Calomelano

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Calomelano
Calomel.jpg
Microcristales de calomelanos. Mina de Almadenejos (Ciudad Real)
General
Categoría halogenuros
Clase 3/A.05-10
Fórmula química Hg2Cl2
Propiedades físicas
Color Incoloro, gris o marrón claro
Raya blanca
Lustre adamantino
Transparencia transparente o traslúcido
Sistema cristalino Tetragonal
Macla según {112}
Exfoliación Buena según {110}
Fractura concoidal
Dureza 1,5-2
Densidad 7,15

El calomelano es un mineral formado por cloruro de mercurio, Hg2Cl2, conocido antiguamente como mercurio córneo, que se forma por alteración del cinabrio, del metacinabrio y de otros sulfuros que contienen mercurio en algunos de sus yacimientos. Fue descubierto por primera vez a mediados del siglo XVIII en Moschellandsberg, Alsenz-Obermoschel, Palatinado (Alemania), que consecuentemente se considera su localidad tipo.[1]​ Su nombre viene del griego kalos (hermoso) y melas (negro) debido a su cambio de coloración al reaccionar con amoniaco. Debido a esto el amoniaco se usa como prueba de detección de Hg(I). Es un mineral raro, que se ha encontrado en varias decenas de yacimientos, pero generalmente sólo de forma muy ocasional, en puntos concretos de la mineralización.

Medicina[editar]

El calomelano fue un medicamento popular durante la era victoriana y fue usado como tratamiento para una variedad de padecimientos durante la Guerra de Secesión en forma de píldoras azules. [2]​ Esta píldora solía mezclarse con un ingrediente dulce, como regaliz o azúcar, para hacerla más digerible. Debido a la falta de estandarización, no se sabía la cantidad de cloruro mercuroso que se suministraba por píldora.

Usos[editar]

El calomelano se comercializaba como un agente purgante para aliviar la constipación; sin embargo, los médicos de la época no tenían idea de cuál era su mecanismo de acción. Sus propiedades terapéuticas fueron descubiertas de forma empírica.

Se observó que con pequeñas dosis el calomel actuaba como laxante, mientras que con dosis más grandes su efecto era sedante. [3]

Durante el s. XIX el calomelano se usó para tratar varias enfermedades como las paperas, fiebre tifoidea y padecimientos del tracto gastrointestinal como constipación, disentería y vómito. [4]​ Ya que el calomel reblandecía las encías, el calomelano era usado como tratamiento en la dentición hasta la mitad del s. XX. En consecuencia, los bebés a los que se les suministraba calomel con frecuencia sufrían de acrodinia. [5]

Los efectos del calomelano con frecuencia empeoraban la diarrea asociada a la disentería que pretendía tratar y ello catalizaba los efectos de la deshidratación. Una víctima de esto fue Alvin Smith, hermano mayor de Joseph Smith, fundador de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.[6]​ También fue usado por Charles Darwin para tratar la infección gastrointestinal severa que presuntamente inició la fase inductiva de su enfermedad de Crohn. [7]​ Con el tiempo se determinó que el calomelano causaba más daño que bien, además de que sus efectos secundarios eran peores que las enfermedades que trataba. Así, se descontinuó su uso terapéutico.

Propiedades químicas[editar]

El calomelano un polvo blanco en su estado puro. Al exponerse a la luz, o en presencia de impurezas, adquiere una coloración oscura. [8]​ La composición química del calomelano tiene la fórmula Hg2Cl2. Según la vía de administración, afecta el cuerpo de distintas formas. De forma oral, el calomelano daña principalmente el recubrimiento del tracto gastrointestinal. El calomelano, como otras sales de mercurio, es insoluble en agua; por lo tanto, no se absorbe bien en la pared del intestino delgado. Parte del calomelano en el sistema digestivo puede oxidarse a un estado con mayor capacidad de absorción por el intestino, pero la mayor parte no. La mayor parte del calomelano ingerido es excretado a través de la orina y las heces. [9]

Los vapores del calomelano son mucho más tóxicos. Como otras formas de mercurio vaporizado, este entra al torrente sanguíneo a través del sistema respiratorio y el mercurio se enlaza a los aminoácidos metionina, cisteína, homocisteína y taurina, debido a la alta afinidad del mercurio por el azufre presente en estos aminoácidos. Es capaz de cruzar la barrera hematoencefálica y acumularse en el cerebro. El mercurio también tiene la capacidad de atravesar la placenta y dañar al feto de una madre que toma calomelano.

Electroquímica[editar]

El calomelano se utiliza como interfase entre el mercurio metálico y una solución de cloruro en un electrodo de calomelanos, un electrodo de referencia que se utiliza para medir pH y potenciales eléctricos en disolución.

Obtención[editar]

El calomelano se puede preparar por dos formas: sublimación y precipitación. Al principio el calomelano se fabricaba por sublimación, lo que produce un polvo blanco muy fino. [8]​ Algunos defendían que cuanto más veces se sublimaba el calomelano, se obtenía un producto más puro; otros argumentaban que esto causaba una pérdida de sus propiedades terapéuticas.[10]​ En 1788, el farmacólogo Carl Wilhelm Scheele presentó un método para preparar calomel precipitado. Este método ganó popularidad en la industria farmacéutica porque era una forma de producción más barata y segura. [10]

Yacimientos[editar]

En la naturaleza, el calomelano está asociado prácticamente siempre con el mercurio nativo, y de esta forma apareció en la mina de Almadenejos, en Ciudad Real, España. En el Museo de la Escuela de Ingenieros de Minas de Madrid, se conserva el que se considera mejor ejemplar obtenido en el mundo de este mineral.[11]​ Otra localidad importante es Terlingua, en el condado de Brwster, Texas, Estados Unidos, en la que aparece, como cristales prismáticos cavernosos, con tamaños de varios milímetros, y excepcionalmente de hasta 1 cm, junto con otros minerales secundarios raros de mercurio, como la terlinguaita, la montroydita y la eglestonita.[12]​ En la mina San Juan Nepomuceno, en El Doctor, Querétaro, México, se encontraron también ejemplares notables de este mineral.[13]

Referencias[editar]

  1. Palache, C., Berman, H. y Frondel, C. (1951). The System of Mineralogy, Vol II (en inglés). John Wiley & Sons. p. 25-28. ISBN 0471192392. 
  2. Schroeder-Lein, Glenna R. (2008). The encyclopedia of Civil War medicine. M.E. Sharpe, Inc. ISBN 978-0-7656-2470-3. OCLC 644309272. Consultado el 2 de junio de 2021. 
  3. Haller, John S. (1971). «Samson of the Materia Medica: Medical Theory and the Use and Abuse of Calomel: In Nineteenth Century America». Pharmacy in History 13 (2): 67-76. ISSN 0031-7047. Consultado el 2 de junio de 2021. 
  4. Risse, Guenter (1 de febrero de 1973). «Calomel and the American Medical Sects during the Nineteenth Century.». Mayo Clinic Proceedings 48: 57-64. Consultado el 2 de junio de 2021. 
  5. Swiderski, Richard M. (2009). Calomel in America : mercurial panacea, war, song and ghosts. BrownWalker Press. ISBN 978-1-59942-467-5. OCLC 234213751. Consultado el 2 de junio de 2021. 
  6. «Beautiful Black Poison». The Weston A. Price Foundation (en inglés estadounidense). Consultado el 2 de junio de 2021. 
  7. Orrego, Fernando; Quintana, Carlos (22 de enero de 2007). «Darwin's illness: a final diagnosis». Notes and Records of the Royal Society (en inglés) 61 (1): 23-29. ISSN 0035-9149. doi:10.1098/rsnr.2006.0160. Consultado el 2 de junio de 2021. 
  8. a b «Means, Alexander (1845). "Calomel—Its Chemical Characteristics and Mineral Origins Considered"». 
  9. Bernhoft, Robin A. (2012). «Mercury Toxicity and Treatment: A Review of the Literature». Journal of Environmental and Public Health (en inglés) 2012: 1-10. ISSN 1687-9805. PMC 3253456. PMID 22235210. doi:10.1155/2012/460508. Consultado el 2 de junio de 2021. 
  10. a b Urdang, George (1 de enero de 1948). «The Early Chemical and Pharmaceutical History of Calomel». Chymia (en inglés) 1: 93-108. ISSN 0095-9367. doi:10.2307/27757117. Consultado el 2 de junio de 2021. 
  11. Calvo Rebollar, Miguel (2006). Minerales y Minas de España. Vol. III. Halogenuros. Museo de Ciencias Naturales de Alava. Vitoria. p. 157-158. ISBN 84-7821-633-2. 
  12. Crook, Wilson W. (1977). «The seconrdary mercury minerals of Terlinguia, Texas». The Mineralogical Record, 8, 20-22. 
  13. Panczner, William C. (1987). Minerals of Mexico (en inglés). Van Nostrand Reinhold Co. New York. p. 135. ISBN 0442272855.