Batalla de Stalingrado

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Batalla de Stalingrado
Parte de Frente Oriental de la Segunda Guerra Mundial
RIAN archive 602161 Center of Stalingrad after liberation.jpg
El centro de la ciudad de Stalingrado después de la victoria soviética sobre las tropas del Eje
Fecha 23 de agosto de 1942 - 2 de febrero de 1943 (200 días)
Lugar Bandera de la Unión Soviética Stalingrado, Unión Soviética (actual Bandera de Rusia Volgogrado, Rusia)
Coordenadas 48°42′00″N 44°31′00″E / 48.7, 44.516666666667Coordenadas: 48°42′00″N 44°31′00″E / 48.7, 44.516666666667
Resultado Victoria soviética
Consecuencias
  • Punto de inflexión de la Segunda Guerra Mundial en Europa
  • Destrucción total del 6.º Ejército alemán, parcial del 4.º Ejército alemán y devastación total de los Ejércitos aliados del Eje.
  • Contraataque soviético masivo e inicio del repliegue del Grupo de Ejércitos A alemán estacionado en el Cáucaso.
  • Las fuerzas del Eje empiezan a retroceder en todo los campos en el Frente Oriental
Beligerantes
Bandera de Alemania nazi Alemania nazi
Bandera de Italia Italia
Bandera de Hungría Reino de Hungría
Reino de Rumania
Estado Croata
Bandera de la Unión Soviética Unión Soviética
Comandantes
Bandera de Alemania nazi Adolf Hitler
Bandera de Alemania nazi Friedrich Paulus  Rendición
Bandera de Alemania nazi Walter Heitz  Rendición
Bandera de Alemania nazi Erich von Manstein
Bandera de Alemania nazi Hermann Hoth
Petre Dumitrescu
Constantinescu
Bandera de Italia Italo Gariboldi
Bandera de Hungría Gusztáv Jány
Viktor Pavičić  
Bandera de la Unión Soviética Iosif Stalin
Bandera de la Unión Soviética Vasili Chuikov
Bandera de la Unión Soviética A. Vasilevski
Bandera de la Unión Soviética Georgi Zhúkov
Bandera de la Unión Soviética Semión Timoshenko
Bandera de la Unión Soviética K. Rokosovski
Bandera de la Unión Soviética Rodión Malinovski
Bandera de la Unión Soviética Andréi Yeriómenko
Unidades militares
Bandera de Alemania nazi Heer (Wehrmacht)
Grupo de Ejércitos B:
6.º Ejército
4.º Ejército Panzer
Bandera de Rumania 3.º Ejército
Bandera de Rumania 4.º Ejército
Bandera de Italia 8.º Ejército
Bandera de Hungría 2.º Ejército
Bandera de Croacia Legión Croata
Bandera de la Unión Soviética Ejército Rojo
Frente de Stalingrado:
28.º Ejército
51.º Ejército
57.º Ejército
62.º Ejército
64.º Ejército
Frente del Don[nota 1]
Frente Suroeste[nota 2]
Fuerzas en combate
Inicialmente:
• 270 000 soldados[1]
• 3000 piezas de artillería
• 500 carros de combate
• 600-1600 aviones[nota 3][2]
En el momento de la contraofensiva soviética:
• 1 040 000 soldados[nota 4]
• 10 250 piezas de artillería
• 500 carros de combate
• 732 aviones[3]​ (402 operativos)[4]
Inicialmente:
• 187 000 soldados[5]
• 2200 piezas de artillería[5]
• 400 carros de combate[5]
• 300 aviones[5]
En el momento de la contraofensiva soviética:
• 2 500 000 soldados (1 143 000 en el área de Stalingrado)
• 13 451 piezas de artillería
• 894-4000 carros de combate[6]
• 1115 aviones[7]
Bajas
Bandera de Alemania nazi Alemania:
• 263 614 muertos y heridos
• 91 545 prisioneros de los cuales sólo 5000 sobrevivirían al cautiverio, siendo liberados entre 1955 y 1956).[8][9]
Bandera de Rumania Rumanía:
• 158 854 muertos, heridos y desaparecidos[9]
Bandera de Hungría Hungría:
• 143 000 muertos, heridos y desaparecidos[9]
Bandera de Italia Italia:
• 114 520 muertos, heridos y desaparecidos[9]
Hiwi:
• 52 000 muertos, heridos y desaparecidos[10]
• 900 aviones
• 1666 carros de combate
• 6000 piezas de artillería[2]
Total: 823 533 bajas
• 478 741 muertos y desaparecidos
• 650 878 heridos y enfermos[11]
• 300 000 civiles muertos y desaparecidos[12]
• 4341 carros de combate
• 2769 aviones[13]
• 15 728 piezas de artillería
Total: 1 429 619 bajas

La batalla de Stalingrado fue un enfrentamiento bélico entre el Ejército Rojo de la Unión Soviética y la Wehrmacht de la Alemania nazi y sus aliados del Eje por el control de la ciudad soviética de Stalingrado, actual Volgogrado, entre el 23 de agosto de 1942 y el 2 de febrero de 1943.[14][15][16][17]​ La batalla se desarrolló en el transcurso de la invasión alemana de la Unión Soviética, en el marco de la Segunda Guerra Mundial.[15][18]​ Con bajas estimadas en más de dos millones de personas entre soldados de ambos bandos y civiles soviéticos, la batalla de Stalingrado es considerada la más sangrienta de la historia de la humanidad. La grave derrota de la Alemania nazi y sus aliados en esta ciudad significó un punto clave y de severa inflexión en los resultados finales de la guerra[19]​; representando el principio del fin del nazismo en Europa,[19]​pues la Wehrmacht nunca recuperaría su capacidad ofensiva ni obtendría más victorias estratégicas en el Frente Oriental.[20]

La ofensiva alemana para capturar Stalingrado comenzó a finales del verano de 1942 en el marco de la Operación Azul o Fall Blau, un intento por parte de Alemania de tomar los pozos petrolíferos del Cáucaso. El 23 de Agosto, el 6° Ejercito, apoyado por el 4.° Ejercito Panzer, logran cruzar la curva del Río Don. Un masivo bombardeo redujo buena parte de la ciudad; mientras las tropas terrestres del 6° Ejercito debían tomar la ciudad calle por calle, casa por casa y edificio por edificio, en lo que ellos denominaron «Rattenkrieg» ('guerra de ratas'). A pesar de lograr controlar la mayor parte de la ciudad, la Wehrmacht nunca fue capaz de derrotar a los últimos defensores soviéticos que se aferraban tenazmente a la orilla oeste del río Volga, que dividía la ciudad en dos. En noviembre de 1942, una gran contraofensiva soviética embolsó al 6º Ejército Alemán del general Paulus dentro de Stalingrado,[21]​ incapaz de escapar del cerco por la negativa de Hitler a renunciar a la toma de la ciudad. Este cerco, llamado por los alemanes «Der Kessel» ('el caldero'), significó el embolsamiento de 250 000 soldados, debilitados rápidamente a causa del hambre, el frío, los continuos ataques soviéticos; y los constantes fracasos del general Von Manstein por intentar romper el cerco, harían, desobedeciendo las órdenes de Hitler, que Friedrich Paulus rindiera su 6º ejército en febrero de 1943.[22]

La derrota alemana en Stalingrado confirmó lo que muchos expertos militares sospechaban: la capacidad logística de las fuerzas alemanas era insuficiente para abaster y mantener una ofensiva en un frente que se extendía desde el mar Negro hasta el océano Ártico.[20]​ Esto se confirmaría poco después en la nueva derrota que Alemania sufriría en la batalla de Kursk. El fracaso militar convenció a muchos oficiales de que Hitler estaba llevando a Alemania al desastre, acelerándose los planes para su derrocamiento y dando como resultado el atentado contra Hitler de 1944.[23]​ La ciudad de Stalingrado recibiría el título de Ciudad Heroica.[24]

Antecedentes[editar]

Influido por el geopolítico Karl Haushofer, Adolf Hitler pensaba convertir las tierras de la Unión Soviética en colonias alemanas a las que denominaría Germania.[25]​ Entre 1939 y 1941, la Alemania nazi estuvo ocupada luchando con sus históricos enemigos de Occidente: Francia y el Reino Unido (véase Batalla de Francia y Batalla de Inglaterra); no obstante, Hitler nunca perdió de vista su verdadero objetivo: invadir el este de Europa y aniquilar a los eslavos.

El 22 de junio de 1941, Alemania invadió la Unión Soviética, incluso cuando Inglaterra no había sido derrotada. Hitler, convencido de la debilidad del Estado soviético, a quien consideraba como un gigante con los pies de barro, creía que sus pueblos se volverían contra Iósif Stalin, permitiéndole concluir la invasión antes del invierno. Sus generales recibieron ordenes de ceñirse al plan, desdeñando sus opiniones.[26]​ De esta forma, un día antes de la invasión, unos tres millones de soldados alemanes esperarían el inicio de la mayor operación militar hasta la fecha, distribuidos desde Finlandia hasta el mar Negro.[27]​ Unos 950 000 soldados de otras naciones aliadas de Alemania, peor entrenadas, coordinadas y equipadas, acompañaban a los alemanes.

En diciembre de 1941, la guerra en la Unión Soviética no se había desarrollado tal como el Alto Mando Alemán había planeado. Leningrado y Sebastopol continuaban resistiendo el cerco en el norte y el sur respectivamente,[28]​ y la ofensiva contra Moscú había llegado a un punto muerto. Entonces, inesperadamente, los alemanes se encontraron con una gran contraofensiva soviética desde la capital rusa y tuvieron que afrontar el hecho de que, a pesar de haber aniquilado y capturado a cientos de miles de soldados del Ejército Rojo en los últimos meses, pactando la no agresión con Tokio, el Alto Mando Soviético había logrado desplegar reservas suficientes, además de las divisiones siberianas dirigidas por el general Georgi Zhúkov, hasta entonces ubicadas en la frontera con Manchuko, para emprender una gran contraofensiva. Tardíamente, y tal como se ha creído durante décadas, los invasores comprenderían que aparentemente las reservas enemigas eran «inagotables». Estudios recientes revelan que las reservas soviéticas tenían preocupado al Alto Mando Soviético en una proporción más grande de la esperada.

Habiendo fracasado en capturar Moscú, Hitler —con sus generales en contra— decidió dirigirse hacia los pozos petrolíferos del Cáucaso, pues el petróleo era el elemento fundamental, del que apenas disponía, para poder sostener la guerra y, además, debilitar verdaderamente a su enemigo. La Operación Azul, como se denominó la campaña alemana en el sur de la Unión Soviética, tenía como objetivo la captura de puntos fuertes en el Volga primero y, posteriormente, el avance sobre el Cáucaso.

«Operación Azul»: el camino a Stalingrado[editar]

Avance hacia el Don[editar]

El 10 de mayo, el general Friedrich Paulus, comandante del 6.º Ejército Alemán, presentó al Mariscal de Campo Fedor von Bock un esbozo de la «Operación Federico». Paulus había tomado el mando del 6.º Ejército recientemente tras el fallecimiento de su anterior comandante, Walter von Reichenau, a consecuencia de un ataque cardíaco sufrido después de hacer ejercicio en la campiña[nota 5]​ rusa a temperaturas bajo cero.

La Operación Federico significaba la consolidación del frente delante de Járkov, recién capturada por Alemania. No obstante, el mariscal Semión Timoshenko se adelantó a Paulus, emprendiendo el 12 de mayo una contraofensiva desde Vorónezh, cuyo objetivo era precisamente la liberación de Járkov, rodeando al 6.º Ejército en un movimiento de pinza. Cuando 640 000 soviéticos con 1200 tanques se lanzaron contra las fuerzas de Paulus, este se encontró al borde del colapso. Solamente la oportuna llegada del 1.º Ejército Panzer de Ewald von Kleist permitió revertir la situación de la ofensiva y, en lugar de ser capturados, los hombres de Paulus ayudaron a los de Von Kleist a capturar los Ejércitos soviéticos 6.º y 57.º en Barvenkovo. Unos 240 000 soldados soviéticos fueron embolsados y capturados, terminando la contraofensiva de Timoshenko.

El 1 de junio, Adolf Hitler y el mariscal Fedor von Bock presentaron a los generales del Grupo de Ejércitos Sur la Operación Azul en los cuarteles generales de esta unidad, ubicados en Poltava. Al 6.º Ejército de Paulus se le encargó la tarea de limpiar Vorónezh, y dirigirse luego a Stalingrado acompañado del 4.º Ejército Panzer de Hermann Hoth. Una vez allí, se encargarían de destruir los complejos industriales y de proteger el Cáucaso desde el Norte. Aun tratándose del centro administrativo de la costa del mar Caspio y el Delta del Volga, Hitler no priorizó la captura de la ciudad; probablemente debido al deterioro de la línea de ferrocarril que conectaba Stalingrado con, entre otros, el Donbass, el área de Stavropol y el distrito de Daguestán, la cual fue substituida por carreteras pavimentadas.

Para proteger los planes de la Operación Azul, se prohibió tajantemente la transcripción de órdenes; todo debía comunicarse de manera verbal. Sin embargo, el 19 de junio, un avión alemán que llevaba anotaciones personales del general Georg Stumme acerca de la operación fue derribado detrás de las líneas enemigas, y los papeles fueron capturados por los soviéticos. No obstante, después de que el general Filipp Gólikov los entregara directamente a Stalin, este los rechazó como falsos, convencido de que Moscú seguía siendo el principal objetivo alemán.

El 28 de junio se inició la ofensiva alemana contra Vorónezh, hacia el sur de Rusia, tomando a Stalin por sorpresa. Tras dos días de avance, las fuerzas de Paulus cruzaron el Donets, con el 2.º Ejército Húngaro y el 1.º Ejército Panzer cuidando sus flancos izquierdo y su derecho respectivamente. Debido al rápido avance alemán, Hitler decidió desviar parte de las fuerzas del 4.º Ejército Panzer, que estaban atacando Vorónezh, al sur. Esto produjo un retraso en la captura de Vorónezh, facilitando la retirada a Stalingrado de las fuerzas de Timoshenko. El plan original implicaba que el 6.º Ejército y el 4.º Ejército Panzer cortaran la retirada a los soviéticos antes de su reagrupación, para luego atacar Rostov del Don y finalmente reforzar las líneas defensivas del Cáucaso. Pero impaciente por el retraso, Hitler cambió el orden del plan, y en lugar de esperar a las fuerzas de Paulus y Hoth, ordenó que se capturaran Stalingrado y el Cáucaso al mismo tiempo.

Para llevar a cabo los dos objetivos simultáneamente, Hitler dividió al Grupo de Ejércitos Sur en dos fuerzas: A y B, y los colocó al mando de los mariscales Wilhelm List y Maximilian von Weichs. Sin esperar la opinión de Fedor von Bock, Hitler lo retiró del mando. Aunque las reservas alemanas de combustible eran alarmantemente escasas, Hitler dividió las fuerzas que se dirigían a Stalingrado, retirándole las unidades mecanizadas al 6.º Ejército Paulus y desviando el 4.º Ejército Panzer de Hoth hacia el sur, para ayudar en la captura del resto de las fuerzas de Timoshenko, que se esperaba tendría lugar cerca de Rostov del Don, sin lograrlo plenamente. Rostov fue atacada y reconquistada por los alemanes el 24 de julio.

La ciudad[editar]

Avance alemán hacia el Don, camino de Stalingrado; entre el 24 de julio y el 18 de noviembre.

La ciudad tenía una importante industria militar (Stalingrado tenía las fábricas de tractores Octubre Rojo y de cañones Barricady), y poseía el nudo ferroviario crucial de la línea que unía Moscú, el mar Negro y el Cáucaso, existiendo igualmente un puerto fluvial en servicio para la navegación por el Volga. La urbe se extendía unos 24 kilómetros a lo largo de la orilla occidental del Volga pero con menos de diez kilómetros de anchura. No existía ningún puente cruzando el río, empleándose grandes barcazas para comunicar ambas orillas. La orilla oriental apenas estaba poblada. Es importante considerar que la temperatura en el cáucaso es muy extrema tanto en verano como en invierno, durante el cual el frío es tal que el Volga se congela con una capa suficientemente gruesa de hielo como para permitir el paso de vehículos pesados.

«¡Ni un paso atrás!»[editar]

Stalin había previsto la rápida caída de Rostov. Por esta razón, el 19 de julio había ordenado que Stalingrado quedase en estado de sitio total y comenzasen los preparativos para resistir ante los alemanes que se acercaban. No se permitió a los civiles abandonar la ciudad, queriendo alentar a la milicia soviética con la permanencia de sus familiares entre los habitantes.[29]​ No obstante, trabajadores especializados considerados claves de las industria armamentista fueron enviados a los Urales, para seguir trabajando allí.

El 16 de julio, el general Vasili Chuikov llegó al Frente de Stalingrado, quedando a cargo del 64.º Ejército Soviético, cuyas principales unidades todavía no habían llegado. Chuikov encontró a sus tropas con la moral muy baja[cita requerida], y fue muy poco lo que pudo hacer para evitar ser obligado a cruzar el Don. La llegada de la aviación rusa, que mantuvo ocupados a los Messerschmitt 109 alemanes hasta inicios de agosto, aliviaron a las castigadas fuerzas terrestres. El 28 de julio, preocupado por el avance alemán hacia el Volga, que amenazaba con dividir a la Unión Soviética en dos, Stalin prohibió la rendición sin importar las razones, y ordenó la formación de una línea en la retaguardia de la infantería que fusilara a todo soldado soviético que retrocediese sin permiso.[30]​ Esta orden de Stalin, la 227, muy pronto fue conocida popularmente como la orden «¡Ni un paso atrás!». Asimismo, se obligó a combatir también a las mujeres a gran escala. Además, el Ejército Rojo practicaba el envío de ataques masivos frontales a distancias mínimas, convirtiendo la batalla en una masacre.

Por su parte, confiado en el derrumbe del Ejército Rojo en el sur de Rusia, Hitler, estando mal informado, ordenó el inicio del avance sobre el Cáucaso del Grupo de Ejércitos A, aunque Stalingrado aún no había sido tomada por el 6.ºEjército de Paulus debido a los constantes contraataques soviéticos que venían a lo largo del río Don y de su gran meandro.

Avance hacia el Volga[editar]

A inicios de agosto, Hitler, enfurecido debido a los lentos progresos del general Paulus, ordenó al 4.° Ejército Panzer de Hoth que se dirigieran hacia el sur de Stalingrado para apoyar de nuevo al 6.° Ejército. El general Hoth obedeció preocupado, debido a las pocas reservas de combustible restantes tras el descenso hacia el cáucaso. El 9 de agosto, Stalin nombró a Andréi Yeriómenko comandante del Frente de Stalingrado, harto de las continuas derrotas de Timoshenko. El 22 de agosto los alemanes finalmente logran cruzar la curva del río Don.

El 23 de agosto, Stalingrado recibió su primer bombardeo proveniente de los Heinkel 111 y Junkers 88 del general Wolfram von Richthofen, comandante de la Legión Cóndor durante el bombardeo de Guernica. Se lanzaron 1000 toneladas de bombas y se perdieron tan sólo tres aeroplanos. Murieron no menos de 5000 personas ese día. En esa semana morirían 40 000 de los 600 000 habitantes de la ciudad y se perderían, en total, 90 aeroplanos. Ese mismo día, la vanguardia del 6.º Ejército alemán alcanzó el Volga. Los soldados estaban emocionados por haber avanzado con tantos sacrificios desde el Don (gracias en parte al resultado del Combate de Isbucensky y al apoyo de la Lutfwaffe), confiando en una caída rápida de Stalingrado. Por el sur, el avance de Hoth era más lento, ya que Yeremenko había colocado la mayor parte de sus fuerzas contra el 4.º Ejército Panzer; además, Hitler le había quitado al general Hoth un Cuerpo Blindado para integrarlo al 6.° Ejército. El 24 de agosto se iniciaba una inesperada contraofensiva soviética de grandes proporciones, que duraría aproximadamente un mes, en el sector de Kotluban al norte de Stalingrado con ejércitos recién formados: el 4.º de Tanques, el 24.º y el 66.º ejércitos y el 1.º de Guardias soviéticos. Estos nuevos ejércitos lanzaron contraataques costosos sobre las fuerzas alemanas. Otros dos ejércitos soviéticos frescos, el 57.º y el 51.º, hicieron lo propio desde el sur, donde se encontraban las fuerzas de Hoth, relegando nuevamente el avance de Paulus y sus fuerzas a una toma rápida de la la ciudad.

Bombardeo aéreo de la Luftwaffe alemana sobre Stalingrado en septiembre de 1942.

El mariscal Zhúkov, quien recientemente había sido nombrado Vicecomandante en Jefe, segundo después de Stalin, llegó a Stalingrado el 29 de agosto.

Los primeros carros de combate alemanes llegarían a los suburbios el 1 de septiembre con sus tropas exhaustas debido a los constantes contraataques soviéticos. En aquel momento convergían sobre Stalingrado, por el sur, las 29.ª y 14.ª Divisiones motorizadas; por el oeste se acercaban la 24.ª, 94.ª, 71.ª, 76.ª y 295.ª Divisiones de infantería blindada; por el norte y hacia el centro de la ciudad, la 100.ª División de cazadores, la 389.ª y 60.ª División de infantería motorizada. La ciudad era defendida en ese momento sólo por unos 56 000 soldados contra el 6.º Ejército y el 4.º Ejército Panzer. Estas tropas desconocían (en parte por motivos de seguridad) que el Ejército Rojo preparaba una ofensiva a gran escala contra el 6.º Ejército alemán en los próximos meses.

Stalin, que instaba a Zhúkov a salirles al encuentro e interceptar dichas fuerzas enemigas, replicaba:

¿No entienden que si entregan Stalingrado, el sur del país quedará separado del centro, y probablemente no podremos defenderlo?. Además de perder nuestra principal vía fluvial, no sólo es una catástrofe para Stalingrado, sino para el país, dado que se perderá el petróleo también.

La ofensiva de Kotluban a finales de agosto logró aliviar en parte la situación respecto del norte de la ciudad. La orden de Zhúkov era terminante: «¡No entreguen Stalingrado!».

La ciudad-fortaleza[editar]

La llegada de Zhúkov[editar]

Un bombardero en picado alemán Junkers Ju 87 Stuka atacando Stalingrado.

Las fuerzas alemanas atenazaron Stalingrado. Hitler, que no había deseado la Guerra de guerrillas en Moscú y Leningrado, ahora bramaba por la conquista de la ciudad bajo esa premisa: eso implicaba la guerra calle por calle, casa por casa, un tipo de combate para el cual ni la Wehrmacht ni las Waffen-SS estaban preparadas.[31]

El fracaso en la toma del Cáucaso llevó a Hitler a repensar drásticamente sus objetivos. Sin el ansiado petróleo, se convenció que al conquistar la ciudad, además de tapar su derrota estratégica con una victoria simbólica, tendría de nuevo posibilidades de virar hacia el sur.

El 12 de septiembre, Zhúkov destituyó deshonrosamente al comandante a cargo de las defensas de Stalingrado, Anton Lopatin por demostrar cobardía ante el enemigo al no poder contenerlo con el 62.º Ejército, y fue reemplazado por el granítico e inflexible general Vasili Chuikov, un soldado eficiente y decidido, hasta entonces a cargo del 64.º Ejército, desplegado al sur de la ciudad.

Cuando Chuikov llegó al escenario de la batalla, Yeriómenko y Jrushchov le preguntaron: «—¿Cuál es el objetivo de su misión, camarada? —Defender la ciudad o morir en el intento», contestó firmemente Chuikov. Yeriómenko observó a Jrushchov, y tuvo la certeza de que Chuikov había entendido perfectamente lo que se esperaba de él.

El nuevo comandante se encontró con menos de 20 000 hombres y 60 tanques, así como unas deficientes defensas. Chuikov reforzó las defensas antiaéreas (servidas por mujeres militares) de la ciudad y, asimismo, fortificó aquellos lugares donde fuese posible contener al enemigo, en especial la colina de Mamáev Kurgán y el barranco del río Tsaritsa. Además retiró la mayor parte de su artillería a la ribera oriental del Volga y fomentó el despliegue de francotiradores, entre ellos el famoso Vasili Záitsev.

Asalto alemán[editar]

Un militar alemán armado con un subfusil soviético PPSh-41 vigila desde una barricada. Muchos alemanes tomaban armas soviéticas cuando las encontraban porque eran mejores para el combate en espacios cerrados.

El mismo día que Chuikov tomó el mando del 62º Ejército, Paulus se encontraba en Vinnitsa, en el Wehrwolf con Hitler, que quería saber cuándo caería la ciudad. Paulus se encontraba preocupado por los flancos de su 6.º Ejército, que estaban desprovistos de unidades mecanizadas de consistencia y eran resguardados por ejércitos sin armamento pesado de varias nacionalidades: rumanos, italianos, húngaros. Estas fuerzas de inferior calidad resultarían sobrepasados, incapaces de asegurar los flancos de las fuerzas alemanas en Stalingrado, unos 20 000 soldados en aquel momento. No obstante, Hitler minimizó esta debilidad, convencido de que el frente soviético estaba al borde del colapso, una falsa confianza que fue contagiada a Paulus.

El 14 de septiembre, se inició el primer intento alemán de tomar la ciudad —que se pensaba sería el único intento— y la 71ª División alemana llegó al centro de Stalingrado, acercándose peligrosamente al embarcadero principal, la terminal de llegada de refuerzos soviéticos. En estos combates cae abatido el teniente Rubén Ruiz Ibárruri, el único hijo de la Pasionaria, en la estación central de la ciudad.

Yeremenko alertó a Stalin de la llegada de más tanques alemanes a Stalingrado, por lo que se envió a toda prisa a la 13ª División de Fusileros de la Guardia del coronel general Alexander Rodimtsev, que había participado en la batalla de Guadalajara como asesor. Esta división de élite perdió el 30 % de sus efectivos el primer día, pero con la ayuda de Katiushas y de los francotiradores lograron mantener alejados a los alemanes del río. La conquista de la colina de Mamaev Kurgan en el centro de la ciudad se convirtió en una enconada lucha en que las banderas de ambos bandos ondearon alternadamente, ya que si los alemanes controlaban esta colina, su artillería dominaría el Volga. Los alemanes desplegaron todo un sistema de altavoces incitando a la deserción de los soviéticos. Muchos se pasaron y se convirtieron en hiwis, muchos otros fueron fusilados por acción u omisión frente a la deserción.

Artillería de campaña alemana bombardeando posiciones soviéticas en el verano de 1942.

Por el sur, el XLVIII Cuerpo Panzer del 4.º Ejército Panzer avanzaba hacia el centro de la ciudad. Un enorme silo de cereales fue aislado por las fuerzas alemanas, que fue defendido por soldados e infantes de marina soviéticos durante más de diez días. No obstante el poderoso ataque alemán, los soldados del Ejército Rojo resistieron sin agua ni comida, hasta agotar sus municiones y finalmente sucumbieron en un feroz combate cuerpo a cuerpo. El general Paulus decidió que el enorme silo sería colocado en la banda que sus soldados recibirían al conquistar la ciudad.

Para las fuerzas soviéticas de Stalingrado fue, probablemente, el momento más crítico de la batalla. Los alemanes asaltaron al 62º Ejército en estado crítico, siendo salvado del desastre gracias a la intervención de la 13ª División de Fusileros de la Guardia del general Rodimtsev (si bien esto fue reconocido después) y a la reactivación de la 8ª Fuerza Aérea Soviética, donde servía un hijo de Stalin.

Rattenkrieg[editar]

Soldados soviéticos combatiendo entre las ruinas de la ciudad.

Para mediados de septiembre, ocho de las veinte divisiones del 6.º Ejército alemán se encontraban luchando dentro de la ciudad; no obstante, los soviéticos no dejaban de alimentar el frente con refuerzos de Siberia y Mongolia. El general Paulus, enfermo de disentería, estaba sobre tal presión para que informara de la fecha en que caería Stalingrado que acabó por desarrollar un 'tic' en el ojo izquierdo, que luego se extendió por el lado izquierdo de su cara.

En este momento, las estadísticas de bajas alemanas se dispararon dada la inexperiencia en combate urbano del soldado alemán. Aunque Paulus sabía que las bajas soviéticas era por lo menos el doble que las alemanas, sus recursos humanos se disipaban rápidamente ya que nada más contaba con una división en la reserva. Eran habituales los destacamentos de comandos alemanes enviados al combate callejero que perdían entre el 50 y el 70 % de efectivos.

Francotiradores soviéticos.

En este campo de batalla, los alemanes estaban bajo constante tensión ya que el soldado soviético se había convertido en un maestro del camuflaje y las emboscadas eran comunes. La noche no ofrecía descanso, ya que los defensores de la ciudad preferían atacar de noche, neutralizando el peligro de los bombarderos alemanes. Sin embargo, no era una limitación para los bombarderos soviéticos, que pasaban sobre la ciudad arrojando pequeñas bombas de 400 kilogramos. Finalmente, el 6.º Ejército solicitó a la Luftwaffe que mantuviera la presión sobre la aviación soviética durante la noche, porque «las tropas no tienen descanso». Si los bombardeos nocturnos, las minas antipersonales y las emboscadas de la infantería enemiga no eran suficientes para mantener alerta a los alemanes en Stalingrado, los francotiradores sí lograron captar la atención de los oficiales germanos. El número de oficiales muertos por francotiradores, especialmente los observadores, también se disparó y muy pronto se tuvo que recurrir a realizar promociones prematuras, con el fin de reemplazar a los caídos.

La neurosis que un soldado podría desarrollar por estar sometido constantemente al grado de tensión de la llamada Rattenkrieg ('Guerra de ratas') no era excusa para abandonar el campo de batalla, ya que tanto alemanes como soviéticos no reconocían esta condición y la calificaban de cobardía, que usualmente era solucionada con la ejecución sumaria inmediata.

La artillería pesada se volvió inútil en este ambiente de lucha urbana, ya que debido a la falta de precisión de la misma, no se podía atacar una casa ocupada por el enemigo, porque las casas vecinas estaban ocupadas por tropas amigas. Hubo el famoso caso de la llamada Casa de Pávlov en que el dominio de los pisos se alternaban cruentamente entre los bandos.

Soldados alemanes apostados en una vivienda.

Vasili Chuikov ordenó que la artillería fuera trasladada a la orilla oriental del Volga y que atacase detrás de las líneas alemanas con el objetivo de destruir las líneas de comunicación y las formaciones de infantería en la retaguardia. Para saber hacia dónde disparar, un oficial de observación debía asomarse por la azotea de un edificio en la ciudad, lo que en muchos casos significaba la muerte a manos de un francotirador alemán. Solamente los Katiusha fueron dejados en Stalingrado, ocultos en el banco de arena del Volga.

A diferencia de los puestos de mando alemanes, los puestos de mando soviéticos se encontraban en la ciudad y, por lo tanto, expuestos a ser atacados. En una ocasión, un tanque alemán se situó en la entrada del búnker del comandante de artillería del 62º Ejército y éste, junto con su personal, tuvo que cavar para salvarse.

Pese a que la iniciativa, la razón de bajas enemigas per cápita y los mejores medios técnicos correspondían a las tropas alemanas, el ejército invasor tuvo grandes dificultades en conquistar una ciudad que, al haber sido salvajemente bombardeada, disponía de condiciones ideales para una defensa calle por calle. Los ataques combinados de infantería y blindados resultaban inútiles en el caos de la lucha urbana.

Para desgastar al oponente, las medidas impuestas por Chuikov fueron extremas: por ejemplo, se envió a miles de soldados sin experiencia para apoderarse de las trincheras alemanas, asumiendo muchas bajas. Pronto la ciudad se cubrió de una atmósfera repulsiva y pútrida. La razón era obvia: los cadáveres de ambos bandos se descomponían bajo los escombros. A su vez. en el bando alemán, y bajo tal ambiente, se prosiguió la política antisemita nazi. La Feldgendarmerie (Policía Militar alemana) había estado capturando judíos y haciendo cautivos a civiles que fueran aptos para el trabajo y se ejecutó a unos 3000 civiles judíos de todas las edades por parte de los Sonderkommandos de los Einsatzgruppen. Otros 60 000 fueron enviados a Alemania para trabajos forzados. Los Sonderkommandos se retiraron de Stalingrado el 15 de septiembre, habiendo ejecutado cerca de 4000 civiles.

Tropas del ejército rojo entre las ruinas de la fábrica Octubre Rojo.

Sabiendo que el invierno se aproximaba, Paulus decidió acelerar la toma de la ciudad y preparó una ofensiva que se ejecutó el 27 de septiembre. La principal fuerza alemana atacó al norte del Mamaev Kurgan, cerca de los asentamientos obreros de las fábricas Octubre Rojo y Barrikady. Los alemanes observaron atónitos cómo los civiles que huían de los asentamientos para buscar refugio en las líneas alemanas era derribados por sus propios soldados. Desde ahí, una división escogida de soldados alemanes capturó la «Casa de los Especialistas», donde se hicieron fuertes y comenzaran a disparar contra las lanchas que iban y venían por el Volga trayendo soldados. Los cañones de 88 mm, los Stukas y la artillería alemana competían en hundir las barcazas que traían soldados del otro lado del Volga.

Entre el primer y segundo día de combate los alemanes tuvieron cerca de 2500 bajas, los soviéticos cerca de 6000. Para los soviéticos las pérdidas sobrepasaban las ya de por sí altas bajas diarias: casi 3000 soldados morían por día (a razón de un centenar cada hora). Aunque las tropas alemanas lograron penetrar en la ciudad o lo que quedaba de ella, nunca se hicieron completamente con la totalidad (el muelle y la colina), puesto que los primeros no pudieron ser alcanzados, y mientras permanecieran en manos soviéticas, los refuerzos y suministros necesarios para proseguir la batalla podrían afluir con regularidad. Batallones y brigadas de comandos alemanes que intentaron llegar a los muelles fueron reducidas al 50 % de sus efectivos.

Para octubre, los alemanes no habían conquistado la totalidad de la ciudad, pero sí habían ocupado el 80 % de ella. En ese octubre, los alemanes capturaron las fábricas de tractores Octubre Rojo y de cañones Barricady, y las bajas rusas se incrementaron a razón de 4000 soldados diarios. Los heridos soviéticos se arrastraban a la orilla del Volga con la efímera esperanza de poder ser auxiliados, y miles murieron congelados. El hecho de cruzar el río no constituía ninguna garantía de recibir atención médica, ya que debido a la falta de recursos, muchos soldados eran dejados a su suerte. Lo que los soviéticos no podían notar era que los alemanes estaban al borde de su capacidad ofensiva; de hecho, no tenían las suficientes fuerzas para conquistar la ciudad, pues su línea de abastecimientos era insuficiente.

Comienza el principio del fin[editar]

La «Operación Urano»[editar]

El contraataque soviético en Stalingrado                      Frente alemán el 19 de noviembre                      Frente alemán el 12 de diciembre                      Frente alemán el 24 de diciembre      Avance soviético entre el 19 y el 28 de noviembre
Una batería de lanzacohetes Katiusha del Ejército Rojo abriendo fuego contra las tropas alemanas durante la batalla el 6 de octubre de 1942.

Para octubre, Hitler y sus comandantes cayeron en la cuenta de que no podrían tomar la ciudad en otoño. El invierno se aproximaba, por tanto se hicieron todos los arreglos para pasar allí el más crudo de los inviernos, en recuerdo del terrible invierno anterior. Para fines de octubre se dejaron sentir las enfermedades en el soldado alemán: fiebre paratifoidea, tifus, disentería. A fines de octubre los alemanes se enteraron por medio de prisioneros de que los soviéticos preparaban una gigantesca contraofensiva. Ellos mismos habían notado los movimientos en sus flancos. Para protegerse, Paulus había levantado una barrera en su flanco izquierdo para prevenir los ataques procedentes por el norte, sirviéndose de las unidades rumanas.

En efecto, el alto mando soviético, alertado por la Orquesta Roja, la red de espías soviéticos en el estado mayor alemán, se enteró de la debilidad de los flancos del ejército enemigo, formado por soldados inexpertos rumanos, y equipados con cañones franceses sin repuestos y con solo dos obuses cada uno, y preparó una gran ofensiva dirigida contra esos flancos norte y sur. Se estaban acumulando cerca de 1 700 000 hombres, es decir, cerca de 200 divisiones, la mayoría siberianas, además de carros de combate y cañones procedentes de Moscú y los Urales. El plan consistía en una maniobra de pinza para cercar, copar y embolsar al 6.º Ejército entero, irrumpiendo en la retaguardia alemana por los flancos norte y sur, atacando allí donde las fuerzas del Eje fueran más débiles. Si bien en un primer momento Stalin se negaba a desviar recursos del propio combate urbano, vio en estos planes la mejor oportunidad de cambiar el frente sur y de revertir toda la situación de Stalingrado, por lo cual apoyó la idea del cerco; aunque esto significara reducir el cupo de municiones del 62º ejército, que defendía por sí solo la ciudad. La idea de rodear a un ejército alemán en estas condiciones era en todo osada, pero no había otra posibilidad viable luego de los constantes errores en las ofensivas soviéticas de comienzo del 42.

Llegó el invierno con sus nevadas y la ciudad quedó sumida en un manto blanco con temperaturas que rondaban los -18 °C. Los combates callejeros cesaron casi por completo durante la noche. De noche, los grupos enfrentados hacían señales de tregua temporales con banderas que asomaban en los orificios de las ruinas, permitiéndose retirar algunos caídos con vida en tierra de nadie; realizando, además. un intercambio no oficial de abastos entre pequeños grupos de ambos bandos, realizado muy a escondidas en treguas concertadas espontáneamente. De ser descubiertos, la pena era la ejecución inmediata por confraternizar con el enemigo. De día, la lucha se reanudaba sin cuartel.

Tropas soviéticas se encuentran en Sovietsky después de cerrar la bolsa de Stalingrado.

El 19 de noviembre de 1942, los 3500 cañones soviéticos comenzaron a disparar sin descanso sobre las líneas enemigas más débiles entre Serafimovih y Klestkaya. Estas formaciones consistían en tropas rumanas con escaso material antitanque. Después de una hora de fuego de artilleria, los batallones de fusileros avanzaron sobre las filas rumanas.

Los rumanos del II y IV Cuerpos lograron contener brevemente las primeras oleadas de infanteria, mas fueron arrasados por carros de combate T-34 hacia el mediodía. Cuando los fortines fueron demolidos, los rumanos huyeron en desbandada por la planicie blanca, siendo perseguidos por las oleadas soviéticas. Si bien hubo algunos intentos de responder al ataque, los comandantes del 6.º Ejército infravaloraron el ataque hasta que fue demasiado tarde. Los combates en la misma ciudad de Stalingrado no se detuvieron durante varios días una vez comenzado el ataque soviético. Los Stukas acudieron a dar apoyo a las unidades del eje, pero el avance soviético era por entonces imparable.

Si bien el ataque del sur fue, por muchos factores, más débil, funcionó, y las columnas de la trampa avanzaron sin grandes reveses, salvo contraataques aislados que apenas produjeron momentáneas detenciones. El objetivo donde convergían las tenazas de la ofensiva era el pequeño pueblo de Kalach y su puente, donde los alemanes no poseían una fuerza para afrontar la amenaza y donde quedaban expuestos sus talleres y depósitos de suministros. El desastre era total, el VIº Ejército de Paulus quedó encerrado en Stalingrado con unos 250 000 hombres y sin suministros mayores.

Der Kessel[editar]

La casa de Pávlov fue defendida de los ataques alemanes por el pelotón del sargento Yákov Pávlov durante dos meses, del 27 de septiembre al 25 de noviembre de 1942.

El OKW alemán ordenó retirar el grueso del 6.º Ejército desde Stalingrado por el sudoeste hacia el Don, y así evitar el encierro. Tal proyecto aún podía ejecutarse ya que había brechas importantes que aún no estaban cerradas, pero Hitler se negó a aceptar semejante solución y exigió a Paulus y sus hombres mantenerse en la ciudad conquistada mediante una contraorden directa, retirando las vanguardias enviadas en dirección sudoeste para tratar de superar el cerco.

Hitler consideraba que la situación no estaba del todo perdida y confiaba en poder repetir la situación producida en febrero de ese mismo año en la Bolsa de Demyansk, donde una gran masa de soldados alemanes pudieron resistir un prolongado cerco soviético mediante un puente aéreo. Tal idea llegó a oídos del jefe máximo de la Luftwaffe, Hermann Goering, quien sin consultar a sus asesores técnicos prometió a Hitler que sus aviones podrían realizar un vasto abastecimiento desde el aire. La promesa de Goering exasperó al general de aviación Von Richtofen, pues el tiempo nublado con tormentas de nieve impediría volar a los aviones de forma sostenida e incluso haría imposible siquiera que despegasen. En estas condiciones Paulus radió un mensaje directo a Hitler:

Mi Führer: se nos agotan las municiones y el combustible. Abastecimiento suficiente y oportuno es imposible. En estas circunstancias, solicito plena libertad de acción. Paulus.

Las tenazas soviéticas se cerraron en menos de 4 días de lucha. El 24 de noviembre Stalingrado estaba bajo asedio soviético. La División 94º al mando del general Walther von Seydlitz-Kurzbach, al ver que Paulus carecía de iniciativa ordenó a su tropa evacuar su sector y forzar el bloqueo, esperando con ello que las demás divisiones le siguieran en su retirada no autorizada. Apenas dejó su posición, le cayó encima el 62º Ejército Soviético y muchos de sus batallones fueron aniquilados sin contemplaciones, no hubo prisioneros.

Goering, de manera irresponsable, ante los informes advirtiéndole lo imposible de la misión —que recibió e ignoró—, prometió abastecer al Kessel con 500 toneladas diarias de pertrechos, pero los aviones apenas lograron llevar 130 toneladas en tres días de operaciones a horizonte raso y en medio de tempestades de nieve. Esto causaba que los vuelos nunca fueran realmente permanentes (como debía corresponder a un eficaz puente aéreo) sino que por causa del mal clima durante varios días los aviones no podían despegar de sus bases, o simplemente despegaban pero no podían aterrizar en Stalingrado. Para aumentar los males, los soviéticos atacaron de manera audaz la principal base aérea de suministros, el aeródromo de Pitomnik, llegando a colapsar las bases de reaprovisionamiento y acentuando la escasez de aviones de carga para las operaciones del puente aéreo. Sumado a las inclemencias climatológicas perjudiciales para los alemanes, los soviéticos lanzaban bengalas desde posiciones recién tomadas para hacer creer a los aviones de abastecimiento que en ese emplazamiento todavía quedaban soldados alemanes que solicitaban suministros. Hitler, obsesionado, dijo a Von Richtofen: «Si Paulus sale de Stalingrado, jamás volveremos a tomar la plaza».

Soldados soviéticos combatiendo en una fábrica en ruinas de la ciudad.

A principios de diciembre, surgieron las primeras bajas por inanición. A pesar de todo, los alemanes trataron de conservar la disciplina y la organización funcionó regularmente.

Stalingrado se convirtió en un caldero (Der Kessel) donde, sin agua ni alimentos suficientes, atacados por las epidemias y en medio del pútrido olor a descomposición, los alemanes se aprestaron a sufrir un largo asedio en medio de las mayores penurias. De este modo, unos 250 000 soldados quedaron atrapados en una bolsa con la orden, por parte de Hitler, de no retroceder ni rendirse. Pese a que Göring, mariscal del aire y jefe supremo de la Luftwaffe, prometió abastecer a las tropas desde el aire, la llegada de recursos a las tropas alemanas fue casi imposible y apenas se realizaron algunos vuelos.

Los alemanes pudieron utilizar el aeródromo de Pitomnik pero éste se hallaba sujeto a continuos ataques soviéticos, los Junkers Ju 52 llegaron con abastecimientos e inmediatamente partían de vuelta evacuando heridos, aun así los pocos aviones no daban abasto y los afortunados que podían subir escapaban del infierno, los heridos colgaban de las puertas y algunos desesperados se aventuraban a volar asiéndose en las alas, donde ninguno logró sobrevivir. Tras la caída de Pitomnik el 16 de enero sólo quedaba el improvisado aeródromo de Gumrak, más pequeño y en peores condiciones que el de Pitomnik, pero Gumrak también cayó en manos soviéticas el 23 de enero. A partir de ese día las hambrientas tropas alemanas sólo pudieron recibir provisiones mediante cajas lanzadas en paracaídas por la Luftwaffe, lo cual no aseguraba que la carga llegase a destino: soldados soviéticos a veces se quedaban con las provisiones, éstas caían al río Volga, o simplemente las tropas germanas estaban muy agotadas y hambrientas para buscar dichos suministros entre las ruinas de la ciudad.

Además, unos 10 000 civiles soviéticos también quedaron atrapados en la bolsa, de los cuales nunca se volvió a tener noticia.

La ofensiva del Grupo de Ejércitos del Don[editar]

En diciembre, los soldados alemanes cercados tuvieron una leve esperanza: Erich von Manstein venía en su auxilio. Manstein, que acababa de asumir el mando del Grupo de Ejércitos Don, planeó la Operación Tormenta de Invierno, que incluía dos amplias operaciones con un punto de partida diferente. Una vendría de Chir y la otra de Kotelnikovo, a 160 km de Stalingrado. Aún para los generales más incrédulos del régimen nazi, el hecho de que Hitler abandonara al 6.º Ejército era algo impensable, por lo cual sentían esperanzas de un posible rescate. De esta manera la Wehrmacht se aseguraba de hacer todo lo posible por rescatar a este ejército de élite cercado lejos de Alemania.

La ofensiva empezó el 12 de diciembre, pero el día 16, cuando estaban a unos 50 km, fue detenida por el segundo ejército de la Guardia, que destruyó la principal fuerza de ataque alemana, compuesta por más de 400 tanques. La detención significó que los soviéticos le atacaran con todo y lo hicieran retroceder 200 km. El ataque, que fue llevado a cabo por la sexta división blindada, de manera implacable al comienzo, se vio amenazado por otro contraataque soviético en la retaguardia, por lo cual se decidió retroceder de manera definitiva. A todo esto, el aeródromo de Tsasinskaia, el principal de los Ju-52 para reaprovisionamiento, cayó en poder soviético. Los repetidos intentos ulteriores de romper la bolsa desde el exterior (Von Manstein) fueron todos igualmente infructuosos.

La rendición final[editar]

Friedrich Paulus y los miembros de su Estado Mayor en el momento de rendirse a los Altos mandos soviéticos.

En el bando alemán se impuso un riguroso racionamiento para intentar pasar el invierno. Paulus, asqueado ante lo absurdo de las órdenes de Hitler, se dio cuenta de que, para el Führer, el 6.º Ejército, o lo que quedaba de él, era poco menos que una pieza sacrificable en el juego de la guerra. La vida de los soldados no tenía la menor importancia para Hitler. El 25 de diciembre, en el Kessel, murieron 1280 soldados de frío y hambre. Para el año nuevo, los soviéticos montaron una serie de cocinas y realizaron fiestas en la orilla sur del Volga con el doble objetivo de celebrar el año y mortificar a los alemanes cercados.

El 8 de enero los soviéticos realizaron un estrechamiento del perímetro y capturaron el único aeródromo que servía de conexión con el mundo exterior, Pitomnik: los alemanes tuvieron que reconstruir el de Gumrak, gravemente dañado por ellos mismos, para poder seguir recibiendo noticias. El 9 de enero se presentaron dos oficiales del Ejército Rojo en la línea occidental del frente alemán con un ultimátum de la Stavka para Paulus. Si dicho ultimátum no se aceptaba, los soviéticos lanzarían una ofensiva final contra el Kessel al día siguiente. El ultimátum fue rechazado. Las penurias se multiplicaron en el 6.º Ejército Alemán: las epidemias diezmaban los soldados, la disciplina había desaparecido y el hambre era tan atroz que los alemanes sacrificaron sus caballos, además de perros y ratas para poder alimentarse. Cabe destacar que aun en estas penosas condiciones, la resistencia del 6.º Ejército continuaba, ya que las líneas del frente se retiraban combatiendo e infligiendo bajas a los soviéticos que ejecutaban el plan anillo para acabar con los alemanes.

El 28 de enero, Paulus trasladó el cuartel general hacia los sótanos del Univermag y allí se hacinaron unos 3000 heridos de diversa consideración, enfermos de tifus, paratifoidea y disentería. Los casos graves o que requerían cirugía prolongada eran colocados afuera para que murieran de frío.

El 30 de enero, el general Paulus fue promovido a Generalfeldmarschall, «Mariscal de Campo». Hasta entonces ningún Mariscal de Campo alemán había sido capturado, y Paulus recibió esta promoción como una orden de suicidio. Paulus declaró entonces: «No tengo intenciones de dispararme por este cabo bohemio», en referencia a Hitler, e informó a otros generales (como Arthur Schmidt, Seydlitz, Jaenecke, y Strecker) que él no se suicidaría y se prohibía hacerlo a los demás oficiales para seguir la suerte de sus soldados.

Un tanque soviético se acercó al cuartel general de Paulus, en el que venía un intérprete que había sido enviado por Paulus, el mayor Winrich Behr. El 31 de enero por la mañana, Paulus se rendía con más de 91 000 soldados, los restos de un ejército de 270 000 hombres, conviertiéndose en el primer mariscal que capitulara en la historia alemana, desobedeciendo así a Hitler, atenazado por las tropas soviéticas, la falta de alimentos y el frío polar de la estepa rusa, para el que sus tropas no tenían material suficiente en un gesto sin precedentes en la Wehrmacht. La rendición oficial se produjo el 2 de febrero pero unos 11 000 soldados alemanes no acataron la rendición y siguieron luchando hasta el final, a principios de marzo los soviéticos acabaron con los últimos reductos de resistencia.

Consecuencias[editar]

Cuando el 6.º Ejército Alemán se rindió con más de 91 000 soldados, estos fueron condenados a andar sobre la nieve en la denominada “marcha de la muerte” pereciendo 40 000 a causa de la caminata y las palizas. Al resto se les recluyó en los campos de concentración de Lunovo, Suzdal, Krasnogorsk, Yelabuga, Bekedal, Usman, Astrakán, Basianovski, Oranki y Karaganda, e incluso a 3500 de ellos en la misma Stalingrado para que reconstruyeran la ciudad. La mayoría de ellos, con temperaturas de -25 y -30 ºC grados bajo cero enfermó de tifus, disentería, ictericia, difteria, escorbuto, tuberculosis, hidropesía y malaria. De los 91 000 prisioneros sólo lograrían sobrevivir 5000.

Las consecuencias de esta catástrofe fueron inmensas y de gran alcance. La tragedia no pudo ocultarse al pueblo alemán, decretando tres días de duelo nacional. Por primera vez, Alemania perdía la iniciativa de la guerra y tenía que pasar a la defensiva. De hecho, la Wehrmacht carecía ya de los elementos logísticos necesarios para avanzar más hacia el este, siendo las orillas del Volga el punto más oriental alcanzado por tropas alemanas en Europa. Después de esta batalla, la Unión Soviética surgió engrandecida y con la iniciativa de la guerra en manos de sus líderes. Además, el comandante de la Luftwaffe, Hermann Göring, cayó en desgracia ante Hitler, perdiendo crédito entre la élite del régimen nazi, así como prestigio entre los militares, al no poder cumplir la orden de abastecer por aire a las fuerzas alemanas cercadas, como había prometido.

El III Reich perdió en Stalingrado a su mejor ejército, con el cual Hitler se jactaba que podía "conquistar el cielo". Las perdidas también incluyen parte del 4.º Ejército Panzer e incontables recursos materiales que no se pudieron reemplazar con la misma facilidad de la que disponía la URSS. De hecho, entre muertos, heridos, desaparecidos o caídos prisioneros, la Wehrmacht había perdido más de 400 000 combatientes, muchos de ellos experimentados, tropas de élite que sólo podían ser reemplazados mayormente por reclutas. Por otra parte, los ejércitos aliados del Eje, sufrieron devastadoras pérdidas, siendo el punto de quiebre en las relaciones de los satélites con Alemania.

Un soldado soviético, portando un PPSh-41, con un prisionero alemán.

Los soviéticos, aparte de haber asegurado una ciudad prácticamente destruida, habían sufrido más de un millón bajas.[32][33]​ De estos, unos 13 000 habían muerto ejecutados por sus propios compatriotas, acusados de cobardía, deserción, colaboracionismo, etc.[34]​. Eso si se tiene en cuenta que miles de soldados soviéticos se pasaron al bando alemán. Se estima que más de 50 000 hiwis (soldados y ciudadanos soviéticos vestidos de uniforme alemán), murieron o desaparecieron en la batalla de Stalingrado. Cabe destacar que no fue hasta la caída de la URSS que los historiadores soviéticos pudieron discutir abiertamente las cifras de bajas de la batalla, por temor a reconocer que el sacrificio de vidas fue excesivo.[cita requerida], si bien éstas nunca serán exactas (debido a la ausencia de registros fiables y la proliferación de fosas comunes no contabilizadas), se cree que fueron muy altas, quizá más de las consideradas, haciéndose eco aquella frase de los generales soviéticos «El tiempo es sangre». Según el cálculo más alto, si se incluye a todas las fuerzas que pelearon en el Volga y el Don, murieron, desaparecieron y fueron heridos 721 000 soldados del Eje y 102 000 fueron capturados, cerca de 1 130 000 soldados soviéticos (incluyendo prisioneros muertos en cautiverio, muertos en combates, heridos tras ser evacuados, desaparecidos o capturados) y más de 300 000 civiles desaparecieron o encontraron su fin (incluyendo refugiados y gentes que vivían en pueblos y ciudades donde también se combatió). Cabe resaltar que un cuarto de millón de civiles fueron evacuado al este.

El triunfo de esta batalla trascendió los límites de la Unión Soviética e inspiró a todos los aliados. El 62° Ejército, comandado por Vasili Chuikov, fue incentivando la resistencia en todas partes. El rey Jorge VI de Inglaterra le regaló a la ciudad una espada forjada especialmente en su honor, y hasta el poeta chileno Pablo Neruda escribió el poema «Canto de amor a Stalingrado», recitado por primera vez el 30 de septiembre de 1942, y el poema «Nuevo canto de amor a Stalingrado» en 1943,[35]​ celebrando la victoria, lo cual transformó esta lucha en un símbolo y en un punto de inflexión para toda la guerra.

El mariscal Paulus sobrevivió a la guerra y volvió a Alemania en 1952, viviendo en la zona de ocupación soviética y luego en la RDA. Zhúkov reclamó para sí el éxito de Stalingrado, pero se le concedieron todos los créditos a Vasili Chuikov, que fue ascendido a capitán general y puesto a cargo de un ejército que marcharía luego a Berlín. Sin embargo, la batalla de Stalingrado supuso para los nazis una auténtica catástrofe militar y una de sus principales derrotas en la Segunda Guerra Mundial, marcando además el punto de inflexión en la guerra, tras el cual ya no pararían de retroceder ante los soviéticos hasta rendirse ante Zhúkov, en el mismo Berlín, dos años y medio después. Hoy en día los historiadores occidentales consideran la Batalla de Stalingrado como la segunda Verdún de Alemania.

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. La composición y la nomenclatura del frente soviética cambió varias veces durante la batalla. La batalla empezó con el "Frente Suroeste". Más tardé se renombró a "Frente de Stalingrado", y luego el "Frente del Don" se separó.
  2. El Frente fue reformado con ejércitos de reserva el 22 de octubre de 1942.
  3. El número de aeronaves aumentó a 1600 por la retirada alemana de Kuban y la región meridional del Caúcaso en septiembre de 1942
  4. Por nacionalidad se puede hablar de: 400 000 alemanes (incluido voluntarios hiwis), 235 000 italianos, 200 000 rumanos, 200 000 húngaros y 5000 croatas
  5. Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2014). «campiña». Diccionario de la lengua española (23.ª edición). Madrid: Espasa. ISBN 978-84-670-4189-7. 

Referencias[editar]

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  2. a b Bergström (2007)
  3. Hayward, (1998) p.225
  4. Bergstrom (2005), página 87
  5. a b c d Bergström (2007) p.72
  6. Glantz (1995), p. 134
  7. Hayward, (1998) p. 224
  8. Human Losses in World War II - POW at Stalingrad (2012). POWs at Stalingrad. 
  9. a b c d Stalingrad 1942–1943: The Infernal Cauldron - Stephen Walsh (2012). Stalingrad 1942–1943: The Infernal Cauldron. (p. 164). 
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  27. Beevor, 1999:12
  28. Véase Sitio de Leningrado y Sitio de Sebastopol
  29. Beevor, 1999:106
  30. Beevor, 1999:85
  31. Muchnik, D. (2014). «Stalingrado: La batalla que decidió la segunda guerra mundial.». Artículo. Consultado el 22 de marzo de 2019. 
  32. Beevor, 2012, p. 562.
  33. Beevor, 2000, p. 423.
  34. Beevor, 2012, p. 507.
  35. «Nuevo canto de amor a Stalingrado», poema de Pablo Neruda

Bibliografía[editar]

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