Denario de Sila acuñado en la ceca militar que viajó con él a Oriente después de su exitosa campaña contra Mitrídates VI. La cabeza de Venus con diadema a la derecha refleja la creencia de Sila de que Venus le otorgó la victoria contra Mitrídates. A la izquierda se ve capis y lituus entre dos trofeos; estos trofeos se refieren a las batallas de Queronea y de Orcómeno.
La batalla se describe en dos textos antiguos, aunque los acontecimientos varían entre ellos. La descripción de la batalla aparece en las guerras mitridáticas de Apiano, Libro 6, a la vez que en la Vida de Sila de Plutarco, capítulos 17-19.
Sila no perdió el tiempo y ocupó una colina llamada Filoboeto, que nacía en las estribaciones del monte Parnaso. Desde allí dominaba la llanura de Elatea y disponía de madera y agua en abundancia. El ejército de Arquelao, comandado realmente por Taxiles, debía avanzar desde el norte por un valle hasta Queronea. Con ciento diez mil hombres y noventa carros de guerra, triplicaba, como mínimo, a los efectivos de Sila. Arquelao era partidario de desgastar lentamente a los romanos, pero Taxiles tenía órdenes de Mitrídates para atacar inmediatamente. Entretanto, Sila empleó a sus hombres en la excavación de una serie de trincheras para proteger sus flancos contra posibles maniobras y levantar empalizadas en el frente. A continuación ocupó la ciudad en ruinas de Parapotamos, una posición inexpugnable que dominaba los vados de la calzada que conducía a Queronea. Entonces fingió una retirada, abandonando los vados, y se atrincheró en la empalizada y las trincheras. Tras éstas estaba preparada la artillería de campaña, que ya había sido empleada en el asedio de Atenas. Arquelao avanzó a través de los vados y trató de flanquear a las fuerzas silanas con su caballería, pero solamente logró ser rechazado por las legiones formadas en cuadro y sumir el ala derecha de su ejército en la confusión. Los carros de Arquelao cargaron contra el centro romano y se hicieron añicos contra las trincheras romanas. Entonces, los caballos, liberados de sus bridas y enloquecidos por las flechas y jabalinas, retrocedieron a través de las falanges griegas creando más confusión. Éstas cargaron, pero tampoco pudieron superar las defensas romanas y sufrieron fuertes bajas bajo el fuego de la artillería romana.
En vista del fracaso, Arquelao trató de lanzar su ala derecha contra la desprotegida izquierda romana. Sila, apercibiéndose de la peligrosa maniobra, corrió en auxilio de sus hombres desde el flanco derecho. Sila resistió los asaltos pontideos, hasta que Arquelao decidió traer más tropas desde su ala derecha. Esto desestabilizó la línea de combate póntica y debilitó su flanco derecho. Sila retornó a su ala derecha y ordenó avanzar a todas sus fuerzas. Con el apoyo de la caballería, las legiones de Sila aplastaron a las fuerzas de Arquelao. La matanza fue terrible, y según algunas fuentes, solo sobrevivieron diez mil soldados de Mitrídates; Sila ordeno degollar a los prisioneros, que algunos elevan a noventa mil hombres.[9]