Catolicismo tradicionalista

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Iglesia católica
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Basílica de San Pedro, en el Vaticano.

Catolicismo tradicional es una denominación genérica para las tendencias y movimientos tradicionalistas dentro de la Iglesia católica. También suele emplearse el término catolicismo conservador.

Tradicionalismo filosófico del siglo XIX[editar]

El tradicionalismo es un movimiento filosófico y religioso que sostiene la necesidad de una revelación divina no solo para conocimientos de tipo sobrenatural –que la teología cristiana llama precisamente «revelados»– sino también para el conocimiento de cualquier entidad no cognoscible por los sentidos como son la metafísica, la moral, la existencia de Dios, la noción de ente, la inmortalidad del alma, etc.[1] Dado que se habla de una revelación primitiva, para que sea posible su conocimiento a las generaciones posteriores es necesario que esta se transmita por tradición, de ahí el nombre del movimiento, y que sea aceptada por fe en cada persona.

No se trata de una doctrina o un conjunto de estas, sino más bien de un movimiento cultural marcado por su oposición a la Ilustración. No proviene del clero sino más bien de los intelectuales laicos. Será como el equivalente cultural del romanticismo a nivel literario.

La razón humana, según estos autores, es incapaz de alcanzar la verdad. Para vivir se ha de confiar al sentido común que es a su vez criterio de verdad. La tradición la presentan como fundada en la revelación.

Sus principales representantes a nivel filosófico son: Lamennais, De Bonald, Bonnetty y Bautain. La presentación más sistemática del movimiento fue objetivo de filósofos de Lovaína como Arnold Tits que llevaron el tradicionalismo más allá sosteniendo las ideas innatas.

Condena de la Iglesia[editar]

A las críticas elevadas por teólogos y obispos al inicio, siguieron las del Papa: las encíclicas Mirari vos (1832) y Singulari nos (1834) son una condena directa de las teorías tradicionalistas a la Lamennais. La encíclica Qui pluribus y la alocución Singulari quadam son una condena más genérica que además aclara la posición católica al respecto. Así también se trató en el Concilio Vaticano I afirmando ante todo la capacidad de la razón humana para llegar a Dios sin necesidad de una revelación.[2] A Bautain se le exigió firmar una declaración de fe con los contenidos católicos tanto en 1834 como en 1844.[3] Lo propio se hizo también con Bonnetty en 1855.[4]

Tradicionalismo teológico contemporáneo[editar]

Oposición al Concilio Vaticano II[editar]

De forma específica, la denominación católicos tradicionales se suele emplear para designar a la corriente de pensamiento católico que expresó su desacuerdo con todas o algunas de las reformas del Concilio Vaticano II y a la Reforma Litúrgica de Pablo VI. La finalidad de estos católicos es la de intentar restaurar la liturgia romana en su modo clásico o anterior al Concilio Vaticano II, las devociones públicas y privadas y la preservación de la Tradición como fuente inalterable de la fe y la doctrina católica; profesando la religión católica bajo el esquema de tradición. Esto implica utilizar las formas y usos propios de la tradición como son, el orden de la misa, las vestimentas, el comportamiento en el templo, la forma de oración y más notoriamente el uso de la lengua latina como lengua sagrada para las devociones.

El movimiento tradicionalista ha tenido varios surgimientos desde otras épocas pero en su forma actual surge a raíz de los cambios realizados en la Iglesia por el papa Pablo VI, quien prosiguiera el Concilio Vaticano II convocado por el papa Juan XXIII.

Entre los mencionados cambios se pueden evidenciar:

  1. El cambio en las palabras del Padre Nuestro. Basado principalmente en un problema de traducción de la palabra latina Debitoris-i.
  2. Los cambios en la consagración de la misa: al pasar de una forma "secreta" (p. ej. sólo el sacedordote la dice y en voz baja) a decirla pública (voz alta). Adicionalmente con los eventuales problemas de traducción de la parte "Pro Multis", que fue cambiada por un decreto aprobado por el Papa Benedicto XVI.[5]
  3. La organización general de la misa por el Novus Ordo Misae.

Dentro de los representantes que se pronunciaron contrarios a los cambios se encuentra el obispo francés Marcel Lefebvre quien siempre mantuvo una postura recta contra los cambios indicados. Contrario a lo que se cree, Marcel Lefebvre nunca se manifestó en ruptura con la Iglesia de Roma. Antes bien, fue el Vaticano quien le penalizó con una suspensión 'a divinis' debido a la consagración de obispos en el Seminario de Écone sin el consentimiento del papa. Este punto es muy polémico ya que aunque un obispo está facultado para consagrar sacerdotes y obispos, Lefebvre tuvo que hacerlo a manera 'desobediente' debido a la obstaculización de miembros del clero cercanos al papa que no aceptaban a la corriente tradicionalista.

Con el paso del tiempo, las órdenes religiosas que estaban señaladas como 'desobedientes', les han sido levantados los cargos aplicados de acuerdo con el derecho canónico en una medida de acercamiento.

Aunque muchos señalan al tradicionalismo católico como cismático, esta es una postura errónea ya que la mayoría de las órdenes, como es el caso de la FSSPX nunca se han manifestado contra el papa.

Sedevacantismo[editar]

Se trata de la posición teológica de aquellos católicos integristas que han roto con la actual jerarquía de la Iglesia Católica Romana. Los sedevacantistas rechazan la legitimidad y validez de los Papas posteriores a Pío XII y en algunos casos a Juan XXIII. Para los sedevacantistas, tras la muerte de Pío XII no han existido Papas verdaderos en la Iglesia Católica, por lo que la Sede Romana se encuentra vacante o usurpada por modernistas.

Por ello, no reconocen el papado de Juan XXIII (quien convocó el Concilio Vaticano II), quien, aunque no conocía las decisiones del Concilio sobre los cambios que deberían hacerse a la Iglesia, es responsable por haberlo convocado y establecer una política de "aggiornamiento" que generaría una Iglesia paralela (Iglesia conciliar). Tampoco reconocen a Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI ni al actual Papa Francisco I, por considerarlos artífices y arquitectos de una nueva iglesia.

Los sedevacantistas surgieron durante el Concilio Vaticano II y en un principio apoyaron la obra de Monseñor Marcel Lefebvre, con quien rompieron luego. Actualmente, algunos se organizan en congregaciones, uniones pías o ministerios independientes. Entre los sacerdotes más conocidos se encuentra el padre Anthony Cekada, quien ha realizado una importante labor teológica dogmática y sacramental.

Referencias[editar]

  1. Ernesto Basadonna, voz «Tradizionalismo» en la Enciclopedia cattolica, vol. XII, col. 395.
  2. Cf. Constitución dogmática Dei Filius del 24 de abril de 1870.
  3. Cf. DS 2751-2756.2765-2769
  4. Cf. DS 2811-2814.
  5. http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=15231

Enlaces externos[editar]

Véase también[editar]

Movimientos religiosos o intelectuales relacionados:

Movimientos políticos relacionados:

Instituciones católicas relacionadas:

Movimientos opuestos: