Café filosófico

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Marc Sautet en el Cafe des Phares (París 1994)

Un café filosófico o FiloCafé es un diálogo organizado en un lugar público con el fin de discutir un tema desde una perspectiva filosófica, a fin de intercambiar puntos de vista, inquietudes y esperanzas, partiendo de que el pensamiento no es sólo una caja de herramientas —para resolver problemas prácticos y cotidianos— sino que nos da la posibilidad de plantearnos preguntas que vuelven más apasionante la vida.

Características[editar]

Aunque en cada país el café filosófico tiene diferentes modalidades, el objetivo es el mismo: el diálogo en torno a un tema o problema que resulte relevante a los participantes.

No se trata de hacer exposiciones sofisticadas ni “desfiles de personalidades”, sino de inducir “momentos filosóficos”, es decir, pasar de la opinión al pensamiento, de dilucidar juntos conceptos, desentrañar el sentido oculto, enfrentar los prejuicios. El café filosófico es una especie de democracia a pequeña escala en la que cada uno intenta aprender de los demás. Sus reglas mínimas son muy simples:

  • El tema surge de la sala, no del moderador.
  • El moderador hace una breve presentación del tema; la discusión está a cargo de todo el grupo.
  • Los participantes llegan espontáneamente: no hay inscripciones ni cursos –aunque suele haber una cuota- y están en libertad de asistir cuando lo decidan.
  • El grupo es heterogéneo. En esta democracia coinciden personas de diferente edad, profesión y proyectos: académicos, empresarios, amas de casa, vendedores, médicos, estudiantes…

El propósito es que cada uno de los participantes vaya aprendiendo de su propia elaboración intelectual, de escuchar las intervenciones y de la confrontación de sus ideas con las de los demás. No se trata, pues, de una clase de filosofía, sino de pensar y discutir filosóficamente; dar vida a la historia del pensamiento para vivir hoy de manera más sensata. En todo caso se trata de “secuestrar” a la filosofía, que ha vivido cómodamente en las aulas universitarias durante siglos, para que ahora aterrice en los lugares públicos.

Historia[editar]

El primer café filosófico nació en París en 1992, animado por Marc Sautet. Actualmente París cuenta con más de 200 establecimientos donde la gente se reúne en forma periódica no para aprender filosofía, sino para tratar de entender el mundo y de recuperar —en un mundo sin referentes estables— las nociones de bien y de mal, de amor o de vergüenza; en fin, para encontrar un “art de vivre” más acorde a sus deseos y convicciones. En Latinoamérica se han creado cafés filosóficos en los últimos años en ciudades como Perú, Buenos Aires y México. Lo único que se requiere para iniciar uno nuevo es tener un espacio, un filósofo, cierto poder de convocatoria… y un poco de suerte.

Dinámica[editar]

Un FiloCafé[1] o café filosófico consiste en una mesa de diálogo organizada en un lugar público con el fin de discutir un tema desde una perspectiva filosófica, intercambiando puntos de vista, inquietudes y esperanzas, partiendo de que el pensamiento no es sólo una caja de herramientas para resolver problemas prácticos y cotidianos, sino que nos da la posibilidad de plantearnos preguntas que vuelven más apasionante la vida.

Asimismo este esquema de discusión permite reforzar los lazos interpersonales acrecentando tanto el capital humano (las capacidades de la persona, sus potencialidades y su nivel de conocimientos), así como el capital social, ya que el diálogo fomenta la convivencia y la solución de conflictos y diferencias ideológicas a través del razonamiento y el ejercicio de la tolerancia.

Los FiloCafés son un espacio que posibilita la construcción de ideas, opiniones y dudas de un grupo de personas. La reunión se da en un café por ser un lugar público por excelencia, y abierto a todo tipo de público –sin restringirse a ellos, solamente el lugar debe permitir el acceso más o menos indiscriminado–

El objetivo general de un FiloCafé es dialogar acerca de cada uno de los temas que consideramos importantes o interesantes, pero que a menudo dejamos pasar porque no tenemos el tiempo o el foro para reflexionar sobre ellos. Son temas que nos obligan tanto a pensar en función de resolver problemas prácticos —es ético decirle a una persona que enfrente la adversidad con filosofía— como en función de desarrollar nuestra capacidad de intercambiar ideas, de analizar críticamente, de poner a prueba nuestras convicciones y nuestra propia personalidad.

Debe dejarse en claro que no se trata de una clase de filosofía, sino de “filosofía de café”. Es decir no es un desfile de personalidades que expongan a los grandes pensadores de la historia, aunque las conferencias o las mesas panel pueden ser una forma interesante de reforzar los temas o de romper con la rutina del cafeteo, no es la parte primordial de un FiloCafé.

El FiloCafé es un sistema de democratización del conocimiento (democracia a pequeña escala) en la que cada persona intenta aprender de las otras personas, así como de los cuestionamientos que surgen de las diversas intervenciones.

Se trata entonces de producir “momentos filosóficos”, es decir, pensar y concebir filosóficamente nuestra propia vida, de provocar en nosotros mismos la reflexión sobre aquellos problemas que nos preocupan, con el propósito de vivir de modo más racional y sensato.

Reglas básicas[editar]

Existen algunas reglas básicas y comunes:[2] [3] [4]

El tema es elegido por las personas participantes con anterioridad y de común acuerdo, y conforme las inquietudes que la propia mesa tenga. En el caso de la sesión inicial es conveniente que el tema sea la explicación sobre ¿qué es un Café Filosófico?, a fin de que incluso la dinámica y definición del FiloCafé sea consensuada por el grupo.

Además, la intención de plantear los temas con una anticipación permite que la persona anime pueda enviar tanto preguntas “desestructurantes” (guía y motores de la investigación) y algunos textos para su consulta. La consulta de textos es opcional, nadie está obligado a leerlos, la propia dinámica del grupo irá fomentando la lectura individual de los mismos.

El moderador, ¿Quién debe moderar? Todo el grupo debe ser el moderador de las intervenciones, sin embargo la exposición inicial será de quien haya propuesto el tema (si ella así lo desea) y la batuta de la sesión estará en sus manos de la animadora.

Tiempo: la sesión de FiloCafé con una exposición oral breve de no más de 15 minutos, para luego pasar a las participaciones, preguntas y comentarios de los participantes, las cuales deberán ser breves o suficientes (se sugiere que sean de máximo 5 minutos por intervención, pero sin ser una regla fija).

Solicitudes: las participaciones deberán solicitarse levantando la mano, para que entre todos observen el orden a las intervenciones, y cada quien tenga en consideración el tiempo de los demás. En caso de que el grupo no logre está dinámica, la animadora puede intervenir todo el tiempo que sea necesario.

La persona animadora podrá intervenir entre cada comentario para retomar temas que se dejen de lado o para explicar el orden de las intervenciones, así como para orientar las participaciones.

La animadora evita las clases magistrales, las conferencias, los discursos de introducción, y procura que se supere el "café du commerce".

Tiene prioridad en el turno de recibir la palabra, aquel que todavía no ha hablado.

La animadora debe tener siempre en cuenta que no se pretenden que los participantes “aprendan” sino que confronten, dialoguen y saquen sus propias conclusiones. Su función es inducir los “momentos filosóficos”, es decir, pasar de la opinión al pensamiento, dilucidar juntos conceptos y enfrentar los propios prejuicios.

Hay que evitar el "Café du commerce", la "conferencia" y el proselitismo, evitando las clases magistrales, las conferencias o los grandes discursos.

No hay a-prioris sobre el tema, es decir no existen posturas previas sobre los temas si son o no filosóficos o importantes; sólo el tratamiento en el café puede establecer su trascendencia.

La animadora está a disposición de los participantes, escuchándolos y utiliza sus conocimientos para reconducir el diálogo, poniendo en marcha la mayéutica. Con el fin de que se profundice en las intervenciones de manera seria.

Escucha: todos deben escuchar al que habla.

Los participantes que hayan sido aludidos directamente en la tertulia tienen derecho a réplica

Véase también[editar]

Ejemplos[editar]

Enlaces externos[editar]

Referencias[editar]