuenta con una diversidad de instituciones abocadas al cine. En 1943 se crearon el Departamento de Cine Arte del SODRE y el Cine Club del Uruguay, en 1949 el Cine Universitario, el Instituto Cinematográfico de la Universidad de la República en 1950 y la Cinemateca Uruguaya[3][4]​ en 1952. Paralelamente se organizaron diversos festivales, como el del Punta del Este o el del SODRE que contó en su inauguración de 1958 con la prestigiosa visita de John Grierson. Durante la década del 50, en la que Uruguay era visto como "la Suiza de América", el porcentaje de convocatoria en cines era muy alto: entre 15 y 20 visitas al cine por persona por año. Hacia 1980, entre 75 y 77 mil uruguayos iban al cine al mes.[5]

La Cinemateca Uruguaya creó en los años 60 la Escuela de Cine del Uruguay (ECU),[6]​ que fue clausurada durante la Dictadura Militar (1973-1985) y reabierta en 1995, con la dirección de Beatriz Flores Silva. Con su reapertura se convirtió en una institución referente de la cultura cinematográfica en el país, siendo la primera institución en Uruguay dedicada exclusivamente a la formación profesional en cine y video. La ECU se convirtió en una plataforma de formación para la nueva generación de cineastas que dieron origen al "Boom".

Locaciones[editar]

En la actualidad, Montevideo y varios puntos del interior son escenario de filmación favorito para múltiples locaciones ficticias;[7][8]​ se destaca el rodaje de Miami Vice (2006): la Ciudad Vieja de Montevideo sirvió para reproducir La Habana Vieja, y el balneario Atlántida, con su edificación art déco, le dio vida a zonas de Miami.[9][10]

En 2012, la Intendencia de Montevideo publicó una guía de locaciones para uso de cineastas, publicistas y alumnos de escuelas de audiovisual.[11][12]

Bibliografía[editar]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]