Batalla de Crécy

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Batalla de Crécy
Guerra de los Cien Años
Battle of crecy froissart.jpg
Fecha 26 de agosto de 1346
Lugar Crécy-en-Ponthieu, al sur de Calais, Francia
Coordenadas 50°15′25″N 1°54′14″E / 50.257, 1.904


Coordenadas: 50°15′25″N 1°54′14″E / 50.257, 1.904
Resultado Victoria inglesa decisiva
Beligerantes
Royal Arms of England (1340-1367).svg Inglaterra
Ancient Flag of Burgundy.svg Borgoña
Les p'tits cats.svg Caballeros de Baja Normandía
Blason pays fr FranceAncien.svg Francia
Flag of Genoa.svg Mercenarios genoveses
Blason Royaume Navarre.svg Navarra
Armoiries Majorque.svg Mallorca
Small coat of arms of the Czech Republic.svg Bohemia
Comandantes
Royal Arms of England (1340-1367).svg Eduardo III
Royal Arms of England (1340-1367).svg Eduardo de Woodstock
Blason pays fr FranceAncien.svg Felipe VI
Small coat of arms of the Czech Republic.svg Juan I
Fuerzas en combate
Total: 9.000[1] -10.000[2]
2.500 caballeros[1]
6.500 infantes[1]
(en su mayoría arqueros)[1]
Total: 24.000[2] -33.000[1]
12.000 caballeros[2]
6.000 ballesteros[2]
15.000 infantes[1]
Bajas
Estimación moderna:
1.200 muertos y heridos
Estimación moderna:
12.000 muertos

La batalla de Crécy tuvo lugar el 26 de agosto de 1346 cerca de Crécy, al norte de Francia, y fue una de las batallas más importantes y decisivas de la Guerra de los Cien Años. A causa del empleo de nuevas armas y tácticas, la batalla es vista por muchos historiadores como el principio del fin de la edad de la caballería. Además, representa la primera de las tres grandes victorias inglesas en el prolongado conflicto.

Origen del conflicto[editar]

Ubicada como la segunda gran batalla del conflicto territorial y dinástico conocido como Guerra de los Cien Años —luego del combate naval de Sluys—, Crécy surge como consecuencia de la incapacidad de Eduardo III de Inglaterra de invadir Francia a través de Flandes. La intención del golpe que determinó la lucha en Crécy fue intentar la captura de París para poner fin a la guerra.

El rey inglés capturó cómodamente el ducado de Normandía y, tras una serie de fáciles victorias, se decidió a enfrentar al ejército francés —esta vez en toda regla— en la batalla de Crécy. Comenzó en 1346.

Descripción general[editar]

Crécy fue testigo del enfrentamiento entre el reducido ejército inglés de aproximadamente 12.000 hombres (las fuentes francesas estiman 20.000), incluidos 7.000 arqueros, comandados por Eduardo III y un gigantesco ejército francés con agregados bohemios, mallorquines, navarros e italianos de 20.000 a 30.000 hombres (incluyendo a 12.000 caballeros montados) con Felipe VI al mando. Eduardo resultó victorioso a causa del uso de unas tácticas y armamento superiores. Fue una batalla en donde se demostró la eficacia del arco inglés (longbow) usado en masa contra la caballería acorazada. Los caballeros franceses, provistos de armadura de placas, fueron reducidos por las flechas de punzón al cargar contra los ingleses, que se habían ubicado en una elevación para lograr una mejor trayectoria del fuego.

El resultado fue que la elite de la nobleza francesa pereció en Crecy (alrededor de un tercio de la misma, según la fuente considerada).

La batalla es vista por muchos historiadores como el principio del fin del código de caballería. El ideal de piedad y solidaridad del caballero se vio dinamitado al darse la orden de asesinar a la mayor parte de los prisioneros y de rematar a los heridos. Esto iba, por supuesto, en contra de los códigos caballerescos en la guerra. Además, la caballería demostró no ser invencible ante un ataque de infantería decidido y bien coordinado.

El desembarco[editar]

El 12 de julio de 1346 desembarcó Eduardo III con sus fuerzas en Saint-Vaast-la-Hougue, atacando con devastadora eficacia las aldeas de Valognes, Carentan y Saint-Lô, para derrotar a los franceses en Caen.

Llegados a Louviers, los ingleses comenzaron a remontar el Sena en dirección a París. Pero al instalar su campamento en Poissy, los observadores avanzados de Eduardo le informaron que el enemigo había concentrado una enorme fuerza en Saint-Denis. Temiendo una grave derrota, el jefe inglés mandó retroceder hasta Calais.

Los franceses lo persiguieron: imposibilitado de cruzar el Somme, pudo forzar las líneas francesas en la Batalla de Blanchetacque y establecer una posición muy fuerte en Crecy, donde decidió presentar batalla al ejército principal de Felipe VI.

Orden de batalla inglés[editar]

Mapa táctico de la batalla.

Aprovechando las enseñanzas ofrecidas por sus anteriores combates contra escoceses e irlandeses, Eduardo III conocía las ventajas de los campos agrícolas —de ser posible recién arados— en una lucha contra los franceses.

El peso y la dificultad de movimientos que provocaban las armaduras de los hombres de armas franceses facilitaban la labor de los casi desnudos arqueros ingleses (vestidos sólo con un pañal debido a que la mayoría estaban enfermos por disentería), que arrojaban nubes de flechas contra el enemigo y clareaban las filas francesas apenas comenzadas las batallas.

Es por ello que en Crecy, el comandante inglés eligió (como haría años después Enrique V en Agincourt) un terreno recién labrado, rodeado por elevaciones y colinas (el de Agincourt lo estaba por bosque impenetrable).

El rey se colocó, junto a su plana mayor, en un viejo molino de viento sobre una pequeña colina que se encontraba a retaguardia, desde donde tenía una excelente visión del campo de batalla.

Desde esa fuerte posición defensiva, Eduardo III dispuso que todo el mundo combatiera a pie, y dividió a su ejército en tres grupos. Su hijo de 16 años, el Príncipe de Gales Eduardo (que solía vestir una armadura pintada de negro, que le valió el mote del Príncipe Negro), mandaría a uno de ellos. El arma secreta del ejército, los arqueros, provistos de sus arcos largos, se establecieron en una formación en “V” a lo largo de la cresta de la colina. En el período de espera que siguió, los ingleses construyeron, además, un sistema de fortificaciones defensivas compuesto de zanjas, hoyos y estacas afiladas para detener y derribar la caballería enemiga y proteger de paso a los arqueros.

Orden de batalla francés[editar]

Felipe VI de Valois.

Como ocurrió en la batalla de Sluys, sucedería en Agincourt y seguiría ocurriendo a lo largo de casi todos los episodios de la Guerra de los Cien Años, uno de los principales problemas del bando galo era su enorme pecado de exceso de confianza. Seguros debajo de sus armaduras de 40 kg y montados en sus enormes y poderosos caballos de guerra, los caballeros franceses creían que un ataque a la carga contra los arqueros ingleses sería devastador y definiría el combate en pocos minutos.

Pero Felipe VI no había organizado correctamente a sus tropas. Colocó delante de los caballos a 6.000 mercenarios genoveses armados con ballestas lo que, llegado el momento, dificultaría la carga de caballería.

En segundo lugar, dejó a los ballesteros a la intemperie, con lo que, por causa de las grandes lluvias que habían caído durante la espera, las cuerdas de sus armas se mojaron y se volvieron inútiles. Por contraposición, los comandantes ingleses repartían bolsas impermeables a sus arqueros a fin de que protegieran las armas de la temida humedad.

Comienza la lucha[editar]

Los primeros en entrar en combate fueron los ballesteros franceses. A pesar de que manejaban armas temibles, su cadencia de fuego era sólo de 1 a 2 virotes por minuto contras las 5 o 6 flechas que un arquero inglés disparaba en el mismo tiempo. A pesar de la lluvia de dardos que los ballesteros descargaron sobre los grupos de arqueros enemigos, pronto fueron masacrados por la superior potencia de fuego del arco largo.

Además, Felipe cometió un error aún mayor. Se suponía que cada ballestero debía estar acompañado de un escudero armado con un pavés, especie de escudo grande de pico puntiagudo que se clavaba en la tierra, delante del ballestero. El objetivo de este soldado era proteger al ballestero durante los instantes en que éste estaba indefenso, durante el lento y penoso proceso de recargar la ballesta. Durante esos instantes el ballestero tenía un pie y ambas manos ocupadas en el arma, por lo que obviamente necesitaba de un hombre que lo protegiera de las flechas enemigas.

Pero el rey francés les ordenó disparar antes de que los encargados de los suministros les hubiesen entregado los paveses a los escuderos. Cuando todos los ballesteros y sus paveseros murieron bajo la lluvia de flechas inglesas, los paveses blindados estaban aún en los carromatos de transporte.

La banda musical francesa, con aires marciales pensados para asustar al enemigo, se encontró de pronto acompañando con sus sones la matanza de sus propios compañeros. En medio de la confusión que siguió, y viéndose superados por el mejor armamento inglés, muchísimos genoveses intentaron retroceder. Esto no fue tolerado por la propia caballería francesa, que tenía orden de reprimir severamente los actos de deserción y cobardía de los ballesteros genoveses, de modo que terminaron con aquellos a los que los arcos enemigos no habían conseguido alcanzar.

El paroxismo de la destrucción de los ballesteros genoveses llegó cuando los pocos sobrevivientes que aún disparaban fueron alcanzados por el devastador fuego de tres bombardas que Eduardo llevaba consigo en previsión de tener que mantener un largo asedio contra alguna ciudad amurallada.

Carga de la caballería[editar]

Eduardo III de Inglaterra (izq.) con su hijo, el Príncipe Negro.

Viendo el pobre desempeño de los ballesteros, se decidió la carga de la caballería. Aunque los caballeros estaban en desventaja en el campo arado y sobre una pendiente ascendente, atacaron en oleadas o hileras sucesivas.

La sobrecarga de peso y las estacas afiladas les impidieron llegar siquiera hasta los grupos de arqueros, que se cebaron en los jinetes, ya que sabían que sus flechas eran perfectamente capaces de perforar las armaduras. Por consiguiente, cada fila de caballeros era rechazada rápidamente y debía retirarse con espantosas pérdidas.

Dieciséis veces intentó Felipe quebrantar las líneas inglesas sin conseguirlo, mientras las nubes de flechas aniquilaban incluso a los que se retiraban a retaguardia.

El Príncipe Negro se vio aislado y atacado, mas su padre Eduardo III se negó a enviarle ayuda, expresando que el joven debía "ganarse sus espuelas de caballero". A poco de luchar, el Príncipe rechazó el ataque, distinguiéndose, como el resto de oficiales y hombres de tropa, con esa gran victoria en una drástica inferioridad numérica.

Al atardecer, Felipe VI, herido él mismo, perdió completamente la esperanza y ordenó la retirada. Crecy fue una desastrosa y humillante derrota para Francia, sólo superada más tarde por el desastre de Agincourt. Los ingleses habían disparado más de 72.000 flechas, y se calcula que más de una de cada tres habían hecho blanco en hombres o caballos franceses.

Pérdidas[editar]

Armas de Eduardo III.

Las pérdidas fueron enormes para Francia y muy reducidas para Inglaterra.

Los cronistas de Londres, posiblemente exagerando a favor de Eduardo, escriben que Crecy terminó con solamente 150 a 250 soldados ingleses muertos o heridos. La cifra de 1.000 o 1.200 es seguramente más probable, pero aun así es decenas de veces inferior a la de muertos y heridos franceses.

A pesar de que 12.000 muertos franceses y genoveses parece un número razonable, las diferentes fuentes lo hacen oscilar entre 10.000 y 30.000.

Al igual que en Agincourt, la corte francesa fue descabezada ese día. Murieron 11 príncipes y más de 1.200 hombres de armas de la nobleza. Entre los más importantes de los muertos en Crecy, las fuentes señalan al hermano del propio rey Felipe, Carlos II, conde de Alençon (nacido en 1297). También murió el rey de Bohemia y conde de Luxemburgo, Juan I. Juan era ciego y, haciendo gala de gran coraje, fue a la batalla atado a otros dos caballeros que le hacían de lazarillos. En el momento de cargar con la caballería, Juan montó y atacó con los demás, mientras otro jinete le llevaba el caballo de la brida. Junto con los anteriores murieron Luis I, conde de Flandes, y Rodolfo, duque de Lorena.

Una vez que se convenció de que todo estaba perdido, el rey francés abandonó el campo de batalla con una pequeña comitiva y se dirigió al norte para pedir asilo en el castillo amigo de Labroye.

Consecuencias[editar]

Armas de Felipe VI. Nótese la similitud con las de su oponente (ambas llevan las lises de oro sobre campo azur de las armas de Francia).

Al estilo de otras batallas de ese período, tras el combate se intentó preservar las vidas de los heridos y prisioneros enemigos que evidenciaran (a juzgar por sus escudos de armas) ser de noble cuna y alta condición. Esto permitía a los captores canjearlos por suculentos rescates en dinero.

De tal forma, retiradas las escasas fuerzas francesas sobrevivientes, los ingleses revisaron a las víctimas tendidas. La mayoría de ellas habían sido alcanzadas por flechas en los lugares que más desprotegidos dejaba la armadura, especialmente axilas y pecho. Muchos de ellos morirían pronto y no llegarían con vida a la negociación de su rescate. Era de uso rematar a los heridos incurables, pero los encargados de ejecutar esta penosa tarea eran tropas galesas compuestas por campesinos. La muerte de un señor o caballero a manos de un plebeyo estaba prohibida por el código de ética caballeresco, de modo que se les dejó morir por sí mismos, víctimas de flechas disparadas por un enemigo anónimo. Otros, en mejor estado, fueron evacuados a retaguardia y canjeados luego.

Los heridos y prisioneros plebeyos, fueron asesinados sumariamente en el mismo campo de batalla.

En el aspecto táctico, Crecy dejó plenamente demostrada la superioridad de las fuerzas de arqueros ingleses armados con arco largo respecto de las masas francesas de ballesteros y caballeros pesadamente armados y acorazados.

En cuanto a la estrategia, el éxito inglés en Crecy permitió a las chevauchées inglesas (operaciones de castigo contra castillos y población civil, seguidas de matanzas de varones, saqueos de poblados y tierra arrasada alrededor) campar por sus respetos en el interior de Francia durante varias décadas.

Victorioso en Crecy, Eduardo III de Inglaterra se concentró en sitiar Calais, cuya capitulación poco tiempo después otorgó a Inglaterra una cabecera de puente sólida e inexpugnable en el norte de Francia.

La siguiente batalla trascendental en la Guerra de los Cien Años sería la de Poitiers en 1356, donde se vería otra derrota para los franceses, en condiciones muy similares.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b c d e f Kaufmann, 2004: 101
  2. a b c d Telmo Meléndez, ed. (2001). Las Grandes Guerras del Milenio. Las Cruzadas. Tomo II. Santiago de Chile: Editorial Ercilla, pp. 62.

Enlaces externos[editar]

Bibliografía[editar]

  • Amt, Emilie: Medieval England 1000-1500: A Reader, Broadview Press, Peterborough, Ontario, 2001. ISBN 1-55111-244-2.
  • Ayton, Andrew; Preston, Philip; et al.: The Battle of Crécy, 1346, Boydell and Brewer, Londres, 2005.
  • Kaufmann, J. E.; Kaufmann, H. W. & Jurga, Robert M. (2004). The Medieval Fortress: Castles, Forts, And Walled Cities Of The Middle Ages. Cambridge: Da Capo Press. ISBN 978-0-30681-358-0.