Batalla de Stalingrado

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Batalla de Stalingrado
Frente Oriental - Segunda Guerra Mundial
RIAN archive 602161 Center of Stalingrad after liberation.jpg
El centro de la ciudad de Stalingrado tras la victoria soviética sobre las tropas del Eje
Fecha 23 de agosto de 19422 de febrero de 1943
Lugar Stalingrado, Bandera de la Unión Soviética Unión Soviética
Coordenadas 48°42′00″N 44°31′00″E / 48.7, 44.516666666667


Coordenadas: 48°42′00″N 44°31′00″E / 48.7, 44.516666666667
Resultado

Victoria decisiva soviética

Beligerantes
Bandera de Alemania Alemania nazi
Bandera de Italia Italia
Bandera de Hungría Hungría
Bandera de Rumania. Rumania
Flag of Independent State of Croatia.svg Croacia
Bandera de la Unión Soviética Unión Soviética
Comandantes
Bandera de Alemania Adolf Hitler
Bandera de Alemania Friedrich Paulus  Rendición
Bandera de Alemania Erich von Manstein
Bandera de Alemania Hermann Hoth
Bandera de Rumania. Petre Dumitrescu
Bandera de Rumania. C. Constantinescu
Bandera de Italia Italo Garibaldi
Bandera de Hungría Gusztáv Jány
Flag of Independent State of Croatia.svg Viktor Pavičić 
Bandera de la Unión Soviética Iosif Stalin
Bandera de la Unión Soviética Vasili Chuikov
Bandera de la Unión Soviética Aleksandr Vasilevski
Bandera de la Unión Soviética Georgi Zhúkov
Bandera de la Unión Soviética Semión Timoshenko
Bandera de la Unión Soviética K. Rokosovski
Bandera de la Unión Soviética Rodión Malinovski
Bandera de la Unión Soviética Andréi Yeriómenko
Unidades militares
Bandera de Alemania nazi Grupo de Ejércitos B:

Bandera de Alemania nazi 6.º Ejército
Bandera de Alemania nazi 4.º Ejército Panzer
Bandera de Rumania 3.º Ejército
Bandera de Rumania 4.º Ejército
Bandera de Italia 8.º Ejército
Bandera de Hungría 2.º Hungría

Bandera de Croacia Legión Croata
Bandera de la Unión Soviética Frente de Stalingrado

Bandera de la Unión Soviética 8.º Ejército
Bandera de la Unión Soviética 28.º Ejército
Bandera de la Unión Soviética 51.º Ejército
Bandera de la Unión Soviética 57.º Ejército
Bandera de la Unión Soviética 62.º Ejército
Bandera de la Unión Soviética 64.º Ejército
Bandera de la Unión Soviética Frente del Don[nota 1]

Bandera de la Unión Soviética Frente Suroeste[nota 2]
Fuerzas en combate
Inicialmente:
• 270 000 soldados[1]
• 3000 piezas de artillería
• 500 carros de combate
• 600-1600 aviones[nota 3] [2]
En el momento de la contraofensiva soviética:
• 1 040 000 soldados[nota 4]
• 10 250 piezas de artillería
• 500 carros de combate
• 732 aviones[3] (402 operativos)[4]
Inicialmente:
• 187 000 soldados[5]
• 2200 piezas de artillería[5]
• 400 carros de combate[5]
• 300 aviones
[5] En el momento de la contraofensiva soviética:
• 2 500 000 soldados (1 143 000 en el área de Stalingrado)
• 13 451 piezas de artillería
• 894-4000 carros de combate[6]
• 1115 aviones[7]
Bajas
• 734 000 muertos, heridos y desaparecidos aproximadamente
• 108 000 prisioneros (de los cuales sólo 6000 sobrevivirían al cautiverio, siendo liberados entre 1955 y 1956)
• 900 aviones (incluyendo 274 aviones de transporte y 165 bombarderos utilizados como transporte)
• 1500 carros de combate
• 6000 piezas de artillería[2]
Total: 841.000 bajas
• 478 741 muertos y desaparecidos
• 650 878 heridos y enfermos[8]
• 40 000 civiles muertos
• 4341 carros de combate
• 15 728 piezas de artillería
• 2769 aviones[9]
Total: 1.150.000 bajas

La batalla de Stalingrado fue un enfrentamiento bélico entre el Ejército Rojo de la Unión Soviética y la Alemania nazi por el control de la ciudad soviética de Stalingrado, actual Volgogrado, entre el 23 de agosto de 1942 y el 2 de febrero de 1943 .[10] [11] [12] [13] La batalla se desarrolló en el transcurso de la invasión alemana de la Unión Soviética en el marco de la Segunda Guerra Mundial.[14] [15] Con bajas estimadas en más de dos millones de personas entre soldados de ambos bandos y civiles soviéticos, la batalla de Stalingrado es considerada la más sangrienta de la historia de la humanidad. La grave derrota de la Alemania nazi y sus aliados en esta ciudad significó un punto clave y de severa inflexión en los resultados finales de la guerra[16] y representa el principio del fin del nazismo en Europa,[16] pues la Werhmacht nunca recuperaría su fuerza anterior ni obtendría más victorias estratégicas en el Frente Oriental.[17]

La ofensiva alemana para capturar Stalingrado comenzó a finales del verano de 1942, en el marco de la Operación Azul o Fall Blau, un intento por parte de Alemania de tomar los pozos petrolíferos del Cáucaso. Un masivo bombardeo de la Luftwaffe redujo buena parte de la ciudad a escombros, mientras las tropas terrestres del Eje debían tomar la ciudad edificio por edificio, en lo que ellos denominaron «Rattenkrieg», «guerra de ratas». A pesar de lograr controlar la mayor parte de la ciudad, la Wehrmacht nunca fue capaz de derrotar a los últimos defensores soviéticos que se aferraban tenazmente a la orilla oeste del río Volga, que dividía la ciudad en dos. En noviembre de 1942 una gran contraofensiva soviética embolsó al 6º Ejército Alemán del general Paulus dentro de Stalingrado,[18] no logrando escapar del cerco por la negativa de Hitler a renunciar a la toma de la ciudad. Este cerco, llamado por los alemanes «Der Kessel» (caldero), significó el embolsamiento de 250 000 soldados, debilitados rápidamente a causa del hambre, el frío y los continuos ataques soviéticos. Los constantes fracasos alemanes por intentar romper el cerco harían, contra las órdenes de Hitler, que Friedrich Paulus rindiera su 6º Ejército en febrero de 1943.[19]

La derrota alemana en Stalingrado confirmó lo que muchos expertos militares sospechaban: las fuerzas alemanas no eran lo suficientemente poderosas en logística de abastecimiento como para mantener una ofensiva en un frente que se extendía desde el mar Negro hasta el océano Ártico.[20] Esto se confirmaría poco después en el nuevo revés que Alemania sufriría en la batalla de Kursk. El fracaso militar convenció a muchos oficiales de que Hitler estaba llevando a Alemania al desastre, acelerándose los planes para su derrocamiento y dando como resultado el atentado contra Hitler de 1944.[21] La ciudad de Stalingrado recibiría el título de Ciudad Heroica.[22]

Antecedentes[editar]

Influido por el geopolítico Karl Haushofer, Adolf Hitler pensaba convertir las tierras de la Unión Soviética en colonias alemanas a las que denominaría Germania.[23] Entre 1939 y 1941, la Alemania nazi estuvo ocupada luchando con sus históricos enemigos de Occidente: Francia y el Reino Unido (véase Batalla de Francia y Batalla de Inglaterra); no obstante, Hitler nunca perdió de vista su verdadero objetivo: invadir el este de Europa y aniquilar a los eslavos.

El 22 de junio de 1941, Alemania invadió la Unión Soviética, incluso cuando Inglaterra no había sido derrotada. Hitler, convencido de la debilidad del Estado soviético a quien consideraba como un gigante con los píes de barro, creía que el pueblo soviético se volvería contra el dictador, Iósif Stalin, y la invasión concluiría antes del invierno, y prohibió a sus generales pensar de otra manera.[24] De esta forma, un día antes de la invasión, unos tres millones de soldados alemanes esperarían el inicio de la mayor operación militar hasta la fecha, distribuidos desde Finlandia hasta el mar Negro.[25] Unos 950 000 soldados de otras naciones aliadas de Alemania acompañaban a los alemanes. Estas tropas, de inferior calidad militar, peor armadas, de baja moral combativa y menos fanatizadas, desempeñarían un papel clave en el desastre alemán en Stalingrado, un año y medio después.

En diciembre de 1941 era evidente que el rumbo de la guerra en la Unión Soviética no era el que el Alto Mando Alemán había planeado, debido a que Leningrado y Sebastopol continuaban resistiendo el cerco en el norte y el sur respectivamente,[26] y la ofensiva contra Moscú había llegado a un punto muerto. Entonces, inesperadamente, los alemanes se encontraron con una gran contraofensiva soviética desde la capital rusa y tuvieron que afrontar el hecho de que, a pesar de haber aniquilado y capturado a cientos de miles de soldados del Ejército Rojo en los últimos meses, pactando la no agresión con Tokio, el Alto Mando Soviético había encontrado reservas suficientes en las resistentes tropas siberianas para emprender una poderosa contraofensiva. Tardíamente, los invasores comprenderían que aparentemente las reservas enemigas eran «inagotables».

Habiendo fracasado en capturar Moscú, Hitler se centró entonces en tomar los pozos petrolíferos del Cáucaso. A pesar de no contar con la aprobación de sus generales, Hitler se empeñó en capturar estos yacimientos, e incluso les reprendió, acusándolos de no saber nada de economía de guerra.[27] La Operación Azul, como se denominó la campaña alemana en el sur de la Unión Soviética, tenía como objetivo la captura de puntos fuertes en el Volga primero y, posteriormente, el avance sobre el Cáucaso.

«Operación Azul»: el camino a Stalingrado[editar]

Avance hacia el Don[editar]

El 10 de mayo, el general Friedrich Paulus, comandante del 6.° Ejército Alemán, presentó al Mariscal de Campo Fedor von Bock un esbozo de la «Operación Federico». Paulus había tomado el mando del 6.° Ejército poco antes, después de que su anterior comandante, Walter von Reichenau, falleciera a consecuencia de un ataque cardíaco sufrido después de hacer ejercicio en la campiña rusa a temperaturas bajo cero.

La Operación Federico significaba la consolidación del frente delante de Járkov, recién capturada por Alemania. No obstante, el mariscal Semión Timoshenko se adelantó a Paulus, ya que el 12 de mayo emprendió una contraofensiva desde Vorónezh, cuyo objetivo era precisamente la liberación de Jarkov, rodeando al 6.° Ejército en un movimiento de pinza. Cuando 640 000 soviéticos con 1200 tanques se lanzaron contra las fuerzas de Paulus, este se encontró al borde del desastre. Solamente la oportuna llegada del 1.° Ejército Panzer de Ewald von Kleist permitió revertir la situación de la ofensiva, y en lugar de ser capturados, los hombres de Paulus ayudaron a los de Von Kleist a capturar los Ejércitos soviéticos 6.º y 57.º en Barvenkovo. Unos 240 000 soldados soviéticos fueron embolsados y capturados, fracasando la contraofensiva de Timoshenko.

El 1 de junio, Adolf Hitler y el mariscal Fedor von Bock presentaron a los generales del Grupo de Ejércitos Sur la Operación Azul en los cuarteles generales de esta unidad, ubicados en Poltava. Al 6.° Ejército de Paulus se le encargó la tarea de limpiar Vorónezh, y luego dirigirse a Stalingrado acompañado del 4.º Ejército Panzer de Hermann Hoth. Una vez allí, se encargarían de destruir los complejos industriales y de proteger el Cáucaso desde el Norte. En aquel momento, Hitler no consideraba necesaria la captura de la ciudad.

Para proteger los planes de la Operación Azul, se prohibió tajantemente la transcripción de órdenes; todo debía comunicarse de manera verbal. Sin embargo, el 19 de junio, un avión alemán que llevaba anotaciones personales del general Georg Stumme acerca de la operación fue derribado detrás de las líneas enemigas, y los papeles fueron capturados por los rusos. No obstante, después de que el general Filipp Gólikov los entregara directamente a Stalin, este los rechazó como falsos, convencido de que Moscú seguía siendo el principal objetivo alemán.

El 28 de junio inició la ofensiva contra Vorónezh, hacia el sur de Rusia, y el error de Stalin fue obvio. Dos días después, las fuerzas de Paulus cruzaron el Donets, con el 2.º Ejército Húngaro y el 1.º Ejército Panzer cuidando su izquierda y su derecha respectivamente. Debido al rápido avance alemán, Hitler decidió enviar parte de las fuerzas del 4.º Ejército Panzer, que estaban atacando Vorónezh, al sur. Esto significó un retraso en la captura de Vorónezh, lo que supuso que las fuerzas de Timoshenko, que escapaban hacia Stalingrado, tuvieran más tiempo para hacerlo. El plan original implicaba que el 6.° Ejército y el 4.º Ejército Panzer cortaran la retirada a los rusos antes de que éstos se reagruparan, luego atacaran Rostov del Don y después fueran a reforzar las líneas defensivas del Cáucaso. Pero impaciente por el retraso, Hitler cambió el orden del plan, y en lugar de esperar a las fuerzas de Paulus y Hoth, ordenó que se capturaran Stalingrado y el Cáucaso al mismo tiempo.

No contento con esto, Hitler dividió al Grupo de Ejércitos Sur en dos fuerzas: A y B, y los colocó al mando de los mariscales Wilhelm List y Maximilian von Weichs. Sin esperar la opinión de Fedor von Bock, Hitler lo retiró del mando. Aunque las reservas alemanas de combustible eran alarmantemente escasas, Hitler tomó otra decisión polémica: dividió las fuerzas que se dirigían a Stalingrado, quitándole las unidades mecanizadas al 6.° Ejército Paulus y desviando el 4.º Ejército Panzer de Hoth hacia el sur, para ayudar en la captura del resto de las fuerzas de Timoshenko, que se esperaba tendría lugar cerca de Rostov del Don. A Hitler le obsesionaba la idea de anular los restos de las fuerzas de Timoshenko antes de que reforzaran Rostov, lo cual no se logró plenamente, ya que muchas se retiraron a tiempo. Rostov fue atacada y reconquistada por los alemanes el 24 de julio.

La ciudad[editar]

Avance Alemán hacía el Don, camino de Stalingrado; entre el 24 de julio y el 18 de noviembre.

La ciudad tenía una importante industria militar (Stalingrado tenía las fábricas de tractores Octubre Rojo y de cañones Barricady), y poseía el nudo ferroviario crucial de la línea que unía Moscú, el mar Negro y el Cáucaso, existiendo igualmente un puerto fluvial en servicio para la navegación por el Volga. La urbe se extendía unos 24 kilómetros a lo largo de la orilla occidental del Volga pero con menos de diez kilómetros de anchura. No existía ningún puente cruzando el río, empleándose grandes barcazas para comunicar ambas orillas. La orilla oriental apenas estaba poblada. Es importante considerar que llegado el invierno, el Volga se congela con una capa muy gruesa de hielo, permitiendo el paso de vehículos pesados.

«¡Ni un paso atrás!»[editar]

Stalin había previsto la rápida caída de Rostov, por esta razón, el 19 de julio había ordenado que Stalingrado quedase en estado de sitio total no permitiendo la salida de los civiles y se comenzaron los preparativos para resistir a los alemanes, que se acercaban. No se permitió a los civiles abandonar la ciudad, para alentar a la milicia soviética con la permanencia de sus familiares entre los habitantes.[28] No obstante, trabajadores especializados considerados claves de las industria armamentista fueron enviados a los Urales, para seguir trabajando allí.

El 16 de julio, el general Vasili Chuikov llegó al Frente de Stalingrado, para comandar directamente al 64º Ejército Soviético, cuyas principales unidades todavía no habían llegado. Chuikov encontró a sus tropas con la moral muy baja[cita requerida], y fue muy poco lo que pudo hacer para evitar ser obligado a cruzar el Don. Un alivio fue la llegada de la aviación rusa, que mantuvo ocupado a los Messerschmitt 109 alemanes hasta inicios de agosto. El 28 de julio, preocupado por el avance alemán hacia el Volga, que podía dividir a Rusia en dos, Stalin prohibió la rendición sin importar las razones, y ordenó la formación de una línea en la retaguardia de la infantería que fusilara a todo soldado soviético que retrocediese sin permiso.[29] Esta orden de Stalin, la 227, muy pronto fue conocida popularmente como la orden «¡Ni un paso atrás!». Las condiciones eran tan precarias que muchos soldados rusos eran enviados al frente sin tener siquiera fusil, y andaban tras quienes los tenían para cogerlos cuando cayesen muertos[cita requerida]. Asimismo, se obligó a combatir también a las mujeres a gran escala. Además, el Ejército Rojo practicaba el envío de ataques masivos frontales a distancias mínimas, convirtiendo la batalla en una masacre.

Por su parte, confiado en el derrumbe del Ejército Rojo en sur de Rusia, Hitler mal informado de la situación ordenó que se iniciase el avance sobre el Cáucaso del Grupo de Ejércitos A, aunque Stalingrado aún no había sido tomada por el 6° Ejército de Paulus. En realidad, aprendiendo de sus errores pasados, Stalin había permitido la retirada de las fuerzas de Timoshenko, pero Hitler se había excedido de nuevo en subestimar al enemigo y no había considerado esto.

Avance hacia el Volga[editar]

Casas en llamas en Stalingrado en agosto de 1942, después de un bombardeo alemán.

A inicios de agosto, Hitler cambió de opinión de nuevo, y ordenó a las fuerzas de Hoth que se dirigieran al este, hacia Stalingrado, después de haberles ordenado inicialmente que fueran al sur. El general Hoth obedeció preocupado, ya que las órdenes cambiantes de Hitler les estaban restando combustible a sus tanques, del que estaba muy escaso. Por otro lado, el bombardeo alemán de Astracán en el mar Caspio había dañado las refinerías de la ciudad, y tomaría un tiempo repararlas, en caso de que lograran capturarlas. El 9 de agosto, Stalin nombró a Andréi Yeriómenko comandante del Frente de Stalingrado, harto de los continuas derrotas de Timoshenko.

El 23 de agosto Stalingrado recibió su primer bombardeo proveniente de los Heinkel 111 y Junkers 88 del general Wolfram von Richthofen, comandante de la Legión Cóndor durante el bombardeo de Guernica. Se lanzaron 1.000 toneladas de bombas y se perdieron tan sólo tres aeroplanos. Murieron no menos de 5.000 personas ese día. En esa semana morirían 40.000 de los 600.000 habitantes de la ciudad. El avance alemán por tierra procedía de Gumrak, y lo hacía de manera brutal y arrolladora. Ese mismo día, el 23, la vanguardia del 6.º Ejército alemán alcanzó el Volga. Los soldados estaban emocionados por haber avanzado desde el Don por el sur en menos de doce horas (gracias en parte al resultado del Combate de Isbucensky, y la moral estaba alta, confiando en una caída rápida de Stalingrado. Por el sur, el avance de Hoth era más lento, ya que Yeremenko había colocado la mayor parte de sus fuerzas contra el 4.º Ejército Panzer, además, Hitler le había quitado al general Hoth un Cuerpo Blindado.

Bombardeo aéreo de la Luftwaffe alemana sobre Stalingrado en septiembre de 1942.

El 29 de agosto, cuando las primeras líneas alemanas aparecían ya en el horizonte de Stalingrado, llegó a la ciudad Zhúkov, quien recientemente había sido nombrado Vicecomandante en Jefe, segundo después de Stalin.

Los primeros carros de combate alemanes llegaron a los suburbios el 1 de septiembre. En aquel momento convergían sobre Stalingrado, por el sur, las 29º y 14º Divisiones motorizadas; por el oeste se acercaban la 24º, 94ª, 71º, 76ª y 295ª Divisiones de infantería blindada; por el norte y hacia el centro de la ciudad, la 100ª División de cazadores, la 389º y 60ª División de infantería motorizada. La ciudad era defendida en ese momento sólo por unos 40.000 soldados contra el 6.º Ejército y el 4.º Ejército Panzer. Estas tropas no sabían (y no debían saber, por motivos de seguridad) que el Ejército Rojo preparaba una ofensiva a gran escala contra el 6.º Ejército alemán.

Stalin, que instaba a Zhúkov a salirles al encuentro e interceptar dichas fuerzas enemigas, replicaba:

¿No entienden que si entregan Stalingrado, el sur del país quedará separado del centro, y probablemente no podremos defenderlo? Además de perder nuestra principal vía fluvial, no sólo es una catástrofe para Stalingrado, sino para el país, dado que se perderá el petróleo también.

Se lanzó una contraofensiva que logró aliviar en parte la situación respecto del norte de la ciudad. La orden de Zhúkov era terminante: «¡No entreguen Stalingrado!».

La ciudad-fortaleza[editar]

La llegada de Chuikov[editar]

Un bombardero en picado alemán Junkers Ju 87 Stuka atacando Stalingrado.

Las fuerzas alemanas atenazaron Stalingrado. Hitler, que no había deseado la Guerra de guerrillas en Moscú y Leningrado, ahora bramaba por la conquista de la ciudad bajo esa premisa: eso implicaba la guerra calle por calle, casa por casa, el tipo de combate para el cual ni la Wehrmacht ni las Waffen-SS estaban preparadas.

Este repentino cambio de objetivos halla explicación en el hecho de que la toma del Cáucaso había fallado a manos del mariscal de campo List, y por lo tanto, Hitler deseaba tomar la ciudad como una forma simbólica de ocultar la carencia estratégica de los pozos petroleros. De esta manera, Hitler se convenció a sí mismo que si lograba conquistarla, abriría de nuevo la puerta a esa riqueza.

El 12 de septiembre, Zhúkov destituyó deshonrosamente al comandante a cargo de las defensas de Stalingrado, Anton Lopatin por demostrar cobardía ante el enemigo al no poder contenerlo con el 62º Ejército, y fue reemplazado por el granítico e inflexible general Vasili Chuikov, un hombre muy eficiente y decidido que hasta entonces estaba a cargo del 64º Ejército, desplegado al sur de la ciudad.

Cuando Chuikov llegó al dantesco escenario, Yeriómenko y Jrushchov le preguntaron: «—¿Cuál es el objetivo de su misión, camarada? —Defender la ciudad o morir en el intento», contestó firmemente Chuikov. Yeriómenko observó a Jrushchov, y tuvo la certeza de que Chuikov había entendido perfectamente lo que se esperaba de él.

El nuevo comandante se encontró con menos de 20.000 hombres y 60 tanques, así como unas deficientes defensas. Chuikov reforzó las defensas antiaéreas (servidas por mujeres militares) de la ciudad y asimismo fortificó aquellos lugares donde se pudiera contener al enemigo, en especial la colina de Mamáev Kurgán y el barranco del río Tsaritsa. Además retiró la mayor parte de su artillería a la ribera oriental del Volga y fomentó el despliegue de francotiradores, entre ellos el famoso Vasili Záitsev.

Asalto alemán[editar]

Un militar alemán armado con un subfusil soviético PPSh-41 vigila desde una barricada. Muchos alemanes tomaban armas soviéticas cuando las encontraban porque eran mejores para el combate en espacios cerrados.

El mismo día que Chuikov tomó el mando del 62º Ejército, Paulus se encontraba en Vinnitsa, en el Wehrwolf con Hitler, que quería saber cuándo caería la ciudad. Paulus se encontraba preocupado por los flancos de su 6.° Ejército, que estaban desprovistos de unidades mecanizadas de consistencia y eran resguardados por ejércitos de varias nacionalidades: rumanos, italianos, húngaros. Estas fuerzas de inferior calidad resultarían ser el talón de Aquiles de las fuerzas alemanas en Stalingrado, unos 20.000 soldados en aquel momento. No obstante, Hitler minimizó esta debilidad, convencido de que el frente soviético estaba al borde del colapso, una falsa confianza que fue contagiada a Paulus.

El 14 de septiembre, se inició el primer intentó alemán de tomar la ciudad —que se pensaba sería el único intento— y la 71ª División alemana llegó al centro de Stalingrado, acercándose peligrosamente al embarcadero principal, la terminal de llegada de refuerzos soviéticos. En estos combates cae abatido el teniente Rubén Ruiz Ibárruri, el único hijo de La Pasionaria española, en la estación central de la ciudad.

Yeremenko alertó a Stalin de la llegada de más tanques alemanes a Stalingrado, por lo que se envió a toda prisa a la 13ª División de Fusileros de la Guardia del coronel general Alexander Rodimtsev, que había participado en la batalla de Guadalajara como asesor. Esta división de élite perdió el 30% de sus efectivos el primer día, pero con la ayuda de Katiushas y de los francotiradores lograron mantener alejados a los alemanes del río. La conquista de la colina de Mamaev Kurganen el centro de la ciudad se convirtió en una enconada lucha en que las banderas de ambos bandos ondearon alternadamente, ya que si los alemanes controlaban esta colina, su artillería dominaría el Volga. Los alemanes desplegaron todo un sistema de altavoces incitando a la deserción de los rusos. Muchos se pasaron y se convirtieron en hiwis y muchos soldados rusos también fueron fusilados por acción u omisión frente a la deserción.

Artillería de campaña alemana bombardeando posiciones soviéticas en el verano de 1942.

Por el sur, el XLVIII Cuerpo Panzer del 4.º Ejército Panzer avanzaba hacia el centro de la ciudad. Un enorme silo de cereales fue aislado por las fuerzas alemanas, que fue defendido por soldados e infantes de marina soviéticos durante más de diez días. No obstante el poderoso ataque alemán, los soldados del Ejército Rojo resistieron sin agua ni comida, hasta agotar sus municiones y finalmente sucumbieron en un feroz combate cuerpo a cuerpo. El general Paulus decidió que el enorme silo sería colocado en la banda que sus soldados recibirían al conquistar la ciudad.

Probablemente este fue el momento más crítico para los soviéticos en la batalla, ya que los alemanes asaltaron al 62º Ejército en un momento muy grave. En efecto, el desastre solamente pudo ser evitado gracias a la rápida llegada de la 13ª División de Fusileros de la Guardia del general Rodimtsev, si bien esto fue reconocido después. La reactivación de la 8ª Fuerza Aérea Soviética, donde servía un hijo de Stalin, también fue importante.

Rattenkrieg[editar]

Soldados soviéticos combatiendo entre las ruinas de la ciudad.

Para mediados de septiembre, ocho de las veinte divisiones del 6.º Ejército alemán se encontraban luchando encarnizadamente dentro de la ciudad; no obstante, los soviéticos no paraban de alimentar el frente con refuerzos de Siberia y Mongolia. El general Paulus, enfermo de disentería, era presionado continuamente para que informara de la fecha en que caería Stalingrado y desarrolló un 'tic' en el ojo izquierdo, que luego se extendió por el lado izquierdo de su cara.

En este momento, las estadísticas de bajas alemanas se dispararon, ya que el soldado alemán no estaba entrenado para combatir en las calles, que es la lucha más dura entre todas las formas de combate.[cita requerida] Aunque Paulus sabía que las bajas soviéticas era por lo menos el doble que las alemanas, sus recursos humanos se disipaban rápidamente ya que nada más contaba con una división en la reserva. Hubo casos y no pocos en que destacamentos de comandos alemanes enviados al combate callejero tenían entre el 50 y el 70% de pérdidas de efectivos.

Francotiradores soviéticos.

En este campo de batalla, los alemanes estaban bajo constante tensión ya que el soldado soviético se había convertido en un maestro del camuflaje y las emboscadas eran comunes. La noche no ofrecía descanso al alemán, ya que los defensores de la ciudad preferían atacar de noche, neutralizando el peligro de los bombarderos alemanes. Sin embargo, la noche no era una limitación para los bombarderos rusos, que pasaban sobre la ciudad arrojando pequeñas bombas de 400 kilogramos. Finalmente, el 6.º Ejército solicitó a la Luftwaffe que mantuviera la presión sobre la aviación soviética en la noche, porque «las tropas no tienen descanso». Si los bombardeos nocturnos, las minas antipersonales y las emboscadas de la infantería enemiga no eran suficientes para mantener alerta a los alemanes en Stalingrado, los francotiradores sí lograron captar la atención de los oficiales germanos. El número de oficiales muertos por francotiradores, especialmente los observadores también se disparó y muy pronto se tuvo que recurrir a realizar promociones prematuras, con el fin de reemplazar a los caídos.

La neurosis que un soldado podría desarrollar por estar sometido constantemente al grado de tensión de la llamada Rattenkrieg (guerra de ratas) no era excusa para abandonar el campo de batalla, ya que tanto alemanes como soviéticos no reconocían esta condición y la calificaban de cobardía, que usualmente era solucionada con la ejecución sumaria inmediata.

La artillería pesada se volvió inútil en este ambiente de lucha urbana, ya que debido a la falta de precisión de la misma, no se podía atacar una casa ocupada por el enemigo, porque las casas vecinas estaban ocupadas por tropas amigas. Hubo el famoso caso de la llamada Casa de Pávlov en que el dominio de los pisos se alternaban cruentamente entre los bandos.

Soldados alemanes apostados en una vivienda.

Vasili Chuikov ordenó que la artillería fuera trasladada a la orilla oriental del Volga, y que atacase detrás de las líneas alemanas, con el objetivo de destruir las líneas de comunicación y las formaciones de infantería en la retaguardia. Para saber hacia dónde disparar, un oficial de observación debía asomarse por la azotea de un edificio en la ciudad, lo que en muchos casos significaba la muerte a manos de un francotirador alemán. Solamente los Katiusha fueron dejados en Stalingrado, ocultos en el banco de arena del Volga.

A diferencia de los puestos de mando alemanes, los puestos de mando soviéticos se encontraban en la ciudad, y, por lo tanto, expuestos a ser atacados. En una ocasión, un tanque alemán se situó en la entrada del búnker del comandante de artillería del 62º Ejército y éste, junto con su personal, tuvo que cavar para salvarse.

Pese a que la iniciativa, la razón de bajas enemigas per cápita y los mejores medios técnicos correspondían a las tropas alemanas, el ejército invasor tuvo grandes dificultades en conquistar una ciudad que, al haber sido salvajemente bombardeada, disponía de condiciones ideales para una defensa calle por calle. Los ataques combinados de infantería y blindados resultaban inútiles en el caos de la lucha urbana.

Para desgastar al oponente, las medidas impuestas por Chuikov fueron extremas: se envió a miles de soldados sin experiencia para apoderarse de las trincheras alemanas con una carnicería como resultado; sin embargo, sólo a ese tremendo costo y derroche de vidas soviéticas se logró terminar con la superioridad técnica alemana. Pronto la ciudad se cubrió de una atmósfera repulsiva y pútrida. La razón era obvia: los cadáveres de ambos bandos se descomponían bajo los escombros. La pestilencia y las enfermedades pronto se hicieron sentir. Incluso en este escenario dantesco también se practicaba la política antisemita nazi. La Feldgendarmerie (Policía Militar alemana) había estado capturando judíos y haciendo cautivos a civiles que fueran aptos para el trabajo y se ejecutó a unos 3.000 civiles judíos, entre ellos niños, por parte de los Sonderkommandos de los Einsatzgruppen y unos 60.000 fueron enviados a Alemania para trabajos forzados. Los Sonderkommandos se retiraron de Stalingrado el 15 de septiembre, cuando ya habían matado a casi 4.000 civiles.

Tropas del ejército rojo entre las ruinas de la fábrica Octubre Rojo.

Sabiendo que el invierno se aproximaba, Paulus decidió acelerar la toma de la ciudad y preparó una ofensiva que se ejecutó el 27 de septiembre. La principal fuerza alemana atacó al norte del Mamaev Kurgan, cerca de los asentamientos obreros de las fábricas Octubre Rojo y Barrikady. Los alemanes observaron atónitos cómo los civiles que huían de los asentamientos para buscar refugio en las líneas alemanas era derribados por sus propios soldados. Desde ahí, una división escogida de soldados alemanes capturó la «Casa de los Especialistas», donde se hicieron fuertes y comenzaran a disparar contra las lanchas que iban y venían por el Volga trayendo soldados. Los cañones de 88 mm, los Stukas y la artillería alemana competían en hundir las barcazas que traían soldados del otro lado del Volga; el mar Caspio empezó a recibir cadáveres.

Las bajas alemanas entre el primer y segundo día de combate sumaron 2.500 soldados, contra 6.000 soldados soviéticos; para los rusos la pérdida era terrorífica: casi 3.000 soldados morían por día (a razón de un centenar cada hora). Aunque las tropas alemanas lograron penetrar en la ciudad o lo que quedaba de ella, nunca se hicieron completamente con la totalidad (el muelle y la colina), puesto que los muelles no pudieron ser alcanzados, y mientras estos muelles estuvieran en manos soviéticas, los refuerzos y suministros necesarios para proseguir la batalla podrían afluir con regularidad. Batallones y brigadas de comandos alemanas que intentaron llegar a los muelles fueron prácticamente aniquiladas al 50% de sus efectivos.

Para octubre, los alemanes no habían conquistado la totalidad de la ciudad, pero sí habían ocupado el 80% de ella. En ese octubre, los alemanes capturaron las fábricas de tractores Octubre Rojo y de cañones Barricady, y las bajas rusas se incrementaron a razón de 4.000 soldados diarios. Los heridos soviéticos se arrastraban a la orilla del Volga con la efímera esperanza de poder ser auxiliados, y miles murieron congelados. El hecho de cruzar el río no constituía ninguna garantía de recibir atención médica, ya que debido a la falta de recursos, muchos soldados eran dejados a su suerte. Lo que los soviéticos no podían notar era que los alemanes estaban al borde de su capacidad ofensiva; de hecho, no tenían las suficientes fuerzas para conquistar la ciudad, pues su línea de abastecimientos era insuficiente.

Comienza el principio del fin[editar]

La «Operación Urano»[editar]

El contraataque soviético en Stalingrado                      Frente alemán el 19 de noviembre                      Frente alemán el 12 de diciembre                      Frente alemán el 24 de diciembre      Avance soviético entre el 19 y el 28 de noviembre

Para octubre, Hitler y sus comandantes cayeron en la cuenta de que no podrían tomar la ciudad en otoño. El invierno se aproximaba, por tanto se hicieron todos los arreglos para pasar allí el más crudo de los inviernos, en recuerdo del terrible invierno anterior. Para fines de octubre se dejaron sentir las enfermedades en el soldado alemán: paratifoidea, tifus, disentería, empezaron a hacer estragos. A fines de octubre los alemanes se enteraron por medio de prisioneros de que los rusos preparaban una gigantesca contraofensiva. Ellos mismos habían notado los movimientos en sus flancos. Para protegerse, Paulus había levantado una barrera en su flanco izquierdo para prevenir los ataques procedentes por el norte, sirviéndose de las unidades rumanas.

En efecto, el alto mando soviético, alertado por la Orquesta Roja, la red de espías rusos en el estado mayor alemán, se enteró de la debilidad de los flancos del ejército enemigo, formado por soldados inexpertos rumanos, y equipados con cañones franceses sin repuestos y con solo dos obuses cada uno, y preparó una gran ofensiva dirigida contra esos flancos norte y sur; se estaban acumulando cerca de 1.700.000 hombres, es decir, cerca de 200 divisiones, la mayoría siberianas, además de carros de combate y cañones procedentes de Moscú y los Urales. El plan consistía en una maniobra de pinza para cercar, copar y embolsar al 6.° Ejército entero, irrumpiendo en la retaguardia alemana por los dos flancos norte y sur, atacando allí donde las fuerzas del Eje fueran más débiles. Si bien en un primer momento Stalin se negaba a desviar recursos del propio combate urbano, vio en estos planes la mejor oportunidad de cambiar el frente sur, y de revertir toda la situación de Stalingrado, por lo cual apoyó la idea del cerco, aunque esto significara reducir el cupo de municiones del 62º ejército rojo que defendía por sí solo la ciudad. La idea de rodear a un ejército alemán en estas condiciones eran en todo osada, pero no había otra posibilidad viable luego de los constantes errores en las ofensivas soviéticas de comienzo del 42.

Llegó el invierno con sus nevadas y la ciudad quedó sumida en un manto blanco con temperaturas que rondaban los -18 °C. Los combates callejeros cesaron casi por completo durante la noche. De noche, los grupos enfrentados hacían señales de tregua temporales con banderas que asomaban en los orificios de las ruinas. Y se permitía tácitamente retirar algunos caídos con vida en la tierra de nadie, y además se realizó un intercambio no oficial de abastos entre pequeños grupos de ambos bandos, realizado muy a escondidas en treguas concertadas espontáneamente. De ser sorprendidos por la oficialidad, la ejecución era inmediata por confraternizar con el enemigo. De día, la lucha se reanudaba sin cuartel.

Tropas soviéticas se encuentran en Sovietsky después de cerrar la bolsa de Stalingrado.

El 19 de noviembre de 1942, los 3.500 cañones rusos comenzaron a machacar despiadadamente las líneas enemigas más débiles entre Serafimovih y Klestkaya, estas eran las formaciones rumanas que se encontraban escasas de material antitanque, entre la nieve y la bruma mortecina del paisaje. Al son de trompetas, los obuses y Katiushas se dejaron caer en el sector rumano. Después de una hora de martilleo, los batallones de fusileros avanzaron sobre las filas de rumanos.

Los rumanos del II y IV Cuerpos pudieron contener bravamente las primeras oleadas de atacantes y luego fueron arrasados por carros de combate T-34 hacia el mediodía. Cuando los fortines fueron demolidos, los rumanos echaron a correr por la planicie blanca, siendo perseguidos por las oleadas siberianas. Si bien hubo algunos intentos de responder al ataque, los comandantes del 6° Ejército no tomaron en serio el ataque hasta que fue muy tarde, inclusive los combates en la misma ciudad de Stalingrado no se detuvieron durante varios días una vez comenzado el ataque ruso. Los Stukas acudieron al lugar del desastre y ya nada se pudo hacer, salvo ametrallar a los fusileros rusos.

Si bien el ataque del sur fue por muchos factores más débil, este sector fue también atacado con éxito y las columnas de la trampa avanzaron sin grandes reveses, salvo contraataques aislados que apenas produjeron momentáneas detenciones. El objetivo donde convergían las tenazas de la trampa era el pequeño pueblo de Kalach y su puente, donde los alemanes no poseían una fuerza para enfrentar la amenaza y donde quedaban expuestos sus talleres y depósitos de suministros. El desastre era total, el VIº Ejército de Paulus quedó encerrado en Stalingrado con unos 250.000 hombres y sin suministros mayores.

Der Kessel[editar]

La casa de Pávlov fue defendida de los ataques alemanes por el pelotón del sargento Yákov Pávlov durante dos meses, del 27 de septiembre al 25 de noviembre de 1942.

El OKW alemán ordenó retirar el grueso del 6° Ejército desde Stalingrado por el sudoeste hacia el Don, y así evitar el encierro. Tal proyecto aún podría ejecutarse ya que había brechas importantes que aún no estaban cerradas, pero Hitler se negó a aceptar semejante solución y exigió a Paulus y sus hombres mantenerse en la ciudad conquistada mediante una contraorden directa, y tuvieron que volverse en una penosa retirada las vanguardias enviadas en dirección sudoeste.

Hitler consideraba que la situación no estaba aún perdida y podría repetirse la situación producida en febrero de ese mismo año en la Bolsa de Demyansk, donde una gran masa de soldados alemanes pudieron resistir un prolongado cerco soviético mediante un puente aéreo. Tal idea llegó a oídos del jefe máximo de la Luftwaffe, Hermann Goering, quien sin consultar a sus asesores técnicos prometió a Hitler que sus aviones podrían realizar un vasto abastecimiento desde el aire. La promesa de Goering exasperó al general de aviación Von Richtofen pues el tiempo nublado con tormentas de nieve impediría volar a los aviones de forma sostenida e incluso haría imposible siquiera que despeguen. En estas condiciones Paulus radió un mensaje directo a Hitler:

Mi Führer: se nos agotan las municiones y el combustible. Abastecimiento suficiente y oportuno es imposible. En estas circunstancias, solicito plena libertad de acción. Paulus.

Las tenazas soviéticas se cerraron en menos de 4 días de lucha. El 24 de noviembre ya era imposible fugarse de Stalingrado. La División 94º al mando del general Walther von Seydlitz-Kurzbach, al ver que Paulus carecía de iniciativa ordenó a su tropa evacuar su sector y forzar el bloqueo, esperaba que las demás divisiones le siguieran en su retirada no autorizada. Apenas dejó su posición, le cayó encima el 62º Ejército Soviético y muchos de sus batallones fueron aniquilados sin contemplaciones, no hubo prisioneros.

Goering, de manera irresponsable, ante los informes advirtiéndole lo imposible de la misión —que recibió e ignoró—, prometió abastecer al Kessel con 500 toneladas diarias de pertrechos, pero apenas los aviones lograron llevar 130 toneladas en tres días de operaciones a horizonte raso y en medio de tempestades de nieve. Esto causaba que los vuelos nunca fueran realmente permanentes (como debía corresponder a un eficaz puente aéreo) sino que por causa del mal clima durante varios días los aviones no podían despegar de sus bases, o simplemente despegaban pero no podían aterrizar en Stalingrado. Para aumentar los males, los soviéticos atacaron de manera audaz la principal base aérea de suministros, el aeródromo de Pitomnik, llegando a colapsar las bases de reaprovisionamiento y acentuando la escasez de aviones de carga para las operaciones del puente aéreo. Sumado a las inclemencias climatológicas perjudiciales para los alemanes, los soviéticos lanzaban bengalas desde posiciones recién tomadas para hacer creer a los aviones de abastecimiento que en ese emplazamiento todavía quedaban soldados fieles al Reich que solicitaban suministros. Las provisiones caían en manos soviéticas dejando a los alemanes desprovistos de todo pertrecho. Hitler, obsesionado, dijo a Von Richtofen: «Si Paulus sale de Stalingrado, jamás volveremos a tomar la plaza».

Soldados soviéticos combatiendo en una fábrica en ruinas de la ciudad.

A principios de diciembre, surgieron las primeras bajas por inanición. A pesar de todo, los alemanes trataron de conservar la disciplina y la organización funcionó regularmente.

Stalingrado se convirtió en un caldero (Der Kessel) donde, sin agua ni alimentos suficientes, atacados por las epidemias y en medio del pútrido olor a descomposición, los alemanes se aprestaron a sufrir un largo asedio en medio de las mayores penurias. Hitler nombró a Paulus Mariscal de Campo, ya que ningún mariscal se había rendido en la historia militar alemana y esperaba que Paulus se suicidara antes de caer prisionero de los soviéticos. Pero los informes de las penurias que soportaban los soldados y que el mismo Paulus observó al revisar las tropas del frente, lo tranquilizaban al pensar que se había dado todo en la lucha y lo eximía personalmente de las obligaciones con este «cabo» que dirigía al país; de hecho, privadamente Paulus informó a los otros generales (como Arthur Schmidt, Seydlitz, Jaenecke, y Strecker) que él no se suicidaría y los demás oficiales estaban prohibidos de hacerlo para seguir la suerte de sus soldados.

De este modo, unos 250.000 soldados quedaron atrapados en una bolsa con la orden, por parte de Hitler, de no retroceder ni rendirse. Pese a que Göring, mariscal del aire y jefe supremo de la Luftwaffe, prometió abastecer a las tropas desde el aire, la llegada de recursos a las tropas alemanas fue casi imposible y apenas se realizaron algunos vuelos.

Los alemanes pudieron utilizar el aeródromo de Pitomnik pero éste se hallaba sujeto a continuos ataques soviéticos, los Junkers Ju 52 llegaron con abastecimientos e inmediatamente partían de vuelta evacuando heridos, aun así los pocos aviones no daban abasto y los afortunados que podían subir escapaban del infierno, los heridos colgaban de las puertas y algunos desesperados se aventuraban a volar asiéndose en las alas, donde ninguno logró sobrevivir. Tras la caída de Pitomnik el 16 de enero sólo quedaba el improvisado aeródromo de Gumrak, más pequeño y en peores condiciones que el de Pitomnik, pero Gumrak también cayó en manos soviéticas el 23 de enero. A partir de ese día las hambrientas tropas alemanas sólo pudieron recibir provisiones mediante cajas lanzadas en paracaídas por la Luftwaffe, lo cual no aseguraba que la carga llegase a destino: soldados soviéticos a veces se quedaban con las provisiones, éstas caían al río Volga, o simplemente las tropas germanas estaban muy agotadas y hambrientas para buscar dichos suministros entre las ruinas de la ciudad.

Además, unos 10.000 civiles rusos también quedaron atrapados en la bolsa, de los cuales nunca se volvió a tener noticia.

La ofensiva del Grupo de Ejércitos del Don[editar]

En diciembre, los soldados alemanes cercados tuvieron una leve esperanza: Erich von Manstein venía en su auxilio. Manstein, que acababa de asumir el mando del Grupo de Ejércitos Don, planeó la Operación Tormenta de Invierno, que incluía dos amplias operaciones con un punto de partida diferente. Una vendría de Chir y la otra de Kotelnikovo, a 160 km de Stalingrado. Aún para los generales más incrédulos del régimen nazi, el hecho de que Hitler abandonara al 6° Ejército era algo impensable, por lo cual sentían esperanzas de un posible rescate. De esta manera la Wehrmacht se aseguraba de hacer todo lo posible por rescatar a este ejército cercado lejos de Alemania.

La ofensiva empezó el 12 de diciembre y el día 16, pero cuando estaban a unos 50 km, fue detenida por el segundo ejército de la Guardia, que destruyó la principal fuerza de ataque nazi, compuesta por más de 400 tanques. La detención significó que los soviéticos le atacaran con todo y lo hicieran retroceder 200 km. El ataque, que fue llevado a cabo por la sexta división blindada, de manera implacable al comienzo, se vio amenazado por otro contraataque ruso en la retaguardia, por lo cual se decidió retroceder de manera definitiva. Para empeorar las cosas el aeródromo de Tsasinskaia, el principal de los Ju-52 para reaprovisionamiento, cayó en poder ruso. Los repetidos intentos ulteriores de romper la bolsa del exterior (Von Manstein) fueron todos igualmente infructuosos.

La rendición final[editar]

Friedrich Paulus y los miembros de su Estado Mayor en el momento de rendirse a los Altos mandos soviéticos.

Se impuso un riguroso racionamiento para intentar pasar el invierno. Paulus, quien era admirador incondicional de Hitler, se dio cuenta que para el Führer el 6° Ejército, o lo que quedara de él, era poco menos que una pieza sacrificable en el juego de la guerra. La vida de los soldados no tenía la menor importancia para él. El 25 de diciembre, en el Kessel, murieron 1.280 soldados de frío y hambre. Para el año nuevo, los rusos montaron una serie de cocinas y realizaron fiestas en la orilla sur del Volga con el doble objetivo de celebrar el año y mortificar a los alemanes cercados.

El 8 de enero los soviéticos realizaron un estrechamiento del perímetro y capturaron el único aeródromo que servía de conexión con el mundo exterior, Pitomnik: los alemanes tuvieron que reconstruir el de Gumrak gravemente dañado por ellos mismos para poder seguir recibiendo noticias. El 9 de enero se presentaron dos oficiales del Ejército Rojo en la línea occidental del frente alemán con un ultimátum de la Stavka para Paulus. Si dicho ultimátum no se aceptaba, los soviéticos lanzarían una ofensiva final contra el Kessel al día siguiente. El ultimátum fue rechazado. Las penurias se multiplicaron en el 6° Ejército Alemán, las epidemias diezmaban los soldados, la disciplina ya no existía y el hambre era tan atroz que los alemanes sacrificaron caballos, perros y ratas para poder alimentarse. Cabe destacar que aun en estas penosas condiciones, la resistencia del 6° Ejército continuaba, ya que las líneas del frente se retiraban combatiendo e infligiendo bajas a los rusos que ejecutaban el plan anillo para acabar con los alemanes.

El 28 de enero Paulus trasladó el cuartel general hacia los sótanos del Univermag y allí se hacinaron unos 3.000 heridos de diversa consideración, enfermos de tifus, paratifoidea y disentería. Los casos graves o que requerían cirugía prolongada eran colocados afuera para que murieran de frío.

Un aviso le llegó el 30 de enero de parte de Hitler a Paulus: le sugería que se suicidara ya que le había nombrado Mariscal de Campo y bajo las órdenes de Hitler ningún Mariscal se podría entregar vivo al enemigo. Un tanque ruso se acercó al cuartel general de Paulus, en el que venía un intérprete que había sido enviado por Paulus, el mayor Behr. El 31 de enero por la mañana, Paulus se rendía con cerca de 90.000 soldados, los restos de un ejército de 250.000 hombres. Sólo volvieron a Alemania 5.000 supervivientes. Se convirtió en el primer mariscal que capitulara en la historia alemana, desobedeciendo así a Hitler, atenazado por las tropas soviéticas, la falta de alimentos y el frío polar de la estepa rusa, para el que sus tropas no tenían material suficiente en un gesto sin precedentes en la Wehrmacht. El 2 de febrero se rindió el último grupo de soldados alemanes en los escombros de la fábrica de tractores Octubre Rojo, y es la fecha en la que terminó oficialmente la batalla.

Consecuencias[editar]

Rendición alemana en febrero de 1943 (Quien sostiene la Bandera roja es un soldado soviético)

Oficialmente 91.000 fueron los prisioneros de la batalla final de la Ciudad de Stalingrado; de estos muy pocos estaban vivos para el comienzo de la primavera (solo 5.000 a 6.000 alemanes sobrevivieron hasta el fin de la guerra) debido a epidemias de disentería y de tifus entre los prisioneros.

Las consecuencias de esta catástrofe fueron inmensas y de gran alcance. Por primera vez, Alemania perdía la iniciativa de la guerra y tenía que colocarse a la defensiva. De hecho la Wehrmacht carecía ya de los elementos logísticos necesarios para avanzar más hacia el este y las orillas del Volga fueron precisamente el punto más oriental alcanzado por tropas alemanas en Europa. Después de esta batalla la Unión Soviética surgió engrandecida y con la iniciativa de la guerra que la asolaba en las manos de sus líderes. Además, el comandante de la Luftwaffe, Hermann Göring, cayó en desgracia ante Hitler perdiendo crédito entre la élite del régimen nazi así como prestigio entre los militares, al no poder cumplir la orden de abastecer por aire a las fuerzas alemanas cercadas, como había prometido. El III Reich perdió todo el 6.° Ejército y parte del 4.º Ejército Panzer, e incontables recursos materiales que no se pudieron reemplazar con la misma facilidad con que la URSS podía con sus propias bajas (aún más terribles incluso que las alemanas). De hecho, entre muertos, heridos y prisioneros la Wehrmacht había perdido más de 200.000 combatientes, muchos de ellos experimentados, que serían muy difíciles de reemplazar en poco tiempo.

Un soldado soviético, portando un PPSh-41, con un prisionero alemán.

Los soviéticos, aparte de recibir una ciudad prácticamente destrozada, habían sufrido un millón de muertos civiles y más de 1.000.000 de bajas militares. De estos, unos 13.000 habían muerto ejecutados por sus propios compatriotas, acusados de cobardía, deserción, colaboracionismo, etc. Cabe destacar que no fue hasta la caída de la URSS que los historiadores rusos pudieron discutir abiertamente las cifras de bajas de la batalla, que si bien nunca serán exactas (debido a la ausencia de registros fiables y la proliferación de fosas comunes no contabilizadas), de hacer cálculos reales lo más probable es que el costo de vidas de todas maneras sea increíblemente alto y rebase los dos millones de individuos, resumiendo aquella frase de los generales rusos «El tiempo es sangre». Según el cálculo más alto, si se incluyen a todas las fuerzas que pelearon en el Volga, murieron o fueron heridos 350.000 soldados del Eje y más de 1.000.000 de soldados soviéticos (incluyendo prisioneros muertos en cautiverio y heridos muertos tras ser evacuados) y cerca de 2.000.000 de civiles rusos encontraron su fin (incluyendo refugiados y gentes que vivían en pueblos y ciudades donde también se combatió). El número total de muertos fue de hasta 2 millones.

El triunfo de esta batalla trascendió los límites de la Unión Soviética e inspiró a todos los aliados, incentivando la resistencia en todas partes. El rey Jorge VI de Inglaterra le regaló a la ciudad una espada forjada especialmente en su honor, y hasta el poeta chileno Pablo Neruda escribió el poema «Canto de amor a Stalingrado», recitado por primera vez el 30 de septiembre de 1942 y el poema «Nuevo canto de amor a Stalingrado» en 1943,[30] celebrando la victoria, lo cual transformó esta lucha en un símbolo y en un punto de quiebre para toda la guerra.

El mariscal Paulus sobrevivió a la guerra y volvió a Alemania en 1952, viviendo en la zona de ocupación soviética y luego en la RDA. Zhúkov reclamó para sí el éxito de Stalingrado, pero se le concedieron todos los créditos a Vasili Chuikov, que fue ascendido a capitán general, a cargo de un ejército que marcharía luego a Berlín. Antes del colapso de la URSS en 1991 estaba prohibido calcular el número real de bajas por temor a reconocer que el sacrificio de vidas fue excesivo; hoy se sabe que allí murieron aproximadamente más de dos millones de soviéticos entre civiles y militares. Sin embargo, después de El Alamein esta fue la segunda derrota que sufrieron los nazis en la Segunda Guerra Mundial, que no pararían de retroceder ante los soviéticos hasta rendirse ante Zhúkov, en el mismo Berlín.

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. La composición y la nomenclatura del frente soviética cambió varias veces durante la batalla. La batalla empezó con el "Frente Suroeste". Más tardé se renombró a "Frente de Stalingrado", y luego el "Frente del Don" se separó.
  2. El Frente fue reformado con ejércitos de reserva el 22 de octubre de 1942.
  3. El número de aeronaves aumentó a 1600 por la retirada alemana de Kuban y la región meridional del Caúcaso en septiembre de 1942
  4. Por nacionalidad se puede hablar de: 400 000 alemanes, 235 000 italianos, 200 000 rumanos, 200 000 húngaros y 5000 croatas

Referencias[editar]

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Enlaces externos[editar]