Mazmorra

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Interior de un calabozo o mazmorra.

Se llama mazmorra, calabozo o celda, a un lugar seguro y fuerte que en las cárceles y establecimientos penales sirve para encierro, mayor sujeción y castigo físico de los presos. Es una prisión subterránea, normalmente construida bajo un castillo o fortaleza.

Las galerías subterráneas de la mazmorra constan de pasadizos de circulación y celdas. Las mazmorras tienen las circunstancias de ser oscuras y horribles, pero con una característica que la empeora por su finalidad: el tormento. En un castillo lo primero que se construía era la terrible mazmorra, que aún hoy espanta, pero en la mayoría de los casos era ocupada por delincuentes culpables, y que sólo volvían a contemplar la luz del día en los instantes previos a la exposición de sus cuellos al hacha del verdugo, si no morían en la mazmorra por las torturas.

El uso de mazmorras era principalmente para encierro y tortura; eran subterráneas para infundir mayor terror a los presos cuando los llevaban allí y para evitar que en el mundo exterior se oigan sus gritos de dolor cuando eran torturados. Algunas celdas tenían cráneos o esqueletos encadenados de presos que habían muerto anteriormente de hambre o por torturas, lo cual hacía más horrible el aspecto de las mazmorras, pues daban macabra compañía a los presos vivos y les daban a entender que ellos también iban a correr la misma suerte en castigo por los delitos por los cuales fueron traídos allí. Estas razones y la asociación de las mismas con los temores claustrofóbicos de la gente a quedarse encerrado bajo tierra, han convertido a las mazmorras en una poderosa metáfora en gran variedad de contextos, historias, leyendas y películas de terror.

La mazmorra ha pasado a la historia y al inconsciente colectivo como una serie interminable de galerías subterráneas apenas iluminadas por unas antorchas empotradas en la pared, los reos desnudos colgados de las muñecas con grilletes unidos a unas cadenas empotradas en el muro, y los verdugos con capucha en la cabeza y látigo en la mano con el cual flagelan día y noche a los reos; pero además de los latigazos empleaban también otros métodos de tortura: potro, cepo, palmeta, desgarramientos, mutilaciones, quemaduras, empalamiento, etc.

Usos parapresidiales de la palabra mazmorra[editar]

La palabra "mazmorra" está teniendo un uso hasta lúdico en ciertos ambientes, por este motivo cuando se le da tal uso inexacto se le dice "parapresidial" (semejante a lo presidial o a lo de la prisión).

En la comunidad sadomasoquista, las "mazmorras" son lugares equipados y decorados para la realización de fantasías sexuales sadomasoquistas.

En el contexto de los juegos de rol o de tablero, las "mazmorras" son largas estructuras laberínticas, generalmente subterráneas, plagadas de monstruos u otros enemigos a los que se enfrentan los personajes jugadores.

Etimología[editar]

Según el Diccionario de la Real Academia Española, la palabra mazmorra proviene del árabe hispánico maṭmūrah, que significa silo en árabe clásico.[1]

En cuanto a la etimología de la palabra calabozo, no existe acuerdo entre los diferentes autores:

  • hay quien la deriva de la voz arábiga cala, que significa fuerte o castillo y de la voz pozo, en el supuesto de que los calabozos son subterráneos o cuartos en forma de pozos, viniendo así la unión de estas dos palabras a significar fuerte pozo
  • hay quien atribuyéndole origen hebreo le da por raíz el verbo cale, que equivale a prohibir y también de la palabra pozo por ser el calabozo un subterráneo de que no se puede salir
  • hay quien quiere que sean las dos palabras castellanas calar y boca las que hayan servido para la composición de la de calabozo fundándose en que a los que encerraban en ellos los bajaban por una boca estrecha y en que calar es bajar de alto a bajo.


Mazmorras en hacienda de Morelos

Historia[editar]

Calabozo del castillo de Loarre.

Los calabozos en que los sarracenos encerraban los cristianos cautivos eran subterráneos y se llamaban mazmorras. Es sabido que en Roma era también subterráneo y con la entrada en la parte superior el lugar ó calabozo Tullianum, llamado así por ser obra de Tulio Hostilio la cárcel en la que se construyó, y en donde fueron ahorcados Léntulo y otros cómplices en la conjuración de Catilina por orden de Cicerón. A esta idea de ser el calabozo subterráneo corresponde la frase sumir en un calabozo.

Lord Byron, en “El prisionero de Chillón”, describe las terribles condiciones en las que vivían los prisioneros de las mazmorras del famoso castillo suizo: "Nos habían encadenado, cada uno en una columna. Éramos tres, pero cada uno separado de los otros dos. Nos podíamos dar ni un solo paso y no nos podíamos ver más que a través de esta débil y lívida claridad, que nos deformaba como si fuéramos desconocidos. Así reunidos, y sin embargo separados, teníamos las manos agarrotadas entre hierros y el corazón angustiado."

Los castillos y las fortalezas siempre tenían estos espacios para encerrar a los presos a fin de que muriesen de hambre y de frío, o si les daban agua y alimentos para que permaneciesen en condiciones infrahumanas hasta que se cumpla el castigo impuesto, se pague un rescate o se solucione el conflicto político o religioso que los había conducido a la prisión.

Sin embargo, la palabra calabozo se aplica hoy a encierros que no están en subterráneos y que no son oscuros y horribles como se los describía antes. Un ejemplo de ello en el humor son los calabozos de los cuarteles militares donde encierran a los soldados castigados con un cuchillo y un montón de papas crudas para que las pelen. Ni el estado actual de la civilización, ni la ley escrita, permite el uso de tales medios para agravar la condición de los que se hallan en las cárceles.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]