Bato (mitología)

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Bato es un personaje de la mitología griega. Se discute si Bato eran dos o era uno: sincretismos aparte, parece que ambos tenían problemas con las palabras. El radical griego hace referencia a la tartamudez, aunque Heródoto sugirió que era el equivalente libio del «rey».[1]

Lo que se conoce de Bato es lo siguiente: parece que su tartamudez viene de haber asistido en secreto a los ritos de las Tesmoforias, a los que no tenía acceso; tras esto marcha a fundar Cirene, en el golfo de Sirte, en África. Su voz tenía —se dice— doble efecto: espantaba a los leones, y éstos le devuelven a cambio o como tributo, el comercio de la palabra. Dejando de lado interpretaciones a lo Brelich, que relacionaba sus dificultades con el habla con la castración o la disminución sexual o la relación entre la deformidad y el héroe que estudia el profesor de la Universidad de Trento Maurizio Giangiulio,[1] tenemos una doble vertiente del Bato fundador: por un lado, asume el papel clásico de los héroes civilizadores como oikistés; por el otro, el del portador del miasma sin purificar, que es sonreído por los dioses.

La segunda aparición de Bato o la nueva con el mismo nombre, la refiere por extenso el escritor romano Ovidio.[2]​ Bato era un anciano pastor que se apercibe del robo del joven Hermes de los bueyes de Apolo. Sobornado con uno de los bueyes, promete a Hermes su silencio, pero el joven dios no debía de confiar mucho, pues adoptando otra imagen intentó comprar el silencio prometido; al acceder Bato a revelar cuanto sabía, queda convertido en una piedra para señalar el camino, que es una excelente manera de silenciar al que sabe.

Catulo lo conoce, y nos lo nombra en su libro de cármenes; hasta el siglo XX viaja, para aparecer en la obra Industrias y andanzas de Alfanhuí, de Rafael Sánchez Ferlosio: uno de los ladrones ocultos en el pajar se llama el «Bato»; su compañero Paulo, es, sorprendentemente, mudo.

En El amor enamorado, de Lope de Vega, aparece Bato como villano.

Notas[editar]

  1. Heródoto: Historias: IV, 145 passim.
  2. Ovidio: Las metamorfosis, II, 679 – 701 (Mercurio y Bato).

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