Bestiario (libro de Julio Cortázar)

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Bestiario
de Julio Cortázar
Género Cuento
Idioma Español
Tipo de publicación Impreso
Editorial
Ciudad Buenos Aires
País Bandera de Argentina Argentina
Fecha de publicación 1951
Páginas 165
Cuentos de Cortázar
La otra orilla (1937-45; publicado en 1995) Bestiario Final del juego (1956)
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Bestiario es el título del primer libro de cuentos del autor argentino Julio Cortázar, publicado en 1951 por la Editorial Sudamericana. Es el primero que publica con su nombre —anteriormente había sacado una obra de teatro y un poemario, ambos con el seudónimo de Julio Denis—, ya, según dirá más tarde, "seguro de lo que quería decir" (había escrito antes también dos novelas, Divertimento y El examen, además de los textos de La otra orilla, libros que no publicó en vida y que vieron la luz solo después de su muerte).

Según el propio autor, varios de los cuentos de Bestiario fueron autoterapias de tipo psicoanalítico. "Yo escribí esos cuentos sintiendo síntomas neuróticos[1] que me molestaban", dijo también al referirse al mismo.

Algunos de los cuentos más representativos son Casa tomada, Bestiario y Lejana.

Cuentos que contiene el libro[editar]

Bestiario consta de ocho cuentos:[2]


Carta a una señorita en París[editar]

El narrador y personaje principal le escribe una carta a una señorita llamada Andrée que se encuentra de visita en París mientras él cuida su apartamento de la calle Suipacha en Buenos Aires, al que describe al detalle en las primeras líneas. Todo en el apartamento está perfectamente ordenado, y el personaje siente vergüenza de mover incluso las piezas más pequeñas. El motivo de la carta, en cambio, se debe a un problema más bien «físico» que atraviesa el personaje: vomita conejitos. Este incidente, descrito con detalle y que podría parecer una extrañeza, es para él de lo más natural. Lo ha hecho por mucho tiempo en periodos regulares de varias semanas, por lo que ya está tan habituado que incluso tiene un espacio con alimentos para los conejitos en su balcón. Sin embargo, al mudarse comienza a vomitar conejitos cada uno o dos días. Pronto no sabe que hacer con ellos ni cómo ocultárselos a la mucama llamada Sara, que cree que desconfían de su honradez. Los encierra en el clóset del dormitorio durante el día y los deja salir durante la noche. Al principio son hermosos y tranquilos por lo cual le es imposible matarlos, pero con el tiempo se convierten en feos y rompen todo. Mientras solo fueron diez «tenía perfectamente resuelto el tema de los conejitos». Pero cuando el undécimo apareció, ya no pudo contener la situación.2 El narrador ha hecho todo lo posible por limpiar y reparar lo que los animales han roto, y le deja la carta en el apartamento para que no se pierda en el correo. Concluye con un «No creo que les sea difícil juntar once conejitos salpicados sobre los adoquines, tal vez ni se fijen en ellos, atareados con el otro cuerpo que conviene llevarse pronto, antes de que pasen los primeros colegiales».3

Lejana[editar]

La protagonista del cuento es Alina Reyes, que vive en Buenos Aires y registra en su diario no solo su acontecer cotidiano sino sus más disparatadas ocurrencias y fantasías, lo cual le permite jugar con su nombre y convertirlo en el anagrama que dice: “Alina Reyes, es la reina y…” dejándolo inconcluso. Pero el diario consigna, sobre todo, las extrañas y recurrentes premoniciones de Alina a partir de la figura de una desconocida, muy distinta a ella, una lejana que vive en Budapest, mujer indigente que sufre frío y es maltratada, siente una “súbita y necesaria ternura” por ella.

Una imagen reiterativa en la obra de Cortázar la constituye el puente que permite a los personajes establecer un tránsito y un medio de comunicación entre un ámbito y otro, entre una y otra personalidad, entre su realidad y la posibilidad de otra realidad para trocar sus identidades. Alina no siente, “sabe” que en algún lado debe cruzar un puente, sin entender cabalmente ni su significado ni su origen ni propósito. El cambio de identidad que se produce en Alina se irá manifestando de manera inconsciente e incluso a través del propio lenguaje: “porque soy yo y le pegan”.

Alina se casa y le pide a su esposo, Luis María, que la lleve de luna de miel a Budapest. Él accede y, la segunda tarde del viaje, Alina sale a caminar sola por la ciudad. Su intuición la guía al puente sobre el Danubio donde ya la aguarda la harapienta mujer de pelo negro y lacio, “la lejana”. Una y otra se miran y caminan hasta la mitad del puente donde, sin saberlo, se han dado cita, como si sus almas se hubieran puesto previamente de acuerdo. Al encontrarse frente a frente y sin saber por qué, se estrechan en un abrazo fraternal durante el cual Alina y Lejana se fundirán y cambiarán sus identidades para que la primera se quede en Budapest mientras la segunda, “lindísima en su traje gris”, vuelva al hotel donde la espera Luis María, su esposo. Esta última parte, la del encuentro, ya no se cuenta a través del diario de Alina sino por medio de un narrador omnisciente que nos adelanta que eso ocurrió dos meses antes de su divorcio, con lo cual se refuerza la idea de que Alina mantuvo su apariencia pero cambió su identidad dejando su ser amable y burgués en su propio cuerpo pero depositando su alma en aquella lejana harapienta, fatigada y muerta de frío, que se ha convertido en su doble.

El cuento se inscribe en la tradición de obras clásicas como William Wilson de Edgar Allan Poe, El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde de Robert Louis Stevenson y El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde. Pero en este caso no media mensaje moral alguno y no existe más relación de causa-efecto entre Alina y Lejana que la que podría ofrecer el azar, la predestinación, la locura o el designio divino. La doble de Cortázar no se plantea como un reflejo del lado oscuro del personaje sino como su antípoda, y el quid del cuento consiste sobre todo en la convicción de que acaso exista alguien en algún lugar del mundo con quien nada tenemos que ver pero con quien tal vez podemos intercambiar nuestras identidades.

Ómnibus[editar]

Clara es una joven que viaja en un bus que pasa por el Cementerio de Chacarita, aunque ella se bajará más allá, en la Estación Retiro. Empieza a ser observada groseramente por el conductor, el guarda y el resto de los pasajeros por no llevar flores. En el momento en que Clara empieza a sentirse oprimida, un joven, también sin flores, aborda el mismo bus y le sucede lo mismo. Los dos personajes crean un lazo de empatía y colaboración que los ayuda a resistir el rechazo que cada vez se vuelve más agresivo. Al llegar a Retiro los dos jóvenes idean un plan para bajarse y lo logran descendiendo agarrados de la mano. Al salir del bus, sin embargo, el lazo entre ellos parece romperse al comprar flores, lo que los hace iguales al resto. Finalmente, se sueltan y siguen su camino contentos.[3]

Elementos surrealistas.

Lo transcurrido en esta historia puede ocurrir pero esta hiperbolizado en el acoso por parte de los viajeros y la sensación de angustia de Clara.

Cefalea[editar]

Un grupo de personas trabaja penosamente en una granja, lejos del pueblo, en el cuidado de las mancuspias, unos extraños animales que transmiten enfermedades cerebrales y a los que mantienen en jaulas. Agotados, empiezan a sentir los síntomas de las diferentes enfermedades que transmiten las mancuspias. Se marean, sienten martillazos en la cabeza...

El Chango, mientras tanto, no contento con beberse el vino blanco que utilizan para alimentar a las mancuspias, se roba el caballo y huye con Leonor. En la granja, se están quedando sin comida y ya no tienen medio de transporte, por lo que no podrán cuidar de las mancuspias, que empiezan a morir. A la mañana siguiente la policía trae al Chango, junto con el caballo, pero ya es tarde: la situación es insalvable, las mancuspias mueren lentamente y ellos no pueden hacer nada.

Circe[editar]

Cortázar escribe este cuento después de verse obsesionado con la comida. Cuando su madre le servía, se veía buscando como algo malo, hurgando en ella, se sentía terrible al hacerlo pero era algo que estaba ahí, y esto lo expresa en la historia de Circe; asegura que una vez terminado el cuento, se vio como antes comiendo con mucho gusto y agrado.

Delia Mañara es "viuda" de dos novios, Rolo y Héctor: el primero murió al golpearse la cabeza contra el peldaño de la puerta y el segundo se suicidó. Mario —protagonista y narrador (aunque toma el lugar del narrador un personaje detrás de la cortina, pero en primera persona)— se enamora de Delia que tiene una relación extraña con los animales y la preparación de productos como bombones y licor de naranja. Esto explica el título del cuento y la relación entre la Circe mitológica y Delia. Serán personajes como la familia Mañara, la madre Celeste, de la casa de altos, quienes con sus comentarios tejidos de recuerdos hagan sospechar a Mario, que logra salvarse en cierto sentido.

Las puertas del cielo[editar]

Este comienza cuando Celina, enferma de tuberculosis, muere. El abogado Marcelo, el personaje principal, es despertado por José María que, alterado, le anuncia la muerte de Celina. Juntos van a ver al viudo, Mauro, que está triste, decaído por la muerte de Celina, e intentan animarlo. Marcelo decide llevarlo al Santa Fe Palace para que Mauro se distraiga, se anime, beba y conozca a nuevas mujeres... Al principio conoce a una señorita morena llamada Emma, con la que baila y bebe, logrando distraerse. Marcelo se da cuenta de que el local le trae muchos recuerdos de Celina y ve a su amigo perdiéndose entre el humo del ambiente, buscando a la mujer que tiene un gran parecido con su difunta mujer, buscando desesperadamente las puertas del cielo.

Bestiario[editar]

Isabel es una adolescente que va a veranear a casa de Funes con su primo Nino y su tía Rema. Ahí también vivían Luis, El nene, y el Tigre. Los chicos se entretienen coleccionando plantas e insectos, primero hormigas, luego mosquitos, y después caracoles. Está compuesto de muchos aspectos y surrealistas. Es calificado como el Drácula de Cortázar.

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