Binarismo de género

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El binarismo de género, referido también como dualismo de género o binario de género, es la clasificación del sexo y el género en dos formas opuestas y desconectadas de masculino y femenino.[1][2][3]​ Es un tipo general de sistema de género. Como uno de los principios esenciales del generismo, puede describir una frontera social que desalienta a las personas a cruzar o mezclar roles de género, o de identificarse con dos o más formas de expresiones de género simultáneamente. En este modelo binario, "sexo", "género" y "sexualidad" se asumen por defecto como alineados; por ejemplo, un hombre se le supondría como masculino en aspecto, cuerpo, carácter y comportamiento e incluyendo una atracción heterosexual al género opuesto (las mujeres).[4]​ La clasificación dentro de este binarismo de género no abarca, por tanto, a individuos que nacen con órganos reproductivos intersexuales y puede excluir a todos aquellos que se identifican como lesbianas, gais, bisexuales, transgéneros, transexuales, de género no-binario o tercer género.

Generalidades[editar]

El binarismo de género se apoya en el sistema cissexista: el sistema a través del cual una sociedad divide a sus miembros según sus genitales externos al nacimiento en funciones de género, identidades de género y otros atributos, excluyendo así a las personas transgénero. Los roles de género son sólo un aspecto del binarismo de género, pero dan forma y restringen las experiencias vitales de los individuos, afectando aspectos de la autoexpresión que engloban desde la elección de ropa a la ocupación. Los roles de género tradicionales continúan siendo reforzados por los medios de comunicación, la religión, el sistema educativo así como por los sistemas políticos y sociales.[5]​ Muchas sociedades han utilizado el género binario para dividir y organizar a las personas, aunque las maneras en la que esto sucede difieren entre las mismas. El binarismo de género existiría como un medio de poner orden, aunque algunos, como Riki Wilchins en GenderQueer: Voces más allá del Binarismo Sexual, argumenta que el género binario divide y polariza a la sociedad. Algunas religiones destacadas se utilizan a menudo como autoridad moral para la justificación de este sistema. El islam, por ejemplo, enseña a que las madres sean las principales cuidadoras de los niños, o los católicos sólo permiten a los hombres servir como sacerdotes.

En todo el mundo, hay muchas personas e incluso varias subculturas que pueden ser consideradas excepciones al binarismo de género. Además de individuos cuyos cuerpos son naturalmente intersexuales, hay también funciones sociales concretas que implican aspectos de ambos o de ningún género en concreto. Estos incluyen a los dos-espíritus de los nativos americanos o a los hijras del subcontinente indio. En el Occidente contemporáneo, se puede decir que el transgenerismo transgrede el binarismo de género en la forma de género no-binario. Los transexuales sin embargo, mantienen su relación con el género binario porque en muchos casos su transición en la expresión de género varía de un lado al opuesto de este binarismo, conformando uno de los dos géneros binarios. Al hacerlo, los transexuales optan por cirugía y/u hormonas.[6]

Limitaciones[editar]

Muchos académicos feministas han discutido la existencia de un binarismo de género claro. Judith Lorber explica el problema de fallar al dividir a las personas a estos dos grupos: “a menudo encuentran más diferencias significativas dentro del grupo que entre ambos grupos.”[7]​ Lorber argumenta que esto corrobora el hecho que el género binario es arbitrario y conduce a expectativas falsas de ambos géneros. Por otro lado, está creciendo el apoyo a la posibilidad de utilizar categorías adicionales que comparen a las personas sin “suposiciones previas sobre quién es como quien.”[7]​ Al permitir una aproximación más fluida al género, las personas serían más capaces de identificar ellos mismos quiénes deciden ser.

Otro asunto adicional con el género binario es la insistencia de que los hombres son inherentemente masculinos y las mujeres son inherentemente femeninas. Esto reduce opciones de las personas para actuar fuera de su rol de género sin estar bajo el enjuiciamiento social. En discusiones académicas de esta cuestión, los términos "hombre" y "mujer" no son exactamente sinónimos de "masculino" y "femenino" porque estos términos contienen significados ulteriores que han sido “contextualizados y construidos políticamente”, siendo menos excluyentes entre sí cuando son utilizados en el discurso popular.[8]​ De este modo, muchos investigadores de género creen que la aseveración de que la feminidad sólo refiere a mujeres y masculinidad sólo a hombres está fundamentalmente viciada y que es importante distinguir feminidad y masculinidad como descripciones de comportamientos y actitudes sin ligarlas directamente a los géneros hombre y mujer. Karen Beckwith sostiene que al utilizar masculino y femenino como adjetivos, las palabras se convierten en herramientas útiles para comprender las acciones humanas.[9]​ Los descriptores de género tienen usos, pero algunos investigadores creen que conectándolos a sexos concretos reproducen términos opresivos que permiten la continuación de la discriminación.

María Lugones observa que entre los Yoruba no existía ningún concepto de género y absolutamente ningún sistema de género antes de la llegada del colonialismo. Argumenta que el sistema de género fue introducido por los poderes coloniales como herramienta de dominación y que esto cambió fundamentalmente las relaciones sociales entre los indígenas.[10]

Rechazo[editar]

La existencia de personas transgénero es una indicación que el sexo binario es refutable. Una persona puede exhibir rasgos de ambas características exclusivas para "chicas" o para "chicos". Anne Fausto-Sterling sugiere una clasificación de cinco sexos y apartar la clasificación del género binario construido socialmente de hombre y mujer. En su artículo "Los Cinco Sexos: por qué hombre y mujer no es suficiente" describe la existencia de intersexuales, personas que poseen una combinación de "partes" masculinas y femeninas, quienes son vistas como desviaciones de la norma y que necesitan ser "arreglados" para mantener el sistema de dos géneros. La existencia de estos individuos desafía el estándar de binarismo de género y cuestiona el papel de la sociedad en la construcción del género.[11]​ Fausto-Sterling indica que los facultativos modernos fomentan la idea de que el género es un construcción cultural y concluye que "nos estamos moviendo de una era de dimorfismo sexual a otra donde la variedad va más allá del número 2."[12]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Marjorie Garber (25 de noviembre de 1997). Vested Interests: Cross-dressing and Cultural Anxiety. Psychology Press. pp. 2, 10, 14-16, 47. ISBN 978-0-415-91951-7. Consultado el 18 de septiembre de 2012. 
  2. Claudia Card (1994). Adventures in Lesbian Philosophy. Indiana University Press. p. 127. ISBN 978-0-253-20899-6. Consultado el 18 de septiembre de 2012. 
  3. Rosenblum, Darren (2000). «'Trapped' in Sing-Sing: Transgendered Prisoners Caught in the Gender Binarism». Michigan Journal of Gender & Law 6. Consultado el 18 de septiembre de 2012. 
  4. Keating, Anne. «glbtq >> literature >> Gender». www.glbtq.com. glbtq: An Encyclopedia of Gay, Lesbian, Bisexual, Transgender, and Queer Culture. Consultado el 2 de abril de 2015. 
  5. Johnson, Joy; Repta, Robin (2002). «Sex and Gender: Beyond the Binaries». Designing and conducting gender, sex, & health research: 17-39. Consultado el 2 de abril de 2015. 
  6. Cromwell, Jason (1999). Transmen and FTMs: Identities, Bodies, Genders, and Sexualities. Chicago, Illinois: University of Illinois. p. 511. ISBN 978-0252068256. 
  7. a b Lorber, Judith.
  8. Johnson, Allan.
  9. Beckwith, Karen.
  10. Lugones, María (Winter 2008). «Heterosexualism and the Colonial/Modern Gender System». Hypatia 22 (1): 196-198. doi:10.1353/hyp.2006.0067. 
  11. Morgan Holmes (2008). Intersex: A Perilous Difference. Associated University Presse. p. 17. ISBN 978-1-575-91117-5. Consultado el 29 de abril de 2014. 
  12. Fausto-Sterling, Anne (March–April 1993). «The Five Sexes: Why Male and Female Are Not Enough». The Sciences. pp. 20-24.